Cuando, en la primavera de 2020, las sociedades del mundo se tuvieron que enfrentar a la pandemia de la Covid-19 y la crisis que la siguió, muchas de ellas abordaron el problema de manera exactamente igual a como se debe gestionar cualquier otra crisis de sostenibilidad de importancia, según el informe GSDR2019. Las políticas de «business as usual» (que en inglés vendría a decir «hacer como si nada», «de la manera habitual», «tal como siempre») y el énfasis en objetivos individuales se dejaron de lado y el pensamiento racional con acciones concretas se puso al frente. Esto significaba tratar simultáneamente todos los temas en juego a través de una estrecha interacción entre la financiación, los gobiernos, los ciudadanos y el trinomio ciencia-tecnología-industria (STI), y utilizar todas las palancas de manera integrada.

Activar la alarma: el mundo donde vivimos ahora mismo

A pesar de que esta reacción inmediata no duró mucho tiempo, que tanto la pandemia como la crisis aún están en curso y que el proceso y los resultados han tenido un éxito muy diverso en diferentes partes del mundo, el marco ofreció una gran oportunidad para que el mundo viera que la civilización humana es capaz de actuar unida y de impulsar el desarrollo sobre vías sostenibles, incluso en poco tiempo, si es necesario y se quiere.

Las acciones condujeron indirectamente a mejoras en los gases de efecto invernadero, en la contaminación y en la salud de los ecosistemas, y, en términos generales, se vieron resultados positivos en relación con el medio ambiente (Shakil et al. 2020 ). Aunque ha sido alentador, parece que sólo se podrán ver efectos de larga duración si se cortan -anualmente y de manera reiterada- los impactos negativos sobre el medio ambiente. Algunos temas relacionados con el ecosistema tienen un impacto positivo directo en la salud humana cuando las personas, especialmente en países ricos, pasan más tiempo que antes en la naturaleza (Pouso et al. 2020, www.heraproject.com).

La situación de inseguridad en el mundo entero requiere estrategias de resiliencia en vez de estrategias de efectividad: esto es lo que puede ofrecer el desarrollo sostenible, pero sólo si se aplica mediante transformaciones en los sistemas societarios clave

Al contrario que con los impactos ecológicos, los impactos sociales y económicos has sido principalmente devastadores en todo el mundo. La pobreza ha vuelto a aumentar después de 10 años a la baja (PNUD 2020), en gran parte debido a la pérdida de horas laborables tanto dentro como entre los países (OIT 2020). Aunque la pandemia golpeó primero los países ricos y desarrollados, los impactos de la misma crisis serán peores y durarán más en países pobres y en vías de desarrollo. Tal como señala la OCDE (2020), el apoyo de los países ricos para ayudar a los países pobres a desarrollarse de manera sostenible es necesario ahora más que nunca. Sin embargo, debido a la crisis económica, especialmente a la pérdida de ingresos a través de impuestos, la financiación de la AOD experimentará un descenso mayor que el de la crisis económica de 2008. La situación de inseguridad en el mundo entero en todos los segmentos -desde empresas hasta individuos, desde comunidades hasta países y regiones- requiere estrategias de resiliencia en vez de estrategias de efectividad. Esto es lo que puede ofrecer el desarrollo sostenible, pero sólo si se aplica mediante transformaciones en los sistemas societarios clave (GSDR2019).

Mundo dividido: normalidad o nueva normalidad – estrategias de efectividad o estrategias de resiliencia

El hecho de que los impactos negativos societarios amenacen la vida cotidiana o el plan estratégico hace que crezca la inseguridad. Estos impactos surgen de la combinación de las desigualdades crecientes, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático o el problema con los residuos. Estos impactos negativos incluyen la seguridad alimentaria, el suministro energético, la salud, el bienestar, las oportunidades de la vida, los problemas que provienen de la urbanización, la incapacidad de los gobiernos mundiales de gestionar problemas medioambientales comunes en toda la Tierra y el modo en que funciona el sistema económico en el mundo. La crisis de la Covid se ha añadido ahora a las causas subyacentes de los impactos negativos societarios.

Han llamado a la pandemia «la enfermedad del antropoceno», la era geológica actual del planeta Tierra, que se caracteriza por el hecho de que los humanos dominan todo el sistema del planeta. La pandemia nos lleva a la base de los problemas que son clave para el desarrollo sostenible: población humana muy densa y abundante, flujo global de personas, mercancías, dinero e información y alteración de ecosistemas.

Las personas, las empresas y las naciones, en situaciones de inseguridad, experimentan que toda su vida o sus modelos de negocio se ven afectados por los retos mismos, las medidas adoptadas para hacerles frente o los resultados de la insostenibilidad de hoy en día que se materializa en el futuro -ahora me estoy refiriendo a la juventud.

Por otra parte, en las sociedades actuales también hay ganadores que se oponen a las transformaciones sostenibles necesarias para su éxito. La magnitud de sus ingresos se basa en la situación actual, y moverse hacia un desarrollo sostenible arriesgaría sus ganancias y modelos de negocio: aquí hablo de las empresas petroleras y algunas multinacionales que priorizan la efectividad, pero también en algunos países e individuos (GSDR2019). Desde su perspectiva, las políticas, la presión social o las empresas verdes, todas ellas con objetivos de sostenibilidad, no son bienvenidas.

La crisis de la Covid ha cambiado las personas, las empresas y los políticos: hay una división entre aquellos que creen e invierten en estrategias para volver gradualmente al estado de antes de la pandemia y aquellos que ven las oportunidades de la nueva normalidad hacia la resiliencia, unas cadenas de producción y de consumo más pequeñas y justas y una interacción sociedad-naturaleza diferente.

El mundo imperfecto: caminos concretos en vez de soluciones individuales

La Agenda 2030, y los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) que lo acompañan, es una brújula política fantástica que señala la dirección que todos los países deben seguir. Resulta tentador tomar los ODS de manera individual y trabajar en ellos de manera aislada, solucionar los problemas que se relacionan de uno en uno. Pero el mundo es un lugar desordenado y todo está conectado. Cambiar algo afecta -de manera positiva o negativa, ahora o más tarde- a otras cuestiones, y esto a menudo crea nuevos problemas que deben resolverse. Lo mismo sucede para las acciones.

Así pues, a la hora de implementar los ODS, hay que enseñar la brújula a los diferentes sistemas societarios clave. Los sistemas societarios clave, la alimentación, la economía, la energía, la urbanización, el bienestar, las oportunidades y la gestión del medio ambiente son el lugar donde se crea el bienestar de nuestras sociedades. Hoy en día, estos sistemas funcionan de manera insostenible.

La Agenda 2030, y los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) que lo acompañan, es una brújula política fantástica que señala la dirección que todos los países deben seguir

A raíz de ello, son necesarias las transformaciones sostenibles. De todos modos, la brújula extiende su flecha más allá de las fronteras entre países. Por ejemplo, el sistema alimentario se construye sobre largas cadenas o redes de actores que cultivan, envasan, transportan, juntan, venden, cocinan, entregan y calientan, comen y tiran la comida. Hoy no deberíamos hablar de sistemas alimentarios necesariamente, sino de sistemas nutricionales. Lo que comen las personas en todo el mundo es, en la mayoría de los casos, poco nutritivo y poco saludable para el cuerpo humano, lo que lleva a cifras muy altas de desnutrición y cifras aún más altas de obesidad en todos los países del mundo.

Los sistemas alimentarios actuales no son saludables para el medio ambiente ni apoyan a las personas en juego: aquellas que trabajan en la industria y aquellas que viven en áreas donde el sistema alimentario insostenible destruye la vida y las fuentes de mantenimiento. Lo más habitual es que la parte final de la cadena alimentaria -los distribuidores y consumidores de la comida- estén en la otra punta del planeta respecto de la naturaleza y la gente que vive en los lugares de producción, así como de los problemas que surgen: la confusión del cambio de uso de la tierra, a menudo en malas condiciones de trabajo y con bajos salarios. Se estima que en muchos países desarrollados, la mayoría de los impactos negativos sobre la biodiversidad se materializan en impactos fuera del territorio nacional (Yu et al., 2013; Sandström et al., 2017). Estos gastos extra -externalitats-, que podrían ser gastos de asegurar la biodiversidad o salvaguardar buenas circunstancias laborales durante la producción en los países de producción o durante el transporte hacia el país consumidor, normalmente no se incluyen en el precio de los productos de consumo: esto hace que el precio de los productos sea más bajo para los consumidores.

Es fundamental transformar los sistemas como el alimentario en vez de centrarse en la agricultura, el cambio climático o la biodiversidad. El sistema es el contexto en que sucede algo: junta todos los retos de manera funcional y real, en una escala geográfica correcta, y se puede dirigir construyendo y modelando un escenario óptimo y experimentando con nuevos modelos de gestión.

Desarrollo sostenible basado en la resiliencia: el modelo de negocio futuro?

Los líderes populistas han estado ofreciendo soluciones simples para las personas para ayudar a los perdedores a tener una vida y un futuro mejores y ayudar a los ganadores con políticas que les permitan continuar como antes. La crisis de la Covid reveló que las promesas de algunos de los líderes mundiales para solucionar los problemas -volviendo a algo que existía antes de la pandemia o en el pasado y convirtiéndose en nacionalistas- no son beneficiosos para nadie en la nueva normalidad.

La crisis ha aclarado que, en lugar de soluciones de acceso directo, se necesita un enfoque más global como el que ofrece la Agenda 2030, que garantiza que el bienestar se produce en condiciones justas y ecológicamente sostenibles

Ahora mismo, muchos líderes mundiales están perdiendo seguidores, y somos testigos de los disturbios debido a la insatisfacción de liderazgos que no cumplen las promesas y, aún más, de los perversos resultados que causa su comportamiento en poner la economía por delante de la gente y en incumplir las medidas contra la Covid-19 y la crisis que se asocia. Por lo tanto, la crisis ha aclarado que, en lugar de soluciones de acceso directo, se necesita un enfoque más global como el que ofrece la Agenda 2030, que transforma los sistemas societarios clave y garantiza que el bienestar se produce en condiciones justas y ecológicamente sostenibles . Esto implica construir empresas prósperas y sostenibles que ofrezcan ingresos moderados y ocupaciones con salarios razonables y produzcan bienes y servicios necesarios para el bienestar humano y sus oportunidades en la vida.

En las transformaciones de los sistemas, las empresas de la nueva normalidad están buscando modelos de negocio alternativos para sustituir los que se construyen alrededor de la eficiencia y de los modelos de producción intensamente centralizados. El modelo centralizado, en el que la materia prima, la gente, la experiencia, el dinero y los bienes se transportan -literalmente volando por el aire- entre las diferentes partes del mundo, ha sido especialmente cuestionado durante la crisis de la Covid , cuando las cadenas de producción y consumo se han roto debido al cierre de sociedades enteras vinculadas con la epidemia, golpeando a los trabajadores y los flujos de dinero de los emigrantes, pero, aún más, debido a las restricciones de cuarentena establecidas en todo el mundo.

Si se piensa en un modelo de negocio sostenible, el énfasis cambia de la efectividad a la resiliencia. Se basa en un modelo más disperso, en el que el consumo y la producción se encuentran en mejores condiciones geográficas que hoy y se incluyen externalidades en el precio de los productos debido al impacto ambiental o social. Sin embargo, el riesgo es que si se exige que las externalidades se añadan a los costes de producción de los países en desarrollo (tomemos como ejemplo la República del Congo), la minería en los países desarrollados (como los países escandinavos y el Canadá) se convierte en atractiva debido a su situación política estable. Si se examina la situación de forma global, un enfoque más sostenible sería desarrollar en el Congo actividades empresariales responsables a escala social y ecológica que requieran que el país codesarrolle con ellas una sociedad y unas empresas justas en estas dos escalas. Esto incluye desarrollar una gestión firme para acabar con todas las acciones ilegales, con la corrupción y hacer frente a los retos sociales y medioambientales. Este planteamiento permitiría una producción más equilibrada en diferentes partes del mundo en vez de dirigir la mayor parte de la producción a una sola región.

El gobierno global es un barco que gira lentamente, pero las empresas pueden hacer movimientos rápidos

En las transformaciones sostenibles, los cambios en los flujos globales han afectado -de manera crucial y sin lugar a dudas- la evolución de los sistemas. Os pondré un ejemplo: la «carne» de origen vegetal para hamburguesas y filetes está ganando terreno en el mercado estadounidense a un ritmo trepidante. Hay empresas que compiten por las cuotas de mercado, pero la gran perdedora es la industria cárnica. La pandemia del Covid suscitó los debates sobre la vulnerabilidad de los vínculos entre humanos y animales, especialmente al considerar los mercados mundiales de la carne. Aunque los principales conductores parecen ser la seguridad sanitaria y nutricional, la sostenibilidad como el marco más amplio también se está beneficiando de este hecho. Se ha demostrado que la carne como fuente de alimento tiene múltiples impactos negativos importantes sobre la sostenibilidad global, ya que la producción de carne de vacuno causa gases de efecto invernadero, utiliza la tierra de forma altamente ineficiente, tiene efectos negativos a gran escala sobre el agua y la biodiversidad y amenaza la salud humana, ya que existe una relación clara entre la carne roja y el cáncer de colon (Eat-Lancet 2019).

Cofinanciación y cocreación

Bajar la curva de la epidemia de la Covid, sobrevivir a la crisis socioeconómica y mejorar el desarrollo sostenible deberían ir de la mano, también en cuanto a la financiación. He empezado describiendo el desajuste entre las crecientes necesidades de financiación para impulsar el desarrollo sostenible en los países en vías de desarrollo y de la disminución de la capacidad, o la voluntad, de los países desarrollados de invertir en el mundo en vías de desarrollo. Este es un problema evidente. Sin embargo, ha llegado el momento de ver que cada moneda que se invierta en solucionar la crisis de la Covid debería comportar simultáneamente acciones para una transformación sostenible. Aunque el dinero de los impuestos han disminuido en muchos países debido a la situación actual, se pueden encontrar cifras ilógicas de las estadísticas. Por ejemplo, se ha calculado que la necesidad de financiar los países en desarrollo hacia vías sostenibles es de 2,5 billones de dólares / año hasta 2030 (PNUD). Por otra parte, las subvenciones mundiales para combustibles fósiles en 2018 (FMI) fueron de 400 mil millones (directos) / 5,3 billones (indirectos) de dólares. Es importante que la financiación del estímulo económico de la UE y el Pacto Verde avancen de manera coherente, también para ejercer presión política para que los países miembros sigan sus planes.

Los flujos globales no son sólo negativos. A escala global, compartimos los problemas más acuciantes, pero también compartimos, conocimientos y especialidades, ideas e innovaciones: un requisito previo para el desarrollo sostenible mundial

Aunque el mundo está reconsiderando seriamente la necesidad de los largos flujos globales, hay que recordar que los flujos no son sólo negativos. A escala global, compartimos los problemas más acuciantes, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la desigualdad y las cantidades crecientes de residuos, y sólo se pueden combatir mediante la colaboración internacional. También compartimos, a través de estos flujos, conocimientos y especialidades, ideas e innovaciones. Es una degustación de la humanidad y un requisito previo para el desarrollo sostenible mundial.

Para poder debatir de manera justa la interconectividad de los países en los sistemas sociales y para negociar modelos de gestión global para los comunes ambientales globales, se necesita capacidad científica en todo el mundo. Esto no es así en la actualidad. Existe una enorme brecha entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo. Sólo si están juntos, el mundo podrá desarrollar una ciencia de sostenibilidad universal que aconseja la planificación, las decisiones y el presupuesto con el pensamiento científico universal y los análisis científicos locales, para empujar al mundo hacia caminos que lleven a la humanidad hacia el desarrollo sostenible y hacia un futuro mejor para todos.

Modos de avanzar: recomendaciones 
  • La crisis de la Covid ha tenido un impacto positivo en el cambio climático, en la pérdida de biodiversidad y en la contaminación e impactos similares que se necesitan anualmente, utilizando todas las palancas posibles de los gobiernos, las empresas, los individuos y las comunidades, y la ciencia y la tecnología.
  • La pobreza mundial está aumentando de nuevo. Los países pobres y en vías de desarrollo del mundo necesitan un importante apoyo financiero para poner en práctica la Agenda 2030, y la necesidad se ha multiplicado debido a la crisis de Covid.
  • El desarrollo sostenible se basa en el pensamiento de resiliencia y ofrece una alternativa al pensamiento de efectividad que se ha devenido arriesgado durante la crisis de Covid, para las empresas, pero también para los países y para los individuos.
  • Si transformamos nuestros sistemas societarios de caminos insostenibles a caminos sostenibles, aún somos capaces de convertir el desarrollo vicioso del mundo en desarrollo virtuoso. Es hora de actuar. El futuro es ahora.
  • REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

    • EAT-Lancet Commission Summary Report 2019. Disponible en línia.

     

     

    • OCDE (2020) The impact of the coronavirus (COVID-19) crisis on development finance. Disponible en línia.

     

    • Pouso S., Borja A., Fleming L.E., Gómez-Baggethun, E., White M., Uyarra M.C. (2020) Maintaining contact with blue-green spaces during the COVID-19 pandemic associated with positive mental health. OSF-IO. Disponible en línia.

     

    • Sandström, V. et al. (2017). Linking country level food supply to global land and water use and biodiversity impacts: The case of Finland. Science of Total Environment 575, 33-40

     

    • Shakil, M.H., Munim, Z. H., Tasnia M., Sarowar, S. (2020) COVID-19 and the environment: A critical review and research agenda Science of the Total Environment 745

     

    • Yu Y. Feng K. Klaus H. 2013. Tele-connecting local consumption to global land use. Global Environmental Change 23(5):1178–1186.
Eeva Furman

Eeva Furman

Eeva Furman es miembro del grupo de trabajo del Informe de Desarrollo Sostenible Global de la ONU de 2019, Directora del Environment Policy Centre del Finnish Environment Institute, miembro del Consejo finlandés de desarrollo sostenible y coordinadora de un proyecto relacionado con la sostenibilidad alimentaria. Desde hace más de veinte años lidera proyectos de investigación nacionales e internacionales relacionados con la gobernanza para el desarrollo sostenible, el medio ambiente, la biodiversidad, los ecosistemas y las soluciones basadas en la naturaleza. También se ha dedicado a la divulgación científica y ha fundado la Ilkka Hanski Nature Network, que tiene como objetivo proteger la biodiversidad local y experimentar con la acción comunitaria.