Diari de les idees 25

Diari de les idees 25 – Especial Polarización política, racismo y conflicto social en los Estados Unidos
11 junio 2020

Ideas de actualidad

Tras los acontecimientos que están teniendo lugar en los Estados Unidos a raíz del asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, dedicamos un número especial del Diari de les idees al análisis de estos hechos. Presentamos la selección de artículos en cinco secciones: la primera centrada en el racismo estructural en los Estados Unidos que impregna la sociedad y las instituciones norteamericanas; el segundo en los aspectos sociales, económicos y culturales subyacentes a los movimientos de indignación y revuelta que están sacudiendo el país; El tercero pone el foco en la gestión de Donald Trump y su deriva con cada vez más autoritaria e incendiaria; el cuarto tiene como objetivo evaluar las implicaciones que todo esto implica para la democracia en los Estados Unidos y el mundo, y finalmente las repercusiones que esta crisis pueden tener en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre..

Los Estados Unidos son hoy un país políticamente profundamente polarizado. Esta división se suma a la profunda desunión existente debido a la losa de un pasado esclavista que pervive en un supremacismo blanco que sigue siendo muy activo y que discrimina a la comunidad afroamericana que representa el 13% de la población en los Estados Unidos. Cíclicamente, la comunidad afroamericana está sujeta a casos de abusos y episodios repetidos de violencia institucional y policial descontrolada, a menudo sin consecuencias penales, y que atiza una protesta masiva y situaciones de disturbios generalizadas en todo el país. El racismo en los Estados Unidos no es un fenómeno nuevo, sino que tiene sus raíces en su momento fundacional como país e impregna su cultura política y sus prácticas institucionales. Jake Bittle en The Baffler recuerda esta circunstancia a través del ejemplo del peculiar sistema electoral estadounidense para elegir al Presidente, que es el resultado de un compromiso entre los esclavistas para establecer el colegio electoral. En este mismo sentido, las estrategias de gerrymandering para manipular las circunscripciones o distritos electorales y obtener ventajas a favor de ciertos intereses también han sido un factor constante en la historia política de los Estados Unidos. Asimismo, David Remnick relata en The New Yorker que el movimiento Black LivesMatter se inició en 2013 durante la presidencia de Obama ante la incapacidad de revertir la situación de racismo por parte del primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos y contra los crecientes abusos policiales.Una situación de racismo estructural que la congresista Alexandria Ocasio-Cortez denuncia subrayando que aquellos que exigen el fin de las protestan sin exigir al mismo tiempo no exigen el fin de la brutalidad policial, son también aquellos que niegan una atención sanitaria universal como un derecho de ciudadanía básica o eluden el fin de ladiscriminación racial en cuestiones como la vivienda, y que lo que están pidiendo, de hecho, es la perpetuación de un sistema de opresión silencioso.

En las páginas El País Sami Naïr analiza los recientes acontecimientos cualificándolos de racismo sistémico y denuncia que el asesinato de George Floyd, como el de tantas víctimas negras que le precedieron, es lamentablemente banal, ya que no constituye algo nuevo dentro de una sociedad aún encerrada en sus prejuicios y, en cierta medida, en la inhumanidad inherente al modelo social americano. Para Naïr la sociedad norteamericana está organizada y pensada por personas blancas, hecha por y para blancos. Un punto de vista que también defiende Derrick Johnson en The Guardian donde denuncia que el “escaso valor” que tiene la vida de los afroamericanos no es un defecto en el sistema,sino que es un elemento constitutivo del propio sistema americano, donde en lugar de protegerla la vida y la dignidad, se menosprecia el valor de la vida humana y se discrimina por el color de la piel. Para Johnson así es como el racismo funciona y se ha manifestado a lo largo de la historia de Estados Unidos. Jenipher Camino González lo resume clara y contundentemente en Deustche Welle cuando afirma que la incapacidad de gran parte de la América blanca para aceptar sus propios privilegios y empatizar con las experiencias de las minorías es el mayor obstáculo para el progreso y la reconciliación. En definitiva, si se quiere avanzar hacia la eliminación de los prejuicios y la violencia racial, los estadounidenses blancos tendrán que dejar de ser complacientes con el racismo sistémico.

En la revista CTXT, Ignasi Gozalo-Salellas argumenta que medio siglo después de que los Estados Unidos se erigieran en el epicentro de la guerra cultural por los derechos civiles, la pesadilla de la desigualdad racial reaparece como una carga fundacional que divide a la sociedad en dos: los beneficiarios o aspirantes a la gran maquinaria de capital económico, social y cultural del país, y aquellos que quedan al margen de este sistema falsamente meritocrático,  en su gran mayoría afroamericanos

Más allá de la violencia policial, el racismo en los Estados Unidos también reside en las enormes desigualdades sociales y económicas que recorren la sociedad y afectan particularmente a la población afroamericana. The Economist revela que según datos de la Oficina del Censo, los afroamericanos ganan sólo tres quintas partes de los que ganan los blancos no hispanos. En 2018, los ingresos medios de los hogares negros eran de 41.400 dólares mientras que el de los blancos era de 70.600 dólares, y esta brecha continúa expandiéndose año tras año. Sin embargo, las cifras de ingresos subestiman las disparidades económicas reales porque sólo se refieren a personas que tienen trabajo. Según un estudio de Patrick Bayer de la Universidad de Duke y Kerwin Charles de la Universidad de Chicago citado por el mismo medio, el 35% de los jóvenes afroamericanos están desempleados o están fuera del mundo laboral, el doble que los blancos. Por consiguiente, no es de extrañar que tantos manifestantes crean que los afroamericanos no son iguales ante la ley, no son iguales en términos de ingresos y empleos, y no son iguales en lo que respecta a la salud. Lo que podríamos llamar racismo sanitario es evidente en el hecho de que, como señala en The New Yorker Opal Tometi, una de las fundadoras del movimiento Black Lives Matter,  más de un tercio de las más de 100.000 muertes causadas por la pandemia de Covid-19 en los Estados Unidos  son afroamericanos cuando sólo constituyen el 13% de la población. En este contexto de crisis racial, sanitaria y económica, la profesora de Estudios Afroamericanos de la Universidad de Princeton, Keeanga-Yamahtta Taylor considera que los acontecimientos actuales no son una mera repetición de eventos pasados, sino que son consecuencia de los fracasos del sistema político y económico de Estados Unidos  para resolver las crisis anteriores. También afirma que se está dando la convergencia de una rebelión de clase (blanca y privilegiada) en el centro del cual se sitúan se encuentran el racismo y el terrorismo racial yque se trata de un terreno todavía desconocido para los Estados Unidos. En última instancia, una polarización social de la que también se hace eco The Economist que advierte de los peligros de esta situación de cara a encontrar una solución e implementar políticas de igualdad real en un país donde la raza sigue siendo un factor determinante. Así, un estudio publicado por el Pew Research Centre el 2 de junio revela que el 81% de los votantes republicanos son blancos, mientras que sólo el 59% de los demócratas lo son, y puestos a elegir entre Joe Biden y Donald Trump, el 90% de los afroamericanos apoyan al candidato de los demócratas a la presidencia. Vistas las circunstancias, parece que Donald Trump ha optado de nuevo por la estrategia de polarización y división racial que le ayudó a ganar la presidencia hace cuatro años.  En este sentido, las declaraciones formuladas desde la Casa Blanca sobre las protestas calificandolos manifestantes de “matones, criminales y saqueadores”, remiten a un tipo de lenguaje que históricamente ha servido código a algunos votantes blancos para saber que los republicanos están de parte contra las “turbas violentas” de afroamericanos que amenazan el orden y su prosperidad.

Estamos asistiendo a una crisis multidimensional que revela todas las miserias de un presidente estadounidense considerado por cada vez más expertos como completamente incapacitado para asumir el cargo. Thomas Wright en The Atlantic habla de un verdadero Götterdammerung que marca el comienzo del fin de la era de un Donald Trump atrapado en una espiral descendente muy violenta. Incapaz de llevar a cabo las políticas necesarias para hacer frente a cualquiera de las tres crisis (sanitaria, económica y racial) que vive el país, Trump utiliza una retórica violenta que apela a los sentidos más primarios. La misma revista recoge unas declaraciones explosivas de James Mattis, el ex secretario de estado de Defensa de Trump que dimitió en diciembre de 2018 por su oposición a la política del presidente en Siria, donde apoya a los manifestantes, afirma que Trump intenta dividar a los estadounidenses y denuncia que su amenaza de usar el ejército constituye una seria amenaza para los derechos constitucionales de los ciudadanos norteamericanos. Otra crítica demoledora y contundente es la de John Allen, presidente de la Brookings Institution, general retirado cuatro estrellas del cuerpo de marines de los Estados Unidos y ex comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, que advierte en Foreign Policy que podemos estar asistiendo al principio del fin de la democracia americana, denuncia el mutismo de Trump sobre las razones subyacentes de los disturbios -racismo y desigualdad sistémica- y subraya que no hay precedente en la historia moderna de los Estados Unidos de un presidente que anuncia ka intención de enviar tropas federales en un estado por encima de la opinión y autoridad del gobernador. Matthew Feldman, especialista en ideología fascista y extrema derecha en Europa y Estados Unidos, aún va más allá y señala en TheIndependent que las declaraciones de Donald Trump sobre los manifestantes encajan con el discurso de unnacionalismo populista revolucionario, es decir el fascismo, ya que Trump fomenta deliberadamente la percepción de la ruptura de la ley y del orden, el mito de los terroristas antifascistas y de la izquierda sediciosa, una narrativa que siempre ha sido un elemento básico en el discurso de la derecha estadounidense. Una opinión también compartida por Ishaan Tharoor en The Washington Post donde argumenta que ya sea por acción o omisión, Donald Trump y los republicanos gobiernan sobre la base de una política de principios fascistas, según los que oponerse al presidente equivale a oponerse a la nación, lo que no deja lugar a la disensión y la democracia.

En un artículo duro publicado en The New Yorker John Cassidy califica Donald Trump como el peor peligro para la democracia estadounidense al mismo tiempo que expresa sus temores sobre una posible cancelación o manipulación de las elecciones presidenciales del mes de noviembre. Si no hace tanto tiempo, plantear esta pregunta podía sonar como excesivamente alarmista, la respuesta de Trump a las protestas por el asesinato de George Floyd ha demostrado una vez más que las advertencias sobre la erosión democrática que varios expertos llevan denunciando desde su elección en año 2016 no eran exageradas. En este contexto, el aislamiento y la presión propias del cargo podrían exacerbar las tendencias autoritarias de Trump y llevarlo a buscar una ruptura democrática como el recurso a la crisis o a la parálisis política para justificar medidas de emergencia. En esa misma línea, desde las páginas de TheNew Statesman Paul Mason advierte que el presidente estadounidense se ha puesto al mando de una nueva y aterradora insurrección de extrema derecha que actúa tanto en las redes sociales como en las calles. En este sentido hay que recordar las imágenes de los militantes supremacistas armados que intentaron a principios de mayo forzar la entrada del Capitolio de Michigan o las declaraciones de testigos creíbles que hablan de la infiltración de grupos de extrema derecha en las protestas para provocar lo que siempre han fantaseado: una guerra racial. Ante esta situación, especialmente cuando la alianza entre las élites y los grupos ultras controlan los espacios de poder, Mason preconiza que la única forma racional de defensa es una alianza del centro y de la izquierda, una alianza de todas las comunidades que se enfrentan el racismo, la pobreza y la represión. Más allá de la lectura en clave estrictamente nacional, la historiadora Mary L. Dudziak analiza en The New York Times las nefastas consecuencias de la gestión Donald Trump delos disturbios sobre la imagen internacional de los Estados Unidos, especialmente en el marco de su competición con China por la hegemonía mundial. Apunta que probablemente el presidente estadounidense no entienda en qué medida la violencia policial y la injusticia racial obstaculizan la influencia estadounidense en el mundo, ni la forma en que su propio autoritarismo ampara y justifica las prácticas autoritarias en otros países, como en el caso de China con Hong Kong. En una línea similar se expresa Emilio Menéndez del Valle en un artículo publicado en El País donde destaca que hasta hace poco los Estados Unidos fueron uno de los principales garantes de las instituciones multilaterales. De hecho, no es fácil imaginar la creación de las Naciones Unidas, la OTAN o la Organización Mundial del Comercio sin el apoyo estadounidense. Ahora, bajo la presidencia de Donald Trump, y mientras China favorece el multilateralismo, los Estados Unidos haacelerados su viraje hacia el aislacionismo como lo demuestra el hecho que el presidente estadounidense decretara hace unas semanas la retirada de la OMS. Finalmente, basando su análisis en el actual conflicto racial, Bernard E. Harcourt afirma en Le Grand Continent que los Estados Unidos han entrado en una nueva era, cuyo impacto histórico aún no conocemos lo suficientemente, basada en una visión coherente, teorizada y sistematizada de la guerra, interior o exterior, a través de la antiinsurgencia. Advierte que los signos de esta transformación trascendental están empezando a detectarse bajo la presidencia de Trump y que se ha cristalizado en una forma de gobierno contrarrevolucionario.

Finalmente, en el análisis de las protestas en clave electoral de cara a las elecciones del mes de noviembre, Juan Williams afirma en The New York Times que ahora mismo es el voto afroamericano lo que define la política estadounidense. De hecho, Joe Biden estaría ya retirado si no fuera por el voto negro: son los votantes afroamericanos los que le han convertido en el candidato de los demócratas a la Casa Blanca. En noviembre, el número de votantes afroamericanos que acuda a las urnas en algunos de los swinging states cruciales como Pensilvania, Michigan o Wisconsin probablemente constituya un factor decisivo en las elecciones. Dicho de otra manera, esto significa que los votantes negros, que constituyen el 12 por ciento del electorado nacional, pueden ser los que elijan al próximo presidente.  No obstante, esta lectura optimista no es compartida por Jake Bittle en su artículo ya citado publicado en The Baffler. Muchos políticos, desde Hillary Clinton hasta Barack Obama, han instado los manifestantes a ir a las urnas en noviembre para hacer de este momento el punto de inflexión para un cambio real. Pero Bittle recuerda que millones de personas, especialmente los afroamericanos, no tienen acceso justo o adecuado al voto: a menudo, cuando llega el día de las votaciones, descubren que han sido eliminadas de las listas, trasladadas a un lugar de voto lejano o privadas de su derecho por una condena penal previa. Incluso aquellos que logran votar lo hacen en un marco antidemocrático, eligiendo a los congresistas en distritos manipulados. Para David Siders en Politico la estrategia de Donald Trump, son su retórica de la ley y del orden consiste en cortejar el voto suburbano, la llamada “mayoría silenciosa” tal como hizo Richard Nixon en 1968 para derrotar a Lyndon B. Johnson. Pero el problema para Trump es que Estados Unidos de 2020 no son Estados Unidos de 1968. Las zonas rurales tienen pocos votantes, las ciudades con mayoría demócrata detestan al presidente, y las líneas de separación muy claras que existían entre los centros urbanos y los suburbios se han difuminado a medida que los afroamericanos han diversificado los cinturones suburbanos y los blancos ricos han gentrificado los núcleos urbanos. Sin embargo, advierte que hay que tener en cuenta que los recientes disturbios ofrecen una cuña cultural con suficiente potencial para mitigar los recelos de las nuevas clases suburbanas con respecto a su estilo polarizador o a la mala gestión de la crisis del coronavirus. En la misma revista, Joshua Zeitz advierte que se trata de una estrategia errónea ya que el mensaje de Nixon de 1968 sobre la ley y el orden no trataba sólo de los disturbios urbanos. Era un ataque contra el partido en el poder por su supuesta inacción en relación con el desarrollo de la paz, la prosperidad y el orden.  Y aunque tanto ahora como en 1968, la violencia de los últimos días revela un patrón más amplio de disolución social y política, hay una diferencia clave: hoy, el candidato que exige la ley y el orden no está en la oposición, sino que el mismo que no ha sido capaz de preservarlos. Los republicanos controlan el ejecutivo, el Senado y la Corte Suprema. En definitiva, ellos son los únicos dueños del caos, del rencor y de la inestabilidad, y Trump es el que tiene el control de la máquina. Hasta el punto de que Lee Drutman, desde las páginas de FiveThirtyEight, una web especializada en sondeos y estudios demoscópicos subraya que en los últimos días varias voces calificadas procedentes de las filas republicanas, como las del expresidente George Bush, del ex candidato a la Casa Blanca Mitt Romney o del ex general y secretario de Estado Colin Powell, han declarado que no darán su apoyo ni votarán por Donald Trump, lo que podría significar que la base del apoyo republicano a Trump finalmente podría estar resquebrajándose.

more/less text

Diari de les IDEES

El racismo estructural en los EEUU

David Remnick An American Uprising

L’any 1966 Martin Luther King va dir que «Una revolta és el llenguatge dels que no són escoltats». Aquest llenguatge és el que s’està escoltant des de fa més d’una setmana arreu dels Estats Units, on s’han produït centenars de detencions, s’han declarat tocs de queda, i s’han posat en ordre de marxa tropes de la Guàrdia Nacional. Al parer de l’autor, potser la més profunda frustració és pensar que en el temps que ha transcorregut des de 1968, totes les oportunitats per resoldre el racism estructural que coneixen els EUA han estat desaprofitades amb una xerrameca inútil. En l’àmbit de la justícia penal, la població de les presos va començar a disparar-se sota el mandat de Ronald Reagan i la tendència es va seguir accelerant durant dècades, fins a la meitat dels dos mandats d’Obama. El moviment Black Lives Matter es va iniciar el 2013 almenys en part perquè fins i tot la presidència d’Obama, i malgrat totes les seves promeses, va demostrar ser incapaç d’exercir una influència decisiva en qüestions com el racisme i els abusos policials. En darer terme, com bé diu la congressista Alexandria Ocasio-Cortez cal tenir una visió integral de la situació. Si es demana la fi dels disturbis, però al mateix temps no es demana la fi de la brutalitat policial, o l’atenció mèdica com un dret humà, o la fi de la discriminació en l’habitatge, llavors el que s’està demanant, de fet, és la perpetuació de l’opressió silenciosa.

Elie Mystal People Can Only Bear So Much Injustice Before Lashing Out

L’autora relata els esdeveniments dels darrers dies insistint en el fet que malgrat les imatges difoses als mitjans de comunicació, la immensa majoria de les protestes per la mort de George Floyd han estat i són pacífiques. I que això té un mèrit enorme. Per veure-ho, ens demana de posar-nos a la pell d’una persona negra relativament conscient des del passat mes de març. Els negres han vist com una pandèmia arrasava de manera desproporcionada les seves comunitats mentre els mitjans de comunicació no paraven d’emetre les conferències de premsa d’un president racista que menteix sobre la malaltia. Han vist com els acomiadaments i l’atur els colpeja més durament que ningú mentre el Congrés canalitza milers de milions de dòlars cap als negocis dels blancs. Han vist els blancs perdre el cap, agitant armes i banderes confederades davant dels agents de policia, empenyent-los i reunint-se en grans grups sense conseqüències, mentre han vist aquesta mateixa policia seure literalment sobre els negres per suposadament violar les ordres de distanciament social. Imaginem que hem estat negres tot aquest temps i hem vist tot això, comencem a protestar i en lloc de fer front a la dòcil i continguda policia que rebia els confederats blancs, ens enfrontem a una policia amb tot l’equip antiavalots que fa servir gas lacrimogen i bales de goma per controlar la multitud. Es necessita una força increïble per practicar la no violència enfront de l’assassinat i l’opressió. Es necessita una fe increïble, gairebé irracional, en què el llarg arc de la història s’inclinarà cap a la causa de la justícia.

Sami Naïr El racismo sistémico en EEUU

Sami Naïr considera que el país que el 2008 va triar a un afroamericà com a president necessita una revolució mental. Els avenços produïts arran del moviment pels Drets Civils els anys seixanta del segle XX van comportar l’eliminació de les lleis discriminatòries per garantir uns drets de ciutadania basats en la igualtat i el respecte a la dignitat de totes les persones. També es va assolir una certa mobilitat social conquerida per part de les classes mitjanes negres, participant activament en la vida política i en el món econòmic i mediàtic, però que no ha estat mai suficient per acabar amb una situació de desigualtats estructurals, discriminació institucionalitzada i exclusió social de la comunitat afroamericana que pateix par part de molts estaments de la societat nord-americana. En aquest sentit, l’assassinat de George Floyd, com d’altres tantes víctimes negres que li van precedir, és malauradament banal, en tant que no constitueix una cosa nova dins d’una societat encara empresonada en els seus prejudicis i, en certa manera, en la inhumanitat inherent al seu model constitutiu originari. És una societat, als ulls dels blancs -no de tots, afortunadament-, feta per i per als blancs.

Anne Applebaum Resist the Urge to Simplify the Story

Anne Applebaum argumenta en aquest article que no pot simplificar-se la interpretació de les protestes que estan tenint lloc a moltes ciutats dels EUA. L’autora defensa la idea que en cada protesta, la policia i els manifestants tenen motivacions i creen impactes diferents, i que no pot establir-se una narrativa única que ho abarqui tot. Applebaum comenta que el que la majoria de gent busca son justificacions pel que ja creuen i reforços per les identitats que ja tenen. Les emocions estan tan a flor de pell que la manipulació de les imatges de les protestes i la difusió de fake news està a l’ordre del dia. Això no vol dir que sigui impossible trobar una narrativa fiable, sinó que indica que la història ha de ser explicada tenint en compte molts punts de vista i molts testimonis. L’actitud crítica que requereix la situació, però, dista molt de ser la que està adoptant el gran públic —i sobretot els seguidors de Trump—, que es nega a escoltar i prefereix el silenci. Contra això, diu Applebaum, podria articular-se una narrativa que apel·lés al patriotisme, als valors fundacionals d’Amèrica i al canvi cap a un futur millor, sempre que Trump no aconseguís vèncer amb el discurs contrari i acabar definitivament amb la democràcia.

Mitch Landrieu The Price We Have Paid for Not Confronting Racism

Fa 52 anys, la Comissió Nacional bipartisana d’Assessorament en Desordres Civils creada per Lyndon Johnson va publicar un informe on es detectava que el racisme s’havia institucionalitzat i s’havia convertit en la major font de desigualtat al país. La comissió va proposar accions específiques per començar a canviar el racisme institucionalitzat, però no se’n va fer cas perquè eren accions controvertides i cares. El problema que hi ha als EUA, argumenta l’autor, no és que manquin idees, sinó que manquen coratge i determinació, i el preu que s’ha hagut de pagar per això ha estat l’esclat de la tensió durant les darreres setmanes. Trump només s’ha dedicat a provocar i fomentar la tensió quan el que hauria de fer és comprometre’s a corregir el racisme institucional que ha permès que s’arribés fins aquí. Fins que no es transformin radicalment el sistema d’habitatge, el sistema de justícia criminal, el sistema financer, l’economia, l’educació, el sistema sanitari i el sistema polític no s’apaivagarà el conflicte social i ni s’assolirà la justícia social.

Mary Harris No Form of Protest Is Considered Acceptable

Mary Harris entrevista Kellie Carter Jackson, professora d’història a la Universitat de Wellesley i autora del llibre Force and Freedom: Black Abolitionists and the Politics of Violence (University of Pennsylvania Press, 2019). Carter Jackson explica que la violència és un llenguatge polític que funciona com una metàfora i com una manera de comunicar el descontentament polític, social i econòmic quan una comunitat és silenciada i no té cap altra manera d’expressar-se. El moviment abolicionista de l’esclavitud als EUA no va ser pacífic, com sovint es diu, sinó que va comptar amb la violència perquè era concebuda com l’únic mitjà per defensar-se i fer front a una situació d’opressió molt violenta. L’acadèmica qüestiona la configuració que històricament han tingut els moviments de protesta, on el lideratge era un element molt important i assenyala que això podria implicar un canvi de cultura organitzativa que posés més èmfasi en el col·lectiu. Carter Jackson també destaca la desigualtat de forces entre els civils i la policia que fa que la lluita no sigui justa: els recursos que fan servir les forces de seguretat no poden comparar-se amb els saquejos i altres tàctiques dels manifestants.

Derrick Johnson Black deaths are not a flaw in the system. They are the system

Ja sigui per la violència policial, la mala atenció sanitària o simplement per tractar de respirar, la població afroamericana pateix d’una condició subjacent: el racisme. A parer de l’autor, la prescindibilitat de les vides dels negres no és un defecte del sistema; és el sistema. Estan destinats a morir o, almenys, no estan destinats a ser protegits, a ser respectats, a ser valorats, a ser considerats plenament humans. Així és com funciona el racisme, i ha funcionat eficientment al llarg de la història americana. No és casualitat que ocupin els llocs de feina pitjor pagats i visquin en barris on l’aigua no és potable i l’aire no és apte per respirar, on les escoles manquen de recursos, on els espais verds o fins i tot les botigues de queviures escassegen. Ara a tot això s’ha sumat una nova estadística: els afroamericans tenen 3,5 vegades més probabilitats de morir de Covid-19 que els blancs. I això es deu, novament, a la condició subjacent del racisme que es manifesta en la manca d’oportunitats, en la desigualtat econòmica, en l’absència d’atenció sanitària, en un sistema de justícia penal esbiaixat i en l’empresonament massiu, a les escoles sense recursos, i en la negació de la veritat.

Emma Brockes Could the killing of George Floyd be a turning point for American denial?

Durant els últims mesos, la Covid-19 ha estat mostrant de manera descarnada les ficcions de l’ideal nord-americà. Tot d’una, 40 milions d’aturats es van trobar sense assistència mèdica i mentre que els nord-americans blancs i rics es refugiaven a les seves segones residències, els treballadors amb baixos ingressos – la majoria dels quals afroamericans – van ser els més afectats per la taxa de mortalitat. Dins d’aquest context, l’autora apunta que la mort de George Floyd no pot ser absorbida pels mites existents perquè la novetat ara no és l’evidència d’una policia racista sinó un sentiment d’emergència generalitzat. Les protestes, en gran part pacífiques no poden ser considerades com una reacció exagerada, per molt que tinguin com a absurda conseqüència el tancament de Trump al búnquer de la Casa Blanca. En darrer terme, el seu pànic del president nord-americà confirma el fet que durant més temps ha estat negat en la història americana: els EUA són una nació que té les seves arrels en la supremacia blanca.

Jenipher Camino Gonzalez Systemic racism is the real 'American carnage'

L’article destaca que la majoria dels nord-americans blancs encara no poden acceptar el que els afroamericans sempre han sabut: que el racisme és sistèmic, sistemàtic i no està lluny de desaparèixer. L’autora considera en efecte que molts nord-americans blancs no poden admetre que el racisme segueix sent un problema social inherent i que les estructures estatals necessiten una reforma urgent per aconseguir la igualtat de tracte dels ciutadans als quals pretenen servir. Aquesta incapacitat de gran part de l’Amèrica blanca per acceptar els seus propis privilegis i empatitzar amb les experiències de les minories és el major obstacle per al progrés i la reconciliació. És més, aquells que són part del problema han de ser part de la solució. La gent de color no pot canviar per si sola un sistema que està inherentment esbiaixat en contra seva. Al llarg de la història – durant el moviment abolicionista, el moviment per al dret de vot, el moviment dels drets civils- la mobilització de la població negra sempre ha requerit una massa crítica de persones blanques que s’unissin a la lluita per inclinar la balança cap al progrés. És cert avui en dia quan el repte mai ha estat tan gran i les apostes tan altes. Si es vol avançar cap a l’eliminació dels prejudicis i de la violència racial, els nord-americans blancs han de deixar de ser complaents amb el racisme sistèmic. L’Amèrica blanca ha de fer un pas endavant no només per la pau, sinó per la justícia.

Ignasi Gozalo-Salellas La nueva guerra cultural: racismo y violencia institucional

Ha esclatat, de nou però aquesta vegada amb inusual virulència i persistència, la gran causa de discòrdia de la nació nord-americana: la raça. Mig segle després que s’erigís en l’epicentre de la guerra cultural pels drets humans, el malson de la desigualtat racial reapareix. L’assassinat de George Floyd mentre era detingut per tres policies ha sumit el país en la infàmia, entre la ira i la vergonya. Llast fundacional de la nació, la raça divideix la societat en dos: els beneficiaris o aspirants a la gran maquinària de capital econòmic, social i cultural de país, i els que queden fora d’aquest sistema suposadament meritocràtic. Bourdieu no existeix per a una part dels americans. Els primers no senten que la raça sigui un factor rellevant, per una simple raó: són blancs o, millor dit, no són negres. Els segons, que en el cas dels anomenats negres o afroamericans no arriben al 13% de la població, se senten condemnats en vida. Les estadístiques són devastadores, però les imatges i els discursos en l’esfera pública aprofundeixen en el dany col·lectiu. L’autora considera que avui els Estats Units són un país desunit, un miratge que oscil·la entre la promesa d’un futur irrefrenable per part de la Califòrnia de la Silicon Valley i la llosa d’un passat esclavista, d’un supremacisme inscrit en la pell blanca, d’una violència institucional sense control i d’una certa desídia moral de les classes mitjanes. En definitiva, un país que viu una esquizofrènia col·lectiva entre la civilització i la barbàrie o, pitjor encara, que barreja l’una amb l’altra amb una certa indiferència.

Aspectos sociales, económicos y culturales de la crisis actual

Jelani Cobb Minneapolis, the Coronavirus, and Trump’s Failure to See a Crisis Coming

L’autor afirma que a l’igual que la crisi del coronavirus, els disturbis desencadenats per la mort de George Floyd no són deguts a raons espúries i desconegudes sinó a la incapacitat de l’Administració Trump d’aprendre dels seus errors, fins i tot els del passat més recent. Abans que les protestes esclatessin a Minneapolis, les últimes setmanes de maig ja semblaven la resposta a un complicat problema matemàtic: quin és el producte d’una crisi multiplicada per una crisi? El recompte oficial de defuncions per culpa del brot de Covid 19 als Estats Units està per damunt dels cent mil, mentre que quaranta milions de persones han perdur la feina. L’autor considera que tots aquests fets estan relacionats per la seva previsibilitat i per la forma en què l’Administració Trump els ha exacerbat des que van començar. Al març, el president va afirmar que ningú no sabia que hi hauria una pandèmia d’aquesta proporció però ja feia temps que havia desmantellat parcialment la direcció de seguretat nacional que Obama havia creat per mitigar l’impacte de les malalties infeccioses. Els aldarulls també són part d’un problema que ha estat desatès per l’actual Administració. La Crime Bill que va ser presentada precisament per l’ara candidat Joe Biden, autoritzava la direcció de drets civils del Departament de Justícia a intervenir en els casos de delegacions policials amb problemes crònic de racisme però també en aquesta àrea, l’Administració Trump ha funcionat com un fre. En definitiva, els líders no poden predir el futur, però poden ser conscients del passat immediat i dels possibles perills que en deriven. Només necessiten ser intel·ligents.

The Economist The violence in American cities reflects the fury of polarisation

Si els disturbis que estan tenint lloc als EUA són similars en molts aspectes a altres disturbis que s’hi van produir al llarg del segle XX, The Economist subratlla que dos esdeveniments recents -la polarització política i l’odi partidista- poden ser la causa que empitjori les tensions entre els manifestants i la policia i que disminueixi la possibilitat que el govern trobi una solució. En efecte, no és una generalització buida de sentit afirmar que la base electoral dels Republicans són els blancs i la dels Demòcrates, els no blancs. Un estudi publicat pel Pew Research Centre el 2 de juny revela que el 81% dels votants republicans són blancs, mentre que només el 59% dels demòcrates ho són, i que posats a triar entre Joe Biden i Donald Trump, el 90% dels afroamericans es decanten cap al candidat presidencial dels demòcrates . L’augment de la base blanca del Partit Republicà al llarg dels anys ha fet que sigui menys propens a fer progressos en matèria de justícia racial. Els Demòcrates blancs, en canvi, s’han desplaçat cap a l’esquerra en qüestions racials, producte de la polarització política i la «classificació partidista». L’article adverteix que ateses les circumstàncies, Trump pot estar temptat de tornar a la mateixa política de divisió racial que li va servir l’última vegada. Així, parlant des de la Casa Blanca sobre les protestes al carrer va qualificar els manifestants de matons, criminals i saquejadors. Aquest llenguatge ha servit històricament de codi a alguns votants blancs per saber que els republicans estan de la seva banda contra les «turbes violentes» d’afroamericans que amenacen la seva pau. En darrer terme, no hi ha dubte que la campanya per a les presidencials del mes de novembre es fonamentarà sobre tema de la raça.

Isaac Chotiner A Black Lives Matter Co-Founder Explains Why This Time Is Different

En aquesta entrevista a The New Yorker, Opal Tometi, una de les fundadores del moviment Black Lives Matter en resposta a la mort de Trayvon Martin l’any 2013, explica perquè des del seu punt de vista aquesta vegada les manifestacions de protesta per la mort de George Floyd són diferents a totes les anteriors. Considera que les mobilitzacions es produeixen en un moment de crisi molt específic (política, social, econòmica i sanitària) que ha comportat una major sensibilització i que nombroses persones que ara estan a l’atur o han perdut la feina tinguin més temps per reflexionar en el que està passant i participar a les manifestacions. També considera molt important el paper de la Covid-19 en tant que va mostrar que les autoritats no ser capaces de tenir un pla integral per fer front a la pandèmia. Han mort més de cent mil persones i s’estan veient les dimensions racials de la crisi sanitària en tant que gairebé un terç de les persones que han mort han estat negres, quan només són el 13% de la població.

Sasha Abramsky Where Does America Go From Here?

En una situació com la que viuen els Estats Units des de fa dies serien necessàries paraules de conciliació i calma i una predisposició per escoltar i aprendre per part de la Presidència del país. No obstant, el que ofereix Trump és tot el contrari: tweets incendiaris, provocadors i criminalitzadors i amenaces de fer intervenir l’exèrcit. El caos que s’ha produit als EUA és històric i reflecteix no només la còlera social contra Trump, sinó també el profund descontentament amb la injustícia econòmica i social tan arrelada al país. El 1989 semblava impossible que la URSS pogués caure en l’oblit històric i pogués desaparèixer del mapa geopolític, però va acabar passant. Podria passar el mateix amb els EUA? És difícil pensar-ho, però també és difícil pensar com podria sortir-se de la situació actual si l’estratègia de Trump continua sent la mateixa.

The Economist The grim racial inequalities behind America’s protests

L’anàlisi de les protestes que s’estan escampant per les ciutats dels Estats Units feta per The Economist subratlla que les profundes disparitats econòmiques, sanitàries i judicials ajuden a explicar la fúria que ha desencadenat la mort de George Floyd. Així, segons les dades de l’Oficina del Cens, els afroamericans guanyen tot just tres cinquenes parts del que guanyen els blancs no hispànics. L’any 2018, la renda mitjana de les llars negres era de 41.400 dòlars mentre que la dels blancs era de 70.600 dòlars, i aquesta bretxa es continua ampliant any rere any. Tot i així, les xifres dels ingressos subestimen les disparitats econòmiques reals perquè només tracten de les persones que tenen feina. Segons un estudi de Patrick Bayer de la Universitat de Duke i Kerwin Charles de la Universitat de Chicago, el 35% dels joves afroamericans estan desocupats o fora del món laboral, el doble que els blancs. Aquesta disparitat sembla estar connectat amb les altes taxes d’empresonament dels afroamericans: a més dels que són a la presó, molts han renunciat a buscar feina perquè els empresaris no ofereixen ocupació als ex delinqüents. Per tant, les disparitats judicials que són al centre de les protestes també reforcen les desigualtats d’ingressos i d’ocupació. En darrer terme, no és estrany que tants manifestants creguin que els afroamericans no són iguals davant la llei, no són iguals pel que fa a ingressos i llocs de treball, i no són iguals pel que fa a la salut.

Keeanga-Yamahtta Taylor Estamos viendo la convergencia de una rebelión de clase en cuyo centro se hallan el racismo y el terrorismo racial

En aquesta entrevista, la professora d’estudis afroamericans a la Universitat de Princeton, Keeanga-Yamahtta Taylor afirma que els esdeveniments posteriors a la mort de George Floyd no són una simple repetició de fets passats, sinó que són les conseqüències dels fracassos del govern i del sistema polític per resoldre aquestes crisis anteriors, la incapacitat del sistema econòmic nord-americà per resoldre els conflictes que es fonamenten i acumulen amb el temps. Assenyala que les protestes s’han d’analitzar dins d’un context més ampli d’atur massiu i de sobremortalitat causada per la pandèmia, i no només com a reacció contra la brutalitat policial. També destaca la gran participació de manifestants blancs en les protestes i ho atribueix al fet que ara la joventut blanca també està sentint els efectes de les polítiques implementades des de fa anys. Així, l’esperança de vida dels homes i dones blancs corrents s’ha reduït als Estats Units, la qual cosa no sol succeir en el món desenvolupat, i està motivada per l’addicció als opiacis, l’alcoholisme i el suïcidi. L’autora considera, doncs, que s’està produint la convergència d’una rebel·lió de classe al centre de la qual es troben el racisme i el terrorisme racial. I, aquest és un terreny desconegut per als Estats Units.

Matt Ford The Police Were a Mistake

L’autor alerta en aquest article que les forces de l’ordre als Estats Units s’han acabat convertint en els exèrcits permanents que temien els Pares Fundadors. Madison, Hamilton, Adams i Jefferson, tots ells consideraven que l’existència de grans forces armades en temps de pau invariablement constitueixen una amenaça per als drets i llibertats dels ciutadans. Aquests recels van influir profundament en la Constitució que van elaborar i que inclou múltiples eines perquè el Congrés i el president mantinguin als militars sota el control civil. Ford considera que la policia actual dels Estats Units, amb els seus cossos militaritzats, l’aplicació rigorosa i excessiva de reglaments menors, les desigualtats racials profundament arrelades, la resistència creixent al control civil no constitueixen l’estat natural per al qual va ser fundada. Així mateix, apunta que l’ordre constitucional americà no està dissenyat per a reformar i supervisar uns cossos policials que s’han convertit a la pràctica en forces paramilitars armades a cada gran ciutat. Afegeix que la influència de les agències federals de control, que ja era esporàdica, també ha anat disminuint ràpidament sota la presidència de Donald Trump en tant que els seus fiscals generals i el Departament de Justícia han abandonat els esforços per reformar els cossos policials.

John Fram How White Crime Writers Justified Police Brutality

John Fram, escriptor de ficció policíaca, analitza els esdeveniments que han seguit la mort de George Floyd i assumeix que els escriptors blancs hi tenen alguna responsabilitat en tant que creadors de narratives que alimenten el públic. Els blancs diuen estar en estat de xoc i que se senten commocionats per l’assassinat de ciutadans negres. Ara bé, també es pregunta si aquesta commoció dels blancs és sincera i per què els blancs estan redescobrint repetidament un fet que la gent de color sempre ha sabut: que la policia és sovint tan perillosa com els criminals dels que suposadament ens protegeixen. L’autor recorda que els primers sistemes de policia organitzats als EUA van ser dissenyats per atrapar els esclaus fugitius, vigilar les poblacions natives americanes, reprimir els disturbis i protegir la propietat privada dels blancs i dels rics. La policia va ser l’arma principal desplegada contra els negres americans després que l’esclavitud fos abolida i els propietaris blancs -de sobte privats de mà d’obra esclava- van explotar una llacuna en la 13a Esmena que era prou àmplia com per fer posar en marxa un nou sistema de treball d’explotació. Pel que fa a la resposabilitat d’escriptors i guionistes, que tot sovint presenten uns policies majoritàriament blancs, hipermasculinitzats, afirma que no es necessiten més novel·les o sèries de televisió sobre policies que cometene irregularitzats o infringeixen la llei per una raó «justa i correcta». Els escriptors blancs han de despertar i adonar-se que la gent està morint de debò, i el seu treball pot ser una poderosa eina per al canvi. Apunta que és necessari que es plantegin què estan fent, en aquest moment, per lluitar contra el racisme que assola les forces de l’ordre de la nostra nació. La ficció policíaca és el gènere més popular als Estats Units, i potser al món sencer, i els novel·listes i guinostes han d’entendre que el que fan té un efecte important en la manera de pensar de la gent.

Spencer Bokatt-Lindell Three Reasons This Time Is Different From Ferguson

L’autor planteja les raons per les quals a parer de molts observadors les protestes actuals per la mort de George Floyd són diferents dels seus nombrosos precedents a la història nord-americana recent. El descontentament social mai es basa només un sol incident sinó que sempre hia una concatenació de factors que fan que la situació estigui madura perquè esclati el malestar i la mobilització. Quins elements expliquen la diferència respecte de protestes anteriors? En primer lloc, les tres crisis simultànies de la pandèmia de Covid-19, la recessió econòmica i la violència policial han convergit de manera que es reforcen mútuament. Segon, les actituds racials han canviat des dels aldarulls de Ferguson el 2014. No és que el comportament de la policia sigui diferent sinó que ara hi ha més gent, específicament els blancs, disposats a creure en l’existència del racisme estructural. Finalment, les xarxes socials ara són a tot arreu. Els smartphones s’han convertit en una eina per a la rendició de comptes que no existia fa una generació. Però també hi ha un inconvenient en aquesta democratització perquè sense barreres de contenció el que alguns veuen com una protesta justa pot ser vist per altres com anarquia i caos, i derivar en dues versions irrreconciliables del mateix món,

Amelia Thomson-DeVeaux Why It’s So Rare For Police Officers To Face Legal Consequences

Les dades disponibles sobre les imputacions de policies als EUA demostren que és molt estrany que aquests acabin trobant-se amb processos judicials quan actuen de manera incorrecta. No hi ha un sistema nacional per denunciar els casos de mala conducta, i les agències estatals que se n’encarreguen solen ser poc transparents a l’hora de comunicar la informació. Les dades sobre la mala praxi als cossos policials provenen, en gran part, de periodistes, acadèmics i activistes polítiques i no de fonts oficials i és molt difícil fer una bona rendició de comptes inclús en els casos on hi ha hagut morts. El nombre de policies condemnats per homicidi involuntari o assassinat és molt baix, i no totes les males conductes, inclòs l’ús de la força excessiu o fatal, estan penades. L’article apunta també, com a causa de la impunitat de la policia, a la relació estreta que tenen sovint amb els fiscals, que eviten indagar profundament i solen creure acríticament en els testimonis de la policia. Els oficials de policia estan molt protegits legalment i és molt difícil denunciar-los per males conductes, però els experts comenten que, a part de la via legal, hi ha moltes altres maneres de regular el cos policial i de fer-lo rendir comptes que s’haurien d’implementar per tal de canviar la cultura policial.

La deriva autoritaria y la gestión de Donald Trump

Thomas Wright We’ve Now Entered the Final Phase of the Trump Era

Segons l’autor estem assistint aquests darrers dies a la fase final de l’era Trump, el seu autèntic Götterdämmerung. Va començar el seu mandat envoltat d’adults que intentaven, ni que sigui de manera imperfecta, controlar els seus despropòsits. Després, i a mesure que Trump s’anava desfent dels adults que el controlaven, va entrar en l’era de l’hybris i de l’acció, seguint els seus capricis. La tercera fase va ser la de la topada amb la realitat i amb les contradiccions del seu propi enfocament, sobretot a la Xina i l’Iran. Ara, finalment s’ha arribat a la crisi i al seu desenllaç. Ara mateix Trump està atrapat en una espiral descendent molt violenta. És incapaç d’emprendre les polítiques necessàries per abordar qualsevol de les tres crisis (sanitària, econòmica i racial) que viu el país, de manera que s’aferra a les accions que apel·len els sentits: acusar els periodistes d’assassinat, retirar-se de l’Organització Mundial de la Salut, o encara tractar de processar els funcionaris de l’administració d’Obama. Aquestes accions simplement empitjoren les coses, però ell segueix doblant la seva aposta una i altra vegada. Wright considera que no hi ha marxa enrere possible per aquest Götterdämmerung en el que queda de l’era Trump. Tot el que poden fer ara els alts funcionaris de l’administració, els republicans al Congrés i els governadors és mirar de limitar els danys perquè el nou govern pugui reparar-los un cop Trump hagi marxat.

Masha Gessen Donald Trump’s Fascist Performance

La idea que té Trump del poder està molt relacionada amb la dominació i amb el poder militar, una idea molt nodrida per les produccions de Hollywood. Trump és un actor que exagera la seva pròpia imatge, i actualment està performant la seva idea de poder: un poder autocràtic, que afirma la superioritat d’una nació i d’una raça i que està disposat a exercir una dominació total i a suprimir l’oposició. En definitiva, comenta Gessen, Trump està practicant el feixisme.

John Allen A Moment of National Shame and Peril—and Hope

L’autor de l’article, John Allen, és president de la Brookings Institution, general retirat de quatre estrelles del Cos de Marines dels EUA, i ex comandant de les forces nord-americanes a l’Afganistan. Afirma que si bé podem estar presenciant el principi de la fi de la democràcia americana encara hi ha marge per aturar la decadència que l’autor situa en el discurs pronunciat per Trump el 1r de juny. En primer lloc, perquè no va dir res sobre les raons subjacents dels disturbis: el racisme i la desigualtat sistèmics, l’absència històrica de respecte i la negació de la justícia. Segon, va deixar ben clar que clar que considerava els involucrats en els disturbis com a terroristes, un enemic a abatre, si calia amb la intervenció de l’exèrcit. Finalment, els governadors tenen suficient capacitat per gestionar les crisis a nivell local i si no, poden demanar ajuda federal. No hi ha cap precedent en la història moderna dels Estats Units que un president pretengui enviar tropes federals en un estat o municipi per sobre de les objeccions del governador. Per aturar aquesta espiral destructora Allen proposa seguir les paraules de Terrence, el germà de George Floyd, que en un acte d’homenatge va dir que cada ciutadà havia d’educar-se. Així, mentre l’1 de juny s’ha convertit en un dia de vergonya i perill si escoltem Donald Trump, si en canvi escoltem Terrence Floyd, és un dia d’esperança.

Evan Osnos Trump, a Bible, and a Sanctuary

Des de les pàgines de The New Yorker es critica de manera contundent el discurs pronunciat per Donald Trumo el 1r de juny. Si bé va admetre que els ciutadans nord.americans estaven legítimament revoltats per la mort de George Floyd, de seguida va optar per mostra una imatge de força. Declarant-se a si mateix «president de la llei i l’ordre» va qualificar els saquejos i les manifestacions violentes com a actes de terrorisme. Va prometre prendre el control dels carrers amb una aclaparadora presència policial fins que la violència sigui sufocada. Va afegir que si una ciutat o estat es nega a prendre les mesures necessàries per defensar la vida i la propietat dels seus residents, desplegaria l’exèrcit dels Estats Units i resoldria ràpidament el problema. L’autor conclou que mentre els ciutadans demanavaenlideratge i concòrdia, un President que ignora el que significa tenir força espiritual va oferir una simulació barroera per mitjà de l’acumulació de símbols: la Bíblia, l’arma i l’escut. Tots elles mesclats en una absurda barreja sense sentit.

Le Monde Mort de George Floyd : Donald Trump, président de la division

En aquesta editorial, Le Monde carrega contra el president nord-americà i el titlla de president de la intolerància i de la divisió. Desestabilitzat per la revolta que està incendiant les ciutats nord-americanes, Donald Trump sap que es juga la seva reelecció amb el teló de fons d’una doble crisi sanitària i econòmica. Molt inquiet per aquesta erupció d’ira, de la qual sembla haver-se adonat massa tard, Donald Trump ha triat respondre, com de costum, dirigint-se al seu electorat en lloc de fer-ho al país en el seu conjunt. En invocar la segona esmena de la Constitució, que garanteix als ciutadans nord-americans el dret a portar armes de foc, va assumir el risc de legitimar l’autodefensa en un context explosiu. Evitant qualsevol forma d’empatia amb les víctimes de la injustícia i abstenint-se d’abordar el fons del problema i destacant només la violència dels manifestants, s’ha mantingut fidel a les tàctiques que ha utilitzat des que va arribar al poder: la divisió i la confrontació.

Nicholas Kristof Trump Uses the Military to Prove His Manhood

En aquest article d’opinió on critica durament Donald Trump, Kristof afirma que si la resposta del president al coronavirus que ja ha matat més de 100.000 persones va ser letàrgica i ineficaç, quan s’ha tractat de manifestants contra el racisme, no se li ha acudit altra cosa que cridar l’exèrcit. A parer de l’autor, l’impuls de cridar als militars potser està arrelat no només en els instints autoritaris de Trump sinó que potser també remeten a alguna cosa més personal. En efecte, el president semblava molt afectat per les informacions que van revelar que quan els manifestants es van acostar a la Casa Blanca, els serveis de seguretat el van portat a un búnquer subterrani. Kristof conclou que quan s’ha vist la lletjor de la guerra, no s’apel·la la lleugera als tancs, helicòpters o tropes fortament armades per fer front als disturbis civils. Aquesta és una tàctica perillosa i nociva pròpia d’un ancià insegur que va al·legar esperons al taló per esquivar la conscripció per a la guerra del Vietnam i ara necessita demostrar la seva virilitat.

Jeffrey Goldberg James Mattis Denounces President Trump, Describes Him as a Threat to the Constitution

L’article recull les explosives declaracions de l’exsecretari de defensa de Donald Trump que va dimitir al desembre de 2018 en protesta contra la política del President a Síria, on dóna suport als manifestants, afirma que el President intenta enfrontar els americans els uns contra els altres i l’acusa d’ordenar a l’exèrcit dels EUA de violar els drets constitucionals dels ciutadans americans. En aquesta violenta diatriba asubratlla que Donald Trump és el primer president que no intenta unir el poble americà, ni tan sols pretén intentar-ho. En canvi, tracta de dividir-lo. Assenyala que estem sent testimonis de les conseqüències de tres anys d’aquest esforç deliberat, de les conseqüències de tres anys sense un lideratge madur.

Matthew Feldman I'm an expert on fascism and I know what Trump's actions during the George Floyd protests look like

Matthew Feldman, especialista en ideologia feixista i l’extrema dreta a Europa i als EUA apunta que fa uns anys hi va haver una allau d’especulacions sobre si Donald Trump era un feixista. Admet que en aquell moment especialistes com ells preferien termes com «narcisista» o «plutòcrata». Arran de les declaracions de Donald Trump sobre eles manifests, considera que aquestes ja no fan olor d’extremisme de dreta radical, sinó a un nacionalisme revolucionari en tota regla, és a dir, al feixisme. Afirma que Trump fomenta deliberadament la percepció de la ruptura de la llei i l’ordre, el mite dels terroristes antifeixistes i dels esquerrans sediciosos, unes narratives que sempre han estat un element bàsic per a la dreta radical nord-americana. Com una sèrie d’ex analistes de la CIA també han assenyalat, això és una regressió democràtica clàssica. Estem vivint a través de la matèria dels somnis de la dreta radical. Faran tot el que puguin en les pròximes setmanes per fer això realitat. A banda d’això, ja sigui feixisme o simplement»democràcia antiliberal», el que Trump està desfermant és mortal tant per les llibertats constitucionals com per a les minories ètniques i religioses als Estats Units. Si bé potser encara no és un moment comprable al de l’incendi del Reichstag, les alarmes ja s’han disparat. Les institucions democràtiques i la gent que les defensa estan en perill. També ho estan els més vulnerables de la societat, que sempre són les primeres víctimes dels matons de la dreta radical. Molts fins i tot creuran que són immunes, oblidant la famosa advertència del pastor Martin Niemöller, «Primer van venir pels jueus…»

Ishaan Tharoor Is it time to call Trump the f-word?

Des de les pàgines del Washington Post l’autor assenyala que potser ha arribat el moment de definir el president nord-americà com a feixista, de no tenir por de dir una veritat clara: ja sigui per acció o per omissió, Donald Trump i el Partit Republicà governen un estat que han organitzat cada vegada més sobre principis feixistes. Si bé els estudiosos contemporanis del feixisme adverteixen que no es pot etiquetar explícitament Trump com feixista, assenyalen l’erosió democràtica en curs sota la seva presidència, la constant desviació de les normes i els incessants atacs a aquells que no mostren una lleialtat absoluta cap a ell, des dels rivals polítics fins a la premsa lliure. L’estil polític de Trump, però, no és únic, forma part d’un conjunt de líders mundials antiliberals -des Viktor Orbán fins a Narendra Modi passant Jair Bolsonaro- que governen i busquen guanyar eleccions des de plataformes ultranacionalistes. L’autor conclou que alguns d’ells, com el president turc Recep Tayyip Erdogan, porten molt més temps en el poder que Trump i han proporcionat una mena de model per consolidar aquest tipus de poder on oposar-se a ell equival a oposar-se a la nació, la qual cosa no deixa espai per a la democràcia. I això és una cosa que també es veu en la presidència de Trump.

Las implicaciones para la democracia en los EEUU y el mundo

Bernard E. Harcourt La contre-révolution américaine

Basant-se en la seva anàlisi del conflicte racial vigent, l’autor afirma que els Estats Units han entrat en una nova era, l’impacte històric de la qual encara no coneixem prou bé, basada en una visió coherent, teoritzada i sistematitzada de la guerra, interior o exterior, a través de la contrainsurgència. Es tracta d’una era, caracteritzada per la normalització de la tortura, la detenció perllongada, la ultramilitarització d’una força policial entrenada en tècniques de contrainsurgència, la vigilància total de la NSA, tot això en un país originalment fundat en un projecte totalment diferent, basat en la igualtat, la llibertat i el dret a la felicitat. Llevat que comencem a reconèixer aquesta transformació transcendental en el que han cristal·litzat les estratègies de guerra a través de la contrainsurgència i, sota el President Trump, en una forma de govern contrarevolucionària, fins que no reconeguem que estem vivim en l’era de la contrarevolució americana, serà impossible resistir-s’hi de manera seriosa.

John Cassidy Trump Represents a Bigger Threat Than Ever to U.S. Democracy

En un altre article molt dur contra Donald Trump, l’autor el qualifica com el pitjor perill per a la democràcia americana. Apunta que si Biden arriba a la Casa Blanca, tant pot ser que sigui un president ineficaç com un gran estadista, però sigui com sigui el país pot estar segur que mostrarà molt més respecte pel dret a la protesta i per la divisió de poders que no l’actual. Ara bé, tal com estan les coses també es pregunta si Biden tindrà l’oportunitat de succeir a Trump en una elecció lliure i justa. Admet que fins no fa gaire, plantejar aquesta qüestió podia sonar com a excessivament alarmista. Però la resposta de Trump a les protestes per l’assassinat de George Floyd ha tornat a posar en relleu les advertències sobre l’erosió democràtica de la que diversos politòlegs parlen des de la seva elecció l’any 2016. En efecte, l’aïllament i les pressions propis del Despatx Oval podrien deformar encara més el seu ego i exacerbar les seves tendències dictatorials. També alerta de l’existència de senyals d’advertència de ruptura democràtica com ara el recurs a la crisi o paràlisi política per justificar mesures d’emergència. Fins i tot si Trump fes marxa enrere, l’autor considera que el perill per a la democràcia als Estats Units es mantindrà almenys fins a les eleccions, i possiblement també és enllà.

Paul Mason Donald Trump has declared war on US democracy. Can he be stopped?

Des de les pàgines de The New Statesman, Paul Mason alerta de que el president nord-americà s’ha posat al capdavant d’una aterridora nova insurrecció d’extrema dreta. Això hauria d’alarmar els observadors europeus perquè s’estan produint tres coses simultàniament als EUA. En primer lloc, una protesta legítima i justificada arreu del país contra la brutalitat policial i el racisme, i la negativa de les autoritats judicials a comabre’ls. Segon, una actuació autoritària del President Donald Trump, que ha desplegat la Guàrdia Nacional -i ha amenaçat amb utilitzar el exèrcit- contra els ciutadans nord-americans que exerceixen el seu dret a la protesta. Tercer, una contra-insurrecció d’extrema dreta, tant a les xarxes socials com als carrers. Els supremacistes d’extrema dreta s’han mobilitzat per «protegir» els negocis dels blancs i, segons testimonis oculars fiables, per infiltrar-se en les protestes de manera calculada per provocar el que sempre han fantasiejat: una guerra racial. Davant d’això, especialment quan l’aliança entre les elits i els grups ultres controlen l’Estat, l’única forma racional de defensa és una aliança del centre i de l’esquerra, una aliança de totes les comunitats que s’enfronten al racisme, la pobresa i la repressió. Mason destaca quatre objectius que una àmplia aliança política d’aquest tipus podria aconseguir. El primer, assegurar que les eleccions presidencials se celebrin realment al novembre, i que la Covid-19 i la criminalització de les comunitats no les converteixin en una farsa manipulada. El segon, posar a Biden a la Casa Blanca, si és possible amb un polític negre americà d’esquerra com a vicepresident. El tercer, suprimir la insurrecció de l’extrema dreta i que probablement serà ajudada i instigada per elements de la policia militaritzada, tal com va passar a Grècia entre 2011 i 2015. Finalment, obligar Biden i el seu assessor Lawrence Summers, l’ex secretari del Tresor, a promulgar un New Deal social i mediambiental tan radical com el que va iniciar Roosevelt el 1933.

Cornel West El imperio estadounidense está implosionando

El filòsof i activista pels drets humans i membre del moviment Socialistes Democràtics d’Amèrica, Cornel West adverteix que aquesta és l’hora de la veritat per als Estats Units. També insisteix en establir la connexió entre el local i el global, perquè hi ha una relació entre les llavors de la violència que se sembren fora i també dins del país. Això és el que passa amb les llavors de l’odi, del supremacisme blanc que odia les persones negres, de l’odi antinegres, que té la seva pròpia dinàmica en el context d’una civilització capitalista depredadora que està obsessionada amb els diners, la dominació dels treballadors, i la marginalització dels que no encaixen en el sistema. Afirma que sens dubte el catalitzador ha estat la mort de George Floyd, però no es pot menystenir el paper de la incapacitat que té l’economia capitalista depredadora per satisfer les necessitats bàsiques d’alimentació, assistència sanitària i educació de qualitat, de treballs amb un salari digne. D’altra banda, també subratlla la desintegració de la classe política, la legitimitat de la qual ha estat posada en dubte de manera radical des d’una perspectiva multiracial.

The Seattle Times Crisis demands Congress check Trump’s leadership failure

Aquesta editorial demolidora del consell editorial del Seattle Times afirma que en un moment en què els Estats Units necessiten urgentment un gran president que uneixi el poble, el seu president actual està decidit a dividir-lo. Sosté que el Congrés ha d’omplir el buit de lideratge i evitar que el president Donald Trump empitjori la situació, trepitgi la Constitució i danyi irreparablement la nació. Argumenta que durant aquesta greu crisi, quan les ciutats, els estats i el contracte social estan en crisi, els Estats Units necessiten líders que defensin els seus principis fonamentals i que confiïn en ells com a guia. Clarament, aquest lideratge no ve de l’administració Trump, per la qual cosa cal confiar en altres branques governatives fins a a les eleccions del novembre.2020. També alerta que el menyspreu de Trump respecte de les advertències sobre la pandèmia de Covid-19 i el fracàs en respondre eficaçment, ha costat vides i ha posat la nació en perill. Finalment, assenyala que tant republicans com demòcrates han de condemnar els atacs de Trump a la Constitució i a la seva Primera Esmena. Han de proposar l’adopció de lleis que restringeixen el poder dels presidents per desplegar unilateralment l’exèrcit per fer complir la llei als estats, tal com Trump està amenaçant de fer.

Cristóbal Rovira Kaltwasser El ocaso de la democracia en los Estados Unidos

L’arribada al poder de Donald Trump fa gairebé quatre anys va provocar un intens debat sobre les conseqüències del populisme radical de dreta als Estats Units i al món. Encara que hi ha pocs dubtes que Trump representa una amenaça per a la democràcia, no hi ha consens sobre fins a quin punt la democràcia nord-americana és prou resilient com per sobreviure a aquest repte. L’autor avança la idea que el potencial èxit de l’agenda autoritària de dreta de Trump depèn d’una oportunitat exògena que podria facilitar al govern l’anihilament de les regles de joc que són inherents a la democràcia liberal. Desafortunadament per a la democràcia nord-americana, la pandèmia de coronavirus representa al seu entendre una variable externa d’aquest tipus. La propagació de la Covid-19 és un fenomen inesperat amb conseqüències econòmiques i polítiques devastadores. Com si això fos poc, ara estem presenciant una explosió de protestes a tot el país per la mort de George Floyd. Es podria esperar que la greu situació en què es troba el país hauria de conduir a l’afebliment de Trump, que es veuria obligat a moderar les seves posicions i, per tant, a canviar la seva agenda política. No obstant això, les crisis són en realitat oportunitats que poden ser utilitzades per les forces populistes radicals de dreta per extremar les seves posicions i impulsar dures mesures que poden portar a la mort de la democràcia. Per a l’autor, no hi ha dubte que els EUA han arribat a un punt d’inflexió i es tracta d’un moment crucial que Trump certament intentarà usar per al seu propi benefici.

Kim Sengupta The US military is facing a danger unlike any war – a president seeking to sow division and discord

Segons l’autor Trump, que segons les recents declaracions de diversos ex-comandants de l’exèrcit dels Estats Units ha ontribuït més que ningú a polaritzar la nació, ara vol utilitzar l’exèrcit per atiar més confrontacions incendiàries, la qual cosa representa per a les forces armades un perill més greu que qualsevol guerra en tant que és un tipus d’amenaça molt diferent a la que estan acostumats a enfrontar en guerres a l’estranger ja que s’intenta utilitzar-les contra els propis conciutadans.

John Allen et al. The Stakes Are High, and We Must Be Better Than This

En aquesta tribuna publicada a Foreign Policy, sis pesos pesats militars i experts argumenten una crítica molt contundent contra Trump per voler utilitzar l’exèrcit contra els manifestants que protesten per la mort de George Floyd. Manifesten que si els militars comencen a ser els principals responsables de l’aplicació de la llei als Estats Units, el poble americà aviat es convertirà en l'»enemic». I això és simplement inacceptable, especialment en un moment de dolor nacional derivat tant de l’assassinat de George Floyd i d’altres com de la pandèmia de Covid-19. Desplegar l’exèrcit contra els ciutadans dels EUA envia el missatge equivocat en el moment equivocat i és antitètic a tot el que els americans representen com a poble. Acaben afirmant que hi ha molt en joc, i que tots plegats han de ser millors que això.

Emilio Menéndez del Valle Trump contra el orden mundial

Fins fa pocs anys els Estats Units eren un dels principals garants de les institucions multilaterals. No és fàcil imaginar la creació de l’ONU, l’OTAN o l’Organització Mundial de Comerç sense el suport nord-americà. Durant molt de temps Washington va ser el valedor pràcticament indispensable de diferents organitzacions internacionals i de l’ordre internacional multilateral. El canvi de tendència de les administracions republicanes va començar a consolidar-se amb Bush fill, accelerant una tendència que prèviament havia iniciat Reagan. Ara, sota la presidència de Donald Trump, i mentre la Xina propicia el multilateralisme, EUA accelera la marxa cap a l’aïllacionisme com ho demostra el fet que el president nord-americà decretés fa poques setmanes la retirada de l’OMS. Trump ha aconseguit que el seu més recent atac contra l’ordre multilateral coincideixi amb la seva pèssima gestió interna. Aquest president passarà a la història per una infinitat de declaracions absurdes. La més recent, la dirigida als que es manifestaven davant la Casa Blanca contra el racisme policial amenaçant-los que serien atacats «pels gossos més ferotges i amb les armes més sinistres».

Mary L. Dudziak The Damage Trump Has Done This Week Extends Far Beyond America’s Borders

L’historiador Mary L. Dudziak analitza les nefastes repercussions que la gestió de Donal Trump està fent dels disturbis per la mort de George Floyd està tenint sobre la imatge internacional dels Estats Units i molt especialment en el marc de la seva guerra amb la Xina per l’hegemonia mundial. Quan Trump va tuitejar que els manifestants de Minneapolis eren uns matons i que «Quan ells comencin els saquejos, nosaltres començarem a disparar», el portaveu del Ministeri d’Afers Exteriors de la Xina, va assenyalar que «El món sencer ha vist com les coses s’emboliquen als EUA Els polítics americans han de posar la seva pròpia casa en ordre.» I enmig de la preocupació per la imminent llei de seguretat nacional xinesa que criminalitzarà les protestes de Hong Kong, el China Daily, una agència de notícies de l’Estat xinès, va citar àmpliament el president nord-americà instant els governadors a utilitzar la Guàrdia Nacional per controlar els carrers. L’autora assenenyala que Trump és probable que no entengui com la violència policial i la injustícia racial obstaculitzen la influència nord-americana al món, ni la forma en que el seu propi militarisme podria potenciar i alentar pràctiques autoritàries en altres països. En avivar les flames de la intolerància, és el propi president, i no els governadors, qui soscava la posició del seu país al món.

Las repercusiones sobre las elecciones de noviembre

Juan Williams Black Voters Are Coming for Trump

L’autor d’aquest article analitzar les protestes en clau electoral de cara a les eleccions del mes de novembre i afirma que els afroamericans han de mantenir l’esperança perquè el vot negre sí que importa, i importa més que mai i està al cor de la lluita per recuperar Amèrica. En efecte, el vot negre ara defineix la política americana. Joe Biden estaria retirat si no fos pel vot negre: els votants afroamericans el van convertir en candidat presidencial dels demòcrates. Al novembre, el nombre de votants negres que acudeixin a les urnes als crucials swing states de Pennsylvania, Michigan i Wisconsin seran probablement el factor decisiu en l’elecció. Això vol dir que els votants negres, el 12 per cent de l’electorat nacional, triaran el proper president. Són dies foscos, però el perfil i el poder dels votants negres (i molt especialment de les dones afroamaricanes) mai han estat tan alts, i ara tenen l’oportunitat de regenerar la nació. Els líders dels drets civils, que van impulsar la Llei de Drets de Vot de 1965 i van vessar la seva sang per obtenir-la, van somiar amb un moment com aquest.

Thomas B. Edsall The George Floyd Election

En aquest article publicat al New York Times l’autor assenyala que les protestes generalitzades per l’assassinat de George Floyd posaran a prova dues nocions contraposades de com responen els votants a les crisis provocades per la ira i el dolor. D’una banda, hom es pot preguntar si les manifestacions que han degenerat en caos, saquejos i assalts poden portar Donald Trump a la victòria. Donaran el poder als republicans com quan Richard Nixon va utilitzar la seva «majoria silenciosa» i Ronald Reagan va invocar la idea de que «la selva sempre està esperant per apoderar-se de les nostres vides» per impulsar-se políticament després dels disturbis a Watts, Newark i Detroit als anys 60? O, pel contrari, la reacció autoritària de Trump, tant retòrica («Sóc el president de la llei i l’ordre») com real (ordenant el desplegament d’unitats i equips militars a la capital de la nació) pot donar energia als electors instruïts, als liberals blancs i als joves perquè s’aliïn més estretament amb els afroamericans, els hispans i altres minories per provocar una onada democràtica. En definitiva, la narrativa que prevalgui l llarg dels propers mesos, greuge legítim o saqueig rapaç, jugarà un paper clau per determinar qui és el proper president i com la nació resoldrà la tensió provocada pel dolor i la ira.

Sue Halpern Will We Actually Get to Vote in November?

L’autora alerta de la possibilitat, al seu entendre real, que d’una manera o altra les eleccions presidencials del mes de novembre no se celebrin o no siguin unes eleccions lliures i justes. Afirma que durant els últims tres anys i mig, l’Administració Trump, juntament amb els seus suports al Congrés i als tribunals, ha anat revertint les normes democràtiques. Afirma que Trump i els seus aliats saben que la seva millor oportunitat de guanyar consisteix en fer minvar la participació. Això és el que creu per exemple el fiscal general, William Barr, quan parla de el risc de frau electoral, com també molts governadors i governs estatals republicans que fan cada vegada més difícil que els nord-americans votin. Finalment, i cal tenir-ho molt present, això és el que pensa també el propi Trump. A les eleccions de 2016, una part de la campanya de Trump es va dedicar a convèncer la gent, especialment als negres i als joves, que no es molestessin a anar votar.

Stacey Abrams I Know Voting Feels Inadequate Right Now

Tot i que pugui semblar inadequat en uns moments d’extrema tensió i dolor, l’autora reivindica la importància d’anar a votar a les eleccions presidencials del mes de novembre. Reconeix que dir que la resposta és anar a votar no només és inadequat, sinó també irrespectuós. «Aneu a votar» sona com un eslògan, no com una solució. Perquè milions de nosaltres van a votar i segueix morint gent. Però malgrat tot considera que cal mostrar a la gent, de manera concreta, el que ens dóna el vot. I ser honest sobre quant de treball significa anar a votar en molts casos. Ja fa més d’una setmana que som testimonis de l’angoixa i de la ira dels manifestants, i de les proclames dels polítics instant-los a votar per canviar les coses. Tots dues parts tenen raó. Cal protestar per exigir que es resolgui la injustícia sistèmica del racisme i dela violència policial. I cal votar perquè mereixen líders que els vegin, que els escoltin i que estiguin disposats a actuar segons les demandes de la ciutadania.

Shane Goldmacher Why Some Democrats Worry About the Whiteness of Biden’s Inner Circle

L’article es fa ressò de la preocupació existent en el camp demòcrata i els seus aliats que la manca de diversitat de punts de vista als llocs més relevants de la candidatura de Joe Biden pugui tenir un cost elevat: la possibilitat de donar per feta la seva força en l’electorat afroamericà. Efectivament, ara que Biden fes prepara pel seu tercer intent d’arribar a la presidència, el seu director de campanya és blanc. El seu resposanble d’estartègia és blanc. Els seus tres directors d’equips són blancs com també ho eren quatre de les cinc persones que van ser subdirectors de campanya durant les primàries demòcrates. Unes primàries que Biden va guanyar gràcies a la força d’una coalició política multiracial ancorada pels votants negres que el van votar de manera aclaparadora i s’ha compromès a construir una administració diversa un cop sigui president. Però malgrat tot l’equip encarregat de l’estratègia electoral continua sent molt majoritàriament blanc, amb una representació limitada de llatins i encara menor d’asiàtics.

Jake Bittle The Un-Election Year

Contràriament al que expressen molts observadors, l’autor avança els seus dubtes respecte de la importància que les persones que es manifesten aquests dies contra la mort de George Floyd vagin a votar a les presidencials de novembre. Molts polítics, des d’Hillary Clinton fins a Barack Obama, ha instat els manifestants a acudir a les urnes al novembre per fer d’aquest moment el punt d’inflexió per a un canvi real. Això no obstant, Bittle afirma que la feblesa d’aquest argument electoral és tan clara que amb prou feines necessita ser explicada, si bé alguns punts mereixen ser apuntats. En efecte, milions de persones no tenen un accés just o adequat al vot: sovint quan arriba el dia de les eleccions es troben que han estat eliminats de les llistes, traslladats a un lloc de votació llunyà o privats del seu dret per una condemna penal prèvia. Fins i tot els que aconsegueixen votar ho fan en un marc manifestament antidemocràtic, triant els congressistes en districtes manipulats i un president per mitjà d’un col·legi electoral creat com un compromís entre esclavistes. Subratlla que l’elit política està tan dedicada al relat segons el qual el vot és la millor via per aconseguir un país millor: perquè sap que determinades coses no canviaran. L’aposta segura sempre ha estat que la major part del país no es manifestarà i no pertorbarà l’equilibri existent atès que es pot comptar amb que els més marginats i vulnerables no participaran en el que al cap i a la fi és essencialment un llançament de moneda a l’aire per triar entre l’avarícia i l’apatia. D’altra banda, les franges d’edat més velles i acomodades que constitueixen el nucli dels dos partits principals estan més que contentes de jugar aquest joc cada quatre anys. Per tant, si a mesura que s’apropa el mes novembre tenim la sensació que mai una elecció no ha estat menys important, ho hem de prendre-ho com una indicació no que aquest ha estat un un any inusualment agitat, sinó que ha estat un any en què la independència de la població respecte del món de la política ha estat molt clara. L’autor afirma que això no vol dir que un resultat no sigui millor que l’altre sinó que existeix un món millor que qualsevol candidat present o futur no pot prometre. En darrer terme, a mesura que les crides al civisme ressonen una i altra vegada més, convindria que prenguéssim les eleccions pel que realment són: breus interludis en una història molt més llarga, una empenta lateral en la llarga lluita cap a la justícia.

David Siders Trump bets his presidency on a ‘silent majority’

Amb la seva retòrica de la llei i l’ordre i de violència contra els manifestants, Donald Trump està festejant un vot suburbà, el de l’anomenada «majoria silenciosa» tal com va fer Richar Nixon l’any 1968 però que a parer de l’autor potser ja no existeixi. Els suburbis són les àrees on Trump va trobar la major part del seu suport al 2016. No obstant això, també va ser en aquests mateixos suburbis on els demòcrates van construir la seva victòria a la Cambra fa dos anys a les eleccions de mig mandat. Ara, l’enfocament de Trump respecte de la violència i dels disturbis que s’han apoderat de les grans ciutats sembla pensat per recuperar aquests llocs, amb l’esperança que els votants s’atemoreixin davant les imatges de caos i saqueig – com ho van fer a la fi dels anys 60 – i busquin l’estabilitat a la Casa Blanca. Cinc mesos abans de les eleccions, les enquestes nacionals presenten un panorama polític complicat per a Trump però encara disposa d’una clara finestra d’oportunitat: segueix sent popular a l’Amèrica rural, on va guanyar amb una diferència de 4 punts al 2016, en gran part gràcies als votants blancs sense educació universitària. I encara té una reserca de milions de votants potencials més, és a dir aquelles persones que encaixen en aquest perfil, que viuen en zones rurals i exurbanes, però també en suburbis de classe treballadora, però que no van anar a votar la darrera vegada. Però el problema per a Trump és que els Estats Units de 2020 no són l’Amèrica de 1968. Les zones rurals tenen pocs votants, les ciutats amb majoria demòcrata detesten el president, i les línies de separació molt clares que existien entre elles i els suburbis s’han desdibuixat a mesura que els afroamericans han diversificat els cinturons de rodalies i els blancs rics han gentrificat els nuclis urbans. De més a més, a tot el país, la base de votants blancs sense educació universitària de Trump està disminuint a mesura que la població es diversifica. És gairebé segur que Trump s’endurà aquests votants al novembre, però molts demòcrates creuen que Joe Biden obtindrà un millor resultats entre ells que el de Hillary Clinton. L’autor acaba alertant, però, que els recents disturbis proporcionen una falca cultural per Trump que té el potencial d’eclipsar els recels suburbans sobre el seu estil polaritzador o la seva deficient gestió de la crisi del coronavirus.

Joshua Zeitz If This Is Like 1968, Then Trump Is in Big Trouble

Molts comentaristes i analistes polítics americans han alertat que els «flashbacks de 1968» puguin funcionar a favor de Trump, ja que d’acord amb les anàlisis convencionals, podria recuperar els vots dels blancs dels suburbis que han donat l’esquena al Partit Republicà durant la seva presidència. Afirmen que històricament els disturbis beneficien el GOP i no als demòcrates. Tot i admetre que els experts tenen raó i que 2020 s’assembla molt a 1968, l’autor argumenta que una mirada més propera a la història ens indica que no són Donald Trump i els republicans els que es beneficien dels disturbis actuals. El missatge de Nixon de 1968 sobre la llei i l’ordre no era només sobre els disturbis urbans. Era un atac contra el partit al poder per la seva suposada inacció respecte del desenvolupament de la pau, la prosperitat i l’ordre. La fi dels anys 60 va comportar una creixent inflació i disturbis racials, revoltes als campus, un fort augment de la delinqüència, una emergent revolució sexual i l’expansió de les llibertats personals ordenada pels tribunals. Si bé tant ara com el 1968, la violència dels últims dies revela un patró més ampli de dissolució social i política, hi ha una diferència clau: avui dia el candidat que exigeix llei i ordre no està a l’oposició sinó que és el que no han sabut preservar-los. Com Johnson abans que ell, Trump pertany al partit que és al poder, el partit que ha fracassat en proveir pau, prosperitat i ordre social. Els republicans controlen l’executiu, el Senat i el Tribunal Suprem. En darrer terme, ells són els únics amos del caos, la rancúnia i la inestabilitat que molts votants han arribat a avorrir i témer. Donald Trump vol fer campanya com Richard Nixon i George Wallace, però en realitat, és Lyndon B. Johnson: un home que ha perdut el control de la màquina.

Lee Drutman If Republicans Are Ever Going To Turn On Trump, This Might Be The Moment

Aquests darrers dies diverses veus qualificades vingudes de les files republicanes, com ara les de l’expresident George Bush, l’excandidat Mitt Romney o encara l’exgeneral i secretari d’Estat Colin Powell, han manifestat que donaven el seu suport i no votarien a Donal Trump a les eleccions de novembre. A parer de l’autor, aquest és un d’aquells rars moments d’incertesa en què és possible que la base de suport republicà que protegeix Trump finalment s’ensorri. Al capdavall, la creixent impopularitat de Trump amenaça de reduir les possibilitats dels republicans de conservar el Senat o de recuperar el Congrés, i les enquestes mostren que Biden manté un avantatge comfortable en les enquestes. Amb un atur que ha arribat a màxims històrics, les protestes que s’estenen i la pandèmia del coronavirus que segueix activa, Trump s’enfronta a un camí cap a la reelecció cada vegada més difícil. En moments com aquest, quan ningú no sap exactament què dir o fer, unes poques crítiques públiques formulades contra Trump podrien tenir un sorprenent efecte dominó. I si el president continua transgredint els valors democràtics àmpliament compartits -posant els republicans del Congrés en una posició electoral cada vegada més difícil- es podria produir una esquerda important en el Partit Republicà.

back to top