Nunca imaginé vivir una emergencia de escala mundial, ni las repercusiones en los modos de vida que esta conlleva. Sin embargo, desde el inicio de la cuarentena en nuestro país, he visto mi vida desde otra tierra. Al principio no percibía mayores cambios, sólo el hecho de estar en casa obligatoriamente. Pensaba que no duraría demasiado, que la pandemia terminaría rápido pues parecía un virus como todos. No obstante, los medios de comunicación sustituyeron mi confianza con miedo y confusión, pues ya no sólo se trataba de salud, sino de política y transformación cultural.

Luis, 27 años

Cuando se habla de “desafíos globales” para el nuevo milenio generalmente vienen a la mente las reflexiones de expertos de los organismos internacionales, la academia o las organizaciones no gubernamentales. Y muchos de ellos nos han venido alertando sobre situaciones como el cambio climático, la crisis del agua, el hambre, la violencia, la pobreza, la inequidad, la exclusión y otros tantos problemas que amenazan no solo la vida humana sino la biodiversidad del planeta [1]1 — Pueden revisarse las propuestas del Instituto de Salud Global de Barcelona, El Proyecto Milenio y la CEPAL. También hay propuestas de expertos en revistas como The Economist y Ethic. La Fundación Pere Tarrés de la Universidad Ramón Llull ofrece el posgrado «Experto universitario en retos globales: geopolítica, desigualdades, medio ambiente, derechos humanos y diversidad cultural». . Cuando se habla de “juventudes” la situación es parecida. En 2015, un grupo de expertos de la CEPAL desarrolló un estudio sobre las realidades de la juventud en América Latina y los retos que esta enfrenta para lograr un desarrollo con igualdad. Ya para ese momento, el estudio planteaba dos grandes retos: el de garantizar los derechos y responder a las demandas de los jóvenes que se encuentran en espacios donde su voz no tiene eco, y el de considerar a los jóvenes como actores fundamentales para el desarrollo, haciéndolos partícipes de ese proceso [2]2 — Trucco, D., Ullmann, H. (eds.) (2015) Juventud: realidades y retos para un desarrollo con igualdad, Santiago: Libros de la CEPAL [Disponible en línea]. .

A partir de los retos señalados por dicho estudio, creemos que el tema de “Juventudes y desafíos globales” debe pensarse a partir de las experiencias y las voces de la juventud. Este texto toma como punto de partida una experiencia desarrollada con jóvenes de El Salvador en junio de 2020, durante el confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19. El ejercicio tenía como objetivo central recoger información sobre las rutinas cotidianas y los consumos culturales en tiempos de pandemia, y el recorrido fue la construcción de un texto personal y luego un trabajo colectivo a partir de una encuesta. Las respuestas generadas permitieron identificar un desafío que apenas ha sido mencionado por las voces expertas: la urgencia de transformar el modelo de relaciones cotidianas.

Desafío común: la revisión de nuestro modelo de relaciones

Más que de desafíos globales, queremos reflexionar sobre un desafío común. El adjetivo global hace relación a aquello que se refiere al planeta o al globo terráqueo, mientras que el adjetivo común alude a aquello que pertenece a todas las personas o cosas de que se trata. Y este es el punto que queremos subrayar: pensar en causas comunes más que globales implica a todas las personas, independientemente de su edad, género, etnia, religión o ideología. Los problemas globales generan desafíos comunes. Y, en este caso, queremos poner el énfasis en ese enorme desafío de nuestro modelo de convivencia cotidiana. Si bien existen muchas propuestas para aproximarnos al modelo de convivencia, luego de escuchar y revisar los planteamientos de los jóvenes salvadoreños, queremos rescatar dos que nos resultan esenciales.

La primera, es la propuesta elaborada por el filósofo y teólogo brasileño, Leonardo Boff, quien afirma que la crisis ecológica, social, económica y política que enfrenta el planeta en la actualidad es resultado de la primacía de un modelo de convivencia basado en el modo de conquista y dominación [3]3 — Boff, L. (2004) Ética y moral. La búsqueda de los fundamentos. Santander: Sal Terrae. . Revertir esta crisis requiere restablecer la religación del ser humano consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con el sentido trascendente de la vida como base para un modelo de convivencia sustentado en el cuidado y el respeto. Sin embargo, el restablecimiento de la religación del ser humano con su entorno no es un proceso espontáneo, sabemos que implica poner en movimiento una energía estructuradora que logre transformar todas nuestras relaciones.

Los problemas globales generan desafíos comunes. Y, en este caso, queremos poner el énfasis en ese enorme desafío de nuestro modelo de convivencia cotidiana

La segunda propuesta de convivencia la retomamos a partir del libro The power of partnership: seven relationships that will change your life [4]4 — Eisler, R. (2003) The power of partnership: Seven relationships that will change your life. Principiant, CA: New World Library. . En este trabajo, la intelectual austríaca, Riane Eisler, afirma que para transformar el modelo de la convivencia cotidiana es necesaria una transformación cultural desde cuatro componentes básicos del modelo social vigente. El primero de ellos es el paso de una estructura de dominación jerárquica a una estructura igualitaria basada en nexos colaborativos de cuidado mutuo. El segundo implica abrazar los valores de la empatía, la no violencia y el cuidado como propios de la humanidad y no solo de las mujeres. El tercer componente propone la erradicación de la violencia y el miedo como mecanismos de control para sustentar la cohesión social en la confianza y el respeto. Y el cuarto componente sugiere anclar la noción de moralidad en el respeto hacia la alteridad y no en el control y dominio de los otros. Esta transformación, señala Eisler, se expresa en siete relaciones humanas fundamentales: la relación consigo mismo; las relaciones de intimidad (familia, pareja, amigos); las relaciones con la comunidad local y el ámbito laboral; las relaciones con la comunidad nacional; las relaciones con la comunidad internacional; las relaciones con la naturaleza y las relaciones espirituales.

Nuestra experiencia

El Salvador vivió una de las cuarentenas más largas y estrictas de América Latina. El período de reclusión y aislamiento completo de la cuarentena -que duró desde marzo hasta agosto de 2020- se vivió con una mezcla de sensaciones y sentimientos. Por un lado, las clases más populares se vieron enfrentadas a la zozobra de tener que buscar alternativas para conseguir su sustento, esto implicó que la reclusión fue una especie de normativa que debía infringirse para continuar la vida. Por otro lado, en las clases bajas y medias, pero con un ingreso fijo por familia, se percibió una especie de entusiasmo exacerbado al pensar en pasar treinta días sin tener que salir de casa ni sujetarse a las rutinas y horarios institucionales. Por otro, la gran mayoría de la sociedad salvadoreña se enfrentó con una intensa sensación de miedo. Esto no solo por la falta de información certera sobre el COVID, sino, sobre todo, por las medidas autoritarias adoptadas por el gobierno durante el confinamiento.  

Justo antes de cumplir los dos meses de la alargada cuarentena, un grupo de docentes y estudiantes decidimos hacer algo para entender cómo esto que pasaba en el mundo estaba afectando nuestras maneras de entendernos en nuestro pequeño territorio. La iniciativa no fue motivada por un objetivo académico que devino, además, en un proceso terapéutico: era necesario construir sentido en medio del caos cotidiano y para lograrlo debíamos comenzar escuchándonos a nosotros mismos. Había que preguntar, documentar, revisar, construir un archivo propio.

La primera tarea consistió en que cada participante debía redactar un breve texto autorreflexivo que diera cuenta de las rutinas cotidianas en medio del confinamiento. Lo que compartimos en esos textos permitió constatar que el impacto de la pandemia estaba cambiando algo en nuestra forma de relacionarnos. Parecía que nuestra salud física, mental y espiritual dependía de un modelo de relaciones cuya base era el cuidado, la colaboración y el respeto mutuo. También percibimos que no habíamos llegado a esta transformación sin conflictos, ni negociaciones. Sin embargo, prevaleció la decisión y la voluntad para vivir este tiempo extraordinario de la mejor manera.

A casi un año de esta experiencia, resulta una especie de alegoría del gran desafío que tenemos en común: la revisión de nuestro modelo de relaciones es indispensable para garantizar el presente y el futuro de nuestro planeta y de todas las formas de vida que hay en él. Sin pretender agotar la riqueza de la propuesta de Eisler, queremos mostrar -desde la experiencia de jóvenes de El Salvador- algunos indicios de la tan ansiada transformación cultural en al menos cuatro de los siete ámbitos de relaciones.

Relación con nosotros mismos, el descubrimiento

Ninguno de nosotros puede cambiarlo todo pero todos podemos cambiar algo; y un buen lugar para comenzar el cambio somos nosotros mismos, señala Riane Eisler. Y esta fue la primera relación que estuvo bajo la lupa durante el confinamiento. Fue una especie de descubrimiento. En el mundo de la aceleración, el pensamiento demorado y al introspección parecen estar fuera de nuestros escenarios. La pandemia forzó la maquinaria capitalista global hacia una ralentización de los procesos que permitió, por un instante, que miráramos hacia dentro.

Un indicio de que nos movemos hacia el paradigma del cuidado es el aprender a sentirnos bien y en sintonía con el propio cuerpo. Estar en diálogo y generar consensos, como señaló Marlen, implica incrementar también la capacidad para el placer y la sensibilidad:

Pensando en el cuerpo, y en cómo habita mi cuerpo el espacio en medio de esta pandemia, he tratado de escucharle y no forzarlo o presionarlo con rutinas de ejercicios muy pesadas. Antes del confinamiento me ejercitaba una o dos veces a la semana, hacía ejercicios de Pole Dance o Acroyoga en telas, he tratado de mantener esta rutina. En medio de la pandemia he desarrollado una especie de diálogo y consenso con mi cuerpo. A veces mi cuerpo no quiere hacer nada y a veces quiere mucho. Mi práctica de ejercicios actual me ha permitido otra manera de biomecánica cotidiana.

Marlen, 33 años

Además de la conciencia sobre una alimentación saludable, la revisión de la relación con el sí mismo lleva también aparejada la deconstrucción de los estereotipos de género. Si bien en la mayoría de familias la carga doméstica durante el confinamiento se mantuvo sobre los hombros de las mujeres, hubo espacios donde comenzaron pequeñas transformaciones como las que se comparten en esta experiencia:

Otro aspecto relevante que ha cambiado en mi vida es el de la comida. Como he dicho anteriormente, solía comer todo el tiempo afuera, y yo estaba consciente de que por eso mi alimentación no era muy buena. Me costaba encontrar lugares que vendieran comida casera limpia y que me gustara, por lo que a veces simplemente me saltaba las comidas. Ahora todos los días me turno con mi papá para cocinar el almuerzo. Esta es la parte que más me ha gustado de la cuarentena, porque disfruto mucho más la comida y porque tenía mucho tiempo de no cocinar, así que hacerlo ahora de nuevo es una gran motivación. Me esfuerzo en pensar qué hacer con lo que tengo, me preocupo por los ingredientes que uso, y aunque a veces las cosas no quedan tan ricas como espero, sigo pensando que entre más lo haga mejor quedarán.

Elena, 23 años

El cocinar es ahora un trabajo cotidiano y un oficio pero, sobre todo, un placer hacerlo. El estar pendiente de elegir los mejores ingredientes, utilizarlos de la mejor manera, del buen sabor, de la consistencia, de cómo se va a presentar y servir la comida y de quiénes se van a agasajar se ha vuelto más sociable e importante a la hora de realizar esta actividad porque ayuda a hacer la comida con más cariño, precisión, dedicación.

María José, 25 años

La revisión de nuestro modelo de relaciones es indispensable para garantizar el presente y el futuro de nuestro planeta y de todas las formas de vida que hay en él

Distintos estudios y encuestas mostraron que este descubrimiento no fue la excepción. Muchas personas, familias y colectivos se encontraron repentinamente enfrentados a la necesidad de entenderse a sí mismos y cuidarse. La enfermedad, la muerte y el sufrimiento colocaron a la humanidad, pero en especial a los jóvenes, en otro tono de relaciones.

Relaciones íntimas: familia, pareja, amistades. Otras relaciones son posibles

Eisler afirma que el conjunto de relaciones íntimas que se establecen con la familia, la pareja y las amistades constituye el corazón de la transformación cultural. Es en este núcleo íntimo donde se reproduce el modelo vigente o donde puede comenzar a forjarse el nuevo modelo de relaciones sustentadas en el cuidado, colaboración y respeto mutuo. La sociedad salvadoreña tiene una fuerte impronta adultocéntrica, autoritaria, patriarcal. Esta es la norma. Si bien durante el confinamiento aumentó el índice de violencia y abuso en muchas familias, hubo algunas experiencias que muestran indicios de relaciones más horizontales basadas en la escucha y el respeto mutuo. Esta fue la extraordinaria excepción que muestra que, incluso en una sociedad violenta y autoritaria, otros modelos son posibles:

Puedo identificar cuatro modificaciones a mi rutina desde que inició la cuarentena, dos negativas y dos positivas. Como cambios positivos puedo resaltar la reactivación de la comunicación con mi familia que había desplazado a segundo plano y la adquisición del gusto por los videojuegos, que me permitió ser parte de una nueva comunidad, compartir con mis hermanos y socializar de una forma diferente.

Ale, 30 años

Ahora, como nunca antes, nos saludamos con mi familia y hacemos videollamadas. Y los viernes platicamos de la película que les comparto todos los días lunes. Nunca había tenido la experiencia de compartir mis gustos con la familia. A la hora del café con pan jugamos a que lo bebemos en casa de alguna reina y buscamos museos del mundo a través de Google Art.

Diana, 30 años

Ahora, debido al encierro, realmente debo convivir con los demás. Esto rápidamente provocó que surgieran conflictos, especialmente con mi hermana: peleamos por quién debía hacer el oficio [5]5 — Las tareas domésticas. , por quién usaba la computadora, y como mi casa es pequeña, incluso peleamos por descansar en determinados lugares. Como estaba acostumbrada a estar sola, solo la presencia de los demás me resultaba incómoda, como si estuvieran invadiendo mi espacio. A pesar de que al inicio fue difícil, gradualmente hemos aprendido a manejar la situación: establecimos horarios para realizar el oficio por turnos, y somos comprensivas sobre quién necesita usar más la computadora. El lado positivo es que nuestra relación ha mejorado, pues dedicamos más tiempo a los otros.

Elena, 23 años

Otro indicio de acercamiento al modelo de relaciones sustentado en el cuidado, la colaboración y el respeto mutuo está vinculado a las relaciones de amistad. La experiencia generada por el confinamiento permitió un nivel de comunicación que trascendió la camaradería y permitió ahondar en los vínculos a partir del compartir de experiencias:

El tercer aspecto que ha cambiado es mi relación con mis amigos. Antes de la cuarentena solíamos reunirnos constantemente a jugar juegos de mesa y platicar, o nos reuníamos para jugar Pokémon GO. Además salíamos a comer juntos, pues varios de ellos también estudian en la UES. Ahora generalmente todas las noches nos juntamos en videojuegos que incluyen voice chat. Así, mientras jugamos escuchamos las experiencias de los demás. Si queremos jugar otro tipo de cosas hacemos videollamadas.

Elena, 23 años

Tras comer y hacer oficio, fuese lavar los platos o llenar botellas con agua (según los turnos semanales que tenemos con mi hermana), me dedicaba la mitad de la tarde a un curso de griego básico (pues mi propuesta para el congreso requería de la mitología griega y me resultó interesante aprender a leer griego clásico), y la otra mitad a jugar con mis primos, juegos de mesa o videojuegos. Por la noche, cenar y ver noticias era lo que marcaba el inicio, siguiendo con ver anime o videos de análisis narrativos y recetas de cocina en YouTube. Y a la hora de ir a la cama, pues lo fijo era chatear con mis amigos y contarnos nuestro día.

Kevin, 23 años

Y frente a la visión más instrumental y desconfiada de la tecnología, esta investigación permitió documentar a la tecnología como una interfaz que conecta, que media, que construye relaciones.

Nuestro lugar de trabajo y las relaciones con la comunidad local, pero con la tecnología al centro

Uno de las experiencias más fuertes que vivimos durante el confinamiento provocado por la pandemia fue la desconfianza hacia los demás, que en un país como El Salvador ya se encontraba establecida desde múltiples formas de violencia, pero que se reforzó por razones de higiene, para salvaguardarnos, la tecnología resultó ser el lugar del encuentro y de la nueva certidumbre:

Antes no reparaba en tener las manos limpias cada media hora, en desinfectar prácticamente todas las compras, en mantener distanciamiento social, en pensar que los demás son mis “enemigos” por ser potenciales portadores del virus. Me cambió la vida de golpe, mis metas y, por supuesto, mi carácter.

Luis, 27 años

El modelo de relaciones vigente exacerbó nuestros temores e hizo de cualquier vecino o compañera de trabajo una amenaza, como sucedió en el caso del personal de salud que estaba en primera línea. Sin embargo, como en un mundo paralelo, hubo también experiencias que se muestran como pequeños indicios esperanzadores en el camino hacia la transformación de las relaciones. La confianza, el respeto y la colaboración son posibles, incluso en el mundo virtual:

Me pareció acertado hablar sobre los videojuegos porque si bien la tecnología no es ajena a mi cotidianidad, jamás me enfoqué en ellos, siempre pensé que no eran lo mío y que resultaban una pérdida de tiempo. Sin embargo, en este momento los considero el mayor modificador de mi rutina cultural, me permitieron interactuar de manera diferente a la acostumbrada, hacer nuevas amistades y poner a prueba muchas de mis habilidades. Actualmente soy un video-jugador activo que dedica de una a dos horas diarias a diversos juegos, esto, sin contar el tiempo que invierto en grupos de chat para aprender más de las modalidades de juego y del colectivo en general.

Ale, 30 años

De igual forma, mi experiencia con aplicaciones y estrategias tecnológicas ha cambiado por completo. Como docente tengo tres aulas virtuales, realizo video llamadas y tengo un segmento virtual desde mi área de cultura. Es así como decidí inscribirme y seguir a jóvenes que trabajan en casa y descubrir cuáles son sus métodos.

Diana, 30 años

Las personas con quienes compartimos espacio territorial -sea en el vecindario o en el trabajo- devienen familia en la medida en que interactuamos con ellas de manera cotidiana. En el caso de los vecinos, el confinamiento nos obligó a reconectarnos con ellos por la necesidad de la sobrevivencia:

La falta de trabajo e ingreso económico en mi familia hizo que comenzáramos a pensar con mi mamá en realizar platillos típicos y venderlos dentro de la colonia [6]6 — Unidad habitacional equivalente al barrio o vecindario. . El inicio fue incómodo para mí, la mayoría de los platillos no estábamos acostumbradas a hacerlos, esto me incitó a ver videos y recetas en internet, preguntar, anotar, experimentar e improvisar para preparar una buena comida. Pensaba que, estas recetas, heredadas tras generaciones eran significativas para deleite de los salvadoreños/as, era “pecado” no saberlas hacer. Ya con la práctica y la rutina, tras la prueba y error, con paciencia, imaginación e improvisación se ha vuelto fácil, interesante y satisfactorio realizar no sólo platillos típicos -que han generado ingreso económico dentro de mi hogar y gratificación por los vecinos- sino también otras recetas atractivas que trato de hacer a menudo.

María José, 25 años

Los problemas globales tendrán solución en la medida en que aprendamos a mover las relaciones cotidianas hacia un modelo distinto de relaciones: el modelo de colaboración solidaria

A pesar de que hubo experiencias de violencia y exclusión, como los casos en que enfermeras y médicos fueron agredidos en sus mismos vecindarios por considerarlos potenciales portadores del virus, también hubo casos en que los habitantes del barrio o la colonia se organizaron para salir a comprar alimentos, medicinas e incluso para cuidar las medidas de higiene en el espacio compartido. Vimos personas hacerse cargo de garantizar alimento a los adultos mayores o a las personas con dificultades de movilidad, y sentimos la necesidad de colaborar unos con otros para poder cuidarnos entre todos frente a la pandemia.

Nuestras relaciones espirituales

Independientemente de tener o no una confesionalidad religiosa particular, las relaciones espirituales aluden a la capacidad de conectar con una dimensión que trasciende la vida material y física. De esta dimensión dan cuenta los múltiples rituales que como sociedades compartimos alrededor de las experiencias fundantes de la vida: la fiesta y el duelo. La pandemia nos obligó a migrar hacia la virtualidad no solo para acompañarnos en las despedidas de los amigos o familiares sino para mantenernos conectados con rituales -grandes o pequeños, colectivos o personales- que dan sentido a la cotidianidad:

Los velorios sufrieron cambios al no permitir las aglomeraciones. Las celebraciones de cumpleaños, el día de la madre, no fue presencial sino por videollamadas. La Semana Santa fue desde casa, viendo la misa, al igual que se ha optado por ver las misas dominicales desde la T.V.

Eduardo, 28 años

La música me ha ayudado a surfear los océanos de pensamientos que se ciernen sobre mí, es casi un milagro cuando caen las horas para terminar el día. Todo lo que ha traído la pandemia ha servido para empujarme al conocimiento más crudo y sincero de mi identidad, a la lucha por el dominio de mi mente y las ganas de seguir viviendo. Gracias al cielo mis rutinas diarias en tiempos de pandemia me han servido para transformar una vez más mi vida y no para hundirme en la queja.

Luis, 27 años

En la encuesta realizada para este mismo ejercicio, de 926 personas salvadoreñas encuestadas durante el mes de julio de 2020, el 57% de respuestas decían haber conseguido bienestar espiritual a través de la música. En medio de la ansiedad, frustración y aburrimiento generado durante el confinamiento, las personas lograron una conexión con esa dimensión trascendente a través de la música.

Epílogo

El 2020 pasará a la historia no sólo como un año lleno de caos e incertidumbre, sino que también será un momento histórico que dejará en evidencia la inquietante necesidad del ser humano por continuar siendo un ser social.

Noé, 26 años

En abril de 2021, el Foro de la Juventud del Consejo Económico y Social permitió a las y los jóvenes participantes aportar su punto de vista sobre los desafíos globales. La juventud destacó el impacto de la pandemia de COVID-19 en la salud, el medio ambiente y los sistemas alimentarios. Así mismo, los y las jóvenes participantes subrayaron la importancia de trabajar en pro de sistemas alimentarios más equitativos, así como lograr una educación orientada a opciones de alimentación más saludables y sostenibles tanto para las personas como para el medio ambiente.

No cabe duda que las conclusiones del foro señalan problemas globales. Sin embargo, es necesario recordar que los problemas globales tendrán solución en la medida en que aprendamos a mover las relaciones cotidianas hacia un modelo distinto de relaciones: el modelo de colaboración solidaria. Ahí comenzarán los cambios positivos en nuestra vida cotidiana y en nuestro mundo. Ese es el desafío común. Y es interesante pensar que eso pueda ser posible, en medio de la pandemia, en una de las sociedades que durante muchos años ha tenido uno de los índices más altos de homicidios violentos.

La pandemia nos puso de frente a nuestra manera de entender la convivencia: como conquista, violencia y dominación, o como cuidado, respeto y colaboración. Si podemos pensar una imagen, queremos quedarnos con esta: la del micelio -ese tejido subterráneo capaz de sustentar los hongos y de conectar la vida vegetal con los otros reinos que conviven en la naturaleza- debemos conectar a cada persona para que, unida al potencial de la comunidad local, nacional y transnacional, haga posible la transformación cultural tan necesaria que la pandemia nos hizo ver. La operación micelio consiste en esto, cambiar nuestras formas de estar juntos, por otras más humanas, más amables, mucho más conectadas de una manera consciente.


Este artículo ha contado con la participación de Roxana Martel, Marlen Argueta, Kevin Marquez, Eduardo Crespín, Elena Gómez, María José Infante, Diana Bonilla, Luis Zamora, Noé Acosta y Ale Cartagena.

  • Referencias

    1 —

    Pueden revisarse las propuestas del Instituto de Salud Global de Barcelona, El Proyecto Milenio y la CEPAL. También hay propuestas de expertos en revistas como The Economist y Ethic. La Fundación Pere Tarrés de la Universidad Ramón Llull ofrece el posgrado «Experto universitario en retos globales: geopolítica, desigualdades, medio ambiente, derechos humanos y diversidad cultural».

    2 —

    Trucco, D., Ullmann, H. (eds.) (2015) Juventud: realidades y retos para un desarrollo con igualdad, Santiago: Libros de la CEPAL [Disponible en línea].

    3 —

    Boff, L. (2004) Ética y moral. La búsqueda de los fundamentos. Santander: Sal Terrae.

    4 —

    Eisler, R. (2003) The power of partnership: Seven relationships that will change your life. Principiant, CA: New World Library.

    5 —

    Las tareas domésticas.

    6 —

    Unidad habitacional equivalente al barrio o vecindario.

Amparo Marroquín Parducci

Amparo Marroquín Parducci es profesora e investigadora del Departamento de Comunicación y Cultura de la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA) desde 1997. Sus áreas de investigación giran en torno a las migraciones, las violencias, las narrativas mediáticas, la memoria y la cultura de El Salvador. En su tesis doctoral sistematizó parte del pensamiento de Jesús Martín Barbero y sus propuestas para pensar los medios, la cultura popular y las configuraciones simbólicas en América Latina. Tiene interés en analizar la manera como las identidades, las culturas y las narrativas en los medios de comunicación han cambiado a partir del protagonismo de los procesos migratorios, y de las formas como se nombran las violencias en particular. Ha sido profesora visitante en varias universidades en Argentina, Nicaragua y Ecuador.


Olga Vásquez Monzón

Olga Vásquez Monzón es docente en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, donde actualmente dirige el Máster en Política y Evaluación Educativa, y en la Universidad de El Salvador. Doctora en filosofía iberoamericana, sus investigaciones se enmarcan en el campo de la historia de las mujeres en El Salvador del siglo XIX. Ha publicado textos en varios libros y revistas de Alemania, Costa Rica, Argentina y San Salvador. Su producción más reciente es el libro “Mujeres en público. El debate sobre la educación femenina entre 1871 y 1889, resultado de su tesis doctoral.