Los medios generalistas lo llamarán, una vez más, El Año de las Mujeres. Otros señalarán sus contradicciones. Se hablará de las trampas de la diversidad, de lo simbólico, de la capitalización del movimiento. En cambio, unos pocos sí destacarán su fuerza motriz, despojada de nombres famosos y personalismos. El feminismo ha entrado de lleno como huracán para redefinir lo político, lo social, lo futurible. El feminismo lo atraviesa todo. Está presente en los nuevos movimientos sociales, es fundamental para entender los retos ecologistas, se hace imprescindible para entender las luchas para paliar desigualdades, es el bastión de choque contra fascismos globales y pequeños, la manera de organización social más importante a día de hoy. El feminismo aglutina, define, alerta, organiza.  Está presente como punta de lanza de todas las luchas contemporáneas en una crisis sistémica de representatividad y de las nuevas políticas

El feminismo contemporáneo es antirracista y ecologista y por eso matan a sus militantes, aquí y en Brasil. El feminismo ha construido nuevas maneras de denunciar las violencias sexuales, en las redes y fuera de ellas. Está creando la memoria histórica de nuestros días con #metoo y #cuentalo, dotándolo de un archivo de ignominia, sufrimiento y resiliencia. El feminismo está superando sus trabas simbólicas, yendo más allá de lo meramente simbólico, cuestionando la representación y lo material, pujando por ser inclusivo, futurible, híbrido, colectivo y específico. Está en las luchas contra la precariedad con las Kellys, pegado al barrio y contra la censura con las raperas, organizándose y reorganizándose, dándole, una vez más una vuelta de tuerca al lema de que lo personal es político.

Es por todo esto que las canciones elegidas para este texto están escogidas más allá de la importancia de sus letras. No es esta una lista que busque un análisis detallado de lo que se dice, sino de cómo y quién lo dice, y en qué momento. Es por eso que incluye artistas jóvenes contemporáneas y grandes figuras de la canción. Que habla de desahucios y deseo sexual. Que busca himnos colectivos y particulares. Que les canta a las desheredadas de Vallecas y a las trágicas heroínas shakespearianas. Que busca revisar la historia del punk jamaicano y reivindicar el folk asturiano. Que explora las noches millenials en el parking madrileño y el perreo en Villa Fiorito. Porque hay una genealogía y una geografía, también en la música contemporánea, que trasciende el mandato institucional de lo femenino y lo diverso para buscar nuevos puntos de fuga, nuevas radicalidades orgánicas, más allá de la estructura. Es por eso que estas diez canciones, ya sea desde el mainstream o desde el underground, ayudan a perfilar nuestro presente y, esperemos, un futuro que será feminista o no será.


Las desheredadas (Tribade)

El rap feminista estatal demuestra que está en estado de gracia con este trío barcelonés, con aire de rumba y puramente transfeminista. La escena musical se ha abierto más que nunca para mujeres que predican la subversión con micro y beat.

Lo más interesante del urban viene de la mano de Bittah, Sombra Alor y Masiva Lulla, en una canción que habla a “las mujeres que no amaban a los hombres (…) las morsas, las focas, las zorras, las frikis, las chonis, las dragqueens. Las blancas, las negras, las moras la femme, la futch, la butch, la bitch”.

Un grupo anticapitalista, forjado en la cultura de barrio, y que busca, a través de la música reflejar tanto su militancia como su vida. Huyendo del estereotipo heteronormativo de la música contemporánea y la cultura pop que muestra a la mujer como sujeto pasivo, relatan otro tipo de deseos, muestran sexualidades diversas y son militantes de la visibilidad lésbica.



Asado de Fa (Sara Hebe)

Buenos Aires, 1985. El edificio está «pelado», lo que quiere decir que apenas se trata de ladrillos y cemento, sin aislamiento, revoco o pintura, sin la piel que se le presupone a un edificio. Está libre, vacío, apenas una construcción en medio de un barrio, en una ciudad de nueve millones de habitantes. Allí se instalan cuarenta y tantas familias, algunos dicen que okupan, ellos pagan la electricidad y el agua, porque el armazón estaba ahí, pero ellos lo convirtieron en su casa.

Veinticinco años después comienzan los intentos de desalojo. Los funcionarios aducen que el terreno es imprescindible para soterrar el Ferrocarril Sarmiento que pasa al lado de las viviendas.

La canción que cuenta la historia de esas familias es ‘Asado de Fa’, de la rapera Sara Hebe. El edificio está en la calle Gascón, 123. La cooperativa de vivienda es Nuevo Horizonte. Se convirtió en el himno contra los desahucios a partir del 2011, un «lugar entre las torres modernas de concreto», como canta Hebe. La narradora cuenta: «Supe construir un lugar donde vivir así que nadie me va a convencer de que me tengo que ir, no me voy a ir esta es mi casa».

La historia es también una expresión de deseo libre, de la importancia de los cuidados, de compartir, del anticapitalismo y la comunidad y de una protagonista que termina borracha porque tiene “buena suerte y mala racha”.



Ni Una Menos (Chocolate Remix)

La oleada feminista latinoamericana que se inició con las protestas contra los feminicidios en Ciudad Juárez queda resumida en esta canción reguetonera. Chocolate Remix, asume, no casualmente, el lema del movimiento que surgió desde 2015 contra los feminicidios en Argentina. En respuesta al asesinato de la poetisa Susana Chávez, la comunicadora y activista Vanina Escales propuso «Ni una menos» para llamar a la maratón de lectura del 26 de marzo de 2015 y el nombre se mantuvo para la movilización del 3 de junio de 2015.

Los asesinatos de las jóvenes argentinas Natalia Rocha; Paola Rodríguez; Mariana Llamazares; Agustina Salinas, Daiana García y Chiara Páez resultaron en la indignación colectiva y las marchas multitudinarias que juntaron a centenares de miles de personas en Buenos Aires. Chocolate Remix crea una canción que da salida a esa rabia: “Si se fue de casa, ni una menos. Si se puso minifalda, ni una menos, si se pintó los labios ni una menos”, y anticipa el sentir de los nuevos movimientos que, como bautizó la periodista Luciana Peker, es “la revolución de las pibas”, una revolución desde el goce, desde el disfrute, que también busca la soberanía de los cuerpos, que lucha por la legalización del aborto, con el lema: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.



Parkineo (Puto Chino Maricón)

La vida emocional de una millenial queer, “tan precaria y tan explotada”, que se pasea con sus uñas de marfil por la noche madrileña es la base de esta canción de uno de los activistas más interesantes de la escena cultural de la capital. Chenta Tsai, Puto Chino Maricón, es arquitecto, artista multimedia, violinista del Real Conservatorio y activista antirracista y queer. Trata, desde la ironía y el desencanto juvenil, la vida contemporánea urbana en una realidad en la que conviven las repulsas a la violencia sexual y el folclore de la vida diaria. Es un artista polifacético que vira desde el costumbrismo híbrido tecnológico en ‘No tengo wifi’ o canción protesta pop en ‘Marica pica pica Puto chino maricón’.



Si tú eres mi hombre (Lorena Álvarez)

En ocasiones se ha tomado la música de Lorena Álvarez desde el folclore estético, entendiéndolo como alejado de cualquier tradición discursiva, cuando en realidad se trata de todo lo contrario. Rural y punk, precario pero lleno de vida, el trabajo de Álvarez nos conecta con una realidad material y poética a partes iguales, desde una sencillez absolutamente desarmante.

En este caso, la canción lleva por título una evocación mítica al hit de los ochenta de Jennifer Rush pero trata una historia muy distinta. ¿Qué pasa cuanto el control coercitivo, una forma de maltrato sutil pero plenamente destructiva, y difícil de diagnosticar se ejerce desde lo que denomina amor?

El control sobre la pareja como símbolo patriarcal se despliega en este tema en el que la protagonista ve perder su autonomía poco a poco. La canción es transparente y feroz, y contiene una conclusión directa. “Si tú eres mi hombre y yo tú mujer, más me vale echar a correr”.



Mantenlo patriarcal (IRA)

Cuatro chicas procedentes de Vallecas, San Blas y Coslada, que hasta hace poco se ganaban la vida como enfermera, trabajadora social y monitora de gimnasio, reivindican y exhiben como bandera la actitud de barrio. Unidas por su militancia feminista y antifascista primero, más adelante por la música, son el ejemplo de cómo una nueva generación se cita en las calles, la medida de todo lo que conocen.

En este caso, Medea, Raisa, Sátira y Elvirus, las hijas de la ira de Vallecas llegan repartiendo vicio en un rap que destroza el sistema y ofrece a cambio el filo del cuchillo para acabar con el machismo en las calles y en casa. Una canción sobre el día a día urbano de una generación joven de mujeres politizada y en guardia, a la que les duele esa nueva corriente ‘de izquierda’ que ignora o critica las luchas identitarias como si fueran opuestas a la lucha de clases, que está expulsando de la lucha a las mujeres, a las personas trans, a las personas LGTB, de gente que no se ajusta a lo que el patriarcado exige. IRA es un grito antimonárquico y a favor de la libertad de expresión en tiempos de Ley Mordaza, y también una radiografía de toda una juventud que pese a la desesperanza del futuro se organiza para hablar de precariedad, violencia sexual, realidad, amistad y amor.



Call mi Sister Carol (Sister Carol)

Puedes llamarla «Cenicienta negra» o «Madre Cultura» o, como ella sugiere, puedes llamarla hermana Carol. Se refiere a sí misma como la primera mujer rasta en esta canción en la que rapea y samplea y se apoya en gran medida en temas universales como la justicia social y el feminismo.

Este himno rastafeminista reivindica su lugar en la cultura de rude boys y rude girls, exigiendo el reconocimiento que le adeuda la sociedad como madre, música y educadora y evoca los pilares del feminismo negro: la exigencia de la centralidad de las experiencias de las mujeres negras, alejándolas de los márgenes del exotismo, lo periférico y la otredad. Reivindicar su papel fundamental en todos los aspectos sociales, económicos y culturales. Hablar de esas mujeres que son capaces de reconstruir sus redes sociales al margen de las masculinas, mujeres con representatividad política y discurso público.



Ophelia (Natalie Merchant)

La exvocalista de 10.000 Maniacs realizó un álbum conceptual basada en la amada de Hamlet. A partir de la canción que da título al álbum, localizamos una serie de vueltas de tuerca que resultan claves para las preguntas que se hace el feminismo, desde sus inicios.

La artista toma el mito de Ofelia, la trágica amada de Hamlet, para darle la vuelta a su destino cruel. La Ofelia de Merchant describe a una serie de mujeres a través del tiempo, unas mujeres que se enfrentaron al sistema patriarcal y que fueron castigadas por hacerlo. Es, así, un grito en favor de los derechos de las mujeres, que busca indagar más allá de los conocidos arquetipos de “madre” o “puta”, que limitan a las mujeres y que simplemente las convierte en propiedades. Las mujeres representadas en esta canción son un tributo a aquellas consideradas demasiado atrevidas, las que la sociedad descarta, aparta o sencillamente no comprende. Por eso, Ofelia ya no será una pobre doncella que muere (¿o se suicida?), enajenada y ahogada en el río, sino que puede ser una rebelde, una sufragista, una reina del circo, la amante de un mafioso italiano. Ofelia puede ser todas esas cosas, representar a todas estas mujeres enloquecidas por sus limitaciones sociales, o simplemente puede ser la imaginación, una vez más, de su locura.



Typical Girls (The Slits)

Las Vaginas, The Slits, formaron parte de la explosión nuclear que significó el punk a finales de los setenta en todos los aspectos del punk, incluido el género. Profundamente desafiantes, salvajes, ingeniosas y adelantadas a su tiempo, The Slits ardieron incandescentes en la rebelión punk, arrasando todo a su paso

Denostadas por no saber tocar -algo común en tantos grupos- fueron profundamente incomprendidas musicalmente, probablemente por su hibridez (dub reggae y pop-punk, funk y free jazz). Sus letras eran ingeniosas, radiografiaban aspectos de la sociedad de consumo y los roles de género, y desafiaban las percepciones de la música punk y las bandas femeninas. Su mítico primer álbum cuya portada contiene al grupo en topless y embadurnado de barro, se cachondeaba de estereotipos y era, a su vez, una declaración tan sonada como cualquier audacia de los Sex Pistols.

Es por eso que en “Typical girls” reescriben las reglas de lo que supone la música hecha por mujeres. «¿Quién inventó a la chica normal? / ¿Quién está sacando al mercado el nuevo modelo mejorado?”. The Slits celebraban la alegría sin límites de derribar las nociones preconcebidas de la feminidad “tradicional” y sus trampas y huyen de clichés y estereotipos para tratar uno de los temas más candentes aún hoy: cómo la comercialización de la feminidad se usa para enganchar a las mentes más vulnerables. Solo las chicas normales acaban con chicos normales. The Slits no sólo subvertían desde el punk, sino que ridiculizaban.



Lo siento mi amor (Rocío Jurado)

Durante décadas se menospreció la canción ligera, como toda cultura popular que interesara a las mujeres, las jóvenes y no tan jóvenes, hasta el punto de ridiculizar cualquiera de sus expresiones. Han resultado especialmente risibles las manifestaciones de deseo femenino en la cultura pop, como han demostrado los críticos ante las boy bands o la literatura erótica escrita para mujeres, que las han tachado siempre de “productos” -como si todo lo demás no lo fuera-, y legitimando únicamente aquellas expresiones culturales que se adecuaban a la norma.

Es por eso que Rocío Jurado, también conocida como La Más Grande, ejemplo de übertonadillera entronizada por su gran voz y por las letras de Manuel Alejandro, lanzó nada menos que en 1978 el emblema de la sexualidad femenina libre que explicita en una canción que “no siento nada al hacerlo contigo”. Nadie se había atrevido hasta entonces a ir tan lejos, nadie había pensado en lo revolucionario de las amas de casa cantando a voz en grito su deseo.

Plenamente consciente de la importancia de la canción, Jurado declararía años después que la canción se convirtió en un polvorín en plena transición. En sus propias palabras: “son temas de la vida diaria que ocurren, pero no se habían cantado. O, más bien, solo lo habían cantado hombres, no una mujer. Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo. Tengo una señora maravillosa, que me va muy bien y me voy con ella’. Y se acabó. Pero una mujer que dijera eso… Una mujer nunca ha podido decir eso y en una mujer también ocurre”.

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Lucía Lijtmaer

Lucía Lijtmaer es escritora y periodista. Colabora regularmente en El Periódico de Catalunya y en El País. Es autora de la novela No tenías casi nada que ponerte (Malpaso), la crónica periodística Quiero los secretos del Pentágono (Capitán Swing), Yo también soy una chica lista (Destino) y el ensayo "Ofendiditos" (Anagrama) sobre la criminalización de la protesta en España.