El viaje exprés efectuado por el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez a Marruecos este miércoles 21 de febrero se ha enmarcado en una narrativa de afianzamiento de las relaciones diplomáticas y buen entendimiento entre países vecinos. No obstante, el origen de lo que algunos han querido describir como una nueva etapa en las relaciones bilaterales ha significado para España un cambio de trayectoria en su política exterior y una ruptura del antiguo consenso que desde el año 1976 existía en torno a la cuestión de la reclamación de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

Este cambio de rumbo supone el cierre de la crisis diplomática abierta entre España y el reino alauí a consecuencia de la hospitalización en España en 2021 del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, bajo un nombre falso, y que fue respondida por Marruecos con el envío de 10.000 inmigrantes ilegales a la frontera española, recordando con ello su papel como pivote estratégico en una región donde convergen tres fronteras: la del mundo árabe-mediterráneo, África y Europa. Ello explica por qué, en marzo de 2022, el gobierno marroquí filtró una carta en la que se ponía de relieve que el gobierno español aceptaba como fórmula válida el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara, lo que implica un reconocimiento de facto de su soberanía sobre este territorio. Con ello, Marruecos quiso poner de relieve que su dominio sobre el Sáhara constituye un interés nacional irrenunciable y que cualquiera que pretenda tener buenas relaciones de vecindad debe pagar el peaje de este reconocimiento.

Para un país en expansión económica como Marruecos, que ha conseguido posicionar a la Office Chérifien des Phosphates como una de las compañías más competitivas del mundo en este sector, extraer el fosfato que requiere la producción de amoniaco para la fabricación de fertilizantes constituye lo que los pensadores de la geopolítica denominan un interés vital. Por ello, el control sobre el Sáhara significa una garantía para la defensa de estos intereses, particularmente en un momento en el que, tras la invasión rusa de Ucrania, Marruecos se ha convertido en el principal proveedor de fosfato para Europa, llegando a alcanzar el 50% de nuestras importaciones de este mineral.

Pero España no es el único país que ha deseado fortalecer sus relaciones con Marruecos y que ha tenido que pagar este peaje. De hecho, la posición del Sáhara como una zona geoeconómica de primera magnitud para Marruecos, tuvo también su eco en el convenio que Israel firmó con el reino marroquí a partir de la inclusión de éste en los Acuerdos de Abraham negociados en 2020, y que tuvieron como repercusión el reconocimiento oficial, por parte de Israel, de la soberanía marroquí sobre el Sáhara el pasado 17 de julio de 2023.

Marruecos ha puesto de relieve que su dominio sobre el Sáhara Occidental constituye un interés nacional irrenunciable y que cualquiera que pretenda tener buenas relaciones de vecindad debe pagar el peaje de este reconocimiento

Este artículo analiza, en este contexto, el origen histórico y el impacto geopolítico y bilateral que hay detrás de la decisión del Estado de Israel de anunciar el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Ello tiene especial relevancia en un momento como este, cuando la reciente crisis en Gaza, abierta por la contundente operación militar israelí en represalia por el ataque perpetrado por Hamas el pasado 7 de octubre, abrió la puerta a especular sobre la posible salida de Marruecos de los Acuerdos de Abraham. No obstante, la airada reacción de Marruecos frente al intento de presión del líder de Hamas, Khaled Meshal, para que utilizara los acuerdos como una proyección de fuerza frente a Israel, ponen de relieve que Marruecos tiene clara sus prioridades en política exterior, y éstas no pasan por arriesgar sus relaciones oficiales con Israel. Ello no puede suponer una sorpresa para aquellos que conocen las dilatadas, aunque en su mayoría clandestinas, relaciones que han vinculado a Marruecos con el Estado de Israel desde el momento de su independencia en 1956, mereciendo por ello un análisis en mayor profundidad.

El reconocimiento en clave geopolítica

“Cuando Israel es fuerte, los Estados Unidos están más seguros” (palabras pronunciadas por Isaac Herzog, presidente de Israel, el 19 de julio de 2023).

La interpretación estratégica que está detrás del reconocimiento de Israel de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental se puede inferir por la convergencia de intereses que subyacen a la alianza militar-industrial construida entre Estados Unidos e Israel a lo largo de su historia y la coyuntura de oportunidad que para el negocio de la defensa abre la normalización de relaciones con los países signatarios de los Acuerdos de Abraham, ayudando con ello a sustentar la nueva estrategia norteamericana de seguridad para la región, que pasa por la contención de sus dos grandes rivales en la región: China y Rusia.

Los acuerdos de Abraham no sólo han supuesto un nuevo camino para la integración de Israel en Oriente Medio y la normalización de relaciones con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahrain, Sudán o Marruecos. Detrás de los acuerdos hay contratos de billones de dólares en seguridad, en el que los drones y la ciberdefensa juegan un papel protagonista. A los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, como incentivo para la firma de los Acuerdos, Estados Unidos les vendió armas por un valor de 23 billones de dólares, incluyendo la venta del F-35, el avión militar más avanzado del mundo y el más codiciado por los países de la región que pueden costeárselo. Igualmente, las concesiones de Estados Unidos a Marruecos a cambio de su reconocimiento de Israel incluyen, además de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, acuerdos de venta de armas, entre los que se incluyen drones de última generación construidos por empresas que tienen su origen en la alianza industrial surgida a partir de la Guerra de 1967 entre la Industria Aeronáutica de Israel (IAI) y la americana Lockheed Martin, por valor de un billón de dólares.

La cooperación armamentística entre Marruecos, Israel y Estados Unidos

A pesar de que las relaciones bilaterales se inauguraran formalmente tras la firma por parte de Marruecos de los Acuerdos de Abraham en diciembre de 2020, la relación comercial en el terreno de la defensa entre Israel y Marruecos ha sido extensa, incluyendo, desde el año 2014, los siguientes acuerdos de venta:

  • Tres drones Heron (2014) fabricados por la Industria Aeronáutica de Israel (IAI) por un valor de 50 millones de dólares (usados, según ciertas informaciones, para combatir al Frente Polisario) [1]1 — Mitzer, Stijn y Oliemans, Joost (2023). «A Rare Bird: The IAI Heron In Moroccan Service». Artículo publicado el 31 de octubre de 2023 en el blog Oryx. Disponible en línea. , así como los famosos drones kamikaze tierra-aire Harops, también fabricados por la IAI.

  • Sistema de defensa anti-misiles Barak MX por un valor de cientos de miles de dólares, adquiridos tras la firma de un contrato en el 2021 sellado por el ex Ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz. El acuerdo incluye también la venta de sistemas de radares fabricados por Elta Systems, empresa subsidiaria de la Industria Aeronáutica de Israel, así como un Sistema de defensa anti-drones fabricado por Skylock.

  • Existe también un proyecto para introducir mejoras proporcionadas por Israel en la flota de F-5 de la fuerza aérea marroquí. Este avión llegó a Marruecos proveniente de los remanentes de la Guerra de Vietnam en la década de los setenta y necesita una actualización.

  • Adquisición por parte de Marruecos del sistema de espionaje Pegasus. Este sistema es, tal vez, el más polémico de los sistemas creados por una empresa israelí, debido a su capacidad de controlar las comunicaciones por móvil, así como de operar en remoto el micrófono o cámara del móvil interceptado. Por ello, su venta sólo se permite bajo la aprobación de la Agencia de Control de Exportaciones del Ministerio de Defensa de Israel, lo que no evitó provocar tensiones diplomáticas con Francia, tras comprobarse que algunos de los móviles espiados por Marruecos pertenecían a ministros de Macron.

  • Por último, la alianza militar alcanzada entre Marruecos e Israel desde el 2020 ha incluido la venta de rifles de asalto Tavor X95, usados por la policía marroquí en su versión de 9 mm, así como entrenamiento militar a comandos de fuerzas especiales marroquíes para la lucha anti-terrorista. En este ámbito, Israel, Marruecos y Estados Unidos han estrechado su colaboración participando en ejercicios conjuntos, como el que tuvo lugar en julio del 2021 en Israel, o el que se produjo el pasado mes de junio de 2023, liderado por Estados Unidos, en Marruecos, Gana, Senegal y Túnez, en el marco de los ejercicios anuales del AFRICOM denominados León Africano, y en el que tropas israelíes del comando Golani participaron por primera vez en su historia [2]2 — Sahnouni, Mariya (2023). «Israeli Soldiers Join African Lion 2023 For First Time». Artículo publicado el 6 de junio de 2023 en el portal de noticias Morocco World News. Disponible en línea. .



En este contexto de creciente cooperación militar tripartita se enmarca además el proyecto de convertir a Marruecos en un centro de mantenimiento de aviación militar para África occidental [3]3 — Helou, Agnes (2022). «Morocco moves to become maintenance hub for F-16s, C-130s». Artículo publicado el 29 de abril de 2022 en el portal de noticias online Breaking Defense. Disponible en línea. , particularmente para el mantenimiento de los aviones F-16 y Hercules C-130, con los que cuentan países tan estratégicos como Libia, Níger, Túnez, Chad y Egipto. El conocido como Maintenance Aero Maroc (MAM) ha requerido la firma de partenariados estratégicos con las empresas belgas Sabca y Sabena y con la norteamericana Lockheed Martin, lo que facilitará, además, el mantenimiento de los nuevos F-16 Bloque 72, que Marruecos espera recibir entre 2025 y 2027, en una estrategia de modernización de su flota y bases aéreas.

El reforzamiento de la posición de Estados Unidos en África a través de Marruecos y de la alianza con Israel y otros Estados árabes aliados es un claro mensaje a China y Rusia y se enmarca en las estrategias de dominación que tradicionalmente han llevado a las grandes potencias a dominar las relaciones entre los aliados de su periferia. Una muestra de cómo Estados Unidos está forjando su nueva red de aliados en África y Oriente Medio la ofrece la participación de estos Estados en una reunión de alto nivel sobre la guerra de Ucrania celebrada en abril de 2022 y en la que Estados Unidos invitó a 14 Estados no-miembros de la OTAN, conocidos formalmente como Ukraine Defense Consultative Group, a fin de coordinar el esfuerzo de los aliados en la guerra contra Rusia. Entre las naciones africanas que fueron invitadas se encuentran: Kenia, Liberia, Marruecos y Túnez. Entre los aliados de Oriente Medio se encontraban Israel, Qatar y Jordania.

En el caso de Marruecos, mantener al país en la órbita occidental y fortalecer sus capacidades defensivas militares resulta clave de cara a contener el creciente acercamiento entre Argelia y Rusia, que ya planean ejercicios militares conjuntos. Este es un objetivo estratégico de máxima prioridad, tanto para la estabilidad en la frontera entre Argelia y Marruecos como para la región del Sahel en su conjunto, incluso si ello requiere negar el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Marruecos lo sabe, y está empleando toda su influencia y capacidad de disuasión para conseguirlo.

Detrás del reconocimiento israelí de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental están los intereses de la alianza militar-industrial construida por Estados Unidos e Israel a lo largo de su historia

De hecho, según información aparecida en la web israelí especializada en inteligencia JaFaj, el rey de Mohamed VI habría solicitado ayuda al ex Ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, para que intermedie con Estados Unidos en la negociación para la venta del codiciado F-35, que según fuentes marroquíes, Emiratos Árabes Unidos está dispuesto a financiar [5]5 — JaFaj Intelligence Solutions (2021). «Morocco Seeking Israeli Military Technology and Help to Acquire US-Made F35 Fighters». Artículo publicado el 8 de diciembre de 2021 en el portal web israelí especializado en inteligencia JaFaj. Disponible en línea. . En este contexto, la alianza militar entre Estados Unidos, Israel y Marruecos, en el marco de los Acuerdos de Abraham, se presenta como uno de los grandes elementos disuasorios de la política exterior y de defensa marroquí. El futuro de tal alianza se sustentará en la capacidad de todos los actores de hacer converger sus intereses defensivos. Lo que resulta menos conocido es que Marruecos e Israel comparten una historia que demuestra que son capaces de ello.

El reconocimiento en clave bilateral

Aunque, como ya se ha comentado, la normalización de las relaciones bilaterales tuvo lugar, oficialmente, en el marco de los Acuerdos de Abraham suscritos en el 2020, la historia de la continuada cooperación clandestina entre Israel y Marruecos en el ámbito de la seguridad y el intercambio de inteligencia se retrotrae a Guerra de 1967 o Guerra de los Seis Días –el conflicto que enfrentó Israel a los ejércitos de Egipto, Siria y Jordania en tres frentes, del 5 y al 10 de junio de 1967– momento en el que Francia impone un embargo y deja de vender armas a Israel. Estados Unidos pasa a ocupar su puesto y redefine así su política hacia la región.

Tras su aplastante victoria en la guerra, Israel aprovechó la coyuntura para vender su excedente de armas francesas a Marruecos y, desde entonces, todos los jefes del Mossad de Israel han viajado al país para mantener encuentros con la monarquía y con los jefes de la agencia de inteligencia marroquí. Detrás de ello estaba la convicción de que la cooperación entre ambos Estados servía mejor a sus respectivos intereses.

Sin embargo, el creciente afianzamiento de la cooperación bilateral tuvo unos inicios tortuosos y menos conocidos, relacionados con operaciones secretas del Mossad para sacar de Marruecos a los 150.000 judíos que sufrían persecuciones y hostigamiento tras la prohibición del Rey Mohamed V de dejar marchar a los judíos marroquíes a Israel en 1959. Fue entonces cuando el Mossad estableció en el reino alauita una red de espías (en su mayoría judíos marroquíes) para organizar la emigración clandestina, así como una red paralela de organizaciones armadas de autodefensa para protegerles frente a posibles ataques perpetrados a comunidades judías marroquíes.

La operación Misgeret [6]6 — Melman, Yossi (2020). «Assassination, Bribes and Smuggling Jews: Inside the Israeli Mossad’s Long Secret Alliance With Morocco». Artículo de opinión publicado el 17 de diciembre de 2020 en la edición digital del diario israelí Haaretz. Disponible en línea. , que requirió la cooperación española y que duró de 1956 a 1961, consiguió sus objetivos sacando a judíos de Marruecos en taxis y camiones que eran dirigidos a los principales puertos del país, incluyendo Ceuta y Melilla que, junto con un antiguo campo militar en Gibraltar, se convirtieron en bases para ayudar a los judíos a escapar del país. La tragedia ocurrida en enero de 1961, cuando el barco Egoz (Pisces) se hundió antes de llegar a las costas de Gibraltar con más de 40 personas a bordo (entre los que se encontraba un oficial de comunicaciones del Mossad), sacó a luz la operación clandestina y Marruecos montó en cólera. Por tanto, no fue hasta la muerte de Mohamed V en marzo de 1961 y su sustitución por el pragmático Hasan II, cuando la monarquía alauí buscó un mayor acercamiento a Estados Unidos y a Israel.

Fue precisamente en ese acercamiento cuando Israel, empleando sus conexiones con organizaciones sionistas judías norteamericanas, intentó encontrar su ventana de oportunidad para influir en el proceso de acercamiento marroquí a EEUU, a la vez que cumplía con su gran leitmotiv: servir como Estado refugio a cualquier judío del mundo que necesitara protección. Así, tanto la influyente American Jewish Joint Distribution Committee como la Hebrew Immigrant Aid Society ofrecieron pagar una cuota por cada judío al que el gobierno marroquí permitiera emigrar a Israel, iniciando con ello la dilatada estrategia de efectuar concesiones a sus aliados a cambio de garantías económicas y de seguridad que facilitaran la integración de Marruecos en la órbita occidental. Ambos grupos acabaron pagando 50 millones de dólares por sacar a 60.000 judíos de Marruecos. En sucesivas operaciones del Mossad, llevadas a cabo entre 1961 y 1967, los israelíes, operando desde una base en Rabat, sacaron de Marruecos a 80.000 judíos.

No obstante, la cooperación entre Marruecos e Israel en el terreno armamentístico y de intercambio de inteligencia sufrió un revés en 1973, tras el apoyo marroquí a la alianza egipcio-siria, momento en el que el jefe del Mossad, Yitzhak Hofi, ordenó suspender la colaboración, aunque ésta se retomó en 1977, cuando Marruecos actuó como mediador en las reuniones secretas entre Egipto e Israel que conducirían a la firma del Tratado de Paz en 1979. A cambio, los israelíes volvieron a vender equipamiento militar y ofrecieron entrenamiento en tácticas contrainsurgentes para enseñar a Marruecos a luchar contra el Frente Polisario.

Con la firma de los Acuerdos de Oslo, el año 1993, hubo un acercamiento más oficial y Marruecos abrió, por primera vez, una misión diplomática de bajo nivel en Israel, que Mohamed VI cerró en el año 2000, tras el estallido de la segunda intifada. Los acuerdos de Abraham firmados en 2020 pueden considerarse, por ello, un episodio más en la extensa historia de relaciones bilaterales entre Marruecos e Israel, en la que la venta de armas y el intercambio de inteligencia han forjado un mosaico de intereses comunes.

No obstante, los nexos históricos con Marruecos continúan jugando un papel clave como elemento de diplomacia pública y despliegue de “poder blando” entre ambos Estados. La pequeña comunidad judía que quedó en el país actuó siempre como enlace entre Israel y el Estado marroquí. Prueba de ello ha sido la presencia de ministros judíos en distintos gabinetes de gobierno, como el ministro de Turismo, Serge Berdugo, o el consejero para asuntos económicos y financieros, André Azoulay

Las relaciones bilaterales entre Israel y Marruecos son un ejemplo del modo en el que el comercio de armas y la tecnología del espionaje han funcionado como el brazo secreto de la política exterior israelí en el mundo árabe

Por su parte, las comunidades de judíos marroquíes emigrados a Israel constituyen hoy el 12% de su población y Mohammed VI ha sabido entender el potencial de esta relación creando, hace un año, tres organizaciones para la defensa de la judeidad marroquí: el Consejo Nacional de la Comunidad Judía Marroquí, la Comisión de los Judíos Marroquíes del Extranjero y la Fundación del Judaísmo Marroquí. El hecho de que la comunidad judía de Marruecos ascienda a tan sólo a 2.000 personas en un país de 30 millones da cuenta de la importancia que el reino alauita concede a su relación estratégica tanto con Israel como con el mundo judío de origen sefardí-marroquí. Una oportunidad y un potencial del que España, verdadero lugar de origen de estos judíos, debería tomar nota en su proyección exterior.

Conclusiones

El reconocimiento israelí de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental debe entenderse como la culminación de una prolongada relación encubierta, iniciada a finales de la década de los cincuenta del pasado siglo y que alcanzó una mayor profundidad gracias a la implicación norteamericana y a sus intereses estratégicos en la región, así como por los nexos históricos que el Estado de Israel ha sido capaz de forjar con las comunidades judías alrededor del mundo. Aunque el anuncio del reconocimiento respondió a motivaciones políticas que tienen que ver con la necesidad de proyectar éxito en el ámbito exterior para aplacar la inestabilidad interna que sufre hoy Israel, las relaciones bilaterales con el reino de Marruecos continúan siendo un ejemplo del modo en el que el comercio de armas y la tecnología del espionaje han funcionado como el brazo secreto de la política exterior israelí en el mundo árabe.

Hasta qué punto la Guerra de Gaza va a suponer un freno a esta proyección es una cuestión que aún queda por dilucidar. Dependerá de la capacidad de implicar, en la búsqueda de una solución negociada al conflicto con Palestina, a los estados miembros y potencialmente miembros de los Acuerdos de Abraham, así como al mantenimiento del liderazgo de Estados Unidos en ese proceso. Ello deberá hacerse en un escenario de creciente competitividad, en el que Rusia, y sobre todo China, intentarán aprovechar la ventana de oportunidad que representa ejercer como bróker para la paz en la región.

  • Referencias y notas

    1 —

    Mitzer, Stijn y Oliemans, Joost (2023). «A Rare Bird: The IAI Heron In Moroccan Service». Artículo publicado el 31 de octubre de 2023 en el blog Oryx. Disponible en línea.

    2 —

    Sahnouni, Mariya (2023). «Israeli Soldiers Join African Lion 2023 For First Time». Artículo publicado el 6 de junio de 2023 en el portal de noticias Morocco World News. Disponible en línea.

    3 —

    Helou, Agnes (2022). «Morocco moves to become maintenance hub for F-16s, C-130s». Artículo publicado el 29 de abril de 2022 en el portal de noticias online Breaking Defense. Disponible en línea.

    4 —

    Sabena Engineering (2022). «Blueberry Group announces strategic partnership with the Kingdom of Morocco». Nota de prensa publicada el 14 de abril de 2022 en el portal web de la empresa belga Sabena Engineering. Disponible en línea.

    5 —

    JaFaj Intelligence Solutions (2021). «Morocco Seeking Israeli Military Technology and Help to Acquire US-Made F35 Fighters». Artículo publicado el 8 de diciembre de 2021 en el portal web israelí especializado en inteligencia JaFaj. Disponible en línea.

    6 —

    Melman, Yossi (2020). «Assassination, Bribes and Smuggling Jews: Inside the Israeli Mossad’s Long Secret Alliance With Morocco». Artículo de opinión publicado el 17 de diciembre de 2020 en la edición digital del diario israelí Haaretz. Disponible en línea.

Sonia Sánchez Díaz

Sonia Sánchez Díaz es profesora de Relaciones Internacionales y Vicedecana de Internacionalización en la Facultad de Comunicación de la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid). Es doctora en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Complutense de Madrid y tiene un máster en Política y Sociedad en Israel por la Universidad Hebrea de Jerusalén, además de un máster en Relaciones Internacionales y Oriente Medio por la Universidad de Durham. A lo largo de su carrera, ha combinado su perfil como asesora y analista política internacional con la gestión de proyectos, la docencia y la investigación. Actualmente también es integrante del Consejo Científico del Real Instituto Elcano.