El 9 de octubre de 2020, el músico nigeriano Davido compartió en sus redes sociales una publicación en la que decía “Mi pueblo me necesita… #EndSarsNow”. En ese preciso instante, los más de 20 millones de seguidores del artista en Instagram y los casi 10 millones de Twitter recibieron alto y claro el mensaje de que su ídolo se implicaba activamente en la protesta contra la brutalidad policial que se había desencadenado en el país. Esa movilización que acabaría cristalizando en casi dos semanas de intensas protestas, que terminaron por reclamar una renovación profunda del sistema político del país y pusieron contra las cuerdas al gobierno nigeriano.

El rapero Dip Doundou Guiss, uno de los chicos de oro del hip-hop senegalés, publicó el 6 de marzo de 2021 un vídeo musical titulado #FreeSenegal, la divisa de una ola de manifestaciones que desde tres días antes sacudía el país. Solo durante el primer día, el vídeo, con un apoyo explícito a la contestación y a la revuelta, fue reproducido un millón de veces. Los ejemplos de Nigeria y Senegal muestran claramente el papel de la música popular, y especialmente del hip-hop, en los procesos de transformación social en África.

El fenómeno no es del todo nuevo. La música ha sido siempre uno de los vehículos privilegiados del discurso político en África [1]1 — Allen, L (2004). Music and Politics in Africa, Social Dynamics, 30:2, 1-19, DOI: 10.1080/02533950408628682. . Pero cada época ha tenido sus particularidades, sus protagonistas y sus herramientas. Solo en la época contemporánea, las figuras de personajes como Miriam Makeba, Fela Kuti o incluso del desenfadado pero histórico Indépendance Cha Cha, de Le Grand Kallé et l’African Jazz, han dejado huella por su genialidad musical, pero también por sus firmes posiciones políticas. En las últimas décadas el rap ha sido esta banda sonora.

La música ha sido siempre uno de los vehículos privilegiados del discurso político en África. En la últimas décadas el rap ha sido esta banda sonora

Los raperos (y en menor medida las raperas) han asumido ese papel con un denominador común: salvo contadas excepciones, el hip-hop comprometido ha estado marcado por la contestación a los poderes. Este papel del fraseo que recurre a la agitación también se ha ido transformando. En sus expresiones más recientes, el nuevo escenario está marcado por la intersección de esa música de reivindicación, con el alcance y el perfil público que da a los raperos el manejo de las redes sociales.

Una geografía de experiencias diversas

La cartografía africana más reciente del hip-hop inconformista muestra caminos dinámicos y diversos que se extienden por todo el continente con experiencias particulares. Robert Kyagulanyi Ssentamu, más conocido en Uganda como Bobi Wine, apenas transita estilísticamente la frontera del rap. Su espacio es más bien el de la ambigua etiqueta del afropop, que bebe de ritmos diferentes, desde el reggae al afrobeat. Más allá de ortodoxia, Bobi Wine se mueve con soltura en el espacio de las culturas urbanas. No en vano se ha hecho conocido como “el presidente del ghetto”, un apodo que se convirtió en una premonición cuando en 2017 se llegó a ser parlamentario. En cuatro años, Wine se ha convertido aparentemente en el único candidato capaz de amenazar el poder absoluto de Yoweri Museveni, que lleva 35 años en la presidencia. Pero el precio es alto: ha sido arrestado sistemáticamente, ha sufrido atentados y ha vivido acosado por el ejército y la policía. En su último pulso político, participó en la campaña electoral con casco y chaleco antibalas después de varios tiroteos, pero incluso a esa circunstancia le dio un valor mediático gracias a su manejo del nuevo escenario de la comunicación política.

En una Kenia poco acostumbrada a la música comprometida, la colaboración entre Sauti Sol y Nyashinski en el tema “Tujiangalie”, que en suajili significa ‘Autocrítica’, provocó un terremoto en el país en 2018. Sauti Sol se percibía como una exitosa banda de pop frívolo e insustancial, pero con “Tujiangalie” advertían que Kenia se encontraba sumida en el “desastre”, criticaban la corrupción, así como el tribalismo en la política, y llamaban la atención sobre la deuda, las desigualdades tanto sociales como económicas, y las peligrosas conexiones entre la religión y el poder. “Tujiangalie” marcó el camino de Sauti Sol y Nyashinski hacia una posición más política y desde entonces las muestras de música comprometida en el país, especialmente de hip-hop, se han multiplicado [2]2 — Kavii, Felix. «Kenyan musicians speaking up now more than ever». Artículo publicado en The Sunday Standard. Disponible en línea. .

Para muchos artistas y activistas africanos el rap es una poderosa herramienta de sensibilización y de educación política. El rapero togolés Elom20ce es una buena muestra de estos esfuerzos. Elom Kossi Venceslas, el verdadero nombre del músico, lleva una década convirtiendo en discursos sus fraseos. El cantante no se ha conformado con lanzar consignas pegadizas, sino que siempre ha acompañado sus críticas de referencias históricas o de menciones a intelectuales, con la intención de construir y promover un bagaje cultural panafricano que se apoya sobre ideas de lucha contra la corrupción y de combate de la desigualdad, siempre dando protagonismo a esa ciudadanía cuyas conciencias pretende ayudar a despertar. Elom20ce desborda su faceta musical y ha promovido series de cinefórums así como todo tipo de debates, e incluso ha producido una línea de ropa. Todo ello con la finalidad de transmitir la riqueza de unos valores propios, locales y populares cuya reivindicación es un acto político en el contexto togolés.

Para muchos artistas y activistas africanos, el rap es una poderosa herramienta de sensibilización y de educación política

En todo caso, esa cartografía del rap comprometido también tiene territorios un poco más sombríos. En Tanzania, la trayectoria de la superestrella Diamond Platnumz, principal estandarte del ritmo local bongo flava, es más errática. Después de que las autoridades censurasen una de sus canciones por considerarla “indecente” y le prohibiesen actuar en 2018, Nasibu Abdul Juma Issack, el verdadero nombre de Diamond Platnumz fue uno de los músicos que puso la banda sonora a la campaña de reelección del controvertido John Magufuli en 2020, considerado un régimen que recortó las libertades básicas de la ciudadanía tanzana.

Hip-hop y movimientos ciudadanos

Sin embargo, la intersección del hip-hop con la transformación social se ha desvelado especialmente dinámica en el marco de la emergencia de movimientos ciudadanos en diversos lugares del continente [3]3 — Mateos, O. y Bajo Erro, C. (2020). «Protest, Internet Activism, and Sociopolitical Change in Sub-Saharan Africa», American Behavioral Scientist 65 (4), pp. 1-16. doi: 10.1177/0002764220975060. . En la última década, los jóvenes han visto cómo se hace difícil sobrevivir, debido a la precariedad, las altas tasas de paro y el aumento del precio de los productos básicos. Se ha evidenciado la desconexión de esos colectivos con la clase política a golpe de escándalos de corrupción y de tratos de favor que incrementan las desigualdades. Finalmente, una ola de restricción de las libertades se extiende por el continente, con el control de los medios, el acoso a la sociedad civil, las detenciones de activistas o prohibiciones de manifestaciones. Mientras que los expertos lo consideran una reducción del espacio público, los activistas lo ven como una traición a la democracia. La confluencia de estos factores ha hecho que aumente el descontento y que estos colectivos indignados se organicen en movimientos que no responden a las dinámicas de la sociedad civil convencional [4]4 — Branch, Adam y Mampilly, Zachariah (2015). Africa uprising: Popular protest and political change. Zed Books Ltd. .

La lista de nombres de artistas vinculados a movimientos ciudadanos que han sufrido represión es larga. Podría incluir, por ejemplo, a Luaty Beirão, conocido como Ikonoklasta, procedente de Angola y vinculado con Central 7311; al popular rapero camerunés Général Valsero, asociado a varias organizaciones de jóvenes prodemocráticas y simpatizante del opositor Maurice Kamto; o al congoleño Martial Pa’nucci, uno de los fundadores del movimiento Ras-le-bol, entre otros.

No se puede entender la movilización popular que en 2014 llevó a la dimisión y a la huida de Blaise Compaoré en Burkina Faso, e incluso la resistencia al intento de golpe de estado que pretendía restaurarlo en su cargo truncando la transición a la democracia en 2015, sin el papel del movimiento Balai Citoyen. Y no es fácil de explicar la emergencia y la consolidación de Balai Citoyen sin las actividades de concienciación de dos de sus caras más visibles: el rapero Smockey (Serge Bambara) y el músico de reggae Sams’K Le Jah (Karim Sama). Durante el gobierno de Compaoré y a pesar de las limitaciones del espacio cívico, ambos primero por separado y después como parte de las actividades de la embrionaria Balai Citoyen, utilizaban sus conciertos para promover debates políticos y para equipar a sus seguidores de un pensamiento crítico y una conciencia activa. Esta trayectoria de sensibilización mediante la música permitió articular la contestación al intento de Blaise Compaoré en 2014 de suprimir la limitación de mandatos en la Constitución para poder ser reelegido. Incluso hoy, el movimiento sigue empleando los conciertos para transmitir su mensaje centrado en acciones de promoción de la convivencia en zonas remotas del país y en campañas a favor de la gobernanza.

Los chicos de oro del rap senegalés también se comprometen

La estrecha relación del hip-hop con los movimientos ciudadanos se hace especialmente evidente en el caso de Senegal. Hace más de tres décadas que el rap se ha convertido en la voz de los jóvenes urbanos senegaleses. Una primera generación de raperos, al principio de la década de 1990, rompió varias de las aparentes convenciones sociales como, por ejemplo, que los artistas hablasen de política y cuestionasen el poder, algo impensable hasta el momento; o que los jóvenes, los músicos irreverentes, contradijesen públicamente a los mayores, los políticos. Desde ese momento, la contestación se convirtió en una parte inherente de la escena del hip-hop senegalés. Los músicos urbanos se acostumbraron a criticar al poder y a alinearse con las clases más populares y, en las elecciones, con los aspirantes. Sin embargo, a pesar de esa larga trayectoria y de ese carácter reivindicativo consolidado, incluso los decanos del rap senegalés, reconocen a la generación siguiente el mérito de haber dado un paso más. Además de recoger las quejas, cohesionaron a los grupos disconformes, los organizaron y lideraron la protesta en primera línea, en la calle [5]5 — Bajo Erro, Carlos. “Dos décadas de guerrilla musical”. Artículo publicado en Altaïr Magazine. Disponible en línea. .

Los raperos fueron una de las piezas fundamentales en la formación del grupo de raperos y periodistas senegaleses Y’en a Marre en 2011. Cuando el movimiento se concibió, estuvieron en el núcleo fundador, representados por Thiat y Kilifeu, los dos miembros del dúo Keur Gui. A partir de ahí, otros compañeros se fueron sumando para dar al colectivo la herramienta de sensibilización y de movilización que más intensamente ha utilizado. Desde ese momento, la música ha adquirido todas las modalidades posibles adaptándose a las prohibiciones de las autoridades ya sea como guerrilla poética, mediante conciertos itinerantes, u otros mecanismos para transmitir el discurso [6]6 — Kupper, C. (2017): “YAM: radioscopie d’un mouvement”, Une jeunesse africaine en quête de changement, GRIP, Bruselas. .

Desde que se formó el grupo de raperos y periodistas senegaleses Y’en a Marre en 2011, la música ha adquirido todas las modalidades posibles, adaptándose a las prohibiciones de las autoridades, ya sea como guerrilla poética, mediante conciertos itinerantes u otros mecanismos para transmitir el discurso

Desde aquellos primeros momentos hasta la actualidad, cualquiera de las manifestaciones organizada por Y’en a Marre o por alguna de las coaliciones de organizaciones de la sociedad civil en las que ha participado, prácticamente siempre han tenido un camión con un potente equipo de sonido y un MC al micro para lanzar consignas, mantener la moral de los participantes y animar la contestación; ya fuese contra el aumento del precio del dinero, por los escándalos de corrupción, para reclamar medidas que eviten que los jóvenes se vean empujados a migrar sin garantías o para proteger los principios democráticos. En la última década, la música ha sido la constante de las campañas cívicas promovidas por Y’en a Marre. Más allá del núcleo duro, algunos de los raperos más conocidos del país han pasado en un momento u otro por los vídeos musicales que han acompañado las llamadas a la acción, ya fuese para fomentar proyectos de cohesión comunitaria a través de la limpieza y el mantenimiento urbano en los barrios más populares o para animar a la participación electoral con la inscripción en el registro de electores.

En todo caso, la última gran ola de protestas que sacudió el país en marzo de 2021 ha evidenciado algunos cambios en la movilización incluido el papel que están jugando los raperos, que no ha dejado de ser central. Y’en a Marre, junto a otras organizaciones de la sociedad civil, habían convocado una manifestación para 5 de marzo en defensa de la democracia y como reacción a una serie de episodios que parecían estar acosando a las voces críticas. Después de varios desencuentros policiales y judiciales, Ousmane Sonko, el líder de la oposición, fue detenido en el marco de una acusación por agresión sexual y amenazas de muerte a una joven. En cuestión de horas las principales ciudades del país empezaron a arder. Se desplegaron acciones de protesta espontáneas que pronto derivaron en enfrentamientos con la policía y en ataques a establecimientos, sobre todo, supermercados y gasolineras de marcas francesas. La protesta que había estado preparando la sociedad civil crítica quedó completamente desbordada.

En medio de una contestación generalizada, Y’en a Marre mantuvo la convocatoria original a pesar de que quedaba diluida en un clima de revuelta ampliamente extendido. De hecho, Thiat, uno de los raperos y militantes más populares del movimiento fue arrestado en las calles de Dakar, al mismo tiempo que otros cuatro miembros destacados de Y’en a Marre eran también detenidos en otros lugares. A pesar del caos y el desorden, el hip-hop volvió a colocarse en el centro. Tres días después del comienzo de la protesta, Dip Doundou Guiss, uno de los raperos con más seguidores del país, lanzó un vídeo que asumía la principal divisa de las manifestaciones FreeSenegal y que era extremadamente explícito. En medio de una evidente épica de la revuelta con imágenes de lanzamientos de piedras, incendios, barricadas y banderas senegalesas ondeando al viento, Dip Doundou Guiss no dejaba demasiado margen a la interpretación. Los primeros versos dicen: “Vivir en el país de un tirano. Hartos de hablar porque todos sois iguales. Lo más duro es ver morir a los jóvenes”. Mientras que después aseguraba: “No nos puedes impedir protestar porque has vendido tu país”; y después afirmaba: “Mientras que no hayas dejado el poder, no abandonaremos la lucha”. En dos días, todos los raperos que cuentan en la industria de la música senegalesa habían publicado su propio himno de las protestas, incluidos unos reencontrados Positive Black Soul (PBS) a los que se considera pioneros del camino del hip-hop comprometido iniciado tres décadas atrás [7]7 — Peyton, Nellie. «To understand the #FreeSenegal movement, look to its music». Artículo publicado en QuartzAfrica el 15 de marzo de 2021. Disponible en línea. .

En la última gran ola de protestas que sacudió Senegal en marzo de 2021, Dip Doundou Guiss, uno de los raperos con más seguidores del país, lanzó un vídeo que asumía la principal divisa de las manifestaciones FreeSenegal

En este caso, no eran músicos minoritarios, militantes y activistas que solo llegan a los convencidos. Se trataba de lo más granado de la industria musical del país, de los auténticos chicos de oro del hip-hop senegalés, aquellos que consiguen millones de visualizaciones de sus canciones y firman contratos de promoción con multinacionales. Ellos hablaban con naturalidad de la contestación, alimentaban la épica de la protesta y hacían a través de los versos y las imágenes que la revuelta fuese un acto mucho más natural, más aceptable.

La potente industria musical nigeriana y el cambio

Un cambio similar se observó en las grandes movilizaciones desencadenadas bajo la divisa #EndSARS en Nigeria en octubre de 2020. Al principio del mes una noticia de un episodio de violencia policial desencadenó una movilización espontánea contra los abusos. De hecho, era una reivindicación recurrente en el país. El SARS, conocido como el escuadrón antirrobos, era una división de la policía con un régimen de excepción y atribuciones particulares. En los últimos años, diferentes organizaciones de la sociedad civil habían documentado atropellos sistemáticos cometidos por los agentes, asaltos, robos, acoso e incluso asesinatos. Por eso, cíclicamente aparecían campañas de denuncia intentado reconducir esta situación. En esta ocasión, la reacción se desencadenó de manera espontánea y fue creciendo como una bola de nieve. Primero fue la conversación en las redes sociales en la que los ciudadanos compartieron experiencias y reclamaciones; pronto, las organizaciones sociales se sumaron a las denuncias y, entre estos apoyos, aparecieron los de algunas personalidades. Los raperos Folarin Falana, conocido como Falz y Runtown, el nombre artístico de Douglas Jack Agu se implicaron desde un primer momento. Especialmente Falz, ha destacado en los últimos años por su activismo social y no era la primera vez que apoyaba campañas contra la brutalidad policial.

El apoyo de este popular músico y actor ayudó a dar más alcance a las reivindicaciones y a animar la escalada de movilizaciones. Debido a las dimensiones que había tomado la campaña digital, los más entusiastas propusieron trasladar la protesta a las calles. El 8 de octubre, Falz y Runtown fueron las caras más visibles de una manifestación que tuvo una participación inesperada [8]8 — Olowoyo, Ghaniyah. «#EndSARS: Falz, Runtown lead protest in Lagos». Artículo publicado en Premium Times el 8 de octubre de 2020. Disponible en línea. . Al día siguiente la superestrella de la música nigeriana Davido, publicó un tuit en el que decía: “Mi pueblo me necesita… #EndSarsNow” y a partir de ese momento se implicó a fondo en la reivindicación. La lista de los raperos y celebridades de la música popular se incrementó rápidamente. Nombres como Davido, Wizkid, Tiwa Savage, Burna Boy, Don Jazzy, Olamidé o Banky Wellington, empezaron a transmitir el mensaje contra la brutalidad policial con decisión. Para hacernos a la idea del alcance de sus mensajes, estos músicos junto al propio Falz suman audiencias en Instagram de más de 87 millones de personas. Además, no hay que olvidar el carácter de prestigio que tienen para una buena parte de sus seguidores y la visibilidad internacional con la que cuentan.

Apenas tres días después, el propio Davido fue convocado a una reunión con el jefe de la policía nacional el 12 de octubre en Abuja. Toda la apariencia del encuentro era negociar la salida a las protestas, hecho que incomodó a algunos sectores de los manifestantes, quiénes afearon al artista su pretendida representación de un movimiento basado en la espontaneidad. De hecho, unos días después Falz declaraba vehementemente en una entrevista a Arise News: «No tenemos un líder, no tenemos una persona que se pueda sentar en una mesa a negociar (…). Algunas personas me llaman, pero yo no soy un líder, nadie es un líder en este movimiento. Todos somos activistas» [9]9 — “FALZ (FOLARIN FALANA) ON THE #ENDSARS MOVEMENT”. Vídeo publicado en Arise News el 19 de octubre de 2020. Disponible en línea. . Este episodio muestra los límites del papel de los raperos en estos procesos de contestación. Más allá de su dimensión artística, los artistas son actores sociales, que están ayudando a hacer pasar el mensaje ya amplificar las reivindicaciones, normalizando así la protesta; aunque deben tener cuidado a la hora de autoerigirse portavoces de una ciudadanía dispuesta a movilizarse, pero cada vez más alérgica a los ventrílocuos después de incontables experiencias de instrumentalización.

  • Referencias

    1 —

    Allen, L (2004). Music and Politics in Africa, Social Dynamics, 30:2, 1-19, DOI: 10.1080/02533950408628682.

    2 —

    Kavii, Felix. «Kenyan musicians speaking up now more than ever». Artículo publicado en The Sunday Standard. Disponible en línea.

    3 —

    Mateos, O. y Bajo Erro, C. (2020). «Protest, Internet Activism, and Sociopolitical Change in Sub-Saharan Africa», American Behavioral Scientist 65 (4), pp. 1-16. doi: 10.1177/0002764220975060.

    4 —

    Branch, Adam y Mampilly, Zachariah (2015). Africa uprising: Popular protest and political change. Zed Books Ltd.

    5 —

    Bajo Erro, Carlos. “Dos décadas de guerrilla musical”. Artículo publicado en Altaïr Magazine. Disponible en línea.

    6 —

    Kupper, C. (2017): “YAM: radioscopie d’un mouvement”, Une jeunesse africaine en quête de changement, GRIP, Bruselas.

    7 —

    Peyton, Nellie. «To understand the #FreeSenegal movement, look to its music». Artículo publicado en QuartzAfrica el 15 de marzo de 2021. Disponible en línea.

    8 —

    Olowoyo, Ghaniyah. «#EndSARS: Falz, Runtown lead protest in Lagos». Artículo publicado en Premium Times el 8 de octubre de 2020. Disponible en línea.

    9 —

    “FALZ (FOLARIN FALANA) ON THE #ENDSARS MOVEMENT”. Vídeo publicado en Arise News el 19 de octubre de 2020. Disponible en línea.

Carlos Bajo Erro

Carlos Bajo Erro es periodista freelance, investigador y consultor. Licenciado en Periodismo, tiene un máster en Cultura y Desarrollo en África por la Universidad Rovira i Virgili (URV). Es colaborador habitual del diario El País y escribe en varios medios de comunicación sobre el ecosistema digital africano, además de asesorar ONG y otras organizaciones sociales africanas en el ámbito de la comunicación y de la estrategia digital para sus acciones. A lo largo de su trayectoria se ha centrado en analizar el uso de las TIC para los movimientos sociales y el cambio social en África. Imparte docencia en varios posgrados y es coautor del libro Redes sociales para el cambio en África, galardonado en 2012 con el Premio de Ensayo de Casa África. Es uno de los fundadores de la asociación Wiriko, centrada en la difusión de las manifestaciones artísticas y culturales contemporáneas africanas a través de la revista online wiriko.org y de acciones formativas y otras actividades.