En los últimos años, los Balcanes occidentales han sido escenario de numerosas movilizaciones sociales. Desde protestas estudiantiles a manifestaciones en defensa del medioambiente y por el espacio público. Desde movilizaciones en pro de la democracia y contra la corrupción a reivindicaciones a favor de los derechos sociales y civiles.
En Serbia, protestas medioambientales —como las de Rio Tinto entre 2021 y 2022 o el movimiento Ne Davimo Beograd (No dejemos que Belgrado se ahogue) iniciado en 2014— y antigubernamentales contra el régimen de Aleksandar Vučić y su Partido Progresista Serbio (SNS) —como el movimiento 1 en 5 millones y el de Serbia Contra la Violencia en 2023— han protagonizado la vida política del país esta última década.
En Macedonia del Norte, la llamada Revolución de los Colores consiguió tumbar en 2017 el gobierno del hasta entonces primer ministro Nikola Gruevski, en el poder desde 2006. También, en Montenegro miles de ciudadanos salieron a la calle en 2019 para protestar contra la corrupción, el clientelismo y el autoritarismo del entonces presidente Milo Đukanović, en el poder desde 1991 —un movimiento que se bautizó como Resist.
Además, durante los últimos años han tenido lugar marchas del orgullo LGTBI y manifestaciones contra la violencia machista por toda la región.
En Bosnia y Herzegovina, las movilizaciones sociales más importantes desde el final de la guerra tuvieron lugar hace diez años. En febrero de 2014, una concentración de trabajadores industriales en Tuzla acabó desembocando en una oleada de protestas antigubernamentales en todo el país. Las imágenes de edificios oficiales en llamas en diferentes ciudades bosnias y las asambleas ciudadanas que surgieron a raíz de las movilizaciones hicieron reavivar la esperanza de la posibilidad de una alternativa al sistema Dayton, instaurado en 1995 como un mecanismo para poner fin a la guerra.
Una década después, el país continúa articulado por un sistema institucional que reparte el poder en cuotas étnicas y que dificulta la emergencia de proyectos políticos cívicos que escapen de este marco. Durante este tiempo, tanto Bosnia como el resto de los países de la región han experimentado un retroceso en términos de estándares democráticos y del Estado de derecho.
Iniciativas cívicas para defender cuestiones en pro del bien común que sobrepasan el discurso nacionalista y populista han proliferado por toda la región
A pesar de esto, durante este periodo la sociedad civil ha continuado activa. Iniciativas cívicas para defender cuestiones en pro del bien común que sobrepasan el discurso nacionalista y populista han proliferado por toda la región. Estas han abierto la puerta a la posibilidad de articular nuevas formas de gobernanza más democráticas y participativas, ofreciendo una nueva esperanza de transformación democrática de Bosnia y Herzegovina y de los Balcanes occidentales.
Primavera bosnia: de protestas antigubernamentales a asambleas ciudadanas
En Bosnia y Herzegovina, las protestas comenzaron el 5 de febrero de 2014 en Tuzla, uno de los centros industriales en el nordeste del país. Trabajadores de las fábricas se concentraron para reclamar el pago de salarios y pensiones y pedir compensaciones por las consecuencias de los cierres de varias fábricas de la zona a raíz de turbios procesos de privatización. Estudiantes, pensionistas y otros ciudadanos se unieron a las protestas, descontentos con el deterioro de las condiciones socioeconómicas y el alto desempleo, pero también con la corrupción y el abuso de las estructuras de la posguerra por parte de las élites políticas para el beneficio de una minoría. Más allá del descontento con la clase política, se palpaba la frustración de la población por la sensación de falta de alternativas a un sistema que ha llevado al país a un punto muerto político.
En los días siguientes, las manifestaciones se extendieron a más de treinta ciudades del país, que en algunos casos acabaron con episodios violentos y enfrentamientos con la policía. Las imágenes de edificios gubernamentales en llamas en Sarajevo y también en Tuzla y Zenica atrajeron la atención de los medios internacionales, que entonces hablaron de una “primavera bosnia”, en una comparativa con las movilizaciones que inundaron los países del mundo árabe entre 2010 y 2012.
Después de la primera semana de protestas, estas fueron perdiendo intensidad. En paralelo, no obstante, los manifestantes empezaron a autoorganizarse en asambleas ciudadanas, plenums, a través de las cuales articularon sus demandas, haciendo referencia principalmente a los privilegios de la clase política y a los procesos de privatización de las fábricas. Entre sus exigencias, la dimisión de algunos cargos políticos y la formación de un gobierno formado por expertos sin perfiles vinculados a la política. En el centro de las reivindicaciones también estaba la reforma del sistema constitucional resultante de los acuerdos de paz de Dayton de 1995 para completar la transformación democrática del país.

Los plenums surgieron de manera relativamente espontánea en Sarajevo y Tuzla, pero se multiplicaron por todo el país, no solo en las principales ciudades como Mostar, Zenica, Bihać o Brčko, sino también en ciudades más pequeñas del interior como Bugojno y Travnik. Las asambleas, autogestionadas de manera bastante horizontal, abrieron la puerta de la participación política a la población general. Las redes jugaron un papel fundamental al facilitar su difusión y coordinación.
En algunos casos, las autoridades respondieron a las demandas de los manifestantes. Primeros ministros y otros cargos políticos de algunos cantones de la Federación presentaron su dimisión y algunos parlamentos cantonales aceptaron, al menos sobre el papel, las demandas de los manifestantes. Estas dimisiones inicialmente fueron vistas como una victoria y una señal de cambio, pero no estuvieron acompañadas de ningún cambio sistémico y, por tanto, acabaron suponiendo simplemente un cambio cosmético sin impacto a gran escala.
Durante unas semanas, los plenums parecieron poder desafiar el statu quo y ofrecer una alternativa transformadora, surgida de la propia ciudadanía bosnia, veinte años después del final de la guerra. A pesar de este optimismo inicial, las asambleas fueron perdiendo músculo hasta dejar de estar activas en abril de ese mismo año. La movilización social y las demandas ciudadanas no llegaron a traducirse en un proyecto político con continuidad y opciones electorales.
El tiempo y la perspectiva demostraron que los análisis que hablaban de una primavera bosnia sobredimensionaron el impacto real de las protestas. En parte, seguramente, porque bebían más del deseo de poder imaginar una Bosnia diferente que rompiera finalmente con un sistema político disfuncional y discriminatorio, que de las opciones reales que las asambleas ciudadanas tenían para transformar un sistema a menudo referido como el más complejo del mundo.
Las razones que explican que las protestas no se acabaran traduciendo en un proyecto político son múltiples y tienen que ver tanto con la naturaleza de las movilizaciones y el propio sistema político-institucional bosnio como con la reacción de las élites políticas locales y la comunidad internacional. Por un lado, la falta de liderazgo, estructura y una agenda que todos los ciudadanos pudieran hacer suya dificultó la continuidad de las asambleas, mientras que el propio sistema, articulado alrededor de la afiliación y la representación étnica, obstaculiza la emergencia de propuestas políticas cívicas que rompan este marco. Por otro lado, los esfuerzos de la clase política y parte de los medios para deslegitimar las protestas —refiriéndose a los manifestantes como “hooligans” y comparando las protestas con la guerra de los noventa— también contribuyeron a debilitar el movimiento.
Durante unas semanas, los plenums parecieron poder desafiar el statu quo y ofrecer una alternativa transformadora
Tampoco ayudó la tímida respuesta de la comunidad internacional, que se centró en insistir en la necesidad de evitar disturbios en vez de en el potencial democratizador de las movilizaciones, temiendo una escalada violenta en un territorio ya inestable. El Alto Representante del momento, Valentin Inzko, contribuyó a enmarcar las protestas en términos bélicos cuando afirmó que la Unión Europea tendría que plantearse enviar tropas en caso de que la situación escalara.
La etnicidad, fuera de la ecuación
Una de las razones por la cual las movilizaciones de la primavera de 2014 y los plenums resultaron esperanzadores fue por el hecho de que la afiliación étnica quedaba fuera de la ecuación. La naturaleza de las protestas y demandas ciudadanas escapaban de la lógica nacionalista, en la que desde el final de la guerra se enmarcaron las dinámicas políticas en Bosnia, rompiendo con el estereotipo según el cual la división étnica en el país balcánico imposibilita el surgimiento de proyectos cívicos que aglutinen a la población en tal que ciudadanos y que vayan más allá de la afiliación nacional.
De hecho, en el centro de la protesta estaba la frustración hacia un sistema institucional caduco y disfuncional y la crítica a la instrumentalización de este por parte de las élites políticas, que desde el final de la guerra han atizado la retórica nacionalista y de división étnica para continuar repartiéndose el pastel, mantener las cuotas de poder y evitar afrontar las cuestiones que afectan a la población en su conjunto.
Esta dinámica, con vetos cruzados y discusiones constantes sobre las competencias de los diferentes territorios y de los niveles de la Administración, no solo ha llevado al país a un punto de bloqueo, sino que perjudica directamente el día a día de los ciudadanos. Unos meses antes de las protestas, en verano de 2013, la disputa entre partidos políticos de las dos entidades territoriales que conforman Bosnia y Herzegovina —la República Srpska, de mayoría serbia, y la Federación, compartida por bosniacos y croatas— por la nomenclatura de los números de identificación personal le costó la vida a un bebé de tres meses, que no pudo viajar al extranjero para someterse a un tratamiento médico urgente al no poder acceder a hacerse el pasaporte.
A pesar de que las reivindicaciones de los manifestantes no eran de carácter nacionalista, parte de la clase política utilizó la carta étnica para intentar neutralizar las protestas. Milorad Dodik, actual presidente de la República Srpska y en aquel momento en su primer mandato como tal, presentó las protestas como antiserbias, acusándolas de tener como único objetivo destruir la entidad serbobosnia. A pesar de que las movilizaciones no tenían ningún componente étnico, es cierto que un gran volumen de las protestas tuvo lugar en la Federación, con la excepción de manifestaciones de menor escala en Banja Luka, Prijedor y Bijeljina.
Si bien las reivindicaciones de las manifestaciones y asambleas no llegaron a traducirse en un proyecto político, la experiencia de los plenums es valiosa por el ejercicio de democracia directa y participación política ciudadana que representó. En los años siguientes, se sucedieron nuevas movilizaciones en Bosnia por distintos motivos, desde la protección del territorio a la justicia y contra la violencia machista.
En 2018, la muerte en extrañas circunstancias del joven estudiante bosnio David Dragičević en Banja Luka desencadenó una serie de protestas, que empezaron en esa ciudad de la República Srpska y se extendieron por distintas ciudades del país, hasta reunir a 40.000 personas. El joven fue encontrado una semana después de desaparecer con signos de tortura, y ante la sospecha de que la policía habría encubierto a los responsables del suceso, miles de ciudadanos salieron durante meses a la calle exigiendo el esclarecimiento del caso y pidiendo justicia.
Durante los últimos años, Bosnia también ha sido escenario de movilizaciones medioambientales y en defensa del territorio. A finales de 2020, la población de Jajce impulsó con éxito una petición para detener la construcción de una planta hidroeléctrica en esta ciudad del cantón de Bosnia Central. Pocos años antes, en verano de 2017, la comunidad local de Kruščica, una aldea a menos de un centenar de kilómetros de Jajce, consiguió detener la construcción de otra planta similar en la zona. Durante más de 500 días, varias mujeres del lugar estuvieron bloqueando el puente que atravesaba el río para evitar que pudieran llegar las máquinas.
Si bien las reivindicaciones no llegaron a traducirse en un proyecto político, la experiencia bosnia del 2014 es valiosa por el ejercicio de participación política ciudadana que representó
En 2019, Bosnia organizó por primera vez una marcha del orgullo LGTBI, que llegó a su quinta edición en 2024. En 2023, el asesinato de una mujer a manos de su pareja mientras lo retransmitía por redes sociales provocó una oleada de protestas contra la violencia machista en diferentes ciudades del país. Un año antes, en 2022, el asesinato de otra mujer en Bihać —la principal ciudad del noroeste del país— ya había desencadenado una serie de manifestaciones para exigir la introducción del feminicidio como delito penal e intensificar la prevención de la violencia machista.
La reforma constitucional, otra vez sobre la mesa
La particularidad de los plenums está en que, por primera vez desde el final de la guerra, pareció creíble la idea de una reforma al sistema Dayton que, a diferencia de los intentos anteriores, surgió de la propia ciudadanía bosnia. El carácter de las movilizaciones reaviva la esperanza de una posible reforma al sistema político-institucional de Dayton, diseñado durante las negociaciones por los acuerdos de paz en esta ciudad norteamericana en 1995 para poner fin a la guerra.
Con el lema “un Estado, dos entidades, tres pueblos constituyentes”, los acuerdos son un intento de reconciliar los diferentes intereses de las partes involucradas y mantener un equilibrio de poder para evitar que una pueda imponer sus intereses sobre las otras. Los acuerdos de paz de Dayton, pues, no parten de la lógica de garantizar la igualdad de todos los ciudadanos, sino de garantizar la igualdad entre los grupos étnicos.
Los acuerdos dividieron el país en dos entidades territoriales, la República Srpska y la Federación de Bosnia y Herzegovina, y establecieron un intrincado sistema institucional que combina el reparto del poder de manera consorcional sobre la base de criterios étnicos en el ámbito estatal con la descentralización territorial de competencias de forma asimétrica entre las dos entidades, que gozan de un alto nivel de autonomía.
La constitución garantiza la representación de los tres pueblos constituyentes y les otorga derecho a veto, del que también disfrutan las dos entidades. Un complejo sistema solo viable si hay voluntad y compromiso por parte de las élites políticas para hacerlo funcionar. En la práctica, este mecanismo, pensado para garantizar la igualdad de derechos de los grupos constituyentes y para ser utilizado únicamente en casos en que se vea afectado su “interés nacional vital”, se ha convertido en una herramienta para blindar los privilegios de la élite política vinculada a los principales partidos nacionalistas, que han abusado de los mecanismos de bloqueo para boicotear la toma de decisiones y el normal funcionamiento de las instituciones. [1]1 — López Domènech, B. (2023). “Leaving Dayton for Brussels: Reviving Bosnia’s constitutional reform”. Discussion paper. European Policy Centre (EPC). Disponible en línea.
Aparte de disfuncional, el sistema Dayton es discriminatorio hacia una parte importante de la población bosnia. La presidencia tripartita y la cámara alta del parlamento están reservadas a bosniacos, serbios y croatas. Además, los representantes serbios se escogen únicamente en la República Srpska, mientras que los bosniacos y croatas son elegidos en la Federación. Esta disposición infringe los derechos políticos de unos 400 000 ciudadanos bosnios (un 12 % de la población) [2]2 — Human Rights Watch (2019). “Bosnia and Hercegovina: Ethnic Discrimination a Key Barrier”. Artículo publicado el 12 de diciembre de 2019. Disponible en línea. que o bien no se identifican con ninguno de los tres grupos étnicos o bien no viven en el territorio que escoge a sus representantes.
El sistema Dayton infringe los derechos políticos de unos 400 000 ciudadanos bosnios, el 12% de la población
Además, el hecho de que la participación política, tanto activa como pasiva, esté vinculada a la afiliación étnica y al lugar de residencia, dificulta la emergencia y consolidación de proyectos políticos que no estén vertebrados en torno a esta cuestión.
El reparto de las cuotas de poder por criterios étnicos y la consiguiente acumulación de este en determinadas zonas por parte de los tres principales partidos nacionalistas ha favorecido el clientelismo y la captura del Estado intermediando, por ejemplo, el nombramiento de cargos en empresas o servicios públicos. La carencia de perspectiva fuera de estos circuitos clientelistas ha provocado una fuga de cerebros y obligadoa mucha gente joven a buscarse un futuro fuera del país. Unas 50 000 personas, sobre todo profesionales cualificados, emigran de Bosnia cada año, y casi la mitad de los jóvenes se plantean abandonar el país. [3]3 — UNFPA (2021). “Survey on youth emigration in Bosnia and Hercegovina”. Encuesta publicada por UNFPA BiH, proMENTE e Ipsos. Disponible en línea.
Dayton se ha utilizado como chivo expiatorio para justificar el estancamiento y la disfuncionalidad del país. Sin embargo, es deshonesto culpar únicamente a las estructuras y no a su abuso por parte de las autoridades. De hecho, Dayton no fue concebido como una propuesta institucional para Bosnia a largo plazo, sino como un mecanismo temporal para poner fin a la guerra y un punto de partida para la construcción del país después de la disolución de Yugoslavia. Así, el problema no radica en el sistema en sí mismo, sino en su instrumentalización por parte de las élites políticas para obtener beneficio propio y en la falta de voluntad por parte de estas para reformar el sistema que les garantiza elevadas cuotas de poder.
La movilización social de la primavera de 2014 hizo reavivar la esperanza de una reforma al sistema Dayton, casi veinte años después de su establecimiento. Durante la década anterior se llevaron a cabo varios intentos de reformar la constitución, pero todos acabaron fracasando. El caso de 2014 se diferencia de los anteriores principalmente por dos elementos. En primer lugar, por el hecho que hasta entonces siempre había sido la comunidad internacional, sobre todo los Estados Unidos con el apoyo de la Unión Europea, quien había tenido la iniciativa de poner el tema sobre la mesa, mientras que en 2014 la demanda de cambio provenía de dentro del país. Y, en segundo lugar, porque se revierte la lógica top-down. En el pasado los esfuerzos se habían centrado siempre en negociaciones a puerta cerrada entre líderes políticos para hacer que estos llegaran a un acuerdo, dejando a la población al margen, mientras que, en este caso, era a la inversa, fueron los propios ciudadanos los que formularon las propuestas.
En los años posteriores a la guerra, se llevaron a cabo adelantos importantes hacia la unificación del país, transfiriendo competencias en cuestiones de fiscalidad y judicatura al nivel central y creando un ejército y una policía comunes. Coincidiendo con el décimo aniversario de los acuerdos de Dayton, a finales de 2005 se inició un proceso de negociación mediado por la comunidad internacional para intentar llegar a un acuerdo entre los diferentes partidos políticos con el fin de reformar la constitución. La iniciativa surgió a partir de la publicación de un informe de la Comisión de Venecia [4]4 — Comisión de Venecia (2005). “Opinion on the Constitutional Situation in Bosnia and Hercegovina and the Powers of the High Representative”. Consejo de Europa. Disponible en línea. que criticaba el sistema constitucional bosnio y recomendaba una serie de cambios a la vista del inicio del proceso de adhesión de Bosnia a la Unión Europea.
Las movilizaciones de 2014 en Bosnia fueron esperanzadoras porque la afiliación étnica quedaba fuera de la ecuación. Por primera vez desde el final de la guerra, la idea de una reforma al sistema Dayton pareció creíble.
Aquel fue el momento en el que Bosnia ha estado más cerca de un cambio constitucional. Después de meses de negociaciones a puerta cerrada entre los diferentes líderes políticos del país, en la primavera de 2006 los principales partidos avalaron un paquete de reformas —bautizado como Aprilski Paket— [5]5 — Fondacija Centar za javno pravo (2006). “Amandmani na ustav Bosne i Hercegovine (Aprilski Paket Ustavnih Promjena)”. Disponible en línea. para reformar la constitución. En el último momento, dos de los partidos se echaron atrás y las medidas no consiguieron la mayoría necesaria en el parlamento. Con este fracaso, y después de las elecciones de octubre de 2006, desaparece el impulso necesario y se desvanece la predisposición política para llegar a consensos. En los años siguientes, las conversaciones se revitalizaron con más o menos intensidad en varias ocasiones, pero todas acabaron en papel mojado.
La transición incompleta de los Balcanes
Desde la llamada Revolución Bulldozer que acabó con la caída de Slobodan Milošević en 2000, hasta el movimiento Serbia Contra la Violencia que durante varios meses de 2023 ocupó varias ciudades de este país balcánico, en las últimas casi tres décadas los países de la antigua Yugoslavia han sido escenario de numerosas movilizaciones sociales. Desde protestas estudiantiles a manifestaciones en defensa del medioambiente y el espacio público. Desde movilizaciones en pro de la democracia y contra la corrupción a reivindicaciones a favor de los derechos sociales y civiles.
Tras el fin de las guerras de los noventa, los países de los Balcanes han experimentado un proceso de triple transición: de la guerra a la paz, de una economía comunista a una de mercado y de un sistema de partido único a una democracia pluralista. [6]6 — Balfour, R.; Stratulat, C. (2011). “The democratic transformation of the Balkans”. European Policy Centre (EPC). EPC Issue Paper número 66. Disponible en línea. En este proceso, sobre todo en la transformación democrática, la Unión Europea juega un papel clave. Históricamente, la perspectiva de pasar a ser miembro y la necesidad de cumplir con los criterios de adhesión ha funcionado como incentivo para acelerar la transición hacia un sistema democrático.
2014 coincide con el inicio de la Comisión Europea presidida por Jean Claude Juncker. Durante su primera comparecencia ante el Parlamento Europeo, Juncker cerró la puerta de la Unión Europea a la entrada de nuevos miembros durante su mandato. La desaparición de la perspectiva europea afectó negativamente a la transformación democrática de la región y dejó huérfanos a los actores políticos y sociales que trabajaban en esta dirección.
A pesar de que la transformación democrática sea la piedra angular de la política de ampliación de la Unión Europea hacia los Balcanes, el miedo a la escalada de la inestabilidad en una zona ya volátil ha hecho que la UE a menudo haya priorizado erróneamente la estabilidad en detrimento de otras consideraciones como, por ejemplo, la consolidación democrática. La Unión Europea ha caído repetidas veces en la trampa del dilema entre estabilidad y democracia. Esta lógica ha hecho que, en algunos casos, la UE haya acabado tolerando, o incluso apoyando, regímenes con graves deficiencias democráticas y prácticas autoritarias a cambio de una supuesta garantía de seguridad, contribuyendo a un fenómeno conocido como “estabilocracia”.
En la última década, Bosnia y el resto de los países de la región han experimentado un retroceso en términos de estándares democráticos y del Estado de derecho. A pesar de esto, durante este periodo la sociedad civil ha seguido activa.
Diez años tras la negativa de Juncker, la Unión Europea se encuentra en una coyuntura geopolítica diferente. Después de muchos años en que la ampliación de la Unión Europea era una cuestión en segundo plano, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 volvió a situar este tema en el centro del debate sobre el porvenir de la Unión. A pesar de que el reto es mayúsculo, esta nueva realidad puede volver a ofrecer una perspectiva esperanzadora para el futuro de Bosnia y de los Balcanes.
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Referencias
1 —López Domènech, B. (2023). “Leaving Dayton for Brussels: Reviving Bosnia’s constitutional reform”. Discussion paper. European Policy Centre (EPC). Disponible en línea.
2 —Human Rights Watch (2019). “Bosnia and Hercegovina: Ethnic Discrimination a Key Barrier”. Artículo publicado el 12 de diciembre de 2019. Disponible en línea.
3 —UNFPA (2021). “Survey on youth emigration in Bosnia and Hercegovina”. Encuesta publicada por UNFPA BiH, proMENTE e Ipsos. Disponible en línea.
4 —Comisión de Venecia (2005). “Opinion on the Constitutional Situation in Bosnia and Hercegovina and the Powers of the High Representative”. Consejo de Europa. Disponible en línea.
5 —Fondacija Centar za javno pravo (2006). “Amandmani na ustav Bosne i Hercegovine (Aprilski Paket Ustavnih Promjena)”. Disponible en línea.
6 —Balfour, R.; Stratulat, C. (2011). “The democratic transformation of the Balkans”. European Policy Centre (EPC). EPC Issue Paper número 66. Disponible en línea.
Berta López Domènech
Berta López Domènech es analista política especializada en los Balcanes occidentales y en la política de ampliación de la Unión Europea en el think tank European Policy Centre (EPC) de Bruselas. Actualmente, su trabajo se centra en cuestiones como el nexo entre los procesos de ampliación y reforma de la Unión Europea, la actividad política de los países de los Balcanes, el estado de la democracia y el autoritarismo en la región, el papel de la sociedad civil, el diálogo entre Kosovo y Serbia o la influencia extranjera en los Balcanes. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Ramon Llull, tiene un master en Periodismo por la misma universidad. Antes de unirse al EPC, trabajó en el Post-Conflict Research Centre, en Sarajevo (Bosnia y Herzegovina), donde también ejerció de observadora electoral. Ha trabajado en el Comité Europeo de las Regiones, en la Conferencia de las Regiones Periféricas Marítimas (CRPM) y en El Periódico.