“La educación es el punto en el cual decidimos si amamos el mundo lo suficiente como para asumir una responsabilidad por él”, escribió Hannah Arendt hace más de 60 años. La educación como responsabilidad ante los otros y ante el planeta en el que vivimos. De forma simple, esta es la idea de educación de calidad por la que apuesta la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Una agenda política internacional, aprobada por Naciones Unidas en 2015, que integra los principales retos globales a los que nos enfrentamos como personas y comunidades.

La educación de calidad como herramienta de progreso y pilar de la Agenda 2030

Esta Agenda centra la consecución de sus diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), establecidos para el año 2030 en las actividades humanas, bajo una triple vertiente económica, social y medioambiental. Una triple aproximación indisoluble, tan indisoluble como los diecisiete ODS. Todos ellos están interrelacionados y no se entenderían de forma aislada. Y entre los diecisiete ODS, el número 4 busca precisamente “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todo el mundo”. Un ODS que actúa como motor de los otros dieciséis puesto que, sin su consecución, resulta difícil aspirar a una ciudadanía global con las capacidades para entender un mundo cambiante y en tensión.

De esta manera, también en la Agenda 2030, la educación se sigue mostrando como la herramienta más poderosa para el progreso personal y colectivo, que nos permite construir sociedades más prósperas, cultas y justas. Fijémonos en cómo, más allá del propio ODS 4, la educación es un factor necesario en la consecución de muchos otros hitos recogidos en los Objetivos. De hecho, la sostenibilidad no podrá ser efectiva si no es mediante su extensión como paradigma y a través de la concienciación y la formación de todos nosotros. Lo mismo podemos decir en la construcción de sociedades más justas, solidarias, que reconozcan la igualdad de las personas, o que apuesten por el avance de una economía sostenible e innovadora.

La Agenda 2030 nos plantea como reto el acceso equitativo de todo el mundo a una educación de calidad durante todas las etapas de la vida

No es nuevo que la educación sea uno de los elementos presentes en las agendas políticas internacionales, pero la Agenda 2030 pone el acento en la relevancia de la calidad de esta educación. Además, por primera vez, se pretende “ir más allá del alfabetismo y la aritmética para centrarnos en entornos de aprendizaje y en nuevos enfoques del aprendizaje para alcanzar más justicia, equidad social y solidaridad global” en palabras de Irina Bokova, anterior directora general de la UNESCO. Por primera vez también, el alcance de la educación no sólo se piensa como universal, sino que se concibe como algo transversal, que se despliega a lo largo de la vida de las personas. Y así se incluye como novedad entre las metas a alcanzar el acceso inclusivo y equitativo a una educación superior, necesariamente de calidad.

Tampoco se olvida la Agenda 2030 de la profesión docente. El profesorado —en su sentido más amplio— es presentado como actor clave en todo este proceso transformador de la ciudadanía, como facilitador de un aprendizaje que también tendrá que entender la diversidad y desarrollar competencias para vivir juntos y para proteger el medio ambiente. Toda una declaración de intenciones. Por este motivo, el informe base para la formulación del ODS de educación de calidad, Repensar la educación. Hacia un bien común mundial (UNESCO, 2015), señala que se tiene que trabajar con los equipos docentes con el fin de mejorar su cualificación, incrementar su autonomía y potenciar su situación profesional y laboral.

Todos estos elementos dibujan una educación de calidad como bien común. Un bien común que forma tándem con uno de los hilos conductores de la Agenda 2030: el conocimiento. Un conocimiento que se comparte en los centros educativos y las universidades, que se transforma en innovaciones y soluciones para las comunidades; un conocimiento que se genera en la academia y también en otros entornos, como hospitales, museos, empresas o administraciones públicas. Asimismo, el conocimiento se ha convertido en los últimos años en un factor estratégico de progreso de las sociedades y las economías. Aspiramos a vivir en la sociedad del conocimiento. La Agenda lo reconoce y aboga por extenderlo por todas partes, para abrirlo de par en par, con tal de que no sea una nueva fuente de poder de unos pocos o un factor que cause desigualdades entre países avanzados y países descapitalizados.

En definitiva, la Agenda 2030 nos plantea como reto el acceso equitativo de todo el mundo (niños, jóvenes y adultos) a una educación de calidad (formal, no formal, informal, profesionalizadora) durante todas las etapas de la vida. Un reto que requiere de una voluntad política que se materialice también en una inversión mundial de 340.000 millones de dólares americanos anuales entre 2015 y 2030, según estimaciones del Global Education Monitoring Report. Un reto global y al mismo tiempo local que todavía estamos lejos de alcanzar.

La evolución de los sistemas educativos: entre la mejora y el impacto de la pandemia de la Covid-19

A pesar de todos los avances de las últimas décadas, un aspecto que sigue caracterizando la situación educativa en todo el mundo es la desigualdad. Una desigualdad de acceso a la educación alimentada por muchas otras iniquidades. Así, mientras que en términos globales un 88% de los niños completan la educación primaria, en países del África Subsahariana como Malaui, Senegal o el Chad este porcentaje no llega a un 25%, según datos del Scoping Progress in Education de la UNESCO. Asimetrías parecidas se encuentran también en la educación secundaria y terciaria

Este resultado desigual entre países se agrava en numerosas ocasiones por factores que se suman a la geografía, como los ingresos económicos de las familias, el género o la raza. De hecho, sólo dos de cada tres países del mundo han alcanzado la paridad de género en la educación primaria. O, por ejemplo, la escolarización de los niños en Laos pasa del 96% de las familias ricas a un 28% de las familias más pobres. Pero, más allá de los porcentajes, no olvidemos que cada cifra representa a una persona. Y son más de 50 millones de niños los que no van a la escuela.

Sin embargo, ha habido notables mejoras desde que se aprobó la Agenda 2030. Así, en 2019 el ritmo de acceso a la educación primaria era tal que esta era una de las pocas metas de la Agenda 2030 que podía ser alcanzada, según el informe de científicos independientes The Future is now. Science for achieving sustainable development.

Pero de forma repentina llega la pandemia de la COVID-19 y lo detiene todo. A partir de marzo del 2020, escuelas, institutos y universidades se cierran debido a la situación de crisis sociosanitaria. Más de 1.500 millones de estudiantes se ven afectados, es decir, más del 90% del total mundial según los datos del Sustainable Development Goals Report 2020.

Los efectos del cierre de centros educativos preocupan a la comunidad docente global: posibles pérdidas en el aprendizaje de la generación en edad de escolarización, posibles incrementos en las desigualdades anteriormente citadas. Así lo señala un reciente informe de CEPAL y UNICEF que destaca la relación entre las privaciones de vivienda y la vulneración de otros derechos de la infancia, como poder contar con un espacio adecuado para estudiar y descansar, para más de 80 millones de niños y adolescentes en las zonas urbanas en América Llatina.

Por una parte, la COVID-19 ha destapado una realidad educativa con muchas carencias; de la otra, la pandemia ha hecho aflorar también numerosas iniciativas que aportan respuestas acertadas y avances importantes en tiempo récord

Para paliar los efectos nocivos de los cierres de centros educativos, se ponen en marcha inmediatamente metodologías alternativas para una docencia de emergencia en remoto. Con más o menos éxito en función del nivel educativo y de las regiones, se adaptan también currículums y procesos de acompañamiento y de evaluación del aprendizaje. El papel de los equipos docentes y de las familias ha sido fundamental en toda esta adaptación y respuesta a las situaciones provocadas por la pandemia. Unos equipos y unas personas que, en muchas ocasiones, no han tenido las herramientas, la formación y el apoyo necesarios para afrontar este cambio radical de su día a día.

Así, una crisis sociosanitaria mundial ha generado una tensión sin precedentes en todos los sistemas educativos sin excepción. Por una parte, la COVID-19 ha destapado una realidad educativa con muchas carencias, muchas de ellas ya señaladas en la Agenda 2030. De la otra, la pandemia ha hecho aflorar también numerosas iniciativas que aportan respuestas acertadas y avances importantes en tiempo récord. Una tensión que todavía no sabemos cómo ni cuándo se resolverá.

La educación en Cataluña en el contexto de la Agenda 2030

En Cataluña, la pandemia llega en medio del proceso de articulación de la Agenda 2030 en todo el territorio y todos los sectores, incluido el educativo.

A finales de 2019, el Gobierno de la Generalitat aprueba el Pla nacional per a la implementació de l’Agenda 2030 a Catalunya, en el que participan todos los departamentos de la Generalitat. Con respecto al ODS de la educación de calidad, el Plan formula un total de 81 compromisos que abarcan todos los niveles educativos e incluyen a todos los actores del sistema. Un número generoso de compromisos que apuntan a resolver algunas carencias, como garantizar la oferta educativa de 0 a 3 años o reducir la segregación escolar, así como a mejorar algunos aspectos que toman todavía más relevancia durante la pandemia, como garantizar la competencia digital de todos los alumnos o incluir el principio de coeducación en todos los niveles educativos.

Pero este trabajo no se queda a nivel de departamentos. También los centros educativos y las universidades catalanas incorporan la Agenda 2030 en sus hojas de ruta para dar respuesta no sólo al ODS 4, sino también al resto de objetivos de desarrollo sostenible.

En este sentido, es destacable la implicación del sistema universitario catalán. De la recopilación de iniciativas ligadas a los ODS que inicia la Associación Catalana de Universidades Públicas (ACUP) en 2017 se trabaja hasta cerrar el 2020 con la aprobación del Plan de acción por la Agenda 2030 por parte del Consejo Interuniversitario de Catalunya (CIC). Un plan de acción que pretende acelerar la incorporación de la Agenda 2030 en el sí del sistema universitario catalán. Un plan de acción, construido de manera colaborativa incluyendo a los diferentes agentes del sistema más allá de las 12 universidades como agencias y centros de investigación, que se articula en 5 dimensiones:

  1. Estrategia y gobernanza
  2. Educación y docencia
  3. Investigación y transferencia
  4. Compromiso con la sociedad
  5. Iniciativas de campus

Un plan de acción sistémico que no tiene todavía análogos en el mundo. En esta línea, también hay que destacar el trabajo constante llevado a cabo por la Global University Network for Innovation, GUNi, que preside y dirige la ACUP en colaboración con la UNESCO.

En cualquier caso, estos planes se complementan a la hora de abordar los diecisiete ODS. Buscan, por una parte, resolver las necesidades de nuestro sistema educativo. Algunas de estas carencias se resumen en la diagnosis elaborada por el Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS) en 2016 en forma de quince prioridades que abarcan desde garantizar la calidad de la educación obligatoria y la equidad del sistema a universalizar la consecución de los estudios secundarios superiores. Otros se encuentran en estudios como el Via Universitària: Accés, condicions d’aprenentatge, expectatives i retorns dels estudis universitaris (2017-2019), donde se demuestra, que tan solo el 10,5% de los estudiantes de las universidades de la Xarxa Vives provienen de familias con un nivel formativo y de empleo de ambos progenitores bajo. Por otro lado, estos planes también incorporan en cierto modo el abordaje de las tendencias amplificadas durante la pandemia de la COVID19, como la transformación digital del sector educativo.

La realidad del sistema educativo en Cataluña es compleja y habría que analizar con mucho detenimiento sus carencias, puntos fuertes y prioridades de futuro. Un acertado análisis es el que queda recogido en el artículo L’emergència de la transformació educativa, que publicaron recientemente los directores de los Anuarios de la educación de la Fundación Jaume Bofill. Los autores argumentan que es necesario situar la educación como prioridad política de primer orden en nuestro país y avanzar en un nuevo paradigma educativo que sobre todo se centre en el aprendizaje y los aprendices. Esta prioridad se tiene que traducir en el incremento sostenido de la financiación, ya que actualmente Cataluña está a la cola de Europa en financiación pública de la educación. El incremento tendría que permitir en una década alcanzar el 5% de inversión en educación con respecto al PIB.

La educación y la cultura se nos muestran de nuevo como vectores imprescindibles para el progreso y el bienestar; para construir ciudadanía y para establecer las bases para una ética pública compartida

Asimismo, los ámbitos de transformación de la educación son, de acuerdo con los autores del artículo, cuatro: el modelo educativo, la equidad, los profesionales y la gobernanza del sistema. La transformación tendría que permitir garantizar, de forma prioritaria, la oferta educativa entre 0-3 años; reducir significativamente la segregación escolar; luchar contra el abandono escolar; apostar por una formación inicial y permanente de calidad de los profesionales; incrementar y mejorar la formación continua a lo largo y ancho de la vida; empoderar a los equipos docentes y los centros educativos (otorgando capacidades de gestión y mayor autonomía); fomentar el talento joven; favorecer en todo momento la educación para el desarrollo sostenible y la Agenda 2030. Una propuesta de acción totalmente en línea con el Plan nacional para la implementación de la Agenda 2030 en Cataluña citado anteriormente.

La educación de calidad para la transformación social

Más allá de la pandemia, sin embargo, el mundo afronta retos de gran alcance y transformaciones radicales en los últimos años: por supuesto el reto planetario de la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático, pero también la transformación de las economías y del mundo de trabajo, la necesidad de una gobernanza y de una ciudadanía globales, la crisis de las democracias liberales y el auge de los populismos y fascismos, así como transformaciones radicales en el ámbito tecnológico, como la digitalización, la inteligencia artificial o los avances en biomedicina o nuevos materiales que implicarán repensar el mundo tal como lo hemos entendido hasta hoy día.

Desde esta perspectiva, la educación y la cultura se nos muestran de nuevo como vectores imprescindibles para el progreso y el bienestar; para construir ciudadanía y para establecer las bases para una ética pública compartida. Una educación de calidad y como bien común compartido. Una educación que genera talento y que sabrá desarrollar vías de mejora y nuevos caminos para el progreso colectivo. En este contexto, nos parecen muy pertinentes las propuestas que lleva a cabo la Comisión internacional sobre los futuros de la educación de la UNESCO en su documento La educación en un mundo tras la Covid: nueve ideas para la acción pública. Son las siguientes:

  • Comprometerse a fortalecer la educación como bien común. La educación como baluarte contra las desigualdades.
  • Ampliar la definición del derecho a la educación para abordar la importancia de la conectividad y el acceso al conocimiento y a la información.
  • Valorar la profesión docente y la colaboración de los maestros. Fomentar condiciones que den a los educadores de primera línea autonomía y flexibilidad para actuar conjuntamente.
  • Promover la participación y los derechos de los estudiantes, los jóvenes y los niños.
  • Proteger los espacios sociales que ofrecen las escuelas a medida que transformamos la educación. La escuela como espacio físico es indispensable.
  • Poner tecnologías libres y de código abierto a disposición de los docentes y de los estudiantes.
  • Asegurar la impartición de conocimientos científicos basados en el plan de estudios. Fomentar la reflexión a fondo sobre los planes de estudio, en particular al oponernos a la negación del conocimiento científico y combatir activamente la desinformación.
  • Proteger la financiación nacional e internacional de la educación pública.
  • Fomentar la solidaridad mundial para poner fin a los niveles actuales de desigualdad. Renovar los compromisos con la cooperación internacional y el multilateralismo.

A pesar de la situación actual, a pesar de la pandemia y la crisis generalizada, tenemos clara la diagnosis sobre la situación de los sistemas educativos. Muchas son las propuestas que diferentes comités, asociaciones y gobiernos han ido poniendo sobre la mesa con el fin de mejorar la educación de la ciudadanía. Estas ideas de mejora son cada vez más ambiciosas en relación al alcance poblacional, niveles educativos y actores implicados. Si amamos lo suficiente el mundo, disponemos de diez años para hacerlas realidad.

  • BIBLIOGRAFÍA

    • Ariño, A.; Llopis, R.; Martínez, M.; Pons, E. i Prades, A. (2019) “Via Universitària: Accés, condicions d’aprenentatge, expectatives i retorns dels estudis universitaris (2017-2019)”. Xarxa Vives d’Universitats. Disponible en línea.
    •  Bonal, X.; Coll, C.; Pedró, F.; Martínez, M.; Riera, J. i Vilalta, J.M. Directors dels Anuaris de l’Educació a Catalunya, Fundació Jaume Bofill (2020) “L’emergència de la transformació educativa”, Opinió, Diari Ara. Disponible en línea.
    • CEPAL/UNICEF (Comisión Económica para América Latina y el Caribe/Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) (2020), “La ciudad y los derechos de niñas, niños y adolescentes”, Desafíos, N° 23, Santiago, enero. Disponible en línea.
    • Comisión internacional sobre los Futuros de la Educación (2020) “La educación en un mundo tras la COVID: nueve ideas para la acción pública.”  París, UNESCO. Disponible en línea.
    • Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible (2019) “Pla nacional per a la implementació de l’Agenda 2030 a Catalunya”. Gencat. Disponible en línea.
    • UNESCO (2015) “Repensar l’Educació”. Centre UNESCO de Catalunya, Barcelona. Disponible en línea.
    • UNESCO (2020) “Scoping Progress in Education”. Disponible en línea.
    • UNESCO (2020) “Global education monitoring report, 2020: Inclusion and education: all means all”. Paris, UNESCO . Disponible en línea.
    • United Nations (2020) “The Sustainable Development Goals Report 2020”. Department of Economic and Social Affairs. New York.  Disponible en línea.
    • United Nations, Independent Group of Scientists appointed by the Secretary-General (2019) “Global Sustainable Development Report 2019: The Future is Now – Science for Achieving Sustainable Development”. New York. Disponible en línea.

Pastora Martínez-Samper

Pastora Martínez-Samper es vicerrectora de Globalización y Cooperación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) desde febrero de 2016. Es presidenta de la Unidad de Igualdad de la UOC desde septiembre de 2016. Es responsable de la planificación estratégica de la UOC en relación a la contribución de la Universidad a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la aplicación del Plan de Acción de Conocimiento Abierto. También contribuye en la participación de las universidades catalanas y españolas en la implementación de la Agenda 2030. Es doctora en Física por la Universidad Autónoma de Madrid, tiene un Máster en Liderazgo y Gestión de la Ciencia (UPF, UAB y UB) y Máster ejecutivo en Administración de Empresas (EADA Business School). Tiene más de 15 años de experiencia en la gestión de la ciencia, incluyendo la gestión de centros de investigación. Ha sido invitada a participar en varios talleres y cursos centrados en la contribución de las Universidades a la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, la investigación e innovación responsables y la ciencia abierta.


Josep M. Vilalta

Josep M. Vilalta Verdú es Secretario Ejecutivo de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP) y Director de la Global University Network for Innovation (GUNi), red internacional de universidades que promueven la UNESCO, la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) y la ACUP. Tiene un grado en Geografía e Historia (UB), un Máster en Gestión Pública (UAB), un Máster en Teoría Política y Social (UPF) y un Posgrado en Higher Education Management (Open University y Universiteit Twente). Es especialista en gestión y políticas públicas, política educativa y gestión universitaria e I+D. Ha sido profesor universitario y Subdirector General de Investigación de la Generalitat de Cataluña; Jefe del área de Evaluación, Estudios y Cooperación Universitaria de la Generalitat; Jefe de la Unidad de Planificación Estratégica de la Universitat Politècnica de Catalunya; Coordinador de la Cátedra UNESCO de Gestión Universitaria; Subdirector de Gestión del Laboratorio de Ingeniería Marítima (UPC) y Secretario Ejecutivo de Centro Internacional de Gestión de los Recursos Costeros.