La Revolución portuguesa situó el país en el centro de la escena política internacional. Durante un año y medio se convirtió en un elemento inestable de la organización bipolar de la política mundial. Después [de… ] décadas de democracia portuguesa, hay que reconocer que el significado de lo que pasó el 25 de abril de 1974 no sólo tuvo importancia interna.” [1]1 — Magone, J. (1997). “A integração europeia e a construção da democracia portuguesa”. Penélope: revista de história e ciências sociais, núm. 18, p. 123-163.


La Revolución de Abril tuvo varios efectos significativos en la escena internacional. En primer lugar, porque el hundimiento de la dictadura significó el final de la guerra colonial y la descolonización y, junto con la descolonización y la democratización, la posibilidad de una relación más profunda con la Comunidad Europea, que culminó con la adhesión de Portugal. En segundo lugar, porque la Revolución despertó un gran interés internacional, en el contexto de la distensión de la Guerra Fría, pero no sólo entre las superpotencias, y es destacable la atención que España, después del franquismo, y los otros estados europeos prestaron a la evolución de la situación política en Portugal. En tercer lugar, porque se ha generalizado en la literatura académica la idea de que la Revolución de Abril en Portugal fue el inicio de la tercera ola de democratización, una tesis que cuestionaremos aquí.

La orientación exterior del Portugal democrático

La Revolución de Abril supuso un cambio significativo en la política exterior portuguesa. En las últimas décadas de la dictadura fascista, y en un marco amplio de apoyo internacional a la descolonización del continente africano, esta política se había centrado en el mantenimiento de las colonias en el África como prioridad estratégica. Con una larga guerra colonial con tres frentes ―desde 1961 en Angola, desde 1963 en Guinea-Bisáu y desde 1964 en Mozambique―, no sólo se generaron tensiones e insatisfacción en el interior, sino que también aumentó la presión internacional sobre Portugal, cosa que situó el país en una situación de aislamiento internacional casi total, incluso por parte de sus aliados principales.

Uno de los objetivos centrales de la Revolución de los Claveles y del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) era poner fin a la guerra colonial y conceder la independencia en las colonias africanas. Entre 1974 y 1975, Portugal reconoció el derecho a la autodeterminación y a la independencia de Guinea-Bisáu, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y Angola, así como la soberanía india sobre Goa y Daman y Diu ―territorios perdidos militarmente el 1961―, cosa que aceleró el proceso más general de descolonización en África. A partir de entonces, se abrió el camino para la recuperación de las relaciones entre la antigua metrópolis y las antiguas colonias, sobre una base de cooperación más equitativa. Sin embargo, estas relaciones tardaron en cobrar un impulso significativo, tanto porque el intento de una descolonización negociada y ordenada acabó generando recelos entre los nuevos estados africanos, como porque estuvieron muy marcadas por el retorno precipitado de centenares de miles de portugueses que vivían en las colonias, los “devueltos”, lo cual marcó el final del proceso descolonizador. [2]2 — Sousa, P. P.; Martins, C. (2020). “Between Decolonization and the CPLP: Relations between Portugal and the New Portuguese-Speaking African States through Government Programs”. A: Zoppi, M. (ed.), A Tight Embrace: Narratives and Dynamics of Euro-African Relations. Lanham: Rowman & Littlefield, p. 165-194.

Portugal también optó por la plena adhesión a la Comunidad Europea, lo cual sólo fue posible superando la rémora política que la dictadura suponía para este objetivo. La posibilidad de transformar una relación de cooperación económica limitada —establecida en el acuerdo comercial entre Portugal y la Comunidad Económica Europea de 1972 sobre la creación de una zona de libre comercio de productos industriales— en una integración económica y política plena se deriva tanto de la democratización como del europeísmo asumido por la política exterior portuguesa en democracia, marcado por la pertenencia al Consejo de Europa y la solicitud de adhesión a la Comunidad Económica Europea en 1977. Esta opción es decisiva para el desarrollo económico y la modernización del país, como una manera de consolidar la transición política interna, y al mismo tiempo se convierte en el elemento fundamental de la política exterior portuguesa después del final del imperio, ya que se trata de un espacio para influir en la esfera internacional y proyectar los objetivos de Portugal en el mundo, así como para participar en los procesos de decisión europeos. Las ampliaciones de la Comunidad Europea a Grecia (1981) y Portugal y España (1986) son actos que permiten avanzar en la integración europea y constituyen un paso importante en el proceso de consolidación de la democracia, similar a lo que pasaría posteriormente en la Europa del Este con las ampliaciones del 2004 y el 2007. [3]3 — Mendes, P. E. (2012). Portugal e a Europa. Factores de afastamento e aproximação da política externa portuguesa (1970-1978). Porto: CEPESE (Centro de Estudos da População, Economia e Sociedade). Cunha, A. (2007). À Descoberta da Europa: A Adesão de Portugal às Comunidades Europeias. Lisboa: Ministério dos Negócios Estrangeiros.

Portugal optó por la plena adhesión a la Comunidad Europea, lo cual sólo fue posible superando la rémora política que la dictadura suponía

Portugal ha pasado, así, de una actitud aislacionista a ser un país con una fuerte defensa del multilateralismo, que valora su participación en organizaciones internacionales (la OTAN, la Unión Europea, la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, entre muchas otras), que se considera un contribuyente neto a la seguridad internacional, concretamente a través de su participación en misiones internacionales, y que valora simultáneamente muchos ámbitos diferentes (económico, político, cultural, social, de seguridad) de sus relaciones diplomáticas. [4]4 — Teixeira, N. S. (2010). “Breve ensaio sobre a política externa portuguesa”. Relações Internacionais, núm. 28, p. 51-60. Disponible en línea.

La acogida de la Revolución por parte de los aliados de Portugal

Uno de los elementos fundamentales de la política exterior portuguesa contemporánea se mantiene igual en dictadura y en democracia: la participación de Portugal en la OTAN, como miembro fundador, desde 1949. Sin embargo, esta participación estuvo marcada por la atención especial que los aliados dedicaron a Portugal, ya que la evolución del proceso revolucionario en curso [5]5 — Se trata del periodo comprendido entre la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 y el golpe de estado del 25 de noviembre de 1975, y que constituye la fase revolucionaria de la transición hacia la democracia. entre 1974 y 1976 y la orientación más izquierdosa del país suscitaron la preocupación de estos aliados por la orientación política interna de Portugal, porque temían que pudiera haber un “caballo de Troya” dentro de la organización, en el contexto particular de la Guerra Fría y del enfrentamiento ideológico entre superpotencias.

Desde el punto de vista internacional, también fue un periodo en que, como consecuencia de la descolonización, Portugal pasó de estar casi totalmente aislado internacionalmente a conocer una enorme diversificación de las relaciones diplomáticas, ya que reconoció más de medio centenar de estados, esencialmente de África, Asia y el bloque del Este, y estableció relaciones diplomáticas entre 1974 y 1980. Asimismo, las ideas de una política exterior “independiente”, no sólo abierta a las relaciones con todos los estados, sino con una orientación más “tercermundista”, es decir, menos asociada al marco específico de los dos bloques de la Guerra Fría, más neutral y distanciada de estos dos grandes bloques, y más próxima al Tercer Mundo no alineado, ejercieron cierta seducción intelectual durante el Proceso Revolucionario en Curso, pero nunca se presentaron como una política exterior alternativa consolidada como proyecto y, por lo tanto, viable. Así, Portugal no ha cuestionado nunca realmente su participación en la OTAN, y la ha mantenido como elemento estructurador de su política exterior y eje fundamental de su política de seguridad y defensa, aunque la Constitución de la República Portuguesa democrática, que entró en vigor en 1976 y se ha mantenido inalterada en este aspecto desde entonces, establece que Portugal aboga por la disolución de los bloques politicomilitares. [6]6 — Sousa, P. P. (2020). “Portugal e a NATO: compreender a continuidade na política externa pós-Revolução de Abril a partir da análise de política externa”. A: Ferreira, A. S.; Madeira, J. As Esquerdas Radicais Ibéricas entre a Ditadura e a Democracia – Percursos Cruzados. Lisboa: Edições Colibri, p. 127-141.

Si este enfoque es el elemento fundamental de la respuesta internacional a la Revolución de Abril, es importante contextualizarla en el tiempo y en el marco de la evolución de la situación política en Portugal. La mayoría de los estados con los que Portugal mantenía relaciones diplomáticas relevantes reconocieron rápidamente la Junta de Salvación Nacional como el nuevo poder político en Portugal, con una visión positiva tanto del final de la dictadura como de la promesa de un gobierno civil y del final de la guerra colonial. Pero la tensión entre diferentes fuerzas dentro de la Revolución, representadas, a grandes rasgos, por el general Spínola, con una fórmula que mantenía cierto grado de relación con las colonias, y el MFA, que tendía a la descolonización inmediata e incondicional, unida a la evolución de la situación política interna, a la cual ya nos hemos referido anteriormente, y también a las consecuencias que podía tener para la cohesión política de la OTAN como alianza, hicieron que los aliados principales de Portugal en Europa Occidental y Estados Unidos se interesaran especialmente por la evolución política del país. [7]7 — Ferreira, J. M. (2004). “O 25 de Abril no Contexto Internacional”. Relações Internacionais, núm. 2, p. 143-158. Disponible en línea.

Portugal no ha cuestionado nunca su participación en la OTAN, y la ha mantenido como elemento estructurador de su política exterior y de su política de seguridad y defensa

Por una parte, en la Unión Soviética no hubo una estrategia deliberada de especial interés por la situación portuguesa. De hecho, la importancia del contexto de distensión internacional en las relaciones con EE.UU., que se consideraba prioritario, hizo que la Unión Soviética intentara influir menos en el curso de la vida política portuguesa, aunque siguiera siendo favorable tanto a la actuación del MFA y de los gobiernos como a la evolución izquierdosa del Proceso Revolucionario en Curso, teniendo en cuenta también que había una cierta proximidad ideológica, aunque indefinida, y el objetivo común de conseguir la descolonización en el África.

Por otra parte, en el espacio europeo, la preocupación por la orientación de la vida política portuguesa se centró en el diseño de su régimen interno, sin dejar de lado sus nuevas prioridades de política exterior, todavía en fase de elaboración. La exigencia de una democracia pluralista y de una economía de mercado es una cosa que tanto los socios europeos de Portugal, a título individual, como la Comunidad Europea en su conjunto recalcaron sistemáticamente durante el Proceso Revolucionario en Curso, cosa que indica la evaluación de riesgos que estaban haciendo en relación con la posible evolución del marco político y militar en Portugal.

De hecho, esta preocupación no se extendió a todo el periodo, sino que empezó a partir de marzo de 1975, con la salida efectiva de escena del general Spínola después de un intento de golpe de estado dirigido por él (ya había dimitido como presidente de la República en septiembre de 1974), cosa que acentuó una definición más clara del proceso revolucionario con un peso más importante de la izquierda en el MFA. En este sentido, destacaron Willy Brandt, François Mitterrand y James Callaghan, sobre todo por sus contactos con Mário Soares i Medeiros Ferreira, en el marco de la cooperación entre los partidos socialistas europeos, para intentar mantener una fuerte relación con los líderes políticos y militares portugueses, al menos hasta la normalización de la vida política a partir del 25 de noviembre de 1975, con la maniobra militar que puso fin al Proceso Revolucionario en Curso, y de abril de 1976, con la aprobación de la Constitución de la República Portuguesa democrática y las primeras elecciones libres a la Asamblea de la República después de la Asamblea Constituyente.

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Acto de firma del Tratado de adhesión de Portugal a la Comunidad Económica Europea (CEE), celebrado en Lisboa el 12 de junio de 1985. De izquierda a derecha: Garret Fitzgerald (primer ministro de Irlanda), Mário Soares (primer ministro de Portugal), Bettino Craxi (primer ministro de Italia), Giulio Andreotti (ministro de Asuntos Exteriores de Italia) y Felipe González (presidente del Gobierno español). Fotografía: Alfredo Cunha (vía Fundación Mário Soares y Maria Barroso)

En el caso de los Estados Unidos, la suavización de la presión a favor de la descolonización por parte de la administración Nixon y sus propios retos internos e internacionales (Watergate, Vietnam, distensión) hicieron que dedicara menos atención en Portugal de lo que se podía esperar, en un contexto en que todas estas cuestiones tendrían que haber sido más prioritarias en su agenda, aunque no dejaron de seguir de cerca los acontecimientos que se producían, especialmente después del nombramiento de Frank Carlucci como nuevo embajador en Lisboa.

Finalmente, el caso de España merece atención a causa de la dinámica política particular de los dos Estados, ya que la dictadura franquista persistía en la época del 25 de abril y dio apoyo a la contrarrevolución en los meses siguientes. Sin embargo, dado que la situación política portuguesa estaba relativamente bien definida, tal como se ha explicado anteriormente, incluso antes de que España iniciara la transición a la democracia, las diferentes tensiones que surgieron entre los partidos —como la instalación de los grupos terroristas de lucha armada de extrema derecha, el Movimiento Democrático de Liberación de Portugal (MDLP) de Spínola y el Ejército de Liberación de Portugal (ELP), con arsenales de armas y explosivos cerca de la frontera, así como las protestas en la embajada española en Lisboa que llevaron a la retirada de diplomáticos en España- no llegaron nunca a causar problemas graves para la relación a largo plazo entre los dos Estados. [8]8 — Ferreira, J. M. (2004). “O 25 de Abril no Contexto Internacional”. Disponible en línea.

De hecho, España acabó siendo el único caso en el que podemos detectar impactos internacionales más efectivos de la Revolución de Abril, ya que el régimen fascista español, temeroso de una ruptura política como la que tuvo lugar el 25 de abril, permitió tímidas aperturas democráticas, y los diferentes actores políticos españoles siguieron con atención la situación política portuguesa, en la que identificaron puntos de contacto o de rechazo, hecho que les permitió configurar su propia experiencia de la transición democrática. [9]9 — Ferreira, J. M. (2004). “O 25 de Abril no Contexto Internacional”. Disponible en línea. Ver también Cervelló, J. S. (1993). A Revolução Portuguesa e a sua influência na transição espanhola (1961-1976). Lisboa: Assírio e Alvim; Telo, A. J. (2008). História Contemporânea de Portugal: Do 25 de Abril à actualidade. Lisboa: Editorial Presença, vol. II.

La exigencia de una democracia pluralista y de una economía de mercado es una cosa que tanto los socios europeos de Portugal como la Comunidad Europea en su conjunto recalcaron sistemáticamente durante el Proceso Revolucionario en Curso

El panorama de los medios de comunicación internacionales de la época refleja la realidad que acabamos de describir. Inicialmente, el final de la dictadura tuvo una acogida muy positiva: se celebraba y había optimismo sobre el futuro de la Revolución portuguesa, como se vio en Le Monde i Le Figaro, que establecían paralelismos con la historia de Francia. [10]10 — Mesquita, M. (1994). “Da Celebração à Análise”. A: Mesquita, M.; Rebelo, J. (org.), O 25 de Abril nos Media Internacionais. Porto: Afrontamento, p. 33-41. Después, en Portugal hubo una gran afluencia de periodistas y políticos extranjeros para seguir la evolución política portuguesa; estos profesionales pusieron en el centro de sus análisis y de sus diarios cuestiones concretas como el posible efecto de la Revolución portuguesa en la democratización de otros estados europeos, o el futuro de los portugueses de las colonias en países vecinos como Rodesia o Sudáfrica. [11]11 — Vieira, J.; Monico, R. (2014). Nas Bocas do Mundo: O 25 de Abril e o PREC na Imprensa Internacional. Lisboa: Tinta da China. Todos ellos observaron y tomaron nota sobre los cambios de rumbo del Proceso Revolucionario en curso, se desanimaron con respecto al futuro de la democracia liberal y el peso de las fuerzas militares y de izquierda en la determinación de la evolución política y, a partir del 25 de noviembre de 1975, pronosticaron que la normalización democrática estaba en marcha y relativamente garantizada; por lo tanto, desplazaron su atención hacia otros procesos de transición democrática en curso.

Portugal y la tercera ola de democratización

Samuel P. Huntington, en su influyente obra The Third Wave: Democratisation in the Late Twentieth Century, [12]12 — Huntington, S. (1991). The Third Wave: Democratization in the Late Twentieth Century. Norman: University of Oklahoma Press. afirmaba que existen tres olas (cada vez más intensas) de democratización: la primera, de 1828 a 1926, seguida inmediatamente de una reacción violenta con el ascenso de regímenes como el fascismo italiano o el nazismo; la segunda, de 1943 a 1962, asociada en gran medida al final de la Segunda Guerra Mundial y seguida, también, de un periodo de reacción violenta, entre finales de los años 50 y medios de los 70, y la tercera, inaugurada por Portugal con la Revolución de Abril, y sin fecha de fin (en la época de la obra de Huntington), cuando Portugal tuvo un “efecto dominó”, sobre todo en estados del sur de Europa (Grecia y España), América Latina y más tarde, en el marco post Guerra Fría, en Europa del Este, entre otros.

Eso otorga una centralidad especial a la Revolución de Abril como iniciadora de esta ola, aunque Huntington no se centra en las especificidades que la diferencian de las otras, ni queda absolutamente claro el efecto “faro” de la democracia portuguesa sobre las otras. En otras palabras, si no claro está el “efecto dominó” como causa de la Revolución portuguesa y, por lo tanto, de qué manera el proceso político portugués ejerció una presión directa sobre la situación política de estos estados, tampoco está clara la relación entre los diferentes casos de esta ola.

De hecho, varios autores se muestran críticos con la propuesta de Huntington, tanto por las dificultades de definir o categorizar los diferentes regímenes políticos como por la misma idea de “ola” y lo que significa y comporta. En primer lugar, nos dice muy poco sobre las dinámicas que condujeron a este proceso, tanto colectiva como individualmente y, en segundo lugar, nos obliga a asumir una fuerza contextual externa indeterminada como causa de esta ola, de forma mecánica. En definitiva, y según Huntington, esta presión o contexto se basa en lo siguiente: el éxito económico interno y la crisis del petróleo; la promoción de los derechos humanos por parte de los EE.UU. y las reformas de Gorbachov en la Unión Soviética; la atracción del proceso de integración europea, y una Iglesia católica más inclinada a criticar las dictaduras y promover la democracia que en el pasado. En cualquier caso, eso se refiere a toda la tercera ola de democratización, y tiene muy poco que ver con el caso portugués específicamente. Tal como señala Gunitsky:

“La definición de Huntington se centra en el elemento más visible de las olas: la coincidencia temporal de varias transiciones. Pero al enfatizar esta coincidencia, la definición omite un elemento clave: tiene que haber una relación entre los diferentes casos. Que diferentes transiciones estallaran más o menos al mismo tiempo podría pasar por muchas razones, como un desarrollo paralelo, pero independiente, dentro de los mismos estados. Así, pues, el hecho de que se produjeran transiciones simultáneas no prueba que hubiera una ola si no se constata la existencia de vínculos comunes demostrables entre estas transiciones.” [13]13 — Gunitsky, S. (2018). “Democratic Waves in Historical Perspective”. Perspectives on Politics, vol. 16, núm. 3, p. 634-651. Disponible en línea.

En cualquier caso, incluso autores que plantean propuestas radicalmente diferentes, como Gunitsky y las 13 olas de democracia que identificó, de forma más matizada, siguen considerando Portugal el iniciador de la “ola de modernización” (1974-1988), cosa que demuestra la importancia y el legado de la Revolución de Abril en su contexto histórico. [14]14 — Gunitsky, S. (2018). “Democratic Waves in Historical Perspective”. Disponible en línea.

En vez de examinar el caso portugués desde el punto de vista de Huntington, que es más historicodescriptivo y no problematiza cada uno de los casos presentes en las olas de democratización, lo podemos analizar desde la perspectiva de Magen y Morlino, [15]15 — Magen, A.; Morlino, L. (ed.) (2009). International Actors, Democratization and the Rule of Law: Anchoring Democracy?. Londres / Nueva York: Routledge. que, centrándose en las causas de los procesos de democratización, destacan el vínculo entre elementos nacionales e internacionales.

“En el sistema internacional contemporáneo, los regímenes de los estados nación están sujetos a vínculos externos que pueden ser más o menos densos […], a presiones y a estímulos que influyen en las condiciones internas de la democracia. Sin embargo, la democracia y los procesos de democratización sólo existen dentro de los sistemas nacionales, de manera que el nivel de análisis adecuado de los procesos de democratización sigue siendo, esencialmente, el doméstico y, por lo tanto, el nexo correcto de investigación se tendría que centrar en identificar una interacción interna-externa empíricamente discernible de los organismos.” [16]16 — Magen, A.; Morlino, L. (ed.) (2009). International Actors, Democratization and the Rule of Law: Anchoring Democracy? p. 28-29.

Así, el caso portugués demuestra, incluso con la centralidad del imperio colonial, que el cambio de régimen se debe en gran medida a factores internos. [17]17 — Telo, A. J. (2008). História Contemporânea de Portugal: Do 25 de Abril à actualidade. Lisboa: Editorial Presença, vol. II. Eso no obvia el impacto que pueden haber tenido los factores internacionales, como la presencia de militares portugueses en la OTAN o, en el marco del Proceso Revolucionario en Curso, el contexto de distensión internacional o la presión internacional de los aliados de Portugal (Estados Unidos, estados europeos) u otros sobre los actores políticos o militares de la Revolución, pero este impacto tuvo su influencia (más o menos grande) a escala interna. De hecho, según estos autores, los elementos principales de influencia externa sobre el curso democrático interno son el control militar, la condicionalidad (positiva o negativa), la socialización y la emulación o el ejemplo.

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Monumento de homenaje a los Descubrimientos portugueses, desmantelado, São Tomé e Príncipe, 1975. Fotografía: Alfredo Cunha (vía Fundación Mário Soares y Maria Barroso)

No es difícil identificar como algunos de estos factores estaban presentes en el caso portugués: la misma presencia en la OTAN, así como, en febrero de 1975, el hecho de que el portaaviones USS Saratoga estuviera fondeado en Lisboa, prácticamente ante el Palacio de Belém, residencia oficial del presidente de la República Portuguesa; la condicionalidad aplicada por los donantes de ayuda económica, en concreto por los socios europeos, pero también por EE.UU. y la misma Comunidad Europea; la socialización de los militares portugueses en el marco de la OTAN, y también de los políticos portugueses, especialmente en el contexto de las familias europeas, en las que destaca Mário Soares, pero también Sá Carneiro, y en el marco del proceso de integración europea en sentido amplio, y el papel de emulación o ejemplo que los estados europeos, en particular, ejercieron a lo largo del diseño del sistema político portugués y de las diferentes áreas de las políticas públicas.

El caso portugués demuestra que el cambio de régimen se debe en gran medida a factores internos. Eso no obvia el impacto que pueden haber tenido factores como la presión internacional de los aliados de Portugal

Por lo tanto, aunque la producción científica sobre la Revolución de Abril ha tendido a centrarse en las olas de democratización propuestas, y en la tercera ola de democratización en particular, a causa del papel que Portugal ejerció, es evidente que su poder explicativo es muy limitado y claramente insuficiente, Eso nos ayuda a identificar el trabajo de Magen i Morlino como un elemento importante que podría contribuir a la explicación y a la causalidad en la investigación tanto desde la historia como desde la ciencia política y que, por lo tanto, merece más atención en futuras investigaciones y podría enriquecer enormemente nuestra comprensión actual de estos acontecimientos.

Conclusiones

La importancia del impacto internacional de la Revolución de Abril es, de entrada, un argumento difícil de establecer. Portugal, un pequeño estado periférico de Europa Occidental, vivió un golpe militar que puso fin a la larga dictadura fascista, y un proceso revolucionario que impuso la democracia, dos procesos tan destacables y significativos que tuvieron un impacto relevante en su marco regional, y también más allá.

Aunque para este último elemento existen pocos indicios que apunten hacia una confirmación plena, hay varios elementos en que el impacto internacional de la Revolución es visible: el final de la guerra colonial portuguesa y la descolonización de las antiguas colonias africanas de Portugal; la profundización de la relación entre Portugal y la Comunidad Europea, hasta la adhesión de Portugal, y la influencia que tuvo en la evolución de la situación política en España. De hecho, se puede señalar que, aunque tuvo un impacto, no transformó los procesos en curso, tampoco en el contexto de distensión de la Guerra Fría. Finalmente, hemos intentado demostrar que hay espacio en la literatura sobre democratización para que se refuerce el conocimiento sobre la Revolución de Abril, con una mejor articulación entre la literatura teórica sobre transiciones a la democracia y el profundo conocimiento histórico que ya se ha producido sobre el caso portugués, que aquí hemos intentado repasar brevemente.

  • Referencias y notas

    1 —

    Magone, J. (1997). “A integração europeia e a construção da democracia portuguesa”. Penélope: revista de história e ciências sociais, núm. 18, p. 123-163.

    2 —

    Sousa, P. P.; Martins, C. (2020). “Between Decolonization and the CPLP: Relations between Portugal and the New Portuguese-Speaking African States through Government Programs”. A: Zoppi, M. (ed.), A Tight Embrace: Narratives and Dynamics of Euro-African Relations. Lanham: Rowman & Littlefield, p. 165-194.

    3 —

    Mendes, P. E. (2012). Portugal e a Europa. Factores de afastamento e aproximação da política externa portuguesa (1970-1978). Porto: CEPESE (Centro de Estudos da População, Economia e Sociedade). Cunha, A. (2007). À Descoberta da Europa: A Adesão de Portugal às Comunidades Europeias. Lisboa: Ministério dos Negócios Estrangeiros.

    4 —

    Teixeira, N. S. (2010). “Breve ensaio sobre a política externa portuguesa”. Relações Internacionais, núm. 28, p. 51-60. Disponible en línea.

    5 —

    Se trata del periodo comprendido entre la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 y el golpe de estado del 25 de noviembre de 1975, y que constituye la fase revolucionaria de la transición hacia la democracia.

    6 —

    Sousa, P. P. (2020). “Portugal e a NATO: compreender a continuidade na política externa pós-Revolução de Abril a partir da análise de política externa”. A: Ferreira, A. S.; Madeira, J. As Esquerdas Radicais Ibéricas entre a Ditadura e a Democracia – Percursos Cruzados. Lisboa: Edições Colibri, p. 127-141.

    7 —

    Ferreira, J. M. (2004). “O 25 de Abril no Contexto Internacional”. Relações Internacionais, núm. 2, p. 143-158. Disponible en línea.

    8 —

    Ferreira, J. M. (2004). “O 25 de Abril no Contexto Internacional”. Disponible en línea.

    9 —

    Ferreira, J. M. (2004). “O 25 de Abril no Contexto Internacional”. Disponible en línea. Ver también Cervelló, J. S. (1993). A Revolução Portuguesa e a sua influência na transição espanhola (1961-1976). Lisboa: Assírio e Alvim; Telo, A. J. (2008). História Contemporânea de Portugal: Do 25 de Abril à actualidade. Lisboa: Editorial Presença, vol. II.

    10 —

    Mesquita, M. (1994). “Da Celebração à Análise”. A: Mesquita, M.; Rebelo, J. (org.), O 25 de Abril nos Media Internacionais. Porto: Afrontamento, p. 33-41.

    11 —

    Vieira, J.; Monico, R. (2014). Nas Bocas do Mundo: O 25 de Abril e o PREC na Imprensa Internacional. Lisboa: Tinta da China.

    12 —

    Huntington, S. (1991). The Third Wave: Democratization in the Late Twentieth Century. Norman: University of Oklahoma Press.

    13 —

    Gunitsky, S. (2018). “Democratic Waves in Historical Perspective”. Perspectives on Politics, vol. 16, núm. 3, p. 634-651. Disponible en línea.

    14 —

    Gunitsky, S. (2018). “Democratic Waves in Historical Perspective”. Disponible en línea.

    15 —

    Magen, A.; Morlino, L. (ed.) (2009). International Actors, Democratization and the Rule of Law: Anchoring Democracy?. Londres / Nueva York: Routledge.

    16 —

    Magen, A.; Morlino, L. (ed.) (2009). International Actors, Democratization and the Rule of Law: Anchoring Democracy? p. 28-29.

    17 —

    Telo, A. J. (2008). História Contemporânea de Portugal: Do 25 de Abril à actualidade. Lisboa: Editorial Presença, vol. II.

Pedro Ponte e Sousa

Pedro Ponte e Sousa es profesor invitado de Relaciones Internacionales en la Universidad Portucalense e investigador en el Instituto Portugués de Relaciones Internacionales (IPRI). Es doctorando en Estudios de la Globalización del Departamento de Estudios Políticos en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidade Nova de Lisboa (NUEVA FCSH). Su tesis doctoral trata de construir un marco analítico para discernir la relación entre globalización (y gobernanza global) y política exterior a partir del caso de Portugal. Sus intereses de investigación incluyen la política exterior y de seguridad, el análisis de la política exterior, la diplomacia, la globalización y la gobernanza global, especialmente en el sur de Europa (Portugal, España, Italia y Grecia).