Cataluña siempre ha sido un gran país solidario, especialmente desde los pueblos y ciudades. Para hablar de la cooperación municipalista tenemos que irnos a principios de los años 80, cuando un grupo de entidades impulsó la recogida de firmas para pedir al estado español que cumpliera con la recomendación de Naciones Unidas de destinar el 0,7% del PIB a la cooperación internacional. El éxito que supuso aquella campaña a nivel social provocó que en julio de 1986 un grupo de ayuntamientos se reunieran en Salt para crear el Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo (FCCD).

La idea de agrupar a diferentes consistorios en un mismo espacio o entidad no sólo resultó innovadora en Cataluña; se trataba del primer “Fondo” que fomentaba la cooperación descentralizada en el conjunto del Estado. Posteriormente, en el año 1995, el FCCD impulsó la creación de la Confederación de Fondos de Cooperación y Solidaridad junto al municipalismo vasco, valenciano, mallorquín o gallego, entre otros. Poco después, en 1996, el FCCD abrió una oficina en Managua que mantiene hasta día de hoy y que actúa como punto de referencia regional en Centro América. Especialmente durante los primeros años permitió dar respuesta a las muchas hermandades que diferentes municipios catalanes constituyeron con pueblos y ciudades de Nicaragua. Muchos de ellos todavía perduran y han establecido fuertes vínculos de amistad entre poblaciones, pero desde hace unos años el municipalismo catalán ha empezado a priorizar con más fuerza el área centro africana, focalizando así Senegal como el país donde el FCCD canaliza más recursos a día de hoy y donde dispone de la segunda oficina regional. De hecho, en 35 años de historia el Fondo Catalán ha trabajado en un mundo cambiante que cada vez se ha vuelto más complejo, pero desde entonces, se ha convertido en una organización municipalista de referencia formada por más de 300 ayuntamientos catalanes, organizaciones y entes supramunicipales que compartimos el ideal de construir un orden global más justo.

Financiación de proyectos

Esta idea romántica se traduce en la acción concreta de destinar una parte de nuestros presupuestos a impulsar acciones de cooperación al desarrollo con varios pueblos de los países más desfavorecidos. Desde hace más de 30 años hemos financiado miles de proyectos y hemos dado respuesta a centenares de emergencias humanitarias por todo el mundo, construyendo economías de escala y generando conocimiento desde la práctica municipalista. En este sentido, tenemos una misión firme: promover, defender y contribuir a la mejora de la cooperación al desarrollo, y lo hacemos desde la transversalidad del municipalismo catalán y con el horizonte de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

De este modo, después de más de tres décadas de trayectoria, el Fondo Catalán ha visto como la sociedad catalana crecía y evolucionaba con nuevas inquietudes y diferentes necesidades. También lo han hecho sus consistorios y administraciones locales, que cada vez prestan más servicios a la ciudadanía. En este sentido, el Fondo se ha convertido en una herramienta útil para sus socios con el fin de canalizar las políticas de cooperación al desarrollo gracias a su experiencia y una mayor agilidad de gestión que un sector público que convive con una creciente y preocupante burocratización. Además, el hecho de conectar tantos ayuntamientos y administraciones locales también permite generar puntos de encuentro y proyectos conjuntos a través de una red imprescindible de municipios solidarios.

Desde hace más de 30 años, el Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo permite generar puntos de encuentro y proyectos conjuntos a través de una red imprescindible de municipios solidarios

Hay que tener presente que el mundo municipal suele ser el más infravalorado, a pesar de la importancia de las políticas públicas de proximidad. La subsidiariedad, como principio básico de la Ciencia Política, es y debería ser siempre la regla de oro de la administración pública. Por este motivo se necesitan recursos, apoyo y especialmente confianza hacia los ayuntamientos catalanes para desarrollar tareas tan diversas y complejas como los municipios que representamos. Hablar de política exterior de los municipios y de las concejalías de cooperación al desarrollo nos puede parecer, desde la corta distancia, contradictorio a las políticas de proximidad. ¿Es necesario tener ayuntamientos valientes que impulsen proyectos de cooperación al desarrollo en pleno siglo XXI? La respuesta es clara y rotunda: sí!

El rol de los ayuntamientos

Los mismos ayuntamientos, dentro de la libertad de movimientos que tienen y de las muchísimas acciones que impulsan, son mucho menos esclavos de las grandes políticas económicas y de los intereses de Estado que influyen en la acción exterior global. Es por ello que un alcalde puede expresar su opinión sincera e incluso menos condicionada sobre conflictos históricos, como por ejemplo los del Sahara Occidental o Palestina, sin miedo a la respuesta furiosa o a las represalias que puedan tener los estados poderosos como sería el caso de Marruecos o Israel.

Así pues, la cooperación municipalista es una de las más honestas y convencidas, e incluso una de las más puras e ideológicas desde el punto de vista de la administración pública. No obstante, es evidente que cuando esta se alinea con la de la administración nacional, el potencial transformador sobre el terreno crece exponencialmente; por este motivo, estas dos caras de la moneda siempre es mejor que trabajen conjuntamente.

Al municipalismo solidario lo que más le gusta es trabajar en el terreno, con la gente, con las administraciones locales y también con las contrapartes de los países del sur. Por otra parte, el lenguaje de las alcaldías siempre ha sido el de detectar necesidades y encontrar la manera de solucionarlas, a menudo a través de fórmulas creativas debido a las dificultades presupuestarias que siempre estrechan los ayuntamientos. Esta es la esencia municipalista que impregna las concejalías de cooperación y que acaba convirtiéndose probablemente en su gran punto fuerte.

Todavía hay que seguir extendiendo la fiebre solidaria a muchos pueblos y ciudades, que ven con preocupación como otra vez se planta ante nosotros una nueva crisis socioeconómica por los efectos derivados de la pandemia.

Hay que ser consecuentes y no cometer los mismos errores que cometimos como sociedad hace una década. De la misma manera que en su día olvidamos a la juventud con tasas de paro juvenil escandalosas o con una fuga de talentos inasumible que todavía hay que revertir, también hay que asumir los presupuestos de cooperación al desarrollo como prioritarios, apostando por la acción solidaria como fórmula para combatir la crisis global. Hace falta voluntad y determinación política para establecer como prioritario el ya viejo ‘0,7%’ como vacuna a la expresión «primero los de casa», que sólo denota un populismo demasiado simple para pueblos y ciudades donde conviven decenas de ciudadanos y ciudadanas de diferentes nacionalidades y orígenes. Los populismos simplemente nos aíslan hacia una sociedad individualista y xenófoba que cierra los ojos ante la complejidad del mundo global.

Hay que asumir los presupuestos de cooperación al desarrollo como prioritarios, apostando por la acción solidaria como fórmula para combatir la crisis global

Así pues, un reto importante que tenemos que afrontar en la cooperación del futuro es saber explicar la importancia que tiene esta cooperación en los países o las comunidades donde trabajamos. Hay que hacer atractiva la cooperación al desarrollo desde el punto de vista político, extrayendo incluso un rédito electoral, y podemos hacerlo siendo conscientes de que el conjunto de la sociedad catalana es más abierta y empática de lo que podemos imaginar. Probablemente eso es porque sentimos cercanas todas aquellas causas injustas que vemos y que en muchos casos sentimos como nuestras al considerarnos, en muchos sentidos, también una causa injusta y olvidada como catalanes y como catalanas.

La respuesta a la COVID-19

En este sentido, ante las preguntas planteadas en el estudio de opinión hecho público a principios de 2021 por el Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo [1]1 — Encuesta sobre la percepción de la población de Cataluña hacia la cooperación internacional en el contexto de crisis actual (2021). Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo. Disponible en línea. , que pone cifras a lo que hasta hace poco eran simplemente percepciones, constatamos que más del 80% de la sociedad catalana cree que la respuesta a la pandemia tiene que ser global y que 7 de cada 10 catalanes y catalanas consideran que hay que dedicar recursos a la cooperación internacional. Estos datos, hechos públicos en plena segunda ola de la pandemia de la COVID-19, confirman la esperanza y la confianza de la ciudadanía en el sector, pero no se quedan sólo aquí.

Ante la pregunta sobre si la pandemia afecta más a los países desfavorecidos, la respuesta es clara: 3 de cada 4 catalanes lo piensan. Ante la pregunta sobre si hay que garantizar el derecho al asilo, la respuesta es mayoritaria: más de la mitad de los catalanes y las catalanas (un 56%) defienden que el Estado Español debería garantizar y proteger este derecho para las personas que se ven forzadas a migrar.

También es cierto que el 45% de los encuestados creen que la sociedad no está suficientemente concienciada sobre cuestiones de cooperación al desarrollo, y por mucho que la adhesión a la idea sobre la cooperación sea firme, poco más de un tercio de los catalanes y las catalanas (35%) conocen específicamente el compromiso de los países desarrollados para destinar un 0,7% del producto interior bruto a la cooperación al desarrollo. En este sentido, hay que seguir trabajando para difundir estos mensajes con una mirada más amplia y sobre todo más transversal.

Cooperación y derechos humanos

La acción global plantea además muchos retos que el mundo de la cooperación hace años que contempla. Si bien la apuesta por la defensa de los derechos humanos es simplemente necesaria, a menudo en foros o reuniones del Fondo Catalán debatimos y discutimos sobre si hay que trabajar en materia de cooperación en aquellos países o estados dónde no se respetan los derechos fundamentales. Mi opinión sincera es que hay que hacer cooperación en todas partes donde existan desigualdades, siendo conscientes, sin embargo, de la realidad compleja de cada escenario y sin olvidar las dudas éticas ni perder nunca el sentido crítico. Y es que sería demasiado simple rehuir la responsabilidad de una institución con valores como la que represento guiándonos sólo por la pureza ideológica o conceptual. Especialmente porque quien pasaría a sufrir las consecuencias, como siempre, serían las personas más vulnerables y que acaban siendo las beneficiadas de la acción directa de la cooperación. Creo de verdad que las administraciones no nos lo podemos permitir y que hay que seguir trabajando en el camino del diálogo y la gobernanza local como motor de transformación.

Con todo, es evidente que nos ha tocado vivir momentos complejos y que habrá que ser valientes en tiempos difíciles. Y eso lo podemos decir justo en el momento en que empezamos a dejar atrás (y no sin esfuerzos) una pandemia que nos ha afectado como sociedad. Es el momento de afianzar el compromiso para superar la crisis a través de más desarrollo global. A pesar de eso, no nos engañemos, este planteamiento puede tener incluso un punto de egoísmo de nuestra sociedad acomodada; está claro que no estaremos seguros hasta que el mundo no esté seguro.

El futuro tras la pandemia pasa únicamente por la empatía y la acción solidaria, desde el municipalismo hasta el gobierno

Pero también me gustaría hacer un llamamiento decidido en este sentido: el futuro después de la pandemia pasa únicamente por la empatía y la acción solidaria, ya sea desde el municipalismo que representa el Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo hasta el gobierno de nuestro país, que representa a la Generalitat de Catalunya. Desgraciadamente, incluso así seguiremos sin poder solucionar todos los problemas del mundo (ya nos gustaría), pero seguro que estaremos más cerca de la justicia global que todos anhelamos y perseguimos.

  • Referencias

    1 —

    Encuesta sobre la percepción de la población de Cataluña hacia la cooperación internacional en el contexto de crisis actual (2021). Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo. Disponible en línea.

Isidre Pineda

Isidre Pineda es presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament (FCCD) y alcalde de Caldes de Montbui. Licenciado en Periodismo y en Ciencias Políticas por la Universidad Abat Oliba, ha cursado un máster en Comunicación Política, Institucional y Corporativa en Entornos de Crisis y Riesgo por la Universidad Rovira i Virgili. Desde el año 2011, es concejal del Ayuntamiento de Caldes, y también es Conseller Comarcal de Turismo desde 2015.