Cuando en 1995 se celebró en Barcelona la Conferencia Intergubernamental Euromediterránea se iniciaba un proceso que tenía como objetivo la promoción de mecanismos de diálogo y cooperación entre las dos orillas a través de la Asociación Euromediterránea. El 1995 se veía como una oportunidad para avanzar en un progreso económico compartido y también fue percibido por muchas sociedades como un espacio para ganar espacios de libertad. La declaración de Barcelona representa el simbolismo de un proyecto europeo exitoso y moderno con el perfil de una mediterraneidad dinámica y abierta.

De aquella conferencia salieron un conjunto de propuestas y acuerdos ambiciosos, pero no fue hasta el año 2008 que el proyecto se reforzó con la creación de la Unión por el Mediterráneo. La puesta en marcha e institucionalización del partenariado euromediterráneo ha sido una de las iniciativas de política exterior y de vecindad más ambiciosas de la UE. Sin embargo, el contexto y las condiciones que confluyeron en su establecimiento parecen difíciles de revivir hoy.

Veinticinco años después del inicio del llamado Proceso de Barcelona, podemos afirmar que sus resultados han sido, desgraciadamente, mucho menos satisfactorios de lo que originariamente se esperaba y muchos de los buenos propósitos han quedado desatendidos o superados por la evolución de los acontecimientos. La distancia entre las dos orillas es hoy aún más grande y se han multiplicado los retos que impiden que el Mediterráneo sea una región de prosperidad, paz y solidaridad. Tanto es así que, en estos momentos, la agenda euro-mediterránea corre el peligro de alejarse del sentido integrador e inclusivo que la había impulsado.

Veinticinco años después del inicio del Proceso de Barcelona, la distancia entre las dos orillas es hoy aún más grande y se han multiplicado los retos que impiden que el Mediterráneo sea una región de prosperidad, paz y solidaridad

El proyecto de la Unión por el Mediterráneo ha representado la puesta en marcha de un conjunto de políticas de cooperación con la orilla sur, el establecimiento de instrumentos de cooperación y programas regionales y la movilización de recursos económicos de la UE con el objetivo de reducir las disparidades a un lado y otro del Mediterráneo. Seguramente, una reflexión adecuada hoy es la necesidad de orientar las políticas existentes no únicamente hacia al crecimiento, sino sobre todo hacia el progreso socioeconómico de la región. Si bien es cierto que existe esta voluntad, la concentración de las energías políticas en otros objetivos ha convertido la agenda mediterránea en una cuestión no prioritaria para las instituciones europeas, y los países con más incidencia histórica en la región tampoco han abanderado firmemente la acción comunitaria. Aun así, la fuerza de una realidad compleja se ha acabado introduciendo por la puerta de atrás en forma de conflictos y mayores incertidumbres y la crisis de los refugiados ha acabado impactando en las sociedades europeas y en la agenda de las instituciones, cuestionando los valores y los cimientos de la Unión Europea.

Pervivencia de conflictos y retos que se han cronificado

Probablemente una de las características que define mejor la singularidad del Mediterráneo sea la pervivencia de viejos conflictos y retos que se han cronificado en el tiempo, y el hecho de que la región constituye un laboratorio de los nuevos retos que plantea la agenda global. Ambas circunstancias hacen del Mediterráneo, en su conjunto, un espacio altamente vulnerable y sensible.

La región Euro-mediterránea ha experimentado durante todos estos años muchos cambios que han configurado un escenario de geometría variable donde confluyen actualmente y de manera determinante las dinámicas de Oriente Medio y el protagonismo creciente del continente africano. Es, igualmente, uno de los lugares en el mundo donde se constatan de forma más clara las externalidades negativas del proceso de globalización económica de los últimos años y donde se acumulan las crisis vividas que han dejado muy dañada la región. Retos globales como por ejemplo el crecimiento de las desigualdades económicas y de género o los efectos del cambio climático en un hábitat de gran fragilidad ecológica, están impactando con fuerza en toda la región mediterránea. Unas tendencias que se suman al debilitamiento del sistema normativo internacional y a un retorno a las dinámicas estatales y de renacionalización que cuestionan el sistema de Naciones Unidas y el multilateralismo euro-mediterráneo, y que hacen todavía más difícil impulsar una acción coordinada para hacer frente a los desafíos actuales

Son muchos, pues, los factores del actual estancamiento del proceso euro-mediterráneo. De hecho, es una de las regiones donde son más evidentes los impactos de los cambios geopolíticos y la intervención activa de nuevas y viejas potencias que interfieren en el devenir de muchos países. Además, desde el año 1995, hemos sido testigos de las transiciones de regímenes políticos raíz de la Primavera Árabe, pero a la vez se ha intensificado la reacción autoritaria ante los intentos fallidos de democratización, que ha acabado resultando en un claro retroceso e involución en los derechos y las libertades en muchos países de la orilla sur, y la irrupción de conflictos civiles y la violencia, desestabilizando todavía más la región. Así, la radicalización y los extremismos sectarios, los efectos del terrorismo, la guerra de Siria y la polarización han impactado profundamente a todo el Mediterráneo. El auge del autoritarismo, no es sin embargo una inercia exclusiva de la región, sino que se trata de una tendencia que también afecta a Europa y a nivel global.

Durante todo este tiempo, hemos visto cómo se ha ido construyendo el concepto de Europa como fortaleza, a través de una política inmigratoria y de asilo cada vez más restrictiva y caracterizada por la falta de consensos entre los estados miembros de la UE. Una política centrada en la mirada securitaria, el control de las fronteras y la política de muros como principal perspectiva dominante. Un control sobre las fronteras que ha tenido como resultado la cifra ignominiosa de casi 40.000 personas muertas en las últimas dos décadas mientras intentaban cruzar las orillas mediterráneas de sur a norte. La magnitud de estos datos golpea la conciencia europea y desenmascara el cinismo que ha predominado en el debate sobre la inmigración. Una política que no ha definido espacios de decisión real basados en la corresponsabilidad ni en la gestión compartida con los países de origen o tráfico, sino que ha buscado externalizar el problema y que ha fracasado a la hora de promover el desarrollo económico y social en origen para reducir los flujos migratorios. Con estas dinámicas es difícil avanzar en una alianza entre iguales.

La situación dramática en términos humanitarios y sociales, la evolución demográfica y la inmigración por causas económicas condicionan pues los escenarios presentes y futuros en las sociedades del norte y el sur de la cuenca Mediterránea. Por este motivo, es imprescindible crear nuevas alianzas para una nueva visión en el Mediterráneo y apresurarse en la priorización de agendas sociales, solidarias y educativas y para que los espacios de diálogo y de intercambio puedan hacerse efectivos y revertir positivamente en las todas las sociedades.

En paralelo, ha aparecido una narrativa cada vez más negativa sobre la inmigración en muchos países miembros de la Unión Europea. La aparición de nuevos discursos de odio con alto contenido xenófobo que promueven una retórica islamófoba pone en riesgo la convivencia y la cohesión social de las sociedades diversas de hoy. Un discurso de repliegue identitario promovido por los nacional-populismos que se alimenta de los miedos contemporáneos, desafía los sistemas y principios democráticos y que encuentra en las diferencias culturales, las minorías o la inmigración el chivo expiatorio de los malestares sociales.

Una de las variables para entender la clave del futuro de la región la representa el dinamismo de las sociedades de la orilla sur y el impulso regenerador de la ciudadanía más joven, que con su movilización constante ha alertado de la necesidad de transformación y de respuestas a desafíos estructurales

Sin embargo, una de las variables para entender la clave del futuro de la región la representa el dinamismo de las sociedades de la orilla sur y el impulso regenerador de la ciudadanía más joven que, con su movilización constante, ha alertado de la necesidad imperante de transformación y de respuestas a los desafíos estructurales. También nos lo recuerda la realidad de una Europa cada vez más mediterránea, con la presencia de ciudadanos que provienen del Sur y unos intereses compartidos. Un nuevo marco de relaciones renovadas debería retener algunas de las lecciones aprendidas en estos veinticinco años y las potencialidades con las que afrontamos conjuntamente el futuro.

En este contexto de confluencia de grandes retos globales en el Mediterráneo, su evolución futura deviene pues, una cuestión fundamental por Catalunya y su ciudadanía y también evidentemente para toda la región. Se puede hablar del proceso de Barcelona como una esperanza truncada, pero seguramente aportaremos muy poco si centramos únicamente nuestros esfuerzos en las expectativas frustradas. Además, durante estos veinticinco años, Barcelona y Catalunya han sido el hogar de un ecosistema de instituciones e iniciativas que tienen como objetivo promover la cooperación regional mediterránea. Esto, sumado a la ubicación geográfica de nuestro país, hace que la apuesta por la integración regional sea un tema clave para Catalunya.

Dosier especial de IDEES: una reflexión sobre los retos actuales

Es desde esta preocupación que nace el dosier de IDEES “Una nueva visión para el Mediterráneo”, que se ha concebido en el marco de colaboración entre el Centre d’Estudis de Temes Contemporanis, la Dirección General de Asuntos Europeos y el Mediterráneo y el Instituto Europeo del Mediterráneo. Una iniciativa conjunta para reflexionar sobre los retos actuales en el Mediterráneo, 25 años después del inicio del Proceso de Barcelona. El dosier cuenta con la colaboración de Tamirace Fakhoury, que ha coordinado la dimensión social y de gobernanza de los desequilibrios y las asimetrías de poder actuales; con la de Roger Albinyana, que ha conceptualizado el ámbito institucional de cooperación regional y económica con un especial énfasis en el desarrollo sostenible en la región; y finalmente, con la de Mireia Estrada, que contribuye con su coordinación a representar una parte del imaginario cultural plural y diverso de la región mediterránea, desde sus tensiones, conflictos y disidencias y con un acento feminista. Un conjunto de reflexiones a partir de las aportaciones de más 30 voces diversas que no pretende revivir el contexto de hace veinticinco años, sino reflexionar sobre los retos presentes a partir de la experiencia acumulada y los cambios y transformaciones que han tenido lugar.

Un debate que creemos imprescindible para analizar e interpretar los factores relevantes que condicionan ahora la vigencia del Mediterráneo como espacio social, económico y cultural. Con voluntad de entender cuáles son los factores clave para anticipar su desarrollo futuro y si es posible profundizar en una mayor cooperación política e institucional. Reflexionando sobre si todavía es posible la definición de una estrategia regional para el espacio mediterráneo que permita anticipar y condicionar los escenarios de futuro.

La reconstrucción del espíritu de la Declaración de Barcelona pasaría ahora por contribuir al liderazgo de un nuevo impulso integrador para el Mediterráneo de hoy. La ambición pasa por volver a impulsar un nuevo proyecto europeo para el Mediterráneo que sitúe a la región como prioritaria en las políticas europeas, consolidando unas relaciones euro-mediterráneas que supongan un valor añadido para el posicionamiento internacional de la región. Volver al espíritu de Barcelona tendría que representar la voluntad de volver a hablar de una visión para la comunidad mediterránea. Pero esta vez, para renovarlo desde la experiencia y, sobre todo, desde la capacidad de adaptarnos a un contexto que requiere una mirada global. Pero también, con instrumentos próximos, efectivos, que favorezcan sinergias y sean flexibles con un entorno cambiante. El espíritu europeo y mediterráneo de Catalunya pueden contribuir a apoyar a la movilización de actores y que el Mediterráneo juegue un papel central en Europa.

En este proceso, Catalunya y su Gobierno quieren ser referentes para tener más incidencia en la región mediterránea, contribuyendo en la definición de una estrategia compartida que permita reconfigurar las relaciones Euro-Mediterráneas. La estrategia mediterránea de Catalunya MedCat 2030, con un plan de acción a cuatro años, quiere ser un elemento catalizador de una comunidad mediterránea en construcción, que estreche alianzas entre las orillas norte y sur y trabaje para el desarrollo humano y el logro de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible que marca la Agenda 2030.

Además, Catalunya es y quiere seguir siendo un país de acogida y refugio que promueva el diálogo intercultural y la diversidad y, en esto es fundamental la apertura al Mediterráneo, como espacio de movilidad e intercambio cultural por excelencia. Comprometidos con la apuesta por una ciudadanía y una comunidad mediterránea que apoye a los procesos sociales transformadores y que permita construir una comunidad inclusiva que ponga el bienestar, la calidad de vida, la democracia y los derechos humanos en el centro de las prioridades. Esperamos que este dosier monográfico y los artículos que iremos publicando en los próximos meses contribuyan al debate para lograr todos estos objetivos.

Pere_Almeda

Pere Almeda

Pere Almeda es director del Centro de Estudios de Temas Contemporáneos de la Generalitat de Catalunya y de la revista IDEES. Jurista y politólogo, es profesor asociado de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona. Ha sido asesor del Parlamento Europeo y coordinador de la Fundación Catalunya Europa, donde lideró el proyecto Combatir las desigualdades: el gran reto global.


Alfonso González Bondia

Alfonso González Bondia es jurista y director general de Asuntos Europeos y Mediterráneos de la Generalitat de Catalunya. Es doctor en Derecho y profesor titular del Área de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universitat Rovira i Virgili (URV). Sus ámbitos de investigación son la política exterior de la Unión Europea, las relaciones entre Europa y los entes locales, el régimen jurídico de la seguridad y defensa internacional y europea, los procesos de participación pública y los procesos de secesión y derecho a decidir. Durante el periodo 2011-2015, fue Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la URV y miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios en Derecho Ambiental de Tarragona (CEDAT). También ha sido investigador invitado del Instituto Universitario Europeo (1994) y becario de la "NATO Research Fellowships Programme" (1996-1998). Actualmente forma parte del grupo de investigación sobre "Territorio, Ciudadanía y Sostenibilidad" de la URV y es miembro del Observatorio de Política Exterior Europea del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI). También es integrante del Consejo de redacción de la Revista de Estudios Autonómicos y Federales (2015-2018) y de la Revista Catalana de Derecho Público.