Feminismo pro-derecho vs feminismo abolicionista 

El término trabajo sexual fue utilizado por primera vez por la trabajadora sexual, feminista y artista Carol Leigh a finales de los años Ochenta en defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo, la reivindicación de la mejora de condiciones de trabajo y la autoorganización de todas ellas en defensa de sus intereses como trabajadoras. Hablar de trabajo sexual en términos de trabajo, significa entonces reconocer antes que nada que este es un intercambio siempre voluntario de servicios sexuales por dinero. Implica reconocer que la prostitución no es sinónimo de trata porque no es un fenómeno unívoco, mucho menos uniforme y su heterogeneidad se complejiza con las diversas formas que asume no sólo en distintos contextos y mercados, sino también en términos históricos y culturales. Es cierto que la trata de mujeres representa una realidad muy compleja y que es tarea del feminismo luchar para que se acabe. Es cierto que en el trabajo sexual hay prácticas que reproducen el sistema capitalista. Pero su reproducción no habita en el trabajo sexual en sí, si no en el mecanismo de explotación laboral en que está incardinado.  

La lucha de las trabajadoras sexuales feministas y de todas las feministas pro-derechos consiste justamente en reconocer el trabajo sexual como trabajo. Ese sería, según ellas, el primer paso para destruir el estigma, para valorar la capacidad de decisión de cuantas se dedican a este oficio y para acabar con la condición de víctimas que el feminismo abolicionista les atribuye. Efectivamente, como recuerda Osborne: “Las prostitutas plantean las mismas cuestiones que las feministas (y que el conjunto de mujeres): aspiran al derecho al trabajo, a recibir protección contra la violencia, a una vida sexual en la forma en que cada una prefiera, y estas son cuestiones importantes para el feminismo, así que la lucha es la misma” (Osborne, 1991: 89). 

A pesar de que las trabajadoras sexuales pongan en el centro del debate feminista cuestiones fundamentales, aportando sus sabidurías y experiencias, en el feminismo sigue existiendo e intentando imponerse – aunque sin éxito – la postura abolicionista. Esta postura se apoya en la premisa de que la prostitución es incompatible con la dignidad humana, siendo las trabajadoras sexuales mujeres prostituidas por el sistema machista y capitalista. No hay diferencia entre prostitución y trata, no existe la prostitución voluntaria y bajo ningún concepto puede pensarse a la prostitución como trabajo sexual. Según las abolicionistas, en la prostitución no se compra un servicio sexual sino a la mujer misma, dando la oportunidad de practicar un juego de poder machista.  

Resistiendo a ordenanzas que castigan con multas el servicio sexual en la vía pública, desafiando los prejuicios de una sociedad moralizadora e hipócrita, respondiendo con dignidad a las amenazas de las abolicionistas, las trabajadoras sexuales son ejemplo de lucha y empoderamiento. También en Barcelona. Bajo el nombre de Prostitutas Indignadas antes y Putas Libertarias después, se organizan, se manifiestan, luchan sin miedo y apoyan vecinos y vecinas víctimas de una violencia ocultada que afecta todo el Raval de Barcelona. Presentes en todos los actos para pedir justicia para Juan Andrés Benítez, vecino del Raval que el 5 de octubre murió a golpes de porra delante la puerta de su casa; presentes a las movilizaciones organizadas para parar los infinitos ordenes de desahucios emitidos para sanear, limpiar o rehabilitar el barrio y que en realidad dejan a la calle enteras familias; presentes en las manifestaciones del 8 de marzo bajo el lema: “Sin putas no hay feminismo”, las trabajadoras sexuales de Barcelona no se cansan de luchar. Pisan con rabia e indignación las mismas calles donde María Llopis, la Bilbaína, la Valenciana y otras trabajadoras sexuales habían levantado barricadas y quemado iglesias en la insurrección de julio del 1909.  

Después de 100 años, las brujas rebeldes e insumisas siguen defendiendo su barrio, su dignidad y su trabajo. Desde el feminismo, por supuesto. Vamos a escuchar que quieren decirnos algunas de estas guerreras. 

Contrariamente al tópico alimentado por el discurso abolicionista, que considera las trabajadoras sexuales como “las victimas que hay que salvar”, las trabajadoras sexuales son antes que todo, cuidadoras; sujetas capaces de construir formas de atención dentro y fuera de su ámbito de trabajo
Janet, Kali y Paula

Janet es portavoz de las Putas Libertarias, referente de la lucha de las trabajadoras sexuales en Barcelona. Sudaka, puta y defensora de los derechos de las trabajadoras sexuales, su disidencia se viste de palabras cañeras que derrumban ciertos discursos moralizadores, así como la tormenta derrumba los castillos de papeles. Empezó en un club, siguió en un topless, luego en un apartamento y más tarde encontró lo que le gusta: la calle. 

Kali es cofundadora de Otras, organización sindical de las trabajadoras del sexo. Aunque joven, ya tiene claro que las trabajadoras del sexo tendrían que estar al frente de la lucha feminista. Su nombre de batalla, Kali, tiene una clara referencia a sus orígenes indios. Webcamer, escort, actriz porno y performer, ha entrado en el mundo de sexo de pago hace tres años y quiere seguir defendiendo su trabajo y los derechos de sus compañeras. 

La Paula es activista feminista. Ha trabajado en la calle, en cabaret, clubs, saunas, de encargada de pisos, alto standing, en bajo standing. Fue consejera de la CUP en el distrito de Ciutat Vella. Es la primera trabajadora sexual que llegó a la política municipal desde su activismo como puta feminista. Forma parte del colectivo Putas Indignadas y es delegada sindical del sector trabajo sexual de IAC (Intersindical Alternativa de Catalunya). 

¿Cuál es la situación actual del trabajo sexual en Barcelona? 

JANET: Nuestra realidad actual es totalmente de violencia institucional, violencia jurídica y violencia social. Nosotras como colectivo de trabajadoras sexuales realmente no entramos en las garantías básicas como cualquier ciudadano, no somos reconocidas como clase obrera. Tenemos en este momento una ordenanza cívica creada en el 2006 que se creó a modo higienista que nos criminaliza. Recibimos agresiones machistas tanto de día como de noche por parte de personas que pasan por aquí y se creen con derecho a insultarnos, a escupirnos, a robarnos o a pegarnos y cuentan con la impunidad. No tenemos credibilidad ante la jurisprudencia. Al ser trabajadoras sexuales, tiene más fuerza la voz de un criminal que la de nosotras. Acabo ahora mismo de volver de un juicio en donde el juez decidió exonerar a un tipo con antecedentes policiales que agredió, violentó, robó y amenazó con un cuchillo cinco compañeras que tuvieron la valentía de denunciar los hechos a los Mossos d’Esquadra. Fuimos acompañadas al juicio por cinco agentes de la guardia urbana testificando a nuestro favor. Imagino que la persona que hizo de juez tenía prejuicios hacia nosotras por el solo hecho de ser trabajadoras sexuales… 

KALI: Yo llevo tres años haciendo trabajo sexual y mi situación como puta es bastante precaria porqué he entrado a trabajar justo cuando aprobaron la ley Fosta/Sesta, una ley inventada para combatir la trata, pero en realidad se ha transformado en una autentica caza de brujas, una caza de todas las trabajadoras sexuales. Han quitado varias páginas de servicios de escort y por esto muchas chicas han tenido que ir a trabajar en la calle. Yo me puse en Twitter para anunciarme, pero me han expulsado. Han cerrado también mi página de Instagram que era mi única manera para hacerme un poco de promoción. Me sentía muy frustrada y enfadada. ¿Por qué siguen abiertas páginas web eróticas que promocionan porno? ¿Por qué no han cerrado playboy y mi cuenta sí? Mujeres blancas y muy famosas están promocionando su cuenta, pero han cerrado mi cuenta, quizás porqué hablaba del porno, porque hablaba de ser puta, porqué hablaba de los derechos, igual hablaba demasiado de los derechos…Bueno…En relación a Barcelona, te puedo hablar de Otras, un sindicato de trabajadoras sexuales del que soy cofundadora. Las abolicionistas quieren desmantelar nuestro sindicato y nosotras queremos tener una negociación con el gobierno para que nos reconozca. El sindicato sigue en pie a nivel legal como sindicato, pero no tenemos estatus, entonces tenemos poco poder en este sentido. 

PAULA: Para mí la situación actual de Barcelona a nivel de trabajo está precarizada porqué la economía del trabajo sexual tiene un efecto dominó con respecto a la situación económica de la ciudad. En mi caso, yo tengo que emigrar de España para ir en un país donde haya un poco más de dinero. Por esto ahora estoy en París. Pero, a nivel político, Barcelona es la cuna del movimiento del trabajo sexual y ha servido de ejemplo en otros países porqué hasta el día de hoy no existe otro colectivo que haya hecho tanta incidencia política a nivel comunitario, a nivel estatal como han sido las trabajadoras sexuales de Putas Indignadas o Putas Libertarias. Las compañeras de AMMAR en Argentina también son fuertes en este sentido, pero no hay más. Las Putas libertarias somos clase trabajadora superviviente, tenemos un poder político impresionante y seguimos creando vínculos políticos y espacios de luchas. Hemos logrado que nos escuchen como sujetas interlocutoras y yo misma he podido participar en el programa político de Ciutat Vella.  

¿Qué pueden aportar las putas al feminismo?

JANET: Podríamos aportar mucho si el feminismo realmente nos aceptara y nos reconociera como sujeto político, cosa que no es así. Podríamos aportar mucho más al feminismo con experiencias vividas, con experiencias reales de lo que es el vivir cada día como mujeres empoderadas, como mujeres de clase obrera, mujeres que luchamos cada día. El valor de las putas es reivindicar el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo sin ataduras, decidiendo el cuándo y el dónde. Considerando que mi cuerpo es mi territorio, es mi trinchera de lucha y por lo tanto tengo derecho a usarlo como yo quiero. Si nosotras parimos y nosotras decidimos, también tendríamos que asumir que nosotras follamos gratis o cobrando. El feminismo tendría que renacer de las cenizas porqué el feminismo hoy en día está más prostituido que las mismas putas. Creo que sería necesario que el feminismo abriera su perspectiva a otras realidades para que todas las mujeres, transexuales incluidas, podamos avanzar juntas.

KALI: Las putas somos madres, hermanas, amigas, somos gente que cuida muchísimo a nuestro entorno. Ayudamos a la gente a disfrutar de su sexualidad, ayudamos a la gente a tener orgasmos, como por ejemplo la gente con diversidad funcional. Ayudamos a la gente a descubrir su fantasía y su deseo. Aportamos muchísimo al feminismo porque cuidamos algo muy importante que es la sexualidad, tanto de las mujeres como de los hombres como de las personas trans. Las personas que hacen trabajo sexual tienen una perspectiva muy inteligente sobre el feminismo, sobre la inclusión, sobre los cuidados. El feminismo no solamente debería de incluir, sino que debería de poner en el frente a las personas que hacemos trabajo sexual porque sabemos muy bien como luchar, como incluir a la gente, como crear espacios, como reivindicar las cosas. La lucha feminista debería incluirnos a todas. Estamos luchando para las personas queer, las personas trans, las personas no binarias, las personas con diversidad funcional, las mujeres cis, las personas racializadas, las niñas, las jóvenes, las ancianas. Estamos luchando para todas, entonces es muy ridículo el feminismo que no incluye a las trabajadoras sexuales. Porqué si una persona dentro del feminismo no tiene derechos, nadie tiene derechos. Entonces un feminismo abolicionista no tiene sentido. Creo que las putas deberían estar en el frente de la lucha feminista. Las feministas blancas y burguesas han actuado como guardianas y han decidido quien puede entrar y quien no. Esto no es feminismo, es supremacía blanca cis. 

PAULA: Uno de los mandamientos del feminismo es escucharnos entre nosotras, respetarnos y aprender de nuestras experiencias. Nosotras podemos compartir con las otras mujeres el mito del patriarcado que se cae en pedazos frente a una puta. Este hombre tan poderoso que muestra su fragilidad frente a una puta, estas mentiras sobre la sexualidad masculina, es sobre todo esto que podemos compartir. Podemos aportar mucho, por ejemplo, recordar qué significa el empoderamiento de nuestro cuerpo. Nosotras decidimos, nosotras tenemos el poder.  

¿Qué pedirías a los gobiernos?

JANET: Antes que nada, la despenalización, luego el reconocimiento a nivel jurídico, social y político, reconocernos como clase obrera. En un sistema capitalista todas estamos obligadas a trabajar para nuestras necesidades básicas, por lo tanto, el trabajo sexual tiene que estar reconocido igual que otros trabajos de cuidado. 

KALI: Primero pedimos a los políticos sentarse con nosotras y parar de hacer leyes y charlas sin nosotras. Me parece flipante que puedan hacer leyes sobre el trabajo sexual sin consultar a las putas. Segundo, pedimos ofrecernos un espacio seguro donde no vayan las abolicionistas a violentar nuestros discursos. Tercero, venir bien informadas sobre el trabajo sexual. No pedimos que vengan con un doctorado de trabajo sexual, pero que sepan lo básico sobre el trabajo sexual. Vamos luchando a nivel global para tener más debate sobre la discriminación del trabajo sexual y creo que cada vez las pro-derechos somos más. 

PAULA: Primero, la descriminalización sobre el trabajo sexual, que no exista ningún tipo de castigo, multa o persecución a las trabajadoras sexuales y a sus clientes. Segundo, que no se copie ningún modelo de ningún país del mundo sobre el trabajo sexual, que se adopte en cambio una visión local que tenga en cuenta las realidades sociales y culturales de las trabajadoras sexuales del espacio, preguntando como quieren que se regule o se lleve a cabo el reconocimiento del trabajo sexual. Más que regular queremos que se reconozca el trabajo sexual como trabajo. Tercero, pedimos un acompañamiento político social para la desestigmatización de las trabajadoras sexuales y que haya programas de trabajo diferentes para quien quiera dejar el trabajo sexual. Cuarto, facilitar la regulación de las trabajadoras sexuales que migran y en general las personas que migran. 

La carne que goza hace la guerra al patriarcado

En el 1972, Simone De Beauvoir afirmaba que se hizo feminista cuando reconoció su solidaridad con otras mujeres en lugar de su separación de ellas. Efectivamente, el feminismo tendría que construirse como espacio que acoge y une las voces de muchas mujeres, ya que se articula al mismo tiempo como filosofía política y movimiento social colectivo. Frente a la violencia institucional, a las agresiones machistas, a leyes que tienen como finalidad la caza de brujas, a jueces que dan más credibilidad a la voz de un criminal que a las de las putas y a todos los casos de vulneración de los derechos básicos de las trabajadoras sexuales, el feminismo tendría que brindar solidaridad –o mejor dicho sororidad– a sus compañeras que trabajan ofreciendo servicios sexuales. 

Janet, Kali y Paula bien lo expresan con sus palabras: solo queremos, por parte del feminismo y por parte de los gobiernos, que nos reconozcan como sujetas de derechos, que hablen con nosotras y no de nosotras, que el trabajo sexual también venga reconocido como cualquier otro trabajo de cuidado. Porqué, contrariamente al tópico alimentado por el discurso abolicionista, que considera las trabajadoras sexuales como “las victimas que hay que salvar”, las trabajadoras sexuales son antes que todo, cuidadoras. Las trabajadoras sexuales no son personas que tienen que ser atendidas por parte de instituciones médicas y religiosas, son, en cambio, sujetas capaces de construir formas de cuidado dentro y fuera de su trabajo ya que cuidan a los clientes, las amigas y sus seres queridos. 

Es tarea del feminismo entonces, antes que la de los gobiernos, reconocer a las trabajadoras sexuales como sujetas políticas, como aliadas, como cuidadoras. Es tarea del feminismo no solo apoyar su lucha sino aprender de ella. Porqué las trabajadoras sexuales – las que ejercen su profesión sin depender de nadie – hacen guerra al patriarcado y contra la hipocresía de quienes piensan que todas las trabajadoras sexuales son víctimas sumisas. Levantan barricadas construidas con su propia piel, con su propia carne: una carne deseante y deseada, una carne que reconoce la urgencia de luchar contra la trata, pero que bien sabe que comparar prostitución y trata, implica discriminar aún más la prostitución misma porque niega a todas las trabajadoras sexuales la capacidad de agencia y de libre decisión sobre sus cuerpos. Una carne que reivindica el derecho de hacer con su propio cuerpo lo que más le apetezca. El derecho a abortar. El derecho a follar gratis o cobrando. El derecho a estar en una calle sin sufrir acosos o en una página web sin censuras. Una carne, en fin, que se hace trinchera de lucha y que goza, que disfruta, que ama, que apela las otras carnes a unirse a esta cartografía feminista de la disidencia. 

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Livia Motterle

Livia Motterle es filósofa, antropóloga y activista feminista pro-derechos de las trabajadoras sexuales. Doctora en el programa de Estudios Avanzados de Antropología Social por la Universidad de Barcelona, actualmente es investigadora postdoctoral en el CIEG (Centro de Investigaciones y Estudios de Género) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su investigación, sus artículos y sus conferencias se basan en la relación entre trabajo sexual, violencia de género, poder, cuerpo, afectividad, espacio público y disidencia. Ha estudiado las dinámicas de construcción, manipulación y difusión de imaginarios socioculturales sobre las trabajadoras del sexo


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Janet

Janet es prostituta, disidente y defensora de los derechos de las trabajadoras sexuales. Trabaja en la calle y es portavoz de las Putas Libertarias, una alianza de trabajadoras sexuales del barrio del Raval de Barcelona cuyo objetivo es el combate de la persecución institucional y policial que sufre el colectivo. La entidad se ha convertido en una entidad referente de su lucha


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Kali Sudhra

Kali Sudhra es cofundadora de Otras, una organización sindical de trabajadoras del sexo. Pese a su juventud, está convencida de que las trabajadoras sexuales deberían de estar en la vanguardia de la lucha feminista. Su nombre de batalla, Kali, la vincula con sus orígenes indios. Webcamer, escort, actriz porno y performer, entró en el mundo del sexo de pago hace tres años


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Paula Ezkerra

Paula es una activista feminista. Ha trabajado en la calle, en cabarets, clubs, saunas y también de encargada de pisos. Ha sido consejera municipal de las CUP en el distrito de Ciutat Vella. Es la primera trabajadora sexual en llegar a la política municipal desde su activismo feminista. Forma parte del colectivo Putes Indignades y es la delegada sindical de la sectorial de trabajo sexual de la IAC (Intersindical Alternativa de Catalunya)