{"id":44484,"date":"2021-07-01T15:21:30","date_gmt":"2021-07-01T15:21:30","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaidees.cat\/?p=44484"},"modified":"2021-07-02T07:28:41","modified_gmt":"2021-07-02T07:28:41","slug":"a-tomar-por-culo-la-masculinidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaidees.cat\/es\/a-tomar-por-culo-la-masculinidad\/","title":{"rendered":"A tomar por culo la masculinidad"},"content":{"rendered":"\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os han ido apareciendo una serie de discursos y de reflexiones en torno a la masculinidad. Hist\u00f3ricamente, la masculinidad ha sido algo valorado, algo positivo, algo relacionado con el poder y, sobre todo, algo relacionado con los hombres. El feminismo fue, quiz\u00e1, el primer movimiento que hizo una cr\u00edtica de los valores asociados a la masculinidad como valores patriarcales, opresivos y violentos que limitaban, adem\u00e1s, las posibilidades de los hombres a un tipo de conducta, a un rol de g\u00e9nero estereotipado y vigilado. Esta cr\u00edtica del feminismo abri\u00f3 la puerta para que se cuestionara la masculinidad como un valor positivo en s\u00ed mismo o, incluso, que se inaugurara una reflexi\u00f3n sobre qu\u00e9 era exactamente la masculinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, uno de los desplazamientos m\u00e1s interesantes de la identificaci\u00f3n entre la masculinidad y los hombres lo hizo Jack Halberstam con su famoso libro <em>Masculinidad femenina<\/em> <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-01\" class=\"scroll-to\">[1]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">1 \u2014 Halberstam, J., (2008) Masculinidad femenina. Madrid: EGALES, Traducci\u00f3n de Javier S\u00e1ez del \u00c1lamo.\n<\/span><\/span> en el a\u00f1o 1998. En este libro, Halberstam muestra que a lo largo de la historia ha habido muchas mujeres que han vivido con una identidad , con una est\u00e9tica y con una actitud vital masculinas, lo que pone en cuesti\u00f3n que la masculinidad sea algo propio de los hombres; no es que estas mujeres \u201cimitaran a los hombres\u201d, sino que los rasgos y gestos de la masculinidad los pueden adoptar por igual hombres y mujeres. Por otra parte, hay hombres que no los asumen, y que no son masculinos (la loca, la marica plumera, el travesti, etc.).<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Masculinidad <em>queer<\/em>: \u00bfel borrado de los hombres?<\/h5>\n\n\n\n<p>Este desplazamiento es interesante porque nos enfrenta a una gran pregunta: si la masculinidad no es \u201clo propio de los hombres\u201d, \u00bfc\u00f3mo definirla? Por otro lado, si no podemos definir la masculinidad, \u00bfc\u00f3mo definir lo que es \u201cun hombre\u201d? Estas paradojas son exploradas en profundidad por otras te\u00f3ricas queer como Judith Butler, quien explica que no es tan sencillo definir lo que es ser hombre o lo que es ser mujer en t\u00e9rminos esencialistas, biol\u00f3gicos o \u201cnaturales\u201d <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-02\" class=\"scroll-to\">[2]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">2 \u2014 Butler, J., (2007), El g\u00e9nero en disputa. Barcelona: Paid\u00f3s.\n<\/span><\/span>. Lo mismo ocurre con la masculinidad y la feminidad: si estos roles se generan por medio de una repetici\u00f3n de gestos, actitudes o est\u00e9ticas que se encarnan en los cuerpos sin una esencia previa \u2013es decir, de forma performativa\u2013 por la mera repetici\u00f3n ritualizada de esos actos, quedan desnaturalizados o desesencializados conceptos como \u201chombre\u201d, \u201cmujer\u201d, o como \u201cmasculino\u201d y \u201cfemenino\u201d (lo que en ning\u00fan caso, por cierto, no equivale a decir que \u201clas mujeres no existen\u201d, como suelen afirmar algunas personas que atacan la teor\u00eda <em>queer<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Estar\u00edamos ante una especie de explicaci\u00f3n circular: si buscamos en el diccionario las palabras \u201chombre\u201d, \u201cmasculino\u201d o \u201cvirilidad\u201d aparecen referencias mutuas y circulares entre los hombres y la masculinidad sin que nunca se defina qu\u00e9 es cada cosa. Incluso si lo intentamos definir como oposici\u00f3n a las mujeres vemos que tampoco funciona, porque hay muchas mujeres masculinas, como explica Halberstam. Esa masculinidad de las mujeres nos muestra que no hay un v\u00ednculo directo ni natural entre la masculinidad y los hombres.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Hay una enorme promoci\u00f3n de la masculinidad vinculada al consumo y al capitalismo; si la masculinidad es demasiado \u201cestrecha\u201d, el capitalismo no tiene problema en abrirla y reformularla para vender m\u00e1s productos<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>Es precisamente esa falta de un v\u00ednculo esencial entre ambas cosas lo que hace que los hombres tengamos que estar continuamente reafirmando nuestra identidad masculina, exhibiendo los roles de la masculinidad con esos gestos de macho; con ciertas est\u00e9ticas \u201cvaroniles\u201d; con ese rechazo de la pluma, de las mujeres, de los maricas, y asumiendo todos los productos de la industria de la masculinidad que se venden en programas de televisi\u00f3n, moda, cultura, etc., reforzando, en definitiva, la idea del macho como algo positivo. Hay una enorme promoci\u00f3n de la masculinidad vinculada al consumo y al capitalismo <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-03\" class=\"scroll-to\">[3]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">3 \u2014 Milani, T. M., \u201cIs the Rectum a Gold Mine? Queer Theory, Consumer Masculinities and Capital Pleasures\u201d, en el libro Baker P. y Balirano G. (ed.), (2018) Queering masculinities in language and culture. Basingstoke: Palgrave McMillan.\n<\/span><\/span>. Si la masculinidad es demasiado \u201cestrecha\u201d, el capitalismo no tiene problema en abrirla. Desde hace unas d\u00e9cadas se ha reformulado la masculinidad, se la ha hecho m\u00e1s abierta para vender m\u00e1s productos: la metrosexualidad se inventa para animar a los hombres heteros a comprar cremas de belleza, perfumes, ropa atrevida, a pintarse las u\u00f1as y a ir a peluquer\u00edas, pero, eso s\u00ed, sin ser confundidos con maricas.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Las reflexiones contempor\u00e1neas sobre la masculinidad aparecen en los estudios culturales, la teor\u00eda queer, el feminismo, la sociolog\u00eda, el psicoan\u00e1lisis, los textos sobre violencia machista, el arte, etc. Todo ello dio lugar al desarrollo de los llamados Men\u2019s Studies en las universidades de EE.UU. desde los a\u00f1os 70 <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-04\" class=\"scroll-to\">[4]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">4 \u2014 En el a\u00f1o 2005 se celebr\u00f3 uno de los primeros congresos sobre masculinidad en Catalu\u00f1a (Barcelona, MACBA); las ponencias fueron publicadas en el libro Armengol, J.M. (ed.) (2006), Masculinitats per al segle XXI, Barcelona, CEDIC. M\u00e1s informaci\u00f3n en l\u00ednea.\n<\/span><\/span> hasta la actualidad. Pero en la mayor\u00eda de los libros sobre masculinidad se nos cuela por la puerta de atr\u00e1s el mismo presupuesto: la masculinidad est\u00e1 relacionada siempre con los hombres. Es decir, todos estos estudios analizan c\u00f3mo los hombres podr\u00edan vivir de otra manera, comportarse de otra manera, cambiar sus roles, vivir su sexualidad de otra forma, evitar la masculinidad t\u00f3xica (habr\u00eda otra buena, no t\u00f3xica), etc. Todo esto se llama \u201cmasculinidades alternativas\u201d, o \u201ccr\u00edticas\u201d, o \u201cdisidentes\u201d, pero, en realidad, se sigue sosteniendo la identificaci\u00f3n entre la masculinidad y los hombres. Por eso, el desplazamiento tan interesante que plantea Halberstam nos deja ante un lugar vac\u00edo <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-05\" class=\"scroll-to\">[5]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">5 \u2014 Desarrollo esta idea de la masculinidad como lugar vac\u00edo en mi art\u00edculo \u201cMasculinidades y cambio social\u201d, Viento Sur, 2 de julio de 2016 . Disponible en l\u00ednea.\n<\/span><\/span>. Es decir, si la masculinidad es algo independiente de los hombres, como nos demuestran las vidas y las identidades de las mujeres masculinas, vemos que no hay ninguna manera de definir qu\u00e9 es la masculinidad y, por la misma raz\u00f3n, tampoco hay ninguna manera de definir lo que es un hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>A finales de los a\u00f1os 90 el fot\u00f3grafo y activista trans Del Lagrace Volcano hizo un experimento muy interesante: filmando las escenas con una c\u00e1mara de video, fue abordando a diferentes hombres por las calles de Londres para hacerles una pregunta aparentemente sencilla: \u201cPara usted, \u00bfqu\u00e9 es ser un hombre? \u00bfC\u00f3mo definir\u00eda a un hombre?\u201d Los entrevistados se quedaban en una especie de trance, perplejos, incapaces de responder. Algunos intentaban superar la prueba con algunas frases balbuceantes, no muy convencidos de lo que dec\u00edan: \u201cBueno, pues\u2026 alguien que tiene pene y test\u00edculos\u201d. Volcano les respond\u00eda: \u201cbueno, hay hombres trans que no tienen pene ni test\u00edculos\u2026 y hay hombres cis a los que les han extirpado esos \u00f3rganos, y todos ellos son hombres\u201d. Ante esa respuesta, la mayor\u00eda de los entrevistados sal\u00eda corriendo. Los valientes que se quedaban intentaban continuar el debate: \u201cQuiz\u00e1 alguien con ciertos rasgos, fuerza f\u00edsica, barba, voz grave, mucho vello corporal\u2026, pero no estoy seguro. Hay mujeres que son as\u00ed tambi\u00e9n y hombres que no tienen nada de eso\u2026\u201d. Como se puede ver, la cosa no era tan sencilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, \u00bfla masculinidad son los test\u00edculos?, \u00bfel pene?, \u00bfaltos niveles de testosterona?, \u00bfproducir esperma?, \u00bfuna barba poblada?, \u00bfunos cromosomas XY? <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-06\" class=\"scroll-to\">[6]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">6 \u2014 Sobre los matices y la complejidad de los cromosomas XX y XY en relaci\u00f3n con los sexos, ver el art\u00edculo de Gemma Marfany \u201c\u00bfMachos sin cromosoma Y?\u201d, Investigaci\u00f3n y ciencia, 2 de febrero de 2016. Disponible en l\u00ednea. Sobre la categor\u00eda de \u201csexo\u201d en la biolog\u00eda actual como no binario, ver Fausto-Sterling, A. (2006) Cuerpos sexuados. Barcelona: Melusina.\n<\/span><\/span>, \u00bfciertos gestos?, \u00bfest\u00e1 en el cuerpo? \u00bfEs algo mental?; \u00bfes performativo?, \u00bfes construido?, \u00bfes social?, \u00bfes cultural?, \u00bf algo que se ejerce, como el poder? <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-07\" class=\"scroll-to\">[7]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">7 \u2014 Sobre la masculinidad y el poder, v\u00e9ase Parrini, R., Sexualidad entre hombres encarcelados: los or\u00edgenes sacrificiales de la identidad masculina, en el libro S\u00e1nchez-Palencia, C., y Hidalgo J. C., (2001) Masculino plural: construcciones de la masculinidad. Lleida: Ed. Universitat de Lleida, p. 91.\n<\/span><\/span>? La teor\u00eda <em>queer<\/em> va a hacer un \u2018borrado de los hombres\u2019 si sigue haciendo estas preguntas tan raras?<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Los osos: la masculinidad entra en el mundo gay<\/h5>\n\n\n\n<p>Es esa falta de una esencia masculina la que hace que los hombres tengan que estar continuamente reforzando o representando la masculinidad por medio de diferentes parafernalias. Un ejemplo de representaci\u00f3n de una masculinidad excesiva o presuntamente natural lo tenemos en la subcultura de los osos <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-08\" class=\"scroll-to\">[8]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">8 \u2014 Para un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado de la subcultura bear, v\u00e9ase S\u00e1ez, J., Las pol\u00edticas del sida y la cultura bear desde una perspectiva interseccional, en el libro Platero L. (ed.) (2012) Intersecciones, cuerpos y sexualidades en la encrucijada, Barcelona: Bellaterra.\n<\/span><\/span>. Esta comunidad, que nace a finales de los a\u00f1os 80 en el seno de la comunidad gay, supone una valoraci\u00f3n de ciertos rasgos de la masculinidad: la barba, el vello corporal, la corpulencia f\u00edsica, la madurez. Hasta esa \u00e9poca, la comunidad gay se representaba b\u00e1sicamente por medio de hombres delgados o atl\u00e9ticos, depilados y j\u00f3venes, que era la imagen que promov\u00eda tambi\u00e9n el mercado dirigido a promover el consumo gay. Los cuerpos gruesos, mayores o velludos eran discriminados dentro de la comunidad gay y, al mismo tiempo, la comunidad heterosexual constru\u00eda su imaginario de lo que es un \u201chombre gay\u201d, identific\u00e1ndolo con el cuerpo afeminado, con la loca, la plumera, el mariquita. <\/p>\n\n\n\n<p>El gay era una especie de extraterrestre chill\u00f3n, travestido, vestido de rosa, decorador de interiores, peluquero, identificado con lo femenino y muy alejado de los c\u00f3digos de la heterosexualidad y de su m\u00e1ximo exponente: la masculinidad. Con la llegada de la subcultura <em>bear<\/em> se produjo un interesante desplazamiento de esa identificaci\u00f3n entre lo gay y lo afeminado. Es decir, ahora los heterosexuales descubr\u00edan algo muy inquietante: que hombres de aspecto muy masculino, de cuerpos fuertes, velludos, con barbas pobladas, de cualquier tipo de profesi\u00f3n (carniceros, camioneros, alba\u00f1iles, fontaneros, etc.) pod\u00edan ser tambi\u00e9n gais. Lo gay quedaba cercano, demasiado cercano, a la heterosexualidad. Aunque esto fue subversivo en su momento, con los a\u00f1os supuso tambi\u00e9n una reinstauraci\u00f3n de esa masculinidad tradicional dentro de la subcultura <em>bear<\/em>. Es decir, una parte de la comunidad recuper\u00f3 los aspectos m\u00e1s machistas y plum\u00f3fobos de la tradici\u00f3n patriarcal, despreciando a los hombres afeminados y a las maricas con pluma.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Si la masculinidad no es \u201clo propio de los hombres\u201d, \u00bfc\u00f3mo definirla? Si no podemos definir la masculinidad, \u00bfc\u00f3mo definir lo que es \u201cun hombre\u201d? Es esa falta de una esencia masculina la que hace que los hombres tengan que estar continuamente reforzando o representando la masculinidad<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>El intento de la masculinidad de presentarse como algo natural se muestra claramente en una paradoja que aparec\u00eda en la revista <em>Bear Magazine<\/em> (una conocida revista de la cultura de los osos). El subt\u00edtulo de la revista era \u201cMasculinidad sin adornos\u201d, dando a entender que los osos eran unos tipos masculinos en s\u00ed mismos, naturales, que no necesitaban complementos ni suplementos. Pero, curiosamente, el interior de la revista estaba llena de \u201cadornos\u201d, es decir, de anuncios de pantalones vaqueros, camisas de cuadros, tirantes, gorras, botas de monta\u00f1a, cinturones\u2026 Es decir, un mont\u00f3n de adornos que eran precisamente los que constru\u00edan la masculinidad (<em>bear<\/em>), incluyendo tambi\u00e9n peines y aceites para barba y toda una l\u00ednea de cosm\u00e9ticos para ser el \u201chombre de verdad\u201d. Ese hombre tan presuntamente \u201cnatural\u201d y salvaje <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-09\" class=\"scroll-to\">[9]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">9 \u2014 Sobre los usos de \u201clo salvaje\u201d y su relaci\u00f3n con la masculinidad, v\u00e9ase Halberstam, J., (2020) Criaturas salvajes. Madrid: EGALES. Traducci\u00f3n de Javier S\u00e1ez del \u00c1lamo.\n<\/span><\/span>, que se supon\u00eda reci\u00e9n salido de una caba\u00f1a en un bosque canadiense, en realidad era fabricado por todos esos objetos y gestos (o por la ausencia de gestos: el hombre r\u00edgido, seco, que nunca baila, tambi\u00e9n es masculino); era su \u201cincorporaci\u00f3n\u201d (su encarnaci\u00f3n en el cuerpo) lo que te convert\u00eda en alguien masculino, en este caso, en un oso.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Freud o el sujeto perdido en los ba\u00f1os<\/h5>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva diferente, el psicoan\u00e1lisis ya hab\u00eda se\u00f1alado estas imposibilidades. Lo que descubre Freud es algo tremendamente subversivo: hay una imposibilidad en el orden simb\u00f3lico, es decir, para el sujeto, de definir lo que es un hombre y lo que es una mujer; los sujetos est\u00e1n perdidos ante esa imposibilidad. Aunque aparentemente \u201chombre\u201d y \u201cmujer\u201d son dos lugares, son lugares que no pueden nunca escribirse, son lugares sobre los que no hay un saber. Es una aparente oposici\u00f3n sin esencia (el semblante de esencia viene de su oposici\u00f3n, pero que haya dos elementos \u201copuestos\u201d no nos dice nada de qu\u00e9 es cada elemento, como los dibujos que quieren simbolizar \u201chombre\u201d y \u201cmujer\u201d en las puertas de los ba\u00f1os: \u00bfun hombre es una pipa? \u00bfuna mujer es una falda?), de modo que para el psicoan\u00e1lisis solo hay sujetos y todos est\u00e1n perdidos en su relaci\u00f3n con el sexo. Esa imposibilidad se muestra precisamente con la aparici\u00f3n del inconsciente y con el malestar que identifica Freud en todos los seres parlantes en lo relativo a su sexualidad: hay algo que \u201cno funciona\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente, Freud nunca se plante\u00f3 ser un subversivo activista contra el binarismo y, de hecho, muchos de sus textos est\u00e1n marcados por el patriarcado de su \u00e9poca, pero sin embargo fue capaz de se\u00f1alar o apuntar a esa paradoja, a esa imposibilidad seg\u00fan la cual ya no se pueden mantener esos mitos heterosexuales de la armon\u00eda entre los sexos, del hombre de verdad, de la mujer de verdad; todos los discursos de la comedia heterosexual quedan cuestionados por un deseo m\u00faltiple, incontrolable, azaroso (\u2018perverso polimorfo\u2019 como se dec\u00eda del deseo de las criaturas), que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la genitalidad y de la presunta relaci\u00f3n entre los sexos <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-010\" class=\"scroll-to\">[10]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">10 \u2014 Para un an\u00e1lisis en profundidad de los aspectos m\u00e1s subversivos de la obra de Freud y de Lacan, ver S\u00e1ez J. (2004), Teor\u00eda queer y psicoan\u00e1lisis. Madrid: S\u00edntesis.\n<\/span><\/span> y por esa imposibilidad de saber lo que es ser hombre o mujer.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">La penetraci\u00f3n anal y la masculinidad<\/h5>\n\n\n\n<p>Hace unos a\u00f1os, Sejo Carrascosa y yo decidimos emprender un estudio <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-011\" class=\"scroll-to\">[11]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">11 \u2014 Carrascosa, S., y S\u00e1ez J., (2010), Por el culo. Pol\u00edticas anales. Madrid: EGALES.\n<\/span><\/span> sobre el sexo anal entre hombres y el desprecio secular contra los hombres que adoptaban una posici\u00f3n pasiva o receptora. Nuestro inter\u00e9s surgi\u00f3 al darnos cuenta de que gran parte del discurso hom\u00f3fobo y de la violencia contra las personas gais est\u00e1 lleno de referencias al sexo anal, es decir, a ser penetrado como algo negativo, horrible y degradante. Expresiones como \u201cle han dado por el culo\u201d, \u201cque te den por el culo\u201d, \u201cse la han metido doblada\u201d, \u201ces una pasiva\u201d, etc. est\u00e1n en la base del desprecio hom\u00f3fobo. Sin embargo, no quedaba claro por qu\u00e9 un acto tan simple e inocente como ser penetrado por un orificio corporal desencadenaba esa especie de p\u00e1nico o violencia contra los hombres que hac\u00edan ese tipo de actos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para entender este fen\u00f3meno de odio, recorrimos las concepciones del sexo anal en diversas \u00e9pocas y culturas. Por ejemplo, en la Grecia cl\u00e1sica, aunque no se persegu\u00eda el sexo anal entre hombres, s\u00ed se consideraba indigno que un hombre noble, de clase alta, disfrutara en la posici\u00f3n pasiva. En la Edad Media, la Iglesia cat\u00f3lica introduce el concepto de sodom\u00eda para penalizar este tipo de relaciones sexuales como un acto propio de infieles, asesinando en su locura religiosa a miles de personas. En el siglo XIX, las ciencias humanas, la psicolog\u00eda y la psiquiatr\u00eda patologizan el sexo anal con un criterio m\u00e9dico de enfermedad, vinculado a la perversi\u00f3n y a un uso indebido de los \u00f3rganos sexuales que configuran una identidad; se crea el concepto de \u201chomosexual\u201d como una esencia subjetiva, y enferma, por medio de esta pr\u00e1ctica sexual.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>No sabemos si la masculinidad es un concepto que se deba recuperar o rehabilitar, defendiendo una masculinidad alternativa y menos t\u00f3xica, o si deber\u00eda ser desactivado en la medida que sigue vinculado al poder patriarcal y a sus privilegios<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>Descubrimos que todo este recorrido estaba atravesado por un criterio de penetrabilidad o impenetrabilidad de los cuerpos, que a su vez generaba la propia noci\u00f3n de masculinidad y de feminidad. Es decir, lo que define a un cuerpo como \u201cmasculino\u201d es que sea impenetrable, independientemente de que ese cuerpo tenga \u00f3rganos sexuales femeninos o masculinos,y, a su vez, lo que define un cuerpo femenino es que se pueda penetrar. De ese modo, por ejemplo, un hombre penetrado se asimila a lo femenino o a una mujer. Esto explica en parte el odio y la violencia contra estos hombres pasivos, a los que se considera que han traicionado la posici\u00f3n masculina o que han perdido la masculinidad por ese hecho de ser penetrados. Este estudio nos dio una visi\u00f3n m\u00e1s compleja de la masculinidad como algo separado de la genitalidad y de la identidad sexual, y m\u00e1s vinculada directamente al cuerpo como penetrable o impenetrable.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h5>\n\n\n\n<p>Como hemos visto, la masculinidad es un concepto muy dif\u00edcil, sino imposible, de definir. Est\u00e1 atravesado por diferentes relaciones de poder, de clase, de raza <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-012\" class=\"scroll-to\">[12]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">12 \u2014 No entramos en este art\u00edculo en la compleja relaci\u00f3n entre masculinidad y racializaci\u00f3n. Para profundizar en este tema v\u00e9ase Riley Snorton, C., (2019) Negra por los cuatro costados. Una historia racial de la identidad trans. Barcelona: Bellaterra. Traducci\u00f3n de Javier S\u00e1ez del \u00c1lamo.\n<\/span><\/span>, de g\u00e9nero, y, lo que es m\u00e1s importante, no sabemos si es un concepto que se deba rescatar, recuperar o rehabilitar, defendiendo una masculinidad menos t\u00f3xica \u2013intentando que sea alternativa\u2013, o si, en la medida en que sigue vinculada al poder patriarcal y a eso que llamamos \u201chombres\u201d y a sus privilegios, deber\u00eda ser desactivado como concepto y abandonado como identificaci\u00f3n subjetiva o sexual. Dejamos esa pregunta abierta para reflexionar sobre ella cuando hagamos pol\u00edticas feministas y, tambi\u00e9n, para que los propios hombres reflexionemos sobre nuestros privilegios y sobre c\u00f3mo somos responsables de mantener la masculinidad como algo positivo y deseable, a pesar de sus efectos devastadores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os han ido apareciendo una serie de discursos y de reflexiones en torno a la masculinidad. Hist\u00f3ricamente, la masculinidad ha sido algo valorado, algo positivo, algo relacionado con el poder y, sobre todo, algo relacionado con los hombres. El feminismo fue, quiz\u00e1, el primer movimiento que hizo una cr\u00edtica de los valores asociados a la masculinidad como valores patriarcales, opresivos y violentos que limitaban, adem\u00e1s, las posibilidades de los hombres a un tipo de conducta, a un rol de g\u00e9nero estereotipado y vigilado. 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