En el restaurante de un hotel Hilton, una camarera keniana nos coge el pedido. En otro Hilton, una mujer filipina friega el suelo. En un restaurante muy caro, las conversaciones son en ruso. ¿No hay nada que llame la atención, verdad? Pero es que no estamos en Londres ni en Berlín. La keniana lleva un vestido tradicional serbio y está en Belgrado. Los rusos adinerados también están en Belgrado y la mujer filipina, en Tirana. Todos son pioneros. Hasta hace muy poco, los Balcanes occidentales sólo interesaban a los migrantes como países de paso en su camino hacia la Unión Europea. Eran países pobres, no había trabajo y la gente inteligente emigraba. Pero la situación está cambiando.

En términos de demografía, los Balcanes occidentales y Croacia han sufrido los mismos daños que otros países europeos postcomunistas, pero más acentuados. Su población envejece deprisa y han sufrido una fuerte emigración de trabajadores cualificados y no cualificados, y también de mujeres en edad fértil. Tienen índices de natalidad relativamente bajos, en parte por la emigración de estas mujeres. En comparación con las zonas más ricas de Europa, tienen una salud y una esperanza de vida bajas y, hasta ahora, un índice de inmigración poco significativo. Los resultados son evidentes. La población de prácticamente todos los países de la región disminuye, la escasez de mano de obra es crónica y ahora abren las puertas a la inmigración. [1]1 — Las fuentes de todos los datos de este artículo son Eurostat y los Institutos Nacionales de Estadística de cada país. .

La situación demográfica en los Balcanes occidentales es nefasta y, según las previsiones, algunas poblaciones se habrán reducido a la mitad a finales de siglo. No obstante, estas proyecciones sólo se cumplirán si las situaciones en los países determinados se mantienen, cosa que es poco probable. Hace unos cuantos años, la población de Polonia decrecía. Y, según el papel, sigue decreciendo. Pero la realidad es que gran parte de los tres millones de inmigrantes no constan en los datos oficiales y la población está creciendo. Rumania, donde la población se ha reducido un 18% en los últimos 35 años, ha abierto las puertas a la inmigración y, como su economía sigue creciendo, la era de la emigración masiva procedente de este país se ha acabado. Diez años atrás, estos cambios no se preveían. Así pues, aunque los países de los Balcanes occidentales todavía están paralizados por el descenso demográfico, su futuro puede diferir de las previsiones actuales.

En términos demográficos, los Balcanes occidentales han sufrido los mismos males que otros países europeos postsoviéticos, pero de forma más acentuada.

La población de gran parte de la región está decreciendo, pero dos países, Montenegro y Eslovenia, son la excepción. A pesar de todo, el crecimiento modesto de su población se debe exclusivamente a la inmigración y, en este sentido, se parecen a los países occidentales más ricos. En Eslovenia, los inmigrantes llegan sobre todo de las zonas más pobres de la antigua Yugoslavia, como Bosnia y Herzegovina. Y, aunque pasa lo mismo en Montenegro, en los últimos años este país también ha experimentado la llegada de miles de rusos y personas de otras nacionalidades. Si se quedan, lo que es una incógnita, cambiarán el futuro demográfico del país.

Países pequeños que se hacen más pequeños

De norte a sur, todos los países de la región sufren los mismos problemas demográficos, con la única diferencia de que algunos van años o incluso décadas más adelante que los otros con respecto a la posición que ocupan en las diferentes tendencias y curvas. Croacia es el país que va más adelantado. Según el censo del año 2011, Croacia tenía una población de 4,24 millones. En el censo del 2021 había registrados 3,87 millones de residentes. Así pues, en sólo diez años, la población de Croacia había caído un 9,64%. Eso fue un golpe para la población en general, pero no para quien había estado siguiendo las tendencias. Durante años, las estadísticas y los gobiernos de Croacia habían subestimado oficialmente la magnitud de la emigración desde el 2013, año en que el país entró en la Unión Europea; habían escondido el tema bajo la alfombra.

En los años noventa, durante el conflicto bélico, se produjo una salida de serbios y una entrada de aproximadamente 200.000 croatas de Serbia y Bosnia. Desde entonces, sin embargo, la población croata se ha ido reduciendo a causa de la emigración y un índice de natalidad bajo. Además, es una población que está envejeciendo deprisa. En 1991, el año en que se proclamó la independencia de Croacia, el 12% de la población tenía 65 años o más. En el 2021, la cifra subía al 22,45%. En 1991, el porcentaje de niños menores de 14 años era del 19%, mientras que en el 2021 esta cifra había caído hasta el 14%.

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Un abuelo se despide de su nieta, que se va de viaje escolar en un autobús a Zagreb, Croacia. Fotografía: Anto Magzan.



Kresimir Ivanda, demógrafo de la Universidad de Zagreb, afirma que, de los más de 400.000 habitantes que Croacia perdió en los diez años anteriores en 2021, unos 250.000 habrían emigrado, mientras que el resto se puede atribuir a causas naturales; es decir, hubo más fallecimientos que nacimientos. Tado Jurić, demógrafo de la Universidad Católica de Croacia, calcula que desde el 2013 han emigrado muchos más croatas: cree que 310.000 se han ido a Alemania, 20.000 a Austria y otros 20.000 a Irlanda. Si Ivanda tiene razón, el número de emigrantes desde el año 2013 representa un 6,5% de la población que Croacia tenía en el 2021; si Jurić tiene razón, el porcentaje es mucho más elevado. Muchos de estos croatas son jóvenes y están en edad fértil y laboral. Y cada vez más familias se han marchado.

Una consecuencia importante de todo esto es la falta de mano de obra, que ya no se puede compensar importando otros exyugoslavos durante la temporada turística. Pero en Croacia no sólo faltan camareros y trabajadores de la construcción. El país no puede competir en materia de sueldos para los trabajadores cualificados, que tienen que emigrar, ni forma a bastantes ingenieros y especialistas, de manera que obstaculiza el crecimiento y desarrollo de empresas y sectores de alto valor.

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Serbia está decreciendo más o menos al mismo ritmo. Anteriormente, que un país perteneciera a la Unión Europea o no, marcaba la diferencia en materia de emigración. Ya no es así. Hoy es más fácil que nunca que los ciudadanos de países que no forman parte de la UE obtengan permisos de trabajo y residencia en países con una alta demanda de mano de obra, como Alemania. De acuerdo con el censo de septiembre de 2022, la población de Serbia era de 6,65 millones, en comparación con los 7,18 millones del 2011. Eso quiere decir que se ha perdido más de medio millón de habitantes o un 7,5% de la población. Antes de eso, entre los censos del 2001 y el 2011, la población de Serbia había caído aproximadamente un 4%. Por lo tanto, la tendencia a la baja se ha duplicado en los últimos diez años. Este dato no es, para nada, insignificante. La tendencia se mantiene, pero se ha acelerado. Según las previsiones de las Naciones Unidas, en el 2100 la población de Serbia podría ser de sólo 3,26 millones de personas.

El índice de emigración puro de la región es de entre 10 y 15.000 personas al año. En algunos países, el factor principal que explica el decrecimiento de la población es la emigración, pero en otros, como Serbia, no es así. El factor más importante que hay detrás del decrecimiento de la población en Serbia es que cada año hay muchas más defunciones que nacimientos. Aunque algunos serbios inmigraron al país desde otras zonas de la antigua Yugoslavia durante los años noventa, desde entonces no lo han hecho muchos más. En el 2023, en el país se produjeron 60.813 nacimientos y 97.098 defunciones. Por lo tanto, si no tenemos en cuenta la población que emigró o inmigró durante este periodo, la población de Serbia perdió a 36.285 habitantes.

La esperanza de vida en Serbia es la más baja de Europa, después de la de Moldavia

Hoy el gobierno ofrece ayudas a las familias con hijos para animarlas a tener más, pero cuesta pensar que esta medida acabe teniendo mucho éxito. Décadas de índices de fecundidad por debajo del nivel de sustitución han derivado en un descenso del número de mujeres en edad fértil. Entre el 2011 y el 2020, el número de mujeres de entre 20 y 44 años se redujo un 11% y el de mujeres de entre 20 y 34 años, un 17,5%.

A pesar de todo, el problema demográfico de Serbia no se basa únicamente en que no nacen suficientes criaturas. La esperanza de vida en Serbia es la más baja de Europa, después de la de Moldavia. En comparación con otros países europeos, esta cifra ha estado estancada durante tres décadas porque el sistema sanitario no se ha adaptado para atender a una proporción mucho más elevada de personas mayores. En Serbia, el alto número de muertos por problemas cardiovasculares o cáncer de pulmón, que es otra causa importante de defunción, es totalmente evitable. Según la Organización Mundial de la Salud, en el 2020 un 39,8% de la población adulta era fumadora, el porcentaje más elevado de Europa. Es una cuestión en que los gobiernos pueden actuar, pero las políticas para abordar el problema crónico de las muertes evitables son inexistentes o insuficientes.

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Con respecto a Bosnia y Herzegovina, el problema real es que no hay cifras oficiales de la población del país. En 1991, justo antes de la guerra, la población rondaba los cuatro millones. Ahora se calcula que oscila entre los 2,8 y los 3,3 millones. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU), que determinó que en el 2020 la población de Bosnia era de 3,46 millones, sostiene que entre el 2013 y el 2020 el país perdió a unos 25.000 habitantes cada año a causa de la emigración. En consecuencia, la proporción de niños en Bosnia cayó del 22,4% al 19,3% y el número de personas de 65 años o más pasó del 14% al 17,2%, una cifra que se prevé que subirá hasta el 36% en el 2050 y hasta el 42% en el 2070. Al mismo tiempo, se prevé que la proporción de bosnios en edad laboral, que era del 63,5% en el 2020, decaiga hasta el 50% en el 2050 y hasta el 43% en el 2070. Estos cambios tendrán un fuerte impacto en todos los ámbitos, desde la economía en general hasta las pensiones y los servicios sociales.

La gente se va por muchos motivos, pero en Bosnia los malos augurios constantes de que la guerra y el conflicto podrían reaparecer son un factor importante. Con todo, cuando hablamos de elementos explicativos, las voces enfadadas expresan cada vez más resentimiento, no sólo hacia las autoridades y las políticas bosnias, sino también especialmente hacia Alemania, por expropiar la mano de obra bosnia. Hay el sentimiento de que el país sufre una “hemorragia” de estudiantes, trabajadores y enfermeras, en particular hacia Alemania, y que Alemania “no devuelve nada”. Quizás colabora para ayudar a formar a las enfermeras, pero Bosnia ha pagado la factura del resto de su formación.

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A diferencia de Bosnia, la buena noticia de Macedonia del Norte es que, después del censo del 2021, al fin sabemos aproximadamente cuántas personas viven en el país, información que no dispusimos durante años. O al menos eso es lo que dicen los economistas del país y el Instituto Nacional de Estadística. Actualmente, según los datos oficiales, se calcula que el país tiene 1,83 millones de habitantes. En 1991, cuando se proclamó independiente, Macedonia del Norte tenía aproximadamente 1,99 millones de habitantes; es decir, desde entonces ha perdido el 8% de la población. En comparación, Serbia y Croacia han perdido más del 13% de la población en el mismo periodo y Bulgaria, más del 25%.

Según el Instituto Nacional de Estadística de Macedonia del Norte, actualmente el país pierde a unos 15.000 habitantes cada año, sobre todo por la emigración. Algunas personas, incluidos algunos activistas de la sociedad civil, se muestran escépticas ante las cifras del Instituto Nacional de Estadística y están convencidas de que la población real se acerca más a los 1,5 millones de habitantes. De acuerdo con las previsiones del Instituto Nacional de Estadística, con una variante de “fertilidad media”, la población de Macedonia del Norte será de 1,19 millones en el 2070.

Como en todas partes, los macedonios están envejeciendo. Estas estadísticas son parecidas a las de otros países de los Balcanes occidentales. Las cifras decrecientes se traducen en menos alumnos y estudiantes cada año. En el curso 2022-2023 había 185.099 estudiantes en la educación primaria y secundaria, mientras que en el curso 2000-2001 había 249.375. Es una disminución que roza el 26% en sólo dos décadas.

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A simple vista, Montenegro parece la excpeción de la región. De acuerdo con los primeros resultados del censo del año pasado, la población del país creció un 2%. Si nos fijamos en los datos preliminares, Montenegro ahora tiene 633.158 habitantes o 7.892 personas más que hace una década. Pero no nos dejemos llevar por la emoción. Miroslav Pejović, director del MONSTAT, el Instituto Nacional de Estadística de Montenegro, declara que se está comprobando si algunas personas se contabilizaron dos veces. Aunque el número señalado sea correcto, lo que hay detrás de esta cifra es que más de 96.000 ciudadanos extranjeros, aproximadamente un 15% de la población total, se registraron como residentes de Montenegro. Sin ellos, habríamos observado un fuerte descenso de la población.

El índice de fertilidad de países como Serbia, Albania o Kosovo se ha desplomado, mientras que Montenegro, con un 1,8, se mantiene muy elevado.

Para Montenegro sería fantástico que los extranjeros se quedaran en el país, pero eso no es seguro. Entre los ciudadanos extranjeros, hay 26.000 rusos, 9.762 ucranianos y 9.110 turcos. Tampoco está claro cuántos de estos extranjeros están físicamente en el país y no están sólo registrados, ni cuántos se incluyeron en los datos del censo. Eso todavía está por ver. En otros aspectos, los montenegrinos sufren los mismos problemas que el resto de la región.

Años atrás, el índice de fertilidad de Montenegro era mucho más próximo a los índices elevados de Kosovo y Albania que al de Serbia, cosa que era previsible. Actualmente, el índice de fertilidad de todos estos países se ha desplomado, mientras que, con un 1,8, el de Montenegro se mantiene muy elevado para los estándares europeos, aunque es muy inferior al 2,1 necesario para que se produzca la sustitución de la población. En cambio, en Albania en el 2022 la cifra era de un 1,21, que no sólo es el índice más bajo de su historia sino también uno de los más bajos del planeta. Eso no quiere decir que las mujeres albanesas tengan muchos menos hijos, sino más bien que muchas los tienen en el extranjero.

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Al principio del 2023, de acuerdo con el INSTAT, el Instituto de Estadística albanés, la población residente en Albania era de 2,76 millones y disminuía muy rápidamente. La población de Albania llegó a su máximo, 3,26 millones de habitantes, en 1990; por lo tanto, desde entonces se ha reducido un 15,4%. El INSTAT prevé que la población llegue a los 2,23 millones en el 2055. El INSTAT también ha calculado que el 2020 el número de ciudadanos albaneses en el extranjero era de 1,65 millones. Eso no quiere decir, sin embargo, que todos emigraran, porque la cifra incluye a los hijos de los emigrantes, que nacieron y viven en el extranjero pero tienen la ciudadanía albanesa. Con todo, para un país que no ha vivido ninguna guerra, es una diáspora enorme por haberse producido en sólo treinta años.

En el pasado, los gobiernos de la región preferían que la gente se marchara al extranjero en vez de quedarse en el país, sin trabajo y con un sentimiento de desafección política. También consideraban a los emigrantes una fuente de ingresos importados. No obstante, con el paso de los años y dado que los ciudadanos en el extranjero viven con sus familias, el dinero que envían se va reduciendo. Las cifras de Albania son un buen ejemplo. Según el Banco Mundial, en 1993, cuando en el país no funcionaba casi nada, el primer éxodo de decenas de miles de hombres jóvenes que enviaban transferencias desde el extranjero representaba hasta un 28% del PIB. En el 2022 esta figura había caído hasta el 9,24%.

El hecho de que tantos albaneses emigren no sólo da lugar a una falta de mano de obra, sino que genera grandes carencias en los servicios públicos, desde la sanidad hasta la educación. El problema de los profesionales sanitarios que abandonan la región por un sueldo y unas condiciones mejores es relativamente conocido, aunque su impacto no siempre es tan claro para los extranjeros. Si un país balcánico pequeño como Albania sólo tiene diez especialistas de un campo concreto y dos de estos especialistas se van, eso es una reducción del 20%, que va acompañada del consiguiente incremento, posiblemente letal, del tiempo de espera, o sencillamente hace que no haya especialista allí donde se vive. No se habla tanto del efecto sobre la educación, un problema creciente en Albania (y seguramente en todas partes), donde, sobre todo en algunas zonas más pobres como el norte, faltan profesores de matemáticas, por ejemplo.

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En Kosovo, el debate normalmente gira en torno a la proporción de albaneses y serbios y no tanto en torno a las personas. Los datos oficiales también han sido poco fiables durante mucho tiempo, pero son más que suficientes para demostrar unas tendencias demográficas claras. En el año 1991, la que entonces era la provincia meridional de Serbia tenía una población aproximada de 1,97 millones. De acuerdo con el Instituto de Estadística de Kosovo (ASK), en el 2022 la población oficial era de 1,77 millones. Sin embargo, sin unos datos precisos sobre la emigración, los responsables del ASK creen que la cifra real de residentes en el país es muy inferior. A finales del 2023, apuntaban que la cifra era de 1,5 millones. La previsión actual es que el decrecimiento de la población de Kosovo está a punto de acelerarse. El ASK afirma que la emigración y el descenso de los índices de natalidad y mortalidad harán que, a finales de esta década, la población de Kosovo haya bajado hasta los 1,2 millones. Si las previsiones son acertadas, la población de Kosovo se habría reducido un 39% en cuarenta años. Kosovo sigue siendo el país más joven de la región, pero ¿de qué sirve eso para el futuro del país si tantos ciudadanos jóvenes están en el extranjero?

Un apunte sobre la cuestión étnica: durante años se ha repetido que en Kosovo quedan unos 100.000 serbios y que la Iglesia ortodoxa serbia ratifica esta cifra. Sin embargo, si el conjunto de la población de Kosovo está disminuyendo, es lógico pensar que los serbios también abandonan el país y el Gobierno serbio sostiene que es así. Los responsables del ASK creen que la población serbia ha caído hasta las 65.000 personas y, evidentemente, eso podría tener consecuencias en el futuro, ya que los serbios tienen un poder desproporcionado en la configuración de la gobernanza de Kosovo, basada en el número de serbios que había antes. En abril del 2024, Kosovo empezó a elaborar un censo, pero los líderes serbios pidieron a su gente que lo boicotearan, como ya habían hecho en el pasado y como los albaneses de Kosovo hicieron cuando los serbios mandaban. Por lo tanto, los datos de Kosovo seguirán siendo poco fiables.

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Ahora llega un cambio radical

Con grupos cada vez más reducidos de jóvenes que acceden al mercado laboral y con el incremento salarial propiciado por la falta de mano de obra, la inmigración es otro capítulo de la historia demográfica de los Balcanes occidentales y Croacia. Como Croacia es el país más rico de los Balcanes occidentales y el único que pertenece a la Unión Europea, es esclarecedor observar qué pasa, ya que nos servirá para explorar la región.

En el 2018 el Gobierno croata limitó a 39.000 el número de permisos de trabajo para ciudadanos de fuera de la UE. Ahora se ha suprimido este límite y en el 2023 las autoridades emitieron 172.499 permisos de trabajo y residencia. Dos tercios de estos permisos fueron a parar a los sectores de la construcción y el turismo. Con respecto a las nacionalidades, el 52% fue para bosnios, serbios y ciudadanos de otros países de los Balcanes occidentales; entre el resto de permisos, había 23.493 para nepaleses, 15.627 para indios, 10.999 para filipinos y 8.749 para bengalíes. Sólo en el primer trimestre del 2024, se emitieron 52.196 permisos y el grupo nacional más numeroso fue el de los nepaleses. Los datos no registran a las personas de Bosnia y Serbia que también vienen a trabajar pero que tienen la ciudadanía croata. La patronal croata (HUP) calcula que, a finales de esta década, hasta 400.000 personas extranjeras trabajarán en Croacia.

Hasta el 2022, muy pocos extranjeros se instalaban en Serbia durante periodos largos o cortos. Según el Ministerio del Interior de Serbia, en el 2021 los tres grandes grupos nacionales eran los chinos (9.104 personas), los rusos (6.285 personas) y los rumanos (3.282 personas). No obstante, los datos relativos al número de permisos de trabajo entregados a personas extranjeras dibujaban otra imagen. Los chinos seguían encabezando la lista, seguidos por los turcos (4.587 personas) y los indios (1.267 personas).

Después de que Rusia invadiera Ucrania a principios de febrero del 2022, el panorama ha cambiado. Serbia es uno de los pocos países europeos que no exige visados a los ciudadanos rusos; decenas de miles de rusos entraron en el país, pero se desconoce cuántos se han quedado. En la prensa se llega a hablar de 200.000 personas, pero esta cifra es absurda según Maksim Samorukov, miembro del think tank Carnegie Endowment, que era uno de estos migrantes rusos antes de trasladarse a Berlín: “Mi estimación es que el número de rusos en Serbia es significativo, pero muy inferior que en Georgia o Armenia. Quizás hay 60.000 o 70.000, o incluso menos. Sin embargo, insisto, no es más que una conjetura”.

La migración vinculada a la mano de obra ha empezado, pero todavía no se sabe qué parte se convertirá en inmigración permanente.

A mediados de 2023, en informes de prensa, se afirmaba que aproximadamente 30.000 rusos tenían permiso de residencia, pero incluso sin este permiso se podía atravesar la frontera a un país vecino y volver inmediatamente para “renovar” un visado turístico caducado. La llegada de rusos mayoritariamente formados fue aplaudida en Serbia, donde se acordaban de que, después de la Revolución Rusa, miles de exiliados rusos blancos se habían establecido en Serbia y Yugoslavia e hicieron grandes aportaciones a muchos sectores, como la educación, la arquitectura y las fuerzas armadas.

En el resto de países de la región, la migración vinculada con la mano de obra ha empezado, pero todavía no se sabe qué parte se convertirá en inmigración permanente. Sin embargo, es evidente que empieza un nuevo capítulo. Las más de tres décadas que han pasado desde la desaparición de Yugoslavia han supuesto más de treinta años de decrecimiento demográfico incesante para gran parte del territorio del antiguo estado. Aunque una parte se podría atribuir a las guerras de los años noventa, sería un error cargarles con la culpa de todo. La bajada demográfica de Albania, Bulgaria y Rumania ha sido todavía peor. Ahora el crecimiento económico de Rumania, Polonia, la República Checa y otros países excomunistas ha sido en gran medida la causa del final del periodo de emigración masiva e incluso ha animado a los antiguos migrantes a volver. Estos países han abierto las puertas de par en par a la inmigración y es muy probable que los países de los Balcanes occidentales sigan sus pasos, algunos más bien que otros.

De momento, ningún país de la región tiene una política de inmigración debidamente proactiva, sino que todos se limitan a reaccionar a las demandas laborales. En Croacia, según el demógrafo Kresimir Ivanda, “la gestión que queremos hacer de las migraciones futuras es una especie de tabú”. Esquivar el tema, sin embargo, no es una política sostenible, “porque Croacia necesitará cada vez a más inmigrantes cada año”. Y lo que es aplicable a Croacia hoy lo será también en el resto de la región en los próximos años. Actualmente, Croacia está en la cúspide de un cambio que también se está produciendo en Eslovenia, Rumania y Polonia. Eso quiere decir que el futuro puede ser parecido al de Italia, un país de emigrantes hasta la década de los setenta que ahora es un país que recibe inmigrantes, aunque los italianos con estudios siguen emigrando a causa de unos salarios poco competitivos y las escasas perspectivas profesionales. “Creo que eso es lo que está pasando”, dice Ivanda.

Los políticos de los Balcanes occidentales todavía invierten mucha energía en debatir sobre los mismos temas que en los años noventa. El problema es que el mundo ha avanzado y sus países están cambiando de maneras que no habían previsto (o que se negaron a prever). Con un número de mujeres en edad fértil cada vez más bajo, incluso sin la emigración, sus países envejecerían y decrecerían todavía más cada año. Ahora la inmigración les ofrece las oportunidades y los retos que sus homólogos ya afrontan en países más ricos. Su respuesta determinará el futuro de la región, de la misma manera que ya ha determinado el presente de gran parte del resto de Europa.

  • Referencias y notas

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    Las fuentes de todos los datos de este artículo son Eurostat y los Institutos Nacionales de Estadística de cada país.

Tim Judah

Tim Judah es periodista y escritor. Cubre los Balcanes, Ucrania y otras regiones para el diario The Economist. Ha participado en el proyecto Europe's Futures en el Instituto de Ciencias Humanas de Viena (IWM). Ha trabajado para grandes publicaciones y emisoras, especialmente como corresponsal de guerra para el New York Review of Books en conflictos como el de Afganistán y el de Ucrania. En 2022 fue finalista del premio Bayeux Calvados-Normandy dirigido a los corresponsales de guerra. Ha escrito tres libros sobre los Balcanes: The Serbs: History, Myth and the Destruction of Yugoslavia (1997); Kosovo: War & Revenge (2000) y Kosovo: What Everyone Needs to Know (2008). En 2009 fue profesor visitante agregado en el Instituto de Investigación sobre el Sudeste de Europa de la London School of Economics (LSE), donde creó el concepto de la "yugosfera". En 2016, publicó In Wartime: Stories from Ukraine. La primavera de 2024 terminó de escribir un libro sobre demografía y el declive de población en el centro, este y sureste de Europa.