En 2015, el máximo dirigente de Naciones Unidas proclamó durante la Asamblea General “hemos llegado a un momento decisivo de la humanidad”. Era Ban Ki Moon, el día en que se aprobó la Agenda 2030. Abría un nuevo camino, un camino de esperanza porque animaba a los estados miembros a dejar viejas políticas de desarrollo y construir una agenda transformadora para todo el mundo. Una esperanza contenida para muchas de nosotras, porque somos conscientes de que todo aquello que se declaró en el viejo edificio de la 1ª Avenida de Nueva York podría ser una estrella fugaz o un relámpago, ya que no era la primera vez que encima de la mesa de la ONU había agendas globales y que estas no tuvieran consecuencias para todo el mundo. No obstante, nunca antes, 193 estados habían consensuado una acción global acordada para resolver los grandes retos y problemas sociales, económicos, políticos y ambientales, que los interpelara de igual manera –rompiendo la tradicional lógica del Norte hacia el Sur– y los comprometiera a trabajar conjuntamente para conseguir objetivos comunes. Unos objetivos que se plasman en un articulado de objetivos y metas, que pretenden operativizar los cambios estructurales para cambiar la lógica y generar transformación.

La Agenda 2030 es una oportunidad para releer la política global y local en términos de transformación, y lo sigue siendo seis años más tarde. Seis años y muchos esfuerzos de los países por salir bien en la foto. Seis años y cambios políticos a nivel global como los de la presidencia del país más influyente del planeta. Seis años y guerras discontinuas que nunca se acaban. Seis años y muchos compromisos hundidos por una pandemia global y patentes de vacunas que ponen de manifiesto que el mundo necesita un cambio.

Pero la Agenda 2030 no es una recomendación tecnocrática de la ONU, o no tendría que serlo. Esta agenda tiene que ser una hoja de ruta coherente de políticas para la transformación. Y la coherencia de políticas no se puede entender sin la incorporación estratégica de la perspectiva de género. Sin esta perspectiva, la agenda sería una agenda de color marrón, como los asientos de la sala de la Asamblea General de Naciones Unidas.

La perspectiva de género no es una política sectorial. Si hablamos de Agenda 2030, hablamos de políticas palanca que transformen las causas de las desigualdades entre hombres y mujeres y en clave LGTBI+

Las agendas feministas en el mundo institucional no pasan por su mejor momento. Los fundamentalismos, las crisis sindémicas provocadas por la COVID-19, entre otros, han hecho que las agendas, y en especial aquellas que por su complejidad necesitan estructuras sostenibles de justicia global, se simplifiquen y se aprovechen para poner en segundo plano los derechos humanos, y en particular, los derechos humanos de las mujeres.

La perspectiva de género no es una política sectorial, no se trata de hacer políticas para las mujeres, aunque algunas de ellas tengan un carácter corrector de las desigualdades. Si hablamos en términos de Agenda 2030, hablamos de políticas palanca, que transforman las causas de las desigualdades entre hombres y mujeres y en clave LGTBI+.

¿Por qué la Agenda 2030 es importante para garantizar la igualdad de género?

A pesar de no ser un instrumento internacional vinculante, sino una Agenda de acción, la Agenda 2030 reconoce desde su fundación la importancia de instrumentos como la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) y plataformas como la Plataforma de Acción de Beijing (Beijing) y el Programa de Acción del Cairo (Cairo). No obstante, este reconocimiento en su declaración política no se ha visto reflejado en el contenido de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): ni en sus metas ni en sus indicadores. La igualdad de género la encontramos (y de manera insuficiente) en un ODS hecho “a medida”, el 5, y también en algunas metas e indicadores de otros ODS, pero de manera demasiado acotada y dejando por el camino demasiados derechos fundamentales clave para alcanzar la igualdad de género.

La Agenda 2030 es una oportunidad para la garantía de los derechos humanos y en particular los derechos humanos de las mujeres siempre que sus prioridades, implementación y seguimiento tengan en cuenta la transversalidad de género y la perspectiva interseccional en cumplimiento con los planes y normativas estatales y nacionales como instrumentos y agendas internacionales que velan por estos derechos, como son la CEDAW, Beijing, Cairo, y el Convenio de Estambul, entre otros. Este año, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW 65) ha revisado el tema ‘Empoderamiento de las mujeres y su vínculo con el desarrollo sostenible’ sobre la necesidad de implementar la Agenda 2030 desde una perspectiva de género y como incorporarla en todas las políticas y programas gubernamentales a todos los niveles para no dejar a nadie atrás [1]1 — Naciones Unidas (2021). Commission on the Status of Women. Conclusiones convenidas en la 65ª sesión de la comisión. Documento disponible en línea. . Además, se ha iniciado el Foro Generación Igualdad [2]2 — Foro Generación Igualdad. «Acelerar el progreso hacia la igualdad de género de aquí a 2030». Artículo disponible en línea. , espacio clave para la incidencia de la sociedad civil organizada con el fin de hacer aportaciones concretas, transversales y transformadas para alcanzar la igualdad de género en consonancia con la Agenda 2030.

¿Pero qué queremos transformar?

A menudo no nos preguntamos qué es lo que queremos transformar, lo damos por supuesto, damos por sentado que todas nosotras estamos en el mismo paradigma. Nada más lejos de la realidad. Cuando hablamos de que la Agenda 2030 quiere transformar, nos referimos a querer transformar la estructura de las políticas, como mínimo si pensamos en clave global/local. Y esto es fundamental, sobre todo si estamos hablando de cuestiones tan significativas como las estructuras que sostienen un mundo lleno de iniquidad, violencia, contaminado, depredador y desigual. Por lo tanto, lo que querremos transformar son aquellas condiciones no naturales que sostienen estas estructuras.

La idea de que sin feminismo no hay revolución también sirve para la Agenda 2030: sin feminismo no hay transformación real y, por tanto, no hay ni agenda

No hay ninguna duda que, como activistas en la defensa de los derechos humanos de las mujeres y de las personas que pertenecen a los colectivos LGTBI+, una de las cuestiones imprescindibles que debemos transformar, para que este desarrollo sea posible, es el sistema patriarcal que conforma el entramado de sistemas del mundo actual. Aquello de sin feminismo no hay revolución, también sirve para la Agenda 2030: sin feminismo no hay transformación real, por lo tanto, no hay ni agenda.

¿Y cómo lo queremos transformar?

La perspectiva de género sólo tiene una manera de transformar: de abajo arriba y de arriba abajo. Por lo tanto, se trata de generar un entramado de propuestas que ofrezcan a las mujeres la posibilidad de aumentar su capacidad de empoderamiento. Pero eso no siempre es fácil, y todavía menos cuando nos chocamos con las diversas opresiones del sistema que afectan de manera particular a las mujeres. Por lo tanto, el cómo lo queremos hacer pasa por poner la interseccionalidad en el centro. Quizás es una palabra nueva, pero es el reflejo de un concepto “viejo” conocido en política pública. Lo estamos viendo durante la pandemia de la COVID-19, que ha arrasado con las clases populares, las mujeres migradas que son las encargadas de los trabajos de cuidado reconocidos o no remunerados.

Y los cambios tienen que venir de abajo, con la promoción de una ciudadanía activa y crítica. Se empieza desde un modelo educativo público y laico basado en la coeducación y se acaba con la garantía de la participación política, cultural, social y económica en todos los ámbitos de la sociedad.

El cómo queremos transformar implica, sí o sí, políticas de colaboración entre Estados, más allá de tratados estratégicos sectoriales. Necesitamos Estados con estructuras que permitan, desde una democracia sólida, ofrecer un argumento de transformación con el cumplimiento de todos y cada uno de los tratados internacionales (CEDAW, Beijing, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Convenio de Estambul, etc.). Sin duda, la perspectiva que viene del mundo de la cooperación nos ha enseñado el camino, y la propuesta de Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible para afrontar los desafíos a los que nos enfrentamos en el actual contexto y para la transformación de las políticas públicas desde la perspectiva de la sostenibilidad, los feminismos y los derechos humanos. Pero cambiar el sistema económico depredador actual y que sea feminista comporta cambiar los sistemas de producción y las lógicas del mercado, y un cambio de paradigma. Como dice Amaia Pérez Orozco [3]3 — Amaia Orozco (2010). «Diagnóstico de la crisis y respuestas desde la economía feminista». Revista de Economía Crítica, núm. 9, primer semestre de 2010, ISSN: 2013-5254. Artículo disponible en línea. , es necesario recolocar la comprensión de aquello económico y visibilizar el conflicto capital-vida. Es una urgencia, y el Agenda 2030 nos ofrece el marco para hacerlo.

Hay que generar un entramado de propuestas que ofrezcan a las mujeres aumentar su capacidad de empoderamiento, y hacerlo poniendo la interseccionalidad en el centro

Además, en este “cómo” no podemos olvidar ni obviar que en este entramado de maneras de hacer, en los procesos de Paz, hace falta también la incorporación de la perspectiva de género. Sólo podremos hablar de un mundo sostenible, si tenemos un mundo en paz y la paz solo es posible si incorpora a su vez, la perspectiva de género. Es obvio que uno de los requisitos es que las mujeres participen en los procesos de paz. Por lo tanto, el cómo, pasa por el cumplimiento de la Resolución 1325 de la ONU [4]4 — ONU Mujeres – unwomen.org. «Mujeres, paz y poder». Contenido disponible en línea. que muestra la voluntad compartida para que las mujeres dejen de ser sólo víctimas y se sienten también en las mesas de negociación. Entre 2015 y 2019, sólo 1 de cada 5 acuerdos de paz firmados contenían disposiciones de género. Y en este sentido, hay que seguir generando cambios en la protección de las mujeres defensoras de los derechos humanos como política palanca de la propia Agenda 2030, si esta quiere tener un carácter feminista.

Sin alianzas no hay agenda, sin alianzas no hay transformación real

La Agenda 2030 habla de alianzas, de partenariados. ¿Pero de qué tipo? Hay que tener cuidado con el rol que se ha dado y se está dando a los actores privados por cómo pueden utilizar esta agenda para legitimar sus prácticas y acciones, o sencillamente para llevar a cabo una rendición de cuentas que no se ajusta a la realidad. Las alianzas con los actores privados son bienvenidas si aportan de manera real y cumplen en la garantía de los derechos humanos, empezando por no vulnerarlos en todos los ámbitos, especialmente en el social, el económico, el ecológico y la igualdad de género. Un ejemplo de esto tendría que ser avanzar hacia el Tratado internacional vinculante de Naciones Unidas para obligar a las transnacionales y empresas filiales a respetar los Derechos Humanos [5]5 — La Fede. «Avenços lents però constants cap al Tractat Vinculant sobre empreses transnacionals i drets humans de les Nacions Unides». Noticia publicada en noviembre de 2020 en el sitio web de lafede.cat. Disponible en línea. Véase también los contenidos de Stop Corporate Impunity. , tal como se está trabajando actualmente y como se comprometió el Parlament de Catalunya para crear un centro de evaluación del impacto de las empresas catalanas en el exterior [6]6 — Parlament de Catalunya. Mociones aprobadas. Información disponible en línea. .

Las alianzas, si las entendemos como colaboraciones, coordinaciones, coproducciones y sinergias, tienen que ejercerse de manera real y, por lo tanto, la participación de los diferentes actores no tiene que ser sólo presencial o en aportaciones o valoraciones puntuales, sino que hay que garantizar la voz y voto en los diferentes procesos que rodean a las políticas públicas, desde su diseño, hasta su elaboración, implementación, seguimiento, monitorización, evaluación y rendición de cuentas. Y aquí es donde las organizaciones de la sociedad civil han sido históricamente relegadas a un rol muy —demasiado— secundario. Sin tener en cuenta que, por ejemplo, siempre han sido las organizaciones feministas y del movimiento de mujeres las que han ejercido un papel clave en la lucha por el reconocimiento y pleno ejercicio de los derechos de las mujeres. Es gracias a ellas y a su acción colectiva que las mujeres hemos avanzado a lo largo de la historia y son, por lo tanto, las voces que hay que escuchar si deseamos alcanzar los derechos de las mujeres y la justicia de género. Sus visiones, estrategias, análisis, abordajes y prácticas tienen que determinar las agencias de financiación, así como estar presentes en los espacios de toma de decisiones sobre la financiación al desarrollo [7]7 — Agenda 2030 Feminista (2017). ODS 17 con perspectiva feminista. «Enfortir els mitjans d’execució i revitalitzar l’aliança mundial per al desenvolupament». Artículo disponible en línea. .

Es necesario que las organizaciones de la sociedad civil, en particular las organizaciones de base, sigan trabajando de manera conjunta compartiendo prácticas y experiencias, y empujando a las instituciones públicas y los gobiernos, tal como se viene reivindicando desde hace décadas y se ha vuelto a poner sobre la mesa durante la CSW 65, donde el vínculo entre la participación de las mujeres y las defensoras de los derechos humanos se ha hecho más evidente que nunca. Es por ello que seguiremos reivindicando que la implementación de la Agenda 2030 y sus ODS, y en particular del ODS 17, sólo se puede hacer a través de la Plataforma de Acción de Beijing [8]8 — Naciones Unidas (1995). Declaración y Plataforma de Acción de Beijing: Declaración política y documentos de resultados de Beijing +5. Reedición de UN Women (2014). Documento disponible en línea. entre otras agendas e instrumentos internacionales, para adelantar de manera real en la garantía de los derechos humanos de las mujeres y las personas que pertenecen a los colectivos LGBTI+. Pero para sostener estas alianzas y sinergias y trabajo conjunto con las organizaciones de la sociedad civil, y en particular las organizaciones feministas y de derechos humanos, es clave garantizar el mantenimiento y continuidad de su participación e incidencia en todos los ámbitos, desde el local hasta el internacional, pasando por el nacional, estatal y regional, y poder también generar alianzas sólidas con diferentes actores en el marco de la implementación de la Agenda 2030.

La fuerza creciente de los grupos anti derechos de las mujeres, de las personas LGTBI + y de las personas migrantes y refugiadas obligan a trabajar en alianza. Estas alianas deben garantizar los derechos humanos de todos

Nos encontramos ante el crecimiento de los grupos fundamentalistas anti derechos en general, pero sobre todo anti derechos de las mujeres, de las personas que pertenecen a los colectivos LGTBI+, de las personas migrantes y refugiadas, de la pobreza entre otros colectivos o grupos vulnerabilizados. Estos grupos trabajan en alianzas internacionales y con muchos recursos financieros con los cuales están consiguiendo no sólo parar el avance de los derechos humanos en el sistema internacional de derechos humanos sino también retroceder en estos derechos. La existencia y fuerza de estos grupos, junto con las desigualdades existentes por todo el mundo, obligan a trabajar en alianza, pero en alianza para garantizar los derechos humanos de todo el mundo, no para pararlos. Los retrocesos que vivimos no afectan a la implementación de los ODS de manera individual, sino que los limitan a todos y cada uno de ellos de manera transversal e interdependiente.

La Agenda 2030 y la igualdad de género en Catalunya

La igualdad de género tiene una larga trayectoria en Catalunya, pero estamos en el año 2021 y nos encontramos con las disyuntivas de las viejas recetas. Hay que seguir fortaleciendo las claves jurídicas a nuestro país, que pasan por una implementación real y con recursos suficientes para alcanzar esta igualdad.

Seguramente uno de los retos principales que tenemos sean las políticas activas para poner la vida en el centro y, por lo tanto, generar un entramado de políticas vinculadas a los cuidados, alejándonos de los ejes más tradicionales, y el Plan Nacional para la implementación de la Agenda 2030 en Catalunya [9]9 — Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS). Pla nacional per a la implementació de l’Agenda 2030 a Catalunya. Disponible en línea.  puede ser una oportunidad para visualizarlo e implementarlo. Se tienen que romper binomios de reproducción y producción y aportar nuevas propuestas como apuntan las Propuestas en materia de cuidados y conciliación del proceso participativo de la Generalitat de Catalunya [10]10 — Plataforma del proceso participativo «Sistemas de cuidados y ODS. Políticas públicas para la sostenibilidad de la vida». Propuestas en materia de cuidados y conciliación publicadas en el portal participa.gencat.cat. Información disponible en línea. .

La Agenda 2030 y la igualdad de género en la recuperación de la pandemia de la COVID-19

La COVID-19 no afecta a todo el mundo de la misma manera. Todo el mundo puede verse afectado de una manera u otra, pero las consecuencias son diferentes porque también discrimina en razón de sexo, género, edad, situación administrativa, diversidad funcional, nivel socioeconómico, etc.

La pandemia de la COVID-19 ha agravado y al mismo tiempo dado visibilidad en todo aquello que ya estaba sucediendo: la discriminación histórica y estructural que sufren las mujeres en todos los ámbitos de la vida social, económica, política, cultural, educativa y medioambiental, y de diferentes formas. Durante la crisis de la pandemia global, se ha puesto en evidencia la injusticia de género captada en las tareas de cuidados remunerados y no remunerados, los trabajos esenciales, las violencias machistas, la participación en los espacios consultivos y de toma de decisión en todos los ámbitos, la garantía de los derechos sexuales y reproductivos, etc.

Las mujeres son las que sostienen la vida principalmente y son las que están sufriendo más las consecuencias de la pandemia, una pandemia dentro de un sistema capitalista y patriarcal y de emergencia ecológica. La situación se agrava en el caso de las mujeres atravesadas por diferentes ejes de discriminación y opresión como son las mujeres migradas y con bajos recursos en el Norte Global, y las mujeres del Sur Global en general, tal como se señala desde el Consejo Nacional de las Mujeres de Cataluña (CNDC) [11]11 — Consell Nacional de Dones de Catalunya, Grupo de trabajo de Violencias Machistas (2020). En la crisi del COVID-19 visibilitzem la precarietat amb perspectiva de gènere. Informe disponible en línea. Véase también el comunicado «Conseqüències de la crisi post-COVID i del model de governança en les entitats especialitzades en l’abordatge de les violències masclistes», publicado por el Consell Nacional de les Dones de Catalunya (CNDC) en julio de 2020. Disponible en línea. .

Las mujeres son las que principalmente sostienen la vida, y son las que más están sufriendo los efectos de una pandemia dentro de un sistema capitalista, patriarcal y en emergencia ecológica. La estrategia de recuperación de la COVID-19 debe transversalizar el género en todas sus acciones; hace falta voluntad política

Por lo tanto, de la misma manera que para no dejar a nadie atrás hace falta una implementación de la Agenda 2030 con perspectiva de género y alineada con los instrumentos para la garantía de los derechos humanos de las mujeres y las personas que pertenecen a los colectivos LGTBI+, la estrategia de recuperación de la COVID-19 ha de transversalizar el género en todas sus acciones. Para ello hace falta una voluntad política que garantice no sólo una perspectiva de derechos e interseccional en sus acciones, sino también en los medios de financiación, es decir: presupuestos de género transversales y adecuados a las necesidades reales para poder llevar a cabo políticas no sólo paliativas de la crisis, sino que sean realmente transformadoras.

La misma voluntad política que se está exigiendo actualmente al Estado español desde organizaciones de la sociedad civil, como la Plataforma Futuro en Común, para alinear los Fondos europeos Next Generation con el Plan de Recuperación de la COVID-19 y la Estrategia de Desarrollo Sostenible para avanzar hacia un modelo de desarrollo que garantice la justicia social, económica, ecológica y de género [12]12 — Belén Sánchez-Rubio y Laura Adam. «No desaprovechemos esta oportunidad». Tribuna de Futuro en Común publicada en El País en abril de 2021. Disponible en línea. .

¿Puede realmente la Agenda 2030 contribuir a la igualdad de género?

Algunas, de muchas, recomendaciones [13]13 — Otras propuestas de recomendaciones pueden encontrarse en los artículos de la sección «Poder, autoridad y república feminista» dentro del monográfico núm. 47 – Feminismo(s) de la revista IDEES. Contenidos disponibles en línea. :

  • Implementar los ODS desde una perspectiva de género y transversalizada en toda la agenda e incluir la evaluación con perspectiva de género en las políticas públicas ya que exige la integración del principio de igualdad, tiene en cuenta la problemática estructural de las desigualdades, y utiliza herramientas (indicadores) para no dejar a nadie atrás. De esta manera se pueden plantear estrategias presentes y futuras pensadas desde y encaminadas hacia la garantía de los derechos humanos de todas las personas.

  • Dejar de valorar e implementar los ODS como si fueran compartimentos individualizados, como si no tuvieran nada que ver los unos con los otros. Los ODS están interrelacionados y, por lo tanto, toda implementación de la Agenda 2030 y la elaboración y ejecución de políticas públicas que se lleve a cabo sin las sinergias entre los ODS es por la falta de voluntad política. Esta es una de las reivindicaciones de las organizaciones de la sociedad civil y el movimiento feminista a nivel global, liderada por el Women’s Major Group [14]14 — Women’s Major Group (2020). Documento de posicionamiento para el High Level Political Forum 2020. «Accelerated action and transformative pathways: realizing the decade of action and delivery for sustainable development». Disponible en línea. .

  • Garantizar que las organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos humanos puedan tener un rol clave en la implementación, seguimiento, monitorización y evaluación. Para alcanzar los ODS, se necesita un proceso de formulación de políticas transparente y participativo real, y por lo tanto también hay que reforzar los espacios de seguimiento de la Agenda 2030 a nivel estatal, nacional y local garantizando la participación real y efectiva de estas organizaciones. Pero no sólo las grandes y las “de siempre” sino todas aquellas que trabajan a pie de calle para garantizar la justicia social, económica, ecológica y de género.

  • Reformar el Foro Político de Alto Nivel para el Desarrollo Sostenible (HLPF) y los espacios de rendición de cuentas de la Agenda 2030 tanto a nivel global como regional con la participación real de las organizaciones de la sociedad civil.

  • Garantizar el sostenimiento de las organizaciones feministas y de derechos humanos para el mantenimiento y continuidad de su participación, incidencia y generación de alianzas sólidas, no sólo en el ámbito regional e internacional sino también en el local y nacional.
  • Referencias

    1 —

    Naciones Unidas (2021). Commission on the Status of Women. Conclusiones convenidas en la 65ª sesión de la comisión. Documento disponible en línea.

    2 —

    Foro Generación Igualdad. «Acelerar el progreso hacia la igualdad de género de aquí a 2030». Artículo disponible en línea.

    3 —

    Amaia Orozco (2010). «Diagnóstico de la crisis y respuestas desde la economía feminista». Revista de Economía Crítica, núm. 9, primer semestre de 2010, ISSN: 2013-5254. Artículo disponible en línea.

    4 —

    ONU Mujeres – unwomen.org. «Mujeres, paz y poder». Contenido disponible en línea.

    5 —

    La Fede. «Avenços lents però constants cap al Tractat Vinculant sobre empreses transnacionals i drets humans de les Nacions Unides». Noticia publicada en noviembre de 2020 en el sitio web de lafede.cat. Disponible en línea.

    Véase también los contenidos de Stop Corporate Impunity.

    6 —

    Parlament de Catalunya. Mociones aprobadas. Información disponible en línea.

    7 —

    Agenda 2030 Feminista (2017). ODS 17 con perspectiva feminista. «Enfortir els mitjans d’execució i revitalitzar l’aliança mundial per al desenvolupament». Artículo disponible en línea.

    8 —

    Naciones Unidas (1995). Declaración y Plataforma de Acción de Beijing: Declaración política y documentos de resultados de Beijing +5. Reedición de UN Women (2014). Documento disponible en línea.

    9 —

    Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS). Pla nacional per a la implementació de l’Agenda 2030 a Catalunya. Disponible en línea.

    10 —

    Plataforma del proceso participativo «Sistemas de cuidados y ODS. Políticas públicas para la sostenibilidad de la vida». Propuestas en materia de cuidados y conciliación publicadas en el portal participa.gencat.cat. Información disponible en línea.

    11 —

    Consell Nacional de Dones de Catalunya, Grupo de trabajo de Violencias Machistas (2020). En la crisi del COVID-19 visibilitzem la precarietat amb perspectiva de gènere. Informe disponible en línea.

    Véase también el comunicado «Conseqüències de la crisi post-COVID i del model de governança en les entitats especialitzades en l’abordatge de les violències masclistes», publicado por el Consell Nacional de les Dones de Catalunya (CNDC) en julio de 2020. Disponible en línea.

    12 —

    Belén Sánchez-Rubio y Laura Adam. «No desaprovechemos esta oportunidad». Tribuna de Futuro en Común publicada en El País en abril de 2021. Disponible en línea.

    13 —

    Otras propuestas de recomendaciones pueden encontrarse en los artículos de la sección «Poder, autoridad y república feminista» dentro del monográfico núm. 47 – Feminismo(s) de la revista IDEES. Contenidos disponibles en línea.

    14 —

    Women’s Major Group (2020). Documento de posicionamiento para el High Level Political Forum 2020. «Accelerated action and transformative pathways: realizing the decade of action and delivery for sustainable development». Disponible en línea.

Montse_Pineda

Montse Pineda Lorenzo

Montserrat Pineda Lorenzo es feminista como opción política. Es vicepresidenta segunda del Consejo Nacional de Mujeres de Cataluña (CNDC). Ejerce de coordinadora de incidencia política en Creación Positiva y construye redes desde varias plataformas feministas. Trabaja en procesos locales y globales en defensa de los Derechos Humanos de las mujeres. Ha escrito varias publicaciones sobre los derechos sexuales, la salud desde una perspectiva feminista, el abordaje de las violencias sexuales y los derechos LGTBIQ+. En construcción desde 1970.


Laura Viladevall Corominas

Laura Viladevall Corominas es técnica del área de incidencia política de la entidad Creación Positiva, principalmente en relación a la implementación de la Agenda 2030 y otras agendas e instrumentos internacionales de derechos humanos de las mujeres en Catalunya, el Estado español, Europa y Naciones Unidas. Forma parte del equipo coordinador de la Plataforma Agenda 2030 Feminista. Es Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universitat Autònoma de Barcelona y tiene un Máster en Derechos Humanos y Democracia por la Universitat Oberta de Catalunya. Ha desarrollado proyectos de participación ciudadana (principalmente de infancia) en Catalunya; ha gestionado y coordinado proyectos de cooperación europeos, entre otros, para la garantía de los derechos de las mujeres en El Salvador (ISDEMU y Programa Ciudad Mujer), y ha trabajado para el Gobierno de Argentina en Naciones Unidas.