I D E E S

Diari de les idees 56 – Ucrania: lo imposible se ha hecho posible
03 marzo 2022

Ideas de actualidad

Hace una semana el presidente ruso Vladimir Putin ordenaba la invasión de Ucrania, desatando una crisis sin precedentes en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la actualidad cambiante propia de un escenario bélico con resultados todavía inciertos, os presentamos un número especial del Diari de les idees con el objetivo de proceder a un análisis con una cierta perspectiva más alejada del fragor de la batalla para tratar de entender y explicar las motivaciones y las repercusiones del conflicto.

La revista Slate publica un balance de la primera semana de guerra y destaca que esta vez, la inteligencia norteamericana ha leído perfectamente el juego de Putin. Convencidos durante varios meses de que la invasión era inevitable, utilizaron la información para presionar Putin y eliminar el factor sorpresa. Gracias a las capacidades de vigilancia electrónica de la NSA, se han seguido los movimientos de tropas y transporte de material. Después, se expusieron los planes de operaciones de banderas falsas, socavando los esfuerzos de propaganda del Kremlin. Un segundo elemento que destaca el artículo es que Putin ha llevado a cabo su campaña de reconquista desviando la atención, por sorpresa, actuando donde menos se esperaba, pero ahora tiene que acabar la guerra que ha iniciado. Las sanciones, cuyos efectos tardarán meses en tener un impacto importante, no lo harán cambiar de opinión. Como mínimo, querrá tomar Khàrkiv y Kiev, deshacerse del gobierno ucraniano y construir un corredor terrestre desde Crimea hasta el Donbass. El siguiente paso podría ser conseguir que Occidente acepte la idea de una Ucrania “al estilo bielorruso” gobernada por un gobierno-títere, o bien, si las cosas le van mal, podría proponer la partición de Ucrania a lo largo del Dnièper, con un gobierno desmilitarizado en el Oeste. O quizás intente controlar Moldavia desde Transnístria mientras busca transformar Serbia en un estado satélite. El artículo también señala el fracaso de la doctrina Merkel. Dieciséis años de estrategia de apaciguamiento del presidente ruso por medio del reforzamiento de los vínculos económicos entre ambos países y centenares de miles de millones de inversiones en la Federación Rusa acaban de saltar por los aires. En cuatro días, el nuevo canciller Olaf Scholz, empujado por los acontecimientos, acaba de romper tres tabúes: ha cancelado el gasoducto Nord Stream 2, ha aceptado entregar armas defensivas a los ucranianos y acaba de decretar una revisión total del presupuesto militar hasta llegar a los 100.000 millones de euros. El artículo concluye apuntando que ahora Occidente puede escoger entre dos estrategias. Una estrategia de apaciguamiento: financiación de la llamada prosperidad económica a través de los “dividendos de la paz”, aceptando la caída duradera del gasto militar, negociando con Putin, obteniendo garantías de no agresión, limitando las tropas de la OTAN estacionadas en los países del Este para seguir alimentando las poblaciones europeas con la ilusión de que la guerra es cosa del pasado. El informe argumenta que esta estrategia llevaría con certeza a una guerra, en un periodo de entre uno y diez años. La segunda estrategia tendría como objetivo corregir veinte años de catastróficas políticas de defensa de los gobiernos europeos: el jefe del estado mayor alemán admitió recientemente que su ejército estaba “desnudo”, las cifras del ejército británico se encuentran al nivel más bajo desde hace 200 años; con respecto al francés, entre un tercio y la mitad de los tanques, aviones, helicópteros, etc. no serían operativos en caso de conflicto de alta intensidad. El informe concluye que es urgente actuar para evitar un escenario ya demasiado conocido, ya que sólo este planteamiento ofrecerá los mecanismos de negociación necesarios para evitar otras guerras en Europa.

En este contexto, Paul Poast, profesor de política internacional en la Universidad de Chicago, apunta en The Atlantic diferentes posibles escenarios de futuro: 1) una retirada de Rusia; 2) un cambio de régimen en Kiev; 3) la ocupación completa de Ucrania; 4) el inicio de un nuevo imperio ruso; y 5) un conflicto generalizado. El escenario 1 contempla que la guerra se convierte en un callejón sin salida para Rusia, con protestas en todo el país; la bolsa rusa y el rublo se hunden, y eso sólo podría ser el principio. Esta situación podría suponer que Putin decidiera hacer marcha atrás y ordenara a sus tropas salir de Ucrania. El escenario 2 supondría un cambio de régimen con la eliminación del gobierno actual sustituyéndolo por un gobierno amigo de Rusia, convirtiendo Ucrania en lo que es actualmente Bielorrusia, un estado vasallo. El escenario 3 comportaría la desaparición del Estado ucraniano, más allá del cambio de régimen propiciado por el escenario anterior. En este caso, el objetivo de Rusia no sería sólo instaurar un nuevo gobierno, sino apoderarse de todo el país y hacer que Ucrania forme parte de Rusia. El escenario 4 respondería al deseo de recrear la Unión Soviética bajo una nueva forma. Se puede deducir de los últimos discursos de Putin que eso no acabaría con Ucrania y que el conflicto se podría extender en antiguas repúblicas soviéticas como Moldavia, Bielorrusia y Georgia, país que Rusia ya invadió en el 2008. Finalmente, el escenario 5 sería una extensión del anterior a antiguas repúblicas soviéticas – Estonia, Letonia y Lituania- que ahora están integradas a la OTAN. Si eso pasara, se activaría automáticamente el artículo 5, la cláusula de defensa mutua que establece que un ataque a un estado miembro supone un ataque contra el conjunto de la Alianza y los otros países de la OTAN acudirían en defensa del o de los países agredidos, lo cual supondría de facto una guerra entre los Estados Unidos y Rusia.

Precisamente, una de las principales consecuencias inmediatas de la invasión de Ucrania es sin duda el resurgimiento de la OTAN como actor destacado en la escena internacional, después de sucesivas crisis que ponían en duda su utilidad en un nuevo orden internacional multipolar. Ahora, la guerra contra Ucrania consagra la amenaza rusa contra la cual la Alianza se creó el año 1949. Así, Le Monde Diplomatique expresa en su editorial que, paradójicamente, la decisión tomada por el presidente ruso de atacar Ucrania comportará un fortalecimiento de la alianza militar occidental en las mismas puertas de su país. De la misma manera que la invasión ilegal del Irak por parte de los Estados Unidos en el 2003, también con un telón de fondo de propaganda falsa retransmitida por los medios de comunicación, la de Ucrania por parte de Rusia abre un nuevo capítulo especialmente peligroso en las relaciones internacionales. Tendrá efectos negativos en la vida política y en la economía mundial. Por otra parte, las emergencias ecológica y social también corren el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano mientras esta guerra en Europa comportará una escalada de los presupuestos militares que ya se está llevando a cabo desde hace unos cuantos años.

Ruth Ferrero afirma en la revista Jot Down que a la espera de ver como evoluciona el conflicto, ya se puede afirmar que significa la muerte de los acuerdos de Minsk, la única herramienta diplomática de que se disponía para intentar resolver, al menos parcialmente, el origen de la tensión en la región. A partir de este momento nada volverá a ser como antes, tanto para Rusia, como para Ucrania y el resto del mundo. Ferrero argumenta que la invasión rusa tendrá consecuencias en la reorganización geopolítica en Europa, pero también más allá. Lo que importa es que de cómo se resuelva el conflicto en Ucrania dependerá el nuevo contexto geopolítico que se está configurando en este momento donde China juega un papel esencial, ya que de ello dependerá el comportamiento China en su área de influencia, concretamente en Taiwán. En último término, Ucrania es un desafío en la estructura de seguridad euroatlántica.

En este sentido, desde las páginas de El Temps, Abel Riu afirma que el fracaso más evidente es la imposibilidad de implementar los acuerdos de Minsk firmados por Rusia, Alemania, Francia y Ucrania a principios de 2015. Estos acuerdos eran una base legal sobre la cual actuar, porque era reconocida por todas las partes, con una solución política que preveía el reconocimiento por parte de Kyiv de una autonomía política de las zonas bajo control de los rebeldes prorrusos, como parte de su reingreso al Estado ucraniano. Pero Ucrania se ha resistido a esta aplicación. Volodímir Zelenski llegó en 2019 a la presidencia de Ucrania con un talante menos nacionalista y más conciliador que su predecesor, Petrò Poroixenko, y parecía decidido a resolver el conflicto y se reunió ya en 2019, con esta finalidad, con Emmanuel Macron, Vladímir Putin y Angela Merkel, entre otros dirigentes estatales. Pero se ha encontrado con muchas resistencias internas de los sectores más nacionalistas de Ucrania, y eso ha agotado la paciencia de Rusia, lo que se ha traducido en la militarización progresiva en las fronteras, lo que era toda una señal que la situación podía acabar así. Es, por lo tanto, un fracaso de todas las partes implicadas, un fracaso multilateral. Las responsabilidades de la guerra son de Rusia, evidentemente. ¿Sin embargo, cómo se ha llegado a la situación actual? Podríamos hablar de la expansión de la OTAN, de los escudos antimisiles desplegados que han despertado miedo en la parte rusa y de muchas maniobras en este sentido que han hecho saltar las alarmas a Putin.

Un Vladimir Putin cuyo objetivo a largo plazo, según argumenta Jean-Robert Raviot en la revista Conflits, era de entrada conseguir una Ucrania neutral, después abrir una gran negociación con los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN para obtener una revisión completa de la arquitectura de seguridad del continente europeo. En este contexto, considera plausible que fue la negativa de los Estados Unidos a iniciar negociaciones con Moscú sobre la base de los dos borradores de tratados presentados por Rusia el 17 de diciembre de 2021 lo que aceleró el desarrollo de la invasión lanzada el 24 de febrero. Con el fin de averiguar las causas que han llevado a Putin a planificar y después decidir implementar una operación de esta magnitud, es necesario analizar sus intenciones a través del tejido del discurso oficial, intentando comprender el universo mental que ha dado forma a esta decisión. A su entender, dos registros discursivos permiten dibujar dos cadenas de causalidad, muy ligadas entre ellas. La primera es de carácter político y geopolítico de la nueva guerra fría. La Nueva Guerra Fría no es una continuación, sino más bien un resurgimiento de la Guerra Fría propiamente dicha, que tuvo lugar en los años 2000 como reacción a la posguerra fría de los años 90 y de un nuevo deseo ruso de revisar el orden europeo. Rusia considera que este se construyó sin ella e incluso contra ella aprovechando su debilidad en los años noventa. En este sentido, una figura clave de la Guerra Fría, el diplomático norteamericano George Kennan, inventor del concepto de contención, ya advirtió en 1997 que la decisión de admitir en la OTAN a los antiguos satélites de la URSS en el este de Europa era un “error fatal“.

A esta primera cadena de causalidad geopolítica se le añade una segunda, de orden de civilización y cultural, en virtud de la cual Rusia es un Estado portador de una civilización –el mundo ruso– amenazado en su misma existencia por una rusofobia occidental latente y difusa – que lleva a los líderes a querer apoderarse de sus recursos naturales, controlar los corredores logísticos del continente euroasiático, incluso, hoy, para contener mejor China. ¿Según esta visión culturalista, que encontramos por ejemplo en el pensamiento de Alexander Soljenitsyn (Comment réaménager notre Russie?, Fayard, 1990), Ucrania no es una nación en sí misma, sino la rama de un gran pueblo ruso. Por lo tanto, Rusia tiene como misión reunir en una única entidad política liderada por Moscú Rusia propiamente dicha, Bielorrusia, Ucrania, así como los rusos que viven en los estados limítrofes (como por ejemplo en el norte de Kazajistán). Hoy, continuando con esta lógica de pensamiento, Ucrania se habría convertido en el eslabón débil del mundo ruso, porque de alguna manera habría perdido su conciencia de identidad bajo la influencia de un nacionalismo ucraniano revanchista (incluso “neonazi” según las palabras de Putin) manipulado desde fuera. Esta visión del mundo propia del presidente ruso también fue anticipada por Kennan en The Sources of Soviet Conduct donde exponía la tesis que la política exterior de la URSS estaba determinada por la ideología y las circunstancias. Los líderes soviéticos eran los herederos del marxismo-leninismo, pero no había que buscar en esta ideología un manual de uso, sino que considerar que los dirigentes se mueven en función de las circunstancias, necesariamente cambiantes.

En la misma línea, Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter, ya anunciaba en un célebre artículo publicado en 1992 en Foreign Affairs que tras el hundimiento de la Unión Soviética, Occidente tenía que dar apoyo a la transición con un compromiso guiado por una visión geopolítica de largo alcance con el fin de alcanzar dos objetivos interrelacionados: la aparición de una Rusia realmente posimperial que pudiera ocupar el lugar que le corresponde en el concierto de las principales naciones democráticas del mundo; y la consolidación estable de los nuevos estados no rusos independientes, algunos de los cuales sólo se encontraban en las primeras etapas de la construcción de su propia nación, con el fin de crear un contexto geopolítico duradero que por sí mismo reforzara la transformación de Rusia en un estado posimperial. En este sentido, Brzezinski subrayaba sobre todo que desde un punto de vista geopolítico era fundamental que Ucrania consiguiera estabilizarse como un estado seguro e independiente. Eso aumentaría automáticamente las posibilidades que Rusia evolucionara como estado posimperial democrático y cada vez más europeo. Por consiguiente, un componente crítico de la estrategia occidental tenía que redundar en un esfuerzo deliberado —no sólo económico sino también político— por consolidar una Ucrania estable y soberana.

Con respecto a la visión mesiánica e imperialista subyacente a la decisión tomada por el presidente ruso, João Pinheiro da Silva y Scott B. Nelson argumentan en el diario Observador que el ataque a Ucrania es sólo el último paso de una estrategia que implica una visión muy específica del mundo y de la historia. En su libro The Road To Unfreedom (Random House, 2018), el historiador norteamericano Timothy Snyder argumenta que la Rusia de Putin es un ejemplo perfecto de la “política de la eternidad”. Según Snyder, la eternidad sitúa una nación en el centro de una historia cíclica de victimización. El tiempo ya no es una línea recta hacia el futuro, sino un ciclo que reaviva constantemente las amenazas del pasado. El cerebro detrás de la “política de eternidad” de Putin es Ivan Ilyin, un filósofo ruso relativamente desconocido y a menudo calificado de ideólogo del fascismo ruso a raíz de la publicación de su libro Foundations of Struggle for the National Russia (1938) y que Putin considera como uno de sus grandes referentes teóricos y espirituales. Eso se debe al hecho de que la filosofía de Ilyin fue profundamente modelada por la revolución bolchevique, más concretamente, como respuesta contrarrevolucionaria a los acontecimientos de 1917. Ilyin se convirtió en un defensor de los métodos violentos contra la revolución y, con el tiempo, el paladín de un fascismo cristiano destinado a superar el bolchevismo. Ya exiliado en Berlín, Ilyin formuló sus escritos como una pauta para los líderes rusos del futuro que llegarían al poder después del fin de la Unión Soviética. En este sentido, Ilyin es reivindicado como guía del moderno nacionalismo ruso frente a la revolución liberal que el gobierno norteamericano pretende imponer a través de la cultura de masas, la dependencia económica y la homogeneización identitaria, empezando por los considerados países occidentales colonizados. Una vez entendemos la profunda influencia de Ilyin en la actual administración del Kremlin, la importancia de Ucrania para el proyecto político de Putin se vuelve más clara. Al fin y al cabo, la política de Putin responde al dicho según el cual “San Petersburgo es la cabeza de Rusia, Moscú el corazón y Kiev, la madre”.

Así, pues, como señala Xavier Mas de Xaxàs en La Vanguardia, la decisión de Putin se inscribe dentro de la lógica imperial de una Rusia que se siente insegura en sus fronteras y se ha sentido menospreciada desde la desaparición de la Unión Soviética. Putin pretende reunificar unos territorios que siempre ha considerado como parte de Rusia o de su esfera de influencia (hay que recordar que la desmembración de la URSS dejó a unos 25 millones de rusos fuera de sus fronteras). Así pues, aparte de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia (2008) y Crimea y el Donbass en el 2014, en el punto de mira hay Moldavia, donde la región separatista de Transnistria pidió en el 2014 su integración a Rusia. Una integración que ya se está dando en Bielorrusia con la fusión del ejército, la política y las finanzas. El presidente Lukaixenko resistió la revuelta democrática de 2020 gracias al apoyo de Putin y desde entonces le debe su supervivencia política. La misma dependencia tiene el líder kazako Tokayev, que en enero pasado necesitó a las fuerzas de seguridad rusas para aplastar otro movimiento prodemocrático. Putin sabe que no necesita un triunfo claro y definitivo en estos territorios para alcanzar sus objetivos. Georgia y Ucrania, por ejemplo, no entrarán en la OTAN porque esta no les puede garantizar que les devolverá los territorios que Rusia ha segregado. A riesgo de perderlos definitivamente, se mantendrán fuera de la Alianza, y el Kremlin conservará así una ventaja estratégica sobre la OTAN.

Destacando los peligros de una posible extensión futuro del conflicto en los Balcanes, Ian Bancroft señala en Open Democracy que la región sigue siendo muy vulnerable al contagio de las crisis que se están sucediendo a las fronteras orientales de Europa, y considera que si no se actúa pronto, los problemas desatendidos se irán complicando y mutarán hasta que sea demasiado tarde. A medida que Rusia acelera su invasión de Ucrania, crecen la preocupación respecto de los otros retos para una arquitectura de seguridad que, aunque imperfecta, ha estabilizado en gran medida una región clave de Europa. Tal como ha pasado con Ucrania, la indiferencia de la Unión Europea ante los peligros a los que se enfrentan los Balcanes no ha hecho más que debilitar la confianza hasta ahora indiscutible en sus políticas que los candidatos a la adhesión habían defendido casi dogmáticamente. Hoy Bosnia-Herzegovina se enfrenta a un resurgimiento de tendencias secesionistas, mientras que los intentos de normalizar las relaciones entre Serbia y Kosovo han fracasado. Aunque las perspectivas de secesión de la República Srpska siguen siendo escasas, las acciones provocadoras de Dodik son un desafío directo a la constitución de Bosnia-Herzegovina. Los posibles enfrentamientos –, por ejemplo, si hubiera intentos de retirar las fuerzas armadas del país del territorio de la entidad, tal como se ha propuesto– crearían una serie de dilemas de seguridad que podrían hacer aumentar todavía más las tensiones. La ampliación se ha convertido en una promesa vacía, incluso si la Unión sigue invirtiendo un capital político y financiero considerable en los Balcanes.

Paralelamente, Daniel Boffey analiza en The Guardian las posibilidades de éxito de la petición de Volodymyr Zelenski para que Ucrania ingrese en la UE. Además de los eurodiputados, los gobiernos de los estados bálticos, así como de otros países, incluida Grecia, han manifestado su apoyo <A[apoyo|soporte]>. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, respondió que Ucrania era “uno de los nuestros y los queremos en la UE”. Pero en otras capitales de la UE la petición ha generado una gran preocupación porque se trata de una reacción emocional que seguramente comportará decepción y amargura de aquí unos meses. Es más, Albania, la República de Macedonia del Norte, Montenegro, Serbia y Turquía son actualmente los países candidatos a la adhesión, pero Emmanuel Macron, el presidente francés, ha subrayado, que, visto el fracaso de la UE para responder adecuadamente al déficit democrático de Polonia y Hungría, o de disponer de una política exterior coordinada, no puede haber ampliación hasta que no se hayan realizado reformas en los tratados. Por otra parte, según el índice de percepción de la corrupción de Transparency International, Ucrania es el segundo país más corrupto de Europa, por delante de Rusia. En estos momentos está inmersa en una guerra y sus futuras fronteras no están nada claras. Así pues, el camino hacia la adhesión es complicado. Si el Consejo de la Unión Europea está de acuerdo, se pedirá a la Comisión Europea que dé su opinión, y este proceso puede durar hasta 18 meses. Entonces, Ucrania tendrá que ir integrando la legislación de la UE durante un periodo de transición indefinido.

Precisamente, la revista Le Grand Continent se plantea si la invasión de Ucrania representa un momento clave en el despertar geopolítico de la Unión y como se tienen que entender las medidas tomadas a escala continental este fin de semana. Para analizar el alcance sorprendente de la respuesta europea, tanto en su vertiente económica como en la de ayuda militar, la revista, junto con el Grupo de Estudios Geopolíticos, propone un mapa y una tabla que analizan el posicionamiento de cada estado miembro. Mientras que la guerra de Ucrania parece entrar en una nueva etapa, Josep Borrell anunció el 27 de febrero la asignación de ayudas –financiada en el marco del Fondo Europeo de Paz– de hasta 450 millones de euros para el envío de asistencia militar a Kiev, así como 50 millones de euros para el suministro de combustible, materiales de protección y ayuda médica de emergencia. Además, la Comisión ha anunciado un fondo de ayuda humanitaria –una forma de compromiso mucho más clásica– de 90 millones de euros para programas de ayuda de emergencia destinados a dar apoyo a los civiles afectados por la guerra. Como aparte del Mecanismo de Protección Civil, se entregarán a Ucrania 8 millones de artículos de atención médica esenciales. A nivel de estado miembro, las ayudas siguen dos modalidades que dibujan un mapa de divergencias aparentemente mínimas en el contexto de una convergencia cuya velocidad de ejecución ha sorprendido a la mayoría de los observadores, pero que merece ser estudiada de cerca. Destaca especialmente la presencia de Finlandia y Suecia, dos países neutrales que han decidido ofrecer ayuda militar.

Con respecto a la posición de otro de los principales actores de la crisis, aunque de momento se mantiene entre bastidores, Stuart Lau apunta en Politico que la guerra de Putin contra Ucrania está poniendo Pekín en una posición muy incómoda. Por una parte, la posición oficial de China consiste en emitir declaraciones vagas a favor del Kremlin, criticando la OTAN y Washington, quejándose de la agresión occidental y de los peligros de una nueva Guerra Fría. Por otra parte, sin embargo, la dinámica geopolítica fundamental subyacente a la invasión de Ucrania es muy incómoda para Pekín, obsesionado con la soberanía territorial. La idea de que una región o un grupo étnico determinado pudiera reclamar su independencia y ser reconocida por una superpotencia nuclear es una auténtica pesadilla para China, permanentemente preocupada por la disidencia en regiones como el Tíbet, Xinjiang y Hong Kong. En definitiva, esta no es la manera como Pekín quiere que se lleve a cabo la diplomacia internacional. Por otra parte, China tampoco quiere que sus crecientes vínculos estratégicos con Putin obstaculicen sus relaciones comerciales con unas economías occidentales que se han mostrado inesperadamente unánimes en su oposición a la campaña en Ucrania. Paralelamente, desde las páginas de SupChina, Maria Repnikova analiza las similitudes y las diferencias con las declaraciones de 2014 sobre la anexión de Crimea. Las similitudes son básicamente que China todavía tiene un enfoque bastante neutral y vago sobre esta crisis. No hay una crítica explícita en Rusia, sin embargo, el sentimiento general es que se tendría que resolver esta crisis de manera pacífica, y que ambas partes tendrían que intentar resolverla mediante la diplomacia.  Con respecto a las diferencias Repnikova considera que hay un mayor énfasis en considerar los Estados Unidos como actor negativo y detonador de esta crisis.

Otra crisis desatada por la guerra en Ucrania es la de los refugiados, tal como recoge The Economist. En efecto, después de una semana de invasión casi un millón de personas ya han huido de Ucrania de acuerdo con los datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. En torno a la mitad han entrado en la UE por la frontera con Polonia, mientras que Hungría, Moldavia, Rumania y Eslovaquia son los puntos de paso secundarios. El comisario encargado de la gestión de crisis afirma que la guerra podría obligar a 4 millones de personas a huir de Ucrania, mientras que unos cuantos millones más se refugiarán en el oeste del país, considerado todavía como una zona relativamente segura. Así pues, las fronteras de la UE, que se han ido cerrando cada vez más para la mayoría de refugiados desde la gran afluencia procedente de Siria y Afganistán en el 2015, se están abriendo a los ucranianos. Polonia, que ya acoge cerca de 1,5 millones de ucranianos, algunos de ellos desplazados por la anterior agresión de Rusia en el Donbass, afirma que ofrecerá a todos los refugiados de Ucrania refugio y asistencia. Otro hecho destacable es que, a diferencia del 2015, cuando cuatro quintas partes de los migrantes adultos de Siria y Afganistán eran hombres, los refugiados ucranianos son casi exclusivamente mujeres y niños, debido al hecho de que los hombres ucranianos entre 18 y 60 años están sujetos a la movilización general y se les prohíbe salir del país. Otra diferencia es que desde el 2017, los ucranianos pueden desplazarse sin visado por la UE durante 90 días, lo cual significa que no tienen que pedir asilo al primer país de la UE en el que entran. Así, la tarea de acogerlos se repartirá entre países, mientras que en el 2015 la carga recayó de manera desproporcionada sobre Grecia e Italia, debido a razones geográficas, y sobre Alemania y Suecia, que fueron los países más receptivos a abrir sus puertas. Pero quizás la diferencia mayor sea la manera como se recibirá este nuevo flujo de refugiados. Muchos ucranianos ya viven en la Unión Europea, muchos están ayudando a sus compatriotas cuando llegan, ofreciendo refugio y consejos sobre cómo sobrevivir. Si se acaban quedando, estos lazos sin duda los ayudarán a integrarse. Para los gobiernos, aceptar migrantes con el apoyo de los ciudadanos es mucho más fácil que si hay que organizar su instalación contra la voluntad de la gente.

Finalmente, David Frum apunta en The Atlantic algunas de las claves del impacto económico y financiero de la invasión y afirma que la situación actual presenta una analogía con la crisis de 1979 cuando los trastornos en el Oriente Medio provocaron el incremento de los precios de la energía y las economías occidentales se hundieron. Rusia es el tercer exportador mundial de petróleo y el segundo exportador de gas natural. Ahora que los países occidentales han respondido a la invasión imponente unas durísimas sanciones en Rusia, lo más probable es que Putin contraataque tomando represalias mediante la disminución de las ventas de combustible. Así pues, el estado del mercado energético proporciona buena parte de la respuesta al por qué Putin ha decidir atacar ahora. Según Frum, la verdadera explicación radica en la debilidad del mercado energético mundial a finales de la década de 2010, y su nueva fuerza a la década de 2020. Desde mediados de 2014 hasta al inicio de la pandemia mundial en 2020, el gas ruso se vendía por menos de 10 dólares por millón de unidades térmicas británicas métricas, a menudo por debajo de los de 5 dólares. Pero el mercado del gas es ineludiblemente cíclico y los bajos precios de la década de 2010 desincentivaron la inversión en nueva oferta y establecieron las condiciones para el aumento de los precios durante la década de 2020. A medida que la economía mundial ha empezado a recuperarse de la pandemia, también lo ha hecho el precio del gas. El precio del gas ruso en los mercados al contado superó los 10 dólares por millón de BTU métricas en junio de 2021, después los 15 y después los 20. El día que Putin anunció la invasión de Ucrania era de unos 30 dólares…

De la misma manera, Brenda Schaffer advierte en Foreign Policy que desde que Rusia atacó Ucrani, el precio del crudo se ha disparado hasta los 105 dólares el barril, un precio que se había alcanzado por última vez en 2014 a raíz de la anexión de Crimea. La autora considera que las cosas podrían empeorar mucho a partir de aquí, ya que, si las actuales sanciones impuestas en Rusia no apuntan explícitamente al comercio energético, las sanciones a los bancos y otras entidades impedirán las exportaciones de petróleo, gas natural y carbón, causando estragos en los mercados energéticos mundiales. Además, los peligros para los petroleros que viajan al Mar Negro comportarán una disminución del petróleo que llegue a los mercados mundiales, incluidos los suministros marítimos de productores no rusos como Kazajistán. El recorte del suministro de petróleo y de gas natural ruso en los mercados tendrá efectos de contagio y hará aumentar todavía más los precios del carbón y del gas natural licuado (GNL), lo que también influirá negativamente sobre la inflación. Como ya pasó con la crisis del petróleo de 1973, la actual crisis energética se está produciendo en un momento donde los mercados energéticos ya estaban particularmente tensos. En efecto, con respecto a la demanda, el consumo mundial de petróleo ha vuelto a los índices previos a la pandemia, y es probable que siga aumentando, sobre todo una vez vuelva a crecer el volumen de viajes internacionales. A la vez, la pandemia también ha provocado una mayor demanda básica de petróleo ya que ha aumentado el uso de plásticos a causa del uso creciente de máscaras, artículos de un solo uso y varios artículos de consumo y que el uso del transporte público se ha ido reduciendo en beneficio del desplazamiento en coche. Atender este incremento de la demanda sin que aumenten los precios requiere producir más petróleo, cosa que pocos gobiernos occidentales han querido admitir abiertamente. Y uno de los únicos países que tiene una gran capacidad de producción de petróleo infrautilizada son los Estados Unidos, precisamente en un momento en el que las políticas del presidente Joe Biden y los sentimientos de su base política contra los combustibles fósiles son factores importantes que han impedido nuevas inversiones en la producción de petróleo de los Estados Unidos.

Foto: Mapa de Ucrania pintado en una pared de Maiorsk en la región de Donetsk.

© Ingebjørg Kårstad/Norwegian Refugee Council

more/less text

Balance de una semana de guerra y posibles escenarios

Manuel Manonelles Ucraïna: quan l'impossible esdevé real

Manonelles repassa els esdeveniments de la primeta setmana de guerra a Ucraïna destacant les línies de ruptura que la invasió representa respecte del que es donava fer sabut i segur fins fa pocs dies. De cop i volta, tot allò que era impossible deixa de ser-ho i es converteix en realitat, en el que podria ser l’inici de una nova i fosca normalitat. Per una banda, Putin activa una invasió a gran escala d’Ucraïna des de diversos fronts, des de l’est (l’esperat), el nord (des de territori bielorús) i el sud, amb atacs amfibis en diversos ports del mar Negre. Inesperadament, i sense encara entendre ben bé què estava passant, ens assabentem que hi ha enfrontaments als voltants de la central nuclear de Txernòbil (el camí més directe entre la frontera bielorussa i Kíiv). Després, en qüestió de poques, hores passa a ser realitat i el que inicialment comença amb unes tímides propostes de sancions, entra en un efecte de bola de neu que acaba ambla major part dels països occidentals imposant sancions abans mai vistes a Rússia ―i posteriorment a Bielorússia― primer de caràcter econòmic, però que acabaven desbordant també aquest àmbit. Però aquí no acaba. A mesura que l’atac i l’agressivitat russos es mantenen, també ho fa la resistència ucraïnesa i es desencadena l’èxode dels refugiats ―el més gran a Europa dels darrers setanta-cinc anys―, es trenca un altre tabú. Tímidament alguns països bàltics i centreeuropeus anuncien l’enviament d’ajuda, no sols humanitària, sinó també militar a Ucraïna. Però la mutació dels impossibles continua. Enmig de la creixent tensió i aïllament rus, Vladímir Putin de cop fa una escalada sense precedents tot activant l’amenaça de l’arma nuclear i, de nou i com en el cas de Txernòbil, el marc mental fa un nou i brutal salt al passat de diverses dècades i ens situa en la lògica de la guerra freda. Manonelles conclou que el que queda clar a aquestes altures és la fallida de l’actual arquitectura multilateral i de seguretat tant en l’àmbit europeu (especialment de l’Organització per la Seguretat i la Cooperació a Europa però també del Consell d’Europa) com en l’àmbit global (Nacions Unides), que ara com ara no ha estat capaç de gestionar, ni tan sols canalitzar, els elements motors d’aquest conflicte. Quelcom que és paral·lel a l’inexorable ascens de la Xina cap a la cúpula de la governança mundial, com bé demostra el fet de que es tracta de l’únic país que, en aquests moments, pot condicionar de manera real l’actitud de Rússia en aquesta crisi.

Slate Ce que six jours de guerre en Ukraine nous aprenent

La revista Slate fa un balanç de la primera setmana de guerra a Ucraïna i destaca en primer lloc que aquesta vegada, la intel·ligència nord-americana ha llegit perfectament el joc de Putin. Convençuts durant diversos mesos de la inevitabilitat de la invasió, van utilitzar la informació per pressionar Putin i eliminar el factor sorpresa. Gràcies a les capacitats de vigilància electrònica de la NSA, s’han seguit els moviments de tropes i materials. Després, es van exposar els plans d’operacions de banderes falses, soscavant els esforços de propaganda del Kremlin. Un segon element que destaca l’article és que Putin ha dut a terme la seva campanya de reconquesta desviant l’atenció, per sorpresa, actuant on menys s’esperava, però ara ha d’acabar la guerra que ha iniciat. Les sancions, els efectes de les quals trigaran mesos a tenir un impacte important, no el faran canviar d’opinió. Com a mínim, voldrà prendre Khàrkiv i Kíev, desfer-se del govern ucraïnès i construir un corredor terrestre des de Crimea fins al Donbass. El següent pas seria aconseguir que Occident accepti la idea d’una Ucraïna «a l’estil bielorús» governada per un govern-titella, o bé, si les coses li van malament, proposarà la partició d’Ucraïna al llarg del Dnièper, amb un govern desmilitaritzat a l’Oest. O potser intenti controlar Moldàvia des de Transnístria mentre busca transformar Sèrbia en un estat satèl·lit. L’article també assenyala el fracàs de la doctrina Merkel. Setze anys d’estratègia d’apaivagament del president rus per mitjà del reforçament dels vincles econòmics entre ambdós països i centenars de milers de milions d’inversions a la Federació Russa acaben de saltar pels aires. En quatre dies, el nou canceller Olaf Scholz, empès pels esdeveniments, acaba de trencar tres tabús: ha cancel·lat el gasoducte Nord Stream 2, ha acceptat lliurar armes defensives als ucraïnesos i acaba de decretar una revisió total del pressupost militar fins arribar als 100.000 milions d’euros. L’article conclou apuntant que ara Occident pot triar entre dues estratègies. Una estratègia d’apaivagament: finançament de l’anomenada prosperitat econòmica a través dels «dividends de la pau», acceptant la caiguda duradora de la despesa militar, negociant amb Putin, obtenint garanties de no agressió, limitant les tropes de l’OTAN estacionades als països de l’Est per continuar alimentant les poblacions europees amb la il·lusió que la guerra és cosa del passat. L’informe argumenta que aquesta estratègia portaria amb certesa a una guerra, en un període d’entre un i deu anys. La segona estratègia tindria com a objectiu corregir vint anys de catastròfiques polítiques de defensa dels governs europeus: el cap d’estat major alemany va admetre recentment que el seu exèrcit estava «nu», les xifres de l’exèrcit britànic es troben al nivell més baix des de fa 200 anys; pel que fa al francès, entre un terç i la meitat dels tancs, avions, helicòpters, etc. no serien operatius en cas de conflicte d’alta intensitat). L’informe conclou que és urgent actuar per evitar un escenari ja massa conegut, ja que només aquest plantejament oferirà els mecanismes de negociació necessaris per evitar altres guerres a Europa.

Derek Thompson How the Crisis in Ukraine May End

La invasió d’Ucraïna ja ha provocat una doble crisi, no sols per a Ucraïna sinó també per al Kremlin. A mesura que les tropes russes han anat avançant cap a Kíev, la Unió Europea i els Estats Units han respost amb dures sancions econòmiques i financeres que podrien malmetre greument l’economia russa i dur l’economia mundial a una espiral ascendent d’inflació. En aquest context, s’obren diferents escenaris. Paul Poast, professor de política internacional a la Universitat de Chicago, contempla cinc possibles escenaris de futur: 1) una retirada de Rússia; 2) un canvi de règim a Kíev; 3) l’ocupació completa d’Ucraïna; 4) l’inici d’un nou imperi rus; i 5) un conflicte generalitzat. L’escenari 1 contempla que la guerra es converteix en un atzucac per a Rússia, amb protestes a tot el país; la borsa russa i el ruble s’han enfonsat, i això només podria ser el principi. Aquesta situació podria suposar que Putin decidís fer marxa enrere i ordenés a les seves tropes sortir d’Ucraïna. L’escenari 2 suposaria un canvi de règim amb l’eliminació del govern actual i posant al seu lloc un govern amic de Rússia, convertint Ucraïna en el que és actualment Bielorússia, un estat vassall. L’escenari 3 comportaria la desaparició de l’Estat ucraïnès, més enllà del canvi de règim propiciat per l’escenari anterior. En aquest cas, l’objectiu de Rússia no seria només instaurar un nou govern, sinó apoderar-se de tot el país i fer que Ucraïna formi part de Rússia.  L’escenari 4 respondria al desig de recrear la Unió Soviètica sota una nova forma. Es pot deduir dels últims discursos de Putin que això no acabaria amb Ucraïna i que el conflictes es podria estendre a antigues repúbliques soviètiques com Moldàvia, Bielorússia i Geòrgia, país que Rússia ja va envair el 2008. Finalment, l’escenari 5 seria una extensió de l’anterior a antigues repúbliques soviètiques – Estònia, Letònia i Lituània- que ara estan integrades a l’OTAN. Si això passés, s’activaria automàticament l’article 5, la clàusula de defensa mútua que estableix que un atac a un estat membre suposa un atac contra el conjunt de l’Aliança i els altres països de l’OTAN acudirien en defensa del o dels països agredits, la qual cosa suposaria de facto una guerra entre els Estats Units i Rússia.

Santiago Ramentol La soga, o l’escenari que obre la guerra d’Ucraïna

Després de l’atac de Putin contra Ucraïna l’autor analitza diferents escenaris possibles. En primer lloc, un escenari on Ucraïna és conquerida per Rússia, que deixa un territori devastat i arruïnat, i imposa un règim (no democràtic) amb un govern favorable a Moscou, la qual cosa comportaria una esquerda profunda, probablement irreparable, en el sistema global de relacions entre països, com també quedaria força afeblit el sistema econòmic global, sobretot si tenim en compte que encara no s’han superat els efectes de la pandèmia. Ramentol però també es planteja què podria passar si Putin no es conforma amb Ucraïna (i Bielorússia). Rússia limita al nord amb l’Àrtic, fins ara gairebé impracticable, però amb la perspectiva de convertir-se en una via de navegació oberta a causa del canvi climàtic. A l’est, Estats Units (Alaska), Japó i el Pacífic. Al Sud, el gegant Xinès i una sèrie de països altament inestables a l’Àsia central, que cal sotmetre a vigilància permanent. Però a Putin l’interessa especialment l’Oest on se situen els antics territoris que formaven part de l’esfera d’influència soviètica i suposaven un gran espai de seguretat que ara s’ha convertit en territori de l’OTAN. En definitiva, des d’una concepció nacionalista, reduccionista i paranoica, Rússia està rodejada d’enemics. I Vladímir Putin, que va viure la desintegració de la URSS com una traïció vol recuperar la presència internacional i el poder imperial de Moscou. En aquest context, l’autor argumenta que països d’Occident no van actuar de manera intel·ligent l’any 1991, ja que eufòrics per la caiguda del vell rival comunista, encegats per una victòria que es va atribuir falsament a Ronald Reagan, a Margaret Thatcher, i als seus teòrics ultraliberals, no van saber preveure que el gegant estava ferit, però no mort. I es van apressar a obrir la porta de l’OTAN a tots els antics. En darrer terme, Ramentol assenyala que la invasió d’Ucraïna obre la porta a un món molt més complex i perillós on caldrà reforçar la Unió Europea, i convertir-la en una interlocutora poderosa, compatibilitzar la fermesa en la denúncia i les sancions amb la contenció intel·ligent en l’admissió de nous membres de l’OTAN, esbrinar quin paper vol jugar l’altra gran gegant: Xina. I tot això acompanyat d’una voluntat ferma de defensar els drets humans, i d’atraure cap a la democràcia els ciutadans russos.

Jean-Baptiste Jeangène Vilmer Pourquoi Poutine a déjà perdu la guerre

Des de les pàgines de Le Grand Continent l’autor afirma que la invasió d’Ucraïna serà, sigui quin sigui el resultat, una guerra perduda per a Putin, degut al cost de l’hipotètica victòria militar, l’empantanegament que suposaria una llarga ocupació, l’enfortiment de l’OTAN, l’aïllament de Rússia, i la desestabilització interna de Putin. Si d’entrada la victòria militar de Putin sembla inevitable, donada l’asimetria de les forces presents, tindrà un cost humà i material considerable. Gràcies a l’extraordinària combativitat dels ucraïnesos, proveïts d’armes per almenys 28 països, l’enfrontament no és l’esperat blitzkrieg. En aquest context, si Putin decideix persistint costi el que costi, els combats encara podrien durar setmanes i, per reduir la impressió d’una derrota russa i per minar la moral de la població ucraïnesa, podria tenir la temptació de recórrer a atacs aeris massius massacrant desenes de milers de civils. En la hipòtesi d’una victòria russa, aquesta només seria l’inici de les dificultats: envair un país és una cosa i ocupar-lo n’és una altra. Si Putin s’annexionés de facto tot el territori ucraïnès, les tropes russes s’enfrontarien a una resistència certament variable però real i segurament duradora perquè recolzada per altres països. Seria una ocupació serà extremadament costosa, tant econòmicament com humanament, i per això, també serà impopular no només en la població sinó també per a les elits russes. Si Putin preferís mantenir sota el seu control només una part del territori -el Donbass i el corredor sud que permetria connectar-lo amb Crimea o fins i tot potser amb Transnístria – i imposat un govern pro-rus a Kíev, el risc seria el d’una guerra civil ja que la resistència serà la mateixa però aquesta vegada dirigida contra aquestes autoritats il·legítimes. L’agressió russa suposa l’inici d’una nova era en relacions internacionals, un xoc que ha tingut i tindrà diversos efectes. En primer lloc, reforça la raó de ser d’una aliança que, des de la dissolució del Pacte de Varsòvia ha passat per diverses crisis. D’altra banda, reforça la cohesió europea davant la percepció d’una amenaça comuna motivada pel desig de reconstruir una forma d’URSS o fins i tot un imperi. Paral·lelament, les duríssimes sancions imposades a Moscou tindran un impacte durador sobre molts sectors (finances, energia, transport, tecnologia) i sobre les persones, inclosos els oligarques. En aquestes condicions, el debilitament econòmic de Rússia és inevitable, així com el seu aïllament polític en l’escena internacional. Rússia es convertirà en un estat paria en les relacions financeres i comercials, els fòrums diplomàtics, els espais d’informació, les competicions esportives, etc. Finalment, el que aquesta guerra està destruint és el futur de Rússia i la seva gent ho sap. La guerra d’Ucraïna acabarà generant un descontentament immens a Rússia, contràriament al suport popular que l’annexió de Crimea i els separatistes prorussos al Donbass havien pogut despertar el 2014. Més preocupant encara per a Putin serà el descontentament de l’elit econòmica russa, que perdrà molts diners per culpa del seu l’aventurisme presidencial, la qual cosa comporta un risc real de fragmentació del règim que fins ara mantenia uns equilibris subtils entre faccions.

Ruth Ferrero-Turrión De cómo se resuelva el conflicto en Ucrania dependerá el comportamiento de China en su área de influencia

L’autora considera que la invasió ha estat un gir inesperat dels esdeveniments, perquè des d’una perspectiva absolutament pragmàtica, Rússia no té res a guanyar amb aquesta decisió. I no només no té res a guanyar, sinó que, a més, té un efecte no desitjat des del Kremlin, que és el de dotar de més unitat i cohesió tant l’OTAN com la Unió Europea. Si un dels principals objectius de Putin era dividir els seus adversaris, sens dubte aquest moviment ha aconseguit tot el contrari. L’atac massiu llançat per Putin va més enllà del que molts pensaven. No s’ha quedat en el mer reconeixement i ocupació de la part controlada pels prorussos del Donbass, sinó que ha llançat un atac massiu a tot el territori ucraïnès. Aquesta situació porta a un conflicte obert amb l’exèrcit ucraïnès, molt més ben armat i entrenat que l’any 2014, quan va començar tot el conflicte a la regió. Aquest moviment del Kremlin està aconseguint, doncs, tot allò que intentava evitar: reforça i cohesiona l’OTAN i justifica la seva raó de ser; cohesiona, almenys en un primer moment, la UE; genera un sentiment antirus més gran entre la ciutadania ucraïnesa i incrementa el nombre de tropes nord-americanes a Europa. Caldrà veure com evoluciona el conflicte, però de moment sí que es pot afirmar que aquest moviment significa la mort dels acords de Minsk, l’única eina diplomàtica de què es disposava per intentar resoldre, almenys parcialment, l’origen de la tensió a la regió. A partir d’aquest moment res no tornarà a ser com abans, tant per a Rússia, com per Ucraïna i la resta del món. Ferrero argumenta que la invasió russa tindrà conseqüències en la reorganització geopolítica a Europa, però també més enllà. El que és important és que de com es resolgui el conflicte a Ucraïna dependrà el nou context geopolític que s’està configurant en aquest moment on la Xina juga un paper essencial, ja que en dependrà el comportament Xina a la seva àrea d’influència, concretament a Taiwan. En darrer terme, Ucraïna és un test, un desafiament a l’estructura de seguretat euroatlàntica.

Los cambios en la escena geopolítica

Abel Riu Aquesta guerra és un fracàs multilateral

Abel Riu, president del tink tank president del Catalònia Global Institute, afirma que el fracàs més evident és la impossibilitat que hi ha hagut d’implementar els acords de Minsk, que responien a un tracte signat per Rússia, Alemanya, França i Ucraïna a principis de 2015. Els acords de Minsk eren una base legal sobre la qual actuar, perquè era reconeguda per totes les parts, amb una solució política que preveia el reconeixement per part de Kyiv d’una autonomia política de les zones sota control dels rebels prorussos, com a part de la seva reintegració a l’Estat ucraïnès. Però Ucraïna s’ha resistit a aquesta implementació. Volodímir Zelenski va ingressar el 2019 a la presidència d’Ucraïna amb un tarannà menys nacionalista i més conciliador que el seu predecessor, Petrò Poroixenko, semblava decidit a resoldre el conflicte i es va reunir ja el 2019, amb aquesta finalitat, amb Emmanuel Macron, Vladímir Putin i Angela Merkel, entre altres dirigents estatals. Però s’ha trobat amb moltes resistències internes dels sectors més nacionalistes d’Ucraïna, i això ha esgotat la paciència de Rússia, cosa que s’ha traduït en la militarització a les fronteres de manera progressiva, fet que era tot un senyal que la situació podia acabar així. És, per tant, un fracàs per totes les bandes, un fracàs multilateral. Les responsabilitats de la guerra són de Rússia, evidentment. Però, com s’ha arribat a la situació actual? Podríem parlar de l’expansió de l’OTAN, dels escuts antimíssils desplegats que han despertat por en la part russa i de moltes maniobres en aquest sentit que han fet saltar les alarmes a Putin.

Le Monde Diplomatique Attaque russe contre l’Ukraine

En la seva editorial, Le Monde Diplomatique expressa que, paradoxalment, la decisió presa pel president rus d’atacar Ucraïna comportarà un enfortiment de l’aliança militar occidental a les mateixes portes del seu país. De la mateixa manera que la invasió il·legal de l’Iraq per part dels Estats Units el 2003, també amb un teló de fons de propaganda falsa retransmesa pels mitjans de comunicació, la d’Ucraïna per part de Rússia obre un nou capítol especialment perillós en les relacions internacionals. Tindrà efectes negatius en la vida política i en l’economia mundial. És poc probable que les sancions anunciades pels Estats Units i la Unió Europea intimidin el Kremlin, però les seves conseqüències financeres i energètiques s’estendran a molts més països que Rússia. D’altra banda, les emergències ecològica i social també corren el risc de quedar relegades a un segon pla mentre aquesta guerra a Europa comportarà una escalada dels pressupostos militars que ja s’està duent a terme des de fa uns quants anys. L’editorial alerta que davant la paràlisi de l’Organització de les Nacions Unides i davant l’absència d’un organisme internacional capaç de resoldre desacords i conflictes, es corre el risc que les amenaces, les polítiques de fets consumats i les agressions armades caracteritzin més que mai l’ordre mundial.

Paul Krugman Russia Is a Potemkin Superpower

Abans de la invasió d’Ucraïna, Krugman afirma que es podia considerar la Federació Russa com una potència mitjana gràcies a les divisions del món occidental, la corrupció i un poderosa força militar. Però els esdeveniments dels darrers dies han deixat clares dues coses. Primer, Putin té deliris de grandesa i segon, Rússia és encara més feble del que semblava. Fa temps que és obvi que Putin intenta restaurar l’estatus de Rússia com a gran potència. El seu discurs anterior a l’atac on afirmava que no existeix Ucraïna, en què va condemnar Lenin per donar al seu veí allò que Putin considera un fals sentit d’identitat nacional, va deixar clar que els seus objectius van més enllà de recrear la Unió Soviètica: sembla que vulgui recrear l’imperi tsarista i que el primer pas era una guerra curta i victoriosa contra Ucraïna. Fins ara, però, res no ha funcionat com estava previst. La resistència ucraïnesa és ferotge i l’exèrcit rus ha estat menys efectiu del que s’anunciava. Destaca el fet que els informes dels primers dies de la invasió assenyalen que l’avenç de les tropes russes ha estat obstaculitzat per greus problemes logístics, és a dir, que els invasors tenen dificultats per proporcionar a les seves forces l’essencial de la guerra moderna, sobretot el combustible. És cert que els problemes de subministrament són habituals a la guerra, però tot i així, la logística és un àmbit en què se suposa que les nacions avançades han de ser bones. D’altra banda, els oligarques russos han dipositat la majoria dels seus actius a l’estranger, la qual cosa n’ha suposat la congelació o la confiscació. Podríem dir que Rússia no necessita aquests actius, la qual cosa és certa, però també és cert que Putin ha necessitat i continua necessitant comprar el suport dels oligarques, per la qual cosa ara la situació el fa especialment vulnerable. Putin pot acabant conquerint Kíev, però encara que ho faci Rússia s’ha revelat com una superpotència Potemkin.

Pere Ortega La guerra de Ucrania: responsabilidades asimétricas

La invasió d’Ucraïna s’ha de condemnar sense pal·liatius. Es tracta d’una intervenció militar que representa una violació del dret internacional i de la Carta de les Nacions Unides, i que alhora demostra l’ànim imperialista de Putin, que recentment ja ha intervingut militarment a Kazakhstan. Però l’autor considera també que l’actual invasió d’Ucraïna per part de Rússia tampoc no excusa de responsabilitats els Estats Units i l’OTAN. D’una banda, perquè la revolta de l’Euromaidan d’octubre del 2014, duta a terme pels partidaris d’integrar-se a la Unió Europea  i a l’OTAN -qualificada per alguns analistes de cop d’Estat- va tenir el suport dels EUA i Alemanya per enderrocar el govern de Ianukóvitx d’orientació pro russa, però que havia estat legítimament elegit. Aquest fet va desencadenar la revolta de les províncies del Donbass, Donetsk i Luhansk, i de la península de Crimea de població majoritàriament russa, les dues primeres recolzades militarment per Rússia i Crimea annexada ja que és de vital importància estratègica per a Rússia, ja que per mitjà del port de Sebastopol, l’armada russa té accés a la Mediterrània. Però també hi ha raons per responsabilitzar a més del Kremlin els EUA i l’OTAN de la crisi actual a Ucraïna. Cal mirar enrere i recordar que el novembre de 1990, es van reunir a París tots els països membres de l’OTAN i del Pacte de Varsòvia a la Conferència per a la Seguretat i la Cooperació a Europa que va donar pas al naixement de l’OSCE. Una Conferència que va promulgar la Carta per a una Nova Europa, que va generar moltes esperances, ja que posava fi a la Guerra Freda amb un conjunt de mesures de desarmament i de cooperació entre tots els estats membres sense excepció. Posteriorment, després de la desintegració de l’URSS i la desaparició del Pacte de Varsòvia, en lloc de dissoldre’s, l’OTAN va buscar nous perills per justificar-ne la continuïtat. Ortega conclou que és difícil vaticinar com acabarà el conflicte amb Rússia, però que cal esperar el pitjor: un enfortiment de l’OTAN que derivarà en un increment del militarisme més gran i de la despesa militar a Europa i al món; una dependència política militar més gran d’Europa dels Estats Units; una major divisió entre Europa occidental i Rússia i els països que estiguin en la seva òrbita; una possible divisió mundial en dos grans blocs, l’Occidental dirigit pels Estats Units i l’Oriental entre Rússia i la Xina.

Kori Schake Putin Accidentally Revitalized the West’s Liberal Order

Segons molts analistes, la invasió d’Ucraïna per part de Rússia ha suposat l’ensorrament de l’ordre internacional que els EUA i els seus aliats van construir després de la Segona Guerra Mundial. Però segons l’autora, el contrari també és cert. Vladimir Putin ha intentat esclafar la independència i l’occidentalisme d’Ucraïna al·legant el perill que suposava l’extensió de l’OTAN cap a l’est i confiant en la manca de voluntat dels països occidentals per assumir les càrregues econòmiques que suposaria la defensa dels seus valors. Però paradoxalment, Putin ha aconseguit tot el contrari: amb el seu intent de destruir l’ordre internacional liberal, s’ha convertit en l’arquitecte de la seva revitalització. Per exemple, Alemanya que sempre havia tingut unes polítiques més aviat comprensives cap a Rússia ara ha compromès 100.000 milions de dòlars addicionals a la despesa en defensa, enviarà armes a Ucraïna i ha suspès el gasoducte Nord Stream 2. Tot i que encara queda molta guerra per endavant i que el seu resultat és incert, fins i tot si les forces militars ucraïneses són derrotades o el president Volodymyr Zelensky i el seu govern són assassinats, empresonats o forçats a l’exili,  l’aposta de Putin ja ha fracassat.

Ivan Krastev We Are All Living in Vladimir Putin’s World Now

Ivan Krastev argumenta que l’agressió militar a Ucraïna és un d’aquells moments que ens impulsa a reinterpretar la nostra pròpia època. El que anomenàvem la pau dels 30 anys que va seguir a la Guerra Freda (tot i que es tendeix a oblidar, conscient o inconscientment, les guerres de l’antiga Iugoslàvia) ha acabat. Els futurs historiadors miraran aquestes últimes dècades com miren el període d’entreguerres: com una oportunitat desaprofitada. Com més aviat ho admetem tots, millor ens podrem preparar per al que vindrà. Malauradament, Krastev considera que una mena de negació egoista domina a les capitals occidentals i ens impedeix veure allò que és evident, i en aquest sentit les crides apassionades a defensar l’ordre europeu de la postguerra freda no tenen sentit perquè aquesta època s’ha acabat. Krastev planteja algunes claus de com hem arribat aquí. Cal entendre que aquesta no és la guerra de Rússia, és la guerra de Putin, que prové d’una generació particular d’oficials de seguretat russos que mai no van aconseguir assumir la derrota de la Guerra Freda. Davant dels seus ulls, la Unió Soviètica va desaparèixer del mapa sense pèrdues militars ni invasió estrangera. Per a aquesta generació, l’atac actual a Ucraïna és un punt d’inflexió lògic i necessari. No els interessa escriure el futur; volen reescriure el passat. Però, els esdeveniments actuals també demanen un replantejament radical del projecte europeu. Durant els darrers 30 anys, els europeus s’han convençut que la força militar no valia el cost i que la preeminència militar nord-americana era suficient com a força de dissuasió. El que importava era el poder econòmic i el soft power. La convicció europea que la interdependència econòmica és la millor garantia per a la pau ha resultat equivocada: en darrer terme, el capitalisme no és suficient per temperar l’autoritarisme.

Zachary D. Carter Putin’s Ukraine War Reveals Globalization’s Authoritarian Problem

Segons l’autor el problema econòmic per a Occident derivat de la invasió d’Ucraïna és més greu que la corrupció d’uns quants oligarques, ja que no és només amb Rússia amb qui s’enfronten els EUA i els seus aliats sinó també amb l’aliat autoritari més poderós de Putin, la Xina. I la dependència econòmica dels Estats Units de la Xina hauria de ser almenys tan inquietant com la dependència d’Alemanya de Rússia. Hem vist des de fa més d’una dècada que els vents no sempre bufen en direcció de la llibertat: escàndols importants el recurs d’Apple al treball infantil a la Xina i els intents de la NBA per silenciar els crítics de la repressió de la Xina a Hong Kong són només els exemples més flagrants que la cultura autoritària de la Xina està fent forat. Les empreses nord-americanes depenen de la Xina per obtenir mà d’obra més barata i beneficis més elevats. Reformar aquesta relació no cal que sigui un acte de confrontació política. És possible una nova globalització amb objectius més modestos i un clar reconeixement de les diferències polítiques entre els EUA i els seus actuals socis comercials autoritaris. Disminuir la dependència d’aquests poders no ha de ser una operació immediata a l’estil de la teràpia de xoc; de fet, l’esforç de revisió de la cadena de subministrament duta a terme per l’administració Biden proporciona una guia molt prometedora per a les reformes en indústries clau, inclosa la salut, les cures, l’energia verda, els semiconductors, els minerals de terres rares i el desenvolupament químic, per garantir que els Estats Units i els seus aliats no quedaran sense opcions si un soci comercial demostra que no pot o no vol proporcionar béns essencials. Finalment, en el context de l’actual règim de sancions contra Rússia, els inversors occidentals s’estan reorganitzant per a plantejar un món independent de les inestabilitats polítiques de Rússia.

La ideología neoimperial de Vladímir Putin

Ross Douthat Vladimir Putin’s Clash of Civilizations

Des del New York Times l’autor es pregunta perquè un dirigent que fins ara havia demostrat ser molt pragmàtic ha apostat de sobte per una fugida cap endavant.  Tot i suposant que Putin és sincer quan afirma que l’encerclament de Rússia per l’OTAN és perillós i que la influència occidental amenaça el vincle històric entre Ucraïna i Rússia, l’autor considera que el president rus a ha intentat aprofitar la finestra d’oportunitat que li oferia el caos de la pandèmia, l’increment els preus del petroli i del gas, i un Occident dividit. Tot i així, fins i tot en l’escenari més favorable (i improbable) per a Putin—una victòria fàcil, cap insurrecció de la població i la instal·lació d’un govern flexible instal·lat— la seva invasió d’Ucraïna soscavarà alguns dels interessos que suposadament lluita per defensar. L’OTAN encara s’acostarà més a Rússia en tant que més països (com ara Suècia i Finlàndia) hi podrien adherir, la UE augmentarà la seva despesa militar europea augmentarà, i s’incrementarà la presència de tropes i material militar a l’Europa de l’Est. També es donarà una empenta a la independència energètica europea per desvincular-se a llarg termini de la dependència actual d’una Rússia que quedarà empobrida i més aïllada davant d’un Occidental que haurà contribuït a cohesionar. A més, tampoc no es pot descartar que la gran Rússia somniada per Putin no acabi com a vassall de la Xina en una relació més subordinada atès el trencament amb els vincles europeus. Aquests són, doncs, els reptes a llarg termini per a un Putin que assumeix l’autarquia i l’aïllament com el preu a pagar per a la creació d’un nou imperi rus.

Xavier Mas de Xaxàs La Rusia de Putin no tiene fronteras

Xavier Mas de Xaxàs assenyala que la decisió de Putin s’inscriu dins la lògica imperial d’una Rússia que se sent insegura en les seves fronteres i s’ha sentit menystinguda des de la desaparició de la Unió Soviètica. Putin pretén reunificar uns territoris que sempre ha considerat com a part de Rússia o de la seva esfera d’influència (cal recordar que el desmembrament de l’URSS va deixar uns 25 milions de russos fora de les seves fronteres). Així doncs, a banda d’Abkhasia i Ossètia del Sud a Gèorgia (2008) i Crimea i el Donbass al 2014, al punt de mira hi ha Moldàvia, on la regió separatista de Transnistria va demanar el 2014 la seva integració a Rússia. Una integració que ja s’està donant a Bielorússia amb la fusió de l’exèrcit, la política i les finances. El president Lukaixenko va resistir la revolta democràtica del 2020 gràcies al suport de Putin i des de llavors li deu la seva supervivència política. La mateixa dependència té el líder kazakh Tokàiev, que el gener passat va necessitar les forces de seguretat russes per aixafar un altre moviment prodemocràtic. Putin sap que no necessita un triomf clar i definitiu en aquests territoris per assolir els seus objectius. Geòrgia i Ucraïna, per exemple, no entraran a l’OTAN perquè no els pot garantir que els tornarà els territoris que Rússia ha segregat. A risc de perdre’ls definitivament, es mantenen fora de l’Aliança, i el Kremlin conserva així un avantatge estratègic sobre l’OTAN.

Katie Stallard Putin’s power vertical and the pathologies of authoritarian rule

Putin ha cultivat durant molt de temps el mite del seu poder vertical, la idea segons la qual té un control absolut de dalt a baix i pot dirigir personalment els seus subordinats a tots els nivells perquè compleixin les seves ordres. La realitat però és més complexa ja que segons l’autora Putin és al capdamunt d’un sistema polític que abasta tant una burocràcia extensa i disfuncional com una cleptocràcia, amb un cercle íntim dominat per col·laboradors propers dels seus dies al KGB i vells amics que s’han convertit en multimilionaris a l’empara del seu govern. Mantenir la il·lusió de que és popular i poderós ajuda a dissuadir els possibles successors de desafiar-lo i assegura el futur del seus protegits. Però quan els governants autoritaris estan al poder durant tant de temps, arriben a dependre dels seus acòlits tot i sent impermeables a qualsevol crítica. Això els porta a actuar cada cop més segons els seus propis instints i a pensar que aquests instints sempre són correctes. Quan estan al cim del seu poder, se senten invencibles, i és llavors quan comencen a pensar en el seu llegat i a prendre riscos. En aquest cas, Putin està obsessionat amb la història i els grans líders del passat. A finals d’any complirà 70 anys i en farà 22 anys que és al poder, i per tant volt contemplar el seu llegat i definir com els futurs historiadors jutjaran el seu govern.

Ben Judah The Terrible Truth So Many Experts Missed About Russia

L’autor analitza el xoc que ha representat l’anunci de l’atac a Ucraïna per als analistes de la política exterior russa, entre els quals fins ara hi havia un clar consens que Putin mai no començaria una guerra d’aquest tipus. Considera que l’expressió «el règim de Putin» d’alguna manera ajuda a explicar per què tants experts s’han equivocat respecte de la invasió d’Ucraïna. En efecte, Judah considera que ha quedat clar que al Kremlin ja no hi ha un «règim», un sistema de govern on diferents actors poden pesar en la presa de decisions, des dels membres del consell de seguretat fins als oligarques. En canvi, s’ha transformat en el que els politòlegs anomenen una dictadura personalista, on les decisions d’un sol home determinen la política, un fet que té implicacions aterridores per a Rússia i el món. Segons aquesta anàlisi, la raó clau per la qual molts experts van fer un diagnòstic errat de la situació ha estat que suposaven que Putin no estava prenent les seves decisions tot sol. Aquesta hipòtesi va determinar gran part de l’estratègia occidental. Els experts creien que amenaçar els oligarques russos amb sancions, per exemple, impulsaria el cercle íntim de Putin a posicionar-se contra la guerra. O que oferir contrapartides —per exemple canvis a la Constitució d’Ucraïna, autonomia per a la regió de Donbass d’acord amb els acords de Minsk o una moratòria de 20 anys a l’expansió de l’OTAN— satisfaria els diferents actors del règim. A més, les amenaces de sancions econòmiques havien de preocupar els oligarques respecte de la reacció de la població i la perspectiva d’un conflicte amb nombroses víctimes havia de convertir la invasió en una guerra molt impopular. Però ens estem adonant que el règim de Putin és realment només Vladimir Putin. I sembla que ja no li preocupa els riscs i els costos que la seva guerra comporta per als seus amics oligarques i encara més per a la població en general.

João Pinheiro da Silva & Scott B. Nelson O Ocidente não entende Putin

Segons els autors, l’atac a Ucraïna és només l’últim desenvolupament d’una estratègia que Putin ha seguit des de la seva presa de possessió, una estratègia amarada d’una visió molt específica del món i de la història. Al seu llibre The Road To Unfreedom (Random House, 2018), l’historiador nord-americà Timothy Snyder argumenta que la Rússia de Putin és un exemple perfecte de la «política de l’eternitat». Segons Snyder, l’’eternitat situa una nació al centre d’una història cíclica de victimització. El temps ja no és una línia recta cap al futur, sinó un cicle que revifa constantment les amenaces del passat […] Els polítics defensors de l’eternitat comparteixen la convicció que l’Estat no pot ajudar a la societat en el seu conjunt, només actuar davant les amenaces urgents. El progrés dóna pas a la condemna. Segons Snyder, el cervell darrere de la «política d’eternitat» de Putin és Ivan Ilyin, un filòsof rus relativament desconegut i certament enigmàtic el llegat del qual, fins fa poc, havia estat completament amagat per l’estat soviètic, i que Putin considera com un dels seus grans referents teòrics i espirituals per al temps històric actual. Això es deu al fet que la filosofia d’Ilyin va ser profundament modelada per la revolució bolxevic, més concretament, com a resposta contrarevolucionària als esdeveniments de 1917. Ilyin es va convertir en un defensor dels mètodes violents contra la revolució i, amb el temps, l’autor d’un feixisme cristià destinat a superar el bolxevisme. Ja exiliat a Berlín, Ilyin va formular els seus escrits com a pauta per als líders russos del futur que arribarien al poder després de la fi de la Unió Soviètica. En aquest sentit, Ilyin és reivindicat com a guia del modern nacionalisme rus enfront de la Revolució liberal que el govern nord-americà pretén imposar a través de la cultura de masses, la dependència econòmica i l’homogenització identitària, especialment començant pels considerats països occidentals colonitzats. Un cop entenem la profunda influència d’Ilyin en l’actual administració del Kremlin, la importància d’Ucraïna per al projecte polític de Putin es torna més clara. Al cap i a la fi, la política e Putin respon a la dita que «Sant Petersburg és el cap de Rússia, Moscou el cor i Kíev  la mare».

Masha Gessen How Putin Wants Russians to See the War in Ukraine

L’article revela les estratègies narratives de Putin per donar a la població russa una versió alternativa de la invasió d’Ucraïna que s’ajusti a la seva pròpia veritat. Fins i tot els dictadors més astuts, com era fins ara el cas del president rus, arriben a sobreestimar el seu poder, la seva popularitat i la seva saviesa. S’envolten d’aduladors, tanquen la porta a la resta del món i normalment, tard o d’hora, fan un pas en fals. Durant els seus vint-i-dos anys al poder, Putin s’ha anat aïllant del seu cercle d’interlocutors i en els últims dos anys, la por a la COVID l’ha obligat a un aïllament gairebé total. Aquest és un factor molt a tenir en compte ja que ara el president rus està sol, només envoltat per la seva gent més lleial, que bàsicament viu amb ell: els seus ajudants, els seus servidors en certa manera, que fan possible la seva forma de vida. Els russos, en canvi, patiran molt aviat els efectes combinats d’una caiguda precipitada dels preus de les divises, les prohibicions a les exportacions occidentals i els tancaments de l’espai aeri, entre d’altres. Però l’ansietat econòmica requereix una mena de consens davant la incertesa, i els russos ja han passat per diversos cracs econòmics: el 1992, el 1998, el 2008 i el 2014. Aquesta vegada, però, el règim els ha de convèncer que les dificultats provenen de les sancions imposades per Occident, que el món sencer està conspirant contra Rússia, i que per això Rússia està fent el que està fent a Ucraïna. En aquest sentit, les autoritats russes han prohibit paraules com «guerra» o «invasió» per descriure el que anomenen una «operació especial» a Ucraïna. Fa pocs dies, l’autoritat de supervisió de les comunicacions va exigir que deu mitjans de comunicació, inclosos TV Rain i Novaya Gazeta, editada pel premi Nobel de la Pau Dmitri Muratov, eliminessin els informes que descriuen la guerra com una guerra o, en cas contrari, els proveïdors bloquejarien el seu web i se’ls imposaria severes multes. Sembla que una part de la cobertura ja s’ha bloquejat i que TV Rain, per exemple, ha canviat el titular de la seva emissió en directe de «Guerra a Ucraïna» a «Què està passant a Ucraïna?».

Bruno Maçães Russia essentially wants to destroy or dramatically weaken the Ukrainian state

L’autor, ex-secretari d’estat d’afers europeus del govern portuguès, considera que Rússia mai no acceptaria una Ucraïna neutral i que Moscou detesta la independència econòmica i cultural d’Ucraïna. En aquest context, recorda que la qüestió principal sobre la taula fa vuit anys no era la pertinença d’Ucraïna a l’OTAN, sinó la seva sol·licitud per formar part de l’Espai Econòmic Europeu. Es tractava de comerç i economia, no de seguretat. Considera que Rússia vol destruir o debilitar definitivament l’estat ucraïnès per convertir-lo en un estat fallit que Rússia pugui controlar, no només políticament sinó també econòmicament, on els interessos empresarials russos serien dominants. Maçães considera que el canvi radical d’Ucraïna durant l’última dècada és una de les transformacions més importants de l’era moderna. Fa només una dècada, Ucraïna formava íntegrament part del món rus, i ara la mentalitat ha canviat completament. La majoria dels ucraïnesos, especialment els joves, ja no miren cap a Rússia sinó cap a Europa, de la qual volen formar part. Paral·lelament, molts intel·lectuals ucraïnesos tracten de trobar en el passat una tradició distintivament ucraïnesa separada de Rússia, més democràtica. Des d’aquesta perspectiva, entenen Ucraïna com una zona fronterera entre els dos mons, que aporta un esperit de llibertat. Per consegüent, Maçães  argumenta que Ucraïna sempre ha estat un contrapès que marcava els límits del poder de Moscou, una mena de check and balances.

Las consecuencias para la Unión Europea

Matthew Karnitschnig How Putin made the EU great again

La invasió d’Ucraïna provocada pel president rus ha unit Europa i l’esfera transatlàntica com mai des de la caiguda del mur de Berlín, ja que fins i tot els seus antics aliats al continent l’han anat abandonant. Des de Sofia fins a Estocolm, les divisions internes d’Europa sobre com reaccionar davant l’agressió de Putin s’han dissolt en els darrers dies a mesura que creixien les dimensions històriques de la invasió —el repte més gran per a l’arquitectura de seguretat d’Occident en dècades—. Davant de la freda realitat que la invasió significa no només per a Ucraïna, sinó també per a l’arquitectura de seguretat a tot Europa, les objeccions puntuals, ja sigui el desig d’Itàlia de seguir venent articles de luxe als russos o d’Alemanya de mantenir un fàcil accés al gas rus, han desaparegut. Fins i tot els aliats més sòlids de Putin l’han abandonat, des del president txec Miloš Zeman fins a l’hongarès Viktor Orbán passant per la líder nacionalista francesa Marine Le Pen. El canvi més substancial, però, s’ha produït a Alemanya, els líders de la qual van perseguir un diàleg infructuós amb Putin durant anys, malgrat les fortes advertències dels seus aliats. La guerra de Putin a Ucraïna també serveix com a punt d’inflexió en altres aspectes i això és particularment cert per a les ambicions de l’anomenada autonomia estratègica de la UE. En qualsevol cas, la crisi d’Ucraïna farà que Europa sigui encara més dependent del paraigua de seguretat dels Estats Units, una realitat que també obligarà Washington a reavaluar el seu canvi estratègic en curs per centrar-se més en les amenaces que venen de la Xina. Tot i que els esdeveniments a Ucraïna obliguen a Occident a qüestionar els seus propis shibboleths estratègics i polítics, és l’home que ho ha posat tot en marxa qui probablement en pagui el preu més elevat. Putin va creure clarament que podria dividir Europa amb la seva invasió, com ha fet amb èxit en altres fronts al llarg dels anys. Però aquesta vegada, el president rus ha creat sense voler el major desafiament a la seva hegemonia: un continent europeu unit.

Le Grand Continent Géopolitique interne de la riposte européenne à l’invasion russe de l’Ukraine

La revista Le Grand Continent planteja si la invasió d’Ucraïna represemta un moment clau en el despertar geopolític de la Unió i com s’han d’entendre les mesures preses a escala continental aquest cap de setmana Per analitzar l’abast sorprenent de la resposta europea, tant en la seva vessant econòmica com en la d’ajuda militar, la revista, juntament amb el Grup d’Estudis Geopolítics, proposa un mapa i una taula que analitzen el posicionament de cada estat membre. Mentre que la guerra d’Ucraïna sembla entrar en una nova etapa, Josep Borrell va anunciar el 27 de febrer l’assignació d’ajuts –finançats en el marc del Fons Europeu de Pau– fins a 450 milions d’euros per a l’enviament d’assistència militar a Kíev, així com 50 milions d’euros per al subministrament de combustible, materials de protecció i ajuda mèdica d’emergència. A més, la Comissió ha anunciat un fons d’ajuda humanitària –una forma de compromís molt més clàssica– de 90 milions d’euros per a programes d’ajuda d’emergència destinats a donar suport als civils afectats per la guerra. Com a part del Mecanisme de Protecció Civil, es lliuraran a Ucraïna 8 milions d’articles d’atenció mèdica essencials. A nivell d’estat membre, les ajudes segueixen dues modalitats que dibuixen un mapa de divergències aparentment mínimes en el context d’una convergència la velocitat d’execució de la qual ha sorprès la majoria dels observadors, però que mereix ser estudiada de prop. Es pot establir la següent tipologia: a) tres països que ofereixen ajuda humanitària, però que rebutgen qualsevol ajuda militar: Àustria Espanya i Hongria; b) vint-i-quatre països que ofereixen un component d’ajuda humanitària vinculat a un component d’ajuda militar. Destaca especialment la presència de Finlàndia i Suècia, dos països neutrals que han decidit oferir ajuda militar.

Nicoletta Pirozzi Democracy and security in the EU’s neighbourhood

Tal com van predir els serveis d’intel·ligència dels Estats Units, ara fa una setmana Rússia va envair Ucraïna amb una intervenció militar a gran escala que ha eliminat qualsevol il·lusió europea de diàleg diplomàtic. La guerra truca a les portes d’Europa i la UE i els seus estats membres estan cridats a respondre, per sobre de les declaracions i sancions inicials anunciades. La crisi d’Ucraïna ha demostrat una vegada més que la UE ha d’augmentar la seva seguretat i el seu compromís militar i, al mateix temps, desenvolupar les seves pròpies capacitats de defensa. Les missions civils de la UE es despleguen a la frontera entre Moldàvia i Ucraïna (des del 2005), a Geòrgia (des del 2008) i Ucraïna (des del 2014), així com a Kosovo (des del 2008). Mentre una missió militar a Bòsnia i Hercegovina dirigida conjuntament amb l’OTAN el 2004 s’està eliminant gradualment. Aquestes missions asseguren una presència europea sobre el terreny i han estat fonamentals en el seguiment de la reconstrucció després dels conflictes i el suport a la construcció institucional. No obstant això, la UE no té una capacitat de dissuasió que es pugui mobilitzar per respondre a les amenaces d’agressió al seu pati del darrere. Segons l’autora, el desenvolupament d’una guia estratègica hauria de dotar la UE de les forces de reacció ràpida necessàries perquè pugui intervenir en conflictes d’alta intensitat. Aquestes forces haurien de ser creïbles en termes de personal militar —per tant, no limitades a 5.000— i capacitats de suport: transport estratègic, tecnologies de comunicació, etc. Això implicaria que els estats membres gastessin més en defensa, com a part del seu producte interior brut, i que a nivell de la UE augmentarien l’assignació al Fons Europeu de Defensa (actualment uns 8.000 milions d’euros) i els costos comuns de les missions militars finançades conjuntament a través del mecanisme Athena. Conclou que això pot ser un repte quan la majoria de capitals lluiten per recuperar-se de les conseqüències econòmiques i socials de la pandèmia, però considera que cal aprofitar els fons disponibles en el paquet Next Generation de la UE per reestructurar els pressupostos d’una manera que faci més sostenible la despesa en defensa.

Daniel Boffey Ukraine’s bid for fast-track membership of EU likely to end in disappointment

L’article analitza les possibilitats d’èxit de la petició de Volodymyr Zelenski perquè Ucraïna ingressi a la UE. A més dels eurodiputats, els governs dels estats bàltics, així com d’altres països, inclosa Grècia, han manifestat el seu suport. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comissió Europea, va respondre que Ucraïna era «un de nosaltres i els volem a la UE». Però en altres capitals de la UE la petició ha generat una gran preocupació perquè es tracta d’una reacció emocional que segurament comportarà decepció i amargor d’aquí uns mesos. A més, Albània, la República de Macedònia del Nord, Montenegro, Sèrbia i Turquia són actualment els països candidats a l’adhesió però Emmanuel Macron, el president francès, ha subratllat que, atès el fracàs de la UE per respondre adequadament al dèficit democràtic de Polònia i Hongria, o de trobar la manera de tenir una política exterior coordinada, no hi pot haver ampliació fins que no s’hagin realitzat reformes als tractats. D’altra banda, segons l’índex de percepció de la corrupció de Transparency International, Ucraïna és el segon país més corrupte d’Europa, per davant de Rússia. En aquests moments està immersa en una guerra i les seves futures fronteres no estan gens clares. Així doncs, el camí cap a l’adhesió és ardu. Si el Consell de la Unió Europea hi està d’acord, es demanarà a la Comissió Europea que opini, i aquest procés pot durar fins a 18 mesos. Aleshores, Ucraïna haurà d’anar integrant la legislació de la UE durant un període de transició indefinit.

Ian Bancroft As Russia invades Ukraine, the EU must seek to protect the Western Balkans

Dins del context bèl·lic actual, l’autor afirma que la regió segueix sent molt vulnerable al contagi de les crisis que s’estan succeint a les fronteres orientals d’Europa, i considera que si no s’actua aviat els problemes desatesos s’aniran complicant i mutaran fins que sigui massa tard. A mesura que Rússia accelera la seva invasió d’Ucraïna, creixen les preocupacions respecte dels altres reptes per a una arquitectura de seguretat que, encara que imperfecta, ha estabilitzat en gran mesura una regió clau d’Europa. Tal com ha passat amb Ucraïna, la indiferència de la Unió Europea davant dels perills als quals s’enfronten els Balcans només ha fet més que trencar la confiança fins ara indiscutible en les seves polítiques que els candidats a l’adhesió havien defensat gairebé dogmàticament. Avui Bòsnia i Hercegovina s’enfronta a un ressorgiment de tendències secessionistes, mentre que els intents de normalitzar les relacions entre Sèrbia i Kosovo han fracassat. Encara que les perspectives de secessió de la República Srpska segueixen sent escasses, les accions provocadores de Dodik són un desafiament directe a la constitució de Bòsnia i Hercegovina. Els possibles enfrontaments –per exemple, si hi hagués intents de retirar les forces armades del país del territori de l’entitat, tal com s’ha proposat– crearien una sèrie de dilemes de seguretat que podrien fer augmentar encara més les tensions. L’ampliació s’ha convertit en una promesa buida, fins i tot si la Unió continua invertint un capital polític i financer considerable als Balcans. Pel que fa a la qüestió de les possibles sancions contra la República Srpska, hi ha una manca de consens notable i desconcertant, encapçalat per l’Hongria de Viktor Orban, però amb el suport de Croàcia i Eslovènia. Si no estava clar fins ara, l’auge dels moviments i partits il·liberals a Europa compromet la recerca d’una política exterior unificada de principis i de valors. Tot i que la seva credibilitat s’ha vist soscavada al llarg del temps, la UE i els seus socis han de continuar construint resiliència davant les influències externes malèvoles.

The Economist A new refugee crisis has come to Europe

Després d’una setmana d’invasió gairebé un milió de persones ja han fugit d’Ucraïna d’acord amb les dades de l’Alt Comissionat de l’ONU per als Refugiats. Al voltant de la meitat han entrat a la UE per la frontera amb Polònia, mentre que Hongria, Moldàvia, Romania i Eslovàquia són els punts de pas secundaris. El comissari encarregat de la gestió de crisi afirma que la guerra podria obligar a 4 milions de persones a fugir d’Ucraïna, mentre que uns quants milions més es refugiaran a l’oest del país, considerat encara com una zona relativa segura. Així doncs, les fronteres de la UE, que s’han anat tancant cada cop més per a la majoria de refugiats des de la gran afluència procedent de Síria i l’Afganistan el 2015, s’estan obrint als ucraïnesos. Polònia, que ja acull prop d’1,5 milions d’ucraïnesos, alguns d’ells desplaçats per l’anterior agressió de Rússia al Donbass, afirma que oferirà a tots els refugiats d’Ucraïna refugi i assistència. Un altre fet destacable és que a diferència del 2015, quan quatre cinquenes parts dels migrants adults de Síria i l’Afganistan eren homes, els refugiats ucraïnesos són gairebé exclusivament dones i nens, degut al fet que els homes ucraïnesos d’entre 18 i 60 anys estan subjectes al servei militar obligatori i se’ls prohibeix sortir del país. Una altra diferència és que des del 2017, els ucraïnesos poden desplaçar-se sense visat per la UE durant 90 dies, la qual cosa significa que no han de demanar asil al primer país de la UE on entren. Així, la tasca d’acollir-los es repartirà entre països, mentre que al 2015 la càrrega va recaure de manera desproporcionada sobre Grècia i Itàlia, degut a raons geogràfiques, i sobre Alemanya i Suècia, que van ser els països més receptius a obrir les seves portes. Però potser la diferència més gran sigui la manera com es rebrà aquest nou flux de refugiats. Molts ucraïnesos ja viuen a la Unió Europea, molts estan ajudant els seus compatriotes quan arriben, oferint refugi i consells sobre com sobreviure. Si s’acaben quedant, aquests llaços sens dubte els ajudaran a integrar-se. Per als governs, acceptar migrants amb el suport dels ciutadans és molt més fàcil que si cal organitzar la seva instal·lació contra la voluntat de la gent.

Jean-Robert Raviot L’invasion de l’Ukraine concrétise la menace russe en Europe

Segons Raviot, professor de civilització russa contemporània a la Universitat de París-Nanterre, l’objectiu declarat de Vladimir Putin a llarg termini era aconseguir una Ucraïna neutral, després obrir una gran negociació amb els Estats Units i els seus aliats de l’OTAN per obtenir una revisió completa de l’arquitectura de seguretat del continent europeu. En aquest context, considera plausible que va ser la negativa dels Estats Units a iniciar negociacions amb Moscou sobre la base dels dos esborranys de tractats presentats per Rússia el 17 de desembre de 2021 el que va accelerar el desenvolupament de la invasió llançada el 24 de febrer. Per tal d’esbrinar les causes que han portat Putin a planificar i després decidir implementar una operació d’aquesta magnitud, és necessari analitzar les seves intencions a través del teixit del discurs oficial, intentant entreveure l’univers mental que ha donat forma a aquesta decisió. Al seu entendre, dos registres discursius permeten dibuixar dues cadenes de causalitat, molt lligades entre elles. La primera és de caràcter polític i geopolític de la nova guerra freda. La Nova Guerra Freda no és una continuació, sinó més aviat un ressorgiment de la Guerra Freda pròpiament dita, que va tenir lloc als anys 2000 com a reacció a la postguerra freda dels anys 90 i d’un nou desig rus de revisar l’ordre europeu. Rússia considera que aquest últim es va construir sense ella i fins i tot en contra ella aprofitant la seva feblesa als anys noranta. En aquest sentit, una figura clau de la Guerra Freda, el diplomàtic nord-americà George Kennan, inventor del concepte de contenció, ja va advertir el 1997 que la decisió d’admetre a l’OTAN els antics satèl·lits de l’URSS a l’est d’Europa era un «error fatal«. En aquesta primera cadena de causalitat geopolítica s’empelta una segona, d’ordre de civilització i cultural, en virtut de la qual Rússia és un Estat portador d’una civilització –el món rus– amenaçat en la seva mateixa existència per una russofòbia occidental latent i difusa – que porta els líders a a voler apoderar-se dels seus recursos naturals, controlar els corredors logístics del continent euroasiàtic, fins i tot, avui, per contenir millor la Xina. Segons aquesta visió culturalista, que trobem per exemple en el pensament d’Alexandre Soljenitsyn, Ucraïna no és una nació en si mateixa, sinó la branca d’un gran poble rus. Per tant, Rússia té la missió de reunir en una única entitat política liderada per Moscou Rússia pròpiament dita, Bielorússia, Ucraïna i els russos que viuen als estats limítrofs (Kazakhstan del Nord). Avui, continuem amb aquesta lògica de pensament, Ucraïna s’hauria convertit en la baula feble del món rus, perquè d’alguna manera hauria perdut la seva consciència d’identitat sota la influència d’un nacionalisme ucraïnès revengista (fins i tot «neonazi» segons les paraules de Putin) manipulat des de fora.

La posición de China, entre Rusia y Occidente

Stuart Lau Putin puts China in a bind

A parer de l’autor, la guerra de Putin contra Ucraïna està posant Pequín en una posició molt incòmode. D’una banda, la posició oficial de la Xina és d’emetre declaracions vagues a favor del Kremlin, criticant l’OTAN i Washington, tot queixant-se de l’agressió occidental i dels perills d’una nova Guerra Freda. De l’altra, però, la dinàmica geopolítica fonamental subjacent a la invasió d’Ucraïna és molt incòmoda per a Pequín, obsessionat amb la sobirania territorial. La idea que una regió o un grup ètnic determinat pogués reclamar la seva independència i ser reconeguda per una superpotència nuclear és un autèntic malson per a la Xina, permanentment preocupada per la dissidència en regions com el Tibet, Xinjiang i Hong Kong. En definitiva, doncs, aquesta no és la manera com Pequín vol que es dugui a terme la diplomàcia internacional. D’altra banda, la Xina tampoc no vol que els seus creixents vincles estratègics amb Putin obstaculitzin les seves relacions comercials amb unes economies occidentals que s’han mostrat inesperadament unànimes en la seva oposició a la campanya de Putin a Ucraïna.

Jeremy Goldkorn Maria Repnikova on Chinese soft power and Ukraine

La politòloga i experta en soft power xinès Maria Repnikova analitza les reaccions dels dirigents xinesos a la invasió d’Ucraïna i subratlla que, des de funcionaris del Ministeri d’Afers Exteriors a ambaixadors xinesos, inclosos ambaixadors xinesos a l’ONU, passant per les xarxes socials i la premsa xinesa, es poden detectar algunes continuïtats i algunes diferències amb les declaracions de 2014 sobre l’annexió de Crimea. Les similituds són bàsicament que la Xina encara té un enfocament bastant neutral i vague sobre aquesta crisi. No hi ha una crítica explícita a Rússia, però, el sentiment general és que s’hauria de resoldre aquesta crisi de manera pacífica, i que ambdues parts haurien d’intentar resoldre-la mitjançant la diplomàcia.  Pel que fa a les diferències Repnikova considera que hi ha un major èmfasi en considerar els Estats Units com a actor negatiu i detonador d’aquesta crisi. També destaca l’escassa cobertura dels mitjans xinesos: els diaris més importants, els principals mitjans de comunicació, inclosa la CGTN, o el Diari del Poble i molts altres, no dediquen els principals titulars a Ucraïna. En darrer terme, doncs, tot i que la Xina es posiciona en una neutralitat amistosa cap a Rússia, no hi ha espai per al suport militar ni per compartir el reconeixement per part de Putin de les anomenades repúbliques populars de Donetsk i Luhansk. En definitiva, el discurs de Beijing és que ambdues parts són culpables i que els Estats Units són els principals responsables d’aquesta crisi.

El impacto económico de la crisis

David Frum The Coming Energy Shock

Alguns comentaristes estan comparant l’actual agressió russa contra Ucraïna amb la invasió de Polònia per part de l’Alemanya nazi l’agost de 1939. L’autor de l’article, però, estableix una altra analogia que podria ser més precisa: el 1979, els trastorns a l’Orient Mitjà van provocar l’increment dels preus de l’energia i les economies occidentals es van esfondrar. Rússia és el tercer exportador mundial de petroli i el segon exportador de gas natural. Ara que els països occidentals han respost a la invasió imposant una duríssimes sancions a Rússia, el més probable és que Putin contraataqui prenent represàlies mitjançant la disminució de les vendes de combustible. Així doncs l’estat del mercat energètic proporciona bona part de la resposta al per què Putin ha decidir atacar ara. Segons Frum, la veritable explicació rau en la feblesa del mercat energètic mundial a finals de la dècada de 2010, i la seva nova força a la dècada de 2020. Des de mitjans de 2014 fins a l’inici de la pandèmia mundial el 2020, el gas rus es venia per menys de 10 dòlars per milió d’unitats tèrmiques britàniques mètriques, sovint per menys de 5 dòlars. Però el mercat del gas és ineludiblement cíclic i els baixos preus de la dècada de 2010 van desincentivar la inversió en nova oferta i van establir les condicions per a l’augment dels preus durant la dècada de 2020. A mesura que l’economia mundial ha començat a recuperar-se de la pandèmia, també ho ha fet el preu del gas. El preu del gas rus als mercats al comptat va superar els 10 dòlars per milió de BTU mètriques el juny de 2021, després els 15 i després els 20. El dia que Putin va anunciar la invasió d’Ucraïna era d’uns 30 dòlars…

Brenda Shaffer Putin Just Pushed the World Into an Even Bigger Energy Crisis

Des que Rússia va atacar Ucraïna fa una setmana, el preu del cru s’ha disparat fins als 105 dòlars el barril, un preu que s’havia assolit per última vegada el 2014 arran de l’annexió de Crimea. L’autora considera que les coses podrien empitjorar molt a partir d’aquí, ja que si les actuals sancions imposades a Rússia no apunten explícitament al comerç energètic, les sancions als bancs i altres entitats impediran les exportacions de petroli, gas natural i carbó, causant estralls als mercats energètics mundials. A més, els perills per als petroliers que viatgen al Mar Negre comportaran una disminució del petroli que arribi als mercats mundials, inclosos els subministraments marítims de productors no russos com el Kazakhstan. La retallada del subministrament de petroli i de  gas natural rus als mercats tindrà efectes de contagi i farà augmentar encara més els preus del carbó i del gas natural liquat (GNL), la qual cosa també influirà negativament sobre la inflació. Com ja va passar amb la crisi del petroli de 1973, l’actual crisi energètica s’està produint en un moment on els mercats energètics ja estaven particularment tensos. En efecte, pel que fa a la demanda, el consum mundial de petroli ha tornat als índexs previs a la pandèmia, i és probable que continuï augmentant, sobretot un cop torni a créixer el volum de viatges internacionals. A la vegada, la pandèmia també ha provocat una major demanda bàsica de petroli ja que ha augmentat l’ús de plàstics a causa de l’ús creixent de màscares, articles d’un sol ús i diversos articles de consum i que l’ús del transport públic s’ha anat reduint en benefici del desplaçament en cotxe. Atendre aquest increment de la demanda sense que augmentin els preus requereix produir més petroli, cosa que pocs governs occidentals han volgut admetre obertament. I un dels únics països que té una gran capacitat de producció de petroli infrautilitzada són els Estats Units, en un moment on les polítiques del president Joe Biden i els sentiments de la seva base política contra els combustibles fòssils són factors importants que han impedit noves inversions en la producció de petroli dels Estats Units.

The Economist Russia invades Ukraine

The Economist analitza les conseqüències econòmiques que pot tenir la invasió d’Ucraïna i afirma que en si mateix, l’impacte directe de les sancions sobre l’economia europea serà modest ja que Rússia depèn de la demana europea i no al revés. Goldman Sachs estima que la pèrdua de comerç causada per una contracció del 10% de la demanda russa costaria a la zona euro només un 0,1% del seu PIB, i només la meitat a la Gran Bretanya. El problema és que algunes importacions de Rússia són inputs crucials i escassos per a la producció europea, ja que en temps normals, Rússia subministra entre el 30 i el 40% del gas d’Europa. Tot i que aquesta quota ha caigut en els últims mesos a mesura que Europa ha augmentat les importacions de gas natural liquat, una disminució addicional del subministrament, provocada per les sancions o com a represàlia, podria arribar a interrompre la producció industrial d’Europa. En qualsevol cas, el dany causat als exportadors europeus es repartiria de manera desigual entre els països. Rússia és una de les dues principals destinacions de mercaderies exportades tant de Lituània com de Letònia. També és una font important de demanda externa per a Finlàndia, Grècia i Bulgària. Per consegüent, aquests països es veurien sotmesos a un major impacte que la mitjana europea si es produís un col·lapse del comerç amb Rússia.

... Y también recomendamos

Molly Roberts Ukraine is a war of the modern-day Web

Kate Aronof Authoritarian Nationalism—and Western Militarism—Are Climate Problems

Noah Barkin Europe’s Sleeping Giant Awakens

Nosmot Gbadamosi How the Russia-Ukraine War Impacts Africans

Andrea Kendall-Taylor & Erica Frantz The Beginning of the End for Putin?

Dimitar Bechev Turkey, between a rock and a hard place on Russia

Mira Milosevich-Juaristi Rusia y el orden de seguridad europeo: del descontento pasivo al revisionismo activo

Adam Tooze The world is at financial war

Katie Stallard Putin’s miscalculation in Ukraine could lead to his downfall

Florent Parmentier Le futur de la guerre en Ukraine est-il en Moldavie?

back to top