En el ya famoso discurso que Nkosazana Dlamini-Zuma dio en Etiopía en 2014, la antigua presidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA) expresaba su visión sobre la renovación de África. En un mensaje que ella denominó «un email del futur», con fecha de 24 de enero de 2063, escribe al antiguo presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, describiéndole aquello que la Unión Africana había logrado a lo largo de las cinco décadas anteriores.

La carta describe un continente integrado, próspero y pacífico en 2063, en el que todos sus habitantes tienen acceso a una educación y una sanidad de calidad, y en el que se impulsan campañas para erradicar enfermedades graves. En 2063, África es un continente industrializado, y la Unión Africana es ya una organización supranacional consolidada.

La Agenda 2063 de la Comisión de la Unión Africana recoge la visión que Nkosazana Dlamini-Zuma describe en el email, así como los diversos pasos que debe seguir para hacerla realidad. La Agenda 2063 sigue siendo el plan de acción de la UA para alcanzar su objetivo. Sin embargo, como suele suceder en estas instituciones, la adhesión política a la Agenda 2063 ha decaído, en parte desde que Dlamini-Zuma dejó su cargo en 2016.

Esto no solo se debe al cambio en el liderazgo de la Unión Africana, sino también al nuevo enfoque de los últimos años, que ha optado por priorizar la seguridad y la estabilidad del continente a corto plazo, y promover un debate más amplio sobre la labor que la UA realiza en la actualidad y aquella que debería realizar. La institución y sus 55 estados miembros llevan lidiando con esta cuestión desde 2002.

Ahora que la Unión Africana celebrará sus primeros veinte años en 2022, muchos ciudadanos africanos lamentan los escasos avances y mejoras en el ámbito económico, la integración regional y la erradicación de conflictos.

África está muy lejos de ser un continente pacífico. Los conflictos y la corrupción, las pugnas políticas y la ausencia de liderazgo dificultan el desarrollo y la prosperidad. Por otra parte, la pandemia del Covid-19 ha causado un retroceso en muchos frentes.

Según los últimos datos recogidos, el PIB per cápita en el continente ha caído drásticamente y, según el mejor pronóstico, se estima que no recuperará los niveles de 2019 hasta 2024. Si se comparan estos datos con previsiones anteriores, en 2030 habrá 14 millones más de africanos pobres, lo cual impedirá que varios países alcancen en 2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible [1]1 — Cilliers, J. et al. (2020) «The impact of Covid-19 in Africa – a scenario analysis to 2030», ISS Africa Report 24. Disponible en línea. .

Para que la Unión Africana pueda salir adelante deben plantearse nuevas prioridades. Por ejemplo, ¿cuál es el mejor enfoque que puede adoptar este organismo continental? ¿Debería ocuparse de cuestiones de desarrollo a largo plazo, o centrarse en consolidar la democracia y las buenas prácticas de gobierno? ¿O el primer paso debería ser, quizás, garantizar la paz, la seguridad y la estabilidad?

La Unión Africana no es una organización supranacional, y ninguno de sus estados miembros le ha cedido soberanía. Para que salga adelante deben plantearse nuevas prioridades

La Comisión de la Unión Africana en Adís Abeba, que cuenta con unos 3.000 empleados, carece de fondos y estructura suficientes para poder poner en práctica los ambiciosos planes que seguramente tienen para el continente. Por otra parte, la UA no es una organización supranacional, y ninguno de sus estados miembros le ha cedido soberanía. A lo sumo, tiene capacidad para sugerir, persuadir y convocar. Es más, la UA no puede serlo todo para el pueblo. Hay que tomar decisiones.

El poder de convocatoria de la Unión Africana

No obstante, desde principios de 2020, la Unión Africana ha conseguido convencer a algunos de sus detractores de que, de hecho, dada su respuesta a la pandemia de COVID-19, su existencia tiene un sentido práctico.

Es más, la respuesta inclusiva e informativa que la Unión Africana dio a la pandemia fue muy elogiada [2]2 — Peace and Security Council Report. «Covid-19: South Africa takes charge at home and on the continent». Publicado el 22 de abril de 2020. Disponible en línea. . Los Centros Africanos para el Control de Enfermedades y su director, el doctor John Nkengasong, han puesto un empeño excepcional en afrontar la situación, dadas las limitaciones de su organización y de la UA en conjunto.

En marzo de 2020, el anterior presidente de la UA, Cyril Ramaphosa, convocó la primera reunión del consejo de administración de la UA, en el que se incluía a Ramaphosa, a Abdel Fattah el-Sisi (Egipto), a Ibrahim Boubacar Keita (Malí), a Uhuru Kenyatta (Kenia) y a Felix Tshisekedi (RDC). En las reuniones virtuales que se sostuvieron a lo largo de los meses siguientes participaron los presidentes de ocho Comunidades Económicas Regionales (CERs) reconocidas por la Unión Africana [3]3 — Según explicó HE Xolisa Makaya, embajador de Sudáfrica en Addis Abeba, durante un webinar organizado por el Instituto de Estudios de Seguridad el 12 de agosto de 2020. .

En estas reuniones, el consejo nombró a cinco enviados especiales, expertos en economía y finanzas [4]4 — Los cinco enviados especiales son: Ngozi Okonjo-Iweala, exministro de Finanzas de Nigeria; Donald Kaberuka, expresidente del Banco Africano de Desarrollo de Ruanda; Tidjane Thiam, conocido banquero de Costa de Marfil; Trevor Manuel, exministro de Finanzas de Sudáfrica; y Benkhalfa Abderrahmane, exministro de Finanzas de Argelia. . La Unión Africana también designó al magnate de la tecnología móvil, Strive Masiyiwa, como enviado especial para crear una plataforma de gestión de suministros sanitarios con el fin de paliar los efectos de la COVID-19 en toda la extensión del continente.

También se redactó una estrategia continental [5]5 — La estrategia continental conjunta de la Unión Africana para luchar contra la pandemia de la COVID-19 («AU Joint Continental strategy for fighting the Covid-19 outbreak») se puede consultar en la página web de la UA. con el objeto de «fomentar una práctica sanitaria pública con fundamento empírico, a fin de supervisar, prevenir, diagnosticar, tratar y controlar la COVID-19», y se creó un fondo COVID-19 para ayudar a los países a hacer frente a la pandemia y dotar de recursos sanitarios a los Centros de Control y Prevención de enfermedades en África.

Asimismo, la Unión Africana ha llegado a un acuerdo de colaboración con otros socios, como el G20, el banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otros, para solicitar una reducción de la deuda y para dar a la vacuna contra la COVID-19 consideración de «bien público mundial» accesible a todos los países africanos.

El hecho de que se decidiera incluir a todos los miembros del consejo administrativo de la Unión Africana, que representa a las cinco regiones del continente, es importante para la estructura institucional de la organización. Es una ruptura drástica con el pasado reciente, en que algunos presidentes, como Idriss Deby de Chad (2016), Alpha Condé de Guinea (2017), Kagame (2018) y el-Sisi (2019) decidieron aplicar un mecanismo tipo troika, que solo incluía al presidente anterior de la UA, al vigente y al siguiente, para tomar decisiones fundamentales.

Estas iniciativas permitieron a la Unión Africana dar a conocer los beneficios prácticos de un sistema institucional, y demostrar que un enfoque colectivo puede favorecer a los estados miembros de la organización.

La representación e inclusión regionales eran elementos clave. Así, por ejemplo, inicialmente el grupo de cuatro enviados especiales no incluía a la región Septentrional de África, lo cual se rectificó incorporando a la organización a Benkhalfa Abderrahmane, ex ministro de Finanzas de Argelia.

La Unión Africana ha puesto en marcha una serie de iniciativas en la lucha contra la COVID-19 que le han permitido dar a conocer los beneficios prácticos de un sistema institucional y demostrar que un enfoque colectivo puede favorecer a los estados miembros de la organización

La estrecha colaboración entre la Unión Africana y la Organización Mundial de la Salud, con el ex ministro de Etiopía, Tedros Ghebreyesus, al frente, reforzó la respuesta sanitaria con una base científica.

A medida que las vacunas empezaron a estar disponibles a finales de 2020, la función de la UA también fue decisiva para reunir recursos con el fin de hacerlas más accesibles a la ciudadanía, sobre todo a través de la iniciativa Covax.

No obstante, hay que apuntar que existe un cierto grado de escepticismo entre los estados miembros (algunos líderes regionales) sobre si la Unión Africana es suficientemente competente para combatir la COVID-19. Lo cierto es que el continente africano va a la zaga del resto del mundo en la distribución de vacunas.

Los logros y desafíos de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA)

Asimismo, podría decirse que el mayor logro de la Unión Africana hasta ahora ha sido la creación de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA, por sus siglas en inglés), que entró en vigor una vez obtenida en 2019 la cantidad de ratificaciones necesarias. Las actividades comerciales se iniciaron el 1 de enero de 2021.

El Banco Mundial defiende que la AfCFTA es «una gran oportunidad para impulsar el crecimiento, reducir la pobreza y propiciar la inclusión económica» [6]6 — Banco Mundial (2020). «Trade Pact Could Boost Africa’s Income by $450 Billion, Study Finds». Nota de prensa publicada el 27 de julio de 2020. Disponible en línea. . La organización estima que esta zona de libre comercio podría significar $450 billones de ingresos para el continente, y sacar de la pobreza a 30 millones de personas.

Jakkie Cilliers [7]7 — Peter Fabricius (2019). «Will free trade be Africa’s economic game changer?». Institute for Security Studies (ISS). Artículo publicado el 23 de mayo de 2019. Disponible en línea. , experto del sudafricano Instituto de Estudios de Seguridad (ISS, por sus siglas en inglés), también opina que, entre todos los factores que pueden contribuir al crecimiento de África en las próximas décadas —como una agricultura más productiva, una mejora de servicios públicos como la educación y la sanidad, y una mejor infraestructura—, la AfCFTA podría ser el más importante a corto plazo. Esta zona de libre comercio permitirá a una serie de economías, restringidas durante siglos a rutas comerciales coloniales que solo podían enviar materias primas fuera del continente, beneficiarse de una transformación y un valor añadido en su propio territorio, porque también podrán comerciar con regiones y países africanos vecinos. Gracias a la AfCFTA, África tendrá la posibilidad de formar parte de cadenas de valor mundiales, cuando actualmente no es el caso.

El hecho de haber conseguido que casi todos los estados miembros de la Unión Africana hayan firmado el acuerdo para crear la AfCFTA y que ya se hubieran obtenido 36 ratificaciones en febrero de 2021, solo tres años después de que los jefes de estado de esos países adoptaran la resolución en marzo de 2018, puede considerarse un avance rápido para la Unión Africana, ya que este tipo de acuerdos y ratificaciones suelen tardar bastantes más años en resolverse.

Uno de los motivos que explican la rápida ratificación es el fuerte impulso de algunas economías potentes detrás de la AfCFTA, como Sudáfrica. Nigeria, la primera economía africana, mostró cierta renuencia inicial a firmar el acuerdo (sobre todo por temor a que la exportación de bienes de Sudáfrica inundara los mercados libres de aranceles), pero acabó uniéndose al proyecto y, de hecho, podría ser uno de los países más beneficiados por la AfCFTA.

Hasta ahora, el mayor logro de la Unión Africana ha sido la creación de la Zona de Libre Comercio Continental Africana

Así es, las grandes economías africanas que exportan productos al resto del continente serán las más beneficiadas. Por lo que habrá que asegurar que las industrias emergentes y los productos de exportación de países menores también sean tenidos en cuenta en la carrera para abrir nuevos mercados y aumentar el comercio entre regiones y países africanos.

Garantizar la paz

Aparte de ocuparse del desarrollo económico del continente, la principal labor de la Unión Africana sigue siendo asegurar la paz y la seguridad en el continente. En este aspecto, los resultados en los últimos veinte años han sido, en el mejor de los casos, muy dispares.

Los primeros acuerdos de paz, alcanzados gracias a las iniciativas de mediación de la Unión Africana y al despliegue de tropas para establecer la paz y detener conflictos, se recibieron con optimismo. Fue el caso de Burundi en 2003, por ejemplo, donde se desplegó la primera misión. Y gracias a grandes esfuerzos para mantener la paz y al despliegue de tropas de las Naciones Unidas en República Democrática del Congo, se puso fin a una guerra devastadora que implicó al menos a seis países vecinos.

La misión conjunta con las Naciones Unidas para detener la guerra en Darfur (Sudán) permitió recuperar la seguridad en una zona asolada por una guerra que había causado 300.000 muertes desde el inicio del conflicto, a principios del año 2000. Las tropas híbridas de las Naciones Unidas y la Unión Africana para Darfur (las fuerzas UNAMID, por sus siglas en inglés) están en proceso de disolución casi diez años después de ser creadas.

El proyecto más importante de la Unión Africana —y que más tiempo ha durado— en lo que respecta al envío de tropas y ayuda se inició en Somalia en 2007, bajo el nombre de Misión Africana en Somalia (AMISOM por sus siglas en inglés), y su labor de estabilizar completamente el país y liberarlo del violento grupo extremista Al Shabaab sigue en marcha.

En muchos casos, la Unión Africana y sus Comunidades Económicas Regionales han sido las primeras en reaccionar a crisis humanitarias graves que arrojan una gran cantidad de víctimas, como las misiones de la UA en la República Central Africana y Malí, donde la Comunidad Económica de los Estados de África Central y la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental intentaron intervenir para mitigar conflictos. Pero en la mayoría de casos, la falta de fondos y recursos ha obligado a la Unión Africana a traspasar estas misiones a las Naciones Unidas.

Si bien es cierto que la UA ha contribuido al cese de hostilidades entre las partes implicadas en algunos conflictos y a frenar la amenaza inminente de más muertes civiles, lo cierto es que la propagación del terrorismo, así como los conflictos políticos internos derivados de una mala gestión de gobierno y de mandatos poco democráticos son ahora mismo el mayor desafío al que se enfrenta la Unión Africana.

El fantasma del terrorismo y el extremismo violento ha acechado al continente durante mucho tiempo, desde el primer ataque terrorista en Nairobi, a finales de la década de 1990. Desde entonces se ha propagado como un fuego descontrolado que está arrasando grandes regiones de Sahel, la Cuenca del Lago Chad y Somalia, como ya se ha dicho, y ahora también en el norte de Mozambique en África Meridional.

Los grandes esfuerzos que la Unión Africana y las Comunidades Económicas Regionales han dedicado a frenar esta expansión han sido en vano, puesto que no disponen de los instrumentos ni las soluciones necesarias. Por lo tanto, es evidente que la UA necesita desarrollar nuevos mecanismos y estructuras para poder abordar estas crisis.

La propagación del terrorismo y de los conflictos políticos internos derivados de una mala gestión de gobierno y de mandatos poco democráticos son ahora mismo el mayor desafío de la Unión Africana

Por otra parte, la Unión Africana es cada vez más consciente de que la solución está en abordar de raíz las causas del conflicto. Factores como el declive económico, la marginación, las luchas étnicas y una mala gestión de gobierno, llevan a ciudadanos desesperados a unirse a grupos extremistas o a participar en conflictos.

Por último, la Unión Africana también se enfrenta a problemas de soberanía, y tiene dificultades para mediar en los asuntos internos de algunos estados miembros cuando sus gobiernos sencillamente se niegan de lleno a que intervenga.

Afrontar desafíos de gobernabilidad

A lo largo de los últimos veinte años, los conflictos y la inestabilidad política vinculada a elecciones disputadas, golpes de estado y cambios de gobierno inconstitucionales han sido algunos de los mayores retos a los que el continente africano y la Unión Africana han tenido que hacer frente.

En el año 2000, la Unión Africana redactó la declaración de Lomé, mediante la cual decidía tomar medidas contra los cambios de gobierno inconstitucionales. La declaración pone coto a los golpes de estado en el continente, lo cual ha permitido a la UA expulsar a varios países en las dos últimas décadas. Aunque en teoría esta penalización ha disuadido a posibles golpistas de actuar, en algunos casos también ha ayudado a reinstaurar el orden constitucional tras un cambio de gobierno inconstitucional. Fue el caso de Burkina Faso en 2014 y de Sudán en 2019, en los que la intervención de la UA contribuyó en gran medida a restituir el gobierno civil.

Sin embargo, la reciente aprobación de un cambio de gobierno claramente inconstitucional en Chad, tras la muerte, en mayo de 2021, de Idriss Deby, que durante décadas mantuvo un poder autocrático, ha sido muy criticada. Esto induce a pensar que la UA está incumpliendo su compromiso de rechazar estrategias de cambio como la aplicada por el hijo de Deby, Mahamat, y líderes militares como él [8]8 — PSC Report. «The PSC and Chad – policy implications of a historic decision». Institute for Security Studies (ISS). Informe publicado el 23 de junio de 2021. Disponible en línea. . La UA debería examinar a fondo las implicaciones de esta decisión, pues sienta un peligroso precedente.

Por otra parte, la vía militar de acceso al poder no es el único desafío que ha afectado a todo el continente. Muchos líderes también han modificado las constituciones de sus países con elecciones fraudulentas para poder prolongar sus mandatos y acabar gobernando de un modo que también podría considerarse inconstitucional. Desde Chad y Togo, pasando por Ruanda, República del Congo y Burundi, esta situación ha creado una grave inestabilidad política en el continente.

La Unión Africana ha desarrollado instrumentos como la Carta Africana sobre la Democracia, las Elecciones y la Gobernabilidad, pero sus principios apenas si se aplican. Como ha sucedido anteriormente, la cuestión de la soberanía sigue obstruyendo muchas decisiones y medidas de la UA.

Una Unión Africana reformada

Las reformas institucionales de la Unión Africana, iniciadas en 2016, proporcionaron a los estados miembros de la organización una visión más realista del panorama general, algo que resultaba muy necesario. Podría decirse que, el hecho de que nunca se hubieran puesto en práctica las distintas decisiones y resoluciones tomadas a lo largo de los años fue en sí una llamada de atención a los dirigentes de la Asamblea de la UA, si bien no les gustó que Paul Kagame, presidente de Ruanda y principal impulsor de las reformas, los amonestara.

El objetivo de las reformas es crear una Unión Africana más práctica, centrada en unas pocas prioridades y un desempeño eficiente. Aunque es cierto que el programa de reformas ha sufrido reveses, también ha obtenido resultados tangibles.

Así, por ejemplo, en los últimos dos años, los estados miembros de la Unión Africana han incrementado sus contribuciones a la institución, pero la propuesta de Kagame de crear una nueva tasa del 0,2% sobre las importaciones para financiar la institución no ha prosperado. A pesar de que la mayoría de los estados miembros han rechazado esta «directriz» de la UA, la autofinanciación empieza a ser poco a poco una realidad, algo que indica que el continente empieza a confiar en los objetivos y programas de la UA. Pese a que la organización sigue dependiendo enormemente de la financiación exterior para desarrollar sus programas y poder mantener la paz, ha sido capaz de financiar sus propios gastos de gestión gracias a las aportaciones de los estados miembros [9]9 — El presupuesto de la Unión Africana para 2021, aprobado por el Consejo Ejecutivo, fue de 623.836 dólares. Los costes operativos, que ascienden a 172.089 dólares, serán financiados casi por completo por sus estados miembros. .

Es más, aparte de conseguir que la institución se autofinancie, sus estados miembros han mejorado notablemente la eficiencia y supervisión financieras del presupuesto de la Unión Africana; y en febrero de 2020, los miembros de la comisión comprobaron que había una mayor transparencia [10]10 — Antes de elegir a los 6 miembros de la comisión de la Unión Africana (dos menos que en la anterior) se realizó un proceso de selección basado en los méritos. Las listas de candidatos y los curriculum vitaes circularon ampliamente, algo que nunca se había hecho. .

En cuanto a la fórmula para responder a los desafíos que afronta el continente, cabe esperar también que la reciente fusión de los departamentos de asuntos políticos y de paz y seguridad bajo un único órgano con el nombre de Asuntos Políticos, Paz y Seguridad [11]11 — PSC Report. «Delivering a new AU PAPS department is easier said than done». Institute for Security Studies (ISS). Informe publicado el 5 de mayo de 2021. Disponible en línea. permitirá una mayor sinergia entre dos departamentos que, al fin y al cabo, atienden prácticamente las mismas cuestiones.

Así, por ejemplo, cada vez es más obvio que las Comunidades Económicas Regionales actuales no son entidades apropiadas para crear bloques de integración regional de mayor tamaño y para responder a las crisis. El hecho de que muchos estados miembros de la UA formen parte de más de una Comunidad Económica Regional es una muestra de ello. Las crisis no surgen en los límites de una región. Estructuras como la Fuerza Militar Conjunta Multinacional que actuó contra Boko Haram y el G5 Sahel, que lucha contra el terrorismo en la región, son también ejemplos de ello, ya que precisamente se crearon porque los conflictos traspasan la actual configuración de las Comunidades Económicas Regionales.

Con el tiempo, la Zona de Libre Comercio Continental Africana tendrá un papel más importante en la integración económica continental y acelerará también la integración política

La intervención militar de Ruanda para ayudar a Mozambique a combatir el extremismo violento [12]12 — Borges Nhamirre (2021). «Mozambicans divided over Rwandan deployment». Institute for Security Studies (ISS). Artículo publicado el 19 de julio de 2021. Disponible en línea. , cuando la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional tenía previsto intervenir, también pone de manifiesto que la estructura actual de las Comunidades Económicas Regionales es frágil..

Por otra parte, la cooperación entre la Unión Africana y las Comunidades Económicas Regionales es en ocasiones problemática. Es evidente que, con el tiempo, la AfCFTA tendrá un papel más importante en la integración continental que los distintos bloques económicos existentes, y que, a la larga, también acelerará una integración política.

Mirando hacia el futuro

En última instancia, la Unión Africana debe demostrar a sus estados miembros y a los ciudadanos del continente que el organismo presta un servicio a favor de sus intereses. La extinta Organización para la Unidad Africana se creó para luchar contra el colonialismo y el apartheid, pero la UA, tal como se concibió inicialmente, tiene un mandato mucho más amplio para garantizar la paz, la seguridad y el desarrollo económico. En teoría, pretende sustituir el principio de la no intervención en las crisis por el de la no indiferencia. Sin embargo, como se ha dicho más arriba, para que esto suceda deberán superarse muchos obstáculos.

La respuesta a la COVID-19 y la iniciativa de poner en marcha la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) han demostrado la importancia de la Unión Africana. Pero el entusiasmo inicial que ha despertado la creación de la AfCFTA durará poco si únicamente es percibida como una herramienta de lucro para los países más ricos e industrializados de África y sus grandes empresas. A medida que avanza en la mejora, sería prudente ser realistas y plantear qué objetivos puede y debe alcanzar la Unión Africana.

Curiosamente, el email de Dlamini-Zuma sobre el futuro no era tan impresionante ni aspiraba a tanto como muchos habrían querido. Es más bien conservador. Dlamini-Zuma señalaba que la Confederación de Estados Africanos, que supuestamente se fundamentaría en una integración genuina –en que todos los estados cederían soberanía a una autoridad central– era una propuesta para 2051, una fecha demasiado lejana para sus detractores. La Comunidad Económica Africana se crearía en 2034, cuando muchos son de la opinión que la AfCFTA debería convertirse en un mercado único bastante antes. Dlamini-Zuma preveía que el comercio entre países africanos aumentaría de un 12% a un 50% hacia 2045, otro cálculo bastante conservador.

La antigua presidenta reconocía en su email imaginario que el proceso de auto financiación de la Unión Africana era lento: «a veces, con cada paso adelante, se daban dos pasos atrás». Las dos últimas décadas han demostrado que esta forma de avanzar es demasiado habitual. Quienes hoy celebran el aniversario de la Unión Africana deberían actuar con determinación para superar los obstáculos que afectan gravemente a la organización y mantener una visión realista sobre los desafíos que les aguarda el futuro.

  • Referencias

    1 —

    Cilliers, J. et al. (2020) «The impact of Covid-19 in Africa – a scenario analysis to 2030», ISS Africa Report 24. Disponible en línea.

    2 —

    Peace and Security Council Report. «Covid-19: South Africa takes charge at home and on the continent». Publicado el 22 de abril de 2020. Disponible en línea.

    3 —

    Según explicó HE Xolisa Makaya, embajador de Sudáfrica en Addis Abeba, durante un webinar organizado por el Instituto de Estudios de Seguridad el 12 de agosto de 2020.

    4 —

    Los cinco enviados especiales son: Ngozi Okonjo-Iweala, exministro de Finanzas de Nigeria; Donald Kaberuka, expresidente del Banco Africano de Desarrollo de Ruanda; Tidjane Thiam, conocido banquero de Costa de Marfil; Trevor Manuel, exministro de Finanzas de Sudáfrica; y Benkhalfa Abderrahmane, exministro de Finanzas de Argelia.

    5 —

    La estrategia continental conjunta de la Unión Africana para luchar contra la pandemia de la COVID-19 («AU Joint Continental strategy for fighting the Covid-19 outbreak») se puede consultar en la página web de la UA.

    6 —

    Banco Mundial (2020). «Trade Pact Could Boost Africa’s Income by $450 Billion, Study Finds». Nota de prensa publicada el 27 de julio de 2020. Disponible en línea.

    7 —

    Peter Fabricius (2019). «Will free trade be Africa’s economic game changer?». Institute for Security Studies (ISS). Artículo publicado el 23 de mayo de 2019. Disponible en línea.

    8 —

    PSC Report. «The PSC and Chad – policy implications of a historic decision». Institute for Security Studies (ISS). Informe publicado el 23 de junio de 2021. Disponible en línea.

    9 —

    El presupuesto de la Unión Africana para 2021, aprobado por el Consejo Ejecutivo, fue de 623.836 dólares. Los costes operativos, que ascienden a 172.089 dólares, serán financiados casi por completo por sus estados miembros.

    10 —

    Antes de elegir a los 6 miembros de la comisión de la Unión Africana (dos menos que en la anterior) se realizó un proceso de selección basado en los méritos. Las listas de candidatos y los curriculum vitaes circularon ampliamente, algo que nunca se había hecho.

    11 —

    PSC Report. «Delivering a new AU PAPS department is easier said than done». Institute for Security Studies (ISS). Informe publicado el 5 de mayo de 2021. Disponible en línea.

    12 —

    Borges Nhamirre (2021). «Mozambicans divided over Rwandan deployment». Institute for Security Studies (ISS). Artículo publicado el 19 de julio de 2021. Disponible en línea.

Liesl Louw-Vaudran

Liesl Louw-Vaudran es jefa de investigación y directora de proyectos del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) de Pretoria, Sudáfrica. También es editora de la publicación mensual que edita esta institución sobre la Unión Africana, The PSC Report. Licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Pretoria, es autora de dos libros y de varios artículos como "Leading through consensus: South Africa chairs the AU" (ISS, 2019), "The meaning of Morocco’s return to the AU" (informe sobre África Septentrional, ISS, 2018) o "Can South Africa regain its gravitas in Africa?" (Security Institute for Governance and Leadership in Africa – Universidad de Stellenbosch, 2017). Su libro sobre política exterior sudafricana, South Africa in Africa: Superpower or Neocolonialist?, se publicó en 2016. También es integrante de la junta del proyecto In Transformation Initiative, una organización sin ánimo de lucro centrada en la construcción de la paz en África y en el mundo.