{"id":50363,"date":"2021-11-25T11:03:17","date_gmt":"2021-11-25T11:03:17","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaidees.cat\/?p=50363"},"modified":"2021-11-25T13:21:48","modified_gmt":"2021-11-25T13:21:48","slug":"sobre-masculinidades-cuerpos-e-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaidees.cat\/es\/sobre-masculinidades-cuerpos-e-historia\/","title":{"rendered":"Sobre masculinidades, cuerpos e historia"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00bfTiene historia la masculinidad? Todo lo social tiene historia, y la masculinidad es un fen\u00f3meno social que tiene, como la feminidad, una larga y sorprendente historia. De hecho, asombra por su mutabilidad a quienes creen en su car\u00e1cter estable y natural. Ser hombre en el siglo XV era algo muy distinto a lo que es ser hombre hoy en d\u00eda. Pero la historia de la masculinidad sorprende tambi\u00e9n a quienes somos conscientes de su car\u00e1cter construido, especialmente por la persistencia de algunos de sus atributos m\u00e1s caracter\u00edsticos. Antes y ahora, la masculinidad ha ido de alg\u00fan modo unida al ejercicio del dominio y del poder, y ello exige unas formas que tozudamente se repiten en diferentes contextos. Con todo, contemplado desde el presente, lo m\u00e1s sorprendente resulta tal vez c\u00f3mo ha cambiado a lo largo del tiempo la relaci\u00f3n entre la masculinidad y su soporte corporal. Dicho de otro modo, la historia nos ense\u00f1a c\u00f3mo y cu\u00e1nto ha variado la fortaleza del lazo que une la biolog\u00eda y el g\u00e9nero. En este art\u00edculo hablar\u00e9, por tanto, de historia, masculinidades y cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Las masculinidades en el mundo del sexo \u00fanico<\/h5>\n\n\n\n<p>El saber cr\u00edtico de la masculinidad surgi\u00f3, en buena medida, de la mano del feminismo. Como sabemos, el pensamiento feminista del pasado siglo desafi\u00f3 una visi\u00f3n de los seres humanos que encadenaba a las mujeres al cumplimiento de un supuesto destino biol\u00f3gico. Afirmar el car\u00e1cter social y construido de los modelos de g\u00e9nero fue una empresa de enormes consecuencias que afect\u00f3, por supuesto, a la feminidad, pero tambi\u00e9n a la masculinidad. Aquella masculinidad pretendidamente unida a la naturaleza de los hombres era, en realidad, un conjunto de valores sociales que, de la misma forma que hab\u00edan sido creados, pod\u00edan cambiar y acompa\u00f1ar al nacimiento de una sociedad distinta y m\u00e1s justa. El proyecto feminista de transformar los g\u00e9neros no result\u00f3 ser un reto sencillo en una sociedad que hab\u00eda convertido la feminidad y la masculinidad en esencias inmutables. Una sociedad moderna que cre\u00eda en la existencia de dos sexos esencial, natural, y radicalmente distintos y complementarios. Sin embargo, no siempre hab\u00eda sido as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El tr\u00e1nsito a la modernidad provoc\u00f3 profundas rupturas en el modo de entender el mundo y los seres humanos. Autores como Thomas Laqueur han explorado con especial lucidez los cambios que se produjeron en las visiones de g\u00e9nero durante este momento crucial de nuestra historia. Su propuesta no pretende ser un relato universal que oscurezca las diferencias entre unas sociedades y otras, sino servir para identificar las grandes tendencias que ayuden a entender esos cambios trascendentales. El punto de partida para estos cambios, heredado del pasado, habr\u00eda sido una visi\u00f3n jer\u00e1rquica y radicalmente mis\u00f3gina que podr\u00eda denominarse como de \u201cun \u00fanico sexo\u201d. Como cab\u00eda esperar, este sexo \u00fanico, el masculino, adquir\u00eda su expresi\u00f3n m\u00e1s elevada en los hombres y ten\u00eda su versi\u00f3n defectuosa, imperfecta, en las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta visi\u00f3n, todos los seres humanos deb\u00edan ser juzgados de acuerdo con un \u00fanico c\u00f3digo de virtud, una serie de valores considerados universalmente positivos y a la vez t\u00edpicamente masculinos: coraje, fuerza, piedad, lealtad, continencia, custodia del secreto\u2026 Exist\u00eda as\u00ed una \u00fanica cadena de perfectibilidad humana. Un santo y una santa, por ejemplo, como han puesto de relieve historiadoras como Bakarne Altonaga, deb\u00edan responder a un mismo canon de perfecci\u00f3n <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-01\" class=\"scroll-to\">[1]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">1 \u2014 Altonaga, B. (2021) Cuerpos en tr\u00e1nsito. Los significados del g\u00e9nero en la crisis del Antiguo R\u00e9gimen en el Pa\u00eds Vasco.\u00a0Granada: Comares.\n<\/span><\/span>. Desde este punto de vista, la masculinidad era la expresi\u00f3n m\u00e1s acabada de lo humano. Y la feminidad no era lo otro inferior, sino, simplemente, lo inferior. No es extra\u00f1o que el feminismo de estas sociedades no modernas centrara sus esfuerzos en luchar contra la misoginia y en demostrar que las mujeres pod\u00edan ser tambi\u00e9n seres humanos dotados de dignidad y ejemplos de virtud.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquellas sociedades, adem\u00e1s, la masculinidad \u2014y la feminidad\u2014 manten\u00edan una relaci\u00f3n con los cuerpos que dista mucho de la que ser\u00eda dominante m\u00e1s tarde. En contextos que privilegiaban el lado espiritual de los seres humanos y en los que la ciencia no era la instancia desde la que se dictaba la verdad, como lo har\u00eda despu\u00e9s, los cuerpos eran fen\u00f3menos m\u00e1s maleables, m\u00e1s inestables. Como ha sabido explicar Francisco V\u00e1zquez Garc\u00eda, la naturaleza no era en estas sociedades un \u00e1mbito puramente biol\u00f3gico regido por leyes propias. Se trataba de un orden moral que expresaba la voluntad divina. El sexo era fundamentalmente un rango social, una condici\u00f3n, y el cuerpo ten\u00eda un car\u00e1cter m\u00e1s fluido y abierto <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-02\" class=\"scroll-to\">[2]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">2 \u2014 V\u00e1zquez Garc\u00eda, F. (2018) La invenci\u00f3n del sujeto homosexual, en M. C. Bianciotti, M. N. Gonz\u00e1lez-Mart\u00ednez y D. C. Fern\u00e1ndez-Matos (eds.), En todos los colores. Cartograf\u00edas del g\u00e9nero y las sexualidades en Hispanoam\u00e9rica. Barranquilla: Ediciones Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, 18-19.\n<\/span><\/span>. Esto no nos debe llevar a pensar que se trataba de un universo tolerante con la diferencia o permisivo con las vulneraciones del orden de g\u00e9nero. Nada m\u00e1s lejos, las reglas y los castigos eran claros y severos. Pero tanto las reglas como los castigos por violar esas normas respond\u00edan a l\u00f3gicas distintas a las que presiden nuestras visiones de g\u00e9nero hoy en d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>El pensamiento feminista del pasado siglo desafi\u00f3 una visi\u00f3n de los seres humanos que encadenaba a las mujeres al cumplimiento de un supuesto destino biol\u00f3gico. La masculinidad pretendidamente unida a la naturaleza de los hombres era, en realidad, un conjunto de valores sociales que, de la misma forma que hab\u00edan sido creados, pod\u00edan cambiar y acompa\u00f1ar al nacimiento de una sociedad distinta y m\u00e1s justa<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>De este modo, hace siglos, era concebible que los cuerpos experimentaran transformaciones en un sentido de mejoramiento \u2014que desde una perspectiva mis\u00f3gina era siempre el del paso de lo femenino a lo masculino\u2014 por un esfuerzo f\u00edsico extremo, por un cambio en el equilibrio de los humores o por subidas r\u00e1pidas de temperatura, fen\u00f3menos que provocar\u00edan la extrusi\u00f3n de los \u00f3rganos sexuales masculinos que la mujer albergaba en su interior <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-03\" class=\"scroll-to\">[3]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">3 \u2014 Burshatin, I. (1999). Written on the Body Slave or Hermaphrodite in Sixteen-Century Spain, a J. Blackmore y G. S. Hutcheson eds., Queer Iberia Sexualities, Cultures, and Crossings from the Middle Ages to the Renaissance. Nueva York: Duke University Press, 447.\n<\/span><\/span>. Por otro lado, la percepci\u00f3n del hecho de ser hombre o mujer tend\u00eda a ser m\u00e1s performativa que meramente biol\u00f3gica. Esta percepci\u00f3n, que ten\u00eda m\u00e1s que ver con el <em>hacer<\/em> que con el <em>ser<\/em>, estaba detr\u00e1s de narraciones como las de Christine de Pizan (1364-1430) cuando escribi\u00f3, un par de a\u00f1os antes de su transcendental obra <em>La ciudad de las damas<\/em> (1405), acerca de su propia metamorfosis de mujer a hombre. Tras haber quedado viuda a los veinticinco a\u00f1os, y debiendo sacar adelante a su familia, Christine de Pizan se vio obligada a ganarse la vida en un mundo de hombres como escritora profesional. Se dio cuenta entonces de que, si las mujeres eran d\u00e9biles, ella deb\u00eda convertirse en un hombre para sobrevivir. Super\u00f3 sus temores, y la Fortuna le ense\u00f1\u00f3 el oficio de var\u00f3n. Se sinti\u00f3 m\u00e1s fuerte que antes, su cuerpo m\u00e1s rudo y \u00e1gil, su voz m\u00e1s profunda: \u201cT\u00fa que me escuchas, sigo siendo un hombre: he sido un hombre durante m\u00e1s de trece a\u00f1os\u201d, escribi\u00f3 <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-04\" class=\"scroll-to\">[4]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">4 \u2014 Pizan, C. (1995 [1403]). Le Livre de la Mutation de Fortune en J. C. Polet (dir.), Patrimoine litt\u00e9raire europ\u00e9en, anthologie de langue fran\u00e7aise, Vol. 6. Bruselas: De Boeck, 136-137.\n<\/span><\/span>. Christine de Pizan nos hablaba as\u00ed de una forma de ser hombre que resulta extra\u00f1a a las visiones dominantes en la actualidad. Podemos afirmar que, en un contexto en el que la diferencia entre naturaleza y cultura era tan distinta a la actual, la percepci\u00f3n del g\u00e9nero, la diferencia sexual y la masculinidad eran tambi\u00e9n algo muy diferente.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Las masculinidades en tiempos modernos<\/h5>\n\n\n\n<p>Las sociedades modernas inauguraron as\u00ed nuevas formas de entender la\/s masculinidad\/es. No es que la desigualdad y el principio jer\u00e1rquico desaparecieran de las relaciones de g\u00e9nero, nada m\u00e1s lejos. Las sociedades modernas tienen su fundamento tanto en el principio te\u00f3rico de la igualdad como en el ejercicio pr\u00e1ctico de la desigualdad. Pero, ciertamente, las reglas del juego cambiaron. Las visiones de lo que hemos denominado \u201cun \u00fanico sexo\u201d, sin llegar a desaparecer, fueron perdiendo vigencia. Y dieron paso a una visi\u00f3n de g\u00e9nero basada en dos naturalezas complementarias e incomparables, cada una con sus virtudes y defectos. Dos mundos ajenos entre s\u00ed. En el marco de este nuevo paradigma se neg\u00f3 la posibilidad de comparar a las mujeres con los hombres tomando como referencia un c\u00f3digo com\u00fan de valores y facultades: \u201cLa mujer vale m\u00e1s como mujer y menos como hombre \u2014afirm\u00f3 Jean-Jacques Rousseau\u2014; por doquiera hace valer sus derechos, saca ventaja; por doquiera pretende usurpar los nuestros, queda por debajo de nosotros\u201d <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-05\" class=\"scroll-to\">[5]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">5 \u2014 Rousseau, J. J. (2001 [1762]) Emilio, o de la educaci\u00f3n. Madrid: Alianza Editorial, 543.\n<\/span><\/span>. Se construyeron entonces las denominadas naturalezas femenina y masculina: el hombre era activo, fuerte y racional; la mujer, pasiva, d\u00e9bil y emocional. Las virtudes de un sexo ser\u00edan los defectos del otro. Eran los sexos esencialmente distintos e inconmensurables de los que hablaba Thomas Laqueur <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-06\" class=\"scroll-to\">[6]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">6 \u2014 Laqueur, T. (1994) La construcci\u00f3n del sexo. Cuerpo y g\u00e9nero desde los griegos hasta Freud. Madrid: Cr\u00edtica.\n<\/span><\/span>. En realidad, aquellos dos mundos, cada uno con su propio c\u00f3digo y sus propias leyes, ni superiores ni inferiores entre s\u00ed, eran una perversa fantas\u00eda que escond\u00eda y apuntalaba unas relaciones de poder ya inconfesables desde la defensa te\u00f3rica de los derechos universales.<\/p>\n\n\n\n<p>Paralelamente, la sexualizaci\u00f3n de los espacios p\u00fablico y privado se radicaliz\u00f3, garantizando as\u00ed el monopolio masculino de la vida p\u00fablica y de la pol\u00edtica. Desde la nueva l\u00f3gica, a ellas les ser\u00edan negados esos espacios y esos derechos no porque eran inferiores, sino porque eran distintas, y el respeto a su naturaleza exig\u00eda su dedicaci\u00f3n a las tareas femeninas. Para ellas quedaba reservado el \u00e1mbito dom\u00e9stico. Los nuevos discursos de g\u00e9nero vinieron a ofrecer una salida a la contradicci\u00f3n que supon\u00eda la negaci\u00f3n a las mujeres de los derechos pol\u00edticos y civiles, en una suerte de renegociaci\u00f3n de los t\u00e9rminos del \u201ccontrato sexual\u201d <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-07\" class=\"scroll-to\">[7]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">7 \u2014 Concepto desarrollado a finales de los a\u00f1os ochenta por Carole Pateman en su interesante y comprometido estudio sobre los l\u00edmites del liberalismo desde una perspectiva de g\u00e9nero. Pateman, C. (1995) El contrato sexual. Barcelona: Editorial Anthropos.\n<\/span><\/span>. Mientras, la ciencia adquiri\u00f3 una autoridad incuestionable a la hora de establecer las fronteras entre los sexos. El cuerpo se convirti\u00f3 en una instancia inapelable y las leyes naturales, a trav\u00e9s de sus int\u00e9rpretes, bi\u00f3logos, m\u00e9dicos y cient\u00edficos en general, se propusieron gobernar tambi\u00e9n el mundo social. En nombre de la ciencia se dictaron los mandatos naturales y, por lo tanto, sagrados, y la misi\u00f3n natural de las mujeres era la maternidad. La masculinidad, con toda su pluralidad y sus jerarqu\u00edas internas, qued\u00f3 tambi\u00e9n indefectiblemente unida a un cuerpo y a una realidad biol\u00f3gica, ambos supuestamente inmutables.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, no estamos ante un proceso uniforme y lineal; m\u00e1s bien al contrario, se trata de una historia compleja. El tr\u00e1nsito a la modernidad no fue organizado a toque de trompeta. Pero algunas tendencias de cambio fueron consistentes y resultaron decisivas para el tema que nos ocupa. Interesa particularmente el hecho de que la naturalizaci\u00f3n y extrema biologizaci\u00f3n de la masculinidad crearan la fantas\u00eda de que la virilidad era una esencia inmutable y adherida a unos cuerpos con determinadas caracter\u00edsticas. La naturalizaci\u00f3n de la masculinidad ocult\u00f3 as\u00ed el rastro de la relaci\u00f3n de poder en la que estaba inscrita. Desafiar esta visi\u00f3n para mostrar el car\u00e1cter cultural y construido de las masculinidades es un proyecto a\u00fan inacabado.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La naturalizaci\u00f3n de la masculinidad ocult\u00f3 el rastro de la relaci\u00f3n de poder en la que estaba inscrita. Desafiar esta visi\u00f3n para mostrar el car\u00e1cter cultural y construido de las masculinidades es un proyecto a\u00fan inacabado<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>La historia ha contribuido y contin\u00faa contribuyendo de forma destacada en esta tarea cr\u00edtica, mostrando que el significado de ser un hombre ha cambiado en el tiempo y de un contexto a otro. En este sentido, resulta especialmente ilustrativo comprobar c\u00f3mo atributos que, en un contexto, son asociados a la masculinidad, pasan en otros momentos a identificarse con la feminidad \u2014y viceversa\u2014. Por ejemplo, tal y como han demostrado Mar\u00eda Sierra, Darina Martyk\u00e1nov\u00e1 y V\u00edctor M. N\u00fa\u00f1ez Garc\u00eda para el caso espa\u00f1ol, es interesante comprobar c\u00f3mo la viril pasi\u00f3n de los atormentados rom\u00e1nticos, incluso la de los cient\u00edficos rom\u00e1nticos, fue feminizada seg\u00fan avanz\u00f3 el siglo XIX, un siglo que, digamos, racionaliz\u00f3 y limpi\u00f3 de emociones la masculinidad <span class=\"note-item\"><a href=\"#note-08\" class=\"scroll-to\">[8]<\/a><span class=\"note-item-tooltip\">8 \u2014 V\u00e9ase:\n\nMartyk\u00e1nov\u00e1, D. y N\u00fa\u00f1ez-Garc\u00eda, V. M. (2020) Ciencia, patria y honor: los m\u00e9dicos e ingenieros y la masculinidad rom\u00e1ntica en Espa\u00f1a (1820-1860), Studia hist\u00f3rica. Historia contempor\u00e1nea 38: 45-75.\n\n&nbsp;\n\nSierra, M. (2012) Pol\u00edtica, romanticismo y masculinidad. Tassara (1817-1875). Historia y Pol\u00edtica 27: 203-226.\n\n<\/span><\/span>. O c\u00f3mo la altiva exquisitez de los hombres de las clases aristocr\u00e1ticas del Antiguo R\u00e9gimen se convirti\u00f3 en femenina artificiosidad en el proceso de construcci\u00f3n de la masculinidad burguesa. O c\u00f3mo el valor de la castidad, una virtud moral universal en las sociedades de cosmovisi\u00f3n religiosa, pas\u00f3 a ser, junto con el pudor, un atributo imprescindible de la mujer honesta decimon\u00f3nica. O, en definitiva, c\u00f3mo el propio t\u00e9rmino \u2018virtud\u2019, derivado de viril y asociado a la valent\u00eda del guerrero, se fue acercando, con el tiempo, al universo femenino, hasta llegar a fundirse con \u00e9l.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Una historia con mucho futuro<\/h5>\n\n\n\n<p>La historia de las masculinidades como saber espec\u00edfico tiene una corta historia, pero ha dado ya importantes frutos con un fuerte potencial liberador. Tambi\u00e9n para las mujeres. Someter a an\u00e1lisis la masculinidad enriquece la propia historia de las mujeres porque incide en el car\u00e1cter relacional del g\u00e9nero y desestabiliza la pretendida naturaleza inmutable de la diferencia sexual. Interesa asimismo porque desaf\u00eda la visi\u00f3n de los hombres como sujeto por excelencia, universal y neutro, frente a las mujeres, quienes ser\u00edan las \u00fanicas determinadas por su condici\u00f3n sexual. El estudio hist\u00f3rico de las masculinidades resulta ser un buen aliado de la historia de las mujeres, porque ayuda tambi\u00e9n a conocer mejor la posici\u00f3n de \u00e9stas en el pasado. As\u00ed, el c\u00f3mo se entiende socialmente la paternidad, el trabajo, el deber matrimonial, el honor, el uso del espacio p\u00fablico, o el papel que se otorga a la violencia en la definici\u00f3n de la masculinidad aceptable son cuestiones decisivas para la vida de las mujeres. Lo fueron antes y contin\u00faan si\u00e9ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tempranas demandas feministas en el terreno de la violencia o de la investigaci\u00f3n de la paternidad, por se\u00f1alar dos significativos ejemplos, llaman la atenci\u00f3n sobre la relevancia de estas cuestiones para el bienestar de las mujeres. Baste recordar c\u00f3mo formul\u00f3 Olympe de Gouges el punto und\u00e9cimo de su <em>Declaraci\u00f3n de los derechos de la mujer y de la ciudadana<\/em> en 1791. En aquella versi\u00f3n cr\u00edtica de la <em>Declaraci\u00f3n de los derechos del hombre<\/em>, la proclama original de \u201cTodo ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente\u201d se transformaba en una demanda feminista de la paternidad responsable y un alegato contra el estigma social de las madres solteras: \u201cLa libre comunicaci\u00f3n de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos m\u00e1s preciosos de la mujer \u2014afirm\u00f3\u2014, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relaci\u00f3n a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece sin que un prejuicio b\u00e1rbaro la fuerce a disimular la verdad\u201d. De este modo, en definitiva, lejos de plantear una disyuntiva que amenace con restar atenci\u00f3n al largamente ignorado pasado de las mujeres, el estudio de las masculinidades puede y debe constituirse en un buen aliado<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo esto cierto, no lo es menos que la historia de las masculinidades es un saber metodol\u00f3gicamente plural y que, desde sus inicios en los a\u00f1os ochenta, se ha desarrollado en el seno de corrientes historiogr\u00e1ficas muy diversas: desde una historia pol\u00edtica renovada, desde la historia cultural, la historia de la sexualidad o los estudios <em>queer<\/em>. Esta pluralidad no es casual. Si bien no es posible entender la historia de las masculinidades al margen del g\u00e9nero, esta herramienta anal\u00edtica no es capaz por s\u00ed misma de explicar todo lo relacionado con el significado de ser hombre. De hecho, estudiar las masculinidades implica sumergirse en una red de relaciones de poder de clase, naci\u00f3n, sexualidad, raza, religi\u00f3n, edad\u2026 que privilegia a unos colectivos masculinos frente a otros.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio hist\u00f3rico de las masculinidades subalternas, aquellas que se sit\u00faan en una posici\u00f3n de marginalidad o rechazo con respecto a las masculinidades normativas, ha generado una ampl\u00edsima bibliograf\u00eda a nivel internacional. En nuestro \u00e1mbito acad\u00e9mico, han visto la luz importantes contribuciones relacionadas con temas tan relevantes como el nacimiento de la homosexualidad y de la transexualidad como categor\u00edas identitarias, la construcci\u00f3n de la masculinidad obrera, la represi\u00f3n de la homosexualidad especialmente en el franquismo y la transici\u00f3n, la masculinidad gitana, la relaci\u00f3n entre masculinidad y modernidad, las masculinidades de los movimientos nacionalistas, etc. Ciertamente, son muchos a\u00fan los temas que no han recibido la atenci\u00f3n historiogr\u00e1fica que merecen. Con todo, los estudios con los que contamos ya permiten comprender, no en la teor\u00eda, sino a trav\u00e9s de la experiencia de individuos y grupos humanos concretos, que las masculinidades tienen historia, muchas historias.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Debemos llevar la visi\u00f3n cr\u00edtica al coraz\u00f3n de los discursos normativos, desde la convicci\u00f3n de que todas las identidades de g\u00e9nero son fallidas. El g\u00e9nero es, siempre, una impostura, aunque se trate de una impostura capaz de fabricar, con enorme eficacia, fuertes identidades y s\u00f3lidas jerarqu\u00edas sociales<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>Nos quedar\u00eda pendiente, m\u00e1s all\u00e1 de ampliar este mapa diverso de las masculinidades en el tiempo, el reto de analizar esas masculinidades a trav\u00e9s de cuerpos diversos. Queda mucho por indagar en la masculinidad desplegada a trav\u00e9s de aquellos cuerpos nombrados como mujeres y, tambi\u00e9n, a trav\u00e9s de cuerpos innombrables. No me cabe duda de que la incorporaci\u00f3n a la historia de g\u00e9nero de otros g\u00e9neros es un paso fundamental para entender las masculinidades en el pasado y en el presente. Y esta incorporaci\u00f3n, en s\u00ed misma, llevar\u00e1 impl\u00edcita una transformaci\u00f3n del universo al cual se incorpora. Pero la tarea no acabar\u00e1 tampoco ah\u00ed. Se hace necesario cuestionar la l\u00f3gica de fondo de este pensamiento binario tambi\u00e9n en los contextos en los que la estabilidad y el orden parecen m\u00e1s f\u00e9rreos. Se impone llevar el cuestionamiento all\u00ed donde la norma parecer\u00eda no tener fisuras ni sufrir contradicciones, buscando desestabilizar aquello que se nombra a s\u00ed mismo como normalidad. Debemos llevar esta visi\u00f3n cr\u00edtica al coraz\u00f3n de los discursos normativos, al coraz\u00f3n de unas identidades blindadas por una certidumbre con pies de barro. Y esto desde la convicci\u00f3n de que todas las identidades de g\u00e9nero son fallidas. Que el g\u00e9nero es, siempre, una impostura, aunque se trate de una impostura capaz de fabricar, con enorme eficacia, fuertes identidades y s\u00f3lidas jerarqu\u00edas sociales.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfTiene historia la masculinidad? 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