Idees d’actualitat – La resistencia de la democracia norteamericana
05 noviembre 2026
Las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre marcan un antes y un después en la política estadounidense. Los demócratas han recuperado el control de la Cámara de Representantes y del Senado, además de lograr avances importantes en las elecciones a gobernador. El resultado supone una derrota política de primer orden para Donald Trump y el movimiento MAGA. A punto de cumplirse dos años de su regreso a la Casa Blanca, el presidente comprueba cómo se resquebraja una parte del respaldo político con el que inició su segundo mandato.
El resultado pone en entredicho la solidez de la coalición que le devolvió a la presidencia en 2024 y abre una nueva etapa de enfrentamiento entre la Casa Blanca y el Congreso. También deja claro que el apoyo a Trump no es incondicional y que una parte considerable de la sociedad estadounidense está dispuesta a movilizarse contra las actuaciones de su Gobierno. Su poder, por tanto, también tiene límites en las urnas, aunque la magnitud de la victoria demócrata no suponga, ni mucho menos, el final del trumpismo.
La derrota republicana responde, ante todo, al creciente desgaste de Trump entre sus propios votantes. La inflación y el encarecimiento de la vida, el impacto de los aranceles, la subida de los precios de los combustibles a raíz de la guerra con Irán, las polémicas en torno a la inmigración y las acusaciones de corrupción han ido alimentando el malestar entre sus bases electorales. Trump volvió a la Casa Blanca con la promesa de mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras, pero las expectativas no se han cumplido. Más bien se ha extendido la idea de que las políticas de su Gobierno favorecen a los más ricos y responden, en buena medida, a los intereses económicos de su círculo más cercano.
Los demócratas han sabido aprovechar ese descontento con una campaña disciplinada y centrada en las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos: la vivienda, la sanidad y el coste de los alimentos y la energía. Sus avances han sido notables tanto desde el punto de vista social como territorial. Han recuperado parte del voto latino que Trump había conquistado en 2024, han ganado terreno entre los trabajadores y los electores con menos ingresos y han mejorado sus resultados en zonas rurales y en estados del Medio Oeste y las Grandes Llanuras. Las victorias en Texas, Kansas, Iowa, Ohio y Carolina del Sur, junto con la recuperación de distritos que Trump había ganado con holgura, indican que las divisiones sociales y territoriales que habían favorecido a los republicanos no son irreversibles. También ha influido la elección de candidatos competitivos, capaces de conectar con las particularidades de cada estado. Más allá de devolverles un papel central en el Congreso, el resultado demuestra que los demócratas pueden volver a disputar territorios que daban prácticamente por perdidos y ensanchar su base electoral.
Conviene, sin embargo, no interpretar esta victoria como un respaldo sin reservas al programa demócrata. Ha sido, sobre todo, un voto de castigo a Trump y a su manera de ejercer la presidencia. La coalición que ha permitido a los demócratas imponerse es amplia, pero también reúne sensibilidades e intereses muy distintos. Su continuidad dependerá de que el partido sea capaz de ir más allá del rechazo a Trump y plantear soluciones creíbles a los problemas que afectan a la vida cotidiana de los estadounidenses. El resultado les brinda una oportunidad que hace apenas dos años parecía muy difícil de alcanzar. Ahora tendrán que demostrar que saben qué hacer con ella.
La victoria demócrata obliga también a separar dos cuestiones que a menudo se confunden: la fortaleza de las instituciones y la salud de la democracia estadounidense. Durante los dos últimos años, la Administración Trump ha puesto en duda las garantías electorales, ha alimentado sospechas infundadas de fraude y ha intentado ampliar la intervención del Gobierno federal en ámbitos que corresponden a los estados. Pese a estas presiones, las elecciones se han celebrado sin incidentes de especial gravedad. Ha sido posible gracias, en buena medida, al trabajo de las autoridades electorales estatales, los tribunales y las organizaciones de defensa de los derechos civiles. El sistema federal, la independencia judicial y la movilización ciudadana han resultado fundamentales para preservar la limpieza del proceso.
Los comicios han demostrado, por tanto, que las instituciones estadounidenses todavía conservan recursos para frenar los intentos de concentrar el poder e interferir en los procesos electorales. Pero esa capacidad de resistencia no debe confundirse con una vuelta a la normalidad institucional. La celebración de las elecciones y la aceptación de sus resultados no han acabado con las presiones sobre jueces, funcionarios y responsables electorales. Tampoco han permitido recuperar un mínimo acuerdo sobre las reglas que deben regir la convivencia democrática. Las instituciones han resistido, pero los próximos dos años serán decisivos para comprobar hasta dónde pueden llegar a la hora de contener los abusos de poder en un país marcado por una profunda polarización y una creciente desconfianza hacia sus propias instituciones.
El nuevo reparto de fuerzas en el Congreso permitirá a los demócratas intensificar el control sobre la actuación del Gobierno. Podrán investigar posibles casos de corrupción, conflictos de intereses y abusos de poder, reclamar documentación y llamar a declarar a responsables de la Administración para que den explicaciones sobre las decisiones del Ejecutivo. También podrán frenar iniciativas legislativas republicanas, condicionar la aprobación de los presupuestos y poner obstáculos a determinados nombramientos. Esta labor de supervisión puede contribuir a recuperar unas exigencias de transparencia y rendición de cuentas que habían quedado muy debilitadas.
Ahora bien, tener mayoría en el Congreso no equivale a controlar la presidencia. Trump mantiene amplias competencias ejecutivas y puede recurrir al veto para bloquear las iniciativas legislativas que considere contrarias a sus intereses. Su capacidad de actuación sigue siendo especialmente amplia en ámbitos como la inmigración, la defensa, el comercio y la política exterior. El nuevo escenario podría desembocar, por tanto, en un bloqueo legislativo y en una presidencia aún más combativa, dispuesta a redoblar el pulso con el Congreso y a recurrir con mayor frecuencia a decisiones unilaterales. La mayoría demócrata supone un contrapeso importante y puede encarecer políticamente algunas decisiones del presidente, pero no dispone de instrumentos para neutralizar el poder ejecutivo ni para revocar por sí sola las decisiones de la Casa Blanca.
Esta diferencia entre el control parlamentario y las atribuciones presidenciales resulta especialmente relevante en política exterior. Con menos margen para sacar adelante su agenda interna y sometido a un mayor escrutinio por parte del Congreso, Trump podría buscar en el escenario internacional una vía para recuperar protagonismo y proyectar una imagen de liderazgo. La derrota electoral no significa necesariamente que vaya a hacerlo, pero sí podría reforzar una forma de gobernar caracterizada por la imprevisibilidad y las decisiones tomadas en función de criterios personales.
Los riesgos son importantes. En Ucrania, Trump podría intensificar las presiones sobre Kiev para que aceptara un acuerdo sin garantías de seguridad suficientes, con consecuencias para la estabilidad europea y para la credibilidad de los compromisos de Estados Unidos. En Oriente Próximo, una nueva escalada de la guerra con Irán podría extender el conflicto a otros países de la región y agravar sus efectos económicos. Los aranceles, por su parte, podrían seguir siendo una herramienta de presión sobre otros países. La política exterior corre así el riesgo de convertirse en otro foco de inestabilidad, tanto para los aliados de Washington como para el conjunto del orden internacional.
Europa haría bien en no extraer conclusiones demasiado optimistas de este resultado. La mayoría demócrata en el Congreso puede poner trabas a algunas iniciativas de Trump y someter su política exterior a un control más estricto, pero difícilmente alterará las grandes prioridades estratégicas de Estados Unidos. El desplazamiento del foco hacia el Indopacífico, la exigencia de que Europa asuma una mayor responsabilidad en su propia defensa y la revisión de las dependencias militares a ambos lados del Atlántico responden a cambios de fondo que trascienden a la actual presidencia. Una futura Administración demócrata podría recuperar un tono más favorable a la cooperación con sus aliados, pero eso no significa que vaya a restablecer el reparto de responsabilidades que existía anteriormente en el seno de la OTAN.
La derrota de Trump tampoco resuelve, por último, la crisis del sistema político estadounidense. Aunque ha salido debilitado de las urnas, conserva el poder ejecutivo y mantiene una influencia considerable sobre el Partido Republicano. La pugna por su sucesión y por el futuro del movimiento MAGA puede ahondar las diferencias entre quienes quieren recuperar una identidad conservadora más tradicional y quienes siguen considerando que el futuro del partido pasa por mantener el vínculo con su liderazgo. Los demócratas, por su parte, también tendrán que demostrar que son capaces de convertir la coalición electoral que les ha devuelto el control del Congreso en un proyecto político común. Cuentan con una plataforma institucional de primer orden, nuevos liderazgos y la oportunidad de recuperar la confianza de sectores sociales y territorios de los que se habían ido alejando.
En definitiva, estas elecciones han puesto en cuestión un predominio republicano que parecía firmemente asentado. También han demostrado que la oposición a Trump puede traducirse en una movilización electoral efectiva y que las instituciones estadounidenses conservan capacidad para actuar como contrapeso frente a los excesos del poder presidencial. La incógnita es si esa resistencia institucional irá acompañada de una renovación política capaz de cerrar la brecha entre las instituciones y una ciudadanía cuya confianza en la democracia se ha deteriorado.
Fotografía: Elaboración propia, generada con IA.
Política internacional y globalización
Trump’s slapdown by America is one for the ages
Les eleccions de mig mandat poden marcar el principi del final de Donald Trump, ja que el president ha patit una de les derrotes electorals més contundents de la història política nord-americana. Contra els consells del seu entorn, Trump va convertir els comicis en un referèndum sobre el seu lideratge i va assumir personalment el protagonisme de la campanya. Per això, també és el principal responsable de l’abast històric de la derrota republicana. El revés ha afectat altres figures destacades de l’òrbita trumpista. Elon Musk, que va invertir més de 200 milions de dòlars en la cursa al Senat per Texas, no ha pogut evitar la derrota del seu candidat, Ken Paxton, davant el demòcrata James Talarico. A Michigan, Abdul El-Sayed s’ha imposat malgrat els esforços econòmics de l’AIPAC (Comitè d’Afers Públics EUA-Israel )per frenar-lo i serà el primer senador musulmà de la història dels Estats Units. També han perdut Vivek Ramaswamy, en la cursa per la governació d’Ohio, i els republicans a Carolina del Sud, on els demòcrates han aconseguit un escó al Senat per primera vegada en gairebé trenta anys. L’autor atribueix el resultat, en bona part, a l’estratègia contraproduent de Trump, que ha menystingut les principals preocupacions dels electors. Ha qualificat de frau el debat sobre el cost de la vida i ha ignorat l’impacte inflacionista de la guerra amb l’Iran. El seu discurs de cloenda, centrat obsessivament en la remodelació de l’estany del Lincoln Memorial, il·lustra aquesta desconnexió. La victòria demòcrata a les dues cambres del Congrés tindrà dues conseqüències immediates: accelerarà la pugna republicana per la candidatura presidencial de 2028 i accentuarà la imprevisibilitat de Trump. Si la derrota del 2018 va marcar el final del començament de Trump, conclou l’autor, aquests comicis poden representar, deu anys després de la seva irrupció política, el començament del seu final.
Après les midterms, la politique internationale de Trump va devenir encore plus déjantée
En aquesta entrevista, l’expert en relacions internacionals Charles A. Kupchan considera que, si els demòcrates guanyen les eleccions de mig mandat, la política exterior de Donald Trump difícilment canviarà de rumb. El Congrés té una capacitat limitada per condicionar-la i, a més, la vulnerabilitat electoral del president podria accentuar-ne la imprevisibilitat. Obsessionat amb el llegat històric que deixarà, Trump podria buscar noves operacions espectaculars, especialment contra Cuba. Kupchan distingeix entre algunes intuïcions encertades de Trump i la manera desastrosa d’aplicar-les. Considera raonable revisar les aliances, exigir més contribucions europees a la defensa i abandonar les intervencions militars destinades a exportar la democràcia. Tanmateix, les amenaces contra aliats, com Dinamarca pel que fa a Groenlàndia, i les decisions impulsives destrueixen la confiança i converteixen iniciatives potencialment positives en fracassos. A Ucraïna, negociar amb Putin és necessari, però sense pressionar Rússia perquè renunciï als seus objectius, les converses no prosperaran. Washington hauria d’incrementar el suport militar a Kíiv i incorporar els ucraïnesos i els europeus a les negociacions. L’apropament a Moscou, motivat també per interessos electorals interns, no ha produït resultats tangibles. La conseqüència és una creixent incertesa sobre la fiabilitat dels Estats Units, que obliga Europa i els seus aliats asiàtics a preparar alternatives. L’entrevista situa aquesta crisi en una transformació més profunda: el declivi de l’ordre liberal internacional coincideix amb la polarització política, l’erosió de les classes mitjanes i els efectes de la digitalització i l’automatització. Davant d’aquest escenari, proposa un sistema internacional que combini institucions globals amb organitzacions regionals i coalicions flexibles de països disposats a cooperar. L’ONU continua sent necessària, però el veto al Consell de Seguretat en limita l’eficàcia. Caldria, doncs, complementar-la amb espais de negociació més reduïts, capaços d’actuar sobre conflictes i reptes globals concrets. El món necessita doncs reconstruir mecanismes de cooperació abans que la rivalitat entre potències i la descomposició interna de les democràcies desemboquin en una nova catàstrofe internacional.
rump, Putin and the ‘peacemakers’ who make war more likely
En aquest article, Slavoj Žižek qüestiona la idea que la pau es pugui aconseguir simplement entenent els adversaris, reconeixent les seves pors i promovent el diàleg. Considera que aquest pacifisme abstracte, malgrat les seves bones intencions, pot acabar afavorint l’agressió i fent més probable la guerra. Per desenvolupar el seu argument, l’autor discuteix les tesis del físic Carlo Rovelli, que defensa la necessitat de deixar de percebre els adversaris com a enemics i d’abandonar la cursa armamentística. Žižek comparteix la preocupació per l’escalada militar, però rebutja la idea que tots els conflictes siguin fruit de la por mútua o dels malentesos. Hi ha una asimetria fonamental entre agressors i agredits: Rússia ha envaït un país independent i qüestiona el dret d’Ucraïna a existir com a nació. Equiparar les dues parts, per tant, significa ignorar la naturalesa de l’agressió. Per reforçar aquesta distinció, Žižek evoca el nazisme i la Guerra Civil nord-americana: no tots els antagonismes es poden resoldre mitjançant el reconeixement mutu, perquè alguns actors persegueixen objectius incompatibles amb la llibertat dels altres. La conclusió és que la voluntat de pau no pot prescindir d’una comprensió realista de l’enemic. Hi ha adversaris que no busquen un compromís, sinó imposar-se o destruir l’altre. En aquests casos, negociar pot ser necessari per evitar una catàstrofe, però també ho és disposar de capacitats defensives que dissuadeixin l’agressió. Žižek compara els pacifistes que ignoren aquesta realitat amb el príncep Mixkin de Dostoievski: figures moralment benintencionades que, per ingenuïtat, poden desencadenar conseqüències desastroses.
China’s Rare Earth Strategy and the Future of the South China Sea
La competència mundial per les terres rares està adquirint una nova dimensió geopolítica: l’explotació dels recursos minerals del fons marí. En aquest context, la mar de la Xina Meridional, escenari de disputes territorials entre Pequín i diversos estats del sud-est asiàtic, podria guanyar importància estratègica més enllà del control de les rutes marítimes, les pesqueries i les aigües disputades. La posició dominant de la Xina en el sector de les terres rares constitueix un instrument de poder econòmic i diplomàtic. A més de la seva capacitat extractiva, Pequín disposa d’una superioritat considerable en el processament d’aquests minerals, indispensables per a la fabricació de components electrònics, vehicles elèctrics, tecnologies energètiques i sistemes militars. Les restriccions a les exportacions i a la transferència de tecnologia associada permeten a les autoritats xineses utilitzar aquesta dependència com a palanca en les disputes comercials i estratègiques. La recerca d’alternatives per part dels Estats Units i els seus aliats ja s’estén al medi marí. L’agost de 2026, els Estats Units i el Japó van cooperar en l’exploració de sediments rics en terres rares al fons marí, la qua cosa il·lustra l’interès creixent per diversificar les fonts de subministrament i reduir la dependència de la Xina. L’autor adverteix que l’evolució de les tecnologies d’extracció submarina pot afegir una nova capa de competència a les disputes de la mar de la Xina Meridional. Si els recursos minerals del subsòl marí esdevenen comercialment accessibles, els estats implicats tindran nous incentius per reforçar les seves reivindicacions territorials i marítimes, agreujant així unes tensions regionals ja prou importants.
Los CRINK: una constelación revisionista de geometría variable
L’article analitza l’acostament entre la Xina, Rússia, l’Iran i Corea del Nord, agrupats sota l’acrònim CRINK, com un dels factors que contribueixen a la fragmentació de l’ordre internacional. La seva tesi és que aquests quatre estats no constitueixen una aliança formal ni un bloc homogeni, però tampoc no es poden considerar actors independents les relacions dels quals es limitin a acords bilaterals. Formen una constel·lació revisionista de geometria variable: una xarxa flexible, asimètrica i transaccional que coopera en funció dels interessos i les necessitats de cada membre. El principal element d’unió és l’oposició al lideratge dels Estats Units, a les seves aliances i a l’ordre internacional que encapçala Occident. A aquesta dimensió geopolítica s’hi afegeix una motivació de seguretat interna: els quatre règims perceben les sancions, la pressió militar, l’aïllament diplomàtic i el suport occidental a possibles canvis polítics com a amenaces a la seva pròpia supervivència. La cooperació es concreta en àmbits com la defensa, l’assistència militar, la tecnologia, l’energia, el comerç i l’elusió de sancions. Tanmateix, els interessos dels quatre països no són idèntics. La Xina disposa d’una capacitat econòmica i tecnològica superior; Rússia busca reforçar la seva posició estratègica i compensar l’aïllament derivat de la guerra contra Ucraïna; l’Iran i Corea del Nord obtenen oportunitats per ampliar les seves capacitats militars i reduir la dependència d’Occident. Aquesta xarxa no implica una coordinació permanent ni una voluntat compartida de substituir l’ordre internacional per un sistema alternatiu definit. La seva flexibilitat, però, dificulta la resposta occidental, perquè permet combinar recursos i capacitats sense les obligacions pròpies d’una aliança convencional. En darrre terme, Occident ha d’interpretar els CRINK com una xarxa de cooperació estratègica, no com un bloc monolític. Comprendre les complementarietats, les divergències i els interessos particulars de cada membre és essencial per dissenyar polítiques de dissuasió i contenció més eficaces.
Whoever wins the election, Israel’s illiberal turn is here to stay
Publicat abans de les eleccions, l’article sosté que aquestes difícilment revertiran el gir ideològic que ha experimentat el país durant les darreres dècades. En efecte, afirma que les forces nacionalistes i religioses de dreta han passat de la perifèria al centre del sistema polític, han guanyat influència sobre les institucions i han impulsat una concepció etnonacionalista de l’Estat, en què la identitat jueva preval sobre els principis liberals i democràtics. La polarització política, agreujada pels atacs del 7 d’octubre, ha reforçat el discurs que presenta la força militar com la principal garantia de seguretat. En política exterior, les diferències entre els principals partits jueus són més limitades del que podria semblar. Una eventual victòria de l’oposició podria moderar les posicions més radicals a Gaza, frenar la violència dels colons a Cisjordània i millorar les relacions amb els països àrabs. Tanmateix, l’expansió dels assentaments continuaria i la creació d’un Estat palestí seguiria sent una opció marginal en bona part de l’espectre polític jueu. Una nova coalició de dreta radical, en canvi, podria accelerar l’annexió de Cisjordània i dificultar l’aplicació de l’alto el foc a Gaza. Aquest gir també té conseqüències per a Europa. L’orientació militarista d’Israel, l’expansió territorial i l’acostament a forces il·liberals entren en conflicte amb els interessos europeus en matèria d’estabilitat regional i solució de dos estats. La recomanació de l’autora és que Europa abandoni la idea que un canvi de primer ministre restaurarà l’Israel liberal del passat. Cal condicionar les relacions polítiques i econòmiques a avenços diplomàtics concrets i estar disposats a aplicar mesures contra l’expansió dels assentaments si les polítiques israelianes persisteixen en la mateixa direcció.
What Now? Israel's Three Post-Election Scenarios
Després dels resultats electorals l’autor ressenya les dificultats que s’albiren per formar govern a Israel. Cap dels dos blocs principals ha aconseguit una majoria parlamentària i necessitaria algun tipus de suport dels partits àrabs, fet que complica les negociacions i obre la porta a tres escenaris. En primer lloc, un govern en minoria amb el suport àrab. Gadi Eisenkot havia defensat aquesta possibilitat, però els resultats provisionals situen el seu bloc per darrere del de Benjamin Netanyahu. Per tirar endavant, necessitaria que la Llista Unida àrab s’abstingués i que almenys un dels seus diputats hi votés a favor. Això suposaria canvis polítics importants per als partits implicats i, de moment, no semblen tenir prou suport dels seus electors. A més, dirigents opositors com Avigdor Lieberman i Naftali Bennett ja s’han pronunciat contra aquesta fórmula. Un segon escenari seria un govern d’unitat nacional. Netanyahu ja ha apel·lat a la necessitat d’unir la majoria sionista, un missatge interpretat com una voluntat de mantenir l’aliança amb l’extrema dreta d’Itamar Ben-Gvir i Bezalel Smotrich, així com amb els partits ultraortodoxos. Tanmateix, podria rebre pressions del president Isaac Herzog i d’actors internacionals, inclòs Donald Trump, perquè s’incorpori al govern el bloc d’Eisenkot. Aquest darrer tem que Netanyahu trenqui unilateralment qualsevol acord de rotació en la presidència del govern, amb el cost polític consegüent. Finalment, la convocatòria de noves eleccions. Aquesta possibilitat guanya pes davant la dificultat de construir una majoria estable. Netanyahu podria confiar que la participació àrab, excepcionalment elevada en aquests comicis, disminuís en una nova votació. Mentrestant, intentaria conservar el control de la Knesset i continuar al capdavant d’un govern en funcions. En definitiva, el resultat no resol qui governarà Israel: les negociacions dependran de les aliances parlamentàries, del paper dels partits àrabs i de les pressions internes i internacionals.
Is This the Beginning of the End of Indian Democracy?
L’entrevista a Yogendra Yadav, politòleg i activista indi, analitza el deteriorament de la democràcia sota el govern de Narendra Modi i l’emergència d’un moviment de protesta que podria convertir-se en un repte important per al règim en tant que la mobilització actual es diferencia de les protestes anteriors perquè incorpora joves de procedències socials, territorials i polítiques diverses, inclosos sectors de classe mitjana i castes tradicionalment favorables al partit governant. El principal motiu de controvèrsia és la revisió extraordinària del cens electoral (Special Intensive Revision, SIR), que ha comportat l’eliminació de més de cent milions de persones de les llistes de votants. Yadav denuncia que aquest procediment inverteix el sistema tradicional de registre electoral: en lloc que l’Administració inscrigui els ciutadans, aquests han de tornar-se a registrar i acreditar la seva identitat dins d’un termini limitat. En un país amb dificultats estructurals de documentació, això perjudica especialment les persones pobres, els migrants, les dones i els ciutadans amb menys formació. L’activista també assenyala possibles exclusions deliberades de votants musulmans en determinats estats. Considera que aquestes pràctiques poden alterar la competència electoral en benefici del BJP, tot i que no totes les baixes responen necessàriament a motivacions polítiques. Yadav també defensa que el moviment ha de superar les mobilitzacions puntuals i traduirse en una transformació política duradora, sense renunciar als principis democràtics ni desacreditar les institucions representatives. El repte doncs és veure si aquesta mobilització transversal podrà frenar l’erosió democràtica i reconstruir unes condicions electorals justes.
Brasil, a democracia sobreviveu
L’autor afirma que la democràcia brasilera ha superat una prova decisiva amb la derrota electoral de Flávio Bolsonaro i la reelecció de Luiz Inácio Lula da Silva. El retorn del clan Bolsonaro al poder hauria representat, al seu entendre, un pas més en una deriva internacional marcada pel menyspreu de les llibertats, l’autoritarisme i la degradació de la vida pública. La societat brasilera hauria entès el risc i hauria actuat per evitar-lo. La victòria de Lula no s’ha d’interpretar, però, com una derrota definitiva del bolsonarisme ni com la resolució de les debilitats institucionals del país. El resultat electoral evidencia la capacitat de resistència de les institucions democràtiques, però també la profunditat de la divisió política i social del Brasil. Una part considerable de l’electorat continua donant suport a opcions conservadores que qüestionen aspectes fonamentals del sistema democràtic. L’autor situa el cas brasiler en un context internacional més ampli, en què moviments populistes i dirigents autoritaris qüestionen els contrapesos institucionals, desacrediten els adversaris i exploten el malestar social. En aquest escenari, la continuïtat de les eleccions no garanteix per si mateixa la salut de la democràcia: també cal preservar les llibertats civils, la independència de la justícia, el pluralisme informatiu i el respecte pels resultats electorals. La reelecció de Lula obre una oportunitat per reconstruir la confiança en les institucions i reduir la polarització, però el seu govern haurà d’afrontar una societat dividida i un entorn polític advers. La responsabilitat de consolidar la democràcia no correspon únicament al president, sinó també als partits, les institucions i la ciutadania. Així doncs, la democràcia brasilera ha resistit, però la seva supervivència no està assegurada. Evitar un retrocés autoritari exigeix mantenir la vigilància democràtica, defensar les llibertats i impedir que la victòria electoral es confongui amb la desaparició de les amenaces.
L’agonie de la démocratie turque, victime de l’enfermement du régime
L’article descriu el deteriorament accelerat de la democràcia turca sota el president Recep Tayyip Erdoğan, que ha anat transformant el país en una democràcia merament formal. La repressió judicial, les detencions d’electes locals de l’oposició, el tancament de comptes a les xarxes socials i la intervenció policial de mitjans de comunicació crítics evidencien l’erosió dels drets i dels contrapoders institucionals. Tot i que la democràcia turca ha estat històricament fràgil, sotmesa a intervencions militars i a períodes d’inestabilitat, l’autor considera que mai no havia arribat a una situació tan greu. L’ofensiva contra l’oposició s’ha intensificat des de l’empresonament, el març de 2025, d’Ekrem İmamoğlu, alcalde d’Istanbul i principal rival polític d’Erdoğan. El Partit Republicà del Poble (CHP), que havia obtingut un resultat electoral important, ha patit divisions internes, la detenció o persecució de càrrecs públics i la intervenció policial de la seva seu. Alguns dirigents municipals han abandonat la formació per incorporar-se al partit governant, l’AKP. Aquest procés coincideix amb el desgast de la popularitat presidencial, en un context d’inflació elevada i empobriment de la població. L’autor considera que el règim intenta impedir una alternança política efectiva mitjançant la pressió judicial i administrativa, mentre continua presentant Turquia com un estat de dret. En darrer terme, el règim d’Erdoğan s’ha convertit en un sistema que debilita els mecanismes de control i dificulta qualsevol alternança. La democràcia turca conserva les seves formes institucionals, però perd progressivament les condicions que permeten una competició política lliure i efectiva.
Catalunya, España, Europa
Why Europe’s new defence agenda depends not only on armies, but also on citizens
La seguretat europea ja no es pot entendre únicament en termes d’exèrcits, armament i protecció de fronteres. La guerra d’Ucraïna conviu amb amenaces híbrides com els ciberatacs, el sabotatge d’infraestructures, les incursions de drons, la desinformació i la utilització de xarxes criminals amb finalitats estratègiques. Segons dades d’ACLED, entre el gener de 2022 i l’abril de 2025 es van registrar 190 incidents sospitosos a Europa, entre els quals 59 vols de drons, 45 actes de sabotatge i 15 casos d’espionatge. Més de la meitat dels incidents es van produir el 2024. Altres investigacions documenten l’ús d’agents reclutats per executar operacions de sabotatge i incendis provocats. Aquestes accions no sempre s’adrecen directament als estats, sinó als sistemes que sostenen la vida quotidiana: electricitat, comunicacions, transport, administracions locals i espais informatius. A més dels danys materials, poden erosionar la confiança en les institucions, aprofundir les divisions socials i dificultar el funcionament de les democràcies. Davant d’aquest escenari, la preparació civil ha de complementar la defensa militar. L’Eurobaròmetre de 2025 indica que el 81% dels europeus dona suport a una política comuna de defensa i seguretat, mentre que el 78% manifesta preocupació per les capacitats europees en aquest àmbit. Aquesta responsabilitat compartida no implica militaritzar la societat ni traslladar als individus les obligacions de l’Estat. Els governs han de protegir la població, garantir infraestructures segures i comunicar amb transparència. La ciutadania, per la seva banda, pot contribuir a la resiliència informant-se en fonts fiables, evitant difondre rumors i preparant-se per afrontar interrupcions dels serveis bàsics. L’autora proposa un nou contracte social per a la seguretat europea, basat en la cooperació, la preparació civil, l’educació democràtica i la coordinació entre estats. Protegir Europa significa defensar el territori, però també preservar les condicions socials i institucionals que permeten mantenir viva la democràcia en situacions de crisi.
Could Europe’s autumn of discontent threaten the survival of the EU?
Catherine de Vries analitza si l’onada de descontentament social que recorre Europa pot posar en perill la supervivència de la Unió Europea. Les protestes de París a Milà i Madrid expressen una frustració creixent davant la distància entre les expectatives de la ciutadania i la capacitat dels governs per respondre a problemes com l’encariment de l’habitatge, l’estancament dels salaris, el cost de la vida i el deteriorament dels serveis públics. Aquest malestar té conseqüències polítiques immediates. Les eleccions previstes a Espanya, França, Polònia, Itàlia i altres països poden afavorir les forces que qüestionen el sistema polític existent. Alhora, els governs europeus han d’afrontar desafiaments externs —la guerra d’Ucraïna, la incertesa sobre les garanties de seguretat dels Estats Units i la competència econòmica amb la Xina— que exigeixen més cooperació entre els estats, just quan les tensions internes dificulten arribar a acords. L’autora recorda que la Unió Europea continua sent un instrument indispensable: amb un mercat de 450 milions de persones i una economia de gairebé 19 bilions d’euros, ofereix als seus membres una capacitat d’influència que difícilment podrien assolir individualment. A més, els seus mecanismes de decisió, sovint criticats per la lentitud i els compromisos que exigeixen, contribueixen a evitar la concentració del poder i a consolidar acords duradors. Tanmateix, les divergències sobre el finançament de la defensa, la competitivitat i el pròxim pressupost pluriennal evidencien les dificultats per mantenir una estratègia compartida. L’autora també adverteix que l’estabilitat a llarg termini de la UE depèn de la capacitat de transformar la cooperació europea en millores tangibles per a la població. La supervivència del projecte europeu exigeix, per tant, respondre al malestar social i recuperar la confiança ciutadana.
The far right’s European project: from protest to implementation
L’extrema dreta europea ha deixat de limitar-se a canalitzar el descontentament i a qüestionar la Unió Europea: està elaborant un programa coordinat per transformar-ne les institucions i reduir-ne la capacitat d’actuació. L’autor pren com a exemple la proposta de l’Alternativa per a Alemanya (AfD), presentada com un nou acord per a Europa, i la compara amb The Great Reset, un informe elaborat el 2025 pel Mathias Corvinus Collegium hongarès i l’Institut Ordo Iuris polonès. Segons Zuleeg, les coincidències revelen un projecte compartit: substituir el Parlament Europeu elegit directament per delegacions dels parlaments nacionals, convertir la Comissió en un simple servei administratiu, limitar les competències del Tribunal de Justícia de la UE i situar les constitucions nacionals per damunt del dret europeu. També proposen facilitar les excepcions a les normes comunes i qüestionen les polítiques europees de suport a la societat civil, la igualtat de gènere i l’acció climàtica. L’autor també compara aquesta estratègia amb el Projecte 2025 de la Heritage Foundation als Estats Units, que va anticipar diverses mesures de l’administració Trump. Tot i les discrepàncies entre aquests moviments sobre qüestions com Rússia o l’economia, Zuleeg identifica un denominador comú: el rebuig del pluralisme, la igualtat, el progrés social i els controls institucionals sobre el poder. Per això, defensa que les forces europeistes deixin de considerar aquestes propostes simples provocacions marginals o reformes negociables. Cal protegir les institucions europees, explicar a la ciutadania què hi ha en joc i preparar-se per a un escenari en què l’extrema dreta disposi d’una minoria de bloqueig al si de la Unió.
Elecciones en Serbia: cuando los estudiantes derrotan al poder establecido
La victòria electoral del moviment estudiantil serbi constitueix un esdeveniment que qüestiona més d’una dècada de domini polític d’Aleksandar Vučić i del Partit Progressista Serbi. Més enllà del relleu generacional, el resultat posa en qüestió un sistema basat en la concentració del poder, el clientelisme i el debilitament de les institucions democràtiques. Durant anys, Sèrbia ha exemplificat l’anomenada estabilocràcia: un model que combina eleccions formals amb pràctiques autoritàries, mentre ofereix estabilitat regional i cooperació internacional als seus socis. Vučić va aconseguir mantenir relacions amb la Unió Europea, Rússia i la Xina, alhora que es deterioraven la independència judicial, el pluralisme mediàtic i la competència electoral. Brussel·les va tolerar durant massa temps aquestes contradiccions, prioritzant l’estabilitat dels Balcans occidentals i les negociacions sobre Kosovo per damunt de les exigències democràtiques. Ferrero considera que una de les claus de l’èxit va ser la renúncia dels partits tradicionals de l’oposició a controlar el moviment, que va poder presentar-se com una plataforma transversal de regeneració democràtica. Tanmateix, la victòria no garanteix una transformació progressista ni un projecte polític coherent. La diversitat ideològica de la plataforma pot dificultar els acords sobre economia, redistribució, drets socials i identitat nacional. També continua oberta la seva orientació geopolítica, especialment respecte de la UE, Rússia i Kosovo. Per a Europa, el resultat representa una oportunitat per recuperar credibilitat en el procés d’ampliació. La lliçó final és que derrotar electoralment un govern autoritari no equival a desmantellar-ne les xarxes de poder: el repte és convertir la victòria en una democratització efectiva de les institucions.
La différence entre Mai 68 et octobre 2026, c’est que le fond de l’air était rouge, tandis qu’aujourd’hui il est brun
L’article analitza les similituds i les diferències entre el moviment estudiantil i de batxillerat francès actual i el Maig del 1968. L’autor identifica diverses dinàmiques compartides. En tots dos casos, la incapacitat de les autoritats per escoltar les reivindicacions juvenils, la repressió policial i la tendència a tractar els joves com a menors d’edat polítics han contribuït a estendre les protestes. Les imatges de les actuacions policials difoses a les xarxes socials han reforçat la solidaritat entre estudiants de centres amb realitats socioeconòmiques diferents i han atret professors, famílies, sindicalistes, jubilats, agricultors i membres del moviment de les armilles grogues. També coincideixen la creativitat dels eslògans, l’humor irreverent i la crítica a les figures del poder. Tanmateix, les formes de protesta actuals prioritzen els bloquejos, mentre que el 1968 van adquirir una gran importància les ocupacions de fàbriques i les vagues generalitzades. La capacitat sindical d’arrossegar els treballadors del sector privat és avui més limitada, tot i que la mobilització podria confluir amb altres crisis socials, econòmiques i polítiques. La diferència fonamental és el context ideològic i les expectatives de futur. El 1968 predominaven l’esperança revolucionària, l’internacionalisme i la voluntat d’alliberament social. Avui, en canvi, la joventut afronta inseguretats democràtiques, ecològiques, laborals i materials, així com la pressió competitiva del sistema educatiu i la incertesa sobre el futur. Finalment, l’autor destaca que les reivindicacions inicialment sectorials poden ampliar-se fins a qüestionar el model de societat. El moviment expressa una demanda creixent d’autonomia, sentit i benestar.
Can Burnham fix Britain without breaking the union?
L’autor analitza les dificultats d’Andy Burnham per reformar l’Estat britànic i preservar alhora la unitat del Regne Unit. El primer ministre descriu el país com una mansió antiga amb un sistema elèctric deteriorat: algunes habitacions tenen llum, però d’altres funcionen amb dificultats. Escòcia, malgrat les competències que ha adquirit amb la devolució de poders, continua patint problemes de governança, desafecció política i resultats socials deficients. Burnham defensa una redistribució més equilibrada de la riquesa entre els territoris britànics, inspirada en el model alemany i en el sistema de finançament escocès. Tanmateix, el cas escocès també qüestiona la idea que la descentralització garanteixi, per si mateixa, una millor gestió pública. Partidari convençut de les unions polítiques, sindicals i europees, Burnham rebutja autoritzar un segon referèndum d’independència escocès. Aquesta posició contrasta amb el seu compromís amb la descentralització, la democratització i el pluralisme polític. També alimenta les crítiques de l’SNP, especialment perquè el primer ministre havia plantejat reconsiderar el referèndum del Brexit. Al mateix temps, Burnham afronta resistències dins del Partit Laborista davant la reforma electoral i tensions amb els Verds, que dificulten la seva aposta per una política més pluralista i cooperativa. Alguns dels seus antics partidaris a l’esquerra ja dubten que pugui materialitzar les reformes promeses davant les limitacions del poder executiu i les reticències parlamentàries. Per desbloquejar la situació escocesa, proposa ampliar les competències regionals, crear autoritats territorials més grans i estudiar figures executives electes, com una alcaldia metropolitana a Glasgow. Considera que l’excessiva centralització escocesa i el deteriorament de les relacions entre Edimburg i Londres impedeixen avançar. La incògnita és si aquesta reforma territorial podrà revitalitzar el conjunt del Regne Unit sense reobrir el conflicte constitucional sobre la independència.
Europa y América Latina: el valor de tener opciones
Javi López, vicepresident del Parlament Europeu, defensa que una relació política més sòlida entre la Unió Europea i l’Amèrica Llatina és essencial perquè totes dues regions preservin la seva autonomia en un ordre internacional dominat per la competència entre els Estats Units i la Xina. Més que les afinitats històriques, el que les hauria d’apropar és la necessitat de disposar d’alternatives i evitar dependències que limitin la seva capacitat de decisió. L’autor identifica tres riscos compartits: la subordinació a les grans potències mitjançant aranzels, sancions i dependències tecnològiques; la divisió, quan cada país negocia individualment amb Washington o Pequín; i la irrellevància, quan les regles internacionals es decideixen sense la seva participació. Tot i els importants vincles econòmics, la cooperació política entre les dues regions continua sent fràgil. La cimera UE-CELAC de Santa Marta, el novembre de 2025, va evidenciar aquesta feblesa amb una assistència molt reduïda de caps d’estat i de govern. La relació presenta, a més, una asimetria institucional: mentre la UE disposa d’estructures permanents i competències comercials comunes, la Comunitat d’Estats Llatinoamericans i Caribenys (CELAC) agrupa 33 països amb interessos i orientacions polítiques molt diferents, sense una secretaria permanent. La dependència de les cimeres i les tensions geopolítiques dificulten mantenir un diàleg continuat. Malgrat aquestes limitacions, existeixen interessos materials importants. La UE és el principal inversor a la regió, amb més de 810.000 milions d’euros d’inversió acumulada, i el comerç bilateral de béns va superar els 290.000 milions el 2024. L’Amèrica Llatina, al seu torn, disposa de minerals crítics, recursos energètics renovables i potencial per desenvolupar hidrogen verd. Finalment, proposa aprofitar la Cimera Iberoamericana de Madrid del novembre de 2026 per connectar les trobades regionals i preparar la cimera UE-CELAC de 2027. L’objectiu és construir una arquitectura política estable que permeti a totes dues regions ampliar les seves opcions, defensar el multilateralisme i negociar amb les grans potències sense quedar subordinades a cap d’elles.
Democracia, diversidad y cultura
Vamos ter de falar sobre as nossas democracias
A parer de l’autor, cal obrir un debat urgent sobre la qualitat de les democràcies davant l’avenç de l’extrema dreta. Les eleccions al Brasil, als Estats Units, a Israel i a Espanya evidencien problemes compartits que van més enllà de les diferències entre els seus sistemes polítics i realitats socials. En primer lloc, assenyala el poder de les xarxes socials, especialment de Meta, en la configuració de les campanyes electorals. La influència sobre els votants es produeix sobretot durant les setmanes i els mesos previs a les eleccions, mitjançant algoritmes i continguts que disten de ser neutrals. Per això, reclama abordar la responsabilitat d’aquestes plataformes i la sobirania tecnològica. També critica el paper dels mitjans de comunicació, que sovint presenten l’extrema dreta com una opció política equivalent a les forces democràtiques convencionals. La normalització de discursos racistes, nostàlgics de les dictadures o favorables a la ruptura democràtica contribueix a banalitzar-ne l’amenaça. Un tercer factor és la cooperació internacional de l’extrema dreta, que, malgrat reivindicar el nacionalisme, articula aliances transnacionals. L’autor esmenta les connexions amb l’entorn de Donald Trump, les iniciatives de la Conservative Political Action Conference i els vincles amb dirigents llatinoamericans com Javier Milei. Aquesta dinàmica va acompanyada d’un buidatge de la política: el rebuig de l’adversari substitueix la confrontació de propostes, mentre els eslògans i els pànics morals desplacen el debat sobre les polítiques públiques. La política es converteix així en una competició entre identitats enfrontades. Finalment, relaciona aquesta evolució amb la individualització social, el debilitament dels sindicats i les associacions i la pèrdua de vincles comunitaris. L’aïllament afavoreix les cambres d’eco digitals, el ressentiment i el rebuig de la solidaritat. És doncs urgent abordar aquests problemes per reconstruir comunitats, recuperar el debat democràtic i reforçar unes institucions capaces de resistir les amenaces autoritàries.
Why wouldn’t fascism look like us?
L’entrevista a l’escriptora i activista Naomi Klein examina com està canviant el feixisme en el context actual de crisi ecològica, desigualtat econòmica i concentració del poder tecnològic. En el seu nou llibre End Times Fascism: And the Fight for the Living World (Allen Lane, 2026), Klein sosté que no hem de buscar una reproducció exacta dels feixismes del segle XX: les formes autoritàries s’adapten a les crisis de cada època. Defineix el feixisme com la resposta més agressiva del capitalisme quan el sistema se sent amenaçat. En moments d’inseguretat econòmica i de qüestionament de les jerarquies, les elits desvien la ràbia social cap a col·lectius vulnerables, en lloc de permetre que es dirigeixi contra els responsables de les desigualtats. Avui, aquesta dinàmica es desenvolupa en un món marcat pel canvi climàtic, la intel·ligència artificial i la possibilitat de catàstrofes globals. Klein identifica una aliança entre tres corrents aparentment diferents: els fonamentalistes religiosos, els magnats tecnològics partidaris d’accelerar el desenvolupament sense límits i els nacionalistes ètnics. Els uneix una visió apocalíptica del futur, en què només una minoria privilegiada podrà salvar-se. Mentre alguns multimilionaris imaginen refugis exclusius o colònies espacials, les conseqüències socials i ambientals dels seus projectes recauen sobre la resta de la població. Al seu entendre, la novetat més inquietant és que aquesta coalició no ofereix un projecte de prosperitat compartida, sinó una política de supervivència per als escollits, alimentada pel menyspreu envers els més vulnerables. Tanmateix, considera que també presenta febleses: les contradiccions entre els seus integrants i la manca de solucions als problemes quotidians poden obrir espais de resistència. La resposta passa per l’organització col·lectiva, la recuperació de la solidaritat i polítiques capaces de reduir la inseguretat material.
Economía, bienestar e igualdad
How the 2010s remade business
The Economist argumenta que la dècada del 2010, sovint considerada una etapa decebedora per al món empresarial, va ser un període revolucionari que ha configurat bona part de l’economia actual. Les seves transformacions, poc valorades en aquell moment, són essencials per entendre l’expansió de la intel·ligència artificial, les finances i les noves formes d’organització del treball. A Silicon Valley, dues herències són especialment importants. D’una banda, la revolució del gas de lutita va convertir els Estats Units en exportadors nets d’energia per primera vegada en més de mig segle, fet que contribueix a sostenir l’actual expansió de la infraestructura tecnològica. De l’altra, les reformes financeres posteriors a la crisi del 2008 van transformar el sistema de crèdit i van impulsar instruments que avui faciliten el finançament de grans inversions, com els centres de dades. La dècada també va redefinir la vida laboral. Plataformes com Uber, DoorDash, Zoom i Slack, juntament amb els espais de treball compartits i les eines de monitoratge, van transformar tant l’economia de plataforma com el funcionament quotidià de les oficines. Alhora, l’altruisme eficaç, desenvolupat en entorns acadèmics com Oxford i Stanford, s’ha convertit en una influència destacada en la gestió dels laboratoris d’intel·ligència artificial. Moltes idees polítiques que aleshores semblaven marginals han guanyat protagonisme: la renda bàsica universal, una política de competència més crítica amb les grans empreses i els impostos sobre la riquesa. També persisteixen iniciatives de responsabilitat empresarial, com les societats de benefici públic i el compromís de considerar els interessos dels treballadors i la societat, més enllà dels accionistes.
Le nouvel ordre énergétique mondial
La guerra al golf Pèrsic i el tancament de l’estret d’Ormuz han desencadenat una crisi energètica que, segons Fatih Birol, director executiu de l’Agència Internacional de l’Energia (AIE), està transformant profundament els mercats i les relacions geopolítiques. Més enllà de l’encariment del petroli, la crisi ha alterat les rutes comercials, les aliances internacionals i les prioritats energètiques dels estats. La principal transformació és l’acceleració de l’electrificació. La seguretat energètica i la lluita contra el canvi climàtic convergeixen cada vegada més: les renovables, els vehicles elèctrics i l’energia nuclear guanyen protagonisme. Birol considera que Europa ha d’aprofitar aquesta conjuntura per reduir la dependència dels combustibles importats i reforçar la seva sobirania. L’electrificació és, alhora, una qüestió de seguretat, competitivitat i política climàtica. Aquesta transició, però, planteja una nova vulnerabilitat: la dependència de la Xina, que domina especialment el refinament dels minerals crítics i ocupa una posició capdavantera en tecnologies energètiques. Per això, la diversificació de proveïdors i de les cadenes de subministrament esdevé una prioritat estratègica. Birol també adverteix contra la temptació europea de reprendre les importacions de gas rus, que considera un error greu per a la independència del continent. La crisi ha evidenciat, així mateix, el paper de la cooperació internacional: l’AIE va coordinar l’alliberament de 400 milions de barrils de reserves estratègiques per esmorteir l’impacte del conflicte. Mentrestant, la intel·ligència artificial i els centres de dades incrementen la demanda elèctrica, i l’accés a electricitat abundant i assequible serà determinant en la competició tecnològica mundial. Birol conclou que s’obre una nova era energètica, centrada en l’electricitat, l’autonomia i la diversificació, però alerta que els costos de la crisi també afecten especialment les economies més vulnerables, sobretot a través del preu dels combustibles i dels fertilitzants.
Sostenibilidad y cambio climático
Para salvar la biodiversidad, hay que repensar la libertad
La protecció de la biodiversitat exigeix replantejar el concepte de llibertat que predomina en les democràcies liberals. La COP17 sobre biodiversitat ha revelat les limitacions d’un model de governança internacional basat en objectius quantificables i compromisos voluntaris: malgrat els acords successius, no s’ha aconseguit capgirar la pèrdua de biodiversitat. El Marc mundial de Kunming-Montreal, aprovat el 2022, preveu protegir el 30 % de la superfície terrestre i marina el 2030, però la majoria dels seus objectius difícilment s’assoliran. Segons l’autora, una de les causes d’aquest fracàs és haver traslladat a la biodiversitat una lògica concebuda per combatre el canvi climàtic. Mentre que les emissions de carboni es poden comptabilitzar globalment, els ecosistemes són específics i no intercanviables: la destrucció d’una praderia no es compensa protegint un bosc situat en un altre territori. La conservació exigeix, per tant, decisions locals que tinguin en compte el coneixement científic, els valors socials i els interessos de les comunitats afectades. El principal obstacle és el tabú de la renúncia. Protegir la natura implica limitar determinades activitats econòmiques, comercials o productives, però els acords internacionals eviten explicitar quines llibertats cal restringir i amb quins criteris. Aquesta ambigüitat facilita que les decisions acabin depenent de les relacions de poder, els cicles electorals i les pressions econòmiques. La mateixa contradicció es manifesta a la Unió Europea, que defensa objectius ambiciosos de conservació mentre flexibilitza part de la seva legislació ambiental. L’autora doncs proposa redefinir la llibertat no com l’absència de límits, sinó com la capacitat col·lectiva de determinar-los democràticament. A partir de l’anomenada ètica de la viabilitat, defensa identificar les condicions ecològiques, econòmiques i socials necessàries per garantir la continuïtat de les societats. La ciència ha d’orientar aquestes decisions, però correspon a la ciutadania establir què considera irrenunciable.
COP31 in sight: The Santa Marta conference as a shortcut through climate gridlock
La incapacitat de les negociacions climàtiques multilaterals per accelerar la transició energètica ha impulsat noves formes de cooperació internacional. En aquest context, la primera Conferència sobre la Transició per Abandonar els Combustibles Fòssils, celebrada a Santa Marta (Colòmbia) l’abril de 2026, ha reunit 57 països disposats a avançar més enllà dels mínims consensuats en el marc de les Nacions Unides. Per als autors, aquesta iniciativa pot obrir una via complementària per superar els bloquejos que condicionen les cimeres climàtiques. El principal obstacle del sistema actual és la regla del consens, que permet als països productors de combustibles fòssils i als seus aliats frenar acords ambiciosos. La COP30, celebrada al Brasil, no va aconseguir incorporar al resultat negociat principal un full de ruta per abandonar aquests combustibles. Santa Marta va sorgir, precisament, per donar continuïtat a aquest objectiu fora de les negociacions oficials. La conferència va establir tres línies de treball. La primera consisteix a elaborar plans nacionals i regionals per eliminar progressivament els combustibles fòssils, incloent-hi mesures sobre la producció i l’extracció. La segona busca descarbonitzar el comerç internacional i desenvolupar mercats verds, tot abordant les asimetries dels acords comercials que poden perjudicar els països del Sud global. La tercera pretén reformar els mecanismes financers que mantenen economies endeutades dependents dels ingressos procedents dels hidrocarburs. Aquesta «coalició dels disposats» representa un model pragmàtic de cooperació, capaç d’impulsar iniciatives concretes sense esperar un acord universal. La seva importància serà especialment rellevant de cara a la COP31. Tanmateix, aquesta via també té límits. L’absència de la Xina —principal emissor mundial de gasos d’efecte hivernacle i alhora gran inversor en energies netes— evidencia que les coalicions parcials no poden substituir la diplomàcia multilateral. La conclusió és que cal combinar iniciatives pioneres amb acords globals per aconseguir una transformació climàtica a l’escala necessària.
Innovación, ciencia y tecnología
China races to build data centres in bid for AI supremacy
La Xina està desplegant centres de dades a gran velocitat a Mongòlia Interior, una regió amb abundància d’energia i sòl disponible. Segons les dades recollides per l’empresa SemiAnalysis, el país disposa d’uns 24 gigawatts (GW) de capacitat de computació operativa, amb 50 GW addicionals en construcció o anunciats. Als Estats Units, la capacitat operativa se situa al voltant dels 56 GW. L’expansió respon a la necessitat de disposar de potència de càlcul per entrenar i executar models d’intel·ligència artificial cada vegada més complexos. La infraestructura física —centres de dades, semiconductors, xarxes i sistemes de refrigeració— s’ha convertit en un factor determinant de la competició tecnològica. La cursa per la IA ja no depèn exclusivament de la qualitat dels algoritmes o del talent investigador, sinó també de la capacitat d’instal·lar i alimentar enormes instal·lacions de computació. Un dels avantatges xinesos és el cost de l’electricitat. La disponibilitat d’energia relativament barata permet reduir les despeses operatives i ampliar la capacitat de càlcul. En un sector on la demanda elèctrica creix ràpidament, aquest factor pot afavorir les empreses xineses davant dels seus competidors nord-americans. Aquesta estratègia s’inscriu en l’ambició de Pequín de reduir la dependència tecnològica exterior i consolidar una indústria nacional d’intel·ligència artificial competitiva. Tanmateix, la Xina continua afrontant dificultats per accedir als semiconductors més avançats, especialment a causa de les restriccions nord-americanes a l’exportació de tecnologia. Disposar de més centres de dades no garanteix, per si mateix, igualar les capacitats dels Estats Units en tots els segments. La qüestió és, doncs, si la Xina podrà convertir el seu avantatge energètic i inversor en un avantatge tecnològic durador. La infraestructura serà decisiva, però també ho seran l’accés als xips, l’eficiència dels models i la capacitat d’innovació.
The Real Danger of Big Tech
L’autor sosté que el perill més immediat associat a les grans empreses tecnològiques no és tant que la intel·ligència artificial acabi escapant del control humà, sinó que un grup reduït de multimilionaris acumuli un poder econòmic, polític i estratègic capaç de debilitar la democràcia. La dependència del Govern dels Estats Units respecte de SpaceX i del sistema de comunicacions per satèl·lit Starlink il·lustra aquesta vulnerabilitat. La interrupció o reducció del servei militar a Ucraïna ha posat de manifest fins a quin punt una empresa privada pot condicionar les capacitats defensives d’un país aliat. French identifica altres àmbits d’influència. Musk intervé en el debat migratori i en la definició de les polítiques socials, mentre que les donacions de grans fortunes tecnològiques poden afavorir una privatització progressiva de funcions públiques, com les pensions. Aquestes iniciatives poden generar beneficis fiscals i noves oportunitats empresarials, alhora que augmenten la dependència de l’Estat respecte de les grans corporacions. També assenyala el poder dels multimilionaris sobre els mitjans de comunicació. El cas de Jeff Bezos i el Washington Post il·lustra com els interessos empresarials dels propietaris poden influir en l’orientació editorial i debilitar la funció de vigilància del poder que correspon a la premsa. El problema de fons és la captura de l’Estat: la confusió progressiva entre els interessos públics i els privats, amb un predomini creixent dels segons. La concentració de riquesa i poder tecnològic dificulta, a més, la resposta política, perquè aquestes fortunes poden pressionar els governs, influir en les eleccions i resistir mesures fiscals. En definitiva, es tracta de veure si les institucions democràtiques i la societat civil seran capaces de limitar aquest poder abans que esdevingui pràcticament incontrolable.