Diari de les idees 50 – Especial emergencia climática
11 noviembre 2021

El Diari de les idees llega hoy al número cincuenta. Esta iniciativa del Centre d’Estudis de Temes Contemporanis, publicada por primera vez en marzo de 2019, propone quincenalmente una reflexión sobre los temas más destacados de la actualidad. Y lo hace con una selección de artículos relevantes de los principales medios internacionales, de Catalunya y del Estado español, privilegiando los contenidos de opinión, reflexión y análisis.

Gracias al seguimiento periódico de una cincuentena de cabeceras y de los informes y materiales publicados por una treintena de think tanks, el Diari de les idees recoge las ideas y los temas clave para comprender el contexto político internacional, y conocer los grandes temas de debate global que también afectan Catalunya y su ciudadanía. Tras cincuenta ediciones, el Diari de les idees ha permitido reseñar más de 2.500 artículos en catalán.

Asimismo, con esta vocación de ser un termómetro de la actualidad, en los últimos dos años el Diari de les Idees ha publicado ediciones monográficas dedicadas a la sentencia del Tribunal Supremo contra los políticos y líderes cívicos independentistas, la pandemia de COVID-19, las elecciones presidenciales en EE.UU., las noticias positivas del año 2020, el Plan de Recuperación y Resiliencia europeo y el nuevo papel de China en el mundo. Hoy, con motivo de la celebración de la cumbre de la COP26, el Diari de les idees dedica un número especial a la emergencia climática.

El cambio climático y sus consecuencias ambientales, sociales y económicas es sin lugar a dudas el principal reto al que nos enfrentamos como sociedad. Es un desafío global que afecta a todos los países. De hecho, tanto el último informe de Naciones Unidas sobre el estado del Acuerdo de París como el del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) señalan que la situación está muy cerca de alcanzar un punto de no retorno y que no hay tiempo que perder. Ya nada justifica que no tomemos las medidas necesarias, porque de la respuesta de todos depende la suerte de las generaciones futuras. Un cambio de paradigma energético es urgente e inaplazable, y desde Catalunya estamos firmemente comprometidos con ello.

Disponer en catalán de las mejores informaciones, análisis y reflexiones contrastadas publicadas a nivel global es importante para encarar este reto, tanto individual como colectivo. Y es con esta voluntad de servicio público que el número 50 del Diari de les idees ofrece una panorámica de los aspectos más relevantes de la emergencia climática: los retos de la COP26, el escenario geopolítico global, las repercusiones sociales y culturales, la dimensión económica y las fuentes de energía, y, por último, la vertiente tecnológica y científica. Os invito, pues, a leer esta nueva edición del Diari de les idees. Pero, sobre todo, a haceros vuestra esta herramienta: un medio al alcance de todos para poder entender y adelantarnos a los retos de un mundo en plena transformación.

Ideas de actualidad

Con motivo de la celebración de la COP26 en Glasgow, hemos querido dedicar esta edición del número 50 del Diari de les idees al reto que definirá los próximos tiempos: la emergencia climática. Desde el Centre d’Estudis de Temes Contemporanis consideramos que es indispensable llevar a término una profunda reflexión en un momento particularmente delicado ya que esta década es decisiva en la lucha contra el cambio climático, tanto en las políticas de mitigación como de adaptación al cambio. Las evidencias de las que disponemos sobre los efectos del actual proceso de calentamiento global obligan a actuar con rapidez: la incipiente recuperación económica supone que las emisiones de CO2 vuelvan a unos niveles pre-pandémicos, China está poniendo en marcha gigantescas centrales de producción de carbón, la acción humana sobre la biosfera ha provocado la aparición de una nueva zoonosis bajo la forma de COVID-19, los retos de la transición ecológica empiezan a plantear un nuevo debate sobre las energías renovables y la resurgencia de la energía nuclear, el aumento alarmante de desastres naturales con su corolario del número creciente de refugiados climáticos… Por consiguiente, esta tercera década del siglo XXI tiene todos los visos de convertirse en unos años clave para lograr un cambio efectivo en las políticas y medidas que deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la preparación de territorios y actividades económicas ante las consecuencias que el cambio climático provocará en las diferentes regiones del mundo.

Es en este contexto que se está celebrando la COP26 y desde las páginas de Le Monde Diplomatique, Frédéric Durant considera que las indecisiones del pasado no dan mucho margen para el optimismo. Así, sorprende que ante una emergencia como esta, los firmantes del Acuerdo de París hayan tardado cinco años en aplicarlo. En efecto, aprovechando que la administración Trump frenaba el proceso, la mayoría de países dejaron que sus emisiones aumentaran significativamente entre 2016 y 2019. Aunque nada despreciables en cuanto a su impacto en cada economía nacional, los compromisos actuales están muy lejos de ser suficientes, porque de seguir así conllevarían una subida de la temperatura superior a los 3°C en 2100. De aquí la necesidad de revisar a la baja las contribuciones de los países a las emisiones de gases de efecto invernadero. Por otra parte, y como comentaremos más adelante, las discusiones sobre el cambio climático también revelan una importante división norte-sur, con los países del norte exigiendo el máximo esfuerzo a los del sur, a partir de argumentos cuestionables, alegando que el sur tiene menos capacidad para luchar contra los efectos del calentamiento cuando, en realidad, los países del norte también serán cada vez más vulnerables, sobre todo debido a la sofisticación de sus economías. Asimismo, si bien es cierto que los países emergentes se han convertido en los principales emisores de gases de efecto invernadero en el siglo XXI -China al frente- los países occidentales tienen una responsabilidad histórica decisiva, ya que son responsables de los dos tercios de las emisiones acumuladas hasta ahora.

Por su parte, The Economist subraya que, sean cuales sean los acuerdo finales, el balance de la COP26 será ambivalente. Desde 1995 los países firmantes de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (UNFCCC) han celebrado numerosas cumbres que han dado paso a planes de acción, mandatos, protocolos, plataformas, acuerdos, etc.  A pesar de las iniciativas para hacer frente a la emergencia climática, la presencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera continúa aumentado y el consiguiente calentamiento del planeta no se ha frenado. Con todos sus defectos, sin embargo, hay que apuntar que las cumbres de la UNFCCC tienen la capacidad de generar ciertos cambios. El Acuerdo de París comprometió a todas las partes a mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C. Seguramente Glasgow aportará nuevos compromisos para alcanzar los objetivos de París. No obstante, es posible que estas promesas no sean suficientes. Al mundo le toca aceptar una verdad ingrata: el sueño de un planeta de casi 8.000 millones de habitantes viviendo en condiciones óptimas y comodidad material para todos es inalcanzable si seguimos basándonos en una economía impulsada por el carbón, el petróleo y el gas natural. A la larga, pues, la única manera de seguir creciendo de forma sostenible será renunciar a los combustibles fósiles.

Así pues, el debate climático pasa por una reflexión sobre el modelo de transición energética que puede ser políticamente incómoda. La realidad es que las energías renovables son intermitentes, y a pesar de las promesas de los gobiernos de alejarse de los combustibles fósiles, muchos continúan dependiendo de ellos. Así, la Unión Europea depende ahora mismo del suministro de gas natural por parte de Rusia para resolver su crisis energética, y los Estados Unidos ha pedido en los países de la OPEP que aumenten su producción petrolífera. Por su parte, los países en desarrollo tienen fuertes incentivos para seguir haciendo uso del carbón, una fuente de energía barata, pero responsable del 30% de las emisiones globales. Asimismo, todavía quedan por resolver varias preguntas en torno a los modelos energéticos: ¿Cómo eliminar el uso del carbón por parte de todas partes implicadas? ¿Cuál debe ser el papel del gas natural y de la energía nuclear en la transición energética? ¿Dónde construir parques eólicos y otras infraestructuras para las energías renovables?

Para responder a estos retos, Ricardo Campos propone en el diario portugués Público una serie de medidas destinadas a sentar las bases para una transición energética viable: a) la creación de un acuerdo global que ayude a financiar la transición hacia las energías renovables, la eficiencia energética y un camino definitivo hacia la economía circular, el reciclaje y la reutilización de los recursos del planeta; b) el diseño de políticas públicas en los países más desarrollados que aceleren la introducción de la producción descentralizada en los sistemas eléctricos nacionales; c) hacer compatible la producción centralizada con el almacenaje de energía; d) apostar por el hidrógeno verde y su producción descentralizada mediante mecanismos de apoyo que permitan el avance de esta tecnología; e)  invertir en movilidad eléctrica, en transporte público y en un nuevo diseño de ciudades que en el siglo XX estaban pensadas para los coches y que ahora hay que rediseñar para las personas; f) cuidar mejor el suelo, enriqueciéndolo de manera natural para que retenga más carbono, invirtiendo también en una agricultura más ecológica y en la difusión de sistemas agrosilvopastorales; y g) apostar decididamente por la economía circular sustituyendo la extracción por la circularidad y el reciclaje de recursos.

A la espera de las conclusiones finales de la cumbre, procedemos a un primer balance provisional de las negociaciones en curso y de los acuerdos alcanzados a la hora de cerrar esta edición del Diari de les idees. Robin McKye redactor científico del diario británico The Guardian destaca que los acuerdos sobre la deforestación, el metano y el carbón constituyen la cara positiva de la COP26, mientras que la ausencia de algunos países de iniciativas importantes es el aspecto menos amable, dibujando así un escenario lleno de claroscuros. Si, por una parte, la India ha proporcionado una buena noticia con el anuncio de que el país, actualmente uno de los mayores contaminadores, tiene la intención de generar la mitad de su electricidad a partir de energías renovables en 2030 y conseguir un nivel cero de emisiones limpias en 2070, por otra eso contrasta con los pobres compromisos de emisiones asumidos hasta ahora por Arabia Saudí, el segundo productor de petróleo del planeta, y por Rusia, el segundo proveedor de gas. Con respecto a la deforestación, el acuerdo alcanzado para detener la tala masiva de árboles es sin duda uno de los puntos álgidos de la cumbre, ya que más de 100 países han acordado revertir la deforestación para 2030, entre los cuales se cuenta Brasil, uno de los principales causantes de la tala masiva. No obstante, los observadores señalan que un acuerdo internacional similar firmado en 2014 no tuvo ningún tipo de consecuencia práctica. Respecto de las emisiones de metano, el compromiso adquirido por más de 90 países, que representan dos tercios de la economía mundial, de reducir para 2030 sus emisiones al menos un 30% con respecto a los niveles actuales es un paso adelante importante, aunque tardío. También es significativo que China, la India y Rusia no se hayan sumado a este acuerdo. Igualmente, son relevantes los acuerdos conseguidos que comprometen a 46 países para eliminar totalmente su producción de carbón. No obstante, el acuerdo no es vinculante y destaca la ausencia de Australia, la India, los Estados Unidos y la China.

Finalmente, el primer borrador de conclusiones hecho público el 8 de noviembre tampoco genera optimismo. El texto, publicado por la propia presidencia de la COP26, recoge de manera esquemática todos los temas que ahora mismo forman parte de las negociaciones, y según los expertos y activistas los acuerdos son, de momento, extremadamente débiles. En efecto, si bien los gobiernos reconocen la gravedad de la situación y se comprometen a diseñar una transición justa, todavía no se ha llegado a un acuerdo sobre el calendario para aplicar la drástica reducción de emisiones necesaria para frenar el aumento global de las temperaturas. Tampoco se menciona ni explícitamente ni implícitamente el fin de los combustibles fósiles (o el fin de los subsidios a los grandes contaminantes). Por otra parte, todo apunta a que las negociaciones se han enquistado en dos cuestiones que, más allá del debate medioambiental, destacan por su marcado trasfondo geopolítico y económico. Preocupa, y mucho, que los acuerdos sobre estas cuestiones queden diluidos por injerencias de la industria. Sobre todo después de la publicación de un informe de la plataforma Global Witness que revela que el lobby del petróleo, el gas y el carbón ha enviado a más de 500 representantes a la COP26, más que cualquier otro país presente en la mesa de negociaciones.

En Foreign Affairs Stewart M. Patrick analiza la emergencia climática desde el punto de vista de la geoestrategia global y se sorprende que el sistema multilateral no haya respondido al reto con más contundencia. Considera que esto responde a la actitud interesada de muchos países que priorizan las políticas internas y a corto plazo, dejando en segundo plano la lucha contra el cambio climático. Por consiguiente, es necesario un cambio de paradigma en la cooperación internacional que sitúe la cuestión ambiental en el epicentro y permita plantear compromisos serios con el desarrollo sostenible. La renovación de la política global pasa por entender los deberes climáticos como una responsabilidad compartida que exige la acción colectiva de todos. En este sentido, es necesario que los gobiernos de todos los países entiendan la supervivencia de la biosfera como una cuestión de seguridad nacional e internacional básica. El sistema global financiero, así como las dinámicas del comercio mundial también tienen que actuar en esta dirección, considerando los riesgos climáticos e integrando la sostenibilidad en sus decisiones de inversión. La misma lógica se aplica a los modelos de desarrollo, que deben incitar a los actores a priorizar la conservación de la naturaleza. Y lo que es más importante, la política global no puede tener éxito sin instituciones multilaterales sólidas y una gobernanza mundial fuerte, capaz de fomentar la cooperación internacional y hacer cumplir los compromisos ambientales mediante un marco legal global.

Desde el think tank Chatham House, John Kampfner analiza las relaciones entre China y los Estados Unidos (que conjuntamente emiten el 40% de gases de efecto invernadero a nivel mundial) para encarar la crisis climática, en un momento en que la rivalidad entre las dos potencias está aumentando. Si los dos países no pueden trabajar conjuntamente para luchar contra el cambio climático, el futuro de todos está condenado. Y hoy por hoy, la diplomacia convencional no está siendo una herramienta útil, ya que por un lado la influencia americana ya no es la que era y el consenso en política climática, incluso entre aliados, parece casi imposible y, por otro, China ha sabido entender los potenciales beneficios de las políticas verdes, tanto en términos económicos como de estrategia para incrementar su influencia en las relaciones internacionales.

Paralelamente, Richard Artz explica en la revista Slate las razones por las que China ha decidido tener un perfil bajo en esta cumbre. Por una parte, señala que no se ha incentivado mucho la presencia de Xi Jinping en una reunión que tiene lugar en Gran Bretaña, ya que el gobierno británico criticó duramente China cuando en 2020 reprimió las protestas pro-democracia en Hong Kong. Por otra parte, el presidente chino evita viajar al exterior desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y una excepción a esta regla podría ser mal vista por la opinión pública china, sobre todo porque pocos ciudadanos chinos pueden salir del país. En tercer lugar, en Pekín son plenamente conscientes de la mala imagen internacional de China desde la aparición del coronavirus, reforzada por su negativa a autorizar una investigación internacional sobre sus orígenes. Finalmente, el hecho de no estar físicamente presente subraya la voluntad de los líderes chinos de llevar a cabo su política de lucha contra el cambio climático como les convenga, independientemente de los compromisos internacionales.

Rusia es otro de los actores destacados y Anton Troianovski analiza en The New York Times las contradicciones de la política climática de Vladimir Putin mediante el ejemplo de la isla de Sajalín. El gobierno ruso se ha comprometido en convertir la isla en la primera región neutra con respecto a las emisiones de carbono, pero lo que sorprende es el plan del gobierno ruso para conseguirlo, ya que no se basa en el rechazo de los combustibles fósiles, sino en la apuesta por el gas natural como alternativa al carbón, y en una gran extensión de bosques, que el gobierno confía que absorba tanto CO2 como se emita. En definitiva, el ejemplo de Sajalín y su apuesta por el gas natural, revela que Rusia intentará mantener tanto como pueda el uso de combustibles fósiles, una de las principales bases de su economía.

Continuando con el análisis geopolítico, Sinan Ülgen argumenta en Carnegie Europe que las negociaciones en curso están marcadas por un debate sobre la justicia climática. Vistas las diferencias entre los países industrializados del norte y los países emergentes o en vías de desarrollo del sur en cuanto a sus emisiones, y por lo tanto su contribución a la actual crisis climática, el debate se centra ahora en cómo repartir la responsabilidad de la respuesta al reto. En este contexto, los países del sur defienden unas responsabilidades compartidas pero diferenciadas, y por lo tanto unas medidas flexibles de acuerdo con las capacidades de cada país y que comporten asistencia financiera y tecnológica por parte de los países del norte.

Referente al continente europeo, Natalie Tocci analiza en Politico el papel de la UE ante el reto climático y señala que actualmente la Unión lidera claramente la lucha contra la emergencia climática mediante el Green Deal europeo y, sobre todo, el paquete Fit for 55, un plan concreto para alcanzar la neutralidad climática. Aun así, la UE sólo podrá llevar a cabo con éxito su estrategia de descarbonización si es capaz de superar algunos grandes obstáculos geopolíticos. Una Europa descarbonizada sin China supondría unos costes elevados y sería probablemente inviable, ya que incluso si Europa fomentara a gran escala sus capacidades industriales verdes, haría falta tiempo para que estas fuesen competitivas y compensasen la falta de suministro procedente de China. Asimismo, la brecha transatlántica sigue siendo significativa. En este sentido, destaca especialmente el precio del carbono, así como las opiniones divergentes sobre las finanzas verdes. En tanto la UE ya ha empezado a establecer sus estándares, con la esperanza de liderar el camino en la inversión climática, es probable que los Estados Unidos los adopten pronto. A pesar de todo, con respecto a la fijación del precio del carbono, la convergencia transatlántica sigue siendo complicada teniendo en cuenta el futuro mecanismo de ajuste de las fronteras de la UE en materia de emisiones de carbono, un paso externo crucial para que el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones se desarrolle correctamente.

Desde las páginas de The Economist se recalca la importancia de Asia en la lucha contra el cambio climático, ya que las rápidas transformaciones de las últimas décadas explican que las emisiones de CO2 del continente hayan pasado de representar un 25% a nivel mundial en 1990 al 49% en 2020. Asimismo, Asia produce y consume tres cuartas partes del carbón en el mundo y, por lo tanto, su papel será crucial en la mitigación del cambio climático. En este sentido, se identifican varias razones que han hecho crecer el interés de Asia por frenar las industrias más contaminantes, entra las que destaca la necesidad de garantizar un aire limpio en las zonas urbanas. Por otra parte, la transformación verde conllevará también enormes beneficios a la economía china, dado que el gigante asiático es el mayor productor de placas solares y vehículos eléctricos. Este potencial podrá explotarse todavía más debido a la mayor rentabilidad que supone construir parques solares en lugar de centrales de carbón, excluidas ahora de la financiación occidental y china.

Por su parte, Javier Dávalos, director del programa sobre cambio climático de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), analiza en Democracia Abierta la situación de los países latinoamericanos y considera que un punto central de las negociaciones tienen que ser las actualizaciones de las contribuciones determinadas a nivel nacional. Diseñadas para llevar a cabo un seguimiento de las reducciones de emisiones nacionales de cada país, son clave para alcanzar los objetivos climáticos, y tras los últimos informes del IPCC indicando que los esfuerzos hechos hasta ahora no son suficientes, estas contribuciones tienen que ser más ambiciosas, sobre todo para los países más contaminantes, como China, la India o México. También insiste en que los países con más responsabilidad en tanto que mayores emisores compensen los países con menos emisiones, pero que son los más afectados por el cambio climático. Finalmente, destaca que, excepto Costa Rica, los países de Latinoamérica llegan a la COP26 sin haber cumplido con sus contribuciones, especialmente los que más gases de efecto invernadero emiten: México y Brasil.

El diario Le Monde analiza la situación en África y señala que un informe de las Naciones Unidas revela que más de 100 millones de personas están amenazadas por la aceleración del calentamiento global. La ONU destaca la vulnerabilidad desproporcionada del continente y subraya que el cambio climático ha contribuido a empeorar la inseguridad alimentaria, la pobreza y el desplazamiento interno de poblaciones. Así, en 2020, los indicadores climáticos en África se han caracterizado por un aumento continuo de las temperaturas, una aceleración del aumento del nivel del mar, fenómenos meteorológicos y climáticos extremos como inundaciones, deslizamientos de terreno y sequías, con los consiguientes impactos devastadores.

En cuanto a las repercusiones sociales, Rebecca Willis reflexiona en The Guardian sobre el grado de preparación de los sistemas democráticos para gestionar el cambio climático, en un momento en que algunos proponen abiertamente acercarse al eco-autoritarismo, ceder protagonismo a los grandes inversores, o adoptar el modelo chino a la hora de tomar decisiones impopulares. Willis, en cambio, argumenta que los sistemas autocráticos se sitúan a la cola de la lucha contra la emergencia climática, así que no hay motivos para pensar que el autoritarismo sea la alternativa más deseable a las imperfecciones de la democracia. Lo que hay que hacer es dotarse de herramientas y de procesos que mejoren la democracia representativa mediante la deliberación con el fin de resolver la crisis climática gracias a un nuevo contrato social que escuche más a la ciudadanía y menos a los grandes intereses económicos.

En esta misma línea, Laurence Tubiana afirma en Le Grand Continent que el Green Deal europeo es el nuevo contrato social y tiene el potencial para ser una auténtica revolución política ya que tanto a escala continental como nacional y local, su relato puede cambiar la identidad de Europa. Considera que a diferencia del movimiento norteamericano de lucha contra el cambio climático, el Pacto Verde Europeo es un proyecto político arraigado en el seno de las instituciones, como una respuesta a una demanda ciudadana, y no un proyecto<A[llevado|traído]> llevado a cabo solo por los ciudadanos. Eso implica una fortaleza gracias a su institucionalización, pero a la vez una debilidad debido a su propia dinámica. En este contexto, al establecer un objetivo de coherencia de todas las políticas implementadas, Europa adopta un enfoque que va más allá de los cauces tradicionales de la política climática y el Green Deal se convierte así en el estándar de medida y referencia. Por consiguiente, el Pacto Verde supone una nueva promesa: adoptar un enfoque social de la transición ecológica que no anticipe simplemente los efectos negativos de las políticas públicas, o se limite a comprobar que funcionan correctamente, sino que lleve a cabo una transición ecológica justa llevada a cabo entre todos.

En la revista Politico, Louis Westerdap destaca el papel de las mujeres en la lucha contra el cambio climático. Según un informe publicado por Women’s Forum, las mujeres han cambiado más sus hábitos personales para mitigar el cambio climático que los hombres, reduciendo las emisiones de dióxido de carbono mediante el reciclaje, la compra en comercios de proximidad y la reducción del consumo de agua y carne. Las motivaciones principales son, entre otras, mejorar el estado del planeta, pensar en el bien de las generaciones futuras, y evitar los impactos devastadores del cambio climático. Women’s Forum también apunta una contradicción: aunque las mujeres parecen tener una mayor predisposición para adaptar su estilo de vida a la lucha contra el cambio climático, la gran mayoría de los ministerios que se ocupan de las cuestiones climáticas – energía, transporte y medio ambiente – están dirigidos por hombres, tanto en Alemania (79%), como en Francia (71%), Italia (78%) y el Reino Unido (61%).

Jean Pisani analiza para el think tank Terra Nova la dimensión económica de la emergencia climática y señala que aunque según una encuesta reciente llevada a cabo por Naciones Unidas, dos terceras partes de los encuestados consideran que el cambio climático constituye una amenaza, la mayoría de los ciudadanos desconoce cómo afectará a sus ingresos, sus puestos de trabajo y sus condiciones de vida. Pisani considera que, aunque la tecnología acuda al rescate de la sociedad de consumo, los estilos de vida tendrán que cambiar. Muchas casas periurbanas que consumen mucha energía no superarán la prueba de neutralidad de carbono y correrán el riesgo de convertirse en activos desfasados. Además, aunque las tecnologías verdes sean más baratas que las tecnologías tradicionales, los costes de la transición serán sustanciales. Una parte importante del capital existente (edificios, maquinaria, vehículos) tendrá que ser sustituida antes de llegar al final de su vida económica. En cualquier caso, serán necesarias mayores inversiones para mantener el mismo nivel de producción. En definitiva, los líderes políticos tienen que ser honestos y no pueden ocultar que se destruirán puestos de trabajo y que la prosperidad disminuirá. La mejor manera de convencer a la gente para que se una a los esfuerzos de descarbonización no es minimizando los retos sino identificándolos con precisión y explicando cómo se afrontarán.

Asimismo, India Bourke defiende en The New Statesman que la amenaza climática deje de presentarse como una guerra de clases que enfrenta trabajadores de clase baja con activistas climáticos de clases medias y privilegiadas. Argumenta que, si bien es cierto que la mayoría de los activistas de movimientos como Extinction Rebellion pertenecen a la clase media, ello no implica que los que no participan en las protestas sean indiferentes a la cuestión climática. De hecho, los datos muestran que la preocupación por el cambio climático se reparte de la misma manera entre trabajadores y clase media, y en torno al 70% de los ciudadanos de todo el mundo con bajos ingresos considera la cuestión climática como una amenaza importante. No obstante, Bourke apunta que, a pesar de compartir preocupaciones, la responsabilidad de frenar el calentamiento global no puede ser la misma para las diferentes clases sociales en tanto que el 1% más rico del planeta genera el doble de emisiones que el 50% más pobre. Además, eso no afecta sólo el sur, ya que el cambio climático también agravará las desigualdades en los países desarrollados, y los ciudadanos con menos recursos tendrán más dificultades para adaptarse a la nueva situación.

Para acabar, Paul Coffey destaca en The Scotsman que la tecnología digital forma parte de la solución para uno de los mayores retos de la humanidad como es el cambio climático. Las nuevas tecnologías pueden contribuir a la descarbonización de las economías, pero para conseguirlo hacen falta más acción e iniciativa tanto del sector público como del privado. Las tecnologías 5G tienen el potencial para ayudar a la optimización del consumo de energía y recursos, y por consiguiente reducir las emisiones en todo el mundo. Pero las tecnologías digitales no sólo contribuyen a la eficiencia energética, sino que también presentan nuevas oportunidades para acelerar la transición hacia la energía verde. De hecho, un informe reciente de Vodafone demuestra que las tecnologías digitales pueden reducir hasta 17,4 millones de toneladas las emisiones en el transporte, la agricultura y los procesos de fabricación. Asimismo, Coffey confía en que la cumbre de la COP26 reconozca los importantes beneficios ambientales que ofrecen las tecnologías digitales. Finalmente, Robert Muggah y Carlo Ratti analizan en Foreign Policy como la revolución del Big Data permitirá combatir el cambio climático, convirtiendo a las ciudades en protagonistas del proceso, ya que se encuentran en primera línea de esta crisis, como responsables, como víctimas y, ahora también, como aparte de la solución. Hace poco que se empieza a entender el potencial de la gran cantidad y variedad de datos que se pueden reunir en las ciudades. Uno de los usos es la monitorización de problemas y la implementación de soluciones. Por ejemplo, un análisis de datos, obtenidos a través de sensores, permitiría saber en tiempo real qué medios de transportes son los menos contaminantes para que los ayuntamientos puedan así adoptar medidas para potenciarlos. Además, estos datos se podrían compartir con la ciudadanía, con el fin de fomentar su concienciación y empoderamiento. En definitiva, aunque el uso del Big Data tiene limitaciones -sobre todo éticas, con respecto a la privacidad, el uso y la interpretación de los datos-, la revolución de datos es una de las herramientas más potentes a nuestra disposición para combatir el cambio climático.

more/less text

Los retos de la COP 26

Kenneth Rogoff La COP26 serà diferent?

Mentre s’estan duent a terme les negociacions a la COP26, creix el debat sobre les fonts d’energia renovable. La realitat, però, és que els combustibles fòssils segueixen representant un 80% de l’energia mundial, un percentatge que no ha canviat des de l’Acord de París d’ara fa sis anys. El catedràtic Kenneth Rogoff assegura que el debat climàtic passa per un debat sobre el model de transició energètica que pot ser políticament incòmode. La realitat és que les energies renovables són intermitents, i malgrat les promeses dels governs d’allunyar-se dels combustibles fòssils, molts en continuen dependent. Així, la Unió Europea depèn ara del subministrament de gas natural de Rússia per a resoldre la seva crisi energètica, i els Estats Units han demanat als països de l’OPEP que augmentin la seva producció. Per la seva banda, els països en desenvolupament tenen forts incentius per seguir fent ús del carbó, que és barat però és responsable del 30% de les emissions globals. Així doncs, encara queden per resoldre diverses preguntes al voltant dels models energètics: com eliminem l’ús del carbó arreu? Quin ha de ser el paper del gas natural, i el de l’energia nuclear, en la transició energètica? On construïm turbines eòliques i altres infraestructures per a l’energia renovable?

Karl Mathiesen & Zack Colman Why the COP26 climate summit won’t save the planet

Karl Mathiesen i Zack Colman adverteixen en aquest article de la revista Politico que la COP26 no serà suficient per salvar el planeta dels devastadors efectes de l’escalfament global. Si bé la cimera ha estat anunciada com l’última oportunitat per assolir l’objectiu de limitar a 1,5°C l’augment de la temperatura mitjana, no sembla que els gairebé 200 països que hi participen estiguin disposats a acceptar els perjudicis econòmics i polítics que els suposaria reduir les emissions tant com caldria. Occident retreu als grans emissors com la Xina, l’Índia i Indonèsia no estar fent prou per reduir les emissions, mentre que aquests darrers s’oposen fermament a fixar objectius més ambiciosos i acusen els països més rics de no oferir l’assistència financera necessària per facilitar la transició ecològica als estats més pobres. En aquest context, l’objectiu dels 1,5°C es manté viu perquè se sustenta en la visió optimista que la humanitat encara pot salvar-se del desastre, però és possible que ja sigui massa tard per assolir-lo. Els experts en canvi climàtic apunten que la lentitud dels governs i els gasos d’efecte hivernacle que ja hi ha a l’atmosfera faran molt difícil complir amb aquest objectiu, fins i tot si cauen en picat les emissions durant aquesta dècada i s’assoleix la neutralitat climàtica cap a mitjans de segle. No hi ha, tampoc, indicis que s’estigui desenvolupant un pla amb la contundència necessària, atès que les mesures actuals implicarien un escalfament d’uns 2,7°C. Així doncs, malgrat que molts països han millorat les seves promeses climàtiques, els plans presentats reflecteixen la manca de determinació i de voluntat política real. 

Frédéric Durant Climat, une conférence à la recherche du temps perdu

Frédéric Durant considera que les procrastinacions del passat no donen gaire peu a l’optimisme. Així, sorprèn que davant d’una emergència com aquesta, els signants de l’acord de París hagin trigat cinc anys a aplicar-lo. En efecte, aprofitant que l’administració de Trump frenava el procés, la majoria de països van deixar que les seves emissions augmentessin significativament entre el 2016 i el 2019. Encara que no són menyspreables pel que fa als impactes en cada economia nacional, els compromisos actuals són lluny de ser suficients, perquè en l’estat actual comportarien una pujada de temperatura superior als 3 °C l’any 2100. D’aquí la necessitat de revisar a la baixa les contribucions dels països a la limitació d’emissions de gasos d’efecte hivernacle. D’altra banda, i com tornarem a comentat més endavant, les discussions sobre el canvi climàtic també revelen una important divisió nord-sud, amb els països del nord que intenten exigir el màxim esforç als del sud, a partir d’arguments esbiaixats i qüestionables, tot al·legant que el sud global té menys capacitat per lluitar contra els efectes de l’escalfament quan, en realitat, els països del Nord també seran cada vegada més vulnerables, sobretot per la sofisticació de les seves economies. A la vegada, si bé és cert que els països emergents s’han convertit en els principals emissors de gasos d’efecte hivernacle al segle XXI -la Xina al capdavant- els països occidentals tenen una responsabilitat històrica decisiva, ja que els dos terços de les emissions acumulades fins ara els són atribuïbles.

Ed Miliband No greenwash and no fudges: Cop26’s success depends on leaders telling the truth

La cimera del COP26 celebrada a Glasgow presenta la següent disjuntiva als líders de tot el món que s’hi reuneixen: endolcir la realitat i patir les devastadores conseqüències que això suposa o ser honestos amb la situació de l’emergència climàtica i exigir les accions necessàries per afrontar-la. Com expressa l’autor de l’article, si volem tenir alguna possibilitat d’evitar la catàstrofe, hem d’escollir la veritat i la franquesa. El debat central gira entorn l’objectiu de limitar l’escalfament global a 1,5 graus, però pocs caps d’estat s’han atrevit a dir en veu alta els esforços que implica aquesta meta. Per tal de mantenir l’escalfament a 1,5 graus, ja en els Acords de Paris es va establir el llindar màxim de 53 mil milions de tones d’emissions pel 2030.  Així doncs, en aquesta dècada se’ns presenta la missió decisiva de reduir 28 mil milions d’emissions. És cert que el món ha fet avenços importants en els últims anys, però la realitat és que les promeses i compromisos anteriors a la COP26 representen una retallada de només 4 mil milions de tones. Aquesta xifra ens porta directament cap a un devastador augment del 2,7°C. És per això que la cimera de Glasgow no es pot permetre ser una reunió de falses promeses sinó que és moment de passar comptes per aconseguir el progrés que necessitem. Com a part del projecte de la COP26, és imprescindible que s’apliqui justícia envers els països més pobres, ja que tot i ser els menys responsables de la crisis climàtica són els més vulnerables. És essencial, doncs, reconèixer les pèrdues i els danys que pateixen aquests països a causa de la crisi climàtica. És per això que ha arribat el moment de complir amb els 100 mil milions de dòlars promesos als països en desenvolupament l’any 2009. En conclusió, la COP26 és una cimera que no té més remei que enfrontar-se a la veritat malgrat que sigui incòmode i difícil. La lluita contra el canvi climàtic és una cursa existencial contra el temps, on avançar lentament implica la pèrdua d’ecosistemes, onades de calor extremes i sequeres, inundacions i destrucció de collites; i en conseqüència milions de desplaçats i morts. La cimera de Glasgow no es pot permetre el luxe de fracassar. 

The Economist Why the COP26 climate summit will be both crucial and disappointing

The Economist subratlla que, siguin quins siguin els acord finals, el balanç de la COP26 serà ambivalent. Des de 1995 els països vinculats a la Convenció Marc de l’ONU sobre el Canvi Climàtic (UNFCCC) han dut a termes múltiples cimeres que han resultat en plans d’acció, mandats, protocols, plataformes, acords, etc.  Malgrat les iniciatives per fer front a l’emergència climàtica, la presència de gasos d’efecte hivernacle a l’atmosfera continua augmentat i el conseqüent escalfament del planeta no s’ha frenat. Amb tots els seus defectes, però, cal apuntar que les cimeres de la UNFCCC tenen la capacitat de generar uns certs canvis. L’Acord de París va comprometre totes les parts a mantenir l’augment de la temperatura per sota dels 2 °C. Segurament Glasgow aportarà nous compromisos per assolir els objectius de París. No obstant, és possible que aquestes promeses no siguin suficient. Al món li toca acceptar un veritat ingrata: el somni d’un planeta de gairebé 8.000 milions d’habitants, tots ells vivint en condicions òptimes i comoditat material, és inassolible si continuem basant-nos en una  economia impulsada pel carbó, el petroli i el gas natural. A la llarga, doncs, l’única manera de seguir creixent de forma sostenible és deixant enrere els combustibles fòssils. Així doncs, el debat climàtic passa per un debat sobre el model de transició energètica que pot ser políticament incòmode. La realitat és que les energies renovables són intermitents, i malgrat les promeses dels governs d’allunyar-se dels combustibles fòssils, molts d’ells en continuen dependent. Així, la Unió Europea depèn ara del subministrament de gas natural de Rússia per a resoldre la seva crisi energètica, i els Estats Units ha demanat als països de l’OPEP que augmentin les seves produccions petrolíferes. Per la seva banda, els països en desenvolupament tenen forts incentius per a seguir fent ús del carbó, que és barat però és responsable d’un 30% de les emissions globals. Així doncs, encara queden per resoldre diverses preguntes al voltant dels models energètics: com s’ha d’eliminar l’ús del carbó arreu? Quin ha de ser el paper del gas natural, i el de l’energia nuclear, en la transició energètica? On construir turbines eòliques i altres infraestructures per a l’energia renovable?

Fiona Harvey Cop26: ‘World conflict and chaos’ could be the result of a summit failure

En declaracions a The ObserverPatricia Espinosa, secretària executiva de la UNFCCC ha advertit els líders mundials de què està en risc en la lluita contra el canvi climàtic. Si els estats fracassen en els objectius de reducció d’emissions de gasos d’efecte hivernacle, la seguretat i estabilitat globals podrien perillar, causant conflicte i caos a nivell mundial. Dels possibles acords que sorgeixin de la cimera climàtica de Glasgow depèn no trobar-nos davant d’un escenari catastròfic, havent de fer front a crisis migratòries i escassetat d’aliments. Espinosa explica com els resultats de la COP26 no només tindran efectes mediambientals, sinó també per a tot el sistema internacional construït en les dècades anteriors, que no podrà gestionar les nombroses fonts d’inestabilitat. És per tant essencial que aquestes advertències es tinguin en compte no només a la COP26, sinó també a la cimera del G20 a Roma, a les discussions per aprovar mesures dràstiques en la propera dècada. Alguns líders mundials, com Xi Jinping o Vladimir Putin seran absents en la cimera de Glasgow, però Espinosa argumenta que aquest fet no impedeix necessàriament arribar a un acord amb aquests estats. Tot i així, reclama que a Glasgow els països es comprometin a implementar les mesures i canvis necessaris per limitar l’escalfament global a 1,5ºC. Parla també de la importància de revisió a curt termini dels plans que presentin els estats, per molt que no agradi la mesura. Considera que s’ha demostrat que la revisió cada 5 anys establerta pels acords de París és insuficient, hi ha d’haver més marge per adaptar els plans a noves situacions i noves tecnologies.

Philippa Nuttall Can we trust world leaders’ pledge to end deforestation?

Atesa la immensa capacitat que els boscos tenen d’absorbir les emissions de CO2 i així mitigar els efectes del canvi climàtic, posar fi a la desforestació a gran escala que pateix el planeta ha esdevingut una prioritat en el marc de la COP26. Philippa Nuttall reflexiona des de la revista britànica New Statesman sobre el compromís adoptat a Glasgow d’acabar amb la desforestació l’any 2030. Països que apleguen més del 85% dels boscos del planeta, inclosos Brasil, Rússia i la República Democràtica del Congo, han promès inversió pública per protegir i recuperar els boscos perduts. Així mateix, més de 30 institucions financeres s’han compromès a deixar d’invertir en activitats relacionades amb la desforestació. El repte, però, es troba ara en la implementació de la iniciativa, per a la qual cosa serà imprescindible donar suport als pobles indígenes com a protectors clau dels boscos. D’altra banda, caldrà veure si líders com Jair Bolsonaro materialitzen el seu compromís, així com quines polítiques es desenvolupen des dels països que més amenacen la supervivència dels boscos amb la seva desmesurada demanda de matèries primeres. 

Juan Bordera & Ferran Puig Vilar COP(rrupción) en la Cumbre del Clima

Juan Bordera i Ferran Puig denuncien des de CTXT la influència que els grans poder econòmics exerceixen sobre la definició de polítiques climàtiques per mitjà de pràctiques corruptes i pressions en l’elaboració d’informes internacionals. En aquest sentit, la mateixa revista ja va publicar en exclusiva un esborrany del Grup Intergovernamental sobre el Canvi Climàtic (IPCC) on s’apuntava a la naturalesa de la societat capitalista com a principal causa de l’escalfament global. Comparar la filtració amb l’informe definitiu que serà publicat el proper mes de març revelarà la incidència que finalment han tingut els milers d’intents procedents de grups de pressió i governs per modificar i reduir la contundència del document. En aquest context s’ha sabut que el diputat britànic i president de la COP26, Alok Sharma, ha rebut donacions per valor de 10.000 lliures provinents d’un conglomerat empresarial amb interessos en el negoci dels combustibles fòssils. Són precisament fets com aquests els que revelen l’interès del poder econòmic per controlar les cimeres del clima i els informes més importants. Aquesta pràctica, però, no és precisament nova, atès que ja durant els anys vuitanta les grans petroleres nord-americanes van posar en marxa una extensa xarxa de think tanks per a promoure el negacionisme climàtic que va aconseguir pervertir i definir les regles del debat públic.

Damian Carrington & Paul Torpey The climate crisis explained in 10 charts

Aquest article ofereix una explicació breu, senzilla i molt visual de la crisi climàtica. El principal problema, exposen els autors, és el nivell de CO2 a l’atmosfera, que ha anat augmentant des de la Revolució Industrial i és, actualment, el més alt en 4 milions d’anys. Les principals causes d’aquest augment són l’ús de combustibles fòssils i la desforestació. D’altra banda, l’agricultura i la ramaderia són responsables de l’augment del metà, un altre gas amb efecte hivernacle que també contribueix significativament a la crisi climàtica. D’entre les múltiples conseqüències negatives d’aquestes emissions, destaquen l’increment de les temperatures, l’increment del nivell del mar i la reducció de les banquises a l’Àrtic. Així, es calcula que l’habitatge d’una de cada cinc persones al món podria quedar submergit. Malgrat tot, també hi ha marge per a l’optimisme. L’article conclou amb un resum dels esdeveniments més positius en la lluita contra el canvi climàtic. Aquests inclouen la caiguda dels preus de l’energia eòlica i solar, que actualment són la font d’energia més barata en molts llocs del món; l’abaratiment de les bateries necessàries per a l’emmagatzematge aquesta energia, i el gran creixement del sector de vehicles elèctrics. 

Pilita Clark Green shoots — words of hope on the climate crisis

La lluita contra el canvi climàtic es troba en una fase crítica, marcada per fortes tensions a nivell global. Encara que el futur es plantegi negre, la temptació de caure en una espiral de derrotisme és totalment inútil. Per això, el Financial Times encara la crisis climàtica des d’una perspectiva optimista a través de la ressenya de tres llibres que presenten algunes esperances davant l’emergència climàtica. El primer llibre és The Book of Hope (Celadon Books, 2021) on s’emfatitza la necessitat vital de mantenir l’esperança enmig d’un escenari marcat per l’agitació política i social, acompanyada de la destrucció sistemàtica del medi ambient. Responent al discurs de Greta Thunberg, Jane Goodall està d’acord que la por i la ràbia són respostes adequades a la crisis climàtica, però reitera que si no tenim esperança de poder apagar el foc, ens acabarem donant per vençuts. Segons, Goodall, hi ha quatre raons essencials per creure que no tot està perdut. La primera d’elles és l’intel·lecte humà, capaç de replantejar solucions als problemes globals. En segon lloc, considera que la nova generació de joves està dotada d’innovadors mecanismes per abordar el desastre ambiental i la injustícia planetària. La tercera que la naturalesa indomable de l’esperit humà porta l’ésser a lluitar fins a l’extrem i en les condicions més desfavorables. Finalment, defensa la resiliència de la natura, recordant-nos que el món natural pot recuperar-se, si els humans ho permeten. A EarthshotHow to Save Our Planet (Hachette Collections , 2021) es recullen diversos projectes per fer front a la crisi ambiental des de l’àmbit local. Hi trobem un programa per reconstruir esculls de corall i un altre relacionat amb la reintroducció de llops a Yellowstone. Katharine Hayhoe aborda a Saving Us: A Climate Scientist’s Case for Hope and Healing in a Divided World (Atria/One Signal Publishers) la politització que pateix la qüestió del canvi climàtic, argumentant que el seu origen es troba en la por de trencar amb el status quo. Segons l’autora, l’eina principal i a l’abast de tothom per lluitar contra el canvi climàtic és precisament parlar-ne. Com conclou el Financial Timesa mesura que la consciència climàtica augmenta arreu del món, i davant la incapacitat de molts líders per abordar el problema, aquests tres llibres ofereixen una lectura esperançadora amb vistes a repensar el futur. 

Zia Weise COP26’s key task: Stamping out climate cheating

D’entre tots els debats que es duen a terme a la COP26, les negociacions tècniques solen ser les que passen més desapercebudes, però també les que tenen més rellevància. Zia Waise n’assenyala tres que tenen per objectiu evitar que els països puguin fer trampes amb els seus compromisos climàtics: els terminis, la transparència i els mercats de carboni. En primer lloc, l’Acord de París no especifica cap termini per a la implementació de la reducció d’emissions que cada país s’ha proposat. Ara, els diversos països negocien si fixar una data límit als 5 anys, 10 anys o optar per altres mesures més flexibles. Pel que fa a la transparència, les negociacions se centren en acordar mesures que permetin rastrejar el progrés dels diversos països en la reducció d’emissions. Desconfiant que la Xina no sigui prou transparent amb les dades que proporciona, els països industrialitzats aposten per normes més estrictes, mentre que els països en vies de desenvolupament demanen assistència financera a canvi d’adherir-se a aquestes normes. Finalment, l’assumpte més controvertit és el d’un mercat de carboni, que permetria als països finançar projectes a l’estranger destinats a la reducció d’emissions i comptabilitzar aquestes reduccions com a pròpies. Amb tot, les negociacions climàtiques són complicades perquè hi intervenen múltiples posicions, no només tècniques sinó també polítiques. En paraules de Tom Evans, un investigador del think tank E3G,  l’objectiu no és assegurar ambicions elevades, sinó minimitzar el risc d’ambicions massa petites. 

Ricardo Campos E agora, Glasgow?

Ricardo Campos proposa des de les pàgines del diari Público una sèrie de mesures destinades a posar les bases per a una transició energètica viable: a) la creació d’un acord global que ajudi a finançar la transició cap a les energies renovables, l’eficiència energètica i un camí definitiu cap a l’economia circular i el reciclatge i la reutilització dels recursos del planeta; b) el disseny de polítiques públiques als països més desenvolupats que accelerin la introducció de la producció descentralitzada als sistemes elèctrics nacionals; c) fer compatible la producció centralitzada amb l’emmagatzematge d’energia (per exemple, als EUA l’empresa Florida Power and Light ja està substituint les centrals elèctriques de cicle combinat de gas natural per parcs solars amb grans sistemes d’emmagatzematge d’energia elèctrica); d) apostar per l’hidrogen verd i la seva producció descentralitzada, trobant mecanismes de suport que permetin l’avenç d’aquesta tecnologia; e)  invertir en mobilitat elèctrica, en transport públic i en un nou disseny de ciutats que al segle XX estaven pensades per a cotxes i que ara cal redissenyar per a les persones; f) cuidar millor el sòl, enriquint-lo de manera natural perquè retingui més carboni, invertint també en una agricultura més ecològica i en la difusió de sistemes agrosilvopastorals; i g) apostar decididament per l’economia circular substituint l’extracció per la circularitat i el reciclatge de recursos.

El escenario geopolítico global

Stewart M. Patrick The International Order Isn’t Ready for the Climate Crisis

Stewart M. Patrick analitza l’emergència climàtica des del punt de vista de la geoestratègia global i se sorprèn que el sistema multilateral no hagi respost amb més contundència. Al seu entendre aquest fet respon a l’actitud interessada de molts països que prioritzen les polítiques internes i a curt termini, deixant en segon pla la lluita contra el canvi climàtic. És doncs necessari un canvi de paradigma en la cooperació internacional que situï la qüestió ambiental a l’epicentre i permeti plantejar compromisos seriosos amb el desenvolupament sostenible. La renovació de la política planetària passa per entendre els deures climàtics com una responsabilitat compartida que exigeix l‘acció col·lectiva de tothom. En aquest sentit, cal que els governs d’arreu del món considerin la supervivència de la biosfera com una qüestió de seguretat nacional i internacional bàsica. El sistema global financer així com les dinàmiques del comerç mundial també han d’actuar en aquesta direcció, considerant els riscos climàtics i integrant la sostenibilitat en les seves decisions d’inversió. La mateixa lògica s’aplica pels models de desenvolupament, el quals han d’encoratjar els actors que prioritzin la conservació de la natura.  I el que és més important, la política planetària no pot tenir èxit sense institucions multilaterals sòlides i una governança global forta, capaç de fomentar la cooperació internacional i fer complir els compromisos ambientals mitjançant un marc legal internacional.

Nick Mabey & Julian Havers Geopolitical rivalry may be last hope for climate success in Glasgow

La competició geopolítica està fent que grans potències com els Estats Units, la Unió Europea i la Xina hagin anunciat grans programes d’assistència financera orientats a ecologitzar les economies dels països emergents. Nick Mabey i Julian Havers sostenen en un article publicat pel think tank climàtic E3G que la rivalitat geopolítica encarnada en aquests plans podria permetre assolir l’èxit a Glasgow si s’aconsegueixi establir una connexió entre aquestes iniciatives i la pròpia cimera. Els autors apunten que la manca de finançament assequible impedeix que economies emergents com l’Índia i Indonèsia inverteixin en energies renovables, que tot i ser més rendibles que el carbó i el gas, requereixen inversions inicials molt més elevades i arriscades que no poden assumir. Aquest fet posa de manifest que ni l’acció del mercat ni del Banc Mundial estan possibilitant la transferència de capital privat cap als països emergents. Aquest bloqueig només pot resoldre’s amb un acord per reformar les institucions financeres globals que enforteixi la confiança dels inversors, introdueixi canvis significatius en els incentius i la gestió de riscos, i posi fi a la competència entre bancs nacionals i internacionals per mitjà d’una millor cooperació. Que aquests canvis en el sistema de finançament global tinguin un impacte notori en el resultat de la COP26 requerirà que les grans potències liderin i consensuïn un procés de reforma en les reunions del FMI, el Banc Mundial i el G20. 

John Kampfner Climate politics: why the old diplomacy no longer works

John Kampfner analitza per a Chatham House la situació de diplomàcia entre la Xina i els Estats Units (que conjuntament emeten el 40% de gasos d’efecte hivernacle a nivell mundial) per afrontar la crisi climàtica, en un moment on la rivalitat entre les dues potències està augmentant. Si els dos països no poden treballar conjuntament per lluitar contra el canvi climàtic, el futur de tots està condemnat. I ara per ara, la diplomàcia convencional no està essent una eina útil, malgrat que l’administració Biden hagi iniciat un acostament cap a la Xina. Tot i així, la negociació té tres punts febles. En primer lloc, un molt possible retorn de Trump, o si més no de les seves polítiques, al govern nord-americà. En segon lloc, una voluntat de separar la negociació climàtica de la resta de qüestions entre la Xina i els Estats Units, a la que Pequín s’oposa. I en tercer lloc, l’evidència que la influència americana ja no és la que era, i el consens en política climàtica fins tot entre aliats és força complicat. La Xina, per la seva banda, va anunciar a l’Assemblea General de les Nacions Unides la seva voluntat d’esdevenir neutral en emissions de carboni en 2060, fent un pas més en la inversió en energies renovables i la lluita contra la contaminació, malgrat que s’estima que les seves emissions continuaran creixent fins al 2030. Això no obstant, Xi Jinping ha sabut veure els potencials beneficis de les polítiques verdes, tant en termes econòmics com en les relacions internacionals. Caldrà veure com tots aquests factors convergeixen a Glasgow, i què passarà després de la COP26.

Sinan Ülgen How Deep is the North-South Divide on Climate Negotiations?

Sinan Ülgen argumenta a Carnegie Europe que les negociacions climàtiques estan marcades per un debat sobre la justícia climàtica. Vistes les diferències entre els països industrialitzats del Nord i els països emergents o en vies de desenvolupament del Sud pel que fa a la seves emissions, i per tant la seva contribució a l’actual crisi climàtica, el debat se centra ara en com repartir la responsabilitat de respondre-hi. En aquest context, els països del Sud global defensen unes responsabilitats compartides però diferenciades, i per tant unes mesures flexibles d’acord amb les capacitats de cada país i que comportin assistència financera i tecnològica per part dels països del Nord.

Richard Arzt COP26: pourquoi la Chine préfère faire chambre à part

Richard Artz explica a la revista Slate les raons per les quals la Xina ha decidit fer perfil baix en aquesta cimera. D’una banda, assenyala que no s’ha incentivat gaire la presència de Xi Jinping a una cimera que té lloc a Gran Bretanya, ja que Londres va criticar durament la Xina quan, el 2020, es va fer càrrec de la gestió de Hong Kong. De l’altra, el president xinès evita viatjar a l’estranger des de l’inici de la pandèmia de COVID-19 i una excepció a aquesta regla podria ser mal vista per l’opinió pública a la Xina, sobretot perquè pocs ciutadans xinesos poden sortir del país. En tercer lloc, a Pequín són plenament conscients de la mala imatge de la Xina des de l’aparició del coronavirus, reforçada per la seva negativa a autoritzar cap investigació internacional sobre els seus orígens. Finalment, el fet de no estar físicament present subratlla la voluntat dels líders xinesos de dur a terme com els convingui la seva política de lluita contra el canvi climàtic, independentment dels compromisos internacionals.

Jacob Helberg A Green Deal at COP26 Can’t Be a Green Light for China

La Xina ha condicionat la seva cooperació amb la lluita climàtica a concessions geopolítiques per part dels Estats Units. Així, insta el govern americà a que faci els primers passos, adoptant mesures diplomàtiques com ara reduir el seu suport a Taiwan o relaxar les sancions imposades per la repressió xinesa a Hong Kong. En aquest context, l’autor Jacob Helberg demana que el President Biden no accedeixi a aquestes concessions, ja que s’exposaria a un risc tan rellevant com el del canvi climàtic: perdre la guerra freda que ja està oberta entre tots dos països. Segons Helberg, la Xina s’ha enfrontat durant anys als Estats Units mitjançant una agressió econòmica i tecnològica que amenaça amb trencar l’equilibri de poders. Apunta que si el President Biden vol liderar la lluita climàtica, ha de mantenir també la seva hegemonia geopolítica. Les raons són principalment tres. Primer, assegura que els canvis en les polítiques climàtiques de la Xina s’han produït, històricament, per pressions internes, i no pas externes. Segon, vista l’experiència de la Xina amb altres tractats internacionals, no hi ha cap garantia de que aquesta compleixi amb la seva part un cop Estats Units hagi cedit a les seves demandes. Finalment, Helberg argumenta que les concessions per part del govern americà debilitarien la seva credibilitat com a gran potència. 

Natalie Sauer What can we expect from Russia at COP26?

Rússia ha estat un dels països que més silenci ha guardat en els últims anys en qüestions climàtiques (de fet va ser dels últims estats a ratificar l’Acord de Paris de 2015). Fins i tot, en algunes ocasions s’ha unit a altres petro-estats per obstruir l’acció climàtica. No obstant, aquest 2021 el govern rus ha presentat un pla d’acció per a reduir les emissions de carboni. L’objectiu de cara el 2050 és retallar un 79% les emissions respecte els nivells actuals. El programa també inclou una legislació que obliga a les empreses més grans del país a informar de les seves emissions de gasos d’efecte hivernacle. A més, s’inclou un pressupost de dos anys per a finançar l’estratègia de descarbonització. L’últim objectiu anunciat pel govern rus se centra en arribar a la neutralitat de carboni al 2060 – el mateix any que Xina i Aràbia Saudita. El canvi d’actitud i retòrica de Rússia ha sorprès a tots. Mentre que inicialment Putin desacreditava per complet el canvi climàtic, sembla que ara és conscient de les greus conseqüències que planteja. Com afirmen alguns comentaristes, la fase de negació del canvi climàtic ha estat superada. Tot i això, cal qüestionar si les intencions del govern rus proposen un canvi genuí o es limiten a ser més exemples de “greenwashing”. L’opinió dels experts és cautelosa i fins i tot desconfiada envers el suposat gir verd anunciat per Rússia. Tenint en compte que els combustibles fòssils són el gran avantatge del país, es fa difícil creure que Putin estigui disposat a renunciar voluntàriament a aquesta gran font d’ingressos. En el cas que s’incentivi un canvi en l’estratègia energètica, és ben segur que el lobby rus de la indústria dels combustibles fòssils no renunciarà al suport estatal d’un dia per l’altre. A més, sembla que el govern de Putin tampoc no té la intenció de frenar les exportacions de carbó al mercat asiàtic. Així doncs, més que una transició ecològica genuïna, alguns experts consideren que el nou compromís de Rússia és un intent per ocupar la posició de membre destacat en matèria climàtica dins de la comunitat internacional.

Anton Troianovski On a Pacific Island, Russia Tests Its Battle Plan for Climate Change

Rússia és un altre dels actors cabdals en la lluita contra el canvi climàtic i Anton Troianovski analitza a The New York Times les contradiccions de la política climàtica de Vladimir Putin mitjançant el cas de l’illa de Sakhalin. El govern rus s’ha compromès a fer de l’illa de Sakhalin la primera regió neutra pel que fa a les emissions de carboni però el que sorprèn és el pla del govern rus per aconseguir-ho, ja que no es basa en el rebuig dels combustibles fòssils, sinó en l’aposta pel gas natural com a alternativa al carbó, i en una gran extensió de boscos, que el govern confia que absorbeixi tant CO2 com se n’emeti. En definitiva, l’exemple de Sakhalin i la seva aposta pel gas natural, revela que Rússia intentarà mantenir tant com pugui l’ús de combustibles fòssils, una de les principals bases de la seva economia.

Adam Ramsey The Global North caused the climate crisis. Now is the time to pay its dues

L’any 2019, el poble del jove Blutus Mbamb va patir una dura sequera que va obligar els seus habitants a desplaçar-se més de seixanta quilòmetres. El cas de Blutus, un estudiant de gestió mediambiental, no és excepcional a Zàmbia. En aquest país, un 22% de la població es dedica a l’agricultura. Però un seguit de fenòmens associats amb el canvi climàtic, com la pujada de les temperatures, el declivi de les precipitacions, i unes sequeres i tempestes elèctriques cada cop més freqüents, ha reduït les collites, forçant el desplaçament de molts zambians. Malgrat que el conjunt de tots els països africans contribueix només un 3% a les emissions globals, Àfrica és el continent que més n’està patint les conseqüències. Com els països del Nord, els països més pobres del Sud també reclamen un pacte verd; el problema, però, és que no poden finançar-lo tot sols. Molts d’ells, com Zàmbia, arrosseguen encara les conseqüències d’un passat colonial, que va orientar les seves economies cap a l’extracció i l’exportació de recursos, i no pas cap a la conservació de la pròpia riquesa. És per això que, per als països del Sud, les negociacions més importants de la cimera de Glasgow són les del finançament de les polítiques climàtiques. Aquestes negociacions determinaran quin finançament rebran, per part dels països del Nord, per a la seva transició energètica i per a mesures destinades a l’adaptació al canvi climàtic. 

Nick Evans & Matthias Duwe Climate Governance Systems in Europe: the role of national advisory bodies

Nick Evans i Matthias Duwe analitzen en aquest estudi encarregat per l’Agència Europea del Medi Ambient els diferents consells nacionals assessors sobre canvi climàtic en els estats europeus. L’anàlisi divideix els estats europeus segons el seu marc polític respecte al clima, establint tres categories, des d’estats que compleixen només amb els mínims requisits dels acords internacionals, a països que han desenvolupat un sistema sòlid d’elaboració de polítiques. També estudien els diferents organismes consultius de polítiques climàtiques, dividint-los en quatre grups segons la seva composició i connexió amb els governs. D’aquests quatre possibles tipus, l’informe destaca els consells científics independents, formats per representants de la comunitat científica, com els més efectius en l’elaboració de polítiques sobre el clima. Els autors assenyalen tres funcions clau dels consells científics independents en el sistema de govern. En primer lloc, una funció de control i supervisió de polítiques públiques, aportant responsabilitat als processos a través d’avaluacions de projectes. En segon lloc, una funció d’assessorament, proporcionant coneixement científic i recomanacions específiques en les polítiques climàtiques. Finalment, realitzen una funció de publicitat i divulgació del discurs sobre política climàtica a la ciutadania. Tot i l’habilitat que tenen aquest tipus d’organismes per millorar les polítiques públiques i augmentar la responsabilitat dels governs nacionals davant la crisis climàtica, la seva influència es veu afectada, entre altres, per la disponibilitat de recursos o el suport estructural que se’ls dono, i la naturalesa (específica o no) dels seus mandats repercuteix en la influència que tenen sobre la formulació de polítiques públiques. En definitiva, un òrgan consultiu sobre el clima és efectiu en la mesura que el context governamental ho permet i requereix un sistema de govern sòlid pel que fa a polítiques sobre el clima per a poder desenvolupar les seves tasques. 

Rita Siza & Gabriel Souza A UE quer afirmar-se como o exemplo da acção climática, mas ainda tem problemas para resolver

La Unió Europea arriba a la 26a Conferència de les Nacions Unides sobre el Canvi Climàtic amb una carta per jugar i un problema sense resoldre. El seu paquet legislatiu «Fit for 55», per ajustar el marc normatiu europeu a l’objectiu de reduir almenys un 55% de les emissions de CO2 l’any 2030, demostra el compromís i l’ambició del bloc europeu per aconseguir la neutralitat climàtica abans que la resta del món. Però una proposta per a la nova taxonomia verda, que la Comissió encara ha de presentar, podria soscavar la seva credibilitat si acaba declarant les inversions en gas natural o energia nuclear com a sostenibles des del punt de vista ambiental. En aquest sentit la UE té un problema, perquè en virtut de l’Acord de París tots els estats membres s’han compromès a acabar amb les subvencions als combustibles fòssils. Ara bé, si s’inclou el gas natural i l’energia nuclear al catàleg, la Comissió, de fet, fomentarà les inversions en aquestes dues energies i en promourà la subvenció, vulnerant els termes que va signar l’any 2015 i que l’obliguen a fer que els fluxos financers siguin compatibles i coherents amb els compromisos climàtics. Així mateix, amb els preus de l’electricitat i del combustible en màxims històrics a tots els països de la UE, la Comissió està sotmesa a una forta pressió per part de França (que assumirà la presidència del Consell de la UE al gener), Itàlia i els països de l’Est perquè s’incorporin el gas natural i l’energia nuclear al seu catàleg d’inversions considerades com a sostenibles.

Natalie Tocci For a green Europe, go global or go home

Natalie Tocci analitza el paper de la UE davant del repte climàtic i assenyala que actualment la Unió està clarament al capdavant de la lluita contra l’emergència climàtica mitjançant el Green Deal europeu i, sobretot, el paquet Fit for 55, que és pla concret existent per assolir la neutralitat climàtica. Tot i així, la UE només podrà dur a terme amb èxit la seva estratègia de descarbonització si superar alguns grans obstacles geopolítics. Així, Una Europa descarbonitzada sense la Xina seria molt costosa i probablement inviable, ja que fins i tot si Europa fomentés a gran escala les seves capacitats industrials verdes, caldria temps perquè aquestes es tornessin competitives i omplissin la manca de subministrament procedent de la Xina. A la vegada, la bretxa transatlàntica continua sent significativa. En aquest sentit, destaca especialment el preu del carboni, així com les opinions divergents sobre les taxonomies verdes. Com que la UE ja ha començat a establir els seus estàndards, amb l’esperança de liderar el camí en la inversió climàtica, és probable que els Estats Units els adoptaran aviat. Amb tot, pel que fa a la fixació del preu del carboni, la convergència transatlàntica és encara complicada tenint en compte el futur mecanisme d’ajustament de les fronteres de la UE en matèria d’emissions de carboni, un pas extern crucial si el Sistema Europeu de Comerç d’Emissions s’ha de desenvolupa com hauria de ser.

The Economist How Asia is crucial in the battle against climate change

Des de les pàgines de The Economist se subratlla la importància que tindrà Àsia en la lluita contra el canvi climàtic, ja que les ràpides transformacions en les darreres dècades expliquen que les emissions de CO2 del continent hagin passat de representar un 25% a nivell mundial l’any 1990 al 49% el 2020. Així mateix, l’Àsia produeix i consumeix tres quarts del carbó al món i, per tant, el seu paper serà crucial en la mitigació del canvi climàtic. En aquest sentit, s’identifiquen diverses raons que han fet créixer l’interès de l’Àsia per frenar les indústries més contaminants, d’entre les quals destaca la necessitat de garantir un aire net a les zones urbanes. Altrament, la transformació verda portarà també enormes beneficis a l’economia xinesa, atès que el gegant asiàtic és el major productor de plaques solars i vehicles elèctrics. Aquest potencial podrà explotar-se encara més per la major rendibilitat que suposa construir granges solars en lloc de centrals de carbó, excloses ara del finançament occidental i xinès.

Democracia abierta COP 26: Latinoamérica llega rezagada

Javier Dávalos, director del programa sobre canvi climàtic de l’Associació Interamericana per la Defensa de l’Ambient (AIDA), analitza a Democracia Abierta la situació dels països llatinoamericans en el marc de la COP26 i considera que un punt essencial de les negociacions han de ser les actualitzacions de les contribucions determinades a nivell nacional. Dissenyades per fer un seguiment de les reduccions d’emissions nacionals de cada país, són clau per assolir els objectius climàtics, i després dels últims informes de l’IPCC, que indiquen que els esforços fets fins ara no són suficients, aquestes contribucions han de ser més ambicioses, sobretot per als països més contaminants, com la Xina, l’Índia o Mèxic. També insisteix en que els països amb més responsabilitat ja que són els majors emissors compensin els països amb menys emissions, però que són els més afectats pel canvi climàtic. Finalment, destaca que, a excepció de Costa Rica, els països de Llatinoamèrica arriben a la COP26 sense haver complert les seves contribucions, especialment els que més gasos d’efecte hivernacle emeten: Mèxic i Brasil.

Le Monde Plus de 100 millions d’Africains menacés par le réchauffement climatique d’ici à 2030

El diari Le Monde analitza la situació a l’Àfrica i assenyala que un informe de les Nacions Unides revela que més  de 100 milions de persones estan amenaçades per l’acceleració de l’escalfament global a l’Àfrica. L’ONU destaca la vulnerabilitat desproporcionada del continent i subratlla que el canvi climàtic ha contribuït a empitjorar la inseguretat alimentària, la pobresa i el desplaçament intern de poblacions. Així, al 2020, els indicadors climàtics a l’Àfrica s’han caracteritzat per un augment continu de les temperatures, una acceleració de l’augment del nivell del mar, fenòmens meteorològics i climàtics extrems com inundacions, esllavissades i sequeres, amb els impactes devastadors associats. A la vegada, Àfrica s’ha escalfat més ràpidament que la mitjana mundial mentre que les taxes d’augment del nivell del mar al llarg de les costes tropicals i atlàntiques sud i de l’oceà Índic són superiors a la taxa mitjana mundial. Amb vistes a preparar-se per a la intensificació dels fenòmens meteorològics perillosos d’alt impacte, l’Organització Mundial de Meteorologia demana a Àfrica que inverteixi en infraestructures hidrometeorològiques i sistemes d’alerta primerenca i considera que la ràpida implementació d’estratègies d’adaptació a l’Àfrica impulsarà el desenvolupament econòmic i generarà més llocs de treball per donar suport a la recuperació econòmica després de la pandèmia de la COVID-19.

El impacto social y cultural

Rebecca Willis The big idea: Is democracy up to the task of climate change?

Respecte de les repercussions socials de l’emergència climàtica, Rebecca Willis es planteja a The Guardian el grau preparació dels sistemes democràtics per gestionar el canvi climàtic, en un moment on alguns proposen obertament acostar-se a l’eco-autoritarisme, cedir protagonisme als grans inversors, o adoptar el model xinès a l’hora de prendre decisions impopulars. Willis, en canvi, argumenta que els sistemes autocràtics estan a la cua de la lluita contra l’emergència climàtica, de manera que no hi ha motius per pensar en l’autoritarisme com una alternativa més desitjable respecte de les imperfeccions de la democràcia. El que cal fer, doncs, és dotar-se d’eines i de processos que millorin la democràcia representativa a través de la deliberació per tal de resoldre la crisi climàtica mitjançant un nou contracte social que escolti més a la gent i menys als grans interessos econòmics.

Laurence Tubiana Le Green Deal est le nouveau contrat social

Laurence Tubiana afirma a Le Grand Continent que el Green Deal europeu és el nou contracte social i té el potencial per ser una autèntica revolució política atès que tant a escala continental com nacional i local, el seu relat pot canviar la identitat d’Europa. Considera que a diferència del moviment nord-americà de lluita contra el canvi climàtic, el Pacte Verd Europeu és un projecte polític arrelat al cor de les institucions, com a resposta a una demanda ciutadana, i no un projecte portat directament pels ciutadans. Això implica una fortalesa gràcies a la seva institucionalització, però a la vegada una debilitat degut a la seva dinàmica. En aquest context, en obligar-se a un objectiu de coherència de totes les polítiques implementades, Europa adopta un enfocament que va més enllà de les caselles tradicionals de la política climàtica i el Green Deal es converteix així en l’estàndard de mesura i referència. En darrer terme, el Green Deal  suposa una nova promesa: adoptar un enfocament social de la transició ecològica que no anticipi simplement anticipar els efectes negatius de les polítiques públiques, o es limiti a comprovar que funcionen correctament, sinó que dugui a terme una transició ecològica justa construïda entre tots.

Financial Times COP26: how green politics went mainstream

En diversos països, els partits verds han guanyat protagonisme durant l’última dècada. Elegits per aquells votants més conscienciats amb el canvi climàtic, els polítics defensors de la lluita ecològica tenen més veu que mai. En el cas d’Europa, les estadístiques indiquin un clar augment de la presència de partits verds en les institucions polítiques. A Europa hi ha actualment sis governs de coalició que inclouen partits defensors de la lluita climàtica: Àustria, Bèlgica, Suècia, Finlàndia, Irlanda i Luxemburg. Com afirma el Financial Times, el discurs ecològic s’està tornant mainstream. Aquesta tendència resulta de la major demanda i pressió social que reben els polítics, fins i tot els partits tradicionals, per abordar els impactes cada cop més evidents del canvi climàtic. La COP26, com a punt de trobada de diversos caps d’estat, servirà com un espai per posar en comú múltiples propostes de polítiques verdes. Mentre que al 2019 només 17 països vam comprometre’s a arribar a la neutralitat de carboni, actualment més de 130 països han fet promeses similars, entre els quals trobem la Xina i Aràbia Saudita. Però la paraula no equival a l’acció. Totes aquestes promeses encara no han tingut cap impacte en les emissions globals de carboni. És més, segons les previsions de l’ONU, en la pròxima dècada alguns governs augmentaran significativament el consum de combustibles fòssils, contribuint a l’augment de les emissions de carboni. Això no obstant, l’existència d’aquests compromisos ha incentivat en alguns països els esforços per a dur a terme accions concretes. Aquest és el cas de l’administració Biden, qui ha situat la lluita contra el canvi climàtic com a prioritat nacional i ha presentat una agenda verda molt ambiciosa. Però les grans preguntes segueixen obertes: amb quina rapidesa es reduiran les emissions i qui n’assumirà el cost? És probable que el camí cap a la neutralitat i la transició verda sigui accidentat i difícil, fins i tot en països amb coalicions ecologistes al poder. Però sense dubte, és l’únic camí a seguir. 

Pascal Lanfin Il faut faire avec la transition écologique ce qui a été fait au XXe siècle pour l’État-providence

En aquesta entrevista, Pascal Canfin, president de la Comissió de Medi Ambient, Salut Pública i Seguretat Alimentària del Parlament Europeu, presenta la seva visió de la transició ecològica i subratlla la urgència de la seva implementació concreta. Atesa la complexitat del repte que suposa la lluita contra l’emergència climàtica considera que hem de donar-nos els mitjans per negociar solucions i dibuixa un paral·lelisme amb l’Estat del benestar. Els líders polítics de la segona meitat del segle XX es van donar els mitjans per negociar aquesta nova forma d’estat. Es va passar d’un capitalisme ultraliberal, sense drets socials, a un capitalisme emmarcat per un Estat del benestar, amb una assegurança de salut, un pla de pensions… Això no es va fer de manera espontània sinó negociant amb empreses, actors socials i molts altres protagonistes. No és gaire diferent per a la transició ecològica. Es tracta de fer al segle XXI amb la transició ecològica el que ja es va fer al segle XX per l’Estat del benestar, és a dir, crear uns marcs de negociació. Al seu entendre, a partir d’ara el nucli de la qüestió ja no és negociar, sota el règim de l’ONU, sinó invertir, canviar les regles del joc, i aplicar-les concretament a la vida real. En altres paraules, no és a l’ONU que es negocien els canvis de normes de CO2 per als cotxes, les normes dels bancs centrals o les inversions en energies renovables. El camp de negociació de l’ONU és doncs molt menys important avui que fa 10 anys. Finalment, és fonamental que els països respectin el nucli del compromís de l’Acord de París, és a dir, que presentin cada 5 any un pla d’acció climàtica més ambiciós que l’anterior. Europa ho ha fet, els Estats Units també. Però no així la Xina i per tant, és fonamental que el major emissor de CO2 del món respecti aquest compromís.

Financial Times Climate change could bring near-unliveable conditions for 3bn people

Es calcula que l’any 2070 fins a un terç de la població mundial (uns 3.000 milions de persones), podria veure’s exposat a temperatures similars a les del desert del Sàhara. Aquesta previsió podria reduir-se a la meitat només en cas de ràpida acció per reduir les emissions actuals de gasos d’efecte hivernacle. Estudis asseguren que la majoria de la humanitat ha viscut durant milers d’anys en un petit interval de temperatures mitjanes anuals d’entre 11ºC i 15ºC, però l’escalfament global podria causar que en 50 anys un 19% de la superfície terrestre del planeta superi els 29ºC de temperatura mitjana anual, la qual cosa suposaria un greu problema per a la supervivència en aquestes àrees. A partir de les dades de l’IPCC sobre els possibles futurs escenaris pel que fa a la situació climàtica i l’evolució demogràfica, el Financial Times ha elaborat un seguit de mapes il·lustrant com d’habitable podria ser cada continent en les diferents situacions l’any 2070. En el cas més extrem, a Amèrica Central, uns 20 milions de persones podrien viure en zones amb temperatures mitjanes anuals superiors a 29ºC, però la situació seria molt pitjor a Amèrica del Sud, on les àrees de la selva Amazònica de Brasil, juntament amb països veïns com Perú, Colòmbia o Veneçuela esdevindrien inhabitables, afectant uns 59 milions de persones. Europa podria ser l’únic continent en evitar temperatures mitjanes superiors a 29ºC tot i patir un escalfament de fins a 5ºC, però Àfrica, un continent que d’acord amb les projeccions hauria de doblar la seva població actual l’any 2070, podria ser l’epicentre d’una crisi migratòria sense precedents. En els escenaris més pessimistes, el 81% de la població de Nigèria (que es podria convertir en el tercer país més poblat del món, amb uns 477 milions d’habitants) patiria els efectes de temperatures extremes. Una situació similar ocorreria a Àsia, on l’Índia, un país que podria arribar als 1.600 milions d’habitants, seria el més afectat. Finalment, Oceania també podria viure situacions de calor extrema a Papua Nova Guinea i al nord d’Austràlia.

Ed Pikington Climate crisis likely to fuel conflicts over water and migration

Tres informes de les agències de seguretat dels Estats Units, encarregats per l’administració Biden, adverteixen de l’impacte que el canvi climàtic podria tenir en els conflictes geopolítics i en la seguretat global. La combinació de l’augment de temperatures, l’increment del nivell del mar i els desastres naturals podria propiciar conflictes per a l’accés a l’aigua, l’alimentació i l’energia. Això comportaria la migració de desenes de milers de persones d’aquí a 20 a 30 anys, segons estimen els informes, i els pitjors efectes es concentrarien als països en vies de desenvolupament. De fet, d’entre els onze països identificats com a més vulnerables, quatre són propers als Estats Units: Nicaragua, Haití, Hondures i Guatemala. És per això que els informes adverteixen que les migracions forçades provocades pel canvi climàtic podrien desestabilitzar Estats Units i els seus aliats, mentre que Rússia i la Xina podrien aprofitar l’oportunitat per donar suport als països afectats i consolidar així la seva influència. De moment, entre 2008 i 2016, uns 21 milions de persones ja van ser desplaçades per culpa de desastres naturals associats amb el canvi climàtic. 

Louis Westerdarp Women do more to tackle climate change than men: survey

A la revista Politico, Louis Westerdap destaca el paper de les dones en la lluita contra el canvi climàtic. Segons un informe publicat pel Women’s Forum, les dones han fet més canvis en els seus hàbits personals per mitigar el canvi climàtic que els homes, reduint les emissions de diòxid de carboni mitjançant el reciclatge, la compra local i la reducció del consum d’aigua i carn. Les motivacions principals són, entre d’altres, millorar l’estat del planeta, pensar en el bé de les generacions futures, i evitar els impactes devastadors del canvi climàtic. Women’s Forum també apunta una contradicció: mentre que les dones semblen tenir una major predisposició a adaptar el seu estil de vida a la lluita contra el canvi climàtic, la gran majoria dels ministeris que s’ocupen de les qüestions climàtiques – energia, transport i medi ambient – estan dirigits per homes, tant a Alemanya (79%), com a França (71%), Itàlia (78%) i al Regne Unit (61%).

Jeremy Cliffe The biggest barrier to radical climate action is the global epidemic of mistrust

Jeremy Cliffe reflexiona a The New Statesman sobre el paper central de la confiança en l’aposta per una acció climàtica contundent a nivell global. Així, la desconfiança en l’autoritat als estats post-comunistes d’Europa oriental explica les baixes taxes de vacunació contra la COVID-19 a l’est del vell continent. Aquesta observació revela l’impediment que la manca de confiança implica no només per abordar la pandèmia, sinó també la crisi climàtica. La confiança és necessària perquè mecanismes com les lleis i les institucions de les societats modernes funcionin i siguin útils per solucionar els problemes de coordinació entre un gran nombre d’actors. En canvi, els baixos nivells de confiança combinats amb una polarització política poden tenir efectes devastadors per les societats i, malauradament, les investigacions confirmen una preocupant acceleració del declivi del capital social a Occident. La confiança va caure a 25 països de l’OCDE entre el 2007 i el 2016, i això té grans repercussions a l’hora d’abordar la crisi climàtica com un problema de coordinació global. Reunir els recursos necessaris per salvar el planeta i dur a terme la consegüent transformació industrial i social requereix nivells de confiança sense precedents. Els governs han de confiar en els seus homòlegs, i els ciutadans han de fer-ho en les autoritats i entre ells mateixos per canviar els estils de vida de manera col·lectiva. Si la COP26 fracassa, serà degut a un món amb institucions multilaterals fragmentades i mancades d’una confiança que triga anys en recuperar-se. Però en qualsevol cas, la urgència d’abordar la crisi climàtica ha de ser l’oportunitat perquè la humanitat superi aquest problema de coordinació fonamental per a la seva existència. 

Malte Heynen Im Interesse der Lobbyisten

Sovint s’argumenta que, per molt que ho vulguin els polítics, protegir el clima és impossible perquè la ciutadania no acceptaria mai les dures mesures que això implica. Malte Heynen ho desmenteix i afirma que no només la població vol mesures més proactives contra la crisi climàtica, sinó que en molts casos els governs actuen fent cas als lobbys, i no als ciutadans. A les darreres eleccions alemanyes, la preocupació pel clima va ser la qüestió que més importava als votants, forçant que el principal favorit, Olaf Scholz, comencés a mencionar més el clima per por a perdre votants. És un fenomen sorprenent, opina Heynen, considerant que els mitjans de comunicació no es fan prou ressò de la gravetat de la crisi. I és que la informació marca la diferència. Recentment, 160 ciutadans van ser escollits a l’atzar pel Consell Ciutadà sobre el Clima. Després de consultar la informació sobre la qüestió, una gran majoria va considerar que les mesures del govern eren del tot insuficients. Malgrat tot, l’acció individual és escassa. Heynen argumenta que això es deu, en primer lloc, al fet que el sistema econòmic actual ens força a actuar de manera perjudicial pel medi ambient. En segon lloc, sovint només actuem en benefici de la comunitat quan tothom ho fa, creant així la necessitat d’una norma que dicti la conducta adequada. El govern federal, però, ha actuat fins ara seguint els interessos dels lobbys. Aquesta actitud no és nova, i és present en múltiples sectors i aspectes de la política. No és per tant la indiferència de la ciutadania qui dicta unes polítiques climàtiques poc ambicioses, sinó l’interès i les donacions d’uns pocs rics que, mentre destrueixen el clima a escala global, lluiten per evitar-ne la protecció. 

La dimensión económica y las fuentes de energía

Politico Climate and energy: How to escape a double crisis?

En aquesta entrevista, Jean-Bernard Lévy, director executiu d’EDF, una de les companyies elèctriques més grans del món, assenyala que la crisis energètica que pateix Europa posa de manifest l’excessiva dependència del continent respecte de les importacions d’energia fòssil. Davant d’aquesta vulnerabilitat, considera que cal accelerar de forma urgent el desenvolupament de fonts d’energia renovables i neutres en carboni. EDF és el principal productor d’electricitat renovable a Europa i el major generador d’energia nuclear al món. Segons Lévy, la seva  raó de ser és construir un futur neutre en carboni. Per aconseguir-ho un pas imprescindible és l’electrificació de l’energia, des de cotxes fins a bombes de calor. A més, les propostes basades en energia elèctrica, a part de reduir la contaminació de l’aire, són intrínsecament més eficients. Tanmateix, el procés d’electrificació no va prou ràpid. A dia d’avui, l’electricitat cobreix el 22% del consum d’energia de la UE, però si es vol aconseguir la neutralitat en carboni aquesta xifra ha d’arribar almenys al 50%-60% al 2050. Lévy admet que l’electrificació de l’energia ha de resoldre dues qüestions essencials: d’una banda, és imprescindible que el projectes d’energia neutre en carboni comptin amb suficient inversió a llarg termini per tal d’impulsar el sector i permetre millorar la seva infraestructura. D’altra banda, les polítiques dels estats han de donar suport a les iniciatives verdes ja sigui a través d’incentius monetaris, reduint costos o modificant les polítiques fiscals energètiques – paradoxalment, el sistema actual grava amb tarifes més altes l’electricitat baixa en carboni que l’energia derivada de combustibles fòssils. Per altra part, l’energia nuclear jugarà un paper important en l’assoliment dels objectius climàtics de la UE. Lévy considera que Europa necessita l’energia nuclear per a donar suport a la transició verda, tenint en compte que les energies renovables encara es troben en fase de desenvolupament. Al seu entendre, al llarg de més de cinquanta anys, la indústria nuclear europea ha demostrat que és fiable i que les instal·lacions nuclears són segures tant per a l’home com pel medi ambient. Així doncs, l’objectiu d’EDF és garantir que l’energia nuclear, com a font d’energia neutra en carboni, segueixi complint el seu paper fonamental en la lluita contra el canvi climàtic. En conclusió, la neutralitat climàtica és la brúixola que ha de guiar totes les decisions tant polítiques, econòmiques com industrials a Europa i arreu del món. Segons Lévy, és possible que la UE surti més forta de l’actual crisi energètica i millor posicionada en la lluita contra el canvi climàtic si opta per un canvi de ruta en la producció d’energia. 

Mordecai Ogada Der Groβe Gleichmacher

L’emergència climàtica han esdevingut una qüestió central en les nostres vides, ara que comença a afectar al Nord global. Segons Mordecai Ogada, cal deconstruir el “nosaltres” responsable de la crisi climàtica. La població del Sud global ha viscut sempre condicions climàtiques extremes, i ha desenvolupat mecanismes de resiliència, reservant els recursos clau (com pastures) per a èpoques de crisi. Les consideracions sobre els recursos no només eren materials, sinó també espirituals i socials, entenent la natura com un continu, que inclou les persones. El Nord global, però, ha considerat sempre les persones externes a la natura, i l’han utilitzat com a recurs pel consum i l’explotació. Amb la Revolució Industrial i l’aparició del capitalisme, la capacitat de consum i la destrucció de la natura per a benefici propi van créixer per sobre de les necessitats individuals, creant unes dinàmiques de colonialisme, guerra i degradació ambiental que han causat la crisis climàtica actual. El terme “canvi climàtic”, que amb vaguetat descriu el que està passant, permet parlar molt, i concretar poc. Un dels aspectes més absurds d’aquest concepte, diu Ogada, és la monetització del medi ambient amb conceptes com la compensació de carboni, o la fal·làcia d’emmagatzematge de CO2, perpetuant la idea que el capitalisme pot ajudar a mitigar el dany que el mateix sistema ha produït. Aquestes no són mesures reals, i al final són els consumidors, i no els contaminants, qui en paguen el preu. És el resultat de l’economia del greenwashing, que ha basat el seu discurs en articles de “ciència climàtica”, moltes vegades encarregats per les empreses més contaminants. Les condicions climàtiques extremes i les seves conseqüències ens recorden que les fronteres, le cimeres internacionals o els plans de finançament no valen res sense la reducció de l’emissió de gasos d’efecte hivernacle. Hem d’actuar conjuntament, davant d’un repte que ignora qualsevol distinció de riquesa, ètnia o religió. 

Jean Pisani Le climat contre le capitalisme?

Jean Pisani analitza per al think tank TerraNova la dimensió econòmica de l’emergència climàtica i assenyala que tot i que segons una enquesta recent duta a terme per les Nacions Unides, dues terceres parts de la gent consideren que el canvi climàtic constitueix una amenaça, la majoria dels ciutadans desconeix com afectarà els seus ingressos, els seus llocs de treball i les seves condicions de vida. Pisani considera que encara que la tecnologia vingui al rescat de la societat de consum, els estils de vida hauran de canviar. Moltes cases periurbanes que consumeixen molta energia no superaran la prova de neutralitat de carboni i correran el risc de convertir-se en actius desfasats. A més, encara que les tecnologies verdes siguin menys cares que les tecnologies tradicionals, els costos de transició seran substancials. Una part important del capital existent (edificis, maquinària, vehicles) haurà de ser substituïda abans d’arribar al final de la seva vida econòmica. En qualsevol cas, seran necessàries majors inversions per mantenir el mateix nivell de producció. En definitiva, els líders polítics han de ser honestos i no poden ometre el fet que es destruiran llocs de treball i que la prosperitat disminuirà. La millor manera de convèncer la gent perquè s’uneixi als esforços de descarbonització no és minimitzant-ne els reptes sinó identificar-los amb precisió i explicar com s’afrontaran.

Laurie Macfarlane Tackling climate breakdown and delivering economic justice must go hand in hand

Segons Laurie Macfarlane, els esforços per combatre la crisi climàtica seran en va si no n’afronten la causa: un sistema econòmic injust que està matant el planeta. Així doncs, l’èxit de la COP26 dependrà no només dels objectius marcats, sinó també de la manera com aquests s’assoliran. Qui, i de quina manera, ha d’emprendre les accions necessàries? Malgrat que sovint s’acusa a la Xina de ser el principal país emissor, si es tenen en compte les contribucions històriques i relatives a la població, els països del Nord han contribuït de manera desproporcionada a la crisi actual. A més, en el context d’un capitalisme global, comptar les emissions des d’una perspectiva nacional és injust. D’una banda, els països del Nord han deslocalitzat la seva producció i, per tant, les seves emissions. De l’altra, hi ha altres actors que són grans contaminants, més enllà dels països, com les empreses multinacionals. Per consegüent, Macfarlane afirma que la crisi climàtica és el producte d’una desigualtat global, i calen transformacions sistèmiques per resoldre-la. Per tal que els governs implementin els seus plans de descarbonització de l’economia s’ha de transformar radicalment el model de producció, distribució i consum; i assumir que no tots els negocis tindran cabuda en aquest procés. A més, vista la seva contribució històrica, els països del Nord haurien de pagar una reparació climàtica als països del Sud.

India Bourke Climate concern doesn’t divide by income: politicians should stop portraying it as a “class war”

Des de les pàgines de The New Statesman India Bourke reivindica que l’amenaça climàtica deixi de ser presentada com una guerra de classes que enfronta treballadors de classe baixa amb activistes climàtics de classes mitjanes i privilegiades. Argumenta que si bé és cert que la majoria dels activistes de moviments com ara Extinction Rebellion pertanyen a la classe mitjana, això no implica que la qüestió climàtica sigui indiferent per aquells que no participen a les protestes. De fet, les dades mostren que la preocupació pel canvi climàtic està igualment repartida entre treballadors i classe mitjana, i en aquest sentit, al voltant del 70% dels ciutadans amb baixos ingressos arreu del món considera la qüestió climàtica una amenaça important. No obstant això, Bourke apunta que malgrat compartir preocupacions, la responsabilitat de frenar l’escalfament global no pot ser la mateixa per a les diferents capes socials en tant que l’1% més ric del planeta genera el doble de les emissions que el 50% més pobre. A més, això no afecta només al sud global, atès que el canvi climàtic també agreujarà les desigualtats al si dels països desenvolupats, i els ciutadans amb menys recursos tindran més dificultats a l’hora d’adaptar-s’hi.

Dan Clark et al. COP26: How every country’s emissions and climate pledges compare

Amb motiu de la celebració de la COP26, el Financial Times ha creat una eina de control que recull les emissions històriques de CO2 de 193 països i els objectius climàtics futurs, així com informació sobre el seu progrés en la utilització d’energies renovables, a partir de les dades recollides per Climate Watch i l’Agència Internacional de l’Energia. L’objectiu de l’acord de París de 2015 era de limitar l’escalfament global molt per sota dels 2º C, i idealment, a no més d’1,5ºC. Ara mateix, els científics estimen que l’escalfament global ja és d’1,1 ºC. La Xina, el principal emissor de gasos d’efecte d’hivernacle encara ha de presentar formalment els seus objectius actualitzats, mentre que els Estats Units, el segon emissor però el principal a nivell històric, ha incrementat l’ambició dels seus plans de descarbonització sota la presidència de Joe Biden. S’ha establert un objectiu per al 2030 de reduir les emissions netes de gasos d’efecte hivernacle en un 50-52% per sota dels nivells de 2005. Amb tot, els Estats Units continuaran sent el país amb més emissions per càpita. A l’hora d’establir aquesta eina de control, l’elecció dels diferents anys de referència ha estat una altra de les dificultats a l’hora d’establir objectius, cosa que dificulta les comparacions directes entre països. Els anys de referència sovint coincideixen amb els pics històrics d’emissions nacionals. D’altra banda, els països en desenvolupament també utilitzen una mesura menys estricta per determinat la intensitat de les emissions de carboni per tal dissenyar objectius que permetin fomentar el seu creixement. La conclusió a nivell general és que si al 2015, l’any de l’acord de París, les emissions generades van ser de prop de 47.000 milions de tones mètriques de gasos d’efecte hivernacle, l’any 2020, aquest nivell era d’uns 52.000 milions de tones mètriques.

Jeff Tollefson Top climate scientists are sceptical that nations will rein in global warming

Com anuncia el mateix títol de l’article, la comunitat científica es mostra escèptica davant de la capacitat  dels estats per a frenar l’escalfament global. Per a molts científics especialitzats en el canvi climàtic, el futur no és esperançador. Paola Arias, una destacada científica climàtica de Colòmbia, no confia en que els líders internacionals arribin a frenar l’escalfament global a temps, ni que els governs siguin capaços de gestionar-ne les conseqüències, com ara les migracions massives o l’augment de la desigualtat i el malestar social. L’últim informe de l’IPCC conclou que les emissions de combustibles fòssils estan impulsant canvis planetaris sense precedents, amenaçant greument els ecosistemes i en conseqüència, a tota la humanitat. Recentment, la revista Nature va enquestar els científics integrants de l’IPCC. El resultats més significatius són els següents: sis de cada deu enquestats espera que el món s’escalfi un mínim de 3ºC a finals de segle, superant de lluny el llindar establert en els Acords de Paris. A més, el 88% dels científics interrogats espera veure canvis catastròfics i irreversibles al llarg de la seva vida. El pessimisme expressat per la comunitat científica de l’IPCC contrasta amb les esperances i expectatives optimistes de la cimera de Glasgow. Amb vistes a la COP26, diversos estats com els Estats Units, la Unió Europea, i la Xina han anunciat nous projectes per a frenar les emissions de gasos d’efecte hivernacle. No obstant això, les anàlisis científiques suggereixen que les  iniciatives presentades a Glasgow estan encara molt per sota dels objectius de París.

Daisy Dunne What needs to be achieved at Cop26, according to climate scientists

En aquest article, els científics més importants que participen a la COP26 expliquen què cal fer per resoldre la crisi climàtica. L’objectiu principal, diuen, és mantenir l’escalfament global a 1,5 graus, i no a 2 graus, per tal d’evitar sequeres extremes, l’increment extrem del nivell del mar o la desaparició total dels esculls de corall. Per a complir-lo, calen cinc tipus de mesures, la més important de les quals és reduir les emissions de gasos amb efecte hivernacle. Primer, tot i que els científics assenyalen que cal reduir-les un 55% l’any 2030 si es vol acomplir l’objectiu d’1,5 graus, un informe recent de les Nacions Unides ha estimat que els compromisos actuals només les reduirien d’un 7,5%. Segon, cal acceptar que la crisi climàtica ja està afectant vides humanes i, per tant, cal prendre mesures destinades a l’adaptació de les comunitats als impactes negatius de la crisi. Tercer, cal prendre mesures de justícia climàtica. Això implica complir amb les promeses que l’any 2009 van fer els països més rics als més pobres de proporcionar-los un finançament de 100 mil milions de dòlars anuals. Quart, cal acabar amb la desforestació i protegir els espais naturals, ja que la seva capacitat d’absorció del diòxid de carboni és fonamental per a la reducció d’emissions. Finalment, cal acabar de definir el reglament de l’acord de París, les normes del qual regulen els plans climàtics dels governs. Aquestes són negociacions més tècniques, que generen menys interès públic però que són les més rellevants. 

Kelly Sims Gallagher The Net Zero Trap

Si bé és cert que 132 països ja han fixat objectius per assolir la neutralitat climàtica en un futur, només 12 els han traduït en legislació per poder-los materialitzar. Kelly Sims Gallagher insisteix a Foreign Affairs en la necessitat de prendre mesures per reduir emissions a curt termini. La tendència dels últims anys no fa pensar que les emissions puguin assolir el seu màxim l’any 2025 per tot seguit caure fins al zero net cap a mitjans de segle. Això es deu al fet que no s’estan definint objectius i polítiques climàtiques que comprometin els líders actuals a implementar-les durant el seu mandat. De fet, segons l’Acord de París, cada cinc anys els països han de presentar objectius més ambiciosos per assolir la neutralitat climàtica, però molts només han introduït canvis insignificants. Malgrat que països com el Regne Unit i Alemanya han fet grans progressos a través de polítiques a curt i mitjà termini, els dos principals emissors, la Xina i els Estats Units, encara no han implementat lleis contundents per reduir dràsticament les emissions. Per la seva part, països que ja disposen d’una llei climàtica com Brasil i Canadà estan fracassant com a conseqüència de l’actitud dels seus líders o la manca de concreció de la pròpia legislació. És palès que els països avançats han d’apuntalar les seves polítiques domèstiques abans d’ajudar altres nacions, però també és fonamental que prenguin mesures per fer més assequible el finançament privat i d’institucions internacionals, imprescindible per ecologitzar les economies dels  països menys desenvolupats. El Grup Intergovernamental sobre el Canvi Climàtic de l’ONU (IPCC) sosté que serà inassolible limitar l’escalfament a 1,5°C o fins i tot 2°C si no es produeixen reduccions immediates i a gran escala de les emissions. Així, Sims Gallagher defineix  tres tasques urgents per a la cimera de Glasgow: establir legislacions més estrictes per assolir un màxim d’emissions globals el 2025, millorar el sistema del finançament climàtic, i establir objectius de neutralitat climàtica per a mitjans de segle.

Christian Jakob Profiteure des Klimawandel

Encara es desconeix la xifra exacta però es calcula que en les properes dècades, centenars de milions de persones podrien haver d’abandonar les seves llars degut a l’escalfament global, i ja és evident que els països que més emeten són els que més es preparen per evitar futures migracions. Christian Jakob es fa ressò que un estudi del Transnational Institute (TNI) revela que set dels majors emissors de gasos d’efecte hivernacle a nivell mundial gasten una mitjana de 2,3 vegades més en protegir les seves fronteres que en protecció climàtica. Des de 1850, Canadà, Austràlia, els Estats Units, Regne Unit, Japó, Alemanya i França han emès conjuntament el 48% dels gasos d’efecte hivernacle a nivell mundial. I tot i així, en els últims anys han augmentat la despesa en seguretat a les fronteres, mentre trencaven els acords per protegir el clima. En l’extrem oposat, Somàlia, per exemple, és responsable del 0,0003% de les emissions des de 1850, però més d’un milió dels seus habitants (un 6% del total de la població) han estat desplaçats per desastres relacionats amb la crisis climàtica. La militarització de les fronteres és part d’una estratègia nacional per la seguretat climàtica, que considera els refugiats climàtics com a amenaces, i no víctimes d’una injustícia. La indústria militar i de seguretat, per tant, s’estan beneficiant de la crisi climàtica. Jakob denuncia que la indústria ja obté uns beneficis de 65.000 milions de dòlars anuals, i es preveu que augmentin en la propera dècada, si les empreses de protecció fronterera i els seus lobbys aconsegueixen continuar militaritzant les respostes dels estats davant dels impactes del canvi climàtic, en lloc de combatre’n les causes, creant un entorn cada cop més hostil per als migrants i refugiats.

Los efectos sobre la tecnología, la ciencia y la salud

Paul Coffey Digital tech will play a key climate crisis role

Paul Coffey destaca a The Scotsman que la tecnologia digital forma part de la solució a un dels reptes més grans de la humanitat com és el canvi climàtic. Les noves tecnologies poden contribuir a la descarbonització de les economies, però per aconseguir-ho cal més acció i iniciativa tant del sector públic com del privat. Les tecnologies 5G tenen el potencial per ajudar en l’optimització del consum d’energia i recursos, i en conseqüència reduir les emissions a tot el món. Però les tecnologies digitals no només contribueixen a l’eficiència energètica, sinó que també presenten noves oportunitats per accelerar la transició cap a l’energia verda. De fet, un informe recent de Vodafone demostra que les tecnologies digitals tenen la capacitat de reduir fins a 17,4 milions de tones les emissions en el transport, l’agricultura i els processos de fabricació. En darrer terme, Coffey espera que la cimera de la COP26 reconegui els importants beneficis ambientals que ofereixen les tecnologies digitals.

Robert Muggah & Carlo Ratti How the Data Revolution Will Help the World Fight Climate Change

Els autors analitzen a Foreign Policy com la revolució del Big Data permetrà combatre el canvi climàtic, situant les ciutats com a protagonistes majors del procés, ja que es troben a primera línia d’aquesta crisi, com a responsables, com a víctimes i, ara també, com a part de la solució. Tot just s’està començant a entendre el potencial de la gran quantitat i varietat de dades que es poden recollir a les ciutats. Un dels usos és la monitorització de problemes i de la implementació de solucions. Per exemple, una anàlisi de dades, obtingudes a través de sensors, permetria saber en temps real quins mitjans de transports són els més contaminants de manera que els ajuntaments podrien adoptar mesures per potenciar-los. A més, aquestes dades es podrien compartir amb la ciutadania, per tal de fomentar la seva conscienciació i empoderament. En definitiva, tot i que l’ús del Big Data té limitacions, sobretot ètiques, pel que fa a la privacitat, l’ús i la interpretació de les dades, la revolució de dades és una de les eines més potents de les quals disposem per combatre el canvi climàtic.

Ottoline Leyser Innovation is a key part of tackling the climate crisis

La pandèmia de COVID-19 ha provocat un canvi en la relació entre la ciència i la societat que segons Ottoline Leyser es pot aprofitar per abordar de manera efectiva la crisi climàtica, construint un futur més sostenible i equitatiu. Durant els darrers 18 mesos, tot i no disposar d’una solució definitiva per al nou virus, tothom ha pogut observar com equips de recerca i innovació es mobilitzaven per produir una ràpida resposta. La societat ha observat com es recollien dades i es dissenyaven estudis per saber com es propagava el virus, com es poden combatre els seus efectes, què es pot fer per prevenir confinaments, etc. Tothom es va veure directament afectat; i tothom podia ajudar a combatre la pandèmia. La solució trobada, la producció i administració de vacunes, ha suposat un esforç de col·laboració massiu, de tothom per a tothom. Ara, enmig de la recuperació, ens trobem davanrt l’abisme d’una altra crisi global. Els líders mundials s’estan reunint a Glasgow per encarar una crisi climàtica que, com la pandèmia, afecta a tothom, suposarà un augment de les desigualtats en la nostra societat, i pot resultar mortal. I, com en el cas de la pandèmia, tothom haurà de col·laborar per fer-hi front. Caldrà fer quelcom més que escoltar les advertències dels científics, que podran proporcionar evidències i possibles solucions, però serem nosaltres qui les haurem d’adoptar, canviant profundament la nostra manera de viure i treballar. Aquest ha de tornar a ser un esforç global, de tots i per a tots. Podem aprendre de la pandèmia, i col·laborar per abordar la crisi climàtica de la manera més efectiva, construint una economia més verda i inclusiva, de la que tothom se’n pugui beneficiar. 

The Economist How environmental damage can lead to new diseases

La desforestació i l’agricultura intensiva no només amenacen els ecosistemes i contribueixen a la pèrdua de biodiversitat, sinó que també posen en perill la salut humana. The Economist examina com les pràctiques ambientals destructives poden contribuir a l’emergència i propagació de malalties com la Sida, l’Ebola i la COVID. Són diversos els estudis realitzats que assenyalen com la desforestació augmenta el contacte entre animals i humans, facilitant així la transmissió de patògens. A més, la substitució de boscos per monocultius redueix les poblacions de depredadors en destruir els seus hàbitats i, per consegüent, propicia la proliferació de rosegadors, mosquits, ratpenats i alguns primats portadors de patògens. Aquests espècies tendeixen establir-se en indrets on l’exposició als humans i al bestiar es més gran, de la mateixa manera que també és freqüent l’apropament als assentaments humans de la vida salvatge a la cerca d’aliment. Si bé és cert que cal més treball per entendre la connexió entre els canvis en l’ús de la terra i la contracció de malalties, l’aparició del virus de la COVID-19 ha demostrat la importància de preservar la biodiversitat del planeta. 

... Y también recomendamos

Fiona Hill The Kremlin’s Strange Victory

Michael Beckley & Hal Brands What Will Drive China to War?

Josep Vicent Boira El corredor mediterrani trenca el pensament radial d’Espanya

Richard Younge It’s not all about populism: grassroots democracy is thriving across Europe

The Economist How the world learns to live with covid-19

Mark Leonard Welcome to the age of unpeace

Marianna Mazzucato A new global economic consensus

Adam Tooze The wild ride to come

Ian Bremmer The Technopolar Moment. How Digital Powers Will Reshape the Global Order

Graham Webster & Justin Sherman The Fall and Rise of Techno-Globalism

back to top