Las crisis actúan como combustible del populismo y del extremismo de derechas: la derecha radical alimenta el miedo y lo intensifica, señala las cabezas de turco con atribuciones racistas e ideologías conspirativas antisemitas e intenta obtener una dominación nacionalista bajo la apariencia de «soberanía nacional». Moviliza el resentimiento, las contradicciones y la insatisfacción entre la población. Y eso, a menudo, se ve acompañado por el temor de lo que puede ofrecer el futuro y la preocupación de que el grupo nacional o étnico de referencia se encuentre en desventaja al competir con otros grupos. Un estudio histórico del Banco de la Reserva Federal de Nueva York encontró una correlación significativa entre la intensidad con la que se vieron afectadas las regiones por la pandemia de gripe de los años 1918 y 1919 y el apoyo a los nazis en las elecciones celebradas a principios de los años treinta [1]1 — Blickle, Kristian (2020): «Pandemics Change Cities: Municipal Spending and Voter Extremism in Germany, 1918-1933». Informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, núm. 921. . Durante las crisis de principios del siglo XXI, resurgieron las acusaciones populistas que afirmaban que las «élites» no protegían el «pueblo» de las amenazas externas, sino que lo traicionaban. ¿Debemos considerar, pues, que las lecciones que hemos aprendido de las experiencias del siglo XX y las reacciones políticas a la crisis económica posterior a 2007 y a la crisis migratoria de 2015 han quedado obsoletas con respecto a la pandemia del coronavirus y sus consecuencias? Durante la crisis del coronavirus, la población europea se ha congregado cada vez más detrás de las «élites» y los gobiernos liberales.

Aunque la derecha radical y populista de diferentes países ha reaccionado de una manera similar a la crisis provocada por el coronavirus, es evidente que, en todo el mundo, y particularmente en Europa, los partidos de extrema derecha no han sido capaces hasta ahora de convertir en votos la crisis internacional más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Al contrario: el apoyo a la extrema derecha se ha erosionado. En muchos países europeos, desde España hasta Alemania, los partidos de extrema derecha han perdido apoyo en los sondeos electorales. Son una excepción el partido gobernante húngaro Fidesz, el belga Vlaams Belang y el PVV en los Países Bajos, que no han perdido fuelle. Aunque la Lega ha perdido apoyos en Italia, el partido radical de derechas Fratelli d’Italia se ha hecho más fuerte. En Alemania (AFD) y en España (Vox), los partidos de la extrema derecha se han estabilizado después de una bajada notable en el momento álgido de la primera ola del coronavirus de marzo y abril, y ahora ya se encuentran cerca del nivel inicial anterior a la crisis.

La pérdida y el estancamiento de votos de la extrema derecha es comprensible, porque hasta ahora el comportamiento programático y propagandístico de los políticos de extrema derecha durante la crisis ha sido más bien pobre. Y esto ha resultado particularmente fatal allí donde gobiernan los partidos de derecha radicales y populistas. Los países del mundo con las tasas absolutas más altas de infección por Covid-19 están gobernados por políticos que forman parte de la derecha radical y populista: Brasil, Estados Unidos y el Reino Unido. Aunque los Estados Unidos representan sólo el 4,25% de la población mundial, más de una cuarta parte de las infecciones y de las muertes registradas en el mundo por Covid-19 se han producido en este país [2]2 — Woods, Eric Taylor; Schertzer, Robert; Greenfeld, Liah; Hughes, Chris; Miller-Idriss, Cynthia (2020). «COVID-19, nationalism, and the politics of crisis: A scholarly exchange». Publicado en Nations and Nationalism. DOI: 10.1111/nana.12644. . El grupo de estudio sobre nacionalismos formado por Woods et al. considera que una de las razones de estas cifras son los ataques identitarios de los populistas contra la supuesta «élite corrupta», que también incluye la comunidad experta, académica y científica. La deslegitimación de la experiencia científica y de la cooperación mundial, así como de las organizaciones multinacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), hace más difícil reaccionar ante las amenazas y evitar los daños o, al menos, reducirlos. La agitación antielitista y anticientífica de la derecha radical y populista ha provocado, sin lugar a dudas, tasas más altas de infección y mortalidad debidas a la COVID-19 [3]3 — Woods et al. (2020), página 10. .

Reacción de la derecha radical y populista ante la COVID-19

Las respuestas de la derecha radical y populista a la pandemia han sido similares en todo el mundo: maniobras de distracción, rechazo, desprecio y negación. Primero, los partidos de derechas atacaron los gobiernos de Francia, Italia, Austria y Alemania, entre otros, porque habían ordenado el confinamiento demasiado tarde. Y, poco después, criticaron que el confinamiento fuera demasiado largo y estricto. La derecha radical y populista europea ha criticado reiteradamente la Unión Europea junto con los gobiernos nacionales respectivos. En línea con su ADN político general, la derecha exige respuestas nacionalistas a la pandemia. Muchos partidos de extrema derecha europeos siguen un programa chovinista del bienestar también en relación con la política sanitaria. El programa tiene como objetivo organizar el acceso a la atención sanitaria de manera desigual (incluso más que antes) y, sobre todo, excluir los grupos inmigrantes vulnerables. Esta agenda política representa una amenaza para muchos sectores de la población, por ejemplo, para personas en paro o desprotegidas económicamente [4]4 — Rinaldi, Chiara; Bekker, Marleen P. M. (2020). «A Scoping Review of Populist Radical Right Parties’ Influence on Welfare Policy and its Implications for Population Health in Europe». Publicado en el International journal of health policy and management. DOI: 10.34172/ijhpm.2020.48. . Esta política rompe la cohesión social en Europa y es idónea para que se propaguen las pandemias.

En Gran Bretaña, Italia, España, Austria, Polonia, Alemania, Hungría, Francia y EEUU, los argumentos de la derecha radical y populista han sido similares. Para sacar provecho de la crisis, la derecha ha hecho discursos muy emotivos y, durante el confinamiento, se ha presentado como el ayudante y la defensora de los ancianos autóctonos que estaban aislados. Alegan que, con las fronteras cerradas, nadie habría muerto, y que la migración, la globalización y la multiculturalidad son las auténticas raíces del mal y se deben cortar de raíz. Es decir, la multiculturalidad ha destruido la cohesión social, por lo que las sociedades nacionales no pueden hacer frente a la pandemia.

La derecha radical y populista argumenta que la migración, la globalización y la multiculturalidad son las auténticas raíces del mal, y se deben cortar de raíz. Alegan que, con las fronteras cerradas, nadie habría muerto

Pero hay algunos desacuerdos dentro de la derecha radical y populista europea en cuanto a la valoración del virus: algunos consideran de manera general que es una invención y otros defienden que es una exageración; en realidad no sería nada más que una gripe sin importancia. Otros subrayan la amenaza del virus como un peligro «importado» del que China es la única responsable, o afirman que el virus de la Covid-19 ha sido creado intencionadamente (ya sea por China, Bill Gates o Israel) como arma biológica. En sus consignas y en las redes sociales queda claro que la derecha radical europea ha adoptado las posiciones de Donald Trump y de sus partidarios norteamericanos de extrema derecha, incluyendo las delirantes narrativas sobre la conspiración QAnon. Miles de opositores de derechas al gobierno alemán, por ejemplo, escribieron a la embajada estadounidense para pedir a la administración Trump que invadiera Alemania y liberara el país con una (re)ocupación. Trump, a su vez, pidió a sus seguidores, la mayoría de ellos armados, que «liberaran» los estados norteamericanos del confinamiento provocado por el coronavirus.

En las comunidades ideológicas extremistas y conspirativas de derechas de las redes sociales, se difunden mensajes que glorifican la violencia y el prototerrorismo, especialmente contra la población judía y otras minorías. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, las narrativas conspirativas antisemitas están especialmente extendidas en EE.UU., Francia y Alemania. El virus se debería usar como arma biológica contra estos grupos. Algunos hablan sobre el derrocamiento del sistema: los acceleracionistas sueñan con aprovecharse de la situación causada por la crisis e intensificarla con ataques dirigidos. La amenaza latente de violencia se incrementa debido a que hay sectores enteros de la población que cada vez están más aislados de la realidad, en particular por culpa de ideologías conspirativas como QAnon, particularmente activas en las redes sociales.

Estos escenarios, anteriormente restringidos en gran medida a las redes virtuales, influyen en las protestas que se han llevado a cabo en muchos países europeos contra las medidas tomadas por los gobiernos nacionales ante el coronavirus: durante el verano de 2020 se han hecho manifestaciones en España, Italia, Austria, Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, Bélgica, Rumanía y Grecia, donde también, y a veces exclusivamente, se han movilizado grupos y partidos radicales de derechas. Alemania se ha convertido en un centro europeo de protestas contra las medidas para hacer frente al coronavirus: cerca de 20.000 personas se manifestaron en Berlín a principios de agosto. Aunque el partido de extrema derecha AFD también ha intentado beneficiarse de este sentimiento antigubernamental e intensificarlo, hasta ahora sólo ha tenido un papel menor en las protestas. Los grupos partidarios de las ideologías conspirativas, los opositores a las vacunas y los seguidores del antroposofismo y el esoterismo determinan la imagen y la comunicación política del difuso espectro de las protestas, pero los límites del radicalismo de la derecha son difusos.

Entre los manifestantes también se incluyen algunos críticos de izquierda alternativos de la globalización, los llamados Ciudadanos del Reich, que niegan la existencia de la República Federal de Alemania, así como neonazis, antisemitas y políticos y partidarios del AFD. Las encuestas de población representativas de Alemania muestran que las protestas siguen siendo aisladas: según una encuesta de FORSA (Instituto de Investigación Social y Análisis Estadístico), el 91% de la población no entiende las protestas. Sólo entre el electorado del partido de extrema derecha AFD, las manifestaciones cuentan con la aprobación de la mayoría. Para hacer una comparación: en diciembre de 2014, el 29% de los alemanes mostraron su comprensión por las manifestaciones de los patriotas europeos contra la islamización de occidente (PEGIDA).

Una encuesta que se llevó a cabo en marzo y abril de 2020 en los países de Europa occidental concluyó que el confinamiento ha hecho aumentar la confianza hacia el gobierno y la satisfacción con la democracia

Para los extremistas de derechas como el Movimiento Identitario, las protestas parcialmente heterogéneas de los negacionistas del coronavirus son, sobre todo, un vehículo para aumentar la insatisfacción y la desconfianza hacia las «élites» y la globalización y, por tanto, ampliar el espacio de resonancia social para los matices nacionalistas y populistas. Martin Sellner, uno de los líderes de la extrema derecha extraparlamentaria en Europa, promueve esta estrategia desde las primeras protestas de abril de 2020. En el rechazo a las medidas tomadas para hacer frente al coronavirus, en Europa hay una mezcla entre la extrema derecha y los militantes antivacunas, que comparten, entre otras cosas, un enemigo común: Bill Gates. Le acusan a él y a su fundación de querer implantar mediante las vacunas un microchip en las personas para gobernar el mundo.

Esta acusación encaja con el rechazo radical de la derecha a la globalización, el cosmopolitismo y el liberalismo, como también con la afirmación antisemita de la existencia de un gobierno mundial judío secreto. En general, estos entornos de protesta de oposición se encuentran aislados, porque las grandes mayorías se acercan cada vez más a la política de sus gobiernos. Una encuesta representativa en línea, que se llevó a cabo en marzo y abril de 2020 en los países de Europa occidental, arrojó este resultado: el confinamiento ha hecho aumentar la intención de voto hacia el partido actualmente en el poder, así como la confianza hacia el gobierno y la satisfacción con la democracia. Por lo tanto, los gobiernos no populistas se benefician del hecho de que durante una crisis la población tiende a agruparse en torno a sus líderes nacionales para gestionar la crisis [5]5 — Blais, Andre; Bol, Damien, Giani, Marco; Loewen, Peter (2020). «The effect of COVID‐19 lockdowns on political support: Some good news for democracy?». Publicado en el European Journal of Political Research. DOI: 10.1111/1475-6765.12401. .

Por consiguiente, es obvio que no todas las crisis son iguales. Porque, aunque la llamada crisis de los refugiados de los años 2015 y 2016 provocó una polarización masiva, una crítica fundamental al gobierno y un fortalecimiento de la derecha radical y populista en muchos países europeos, el resultado provisional de la crisis del coronavirus es lo contrario: las derechas pierden. Ni las incertidumbres generales ni las preocupaciones no ideológicas parecen ser el factor decisivo para que las derechas radicales y populistas se beneficien de las crisis. En cambio, son decisivas las demandas básicas que, en términos de contenido, provocan una crisis, siempre también moldeada por el discurso público y mediático. La migración, el nacionalismo y el racismo son cuestiones básicas de la derecha radical y populista que puede propagarse de manera auténtica. La pandemia, al igual que la crisis climática, sólo afecta de manera marginal las cuestiones identitarias de la derecha y, por tanto, aún no la puede utilizar en una escala mayor. No está claro si la derecha radical podrá aprovecharse de la recesión económica y de la agitación social provocadas por la crisis del coronavirus.

¿Los perdedores de la crisis?

Por lo tanto, ¿los partidos de extrema derecha son los perdedores de la crisis? Es posible que a largo plazo acaben siendo los ganadores por haber alcanzado sus objetivos de manera indirecta. Porque incluso los gobiernos que no son de derechas han cerrado las fronteras nacionales con el fin de combatir la pandemia. Los gobiernos de los países han demostrado ser más eficaces que la Unión Europea. Sus políticas tienen el apoyo de la mayor parte de la población, y los dirigentes gozan de una confianza creciente: la pandemia ha reforzado la cohesión nacional. Pero el sueño del populismo nacionalista es un estado-nación fuerte, la represión autoritaria contra la disidencia y el cierre de las fronteras. Es probable que los partidos de la extrema derecha pierdan apoyo porque los gobiernos nacionales han satisfecho esta necesidad de control nacional. Pero, a largo plazo, este camino supone un peligro para la Unión Europea, el multilateralismo y la democracia liberal.

El aislamiento y la desolidarización nacionales no pueden ser una solución sostenible para el cambio climático global. Al contrario, las consecuencias del calentamiento global, provocadas por la crisis, se agudizarán si el norte global continúa consumiendo y produciendo a costa del sur e ignora las personas especialmente afectadas por el cambio climático. También hay indicios claros de que la crisis del coronavirus ha aumentado el desprecio y la hostilidad racistas. En todo el mundo ha habido numerosos actos de violencia basados ​​en prejuicios, especialmente contra personas asiáticas. En algunos casos, por ejemplo, fueron atacadas con desinfectantes por motivos racistas. Las comunidades de refugiados, judías, musulmanas, así como las comunidades gitanas, sinti y romaní, han sido denigradas en campañas de la derecha radical, culpándolas de la pandemia o afirmando que el Estado privilegiaba estos grupos. Una reciente encuesta llevada a cabo en la República Checa muestra como la incidencia de la crisis de la COVID-19 refuerza las actitudes hostiles hacia los extranjeros [6]6 — Bartoš, Vojtĕch; Bauer, Michal; Cahliková,, Jana; Chytilová, Julie (2020). «COVID-19 Crisis Fuels Hostility against Foreigners». Sociedad de Munich para la Promoción de la Investigación Económica. Munic. Documentos de trabajo de CESifo. .

La pandemia está preparando un terreno fértil para la erosión de los principios democráticos y la aceptación de un cambio tecnocrático o autoritario. Si los gobiernos que no son de derechas también confían en estas cartas, a largo plazo se reducirán los derechos y la libertad

Una encuesta española, junto con varias encuestas nacionales, muestra que se ha generalizado la voluntad de sacrificar las libertades civiles básicas y apoyar un fuerte liderazgo para contener la pandemia [7]7 — Amat, Francesc; Arenas, Andreu; Falcó-Gimeno, Albert; Muñoz, Jordi (2020). «Pandemics meet democracy. Experimental evidence from the COVID-19 crisis in Spain». . Esto conlleva el riesgo de que el Estado y la política sean más autoritarios y represivos a largo plazo. El control y la vigilancia pueden propagarse y perdurar más allá de la pandemia. Las tendencias autoritarias lo tienen más fácil cuando se encuentran con menos resistencia. Por tanto, en base a los datos, los autores de estas encuestas advierten de que la pandemia de COVID-19 está preparando un terreno fértil para la erosión de los principios democráticos y la aceptación de un cambio tecnocrático o autoritario. La situación excepcional requiere una política responsable, un control efectivo de los gobiernos y de las instituciones de gobierno y una mentalidad abierta de los medios de comunicación y de la sociedad civil. Pero esta lucha importante por la democracia liberal se ve contrarrestada por las movilizaciones ideológicas conspirativas y las campañas radicales de derechas que, con la excusa de defender los derechos fundamentales, persiguen en realidad intereses particularistas, nacionalistas y racistas.

A pesar de los contratiempos que ha sufrido la derecha radical y populista en muchos países europeos, es demasiado pronto para saber si la democracia liberal se encuentra en peligro. No debemos olvidar que la problemática no radica en las personas o los partidos, sino en su contenido reaccionario y excluyente: en particular el autoritarismo, el nacionalismo y los conceptos de desigualdad. Por tanto, la problemática se halla en el hecho de que, si ahora los gobiernos y los partidos que no son de derechas también confían en estas cartas, a largo plazo se reducirán los derechos a la libertad. Los radicales de derechas enmarcan la nacionalización como una historia de éxito, enfatizan la división entre «las personas con vínculos con su país de origen» y «la élite globalista»; y de la nueva normalidad se derivan afirmaciones que se interponen en el camino de los ideales de multiculturalidad, cosmopolitismo y multilateralismo.

En Hungría y Polonia, los gobiernos de derechas han utilizado la pandemia para aumentar su poder. Pero existe otro riesgo relacionado indirectamente con la pandemia: la profunda crisis económica y las políticas anticientíficas y peligrosas para la salud del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la pandemia podrían ser los factores decisivos para que el actual presidente pierda las elecciones del 3 de noviembre. No es absurdo pensar que Trump no reconozca los resultados de las elecciones e intente mantenerse en el poder con narraciones conspirativas sobre fraude electoral y la presión de sus partidarios armados. Un intento de esta magnitud en el antiguamente considerado como centro de la democracia occidental podría aplazar la ventana de Overton del sistema democrático (de valores) también en Europa y ampliar las herramientas de la derecha radical para incluir la opción del cambio de régimen. En Alemania y Austria, entre otros, la derecha radical extraparlamentaria hace varios años que lleva a cabo campañas que cuestionan o niegan sistemáticamente la legitimidad de las elecciones y denuncian el fraude electoral en detrimento de los partidos de extrema derecha.

Conclusión

Como todo lo demás, la pandemia del coronavirus que empezó en marzo de 2020 también ha frustrado abruptamente los planes de los radicales y de los populistas y, como mínimo, ha aplazado sus campañas. Antes de la pandemia, el posicionamiento de la derecha en el debate climático había ganado importancia en todo el mundo. También en este caso, Donald Trump y Jair Bolsonaro son los pioneros de la extrema derecha que promueve la sobreexplotación del medio ambiente y relativiza y niega el cambio climático provocado por el hombre. Mientras tanto, la urgencia de la pandemia ha anulado la participación programática y el trabajo en red de las derechas internacionales sobre este tema. Muchos de los argumentos y enfoques de la derecha radical y populista sobre el coronavirus y la crisis climática son similares. El antiintelectualismo y el rechazo hacia los hechos científicos y los peligros que amenazan la vida caracterizan generalmente la forma en que la derecha radical y populista trata tanto la crisis del coronavirus como la crisis climática a escala internacional. Los grupos negacionistas radicales de derechas del cambio climático, los opositores a los movimientos climáticos mundiales y los activistas anti-Greta Thunberg simplemente han transferido sus patrones de argumentación de la crisis climática a la pandemia del coronavirus.

Para contrarrestar las tendencias hacia la nacionalización y la agitación de la derecha europea, los efectos del paquete de ayudas de la Unión Europea contra el coronavirus deben notarse de manera rápida y específica. Es una oportunidad de mejorar la reputación del proyecto europeo

En los argumentos y los debates de los grupos opositores a la política de gestión del coronavirus hay numerosas referencias a los debates sobre el clima. Muchos manifestantes se mueven no sólo por la crítica a las medidas tomadas por los gobiernos para hacer frente al coronavirus, sino sobre todo por motivos egoístas y chovinistas: la supuesta preocupación por la pérdida de libertades y derechos fundamentales en realidad a menudo significa una preocupación por la pérdida de la libertad de vivir imprudentemente a costa de los demás. Creen que la externalización de los costes de la forma de vida y de la producción del capitalismo globalizado no puede funcionar para siempre. Pero, en vez de luchar por soluciones sostenibles, buscan su salvación en un individualismo exacerbado basado en el egoísmo libertario, que puede encontrar su expresión tanto en el chovinismo nacional y populista como en el escapismo antipolítico y esotérico. Ni en la pandemia ni en la cuestión climática están dispuestos a aceptar las restricciones y la solidaridad, por lo que se refugian en ideologías alternativas y conspirativas absurdas y a veces totalmente contradictorias.

La forma en que la extrema derecha está encarando la pandemia es un claro indicador de los conflictos crecientes provocados por la crisis climática mundial. Por último, pero no menos importante, se puede utilizar esta circunstancia para estudiar cómo la democracia tendría que afrontar los ataques de la extrema derecha. Para una ciencia responsable y una política basada en hechos, la pandemia ofrece la oportunidad de generar confianza a largo plazo entre la mayor parte de la población y fortalecer la resistencia ante la propaganda populista y nacionalista. La política, los medios de comunicación y la sociedad civil no deben permitir que la pequeña y en gran parte reaccionaria minoría de grupos negacionistas y banalizadores de la pandemia y la crisis climática, que se encuentran en todas las sociedades occidentales, acaben dominando el sentimiento ciudadano y desviando la política hacia ese camino. Europa y la sociedad mundial se enfrentan a múltiples retos en el contexto de la pandemia: esto incluye la protección de la salud de la población, pero también la cooperación multilateral y la supresión de las tendencias autoritarias, nacionalistas y racistas en la política internacional, así como en las actitudes de la población y en la cultura política.

Para contrarrestar las tendencias hacia la nacionalización y la agitación de la derecha europea, los efectos del paquete de ayudas de la Unión Europea contra el coronavirus deben notarse de manera rápida y específica. Se presenta una oportunidad de mejorar la reputación del proyecto europeo si la política de financiación llega de manera eficiente, rápida y con un esfuerzo burocrático razonable a aquellos que dependen de ayudas financieras. La creciente difusión de contenidos conspirativos ideológicos requiere más educación y prevención sobre el funcionamiento psicológico, político y mediático de estas ofertas. Los mensajes de odio, las llamadas a la violencia y la desinformación en las redes sociales no se pueden perseguir sólo con medios represivos, sino que también necesitan una ciudadanía sensibilizada y responsable que se oponga y no se deje seducir. Pero el equilibrio democrático también puede verse afectado en caso de que los gobiernos abusen de la confianza de la población. Esto sería fatal, sobre todo de cara a la necesidad de una transformación política, económica y ecológica del régimen de desigualdades europeo en tránsito hacia sociedades más sostenibles, justas, resistentes y abiertas que puedan soportar el veneno del autoritarismo, el egoísmo y el nacionalismo que se ha hecho patente durante la crisis del coronavirus.

  • REFERENCIAS

    1 —

    Blickle, Kristian (2020): «Pandemics Change Cities: Municipal Spending and Voter Extremism in Germany, 1918-1933». Informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, núm. 921.

    2 —

    Woods, Eric Taylor; Schertzer, Robert; Greenfeld, Liah; Hughes, Chris; Miller-Idriss, Cynthia (2020). «COVID-19, nationalism, and the politics of crisis: A scholarly exchange». Publicado en Nations and Nationalism. DOI: 10.1111/nana.12644.

    3 —

    Woods et al. (2020), página 10.

    4 —

    Rinaldi, Chiara; Bekker, Marleen P. M. (2020). «A Scoping Review of Populist Radical Right Parties’ Influence on Welfare Policy and its Implications for Population Health in Europe». Publicado en el International journal of health policy and management. DOI: 10.34172/ijhpm.2020.48.

    5 —

    Blais, Andre; Bol, Damien, Giani, Marco; Loewen, Peter (2020). «The effect of COVID‐19 lockdowns on political support: Some good news for democracy?». Publicado en el European Journal of Political Research. DOI: 10.1111/1475-6765.12401.

    6 —

    Bartoš, Vojtĕch; Bauer, Michal; Cahliková,, Jana; Chytilová, Julie (2020). «COVID-19 Crisis Fuels Hostility against Foreigners». Sociedad de Munich para la Promoción de la Investigación Económica. Munic. Documentos de trabajo de CESifo.

    7 —

    Amat, Francesc; Arenas, Andreu; Falcó-Gimeno, Albert; Muñoz, Jordi (2020). «Pandemics meet democracy. Experimental evidence from the COVID-19 crisis in Spain».

Matthias Quent

Matthias Quent

Matthias Quent es sociólogo y director-fundador del Instituto para la Democracia y la Sociedad Civil de Jena, en Alemania. Sus trabajos se centran en el análisis de la extrema derecha, la radicalización y los delitos de odio. Es licenciado en Sociología, Ciencias Políticas e Historia moderna por la Universidad Friedrich Schiller de Jena y la Universidad de Leicester, en Inglaterra. Se doctoró con una tesis sobre las interrelaciones y las dinámicas de las influencias individuales, grupales y sociales en la radicalización del terrorismo de derecha. Es autor de varios libros de ensayo publicados por la editorial alemana Piper, como Deutschland rechts außen (La extrema derecha alemana, 2019) y 33 Fragen und Antworten zum Rechtsextremismus (33 preguntas y respuestas sobre el extremismo de derechas, 2020). En el año 2012 recibió el premio al talento joven de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Düsseldorf por su investigación sobre el extremismo neonazi. En 2016 también fue galardonado con el premio al coraje moral de la ciudad de Jena.