La apuesta decidida por el impulso de la universidad y la investigación ha sido una de las constantes inalteradas del liderazgo chino de las últimas cuatro décadas. En todo momento ha sido un proceso con una fuerte inversión estatal y con unas directrices de planificación centralizadas y con estrategias muy ambiciosas, planteadas y desplegadas a largo plazo.

La apuesta inicial por la reconstrucción y la expansión del sistema universitario (1977-1995)

Cuando Deng Xiaoping llega al poder, después de la muerte de Mao Zedong (1976) y de la derrota de la Banda de los Cuatro, lo hace promoviendo el principio de “buscar la verdad a través de los hechos” (实事求是), como piedra angular del “socialismo con características chinas”. Se trata de una cita del joven Mao Zedong de 1938 que paradójicamente tenía que servir para legitimar la tarea de desmaoización: de desmantelamiento sistemático del legado político de los últimos años de la vida del Gran Timonel, sin llegar a descolgar el retrato de la plaza de Tiananmen. El pragmatismo y el saber objetivo tenían que dejar atrás los dogmatismos ideológicos y los fantaseos desaforados del comunismo fundamentalista de la Revolución Cultural.

A partir de entonces la ciencia, la tecnología y el conocimiento se pusieron en el centro del nuevo esfuerzo modernizador. Quedaban atrás los tiempos convulsos de una Revolución Cultural que había comportado el cierre literal de todos los centros educativos y de las universidades durante más de una década. Con el restablecimiento el año 1977 del gaokao (高考), el examen de selectividad, y con la reapertura de las universidades y otros centros de formación media y superior se iniciaba a finales de los años setenta un periodo de dos décadas en el que el énfasis se puso en la reconstrucción de un sistema universitario que había quedado devastado por las sucesivas purgas a los profesores y, de forma todavía más desgarradora, por los años de cierre. Se buscaba ante todo el crecimiento y la multiplicación del sistema, con el fin de superar las enormes precariedades de partida, para así poder absorber la demanda de acceso creciente de estudiantes en la universidad. Se trataba de recuperar el tiempo perdido.

Se reabrieron las antiguas universidades. Algunas como la Universidad de Pekín habían sido creadas por los poderes extranjeros que semicolonizaban China a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Todas habían sido reformuladas a partir del modelo universitario soviético en los años cincuenta. A diferencia de otros sectores, la lenta pero decisiva irrupción en China de capitales extranjeros y de la propiedad privada no afectaba a la enseñanza superior, de propiedad y gestión pública.

La proyección internacional del sistema universitario chino no era en aquel momento prioritaria, pero sí lo era la salida de los jóvenes chinos a estudiar a universidades de prestigio. Se becaron cada año miles de estudiantes chinos para estudiar en universidades extranjeras, especialmente norteamericanas. Este gesto de apertura tuvo un impacto importante, al conseguir índices muy elevados de retorno.

A finales de los años setenta, se iniciaba un periodo de dos décadas donde el énfasis se puso en la reconstrucción de un sistema universitario que había quedado devastado por las sucesivas purgas a los profesores y, de forma todavía más desgarradora, por los años de cierre

Con este impulso inicial a la educación superior universitaria de la década de 1980 y principios de los años 1990, se reconectaba con los valores culturalistas seculares de tradición confuciana. El estudio y el conocimiento eran (y son) considerados como la forma superior de ascenso y perfeccionamiento sociales e individuales. La tradición meritocrática china había convertido la figura del letrado en el gobernante y el garante de la reproducción del poder a través de la demostración evaluada de unos conocimientos. Las oposiciones a los diferentes rangos de la gobernación constituyen uno de los “inventos” chinos más globalmente fértiles y provechosos. Las academias imperiales conducían institucionalmente este proceso de aprendizaje superior. La etapa reformista que abría Deng Xiaoping a finales de la década de 1970 venía a actualizar esta tendencia culturalista secular.

La creación de una élite nacional universitaria (1995-2017)

A mediados de la década de 1990, durante el mandato de Jiang Zemin y Zhu Rongji, se produce un cambio estratégico sustancial que se orienta claramente hacia la estratificación jerarquizada, dejando atrás el trato y la financiación más o menos igualitaria de todos los centros universitarios. Se decide entonces favorecer y diferenciar claramente a la élite de unas pocas universidades de investigación, capaz de competir en pocas décadas a nivel internacional.

El contexto político y económico de este giro en las políticas universitarias es el de la China de finales de los años noventa. Es en aquellos años en los que China apuesta sin dudas por la aceleración del crecimiento económico basado en la inversión extranjera y la deslocalización de la industria internacional (que llevaba de paso la transferencia de tecnología). Se crece entonces a un ritmo de dos dígitos anuales. Es en aquellos años en los que se confirma en su ordenamiento constitucional la apuesta explícita por el aparente oxímoron del socialismo de mercado. Los detractores chinos de la nueva izquierda lo calificaron de capitalismo de estado, de comunismo neoliberal o de leninismo de mercado.

En las fases reformistas iniciales de los 80 y primeros 90, el gradualismo y la experimentación con los mercados a través de un método de prueba-error en ámbitos y sectores muy específicos y acotados marcaban el desarrollo económico e institucional chino. Pero todo se acelera de forma decidida a partir de 1993, una vez Deng Xiaoping hubo eliminado toda sombra de disidencia política (después de la represión sangrante y expeditiva de las protestas de Tiannamen de 1989) y cuando también hubo dejado fuera de combate la influencia de la vieja guardia, reticente a los cambios económicos y sociales. China se encuentra en los años noventa en pleno proceso de adaptación por la entrada a la Organización Mundial del Comercio (que se produjo en diciembre del año 2001). Se encuentra también en proceso de consolidación del mercado financiero y de la rápida extensión territorial y sectorial de la inversión privada interna y externa.

China se convierte en escenario principal de la globalización. Se convierte en la fábrica el mundo. El gran crecimiento económico se produce en aquel momento gracias a una mano de obra barata e inconmensurable, dispuesta a trabajar mucho por muy poco en una industria exportadora, deslocalizada y de manufactura. Aunque el crecimiento se encontraba todavía entonces ligado a una dimensión cuantitativa, en aquel contexto el liderazgo chino planteó un horizonte de futuro que necesariamente tenía que ser muy diferente: ligado a largo plazo al aumento del valor añadido, de la productividad, de la innovación, del diseño, de la tecnología propia, de la eficiencia energética, de la proyección internacional… En este horizonte, la universidad y la investigación tenía que jugar un papel fundamental.

China se encontraba también a finales de la década de 1990 en pleno proceso de reconversión de la vieja industria pesada, forjada en los años cincuenta según los modelos soviéticos. Al mismo tiempo empezaba a aplicar criterios de rentabilidad y productividad en los grandes conglomerados productivos y administrativos estatales de todos los sectores. Hasta entonces no se había desmantelado ni reformado prácticamente nada de la vieja economía socialista (con la excepción de las comunas rurales). Hasta mediados de la década de 1990 no había habido ni privatizaciones, ni reformas en los sectores estatales, solamente la descentralización en la gestión. Es justo en este contexto de reformas estructurales en todos los sectores institucionales y económicos públicos de finales de la década de 1990, que se formulan en China los primeros planos de reestructuración del sistema universitario que determinan el curso y la proyección de futuro de la universidad china actual [1]1 — Ma, W. (2007). The Flagship University and China’s Economic Reform. A P. G. Altbach & J. Balán (Eds.), World Class Worldwide: Transforming Research Universities in Asia and Latin America (pp. 31-53). Baltimore: The John Hopkins University Press. .

En 1995 empezaba este giro estratégico con el Proyecto 211. El nombre del proyecto proviene de una abreviatura del eslogan «En preparación para el siglo XXI, gestionando con éxito 100 universidades” (面向 21世纪, 办好 100 所 高校). Se trataba de concentrar en 100 universidades (que al final acabaron siendo 116, el 6% del sistema universitario chino) los esfuerzos de aportación presupuestaria y de reforma interna, con la intención de elevar la calidad de la docencia, los estándares de investigación, el acceso a una internet de alta calidad y las sinergias para el desarrollo socioeconómico. Podían ser incluidas en la medida en que habían superado los requisitos científicos, técnicos y de recursos humanos. Durante la primera fase del Proyecto 211, de los años 1996 en el 2.000, se distribuyeron aproximadamente 2.200 millones de dólares. En la segunda fase se llegaron a los 700 millones de dólares.

En 1998, tres años más tarde, se ponía en marcha el Proyecto 985, que hacía referencia a la fecha de su anuncio, en un discurso del líder Jiang Zemin en el acto de celebración del centenario de la Universidad de Pekín, en mayo del año 1998. Este proyecto se superponía al Proyecto 211. Se acentuaba la voluntad de promover y financiar todavía más excepcionalmente un grupo todavía más elitista y reducido de universidades para convertirlas en centros de primera clase mundial de cara al siglo XXI. El proyecto implicaba que tanto el gobierno central como los gobiernos provinciales y locales asignaran grandes cantidades de financiación con el fin de construir nuevos centros de investigación, mejorar las instalaciones, celebrar conferencias internacionales, atraer profesores de renombre mundial y académicos visitantes y para ayudar a los profesores chinos a asistir a conferencias en el extranjero. Un total de 39 universidades han sido incluidas en los programas especiales de financiación y mejora del Proyecto 985. La mayoría de estas 39 universidades del Proyecto 985 se clasifican entre las 500 mejores universidades del mundo según diferentes rankings mundiales.

Dentro de este programa, los esfuerzos mayores se concentraron especialmente en una selección todavía más elitista de sólo nueve universidades. En 2009 se formalizó institucionalmente en la Liga C9 (九校联盟), que se consideraba y presentaba como el equivalente chino de la Ivy League de los EE.UU. Durante los dos primeros años del programa (1999-2001) se habían invertido unos 1.200 millones de dólares sólo para promover estas nueve universidades de primer nivel. Entre 2004-2007 las universidades del C9 recibieron la mitad del total de los 2.800 millones de dólares de financiación para el conjunto de las 39 universidades incluidas en el Programa 985. Seis de las nuevas universidades que forman este grupo exclusivo del C9 (Universidad Tsinghua, Universidad de Pekín, Universidad de Zhejiang, Universidad Shanghai Jiaotong, Universidad de Ciencia y Tecnología de China y Universidad Fudan) se encuentran entre las 100 primeras en los principales rankings universitarios mundiales. Las otras tres están cerca.

Estas estrategias de concentración de los esfuerzos de financiación y reforma en un segmento de centros universitarios muy reducido, con filtros de entrada muy exigentes (superiores a los que presentan las universidades más preciadas del mundo anglosajón), orientadas a situar estas universidades en un rango de máxima calidad internacional generaron algunas voces discrepantes en los ámbitos que expresaban (con sordina) el malestar de los centros excluidos de la fiesta: la gran mayoría, el 94% centros universitarios indefectiblemente asomados a una función sectorial o regional, a una función más docente que investigadora. Se criticó que la brecha que se abría entre el centenar escaso de universidades incluidas en los Proyectos 211, 985 y C9 y la mayor parte de los más de dos mil centros que no forman parte del programa era del todo contraria a los principios de igualdad propios de un estado socialista como el chino. Se criticó que sofocaba la competencia, reduciendo al mínimo la autonomía universitaria. Al concentrarse las ayudas de investigación en unos pocos centros, se detectaron costes de oportunidad: el dinero no se gastaba necesariamente en los proyectos más merecedores de las ayudas.

Durante la última década, la China de Xi Jinping ha dado un giro autoritario (si no totalitario) que ha reducido de forma significativa la transparencia, la libertad de expresión y de cátedra, especialmente en los campos de las ciencias sociales y las humanidades

A pesar de que estas voces críticas no han podido tener mucha resonancia, han podido quizás influir en algunos de los cambios de los últimos años, junto con la percepción que la enorme presión acelerada por publicar y generar patentes ha comportado una inflación de fakes y papers irrelevantes y faltos de calidad, escasamente citados o sin una producción efectiva de conocimiento. Durante la última década, la China de Xi Jinping ha dado un giro autoritario (si no totalitario) que ha reducido de forma significativa la transparencia, la libertad de expresión y de cátedra, especialmente en los campos de las ciencias sociales y las humanidades. Este es uno de los grandes hándicaps que lastra el futuro de la universidad china. Se han producido despidos fulminantes de unos cuantos profesores de gran prestigio por su desacuerdo con el curso político. Que el año 2019 la Universidad de Fudan (como ya han hecho otras universidades chinas) eliminara de sus lemas constitutivos las referencias a la libertad de pensamiento y la búsqueda de la verdad, sustituyéndolos por la lealtad al Partido y el Patriotismo, deja bien claro por dónde van los rasgos [2]2 — David Y. F. Ho (2014) Why Aren’t There More World-Class Universities in China? Global Asia. 9, (4) 96-99. .

Los nuevos planes para consolidar universidades de primera clase mundial (2017-2050)

Sin romper con la filosofía de fondo de los programas anteriores y respondiendo en parte a las deficiencias detectadas, en 2017 se promovieron dos nuevos planes paralelos y complementarios que han introducido algunas variables muy relevantes, y que en parte abren el juego competitivo a una parte de los centros que antes habían sido sistemáticamente excluidos de los programas de priorización.

El plan Construcción de Universidades de primera clase internacional y de disciplinas de primera clase internacional 世界一流大学和一流学科建设, conocido habitualmente como el Plan de la Doble Primera Clase (双一流) prioriza 42 universidades de primer nivel. En paralelo el plan identifica 465 disciplinas de primera clase, es decir áreas de conocimiento dispersas en un total de 95 universidades diferentes. Aparte de la novedad de identificar no tan sólo universidades sino disciplinas, el plan plantea exigentes acreditaciones periódicas que pueden hacer perder el rango. Se exige a los gobiernos provinciales que reorganicen el mapa universitario, con fusiones y jerarquizaciones locales. El plan se dirige ahora al conjunto del sistema para mejorar la calidad. Según el Times Higher Education World University Rankings 2019/20, la mayoría de las 42 universidad de primer rango se encuentran ya entre las 500 mejores universidades del mundo. Y el objetivo que se persigue es que en una década estén todas, y la mayoría en posiciones preeminentes, entre los primeros centenares. El horizonte de 2050 apuesta por que China desplace claramente a los EE.UU. y Europa como primeras potencias universitarias. Y no es una apuesta retórica ni procastinadora.

En función de su enorme peso económico y demográfico, en términos cuantitativos absolutos las cifras de China siempre son imbatibles. La batalla que juega ahora es la cualitativa. China tiene ahora el mayor sistema de educación superior del mundo. Con respecto al número de estudiantes, en 2019, la matriculación total en los centros de enseñanza superior regulares superaba los 30 millones de estudiantes. Con respecto a la internacionalización, en 2019 China había enviado a más de 550.000 estudiantes al extranjero, convertida ya en la mayor fuente del mundo de estudiantes internacionales. En un sentido inverso, en 2019 hubo 440.000 estudiantes de 205 países que cursaban estudios en China, cosa que convirtió a China en el mayor destino de Asia para estudios en el extranjero.

En este apartado de la internacionalización es especialmente significativo el Programa Mil Talentos (千人 计划) que fue introducido en 2008. El programa promueve el retorno de los investigadores y profesores chinos consolidados en el extranjero. Ha sido muy efectivo en la captación temporal de investigadores chinos de la diáspora, que han hecho estancias temporales, pero ha sido menos efectivo en conseguir que se desvincularan de sus universidades extranjeras para establecerse de forma permanente en China. En los últimos años este plan ha sido objeto de fuerte polémica especialmente en EE.UU., Canadá y Australia al considerarse que encubría un proceso de espionaje científico, industrial y militar.

La aprobación del decimocuarto plan quinquenal en marzo de 2021 ha reforzado y multiplicado la apuesta por la soberanía tecnológica y el desarrollo científico como una necesidad imperiosa, en un contexto geoestratégico de competencia (o guerra) tecnológica con implicaciones militares [3]3 — Mu-ming Poo. (2021) Innovation and reform: China’s 14th Five-Year Plan unfolds. National Science Review, 8, (1), nwaa294. Disponible en línia. . Así, por ejemplo, se han implementado de un año para el otro 37 grados específicamente centrados en la inteligencia artificial [4]4 — Liao Shumin (2021). AI Is Among 37 Undergrad Majors Added by China’s Universities. Article publicat el 3 de març de 2021 al portal Yicai Global. Disponible en línia. .

Más allá del prestigio global de los rankings, a la universidad china se le plantea un papel clave en este desarrollo técnico-científico estratégico. Por poner sólo un ejemplo, la universidad puntera del sistema universitario chino, la Universidad Tsinghua, aparte de estar en lo más alto de los rankings, de alimentar al gobierno de cuadros y altos dirigentes, y de liderar la investigación en todos los ámbitos del conocimiento, ha generado un conglomerado de empresas tecnológicas dedicadas a la investigación de primer nivel en sectores estratégicos: Tsinghua Holdings [5]5 — The China Files, contingut publicat a The Wire China. Disponible en línia. .

Más allá del prestigio global de los rankings, a la universidad china se le plantea un papel clave en la apuesta por el desarrollo técnico-científico estratégico de China. En sólo un año, se han implementado 37 grados centrados en la inteligencia artificial

Tsinghua Holdings tiene una influencia inmensa en la competitividad científica y tecnológica de China: incorpora un grupo de empresas, incluida Tsinghua Unigroup, clave en la industria de los semiconductores. A través de estas filiales, ha liderado algunos de los esfuerzos más ambiciosos de Pekín por adquirir tecnologías en el extranjero y formar empresas conjuntas con firmas como HP, Intel, Western Digital y Micron. La filial TusHoldings ha construido parques científicos y tecnológicos en Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur, Rusia e Israel. La compañía de seguridad e informática Tsinghua Tongfang’s Nuctech trabaja en 150 países, incluido el suministro de equipos de seguridad para los Juegos Olímpicos de Rio, los ferrocarriles belgas y el departamento aduanero australiano. También en este sentido, la Universidad Tsinghua marca el camino de proyección global que las otras universidades chinas se quiere que sigan.

  • Referencias

    1 —

    Ma, W. (2007). The Flagship University and China’s Economic Reform. A P. G. Altbach & J. Balán (Eds.), World Class Worldwide: Transforming Research Universities in Asia and Latin America (pp. 31-53). Baltimore: The John Hopkins University Press.

    2 —

    David Y. F. Ho (2014) Why Aren’t There More World-Class Universities in China? Global Asia. 9, (4) 96-99.

    3 —

    Mu-ming Poo. (2021) Innovation and reform: China’s 14th Five-Year Plan unfolds. National Science Review, 8, (1), nwaa294. Disponible en línia.

    4 —

    Liao Shumin (2021). AI Is Among 37 Undergrad Majors Added by China’s Universities. Article publicat el 3 de març de 2021 al portal Yicai Global. Disponible en línia.

    5 —

    The China Files, contingut publicat a The Wire China. Disponible en línia.

Manel Ollé

Manel Ollé

Manel Ollé es profesor titular en historia y cultura de China moderna y contemporánea en el Departamento de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y coordinador del Máster de Estudios Chinos de la misma universidad. Sus principales líneas de investigación se centran en la China marítima, las relaciones y percepciones entre China y Europa durante los siglos XVI-XVII y la historia de la diáspora china en el sureste de Asia. Es miembro del grupo de estudios de Asia Pacífico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e investigador visitante en el National Research Centre of Overseas Sinology de la Universidad Beijing Foreign Studies (BFSU Beijing). Junto con Yu-chung Lee, es codirector del proyecto "Southern European Historical Materials Concerning China in the 16th and 17th Centuries". Es autor de numerosos libros, ensayos y artículos sobre la historia china, entre los que destacan La invención de China (2001), La Empresa de la China: de la armada invencible al Galeón de Manila (2002) o Made in China: el despertar social, político y cultural de China (2005). También ha traducido varias obras, como El sentit de la literatura, de Gao Xingjian (2004), Pedra i pinzell. Antologia de la poesia clàssica xinesa (2012) i Tao. Fragments del camí del vell savi xinès (2017).