Hace décadas que la política socialdemócrata tiene dificultades. [1]1 — Este artículo reproduce algunos contenidos ya publicados en otro escrito del autor aparecido en Social Europe el 20 de febrero de 2024: Rothstein, B. (2024). “What works for the left? Liberal socialism”. Social Europe. Disponible en línea. En su momento álgido, a finales de los años ochenta, los partidos o las coaliciones lideradas por partidos socialdemócratas gobernaban 12 de los 15 países que entonces integraban la Unión Europea. Hoy día, la situación es muy diferente y, según las encuestas, los ganadores de las próximas elecciones en el Parlamento de la UE serán los partidos populistas y de derechas. [2]2 — Henley, J. (2024). “‘Anti-European’ populists on track for big gains in EU elections, says report”. The Guardian (24 de enero de 2024). Disponible en línea.

Por lo tanto, hay buenas razones para replantearse qué tipo de políticas socialdemócratas han triunfado y cuáles han fracasado durante los aproximadamente cien años en que los partidos socialistas han sido aspirantes serios al poder político. La cuestión es saber si hay un denominador común entre las políticas que han llevado al éxito y las que han fracasado. Diría que las políticas de éxito son las que han hecho posible crear una mayoría entre el electorado y que, además, han demostrado que han dado resultados sustancialmente positivos en la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población. En este sentido, se puede aludir por descontado al desarrollo del estado del bienestar universal basado en reformas sociales dirigidas a toda la sociedad o a sectores muy amplios de la población, como los subsidios universales para hijos, el sistema nacional de pensiones, la gratuidad de la atención sanitaria y del cuidado de las personas mayores y la educación pública gratuita. Otro gran éxito de la izquierda son las políticas para mejorar la igualdad de género, cuyas principales características se basan en el principio liberal que los hombres y las mujeres tienen que tener las mismas oportunidades en las organizaciones comunes, sean la familia, la sociedad civil, los organismos gubernamentales o el puesto de trabajo.

Sin embargo, los fracasos de las políticas socialistas (o, si se prefiere, socialdemócratas) no son pocos. En Suecia, podemos señalar los fondos del personal asalariado que se introdujeron en la década de los ochenta, que fueron abolidos por un gobierno conservador en 1994 y de los cuales no se ha vuelto a hablar en el debate político. En Estados Unidos, hay que referirse a la derrota de Hillary Clinton enfrente de Donald Trump en el 2016. Con respecto a América Latina, habría que añadir a esta triste lista la desintegración de Venezuela bajo la presidencia de Chávez y Maduro. Más atrás en el tiempo, estaría la derrota masiva del sindicato de mineros británicos por parte de Margaret Thatcher en 1985. Y todavía más atrás, la derrota del bando republicano en la guerra civil española en 1939 y, por descontado, el aplastamiento del movimiento obrero alemán por parte de los nazis en 1932, la victoria del fascismo en Italia en la década de 1920 y la derrota de los rojos en la guerra civil finlandesa en 1918. Y para aquellos que todavía creen en las bondades de la economía planificada, habría que sumar obviamente el hundimiento del sistema soviético en 1989.

Lo que distingue la política de izquierdas exitosa es que se basa en la unión del principio liberal de los derechos individuales y la idea socialista de justicia social. Las reformas sociales y las políticas de igualdad de género se han basado en los derechos individuales a las pensiones, la atención sanitaria, la educación, la igualdad de derechos para hombres y mujeres, etc., y no en los derechos colectivos o basados en la familia. En un artículo anterior de este sitio web, llamé socialismo liberal a este tipo de políticas exitosas de izquierdas. [3]3 — Rothstein, B. (2023). “The idea of a liberal socialism”. Social Europe (11 de diciembre de 2023). Disponible en línea. La izquierda ha sido derrotada cuando no ha respetado los principios de la democracia liberal y los derechos individuales. Empezamos por el principio.

En febrero de 1918, Gustav Möller, el socialdemócrata sueco que después se convertiría en una figura legendaria, viajó a Finlandia. Su misión consistía en tratar de mediar en la entonces encarnizada guerra civil y persuadir a los socialdemócratas finlandeses que se abstuvieran de seguir el camino de la violencia bolchevique. En Helsinki, la llamada Guardia Roja había subido al poder y había empezado a hacer detenciones arbitrarias, grandes batidas contra los “enemigos de clase”, y numerosas ejecuciones de personas a las cuales se consideraba “burguesas”. Möller habló sin ambages cuando se reunió con sus colegas de partido finlandeses. Argumentó que si intentaban conquistar el poder político por medios violentos, se perdería la “fuerza moral” sobre la cual se tenía que construir la política de izquierdas. También argumentó que su estrategia comportaba un gran riesgo porque las “fuerzas blancas” podían ganar. Pero los socialistas finlandeses se negaron a escuchar las advertencias de los socialdemócratas suecos, aduciendo que creían que podrían triunfar en la “guerra de clases” con el apoyo de la fuerza militar. Fue una esperanza vana. La guerra civil finlandesa de 1918 se saldó con un precio muy alto en sufrimiento humano para los rojos. En porcentaje de población, se perdieron más vidas [4]4 — Lapuente, V.; Rothstein, B. (2014). “Civil War Spain Versus Swedish Harmony: The Quality of Government Factor”. Comparative Political Studies, 47(10), p. 1416-1441. Disponible en línea. durante esta corta guerra que en la guerra civil española del 1936 al 1939.

La política de izquierdas exitosa es que se basa en la unión del principio liberal de los derechos individuales con la justicia social. La izquierda ha sido derrotada cuando no ha respetado los principios de la democracia liberal y los derechos individuales

La derrota de los socialistas italianos enfrente del fascismo de Mussolini siguió un patrón similar. El periodo 1919-1920, cuando el país estuvo a punto de entrar en una guerra civil a gran escala, se conoce como “el bienio rojo”. Con el apoyo del Partido Socialista, gran parte de la violencia fue iniciada por la izquierda. Se llevaron a cabo un gran número de ocupaciones ilegales armadas y las empresas fueron controladas por consejos obreros inspirados en el modelo soviético. Gran parte del Partido Socialista italiano quería simplemente copiar la revolución bolchevique, pero su estrategia fracasó. Hay muchos indicios para creer que lo que allanó el camino para el ascenso del fascismo y de Mussolini [5]5 — Russo, G.; De Feo, G.; De Luca, G.; Acemoglu, D. (2020). ”Revisiting the rise of Italian fascism”. VoxEU (28 de octubre de 2020). Disponible en línea. fue el fracaso del Partido Socialista a la hora de defender los principios de la democracia liberal.

La victoria del fascismo en la guerra civil española también siguió un patrón similar. Normalmente, esta guerra se describe como un ataque al gobierno elegido democráticamente que fue derrotado por el ejército fascista de Franco. Pero esta es sólo una parte de la verdad. ¿Lo que distinguió a los socialistas españoles bajo el liderazgo de Largo Caballero (que soñaba al convertirse en un Lenin español) fue una política de confrontación violenta bajo el grito de guerra “Armonía? ¡No! ¡Guerra de clases! Odio a muerte a la burguesía criminal”. [6]6 — Beevor, A. (2006). The Battle for Spain: The Spanish Civil War 1936-1939. Londres: Weidenfeld & Nicolson. Cuando llegaron democráticamente al poder, la política de los socialistas españoles fue detener ilegal y arbitrariamente a miles de personas y permitir que los actos de violencia por parte suya quedaran impunes, además de confiscar ilegalmente numerosos bienes. El gobierno del Frente Popular elegido democráticamente violó claramente los principios de la democracia liberal, lo cual llevó a gran parte de la población española a dar apoyo al fascismo de Franco. [7]7 — Lapuente, V.; Rothstein, B. (2014). “Civil War Spain Versus Swedish Harmony: The Quality of Government Factor”. Comparative Political Studies, 47(10), p. 1416-1441. Disponible en línea.

Con respecto a la victoria del nazismo en Alemania, se puede mencionar la política de clase contra clase de los comunistas alemanes. Con el argumento que no había ninguna diferencia entre la explotación de la clase obrera por parte de la “democracia burguesa” o por la dictadura fascista, se negaron a dar apoyo a los socialdemócratas alemanes y a la defensa de la democracia por parte de la burguesía liberal. Probablemente, este apoyo habría sido una buena oportunidad para detener el avance del nazismo.

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Una niña levanta una bandera roja durante una manifestación del movimiento de los Indignats en Barcelona, ​​Catalunya, el 19 de junio de 2011. Fotografía: Jordi Borràs

En tiempos más modernos, se podría mencionar la extensa huelga de los mineros británicos del 1984-1985, que acabó con una derrota abrumadora. Sin embargo, el objetivo principal de la huelga no era mejorar la situación de los mineros, sino derrocar el gobierno elegido democráticamente de Margaret Thatcher. [8]8 — Martin Adeney, M.; Lloyd, J. (1986). The Miners’ Strike, 1984–5. Loss Without Limit. Edición publicada el 15 de abril de 2023, Routledge. Una maniobra de este tipo ya había tenido éxito en el pasado cuando, gracias a una huelga, el gobierno conservador encabezado por Edward Heath se había visto obligado a dimitir diez años antes. Los dirigentes del sindicato británico de mineros también se negaron a hacer una votación entre sus miembros sobre la convocatoria de huelga, a la cual estaban obligados por ley y por sus propias normas. El sindicato también utilizó la violencia contra el numeroso grupo de mineros que decidió no sumarse a la huelga.

En el caso de Suecia, la supresión de los fondos del personal asalariado se tiene que considerar una gran derrota política de la izquierda. Como he argumentado en otro artículo, [9]9 — Rothstein, B. (2021). “Why No Economic Democracy in Sweden? A Counterfactual Approach”. Social Europe Research Essay 12. Disponible en línea. sta derrota fue tan dolorosa que condujo efectivamente a un tabú dentro del movimiento obrero a la hora de hablar de democracia económica. Lo que distinguía claramente la propuesta de los fondos del personal asalariado de las numerosas políticas exitosas de los socialdemócratas suecos era la falta total de conexión con la situación laboral y las condiciones económicas de cada trabajador. No había nada en la propuesta que indicara cómo tenían que actuar las empresas en las que los fondos tenían participaciones en las cuales (no está claro a qué empresas se refería) ni qué es lo que eso significaría para los asalariados que trabajaban en ellas (no estaba claro qué asalariados). Los fondos del personal asalariado no sólo representaron una derrota para la izquierda, sino que, además, comportaron una amplia y exitosa movilización ideológica neoliberal de la comunidad empresarial sueca.

En último lugar, la derrota de Hillary Clinton enfrente de Donald Trump. Una de las explicaciones que se han dado es que la izquierda de los EE.UU. ha llegado a asociarse con las políticas identitarias que abogan por los derechos colectivos de las minorías. [10]10 — Remnick, D.; Lilla, M. (2017). “A Conversation with Mark Lilla on his Critique of Identity Politics”. The New Yorker. Disponible en línea. Muchos de los “perdedores” de la clase trabajadora blanca han llegado a atribuir sus problemas a la existencia de varios tipos de cuotas que favorecen las minorías. La crítica a los derechos colectivos basados en la identidad propios de la izquierda se ha convertido en un tema de éxito para los republicanos de Trump.

Muchos de los “perdedores” de la clase trabajadora blanca han llegado a atribuir sus problemas a las cuotas que favorecen las minorías

Hay, por lo tanto, un patrón claro con respecto al éxito y el fracaso de las políticas de izquierdas. Las políticas que combinan las reformas para la justicia social y económica con los principios centrales del liberalismo, como el respeto por la autonomía individual, los derechos individuales y el estado de derecho, es decir, el socialismo liberal, han tenido éxito. Las políticas que han pisado estos principios han experimentado derrotas graves y generalizadas. Diría que hay que tenerlo en cuenta para la estrategia futura de la izquierda política.

Para la gran mayoría, el liberalismo y la versión socialdemócrata del socialismo son conceptos opuestos desde el punto de vista ideológico y político. Se considera que la izquierda socialdemócrata defiende el control estatal de la sociedad, la propiedad del estado y alguna versión de la planificación central de la producción en vez de la distribución alcanzada por medio de la economía de mercado. Y para la mayoría de la gente, el liberalismo es sinónimo de autodeterminación del individuo, primacía del mercado y limitación de las atribuciones del estado. En general, los socialdemócratas creen que los liberales son insensibles a las desigualdades a las cuales da lugar la economía de mercado y atribuyen demasiada responsabilidad al individuo a la hora de abordar los problemas sociales. Los liberales, por su parte, piensan que los socialistas subestiman los peligros de un exceso de poder estatal, no prestan bastante atención a los derechos individuales e ignoran la tendencia al crecimiento de la economía de mercado.

No obstante, históricamente, algunos pensadores políticos han desafiado y tratado de dilapidar esta contraposición. Uno de ellos fue Carlo Rosselli, que ya en 1929 lanzó el concepto de socialismo liberal. Rosselli, [11]11 — Pugliese, S. (1999). Carlo Rosselli: Socialist Heretic and Antifascist Exile. Harvard University Press. que procedía de una familia judía acomodada, se afilió muy pronto al Partido Socialista italiano. Formuló su crítica al determinismo marxista después de que la lucha de clases propulsada por el partido en 1919-1920 —en medio de una ola masiva de huelgas con mucha violencia y numerosas ocupaciones de fábricas— llevó al país al borde de la guerra civil, de la cual salieron triunfantes los fascistas de Mussolini.

Rosselli abandonó una carrera académica prometedora para unirse al movimiento antifascista y, después de ayudar a escapar a algunos militantes, fue detenido en un campo de prisioneros de Lipari, donde escribió en secreto su único libro, Il socialismo liberale. Traducido y publicado en inglés en 1994, [12]12 — Rosselli, C. (1994). Liberal Socialism. Princeton Legacy Library: Princeton University Press. Editado por Nadia Urbinati y traducido por William MeCuaig en colaboración con la Fondazione Rosselli de Turín.   criticaba al partido por ignorar el hecho de que la clase obrera era minoritaria y por dar a las fuerzas reaccionarias motivos para llevar a cabo las acciones políticas ilegales que desembocaron en la victoria del fascismo. Según el conocido filósofo político italiano Norberto Bobbio, Il socialismo liberale se convirtió en el “pequeño libro rojo” [13]13 — Glotz, P.; Kallscheuer, O. (1989). “Democracy — the Threatened Utopia: An Interview with Norberto Bobbio”. Telos (21 de diciembre), vol. 1989, núm. 82, p. 134-143. para él y para muchas otras personas que pertenecían al movimiento de la resistencia durante la década de 1930.

Rosselli sostenía que la lucha por el socialismo se tenía que enmarcar en la democracia y el estado de derecho: la defensa de los derechos individuales propugnada por el liberalismo era la base ética del socialismo. Condenó la dictadura instaurada por los comunismos rusos y la obsesión de Vladímir Lenin por el ejercicio burocrático del poder, al cual opuso una economía basada en la descentralización y las cooperativas autónomas locales. Criticó la estrategia de “clase contra clase” de la Tercera Internacional liderada por Ióssif Stalin, que equiparaba a los socialdemócratas “socialfascistas” con el enemigo, cosa que hacía imposible la unidad contra el fascismo. En lugar de la colectivización forzosa de la agricultura y la dictadura de partido único de Stalin, Rosselli abogaba por unas reformas sociales estructurales que expandieran la libertad individual en una sociedad civil.

Después de más de dos años de cautiverio, Rosselli consiguió escapar a Francia, donde creó el movimiento Justicia y Libertad, que se convirtió en una parte importante de la oposición al fascismo. En junio de 1937, él y su hermano Nello fueron asesinados [14]14 — Pugliese, S. G. (1997). “Death in Exile: The Assassination of Carlo Rosselli”. Journal of Contemporary History, 32(3), p. 305-319. Disponible en línea. por fascistas franceses en la ciudad balneario de Bagnoles-de-l’Orne. Los juicios posteriores a la guerra demostraron que, con toda probabilidad, los mataron en nombre de Mussolini. El funeral de los hermanos en París se convirtió en una gran manifestación antifascista, con más de 100.000 asistentes

Es sorprendente que más de un siglo de pensamiento socialdemócrata no se haya enfrontado a la idea de que los propietarios de los medios de producción tienen el derecho de mando en las relaciones de producción

Mientras tanto, en Suecia, Gustav Möller fue también un pensador liberal-socialista original. Político socialdemócrata legendario de la “segunda generación”, fue ministro de Asuntos Sociales desde el principio de los años treinta hasta 1951, y creador de las piedras angulares [15]15 — Rothstein, B. (1985). “Managing the Welfare State: Lessons from Gustav Möller”. Scandinavian Political Studies, Quadern 8 (New Series) (1985) 3. Disponible en línea. del estado del bienestar universal sueco. Igual que Rosselli, y como ya se ha mencionado, Möller estaba horrorizado por los efectos de la política de clase maximalista y revolucionaria, que, en su opinión, se habían visto en la guerra civil de Finlandia. [16]16 — Castles, F. G. (1991). “Book Reviews: Risto Alapuro: State and Revolution in Finland”. Berkeley: University of California Press, 1988. Acta Sociologica, 34(1), p. 57-58. Disponible en línea. En 1918, Möller fue enviado a Finlandia por el Partido Socialdemócrata como uno de los tres mediadores. Al reunirse con los líderes de los socialdemócratas finlandeses, criticó duramente la violencia y los abusos de los que pertenecían al bando rojo, afirmando [17]17 — Bosdotter, K.; Ekdahl, L.; Hedén, A.; Roselius, A. (2018). Den röda våren 1918. Huddinge: Arbetarnas Cultural History Society. Anuario 2018 de la Sociedad Histórica Cultural de los Trabajadores, p. 1400-3392.   que eso significaba que no tenían la “fuerza moral” para contrarrestar la reacción burguesa. Sin embargo, sus interlocutores rechazaron [18]18 — Karvinen, K. (2016). “Book Review: The Finnish Civil War, 1918: History, Memory, Legacy Edited by Tuomas Tepora and Aapo Roselius”. War in History, 23(2), p. 268-270. Disponible en línea. las propuestas de mediación y optaron por continuar la guerra de clase, que acabó en una amarga derrota.

Möller llegó a las mismas conclusiones que Rosselli en relación con los conflictos de clase en Italia de aquella época: el movimiento socialista no se tenía que desviar ni un milímetro de la democracia parlamentaria y del estado de derecho. También concluyó que no era posible construir la estrategia socialista únicamente sobre la base de la clase obrera porque no era mayoritaria ni lo llegaría a ser nunca. En cambio, el bando socialista tenía que buscar alianzas más amplias, como hicieron los socialdemócratas suecos con los campesinos en la década de 1930 y más adelante con la clase media.

Möller también era muy crítico con la preferencia de los comunistas por el socialismo como nacionalización de la producción. En un famoso discurso [19]19 — Möller, G. (1920). Socialiseringsproblemen. en el Congreso de Trabajadores Escandinavos de 1920, dijo lo siguiente refiriéndose a la relación del estado con las empresas privadas: “No hay duda que cuando aplicamos estos grandes planes también tendremos que resolver el problema de la burocracia. No sirve de nada crear un estado en que los funcionarios trabajen en los organismos y dirijan y controlen la producción. Tenemos que crear otras formas.”

Su idea principal era que la producción estuviera al cargo de empresas autónomas y autogestionadas, con unos consejos de administración integrados tanto por los empleados como por los consumidores y los representantes de intereses sociales más amplios. Toda la responsabilidad del desarrollo de la producción recaería en “la empresa misma”, [20]20 — Möller, G. (1920). Socialiseringsproblemen. no en un organismo central de planificación. Aunque la trayectoria política de Möller fue mucho más larga que la de Rosselli, y que su partido ocupó posiciones de poder, su visión de un socialismo construido a partir de empresas autogestionadas no se hizo realidad por culpa de la depresión y la guerra. Cuando los socialdemócratas adoptaron un nuevo programa en 1944, criticó duramente el debilitamiento del orden socialista. En 1946, perdió una votación [21]21 — Edebalk, G. (2021). Gustav Möller: en legendarisk socialpolitiker. sobre el liderazgo por un pequeño margen ante la generación más joven del partido, que dejó de lado el socialismo en favor de un estado del bienestar fuerte.

No obstante, en este caso prevaleció el escepticismo liberal de Möller hacia el gobierno central y el ejercicio de la autoridad estatal. El sistema de seguro de la salud que puso en marcha sería administrado por fondos elegidos localmente y el seguro de paro sería gestionado por los fondos sindicales de desocupación. En los años treinta, a la hora de dar forma al apoyo financiero de las pequeñas empresas, Möller confió en las asociaciones empresariales regionales y no en la Junta Nacional de Comercio. Se podrían dar más ejemplos de cómo evitó la mano dura del poder burocrático del estado.

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Un joven de origen migrante pasa por detrás del atril de un dirigente del partido AFS (Alternativa por Suecia) durante un mitin de esta formación de extrema derecha con motivo del Día del Trabajador en Gävle (Suecia), el 1 de mayo de 2022. Fotografía: Jordi Borràs


¿Hay alguna cosa hoy que se corresponda con la unión Möller-Rosselli de liberalismo y socialismo? Si por socialismo se entiende limitar o incluso acabar con el poder de la propiedad del capital sobre la producción, entonces, sí: en muchos países, cada vez hay más empresas que son propiedad de las personas que trabajan y/o están controladas por estas. [22]22 — Michie, J.; Blasi, J. R.; Borzaga, C. (eds) (2017). The Oxford Handbook of Mutual, Co-Operative, and Co-Owned Business, Oxford Handbooks. Oxford Academic. Disponible en línea. Como ha demostrado, [23]23 — Pat Devine, P. (1993). “Property and Contract in Economics: The Case for Economic Democracy”. The Economic Journal, vol. 103, núm. 421, p. 1560–1561. Disponible en línea. el economista estadounidense David Ellerman, tanto el marxismo como el capitalismo se basan en la idea errónea que en una economía de mercado la propiedad del capital es lo que da poder en la producción: el capital contrata mano de obra (es decir, da trabajo) y los propietarios del capital controlan el negocio. Pero en una economía de mercado los trabajadores pueden alquilar (es decir, pedir en préstamo) el capital que necesita la empresa y entonces son ellos los que tienen el poder sobre la producción. Por lo tanto, no es la propiedad del capital en sí lo que determina las relaciones de poder dentro de una empresa, sino como se construye el “contrato” entre el capital y la mano de obra: quien contrata a quien o qué. Esta teoría contractual del poder cambia completamente tanto el pensamiento de izquierdas como el de derechas sobre el poder y el capital.

Es sorprendente que más de un siglo de pensamiento socialdemócrata no se haya enfrontado [24]24 — Ferreras, I.; Malleson, T.; Rogers, R. (eds) (2024). Democratizing the Corporation: The Bicameral Firm and Beyond. The Real Utopias Project. Verso. a la idea de que los propietarios de los “medios de producción” tienen el derecho de mando en las “relaciones de producción”. La nacionalización, la planificación central y, en Suecia, el proyecto (fracasado) de los “fondos del personal asalariado” [25]25 — Rothstein, B. (2021). “Why No Economic Democracy in Sweden? A Counterfactual Approach”. Social Europe Research Essay 12. Disponible en línea. no han cuestionado uno de los principios en los cuales se basa el capitalismo: la propiedad del capital tiene que dar a los propietarios —sean magnates, instituciones financieras, planificadores centrales o dirigentes sindicales— el derecho de mando en el proceso de producción. De hecho, este es un buen ejemplo de lo que Antonio Gramsci denominaba “la hegemonía” burguesa. [26]26 — Gramsci, A. (2011). Prison Notebooks. Volumes 1, 2 & 3. Edited and translated by Joseph A. Buttigieg with Antonio Callari. Columbia University Press.

Un liberalismo que fuera también socialista podría haber evitado la desastrosa desviación neoliberal de las últimas cuatro décadas

Rawls, adoptaron posturas similares a las de Rosselli y Möller. A John Rawls: Reticent Socialist, [27]27 — Edmundson, W. A. (2017). John Rawls: Reticent Socialist. Cambridge University Press. William Edmundson demuestra que, en los últimos escritos de Rawls, su idea inicial que el “capitalismo del bienestar” sería compatible con sus célebres ideas de justicia social ya no era correcta. En cambio, señalaba como requisitos previos el “socialismo liberal” y la “democracia de propietarios”. Con respecto a Dahl, en su libro Democracy and its Critics de 1989, se refirió explícitamente a Ellerman, argumentando que no había ninguna razón por la cual los liberales se tuvieran que abstener de defender la democracia también en la vida laboral. [28]28 — Zirakzabeh, C. E. (1990). ”Theorizing about Workplace Democracy Robert Dahl and the Cooperatives of Mondragón”. Journal of Theoretical Politics, 2(1), p. 109-126. Disponible en línea.

Ya hace cuatro décadas que se estudian [29]29 — Freeman, R. B. (2015). “Workers Ownership and Profit-Sharing in a New Capitalist Model?” Full Employment and Solidaristic Wage Policy, núm. 21. The Swedish Trade Union Confederation. Disponible en línea. las empresas que son propiedad de los empleados o son gestionadas por estos mediante un proceso democrático: les va muy bien económicamente, pagan sueldos más altos y la mayoría de sus empleados están satisfechos. También contrarrestan la desigualdad económica creciente dando a los empleados una parte del rendimiento del capital, a menudo en forma de pensiones [30]30 — Schechter, M. S. (2019). “Survey Shows ESOP Workers Have Higher Retirement Savings”. Butterfield Schechter LLP Blog (22 de enero de 2019). Disponible en línea. más altas.

Paradójicamente, este tipo de empresas son más habituales [31]31 — Rothstein, B. (2021). “Why No Economic Democracy in Sweden? A Counterfactual Approach”. Social Europe Research Essay 12. Disponible en línea. en un país tan “supercapitalista” como Estados Unidos y en la conservadora Gran Bretaña que en la socialdemócrata Suecia. Eso se debe al hecho de que la legislación permite a los empleados, a través de una fundación, comprar su empresa con los beneficios futuros como garantía financiera. Así, los planes de adquisición de acciones por parte de los trabajadores (ESOP, de la sigla en inglés) [32]32 — Freeman, R. B. (2015). “Workers Ownership and Profit-Sharing in a New Capitalist Model?” Full Employment and Solidaristic Wage Policy, núm. 21. The Swedish Trade Union Confederation. Disponible en línea. no exigen que los empleados arriesguen su dinero cuando se hacen cargo de la empresa. En los Estados Unidos, y ahora también al Reino Unido, este proceso es facilitado por normas fiscales favorables y la oportunidad de pedir préstamos gubernamentales.

Curiosamente, esta democracia económica por medio de la propiedad de la mano de obra tiene el apoyo tanto de republicanos como de demócratas, una afirmación positiva de la hegemonía gramsciana desde el bando progresista. Casi 10.000.000 de empleados trabajan actualmente en 7.000 empresas de este tipo, de las cuales más de 4.000 tienen el fondo ESOP como propietario mayoritario. Una política similar [33]33 — WPI Economics (2023). “Exploring the potential of the Employee Ownership business model. A deep dive into the economic, people, societal and environmental benefits”. WPI Economics. Disponible en línea. se introdujo en el Reino Unido en el 2014 y más de 500.000 empleados trabajan ahora en unas 1.700 empresas que son propiedad de los trabajadores (EOB, de la sigla en inglés). Este tipo de “socialismo liberal” parece más común en empresas de alta tecnología, donde el activo más importante no es el capital aportado por los propietarios, sino la competencia, la creatividad y el compromiso de los trabajadores.

Políticamente, el socialismo liberal difiere del liberalismo estándar en el hecho de que se toma seriamente la desigualdad económica y la democracia económica. Un liberalismo que fuera también socialista podría haber evitado la desastrosa desviación neoliberal [34]34 — Fortunato, P. (2022). “The long shadow of market fundamentalism”. Social Europe (5 de mayo de 2022). Disponible en línea. de las últimas cuatro décadas. Pero al mismo tiempo se diferencia de las versiones modernas de la socialdemocracia porque también se toma seriamente el socialismo, entendido como el derecho de los trabajadores a dirigir sus empresas. [35]35 — Sente, C. (2023). “Democracy and the future of work”. Social Europe (4 de enero de 2023). Disponible en línea. Hace un siglo, este reconocimiento por parte de todo el movimiento socialista habría evitado el secuestro aliando el poder estatal a la “gestión unipersonal” que Lenin propugnaba tan ávidamente como Frederick Taylor, defensor estadounidense de la “gestión científica”. Lejos de ser un oxímoron, el socialismo liberal representa una sinergia entre las dos grandes corrientes políticas democráticas e ilustradas, que durante demasiado tiempo han transitado por vías divergentes en detrimento de las dos.

  • Referencias y notas

    1 —

    Este artículo reproduce algunos contenidos ya publicados en otro escrito del autor aparecido en Social Europe el 20 de febrero de 2024: Rothstein, B. (2024). “What works for the left? Liberal socialism”. Social Europe. Disponible en línea.

    2 —

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    Rothstein, B. (2023). “The idea of a liberal socialism”. Social Europe (11 de diciembre de 2023). Disponible en línea.

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    Russo, G.; De Feo, G.; De Luca, G.; Acemoglu, D. (2020). ”Revisiting the rise of Italian fascism”. VoxEU (28 de octubre de 2020). Disponible en línea.

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    Beevor, A. (2006). The Battle for Spain: The Spanish Civil War 1936-1939. Londres: Weidenfeld & Nicolson.

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    Lapuente, V.; Rothstein, B. (2014). “Civil War Spain Versus Swedish Harmony: The Quality of Government Factor”. Comparative Political Studies, 47(10), p. 1416-1441. Disponible en línea.

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    10 —

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    11 —

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    12 —

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    13 —

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Bo Rothstein

Bo Rothstein ocupó la cátedra August Röhss de Ciencia Política de la Universidad de Göteborg de diciembre de 1994 a junio de 2021, donde fue cofundador y director del Instituto de Calidad del Gobierno durante el período 2004-2015. Es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Lund. Fue profesor de Gobierno y Políticas Públicas y profesor del Nuffield College de la Universidad de Oxford en 2016 y 2017. Ha sido profesor visitante en Cornell, Harvard y Stanford, y profesor del Instituto Sueco para la Investigación de la Vida Laboral de Estocolmo. Ha publicado más de 300 artículos, la mayoría en periódicos suecos pero también internacionales. Entre sus libros en inglés, destacan Controlling Corruption: The Social Contract Approach (2021) y The Quality of Government: Political Logic of Corruption, Inecuality and Social Trust (2011), entre otros. Es miembro de la Real Academia Sueca de las Ciencias.