El contexto histórico, político, social e internacional en el que se creó la Sociedad de Naciones, el de los años 1919-1920, marcado por el fin de la Primera Guerra Mundial y los tratados internacionales que sirvieron para ponerle fin, coincide también con un momento particularmente intenso de la historia de Catalunya. Catalunya, como tantas otras partes del mundo, vivía en plena ebullición, en parte debido al nuevo contexto global que empezaba a dar sus primeros pasos, pero también a causa de dinámicas propias de carácter interno o vinculadas a la relación —siempre compleja— entre Barcelona y Madrid. Una parte significativa de la sociedad catalana había seguido con fruición la evolución de la Gran Guerra y, desde la intelectualidad catalana, se recibió con interés y curiosidad el proyecto de la Sociedad de Naciones que —en varios aspectos— casaba bien con los postulados de modernidad y civilidad del noucentisme.

Es más, el fracaso del proyecto de Estatuto de Autonomía de 1919 —por la intransigencia del Estado y la compleja situación social en el país— hizo pensar a destacados dirigentes políticos e intelectuales catalanes que la Sociedad de Naciones quizá podía ser un marco en el que encauzar los anhelos de autogobierno y libertad de nuestro país. La realidad acabó mostrando lo contrario, pero los intentos efectuados para visibilizar la cuestión catalana, primero en la Conferencia de Paz de París (1919) y posteriormente en Ginebra en los debates de la Sociedad de Naciones —por vía directa o indirecta—, merecen por mérito propio el ser conocidos, y por ello les dedicamos una parte sustancial de los artículos de este dossier.

Y en medio de todo esto, y casi como caída del cielo, Barcelona acogió la celebración de la primera conferencia intergubernamental organizada por la Sociedad de Naciones, la Conferencia Internacional de Comunicaciones y Tráfico, que en marzo y abril de 1921 tuvo lugar entre el Palau de la Generalitat y el Saló de Cent. Un hecho sin precedentes que fue percibido como una oportunidad por parte de Josep Puig i Cadafalch, entonces presidente de la Mancomunitat y pionero en el desarrollo de una política de acción exterior desde las instituciones de gobierno de la Catalunya contemporánea. Una política que, años después, y como se explica también en el dossier, no sería seguida con tanto interés por la Generalitat republicana.

Es precisamente en el contexto de la efeméride del centenario de la citada Conferencia de Barcelona (1921-2021) que se decidió llevar a cabo el ciclo de conferencias que ha dado como resultado éste dossier monográfico, que hemos coeditado junto a la Dra. Lucila Mallart. Un dossier que pretende arrojar luz y dar visibilidad a un momento particular de nuestra historia, pero también a la voluntad de proyección internacional de Cataluña en un contexto, el de los años veinte del siglo pasado, que mantiene paralelismos, al menos curiosos —y en algún caso desgarradores—, con el presente.

La relación de Catalunya con la Sociedad de Naciones fue obviamente más amplia y compleja, sobre todo si tenemos en cuenta la inacción de esta institución respecto de la Guerra Civil española y las consecuencias que tuvo para nuestro país. Pero por los motivos expuestos, hemos preferido centrar el marco de análisis de este dosier sobre todo en la primera década de existencia de esta institución internacional, la más exitosa, que fue capaz de generar interés y atención en una parte sustancial de la sociedad y la intelectualidad catalanas. Entre ellos destacamos a tres: Francesc Maspons i Anglasell, Lluís Nicolau de Olwer y Amadeu Hurtado —a los que dedicamos también sus respectivos artículos en el monográfico— si bien podríamos mencionar a muchos otros que también aparecen en los diversos artículos que conforman el dossier, empezando por Eugeni Xammar, siguiendo por Joan Estelrich y el mencionado Puig i Cadafalch, pasando por Josep Maria Batista i Roca y tantos otros. La cantidad de personalidades de diversos ámbitos que se sintieron interpelados por el aura de la Sociedad de Naciones es una prueba fehaciente del impacto que esta organización tuvo en la intelectualidad catalana de los años 20 del siglo pasado, así como de la voluntad de proyección internacional de una parte relevante de la sociedad de nuestro país.

Manuel Manonelles i Tarragó

Manuel Manonelles i Tarragó és exdirector del Centre d'Estudis de Temes Contemporanis (CETC). Des de l'any 2013, és professor associat de Relacions Internacionals a Blanquerna - Universitat Ramon Llull, i ha col·laborat amb el Centre de Drets Humans de la Universitat de Pàdua (Itàlia). Anteriorment, havia sigut assessor de la Presidència de la Generalitat de Catalunya, delegat del Govern de la Generalitat a Suïssa i davant els Organismes Internacionals, i director general d'Afers Multilaterals i Europeus. Llicenciat en Ciències Polítiques per la Universitat Autònoma de Barcelona, té el Màster Europeu en Drets Humans i Democratizació de l'European Inter-Universitary Centre for Human Rights and Democratization. Té una àmplia experiència dins del sector diplomàtic i governamental. Durant dos anys, va ser assessor especial del grup d'alt nivell de Nacions Unides per a l'Aliança de Civilitzacions i ha participat en diverses cimeres, fòrums i processos en l'àmbit de les Nacions Unides i altres organitzacions internacionals com el Consell d’Europa. També va dirigir la Fundació Cultura de pau i la Fundació UBUNTU, i ha estat Observador i Supervisor Electoral Internacional de l'OSCE en diverses ocasions.