España es uno de los países con unos niveles de fecundidad más bajos de Europa y tiene una de las edades medias de maternidad más elevadas. A pesar de la baja fecundidad, las preferencias de las personas sobre el número de miembros que forman las familias se han mantenido bastante constantes a lo largo del tiempo y sin diferencias significativas entre contextos sociales y geográficos: alrededor de dos hijos por término medio, lo que revela que muchas personas no llegan al número de hijos deseado. La preocupación por el descenso de la natalidad ha centrado el debate público español con expresiones como invierno demográfico para describir la situación alarmante en materia de fecundidad. Este artículo pretende ofrecer una imagen actualizada y menos preocupante de la fecundidad española y sus determinantes socioeconómicos, y desplazar el foco de atención de la perspectiva agregada a un enfoque centrado en el derecho individual. En España, las personas no tienen las condiciones adecuadas para tener hijos; los sistemas políticos, sociales e institucionales no consiguen establecer para los progenitores contextos compatibles con la consecución del número de hijos deseados y una trayectoria profesional satisfactoria, especialmente para las madres. Una fecundidad baja y tardía puede tener consecuencias significativas para el bienestar individual, ya que satisfacer los deseos de fecundidad es un componente importante del bienestar y de los derechos reproductivos de una persona.

Introducción

En torno a la década de 1960, casi todas las sociedades avanzadas experimentaron un descenso de los niveles de fecundidad, medido principalmente con diferentes correcciones de la tasa global de fecundidad (TGF). [1]1 — Balbo, N.; Billari, F. C.; Mills, M. (2013). Fertility in Advanced Societies: A Review of Research: La fécondité dans les sociétés avancées: un examen des recherches. European Journal of Population / Revue Européenne de Démographie, núm. 29 (1), pp. 1-38. Disponible en línea. A nivel macro y rebroto, la fecundidad se puede considerar un indicador del estado de salud de una sociedad: un nivel de fecundidad bajo o mínimo prolongado es preocupante, ya que afecta a la sostenibilidad económica de un país y puede indicar la falta de un vínculo efectivo entre el empleo femenino, la maternidad y las políticas públicas. [2]2 — Comissió Europea (2005). Communication from the Commission Green Paper «Faced with demographic change, a new solidarity between the generations». COM(2005) núm. 94. A nivel micro, el estudio de la fecundidad está relacionado con el bienestar y la satisfacción de las personas. [3]3 — Margolis, R.; Myrskylä, M. (2015). “Parental Well-being Surrounding First Birth as a Determinant of Further Parity Progression”. Demography, núm. 52 (4), pp. 1147-1166. Disponible en línea.   En varios países, las mujeres no llegan al número de hijos deseado, cosa que se conoce como brecha de fecundidad. Por lo tanto, el estudio de la fecundidad a lo largo del tiempo proporciona una herramienta poderosa y compleja para comprender la dinámica social a diferentes niveles.

Tendencias y teorías sobre la fecundidad

En torno a la década de 1960, casi todas las sociedades avanzadas experimentaron un descenso de los niveles de fecundidad, medido principalmente con diferentes correcciones de la tasa global de fecundidad (TGF). [4]4 — Número total de hijos que tendría cada mujer si viviera hasta el final de su edad fértil y diera a luz de acuerdo con las tasas de fecundidad por edad vigentes. En concreto, la tasa global de fecundidad en Europa bajó, por término medio, de 2,6 hijos por mujer en 1960 a 1,37 hijos por mujer en la década de 1990. Varios países, entre los cuales España, experimentaron la llamada fecundidad mínima: un nivel de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo de la población. Como interpretaciones más acreditadas de estas tendencias de la fecundidad, surgieron dos teorías. En primer lugar, Gary Beker, en New Home Economics (1981), postuló que los cónyuges se reparten las tareas de manera complementaria; por ejemplo, un miembro de la pareja trabaja a tiempo completo en el mercado laboral y el otro, normalmente la mujer, trabaja a tiempo completo en casa. Según este modelo, la entrada masiva de mujeres al mercado laboral eleva el coste de oportunidad de tener hijos, ya que las mujeres tienen menos tiempo para dedicarlo a las tareas domésticas y al ocio. Salir del mercado laboral para cuidar de los hijos tiene demasiados costes, por eso las mujeres posponen o renuncian a la maternidad. En segundo lugar, la teoría de la segunda transición demográfica, desarrollada por Ron Lesthaeghe en el año 1995, sostiene que los bajos niveles de fecundidad son consecuencia directa de las transformaciones de los valores sociales, por ejemplo, los valores posmodernos, que ponen énfasis en el individualismo y la autorrealización en lugar de formar una familia (figura 1).

No obstante, a partir de la década del 2000, la tasa global de fecundidad no ha dejado de aumentar en la mayoría de los países con una fecundidad baja y mínima, y ha superado los 1,3 hijos por mujer. [5]5 — Bongaarts, J.; Sobotka, T. (2012). “A Demographic Explanation for the Recent Rise in European Fertility”. Population and Development Review, núm. 38 (1), pp. 83-120. Disponible en línea.   [6]6 — Goldstein, J. R.; Sobotka, T.; Jasilioniene, A. (2009). “The End of ‘Lowest-Low’ Fertility?”. Population and Development Review, núm. 35 (4), pp. 663-699. Disponible en línea.     La decisión de las mujeres de tener el primer hijo se produce a una edad más tardía, pero el espacio de tiempo entre el primero y el segundo hijo ha disminuido, lo que es crucial para evitar la fecundidad mínima. En otras palabras, el efecto temporal en la tasa global de fecundidad causado por el aplazamiento de la maternidad ha ido desapareciendo, y la tasa de fecundidad de la cohorte ha vuelto a aumentar en las cohortes más recientes. Además, al principio de la década del 2000, la relación negativa inicial entre la fecundidad y la participación femenina en la fuerza de trabajo se volvió positiva, especialmente en los países con unos niveles altos de participación femenina en la fuerza de trabajo y con políticas de igualdad de género, por ejemplo, orientadas a una participación más importando de los padres en el cuidado de los hijos.

Ni la segunda transición demográfica ni el marco de la nueva economía doméstica previeron esta nueva tendencia en el aumento de la fecundidad. En concreto, las dos teorías fracasaron a la hora de predecir este retorno a la fecundidad (cuando menos, en su formulación clásica). Así pues, los investigadores formularon un nuevo marco: la teoría de la revolución de género. [7]7 — Esping-Andersen, G.; Billari, F. C. (2015). “Re-theorizing Family Demographics”. Population and Development Review, núm. 41 (1), pp. 1-31. Disponible en línea. [8]8 — Goldscheider, F.; Bernhardt, E.; Lappegård, T. (2015). “The Gender Revolution: A Framework for Understanding Changing Family and Demographic Behavior”. Population and Development Review, núm. 41 (2), pp. 207-239. Disponible en línea. Para esta teoría es crucial que la entrada masiva de las mujeres a la educación y al mercado laboral haya desafiado tanto las instituciones como la familia tradicional [9]9 — Utilizo este término en pro de la brevedad, ya que, si adoptamos una perspectiva histórica, lo que denominamos familia tradicional es más bien un fenómeno reciente. Ved Ruggles, S. (2015). “Patriarchy, Power, and Pay: The Transformation of American Families, 1800-2015”. Demography, núm. 52 (6), pp. 1797-1823. Disponible en línea. Según este marco, podemos dividir la revolución de género en dos etapas. En la primera fase, las mujeres se incorporan al mercado laboral mientras siguen teniendo responsabilidades importantes en el hogar. Como trabajan fuera de casa, añaden un “segundo turno”, además de las tareas domésticas, cosa que provocaba una baja fecundidad [10]10 — McDonald, P. (2000). “Gender Equity, Social Institutions and the Future of Fertility”. Journal of the Australian Population Association, núm. 17 (1), pp. 1-16. Disponible en línea. y unos niveles altos de infecundidad [11]11 — Kreyenfeld, M.; Konietzka, D. (ed.) (2017). Childlessness in Europe: Contexts, Causes, and Consequences. Cham: Springer International Publishing. Disponible en línea. En la segunda fase, tanto las instituciones (a un nivel macro) como las parejas (a un nivel micro) se adaptan en el nuevo papel de las mujeres. El estado del bienestar promueve políticas encaminadas a una cobertura mayor de los servicios de jardín de infancia, la participación de los padres, prestaciones más elevadas para el cuidado de los hijos y permisos de maternidad y paternidad más largos. [12]12 — Goldscheider, F.; Bernhardt, E.; Lappegård, T. (2015). “The Gender Revolution: A Framework for Understanding Changing Family and Demographic Behavior”. Population and Development Review, núm. 41 (2), pp. 207-239. Disponible en línea. Además, los hombres participan en el reparto del trabajo no remunerado, se acogen a más permisos de paternidad y ayudan en el cuidado de los hijos y las tareas domésticas. Por lo tanto, la fecundidad aumenta, mientras que el número de personas que no tienen hijos vuelve a los niveles “habituales”, es decir, en torno al 15% de toda la población.

Aunque la teoría de la revolución de género proporciona un marco importante, no explica los descensos recientes de la fecundidad en los países punteros (por ejemplo, Suecia y Noruega). Además, en varios países, entre los cuales España, la teoría de la revolución de género no ofrece una explicación completa de la dinámica de la fecundidad. Los resultados de la fecundidad se ven matizados por varias variables a nivel macro, como la recesión económica; a nivel micro, con cuestiones como la educación o la genética, y a nivel rebroto, en función de variables como el capital social o el mercado laboral. Así pues, hay una necesidad urgente de examinar y considerar factores adicionales para comprender y analizar la dinámica cambiante de la fecundidad.

Las fluctuaciones de la fecundidad española: determinantes demográficos

España es un caso interesante, ya que representa un país con unos niveles especialmente bajos de fecundidad y con una fecundidad tardía. En los últimos treinta años, España ha registrado unas tasas globales de fecundidad constantemente bajas y una edad media elevada de las madres tempranas. La tasa global de fecundidad pasó de 1,31 hijos en 1992 a 1,12 en 2022, mientras que la edad media de las mujeres que dan a luz por primera vez pasó de los 27,5 años a los 32,6 en el mismo periodo. Hoy en día, muchas mujeres no tienen hijos o deciden tenerlos más tarde. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de mujeres que dan a luz a partir de los 40 años ha aumentado en un 30% la última década. En el año 2022, uno de cada ocho nacimientos correspondía a una madre de 40 años o más.

Aunque el debate público ha abordado el descenso de la fecundidad con alarmismo, es útil analizar los factores determinantes de la fecundidad para comprender adecuadamente estas tendencias. En primer lugar, un motor importante de la dinámica de la sociedad es la composición cambiante de la población a lo largo del tiempo. Dicho de otra manera, si el número de mujeres en edad reproductiva en el año 2000 es más bajo que en 1950, habrá un descenso fisiológico de los niveles de natalidad 28 años más tarde. [13]13 — Suponiendo que 28 años es la edad media en que se da a luz. Es crucial reconocer este mecanismo cuando se analizan series temporales largas de fecundidad. El debate público ha utilizado a menudo los niveles elevados de fecundidad de los años sesenta como referencia para las tendencias de fecundidad posteriores (ved la figura 1). Sin embargo, eso genera una distorsión en la percepción de la dinámica de la fecundidad, dado que en los años cincuenta la población de mujeres en edad reproductiva que tuvieron hijos entre los años sesenta y setenta fue excepcionalmente alta a causa del fenómeno del baby-boom.

Centrándonos en las tendencias más recientes de la tasa global de fecundidad, observamos que, después de un descenso continuado de la fecundidad, a partir de 1995 esta tasa empezó a recuperarse en España hasta alcanzar su máximo en el año 2008 (figura 1). Un elemento a tener en cuenta es que la tasa global de fecundidad está sesgada internamente por el efecto temporal. En otras palabras, si las mujeres en edad reproductiva retrasan su entrada a la maternidad, la tasa global de fecundidad disminuirá al principio y volverá a aumentar más adelante. Si nos fijamos en la figura 1, podemos observar esta dinámica en la tendencia de la tasa global de fecundidad en España entre 1990 y 2005. Concretamente, en 1995 la fecundidad en España alcanzó el mínimo histórico de 1,2 hijos por mujer. Esta disminución fue acompañada de un aumento sostenido de la edad en que se da a luz por primera vez, de los 27 años a los 31 en las mujeres de nacionalidad española (figura 2).

Cuando las mujeres que tenían que ser madres a los 27 años empezaron a tener hijos más tarde, en los 31, la tasa global de fecundidad se recuperó ligeramente hasta alcanzar su máximo en el 2008. Este fenómeno también se conoce como recuperación de la fecundidad, y significa que, aunque se produzca un descenso de la fecundidad, este no solo se debe a un número más bajo de nacimientos (cantidad), sino también a un cambio en el momento en qué tienen lugar (tiempo). Dicho de otra manera, las mujeres tienen hijos, pero a edades más avanzadas. Por descontado, el hecho de empezar a tener hijos más tarde también implica una reducción de la posibilidad de alcanzar el número de hijos deseado, ya que el periodo para tomar decisiones reproductivas importantes es más corto que antes.

Otro fenómeno que influye en la fecundidad es la migración. Los migrantes, y en concreto las mujeres migrantes, podrían tener un perfil demográfico y un calendario de fecundidad diferentes de los de la población española, cosa que provocaría cambios en la estructura de la población en conjunto que incidirían indirectamente en los niveles de natalidad. La figura 3 muestra la tasa global de fecundidad en España [14]14 — Número medio de hijos por mujer en edad reproductiva. comparada con la evolución del número de mujeres en edad reproductiva por país de nacimiento entre 2002 y 2022. Si nos fijamos en la línea que describe a las mujeres nacidas en extranjero de entre 15 y 49 años, observamos que, entre el 2000 y 2008, esta población aumentó sustancialmente y contribuyó al aumento de la tasa global de fecundidad (figura 3) y a la estabilización de la edad en qué se da a luz por primera vez en torno a los 31 años en el mismo periodo (figura 2). El mecanismo subyacente a estas tendencias es que la población migrante tuvo más hijos por mujer y que empezó a tener a edades más tempranas, cosa que redujo la edad media general en que se es madre en España.

A partir de 2008, la tasa global de fecundidad española empezó a bajar de nuevo y en 2020 llegó a niveles inferiores a 1,2 hijos por mujer (figura 3). Este descenso se puede atribuir al aumento de la edad en que se es madre, tanto de las mujeres españolas como de las no españolas (figura 2), y a una estabilización del número de mujeres de origen migrante en edad reproductiva (figura 3). Además, el aumento de la edad en que se es madre repercute directamente en la probabilidad de tener familias con tres hijos o más y tiene relación con la infecundidad involuntaria, [15]15 — Rybińska, A.; Morgan, S. P. (2019). “Childless expectations and childlessness over the life course”. Social Forces, núm. 97(4), pp. 1571-1602. que pone el foco de atención en la transición hacia el primer hijo y no en el segundo ni en fecundidades más elevadas.

Determinantes estructurales

El aspecto más difícil en el análisis de los determinantes demográficos de las fluctuaciones de la fecundidad es comprender los factores socioeconómicos que impulsan a las mujeres a aplazar una vez y otra su entrada a la maternidad. Desde una perspectiva sociológica, podemos tener en cuenta la influencia de las normas sociales y la percepción de que la identidad de la maternidad y la paternidad es cada vez menos importante entre las generaciones más jóvenes. Dicho de otra manera, las generaciones más jóvenes muestran menos interés en tener hijos. Sin embargo, esta tesis no se apoya en pruebas empíricas, ya que el número deseado de hijos (dos, aproximadamente) se ha mantenido relativamente estable. [16]16 — Sobotka, T.; Beaujouan, É. (2014). “Two Is Best? The Persistence of a Two-Child Family Ideal in Europe”. Population and Development Review, núm. 40 (3), pp. 391-419. Disponible en línea. Además, los datos de la Encuesta Española de Fecundidad (2018) indican que los principales motivos para no tener hijos a pesar de desearlo son el hecho de no tener pareja o bien limitaciones estructurales como una vivienda inadecuada, problemas laborales o la falta de estabilidad económica.

Para explicar esta tendencia, se han identificado varios factores. En primer lugar, el mercado laboral español se caracteriza por contratos temporales y niveles de inseguridad elevados, que se correlacionan negativamente con el propósito de tener hijos y el hecho de tenerlos. [17]17 — Comolli, C. L. (2017). “The Fertility Response to the Great Recession in Europe and the United States: Structural Economic Conditions and Perceived Economic Uncertainty”. Demographic Research, núm. 36, pp. 1549–1600. Disponible en línea. En España, las mujeres se enfrentan a una penalización importante a causa de la maternidad porque afecta negativamente a los ingresos, la carrera profesional y las aspiraciones laborales. La investigación demuestra que, diez años después de haber tenido un hijo, sigue habiendo una brecha de género persistente en los salarios y los ascensos, que se atribuye en gran medida a la maternidad. Además, en España las mujeres siguen siendo las principales cuidadoras y asumen la mayor parte de las responsabilidades en el ámbito del trabajo no remunerado, cosa que crea retos adicionales para las madres trabajadoras a la hora de conciliar su vida profesional y personal. [18]18 — Castro Martín, T.; Martín García, T.; Cordero, J.; Seiz Puyuelo, M.; Suero, C. (2021). Las causas de la muy baja fecundidad en la España actual. [19]19 — Garcia Roman, J.; Cortina, C. (2016). “Family Time of Couples with Children: Shortening Gender Differences in Parenting?”. Review of Economics of the Household, núm. 14 (4), pp. 921-940. Disponible en línea. [20]20 — Sevilla-Sanz, A. (2010). “Household Division of Labor and Cross-Country Differences in Household Formation Rates”. Journal of Population Economics, núm. 23 (1), pp. 225-249. Disponible en línea.

En segundo lugar, España se considera un país familiarista, cosa que significa que la familia se considera la principal entidad responsable del bienestar de un individuo. [21]21 — Esping-Andersen, G. (2009). Incomplete revolution: Adapting welfare states to women’s new roles. Polity. En este contexto, las preferencias en el cuidado de los niños y las políticas familiares las determinan la interacción de los valores culturales, las estructuras familiares y las políticas públicas. Estas interacciones pueden obstaculizar el desarrollo de sistemas integrales de apoyo a la familia y al cuidado de los niños. Aunque la disponibilidad de servicios formales de jardín de infancia influye positivamente en las decisiones de fecundidad de las mujeres, hay poca oferta de jardines de infancia públicos, [22]22 — Baizan, P. (2009). “Regional Child Care Availability and Fertility Decisions in Spain”. Demographic Research, núm. 21, pp. 803-842. Disponible en línea. y las opciones privadas suelen tener unos precios prohibitivos. Además, las largas jornadas laborales y la baja proporción de empresas que ofrecen horarios flexibles a los padres y a las madres agravan los conflictos entre trabajo y familia. Por lo tanto, los cuidadores informales, como los abuelos y las abuelas, tienen un papel crucial a la hora de aportar flexibilidad dentro de un sistema rígido en relación al cuidado de niños.

Esta dinámica afecta a todas las mujeres: las desfavorecidas y las que tienen estudios superiores. Aunque las mujeres en España han alcanzado niveles más altos de educación, este progreso no se ha traducido en mejores puestos de trabajo, salarios más altos o una distribución más equitativa del trabajo no remunerado dentro de los hogares. Para las mujeres con estudios superiores, eso crea dos escenarios posibles. Por una parte, pueden retrasar la maternidad tanto como sea posible, cosa que disminuye la probabilidad de tener un primero o un segundo hijo. De la otra, dado que la educación está asociada a unos ingresos más elevados y a un empleo más estable, las mujeres con estudios superiores pueden acortar el tiempo entre el primero y el segundo hijo, cosa que aumenta la probabilidad de tener un segundo hijo.

Conclusiones

La tendencia de la fecundidad en España muestra fluctuaciones interesantes que se pueden atribuir a fenómenos demográficos, como los cambios en la estructura demográfica de las mujeres en edad reproductiva, y a factores estructurales, como un mercado laboral complicado y la percepción de inestabilidad durante la etapa de la vida en que se tienen que tomar las decisiones reproductivas. En este artículo hemos presentado un análisis conciso de las tendencias más recientes y de los posibles condicionantes demográficos y estructurales que pueden influir en esta dinámica de fecundidad.

Hay una gran cantidad de bibliografía centrada en investigar los posibles factores que contribuyen al retraso, la reducción y la renuncia a la fecundidad. En respuesta a esta evolución, los gobiernos de toda Europa y de otros países occidentales aplican medidas para hacer frente a estas tendencias. Sin embargo, como han observado algunos autores, [23]23 — Gietel-Basten, S.; Rotkirch, A.; Sobotka, T. (2022). “Changing the perspective on low birth rates: why simplistic solutions won’t work”. BMJ (British Medical Journal), núm. 379, pp. 1. Disponible en línea. las políticas públicas pocas veces han adoptado un enfoque “centrado en la persona, inclusivo, basado en los derechos y sensible a las cuestiones de género”, que esté orientado al hecho que las personas que viven en estos países tienen, por término medio, menos hijos de los que querrían. Al examinar el contexto internacional, es evidente que las instituciones que facilitan un equilibrio más armonioso entre las responsabilidades familiares y las laborales son vitales para que las mujeres y las parejas puedan tener el número de hijos que querrían. Ante la importancia de la igualdad de género y la conciliación de la vida laboral y familiar para reducir el número de hijos que las parejas deciden no tener, es esencial seguir monitorizando los posibles efectos positivos de ciertos cambios introducidos en los últimos años, como la introducción de un permiso de paternidad universal e igual que el de las mujeres.

Sin embargo, aunque las políticas de conciliación de la vida laboral y familiar son sin duda un complemento valioso del marco existente, parecen insuficientes como solución aislada. Además, los debates sobre la fecundidad tienen que incluir un análisis de las circunstancias en que las personas tienen que cumplir sus planes relativos a la familia para evitar la posibilidad de aspiraciones frustradas. En este sentido, abordar la fecundidad también requiere una investigación de las cuestiones subyacentes, incluyendo la influencia del mercado laboral y el acceso de las personas jóvenes a la vivienda de manera independiente. Los jóvenes tienen que ser una prioridad para la sociedad. Se les tiene que garantizar los derechos a la educación, a la libre expresión y a una vivienda asequible y fácilmente disponible, así como el acceso al mercado laboral. Las políticas públicas que empoderen a los jóvenes también tienen que abordar la situación de la fecundidad y tienen que tener como resultado una sociedad donde tener un hijo o dos no sea un privilegio, sino una elección libre.



Agradecimientos

La autora agradece a Amand Blanes Llorens los debates estimulantes sobre este tema y sus comentarios sobre el borrador de este texto. También da las gracias al proyecto ¿Cuándo la fecundidad tardía implica una baja fecundidad? Tendencias generales y desigualdades sociales, económicas y espaciales en España (FERLOST) del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Estatal de Investigación (PID2022-141778OA-I00), y al proyecto europeo COFUND (H2020-MSCA-COFUND-2020-101034228-WOLFRAM2). No obstante, las opiniones y los puntos de vista expresados son exclusivamente los de la autora y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea o la Agencia Ejecutiva Europea de Investigación. Ni la Unión Europea ni la autoridad que concede la ayuda pueden ser consideradas responsables.

  • Referencias

    1 —

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    4 —

    Número total de hijos que tendría cada mujer si viviera hasta el final de su edad fértil y diera a luz de acuerdo con las tasas de fecundidad por edad vigentes.

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Roberta Rutigliano

Roberta Rutigliano es investigadora Ikerbasque Research Fellow en la Universidad del País Vasco, dentro del Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Demográfico (OPIK). Es licenciada en Economía por la Universidad Bocconi de Milán y doctora en Demografía Social por la Universidad Pompeu Fabra. Su investigación aplica métodos cuantitativos para analizar las desigualdades familiares. Se centra en la fecundidad y las dinámicas familiares en contextos de baja fecundidad, con una atención especial a cómo las relaciones intergeneracionales y las políticas públicas influyen en las oportunidades de las mujeres para compatibilizar la maternidad con otros proyectos de vida.