Introducción: migraciones internacionales y polarización política
Con la globalización económica, coincidiendo con el nuevo milenio, los flujos migratorios se aceleraron, aumentaron de volumen y se diversificaron. En Catalunya, como el resto de España, este crecimiento representó el primer boom de la migración internacional, del 2000 a 2007. La demanda del mercado laboral en un ciclo económico expansivo, conjugada con la demanda producida por la externalización en el mercado de parte del trabajo reproductivo —trabajo doméstico y de cuidado de niños y personas mayores—, explica en buena medida este incremento extraordinario en el volumen y en la aceleración.
La fulgurante alza de la demanda fue propiciada tanto por un modelo productivo basado en sectores económicos de bajo valor añadido y un empleo intensivo —desde los relacionados con el turismo, en particular la hostelería, hasta la agricultura, pasando por la construcción—, como por el impulso de cambios demográficos —notablemente, el alargamiento de la esperanza de vida—, cambios sociales como el aumento en el nivel de instrucción de las generaciones más jóvenes, especialmente las femeninas, y la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral. También por razones políticas: un estado del bienestar débil ademán en cuestión por la doctrina neoliberal. En cuanto a la diversidad, a las tradicionales migraciones de carácter puramente económico hay que añadir otras tipologías según las motivaciones: las de refugiados, las de estudiantes y también las de inmigrantes atraídos por el mercado inmobiliario, el consumo del paisaje y la calidad de vida, desde jubilados de países más ricos hasta inversores especuladores, pasando por trabajadores de multinacionales y nómadas digitales.
La novedad y la magnitud de estos flujos contribuyeron a la transformación del mercado de trabajo, principalmente a su dualidad y desregularización. Pero también pusieron a prueba unos servicios públicos ya deficitarios, empezando por la escuela, la sanidad y los servicios sociales en general. Plantearon la pregunta sobre los modelos de integración y, como respuesta, se elaboraron varios relatos respecto a sus consecuencias —el balance entre costes y beneficios—, la diversidad etnocultural, su gestión, el impacto sobre la cohesión social y la identidad nacional.
Con el segundo boom migratorio, de 2014 hasta la actualidad, después de la experiencia de la gran recesión del periodo 2008-2013 y la crisis provocada por la Covid-19, Catalunya ha pasado de los 6 millones de habitantes, en los cuales se había estancado en el último cuarto del siglo XX, hasta los 8 millones alcanzados en 2023, sustancialmente gracias a la aportación migratoria —poco más de 3 millones de altas en 23 años—, que después de los movimientos de retorno y reemigración se ha saldado con 1,9 millones de residentes nacidos en el extranjero en 2024. Esta cifra ha llevado al país a un porcentaje de un 23,8% de población inmigrada internacional sobre el total, comparable, dentro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), a Canadá o Nueva Zelanda. Sin la aportación del saldo migratorio (la inmigración menos la emigración), desde 2016 se habría perdido población a causa del crecimiento vegetativo negativo (el resto entre nacimientos y defunciones). Este cambio vertiginoso, la experiencia de la crisis y la constatación del crecimiento de la precariedad y la desigualdad, hechos que provocan un malestar social agudo, explican que los relatos sobre la migración se hayan polarizado en Catalunya y por todo el mundo y sean uno de los motivos centrales de confrontación política. La polarización política desafía el discurso hegemónico de la interculturalidad. ¿Qué podemos decir, desde la demografía?
Migraciones y reproducción demográfica
A diferencia del conjunto de España, para Catalunya la inmigración no representaba ninguna novedad. Durante el siglo XX, había experimentado dos olas migratorias procedentes del resto del Estado: la primera, de 1910 al Crac del 29, con el hundimiento agravado por la Guerra Civil Española (1936-1939); y la segunda, desde los años cincuenta hasta 1976, con la crisis del petróleo, coincidiendo con el baby-boom (1956-1976). Ambas olas han conformado la historia demográfica, económica y social del país. Fijémonos ahora solo en la demográfica (gráfico 1).
Catalunya, como el conjunto de Francia u otras contadas regiones europeas, representó una excepción en la transición demográfica, es decir, en el paso de un régimen demográfico antiguo, basado en una alta fecundidad y mortalidad —con un débil o nulo crecimiento de la población—, a uno posttransicional, con una baja mortalidad y fecundidad. La excepcionalidad no se encuentra tanto en la cronología ―que en Cataluya podemos cifrar entre finales del siglo XIX y los años treinta del siglo XX― como en el hecho de que la fecundidad empezara a descender de manera precoz con respecto a la mortalidad, que se mantuvo relativamente elevada al inicio del proceso, inversamente a cómo sucedía en la mayoría de países y regiones europeas, con un primer descenso de la mortalidad seguido más tarde por el de la fecundidad, hecho que provocaba un fuerte crecimiento de la población. Las razones de esta singularidad todavía son objeto de discusión. En todo caso, eso significó que el crecimiento vegetativo se mantuviera débil y que, con la industrialización, el factor de atracción de la migración —debido a la relativa escasez de jóvenes en la entrada al mercado de trabajo— fuera tanto o más importante que el de expulsión de las regiones de origen de los inmigrantes. Este motor interno ha hecho que algunos autores hablaran de la migración como fenómeno endógeno del sistema demográfico de Catalunya. [1]1 — Arango, J. (2007). “Les primeres migracions del segle xx a Catalunya”. En: Immigració. Les onades immigratòries en la Catalunya contemporània. Barcelona: Fundació Lluís Carulla, p. 19-33 (Nadala; 41). De esta manera, en el siglo XX se anticipaba lo que se ha ido produciendo con más o menos intensidad en todos los países desarrollados durante el siglo XXI: que el saldo migratorio se convirtiera en el componente esencial del crecimiento de la población por encima del vegetativo. Dicho en términos técnicos: Catalunya se ha vuelto un sistema complejo de reproducción demográfica. [2]2 — Cabré, A. (1999). El sistema català de reproducció. Barcelona: Proa.
Las dos olas migratorias del siglo XX aportaron 455.000 y 1,3 millones de personas, que contribuyeron, respectivamente, en un 76% y en un 55% al crecimiento total de la población de estos periodos. Por su parte, el conjunto de la migración del siglo XXI, principalmente internacional, en un contexto de muy baja fecundidad y rápido alargamiento de la esperanza de vida, ha contribuido en 1,9 millones de personas, enfrente de las poco más de 200.000 personas del crecimiento natural, que, como hemos mencionado, se ha vuelto incluso negativo en los últimos años.
¿Migraciones de reemplazo o metabolismo demográfico?
Las migraciones que vendrían a suplir la escasez relativa de jóvenes en el mercado de trabajo producto de la baja fecundidad —y, por lo tanto, del número de nacimientos en décadas anteriores— se han llamado migraciones de reemplazo. ¿El término se popularizó al comienzo del siglo XXI a raíz de la publicación, en el año 2000, del informe de la División de Población de Naciones Unidas Son las migraciones de reemplazo una solución para el declive y el envejecimiento de la población? [3]3 — United Nations Population Division (2000). Replacement Migration: Is It a Solution to Declining and Ageing Populations? Nova York: Population Division, Department of Economic and Social Affairs, United Nations. En este informe, se quería llamar la atención de políticos y del conjunto de la población sobre la conveniencia de los flujos migratorios, que se incrementaban con una estructura marcada por el envejecimiento demográfico. También se subrayaba la insuficiencia de las migraciones para revertir este proceso de envejecimiento y la consiguiente carga sobre los sistemas de pensiones públicos, y se proponía una batería de medidas complementarias. Para ilustrarlo, se disponía de las proyecciones de población de diferentes países y regiones desarrollados del mundo, en el horizonte 2050, partiendo de los datos de 1995, bajo diferentes supuestos: mantener la población total, mantener la población en edad activa, mantener la relación de dependencia y mantener el resultado en ausencia de migraciones.
Tanto la ambigüedad en la difusión en los medios de comunicación como una lectura interesada tuvieron un efecto antagónico en la recepción de este informe. Los sectores a favor de las migraciones o de los derechos de las personas inmigradas subrayaron la necesidad de inmigración para cubrir la demanda laboral no satisfecha por los autóctonos y para asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones, cuando, de hecho, el informe decía que no eran suficientes y que los efectivos que se estimaban para mantener la relación de dependencia no eran asumibles. Mientras que los contrarios a la inmigración o los partidarios de frenarla se tomaron el ejercicio hipotético como si fuera una profecía que tenía que cumplirse a toda costa, hasta entroncar con antiguas teorías de la conspiración sobre la existencia de un complot para la sustitución de los autóctonos por los inmigrados, que nada casualmente renombraron como gran reemplazo.
Más que las llamadas migraciones de reemplazo, lo que nos ayudará a comprender el impacto de las migraciones conjugado con la evolución de la natalidad es lo que se denomina metabolismo demográfico. Es decir, la sucesión de generaciones como factor que impulsa el cambio social; particularmente, la coincidencia de los inmigrantes con generaciones vacías o llenas —a partir del tamaño de sus efectivos según los nacimientos—, la contribución a la diversificación por origen de y entre las generaciones, su distribución espacial y las consecuencias que esta distribución tiene para el futuro. En el caso de las últimas migraciones internacionales, si tomamos Catalunya como ejemplo [4]4 — Osama, D.; Domingo, A.; Bayona, J. (2024). “Marcadores sociodemográficos y nuevas tecnologías en las generaciones catalanas 1926-2006”. Revista Internacional de Sociología, vol. 82 (1). DOI. (gráfico 2), podemos destacar como, con respecto a la generación vacía nacida entre 1986 y 1995 —los conocidos como millennials– el porcentaje de población nacida en el extranjero en el censo de 2021, cuando tenían entre 25 y 34 años, se eleva hasta el 39,9%, muy por encima del 22,4% que entonces se registraba para el total de la población. Aumenta al 44,6% si sumamos los nacidos en el resto de España.
Con todo, si observamos las migraciones del siglo XX, el porcentaje de población nacida fuera de Catalunya de la generación de los millennials en 2021 queda por debajo al compararlo con la generación vacía nacida entre 1936 y 1945: para la misma edad (de los 25 a los 34 años), en el censo de 1971, el porcentaje se situaba en un 54,8% (la mayoría nacidos en el resto de España, solo un 1,2% de nacidos en el extranjero).
Estas proporciones se elevan por escalas territoriales más pequeñas, si tenemos en cuenta la distribución desigual en el territorio, debido a la concentración y la segregación de la población inmigrada. A modo de ejemplo, los millennials nacidos fuera de Cataluña en 2021 subían hasta un 62,6% en el municipio de Salt, o en un 82% en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona. Si tenemos en cuenta la ascendencia, sin embargo, habría que apuntar que para la generación de 2006-2015, si bien los nacidos en el extranjero todavía eran relativamente pocos en el censo de 2021, con un 12,4% del total, los descendientes de extranjeros los doblaban, con un 28,5%. Estas proporciones tienen que hacer replantearnos el discurso de la multiculturalidad como una característica del futuro (gráfico 3).
Ni el declive de la fecundidad, ni los efectivos de las generaciones resultantes son por ellos mismos la causa de las migraciones: las migraciones, cuando hablamos de trabajadores y trabajadoras, siguen las fluctuaciones del ciclo económico; no están determinadas por la estructura por edades de la población. Catalunya, a pesar de la influencia de la bajada inicial del descenso de la fecundidad en el incentivo de las migraciones, vuelve a ser un buen ejemplo: la llegada de los flujos internacionales del primer boom la protagonizaron personas nacidas entre 1956 y 1975 que pertenecían a los grupos generacionales del baby-boom, tardó con respecto a los países europeos septentrionales. Pero, cuando llegó la gran recesión, entre 2008 y 2013, coincidiendo con la llegada al mercado de trabajo de los jóvenes de las generaciones vacías, nacidas en los años ochenta, parte de estos jóvenes autóctonos se vieron obligados a emigrar.
La creencia en el determinismo demográfico forma parte de un, digamos, “sentido común” demográfico, anclado en paradigmas superados de una demografía maltusiana basada en la noción de equilibrio, en que las migraciones son vistas como un elemento igualador entre los diferenciales de la estructura entre países o regiones “jóvenes” y “envejecidas”, o de la dinámica demográfica, entre aquellos con una alta y una baja fecundidad, como si se tratara de la teoría de los vasos comunicantes, una especie de mecánica hidráulica de la población. Estas formaciones discursivas que conforman el “sentido común” demográfico encontraron a un aliado nuevo en los interesados en desplazar las causas económicas estructurales a las “demográficas”, y de estas a los valores y las decisiones individuales. [5]5 — Domingo, A. (ed.) (2023). La coartada demográfica. Y el discurso de la involución en España. Barcelona: Icaria.
Migraciones, reproducción demográfica y reproducción social
Pasamos ahora a analizar el efecto que la centralidad progresiva de las migraciones y la transición hacia un sistema complejo de reproducción demográfica han tenido y tienen sobre la sociedad catalana, en especial sobre la reproducción social. Una de las razones de la reducción precoz de la fecundidad en Catalunya entre las clases populares fue el deseo de las familias de invertir en la educación de sus hijos para posibilitarles así la movilidad social ascendente. Si el deseo de prosperar socialmente fue una fuerza motriz que contribuyó al cambio demográfico entre la población catalana, ha seguido constituyendo una pieza fundamental en las estrategias de reproducción social, también respecto de la población recién llegada. El motivo que explica las migraciones económicas, desde la perspectiva del inmigrante, ha sido históricamente la mejora de las condiciones de vida propias y de la familia, y no fue diferente en el caso de Catalunya. Si las migraciones formaron parte desde un principio de los mecanismos de reproducción de la fuerza de trabajo —teniendo en cuenta la baja fecundidad—, la apropiación de espacios sociales ascendentes, que es una manera de definir lo que denominamos integración, constituyó el norte de los trabajadores inmigrantes que llegaron en el siglo XX. La lengua catalana, convertida en marca antropológica de la identidad del país, se convertiría en la enseña de este proceso de integración.
La llegada sostenida de nuevas hornadas de inmigrantes era imprescindible para la reproducción del sistema capitalista y, con este, de la estratificación social. Los primeros beneficiados eran, pues, las clases acomodadas que directamente sacaban provecho de la plusvalía aportada por los trabajadores. Sin embargo, en términos generales, estas migraciones resultaban complementarias también a la promoción social de los trabajadores autóctonos, primero, y de los anteriores inmigrados, más tarde. De esta manera, el sistema ponía en marcha un efecto de aspirador que se nutría de la progresión de las corrientes migratorias. Esta estrategia solo era sostenible con una economía en crecimiento y una lucha obrera que efectivamente conquistara ganancias en las condiciones laborales y de vida que permitieran una movilidad social ascendente. La evolución, que quedó repentinamente restañada con el Crac del 29 y la Guerra Civil Española, se reanudó de manera magnificada en los años sesenta, con el éxodo rural. La segunda ola, a pesar de las crudas condiciones de pobreza y la falta de libertades de la dictadura, con el fin de la autarquía económica, primero, y la terciarización y la universalización del acceso a los estudios, después, abrió un espacio de oportunidades de movilidad social ascendiente, que la lucha vecinal y política del antifranquismo consolidó. La familia, junto con la expansión del funcionariado que comportó el retorno del autogobierno, hizo de cojín de la crisis económica durante los primeros años de la Transición democrática para muchos de los que habían cursado estudios superiores, fueran autóctonos o hijos de inmigrantes. Los flujos con el resto de España se interrumpían o se revertían con movimientos de retorno, mientras que los internacionales todavía eran minoritarios.

Si pensamos en los efectos de la migración internacional masiva del siglo XXI en la reproducción social, indudablemente el sector privado —frente el público— y las clases medias y su prole, amenazados con el descenso social, han sido los grandes beneficiarios. Ha constituido la forma más barata de conciliar la vida familiar y laboral de las parejas jóvenes en ausencia de un estado del bienestar fuerte. Durante la primera ola del nuevo milenio, incluso, se puede entender que contribuyó a la promoción de los trabajadores autóctonos. Después de la gran recesión, sin embargo, hay que preguntarse si no estamos asistiendo a dos efectos no deseados e interconectados. Por una parte, encontraríamos una integración segmentada causada por el racismo estructural atizador de prejuicios, que clasifica jerárquicamente las personas migradas y sus descendientes a partir del origen, el fenotipo y el grupo etnocultural al cual se adscriben, como se ha descrito en otros países. [6]6 — Portes, A.; Zhou, M. (1993). “The New Second Generation: Segmented Assimilation and Its Variants”. Annals of the American Academy of Political and Social Science, núm. 530, p. 74-96.
Esta discriminación daría como resultado la etnoestratificación de la pirámide social y situaría en la base una nueva capa de la clase trabajadora, en la que la población africana sería mayoritaria. En segundo lugar, y en paralelo, se habría dado la formación de una nueva capa desclasada de lumpemproletariado, formada mayoritariamente por población autóctona con un bajo nivel de estudios, relegada por el proceso de globalización económica.
¿Un sistema en crisis?
Cuando la movilidad social ascendente está amenazada no solo para los inmigrados, sino para el total de las generaciones más jóvenes, hay quienes se preguntan si un sistema que nos vierte a olas cada vez más intensas es sostenible. Si lo queréis decir de manera más tremendista: si no nos estamos asomando al colapso. Se señala la migración como la culpable de todos los daños: desde la minorización del catalán hasta la inseguridad ciudadana. Pero lo que realmente nos tenemos que preguntar, en primer lugar, es si es viable un modelo productivo que se basa en la aportación masiva de trabajadores y en un orden económico fundamentado en el crecimiento sostenido de la población a la vez que multiplica la desigualdad y, con esta, la producción de población redundante. Y en segundo lugar tenemos que reflexionar sobre el control de los dispositivos de reproducción social en Catalunya, incluyendo el control del mercado, antes de cargar las culpas sobre la dinámica o la estructura demográfica, que, al fin y al cabo, ha sido un sistema adaptativo a las constricciones de este orden económico, y también la consecuencia de la mejor manera que han encontrado los individuos de triunfar.
La inercia del envejecimiento es imparable: según nuestras estimaciones, haría falta que llegaran 14 millones de personas para mantener en 2050 la relación de dependencia actual, cifrada en 25,4%. [7]7 — Domingo, A.; Blanes, A. (2025). “Les migracions de reemplaçament a Catalunya: una mirada crítica”. Comunicación en el 4.º Congreso de Economía y Empresa en Catalunya, organizado por el Colegi d’Economistes de Catalunya. Barcelona. Si tenemos en cuenta que en los 23 años precedentes hemos recibido 3 millones, este cálculo parece del todo desaforado. A excepción del continente africano, que todavía crecerá de manera sustantiva durante el próximo cuarto de siglo, los candidatos a la migración cada vez serán más escasos por razones demográficas, aunque las crisis del sistema económico global seguirán expulsando población del Sur global, a los cuales se añadirán los movimientos que podemos prever fruto del cambio climático.
-
Referencias
1 —Arango, J. (2007). “Les primeres migracions del segle xx a Catalunya”. En: Immigració. Les onades immigratòries en la Catalunya contemporània. Barcelona: Fundació Lluís Carulla, p. 19-33 (Nadala; 41).
2 —Cabré, A. (1999). El sistema català de reproducció. Barcelona: Proa.
3 —United Nations Population Division (2000). Replacement Migration: Is It a Solution to Declining and Ageing Populations? Nova York: Population Division, Department of Economic and Social Affairs, United Nations.
4 —Osama, D.; Domingo, A.; Bayona, J. (2024). “Marcadores sociodemográficos y nuevas tecnologías en las generaciones catalanas 1926-2006”. Revista Internacional de Sociología, vol. 82 (1). DOI.
5 —Domingo, A. (ed.) (2023). La coartada demográfica. Y el discurso de la involución en España. Barcelona: Icaria.
6 —Portes, A.; Zhou, M. (1993). “The New Second Generation: Segmented Assimilation and Its Variants”. Annals of the American Academy of Political and Social Science, núm. 530, p. 74-96.
7 —Domingo, A.; Blanes, A. (2025). “Les migracions de reemplaçament a Catalunya: una mirada crítica”. Comunicación en el 4.º Congreso de Economía y Empresa en Catalunya, organizado por el Colegi d’Economistes de Catalunya. Barcelona.
Andreu Domingo
Andreu Domingo i Valls es doctor en Sociología y subdirector del Centre d’Estudis Demogràfics (CED) de la Universitat Autònoma de Barcelona, donde es investigador principal del grupo Globalización, Migraciones y Espacio, una de las tres áreas estratégicas del centro. También es miembro numerario del Institut d’Estudis Catalans. Especializado en inmigración internacional y formación de familias, también ha trabajado sobre la población y el imaginario social. Actualmente codirige, junto con Jordi Bayona, el proyecto MIGRA-GOC sobre migraciones y estrategias de reproducción demográfica y social en España, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. Entre sus últimas publicaciones destacan Catalunya 3D: Demografia, Diversitat i Democràcia (L’Avenç, 2022) y, como editor, Demografia y posverdad. Estereotipos, distorsiones y falsedades sobre la evolución de la población (Icaria, 2023). Ha coordinado el monográfico de la Revista IDEES “Demografía: los retos de la sociedad del futuro”.