En la era de los hechos alternativos, la sombra de los crímenes de guerra aún impregna todos los espacios públicos y culturales en los Balcanes, desafiando los esfuerzos de la justicia transicional y alimentando el revisionismo histórico, entendido como un contralegado político excluyente que exalta el triunfalismo [1]1 — Halilovic, H. (2021). “25 Years After Srebrenica: “Local” Genocide in a Global Context”. En Turcalo, S., Karcic, H. (eds.), Bosnian genocide denial and triumphalism: origins, impact and prevention. Sarajevo: Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Sarajevo, p. 115-125. como la culminación del genocidio. Para ello impone una narrativa distorsionada, impulsada por actores con intereses particulares, que busca nuevos elementos de la memoria histórica posmoderna en la que no hay un relato unificado sobre el pasado común ni sobre el carácter real de estos conflictos, que así pueden ser reactivados.
Esto es hoy especialmente visible sobre el escenario de Bosnia y Herzegovina, donde el modelo surgido del acuerdo internacional de paz de Dayton de 1995 —bajo la fórmula “un Estado, dos entidades (la República Srpska sobre el 49 % y la Federación de Bosnia y Herzegovina sobre el 51 % del territorio) y tres pueblos constituyentes (serbios, croatas y bosniacos)”— logró detener el derramamiento de sangre, pero al mismo tiempo ha cimentado en el poder una suerte de “etnocracia” en la que los contrapesos étnicos se usan tendenciosamente para erosionar las instituciones estatales que vienen a representar la corteza del poder étnico. Los mecanismos de derecho al veto ante el interés vital nacional y el voto entitario (solo los tres pueblos constituyentes pueden optar a la presidencia del Estado y a la cámara alta del parlamento y son elegidas desde las entidades) representan un sistema segregacionista. Así lo ha dictaminado el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos en una decena de sentencias, desde la de Sejdić-Finci de 2009 a la más reciente de Kovačević de 2023, que obligan al Estado de Bosnia y Herzegovina a borrar la línea étnica, es decir, el lugar de residencia y el origen étnico, a la hora de elegir a sus representantes.
Armonizar esta anomalía con el aquis comunitario significa hacer propio el proceso de democratización y europeización hacia un constructo en clave ciudadana, pero las dos últimas décadas de “fatiga de la ampliación” y la guerra en Ucrania parecen haber enterrado ese objetivo con la sorpresiva aceptación de la candidatura europea de Bosnia y Herzegovina en diciembre de 2022 y la apertura de conversaciones en marzo de 2024. Cabe preguntarse si la Unión Europea y Estados Unidos han tenido éxito en alguno de sus cuatro objetivos de tolerancia hacia este sistema de estabilocracias, pensando que así iban a contener a Rusia y China, a normalizar las relaciones entre Serbia y Kosovo y a proteger la soberanía de Bosnia y Herzegovina, o más bien le ha dado alas a la reformulación del etnonacionalismo que no hace mucho llevó a la región a la limpieza étnica.
Las muestras de júbilo europeístas fueron rápidamente neutralizadas por las élites étnicas sirviéndose de la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que en mayo de 2024 estableció el 11 de julio como Día Internacional de Reflexión y Recordatorio del Genocidio de Srebrenica de 1995, y que insta a introducir en la educación los hechos judicialmente constatados. Una propuesta que debería ayudar en la difícil tarea de abordar el trauma y promover la cultura de la paz, pero que ha reactivado en la región las viejas/nuevas ideas chovinistas, hoy evidenciadas en un negacionismo proxy y en la glorificación del genocidio. [2]2 — Simic, O. (2024). “Celebrating” Srebrenica Genocide: Impunity and Indoctrination as Contributing Factors to the Glorification of Mass Atrocities”. Journal of Genocide Research, 1-19. Disponible en línea.
Moj je tata zločinac iz rata! (¡Mi papá es un criminal de guerra!)
La canción Moj je tata zločinac iz rata (Mi papá es un criminal de guerra) es tan aberrante como la propia industria de turbofolk que financian los regímenes de la región, y estos meses ha sido la banda sonora de la banalización de los crímenes de guerra y el rechazo a la justicia internacional, especialmente en los meses previos y posteriores a la votación en el seno de la ONU de la resolución de Srebrenica. A propuesta de Alemania y Ruanda, el texto salió adelante con 84 votos a favor, 19 en contra y 68 abstenciones, pero lejos de ser visto como un “¡Nunca más!”, el discurso público de la República Srpska y Serbia la ha presentado como la culminación de la conspiración que les declara una nación genocida, si bien el texto ni les menciona.
El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) definió el crimen de Srebrenica como “genocidio” y la Corte Internacional de Justicia (CIJ) lo confirmó en 2007. Las 50 condenas suman más de 700 años de prisión por genocidio y crímenes, entre ellas, las de Ratko Mladić y Radovan Karadžić, ambos escondidos durante años en la vecina Serbia. Es por ello por lo que la mencionada canción ha sido el himno de una narrativa oficial que combina tres elementos clave del discurso negacionista: la negación de la responsabilidad individual y colectiva en los crímenes y, así, la autoridad de los tribunales internacionales, la exaltación de los perpetradores como héroes para una generación que ha nacido después del conflicto, y la victimización de una etnia en un relato particularista sobre los propios hechos.

La canción retrata también lo que el autor Hariz Halilovich define como un genocidio “local” en un contexto global, pues fue premeditado y ejecutado por un ejército y una policía entrenados, equipados y respaldados por la vecina Serbia “más allá de toda duda razonable”, pero además fue “permitido por actores importantes dentro de la comunidad internacional que eligieron desempeñar el papel de espectadores pasivos”. Desde las primeras sentencias del Tribunal de La Haya, como la de Duško Tadić en 1999, que reconoció la “ocupación por proxy”, o la de Radislav Krstić en 2001, donde se calificó por primera vez el crimen de Srebrenica como genocidio, hemos asistido a una larga historia de su negación. Son las organizaciones no gubernamentales las que sostienen la carga de las investigaciones independientes, a menudo bajo un fuerte hostigamiento desde la caída de Slobodan Milošević, pero especialmente desde el asesinato de Zoran Đinđić en 2003, cuando la ampliación europea todavía era una prioridad y el discurso negacionista era un tema incómodo.
En la era de los hechos alternativos, la sombra de los crímenes de guerra todavía impregna todos los espacios públicos y culturales en los Balcanes y alimenta el revisionismo histórico
El Parlamento serbio condenó la masacre de Srebrenica en 2010 en los términos que lo hace la Corte Internacional de Justicia, pero sin mencionar la palabra “genocidio”. El texto así lo condena y niega al mismo tiempo, muy en línea con los hechos alternativos que marcan la política de la región. Un ejemplo es el viraje de ruptura con el pasado ultranacionalista, tanto del actual presidente de Serbia, Aleksandar Vučić, como del líder de la República Srpska, Milorad Dodik, para ir hacia la reconfiguración de la ideología etnonacionalista, ahora a partir del victimismo por las acciones ofensivas de Occidente, ya sean encarnadas en la OTAN o en la justicia transicional.
Negacionismo proxy
Restituir a criminales de guerra condenados, festejar días prohibidos por el Tribunal Constitucional de Bosnia y Herzegovina en presencia de representantes rusos, serbios y de la extrema derecha europea y promulgar leyes paralelas a las estatales para amortizar sanciones por negacionismo cuenta con un apoyo más allá de la región, como ha señalado la propia presidenta del Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales, Graciela Gatti Santana. Ya en 2015, Rusia vetó la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el genocidio de Srebrenica propuesta por el Reino Unido (CSNU, 2015) con el pretexto de que era un texto que echaba toda la culpa a una parte. En la votación de la actual resolución de la Asamblea General, Rusia ha votado en contra, pero además ha exigido una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. Los lazos fraternales entre la entidad de la República Srpska, Rusia y Serbia van desde la política a la religión, pasando por los medios de comunicación y las financiaciones económicas y militares estratégicas que han permitido, de una parte, una estructura de inteligencia independiente en la República Srpska de la que podría tener el Kremlin en Serbia y, de otra, un discurso coordinado que usa el revisionismo histórico respecto de los crímenes de guerra para reforzar los objetivos separatistas. [3]3 — IFIMES (2021). “Russia establishes its modus operandi in Bosnia and Hercegovina”. Disponible en línea.
Milorad Dodik se ha reunido hasta en cuatro ocasiones con Vladímir Putin desde el estallido de la guerra de Ucrania y le ha distinguido con la Medalla al Honor, al igual que a Viktor Orbán o al propio Radovan Karadžić. En 2021, Valentin Inzko, el penúltimo Alto Representante para Bosnia y Herzegovina (la Oficina del Alto Representante [OHR] representa a la Comunidad Internacional como garante de la implementación civil de Dayton y cuenta con los poderes de Bonn por los que puede enmendar leyes o destituir a políticos que violen los acuerdos de Dayton) introdujo enmiendas al código penal con penas de prisión por la glorificación de los criminales de guerra y la negación del genocidio. Apenas una semana después, el alemán Christian Schmidt lo reemplazó en el cargo sin ser reconocido por Rusia en el Consejo de Seguridad.
Las enmiendas de Inzko sirvieron de detonante para un bloqueo por parte de la Asamblea de la República Srpska de las instituciones centrales mediante la retirada de sus delegados del parlamento estatal, además de la negativa de implementar las decisiones de la OHR y las sentencias del Tribunal Constitucional en la entidad. Siguió una batería de leyes paralegales como la del escudo, la Ley de Inmunidad Parlamentaria, la modificación de ley para convocar un referéndum y la Ley de Agentes Extranjeros, reescrita de la de Putin para eliminar influencias malignas. En junio de 2023, Dodik anunció además que confeccionaría “una lista de enemigos del Estado” e introdujo enmiendas al Código Penal de la República Srpska que tipifican como delito la difamación, dirigida expresamente a periodistas y activistas. La última estocada es la nueva ley electoral, que no reconoce el rol de la Comisión Electoral Central de Bosnia y Herzegovina en la República Srpska. Todo ello, fagocitado con un incendiario discurso que solo en el primer semestre del año 2024, coincidiendo con la votación de la resolución sobre el genocidio de Srebrenica, se ha multiplicado por cuatro, especialmente entre los representantes políticos.
Pero de los cien casos activos ante la Fiscalía de Bosnia y Herzegovina por negación del genocidio, incitación al odio y glorificación de criminales de guerra, solo hay un veredicto. La lentitud y un Código Penal que no está armonizado con el Convenio Europeo de los Derechos Humanos del que Bosnia y Herzegovina es firmante llevan al paradójico hecho de que los murales en honor a Ratko Mladić (condenando al igual que Karadžić a cadena perpetua por el TPIY), que hoy son el paisaje urbano de algunas plazas de Banja Luka o la parte este de Sarajevo, pero también de Belgrado, son protegidos por cuerpos de seguridad del “ataque” de activistas que los intentan borrar, y que se enfrentan a condenas por vandalismo o calumnia.

El negacionismo proxy se manifiesta también en la estrategia de deseuropeización que refuerza las corrientes de oposición desde dentro y hacia la propia Unión Europea, [4]4 — Janczak, J. (2010). “De-Europeanization and Counter-Europeanization as Reversed Europeanization. In Search of Categorization”. En Policies and Politics of the European Union. Poznan: Facultad de Ciencias Políticas y Periodismo de la Universidad Adam Mickiewicz, p. 99-110.
donde figuras como Orbán encuentran alianzas en esta cultura de impunidad junto con el creciente tren islamófobo de la extrema derecha en Europa. Dodik “ahora se refiere deliberadamente a los bosniacos como ‘musulmanes’ en un esfuerzo por presentar a este pueblo constituyente de Bosnia y Herzegovina como una comunidad puramente religiosa e intrínsecamente amenazante”, [5]5 — Karcic, H. (2021). “Prepping for Secession – or War: Who Will Stop Bosnia’s Serb Separatists?” Haaretz. Disponible en línea.
y lo ha vuelto a hacer en su primera entrevista tras la resolución de Srebrenica, estratégicamente con The Jerusalem Post, en el marco de la construcción de una larga retórica que compara a los serbios con el pueblo judío, víctima de una “coexistencia inviable”. [6]6 — Beck, E. (2024). “Republika Srpska President Dodik to ‘Post’: Coexistence with Muslims is impossible – exclusive”. The Jerusalem Post. Disponible en línea.
La vecina Croacia tampoco se escapa del discurso populista que rentabiliza Srebrenica. En palabras del presidente Zoran Milanović, “hay genocidios y genocidios”. Milanović pidió primero “jabón, luego perfume”, refiriéndose a la imposibilidad de establecer un Estado de derecho en Bosnia y Herzegovina debido a sus dos millones de musulmanes. En el último informe sobre la difamación del genocidio del Srebrenica Memorial Center se establece una conexión institucional y financiera con organizaciones, centros educativos y asociaciones que difunden una narrativa contraria a los hechos establecidos por la justicia en el discurso público. [7]7 — Džananović, M.; Vucic, N.; Ikanovic, E. (2023). Srebrenica Genocide Denial Report 2023. Srebrenica Memorial Center, 4, 63, p. 4. Disponible en línea.
Etnonacionalismo como la ideología más rentable
El cosmopolitismo se sigue percibiendo como un privilegio en una sociedad todavía altamente traumatizada por las guerras, por lo que la lealtad al grupo étnico es la ideología más rentable. Así, lo que en los años noventa para la Academia Serbia de las Ciencias y de las Artes era una Gran Serbia o “todos los serbios en un mismo Estado”, hoy se ha reeditado en la idea del Srpski svet (mundo serbio), un equivalente del Ruski svet que celebraba en mayo de 2024 su primera asamblea, en la que se buscó alinear posturas de Serbia, la República Srpska, Montenegro y Kosovo contra el reconocimiento de la independencia de este y el genocidio de Srebrenica. Montenegro no ha tardado en romper con la política de “amnesia” hacia sus crímenes de guerra con una contrarresolución por el genocidio de serbios en Jasenovac, un campo de exterminio establecido por el Estado fascista croata (Ustacha) durante la Segunda Guerra Mundial. Srebrenica se ha plasmado en el discurso público como la gota que ha colmado el vaso y justifica una separación amistosa que ya cuenta con un borrador compuesto de varios puntos.
Tanto Vučić como Dodik dicen respetar los Acuerdos de Paz de Dayton, pero lo enmarcan en el retorno a un “Dayton original”. El primero se proclama garante del armisticio, cuando en realidad Serbia, como Croacia, son firmantes. El segundo rechaza las dos figuras que apuntalan Dayton, el Tribunal Constitucional y la OHR, que han sido las responsables de las principales enmiendas para reforzar la centralidad del Estado. La estrategia del secesionismo ahora es una toma de decisiones colectiva en la asamblea de la República Srpska, con la esperanza para su presidente de sortear unas sanciones internacionales aún más coercitivas con él y con sus empresas familiares y de desviar la atención del juicio que desde enero de 2024 tiene en marcha por rechazar la implementación de las enmiendas del Alto Representante.
El nacionalismo identitario de Franjo Tuđman, que consistió en agrandar la matriz con el germen de la Herceg Bosna, ha mutado su objetivo territorial hacia un nacionalismo transoberanista porque ve complicado un movimiento de fronteras étnicas en una Europa moderna, pero su centro étnico (la matriz Croacia) “construye instituciones que producen y sostienen una nación más allá de las fronteras de su Estado”. [8]8 — Obucina, V. (2010). “Hrvatski transsuvereni nacionalizam o BIH”. Političke analize: tromjesečnik za hrvatsku i međunarodnu politiku, vol. 1, núm. 4. Disponible en línea. El partido conservador croata de Bosnia HDZ, liderado por Dragan Čović, con apenas el 9 % de los votos en las últimas elecciones, logró que durante los comicios de 2022, en la misma fase de recuento, el Alto Representante Schmidt (al que sitúan en la órbita del conservadurismo) utilizara sus poderes para imponer cambios en la ley electoral de Bosnia y Herzegovina, a pesar de que tanto la OSCE como la Comisión de Venecia [9]9 — Tanto la OSCE como la Comisión de Venecia recomiendan no modificar la ley electoral en el año electoral y nunca aplicar los cambios en las elecciones del mismo año. OSCE/ODIHR (2018). “Priručnik za praćenje preporuka za unapređenje izbornog processa” (“Manual de seguimiento de recomendaciones para mejorar el proceso electoral”), p. 22. Disponible en línea. recomendasen esperar, favoreciendo que los parlamentos cantonales de la Federación sean compuestos en proporción a la estructura étnica de la población, como pedía el HDZ, lo que se ha interpretado como una reforma constitucional mediante la enmienda a la ley electoral. No hizo lo propio para sacar a Bosnia de la inconstitucionalidad por cumplir con las sentencias del TEDH respecto del sistema de voto segregacionista.
El cosmopolitismo se sigue percibiendo como un privilegio en unas sociedades aún traumatizadas por las guerras, por lo que la lealtad al grupo étnico es la ideología más rentable
También se ha reconfigurado el nacionalismo bosniaco, que ha virado del unitarismo en torno a su partido primigenio SDA, y que ha intentado implementar un sentimiento de pertenencia a la nación bosniaca entre los musulmanes de Sandžak (población musulmana de Serbia y Montenegro) hacia la equivalencia de la supervivencia de la nación bosniaca como pueblo autóctono (que a diferencia de serbios y croatas no tiene una segunda patria) sobre la base de la integridad territorial de Bosnia y Herzegovina. Una concepción de pueblo autóctono al que se critica un intento de “mayorización” política respecto de los demás.
Las élites étnicas, políticas y económicas se han vuelto inseparables y tienen una influencia directa en los procesos de integración de los países de los Balcanes en la UE, donde el proceso de europeización “ha sido víctima de los objetivos de estabilidad geopolítica de Bruselas”. [10]10 — Radeljić, B.; Đorđević, V. (2020). “Clientelism and the Abuse of Power in the Western Balkans”. Journal of Balkan and Near Eastern Studies, 22 (5), p. 597-612. Disponible en línea. También lo ha sido el acervo del Tribunal de La Haya, que no ha logrado el objetivo social de establecer una única verdad para la memoria colectiva de los Estados surgidos de la desintegración de Yugoslavia. [11]11 — Tadic, T. (2020). Ogledi iz sociologije religije. Analitika: Sarajevo, p. 125. Pero especialmente se ha sacrificado el principio de vecindad (komsiluk) tan arraigado en la región antes de la guerra, que hoy, lejos de honrar al vecino, no va más allá de la coexistencia dentro del blindaje étnico.
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Referencias y notas
1 —Halilovic, H. (2021). “25 Years After Srebrenica: “Local” Genocide in a Global Context”. En Turcalo, S., Karcic, H. (eds.), Bosnian genocide denial and triumphalism: origins, impact and prevention. Sarajevo: Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Sarajevo, p. 115-125.
2 —Simic, O. (2024). “Celebrating” Srebrenica Genocide: Impunity and Indoctrination as Contributing Factors to the Glorification of Mass Atrocities”. Journal of Genocide Research, 1-19. Disponible en línea.
3 —IFIMES (2021). “Russia establishes its modus operandi in Bosnia and Hercegovina”. Disponible en línea.
4 —Janczak, J. (2010). “De-Europeanization and Counter-Europeanization as Reversed Europeanization. In Search of Categorization”. En Policies and Politics of the European Union. Poznan: Facultad de Ciencias Políticas y Periodismo de la Universidad Adam Mickiewicz, p. 99-110.
5 —Karcic, H. (2021). “Prepping for Secession – or War: Who Will Stop Bosnia’s Serb Separatists?” Haaretz. Disponible en línea.
6 —Beck, E. (2024). “Republika Srpska President Dodik to ‘Post’: Coexistence with Muslims is impossible – exclusive”. The Jerusalem Post. Disponible en línea.
7 —Džananović, M.; Vucic, N.; Ikanovic, E. (2023). Srebrenica Genocide Denial Report 2023. Srebrenica Memorial Center, 4, 63, p. 4. Disponible en línea.
8 —Obucina, V. (2010). “Hrvatski transsuvereni nacionalizam o BIH”. Političke analize: tromjesečnik za hrvatsku i međunarodnu politiku, vol. 1, núm. 4. Disponible en línea.
9 —Tanto la OSCE como la Comisión de Venecia recomiendan no modificar la ley electoral en el año electoral y nunca aplicar los cambios en las elecciones del mismo año. OSCE/ODIHR (2018). “Priručnik za praćenje preporuka za unapređenje izbornog processa” (“Manual de seguimiento de recomendaciones para mejorar el proceso electoral”), p. 22. Disponible en línea.
10 —Radeljić, B.; Đorđević, V. (2020). “Clientelism and the Abuse of Power in the Western Balkans”. Journal of Balkan and Near Eastern Studies, 22 (5), p. 597-612. Disponible en línea.
11 —Tadic, T. (2020). Ogledi iz sociologije religije. Analitika: Sarajevo, p. 125.
Esma Kučukalić
Esma Kučukalić es doctora en Derechos Humanos, Paz y Sostenibilidad por la Universidad de Valencia (UV). Tiene un máster en Estudios Internacionales y de la Unión Europea y es licenciada en Periodismo (UV). Actualmente, es profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Valencia y en el máster de Periodismo Internacional de la Universidad Rey Juan Carlos. Sus trabajos académicos y periodísticos se centran en los derechos humanos y la ciudadanía, especialmente en la Bosnia y Herzegovina posconflicto. Forma parte de la red internacional Solutions Journalism Network, de la que es formadora acreditada en periodismo de soluciones. Publica regularmente reportajes de largo formato en la Revista Plaza y colabora con diferentes medios de comunicación. Ha sido autora y guionista de varios documentales. Es autora del libro Ciudadanía y etnicidad en Bosnia y Herzegovina (Publicacions Universitat de València, 2019).