Cuando en 2015 los líderes mundiales adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, Barack Obama seguía siendo el presidente de los EE.UU. y sólo los virólogos tenían presentes los efectos que podía llegar a tener una pandemia mundial. A principios del 2021, el mundo ha cambiado mucho.

¿Siguen siendo relevantes los ODS en el contexto de la Covid-19?

La pandemia de la Covid-19 se ha extendido a más de 89 millones de personas y se han registrado alrededor de 2 millones de muertes relacionadas con el coronavirus en todo el mundo [1]1 — Datos de la John Hopkin’s University of Medicines, tomadas el 9 de enero de 2021. . Donald Trump, que durante su presidencia retiró los Estados Unidos tanto del Consejo de Derechos Humanos como del Acuerdo de París contra el cambio climático, acaba de culminar sus ataques a la democracia incitando a sus seguidores a invadir el Capitolio. En efecto, el momento en el que la rueda multicolor de los ODS difundió entusiasmo en todo el mundo y fue recibida con los brazos abiertos por parte de líderes políticos, empresas y la sociedad civil parece formar parte de un pasado remoto. A pesar de esto, mi reivindicación es que los ODS son más relevantes que nunca para recuperarnos del impacto que ha sacudido nuestras sociedades e instituciones. Esta reivindicación se basa en tres argumentos principales:

  1. Los ODS reflejan la esencia de los compromisos y obligaciones que han suscrito los estados durante los últimos 75 años y, por lo tanto, proporcionan una base sólida para que los ciudadanos exijan responsabilidades por falta de acción y progreso.
  2. Los ODS incluyen los elementos necesarios para una recuperación sostenible y coherente de la Covid-19 en las tres dimensiones del desarrollo sostenible (social, económico y ambiental) y, por lo tanto, nos proporcionan un marco operativo inmediato y mesurable para impulsar acciones y esfuerzos coordinados.
  3. Los ODS constituyen una visión que puede movilizar e involucrar a amplios sectores de la sociedad, de manera intergeneracional, para abordar los retos de nuestro tiempo: el aumento de la desigualdad, el agravamiento de las vulnerabilidades y el cambio climático, y también puede dar respuestas a las políticas autoritarias y populistas que han erosionado la legitimidad y la confianza en los líderes políticos y las instituciones.

La solidez y la durabilidad a largo plazo de los ODS
Los ODS se fundamentan en una red de obligaciones y compromisos existentes. Por ejemplo, el objetivo ODS 14.b sobre el acceso de los pescadores artesanales a pequeña escala a los recursos y mercados marinos refleja las Directrices voluntarias para conseguir la sostenibilidad de la pesca a pequeña escala, aprobadas por el Comité de Pesca de la FAO en 2014.

El objetivo ODS 8.7 tiene como finalidad erradicar el trabajo forzado, la esclavitud y el tráfico de personas. Este objetivo refleja las obligaciones establecidas de acuerdo con el convenio núm. 29 de la OIT y otros instrumentos de trabajo y de derechos humanos básicos sobre trabajo forzado que han sido ratificados por todos los estados miembros de la ONU. Cabe mencionar que el convenio número 20 de la OIT ya fue adoptado por esta organización en 1930 y que hace décadas que está en vigor en la mayoría de países.

La Agenda 2030 para el desarrollo sostenible no surgió de la nada en 2015. No es un invento repentino: los ODS capturan una larga historia de compromisos y obligaciones multilaterales en evolución; algunos codificados en tratados y convenciones, otros expresados como aspiraciones y principios en las declaraciones y directrices de la ONU.

En general, los vínculos entre los derechos humanos y los ODS son sólidos y explícitos. El preámbulo de la Agenda 2030 reafirma explícitamente que los ODS “pretenden hacer realidad los derechos humanos de todas las personas “, y el 92% de los 169 objetivos de los ODS están directamente relacionados con uno o más de los convenios sobre derechos humanos básicos. Además, la Agenda parte de los principios de los derechos humanos de participación, inclusión, transparencia y responsabilidad. Del mismo modo, el compromiso de no dejar a nadie atrás se hace eco de los principios de los derechos humanos de igualdad y no discriminación. Al analizar el vínculo de los derechos humanos de cada ODS y sus objetivos correspondientes, se hace evidente que la Agenda 2030 y los derechos humanos se entrelazan y están indisolublemente ligados.

El Instituto Danés de Derechos Humanos ha trazado los vínculos específicos entre los 169 objetivos de los ODS y 81 instrumentos internacionales y regionales de derechos humanos, normas laborales internacionales e instrumentos ambientales multilaterales [2]2 — Podéis encontrar todos los vínculos entre los ODS y los instrumentos aplicables a cada país en esta base de datos interactiva. . Los vínculos demuestran que la Agenda 2030 y los ODS se fundamentan en una densa red de obligaciones y compromisos existentes que se han desarrollado durante décadas para hacer frente a los desafíos globales que afectan a los seres humanos y otras formas de vida del planeta, del trabajo forzado al cambio climático. Este vínculo garantiza la solidez y la sostenibilidad de la Agenda a largo plazo.

La Agenda 2030 proporciona un marco para la coherencia y para evitar la externalización de impactos negativos en las tres dimensiones del desarrollo sostenible.

Por ejemplo, el ODS 8 tiene como objetivo crear empleo, lo cual favorece las dimensiones económica y social del desarrollo sostenible, mientras que el ODS 7 y el ODS 13 tienen como objetivo facilitar la transición hacia las energías renovables y combatir el cambio climático, lo cual favorece la dimensión ambiental del desarrollo sostenible. En consecuencia, de acuerdo con el carácter tridimensional del desarrollo sostenible, los puestos de trabajo creados gracias al ODS 8 tienen que permitir una transición justa hacia una economía baja en carbonio.

La Agenda 2030 recoge la infinidad de obligaciones y compromisos internacionales de los estados y las sitúa en un marco único y bien estructurado, lo cual facilita la comprensión y la comunicación. Por lo tanto, reduce la enorme complejidad de las obligaciones de los estados a objetivos mesurables, lo que permite la evaluación pública y el análisis del progreso.

La Agenda 2030 es, por lo tanto, una herramienta clave para que los ciudadanos puedan exigir a sus gobiernos responsabilidades en relación a los compromisos y obligaciones pospuestos y acelerar la acción en una gran diversidad de áreas y campos. De este modo, se puede utilizar para abordar la falta de implementación de los derechos humanos y otras obligaciones, acercar la acción del gobierno a las expectativas de los ciudadanos y ayudar a generar confianza y legitimidad en las instituciones democráticas.

Relevancia en el contexto Covid-19

Durante el último año, la pandemia de Covid-19 ha tenido un efecto devastador en las sociedades y en grupos vulnerables como las personas sin hogar, las personas mayores, los pobres, las personas con discapacidad y las personas con acceso limitado a la seguridad social, el agua potable, las tecnologías de la información, etc. Además, algunos gobiernos han utilizado la pandemia como excusa para limitar innecesaria o desproporcionadamente la garantía de los derechos civiles y políticos, con el fin de, por ejemplo, poner en el punto de mira a los defensores de los derechos humanos o silenciar la disidencia.

No hay duda de que la aplicación efectiva y a tiempo de las obligaciones existentes en materia de derechos humanos, por ejemplo, el acceso a la atención sanitaria universal, la seguridad social y el acceso a la justicia, habría aumentado la resiliencia de las sociedades y comunidades durante la pandemia de Covid-19.

En muchos sentidos, la pandemia actúa como una lupa que revela y agrava los patrones de vulnerabilidad, desigualdad y discriminación existentes y las tendencias hacia modos autoritarios de gobierno. Estos patrones, a su vez, reflejan que los estados han aplazado muchas de las obligaciones relacionadas con el derecho internacional de los derechos humanos, así como muchos de los compromisos pendientes de la Agenda 2030.

El relevante informe del secretario general de la ONU sobre Derechos Humanos y Covid-19 nos recuerda enérgicamente que: «[e]ste no es un momento para olvidar los derechos humanos; es un momento en el que, más que nunca, los derechos humanos son necesarios para navegar por esta crisis de una forma que nos permita, tan pronto como sea posible, centrarnos de nuevo en conseguir un desarrollo sostenible equitativo y mantener la paz” [3]3 — Human Rights and COVID-19: we are all in this together, abril del 2020. Disponible en línea. . Además, subraya que: “la Agenda 2030, fundamentada en los derechos humanos, proporciona un plan completo para la recuperación sostenible de la pandemia” [4]4 — Ibid. .

Ahora el reto es conceptualizar este proyecto para la recuperación sostenible para que coincida con la urgencia de la recuperación de la Covid-19, se base en los esfuerzos previos y las lecciones aprendidas, una las partes interesadas y se implemente inmediatamente a través de las instituciones, los mecanismos y las medidas existentes.

Aunque todos los derechos humanos y los ODS están enlazados entre ellos y son indispensables para una recuperación sostenible, ciertos objetivos ya han demostrado que tienen la máxima relevancia en el contexto de la pandemia de Covid-19. Estos objetivos se extraen de todos los ODS y cubren las tres dimensiones del desarrollo sostenible (social, económico y ambiental), así como todos los derechos sociales, económicos, civiles y políticos.

Una lista no exhaustiva de objetivos que son cruciales para una recuperación sostenible incluiría los elementos siguientes:

  • Reforzar la protección social (objetivo 1.3 de los ODS), desarrollar resiliencia (1.5) y garantizar la seguridad alimentaria (2.1).
  • Combatir epidemias y enfermedades contagiosas (3.3.), garantizar una cobertura sanitaria universal y medicamentos y vacunas asequibles para todo el mundo (3.8, 3.b), aumentar la financiación de la sanidad y el número de trabajadores formados en el ámbito sanitario (3.c) y reforzar la capacidad de gestión de los riesgos sanitarios globales (3.d).
  • Garantizar una educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad para todo el mundo (4.1).
  • Eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas (5.2.) y mejorar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación para empoderar a las mujeres (5.b).
  • Conseguir el acceso a instalaciones sanitarias e higiene adecuado y equitativo para todo el mundo (6.2) y expandir la cooperación internacional en programas de agua y de instalaciones sanitarias (6.a).
  • Garantizar un trabajo digno para todo el mundo (8.5) y dar apoyo a la emprendeduría y la innovación (8.3).
  • Reducir las desigualdades de resultados, eliminar las leyes, políticas y prácticas discriminatorias (10.3) y adoptar políticas fiscales, salariales y de protección social para conseguir la igualdad (10.4).
  • Garantizar el acceso de todo el mundo a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles (11.1).
  • Avanzar en una transición verde y justa hacia una gestión y uso sostenibles de los recursos naturales (12.2), la conservación, restauración y uso sostenible de los ecosistemas (15.1) y aumentar sustancialmente la proporción de energías renovables en el mix energético mundial (7.2).
  • Desarrollar instituciones eficaces, responsables y transparentes (16.6); garantizar una toma de decisiones receptiva, inclusiva, participativa y representativa (16.7); acceso a la justicia (16.3) y a la información, y protección de las libertades fundamentales (16.10).
  • Reforzar la movilización de recursos nacionales (17.1), aumentar la ayuda oficial al desarrollo (17.2); mejorar la cooperación internacional en ciencia, tecnología e innovación (17.6) y mejorar la generación de datos desagregados (17.18).

Estos objetivos constituyen una conceptualización muy genérica de la recuperación sostenible que no deje a nadie atrás. Por lo tanto, se tienen que utilizar en una combinación que se adapte al contexto y al impacto de la pandemia del país en cuestión, teniendo en cuenta los impactos diferenciados en varios sectores de la población y de la sociedad.

Muchos de los indicadores mundiales de los ODS son muy relevantes para medir el progreso en la recuperación sostenible de la pandemia de Covid-19. Por ejemplo, la relevancia de los indicadores de los ODS relacionados con los objetivos 1.3. (protección social) y 3.b. (medicamentos y vacunas esenciales) tendría que ser evidente:
Indicador 1.3.1: Proporción de población cubierta por sistemas y niveles de protección social, por sexo, distinguiendo niños, personas en el paro, gente mayor, personas discapacitadas, mujeres embarazadas, bebés, víctimas de accidentes de trabajo y pobres y personas en situación vulnerable.
Indicador 3.b.1: Proporción de la población objectivo cubierta por todas las vacunas incluidas en su programa nacional.

Sin embargo, esta conceptualización puede ser un punto de partida para el diálogo y para la identificación posterior de las soluciones necesarias concretas y específicas para el contexto, incluyendo medidas especiales para aquellos que se encuentran en situaciones de más riesgo o a quienes ha afectado más la pandemia.

Basar la conceptualización de la recuperación sostenible en los ODS y los derechos humanos nos proporciona un marco inmediato operativo y mesurable para acciones y esfuerzos coordinados. Una ventaja adicional es que podemos basarnos en los indicadores y los datos globales de los ODS y en los resultados de los mecanismos de control de los derechos humanos.

Además de los indicadores de los ODS, los mecanismos de control institucionalizados evalúan el progreso de la implementación, las carencias y los retos en relación con los derechos humanos y la normativa laboral internacional. Todos estos mecanismos han generado miles de recomendaciones a los estados, que son relevantes para conseguir la recuperación sostenible.

La figura 1 muestra el número de recomendaciones del sistema internacional de derechos humanos (Examen Periódico Universal, órganos de los tratados y procedimientos especiales) disponibles para algunos de los objetivos clave para una recuperación sostenible.

Estas recomendaciones se pueden filtrar por país y por grupos de colectivos afectados para proporcionar orientaciones específicas por país y garantizar que nadie se quede atrás. Por ejemplo, Dinamarca ha recibido 692 recomendaciones del sistema internacional de derechos humanos. En 2019, Dinamarca recibió una recomendación emitida por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR, según sus siglas en inglés) en relación con la situación de las personas sin hogar que cobró una gran importancia cuando estalló la pandemia:

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Dinamarca
Derecho a una vivienda adecuada. El Comité recomienda que, en el contexto de la implementación del plan de acción 2018-2021 contra la situación de las personas sin hogar, el Estado:
a) aumente la capacidad de los refugios para personas sin hogar y elimine las barreras administrativas para acceder a ellos;
b) invierta en medidas que proporcionen soluciones a largo plazo y que den apoyo a la reinserción social de las personas sin hogar;
c) derogue las disposiciones legales que criminalizan las conductas asociadas a situaciones de pobreza y privación del derecho a una vivienda adecuada, como la mendicidad y dormir en la calle.
Consúltese la fuente.


Por lo tanto, el hecho de ofrecer alojamiento en hoteles vacíos a las personas sin hogar de las calles de Copenhague durante el confinamiento de la primavera es una acción que se ajusta a la recomendación del CESCR de proporcionar refugios inmediatos sin barreras administrativas. Además, las connotaciones sociales y sanitarias más positivas de este enfoque que prioriza la vivienda, proporcionan elementos para entender cómo podría ser la recuperación sostenible de las personas sin hogar a largo plazo [6]6 — Véase esta página (en danés). . Esto apunta al gran potencial de utilizar los ODS y los derechos humanos como “plan para el desarrollo sostenible”, tal como señaló el secretario general de la ONU.

Reconstruir la confianza y la legitimidad mediante una recuperación sostenible

Desde el principio, la Agenda 2030 se concibió como un marco con múltiples actores interesados, que sólo se podía llevar a cabo colaborando con todos los sectores de la sociedad, incluidos los trabajadores, las empresas, las mujeres, los gobiernos locales, los pueblos indígenas, los niños y los jóvenes, y las personas con discapacidad, entre otros. No obstante, adoptado como marco intergubernamental, las responsabilidades principales corresponden a los gobiernos. Asimismo, los gobiernos son los principales responsables de garantizar los derechos humanos, según el marco que los establece.

La Agenda 2030 va acompañada de una promesa de acción transformadora que incluye la lucha contra el cambio climático, la reducción de las desigualdades, la creación de puestos de trabajo dignos y no dejar a nadie atrás. Como se explica claramente en el informe del secretario general de la ONU sobre el progreso de los ODS, “el cambio en las trayectorias del desarrollo necesario para generar la transformación que se requiere con el fin de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 aún no avanza a la velocidad o la escala necesarias” [7]7 — Report of the Secretary-General on SDG Progress: Special Edition 2019, p.4, disponible en línea. . El informe es del 2019, un año antes de que la pandemia debilitara todavía más los esfuerzos hacia el desarrollo sostenible. Desde entonces, hemos sido testigos de una desigualdad creciente, de vulnerabilidades desatendidas, del fracaso a la hora de parar el cambio climático, así como de gobiernos autoritarios y populistas que han erosionado la legitimidad y la confianza en los líderes políticos y en las instituciones. Por lo tanto, no tendríamos que hacer que los ODS “reanuden el hilo”, sino admitir que necesitamos un hilo nuevo para la recuperación sostenible.

Con el fin de generar motivación, compromiso y, finalmente, confianza, necesitamos una visión que pueda movilizar amplios sectores de la sociedad, de manera intergeneracional. Los ODS, fundamentados por los derechos humanos, constituyen esta visión.

  • REFERENCIAS

    1 —

    Datos de la John Hopkin’s University of Medicines, tomadas el 9 de enero de 2021.

    2 —

    Podéis encontrar todos los vínculos entre los ODS y los instrumentos aplicables a cada país en esta base de datos interactiva.

    3 —

    Human Rights and COVID-19: we are all in this together, abril del 2020. Disponible en línea.

    4 —

    Ibid.

    5 —

    El SDG – Human Rights Data Explorer [ODS – Buscador de datos sobre derechos humanos], desarrollado por el Instituto Danés de Derechos Humanos, es una base de datos interactiva que permite encontrar y explorar todas las recomendaciones del sistema internacional de derechos humanos, filtradas por país, ODS(objetivo, grupos afectados, etc. Disponible en línea.

    6 —

    Véase esta página (en danés).

    7 —

    Report of the Secretary-General on SDG Progress: Special Edition 2019, p.4, disponible en línea.

Birgitte Feiring

Birgitte Feiring

Birgitte Feiring es directora departamental del Instituto Danés para los Derechos Humanos, donde lidera varios proyectos para garantizar que la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se implementan en concordancia con los derechos humanos, sin dejar a nadie atrás. Actualmente, preside el grupo de trabajo sobre ODS de la Alianza Mundial de Instituciones Nacionales de Derechos Humanos. Durante más de 30 años, ha trabajado en los ámbitos del desarrollo sostenible y los derechos fundamentales, y tiene experencia en Asia, África y América Latina. Su trayectoria incluye trabajo de campo en varias comunidades, y ha ocupado también cargos en la Comisión Europea y la Organización Internacional del Trabajo. Feiring ha desarrollado un marco integral de seguimiento del estado de los derechos humanos y el desarrollo de los pueblos indígenas basado en varios indicadores. Como consultora independiente, ha asesorado alianzas y organizaciones bilaterales de cooperación y ayuda al desarrollo, agencias de las Naciones Unidas, empresas y organizaciones de la sociedad civil.