Según mi opinión, la cuestión crucial de nuestro tiempo pasa por ver cómo el resto del mundo responde a lo que está pasando en la República Popular China. Esta respuesta determinará el futuro de la democracia liberal, de los sistemas jurídicos independientes, de los escritores librepensadores y de los artistas de espíritu libre, de las instituciones religiosas.

La pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿qué quiere China, y qué hará? Su antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Qian Qichen, dijo que “la diplomacia es la prolongación de la política interna”. Para averiguar por qué China se comporta como lo hace internacionalmente, es esencial entender aquello que mueve al partido comunista que lo ha gobernado durante 72 años y que, de hecho, hoy en día es la única institución de China. No hay ninguna organización, desde equipos de fútbol, a iglesias, hasta universidades, pasando por cualquier empresa privada, que no esté dirigida, o como mínimo esté en posición de estar dirigida, por un representante del partido o por una rama de éste. El secretario general del partido, Xi Jinping, dice la famosa frase: “El gobierno, las fuerzas armadas, la sociedad y las escuelas, el norte, el sur, el este y el oeste; el partido los dirige a todos” [1]1 — Nectar Gan, «Xi Jinping Thought – the Communist Party’s tighter grip on China in 16 characters». South China Morning Post, 25 de octubre de 2017. Disponible en línea. .

¿Quién es Xi?

Es crucial entender una cosa sobre el secretario general Xi. Además de secretario general, su segunda función más importante, Xi también es presidente de la Comisión Militar Central y, en la menos importante, presidente del estado chino. Hoy en día Xi es la persona más poderosa del mundo y ahora, con 67 años, puede gobernar constitucionalmente toda la vida sin ninguna limitación, excepto el requisito subyacente de conservar la confianza de los miembros influyentes del partido. Mediante una continua purga anticorrupción que le permitió conseguir el cargo más importante, ha sustituido a los funcionarios clave del partido, del gobierno y también del Ejército Popular de Liberación, que es el ejército del partido, no del estado chino. La toma de decisiones de la élite de China, a través de una mezcla de “pequeños grupos de liderazgo”, siete de los cuales están presididos por Xi Jinping, y el Comité Permanente del Politburó, de siete hombres (no se ha escogido a ninguna mujer en 100 años), se ha convertido, especialmente a cargo de Xi, en una caja negra. Pero la base de su razonamiento es clara para todo el que se quiera interesar.

Xi se arriesga, apuesta. No se detiene porque, por descontado, cree en el determinismo histórico, en la victoria definitiva del comunismo, y también a causa de su experiencia personal de éxito político, aunque eso, naturalmente, implique luchar. En un discurso reciente, Xi utilizó la palabra ‘lucha’, douzheng, 60 veces. En su discurso de tres horas en el XIX congreso nacional del partido (para el cual me encontraba en el Gran Salón del Pueblo, observándolo con unos prismáticos), Xi dijo: “Esta gran lucha, este gran proyecto, esta gran causa y este gran sueño están estrechamente conectados y entrelazados, e interactúan el uno con el otro, y es la nueva y grandiosa obra de construir el partido lo que tiene un papel [decisivo…] Nuestra misión”, remarcó, “es una llamada a la acción. Luchamos con tenacidad”. Una de las primeras instrucciones, y de las más importantes, emitidas por el partido bajo la dirección de Xi, el Documento número 9, exige a los miembros del partido y a todos los funcionarios que se protejan y se opongan enérgicamente a siete amenazas: los valores universales, la libertad de prensa, la sociedad civil, los derechos de los ciudadanos, la crítica a la versión del Partido de la historia, y el apoyo a la “clase capitalista” o a la independencia del poder judicial.

Es crucial entender que Xi es, en su segunda función más importante, presidente de la Comisión Militar Central y, en la menos importante, presidente del estado chino. No hay ningún sucesor de Xi a la vista

Xi no se parece a los líderes políticos de otros países. No juega entre varias facciones ni es un tirano cínico como su colega, a quien ha nombrado “mi mejor amigo y el más próximo”, el líder ruso Vladímir Putin. Es un auténtico creyente, un predicador; y el partido que dirige de por vida contiene toda la verdad y es su religión. La embajada china ordenó a dos parlamentarios australianos que “se arrepintieran de verdad” si querían que se les concediera el visado para visitar China. El partido no es más cuestionable que la existencia de Dios en una teocracia; contiene toda la verdad. Carl Schmitt, filósofo alemán del siglo XX, con una influencia considerable en el gobierno nazi y uno de los críticos principales de la democracia parlamentaria y el liberalismo cosmopolita, que tituló su obra principal Teología política, cosa que provocó la aparición del estatismo como una forma de religión, en los últimos años se ha convertido en uno de los filósofos más estudiados y admirados en las universidades y escuelas del partido a chinas.

Para Xi, China es la civilización más importante y la más antigua; el partido se ha rodeado de todo lo que tiene relación con “China” y que considera positivo; y el propio partido está encapsulado en la figura que ha convertido, aunque sea de mala gana y por accidente, en su líder vitalicio: él mismo. Su Pensamiento sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era ahora está recogido en las constituciones tanto del partido como del estado.

No hay ningún sucesor de Xi a la vista. En algún momento, por descontado, eso acarreará problemas a Xi y al partido. Está rodeado de partidarios del régimen. El ex primer ministro australiano Kevin Rudd, sinoparlante, dijo en marzo: “La mayoría de los altos funcionarios de Xi están aterrorizados. Por lo tanto, es muy poco probable que le den consejos con sinceridad y sin miedo” [2]2 — Asia Society Policy Institute, «Beijing’s Early Reactions to the Biden Administration: Strategic Continuity and Tactical Change». 18 de marzo de 2021. Disponible en línea. .

Purificación omnipresente

Hoy, tanto el partido como Xi son omnipresentes, ya que pueden acceder a todos los mensajes en línea o llamadas telefónicas que haga o reciba cualquier ciudadano chino y de observar, a través del sistema de vigilancia masiva, cada paso que da la gente en el mundo real. Xi ha centralizado, reestructurado y hecho a medida el gobierno mediante una especie de contrarreforma, volviendo a centrarse en la ideología y en el control del partido sobre la visión de la historia de China. En esta estructura, la responsabilidad siempre se dirige hacia arriba y no hacia abajo.

El partido considera que las “masas” son incapaces de pensar de manera coherente, que sólo pueden sentir. Por lo tanto, no se puede confiar en los chinos para votar, pero se puede herir los sentimientos del pueblo chino” muy fácilmente, tal como el embajador adjunto a Canberra, Wang Xining, dijo recientemente que había hecho Australia.

La narración de Xi es convincente porque él es muy sincero al respecto. Aunque hace 30 años el Partido de la Unión Soviética pensó que sus problemas se encontraban en la ideología y la ortodoxia del partido, el Partido Comunista Chino llegó a la conclusión contraria, que Xi subrayó al preguntarse: ¿“Por qué se hundió el Partido Comunista de la Unión Soviética? ¡Porque en el campo ideológico la competencia es feroz! Repudiar completamente la historia del partido, repudiar a Lenin y Stalin, provocó el caos” [3]3 — Tanner Greer, «Xi Jinping in Translation: China’s Guiding Ideology». Revista Palladium, 31 de mayo de 2019. Disponible en línea. .

La máxima prioridad de Xi ha sido purificar el partido, que vio hundirse en la negligencia y la corrupción, insistiendo en la lealtad personal y en la centralidad absoluta del partido. Los contactos solían constituir el recurso más importante para aquellos que formaban parte de la jerarquía china, así como para los extranjeros que tenían que tratar con China, puesto que proporcionaban un espacio en que se negociaba mucho. Ahora hay normas que surgen de la gran narrativa de la primacía ideológica del partido.

La máxima prioridad de Xi ha sido purificar el partido, que vio hundirse en la negligencia y la corrupción, insistiendo en la lealtad personal y en la centralidad absoluta

Para ascender en la China de Xi hay que demostrar cómo de bien se conoce y se recorre este camino virtuoso. En el Xuexi Qiangguo, la aplicación ‘Estudio de la gran nación’ (el título también contiene un juego de palabras chino sobre estudiar a Xi), hay un cuestionario, que tarda aproximadamente una hora en completarse, sobre los discursos, la filosofía y la vida de Xi; los 91 millones de miembros del partido lo tienen que completar cada día, igual que todos los directivos de instituciones estatales como universidades y muchos de empresas privadas. Las bonificaciones, las promociones o todo lo contrario dependen de la puntuación de este tipo de aplicaciones, que además se publica. Ahora ya no es suficiente con ser experto; también hay que ser un comunista convincente [4]4 — Shan Li y Philip Wen, «This App Helps You Learn About China, While China Learns All About You». The Wall Street Journal, 14 de octubre de 2019. Disponible en línea. .

La victoria sobre tres grandes retos

Xi se ha enfrentado a tres grandes retos durante el último año: cómo resolver las persistentes protestas en Hong Kong, cómo sobrevivir a la flagrante mala gestión inicial de la pandemia de la Covid-19 y el menos preocupante: cómo hacer frente a un extraño presidente norteamericano, un problema que ahora ya ha desaparecido, aunque puede encontrarse que con el paso del tiempo el nuevo presidente, más conocido y comprendido en Pekín, sea más difícil de tratar que Trump.

En Hong Kong, Xi aplicó tácticas que ya había utilizado para subyugar el vasto traspaís occidental de China. Agotar a los críticos, aislarlos, castigarlos e instalar a fervientes partidarios del régimen en roles clave de supervisión. Después de que el secretario del partido Chen Quanguo hiciera tan buen trabajo “sinizando” el Tíbet budista, Xi lo envió a Xinjiang para hacer lo mismo con los uigures musulmanes. Mediante la sinización, Xi tiene la intención de dar preferencia a la llamada cultura dominante han, incluida su lengua, el mandarín, por encima de las muchas otras culturas e idiomas de China. Pekín empezó afirmando que prevenía el terrorismo teniendo en el punto de mira a los uigures a los que había tildado de “separatistas”. Aunque terminó siendo un programa para evitar que los uigures se convirtieran al islamismo y, hasta cierto punto, que fueran uigures.

A juicio de Pekín, trabajo hecho. Más tarde, después de que la Covid-19 hubiera cerrado Hong Kong, Xi impuso en la ciudad la ley de seguridad nacional para que se pudiera juzgar y encarcelar a los agitadores en el continente. Recientemente, Pekín también cambió la estructura del gobierno, de manera que todos los principales funcionarios, jueces y autorizados a presentarse a la legislatura tienen que demostrar su patriotismo chino y su respeto por el partido comunista a un nuevo comité examinador. El acuerdo para Hong Kong de un país, dos sistemas acordado entre Deng Xiaoping y Margaret Thatcher nunca resultó atractivo a Xi, y se ha abandonado. El gobierno de la Nueva Era de Xi insiste en un país, un sistema.

Xi recobró fuerzas mediante un golpe propagandístico clásico: ser considerado el líder del Pueblo que ganó la Guerra contra la Covid-19

Después de un periodo inicial casi de pánico, cuando en China muchos criticaron los intentos del partido de silenciar a los médicos que denunciaban la aparición de la Covid-19, Xi recobró fuerzas mediante un golpe propagandístico clásico, ser considerado el Líder del Pueblo que ganó la Guerra contra la Covid-19, mientras las naciones capitalistas se debilitaban.

Los próximos objetivos principales

Después de haber enfrentado a estos retos durante el último año, Xi parece que se encuentra en un terreno mucho más seguro en este año nuevo del buey, un año propicio para la gente que, como Xi, no se detiene, y que tendrá un suplemento de fuerza.

Taiwán, una democracia vivaz y próspera con una población superior a Chile, y ahora también un ejemplo para el mundo en la lucha contra la Covid-19, es el siguiente y más importante para Xi, su gran reto definitivo en los territorios fronterizos. Invadir y subyugar a Taiwán es la vía más segura hacia el salón de la fama comunista para Xi, que el 23 de julio que viene presidirá el centenario del partido. En China estos aniversarios importantes suelen estar marcados por grandes desfiles militares. Pero el partido está tan preocupado por el dominio que ejerce sobre el pueblo chino que no se permite que ningún ciudadano presencie este tipo de acontecimientos. Las calles están cerradas y la policía ordena incluso a aquellos que tienen su casa en frente que, si se arriesgan a salir al balcón a mirar, francotiradores del ejército les pueden disparar.

En términos generales, detallados por un colaborador anónimo, pero con experiencia de la revista Politico [5]5 — POLITICO, «To Counter China’s Rise, the U.S. Should Focus on Xi». 28 de enero de 2021. Disponible en línea. , los objetivos de Xi incluyen, en este orden: mantener el partido en el poder a toda costa. Mantener la integridad territorial nacional. Hacer crecer la economía nacional con bastante rapidez como para salir de la trampa de la renta media y enriquecerse antes de envejecer. Ganar bastante poder militar como para disuadir a EE.UU. y sus aliados de intervenir en Taiwán, el mar de la China Meridional o el mar de la China Oriental. Convertirse en la máxima potencia tecnológica del mundo y, por lo tanto, en una economía líder. Socavar lo suficiente la credibilidad de Estados Unidos para atraer a sus socios y que se alíen con China. Profundizar la relación con Rusia para protegerse de la presión de Occidente. Disminuir el estatus del dólar americano como moneda de reserva global. Consolidar la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda en un bloque geopolítico fiable. Desarrollar un nuevo orden internacional que refleje el pensamiento de la República Popular China.

Los retos económicos de China

Convertir su economía en un arma (la estrategia más importante de la República Popular China de los últimos años) requiere que la gente del país y del extranjero siga convencida de que prosperará e impulsará el crecimiento mundial. ¿Sin embargo, qué pasa si la economía china pierde su frescor, su vitalidad, su magia? Era una cosa que parecía impensable. Pero el papel de China como “fábrica del mundo” (un papel que ha reanudado recientemente gracias a la demanda de artilugios tecnológicos y equipamiento sanitario en la era Covid-19, financiados sustancialmente por el gasto de estímulo de los gobiernos occidentales), se enfrenta a una serie de retos a medida que las cadenas de suministro se van diversificando. La política de Pekín está obstaculizando una buena política económica. Eso incluye la antipatía de Xi por empresarios como el famoso fundador de Alibaba, Jack Ma, así como el uso que hace de la extorsión comercial, incluidas las importaciones australianas. Canadá ha abandonado las negociaciones sobre un tratado de libre comercio con China porque “no vale la pena continuar”.

Los tres motores de crecimiento principales de China (el crédito, la migración interna y las exportaciones) cada vez se constriñen más con el paso del tiempo, mientras que a largo plazo la demografía, que la antigua política de hijo único hará envejecer muy rápidamente, también traerá quebraderos de cabeza importantes. La respuesta de Xi es defender un nuevo patrón económico, denominado de “doble circulación”, que será central en el decimocuarto Plan Quinquenal, con la demanda interna tomando el relevo de las exportaciones y la inversión como principal motor económico. Su cariz proteccionista atrae a Xi, pero para tener éxito hará falta que el Estado conceda un papel más relevante a las empresas privadas y al mercado, cosa que le costará tolerar políticamente. Las Nuevas Directrices para Fortalecer el Trabajo del Frente Unido del Sector Privado en la Nueva Era señalan que el partido pretende “construir un equipo vertebrador de empresarios del sector privado que sea fiable y operativo”. Según las directrices, los empresarios tienen que mantener un grado elevado de coherencia” con el partido.

Los tres motores de crecimiento principales de China (el crédito, la migración interna y las exportaciones) cada vez se constriñen más con el paso del tiempo, mientras que a largo plazo, la antigua política de hijo único hará envejecer muy rápidamente la demografía

En conclusión, ahora mismo Xi puede creer que tendría que pisar el acelerador hacia el liderazgo mundial (la importante y nueva fuente de legitimidad interna del partido), mientras todavía dispone de bastante capital exportable como para seguir convirtiendo la economía de China en un arma.

Hace 40 años, el destacado economista Chen Yun señaló que, aunque China tendría que reintroducir mercados había que encerrarlos, como si fueran pájaros cantores, dentro de la jaula de la planificación económica. Hoy, el partido es esta jaula y todo, toda institución, pensamiento, cultura, etnia, el estado de derecho, religión, e incluso y sobre todo, el mismo estado chino, es libre de volar, pero sólo hasta allí donde permita el partido. Xi dice: “El sistema tiene que mantener enjaulado al poder” [6]6 — Zhou Lin, «The Power of Xi Jinping’s Language», China Today, 7 de febrero de 2018. Disponible en línea. .

La batalla por remodelar el mundo

La narrativa de Xi también destaca que el método del Partido Comunista Chino es lo mejor para el resto de la región indo-pacífica y para el mundo en general. La Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI, pos sus siglas en inglés), a la cual se añadió Chile hace poco más de dos años, consiste en una autopista por la cual todas las carreteras y plataformas tecnológicas conducen a Pekín, como antes lo hacían a Roma, alimentadas e impulsadas por la influencia económica convertida en arma de China. La BRI actualiza la antigua estructura tributo-estado a través de la cual los emperadores chinos recibían de los gobernantes regionales el reconocimiento formal de su dominio, y en que se les concedía, a cambio, derechos comerciales y una cierta protección estratégica. Yang Jiechi, máximo responsable de los asuntos exteriores de China, dijo hace unos años en Hanoi: “China es un país grande y otros países son pequeños, y esto es un hecho”.

Xi, mediante la construcción de bases militares en arrecifes e islas, ha conseguido el control del mar de la China Meridional, que mide el doble que el Mediterráneo y que ahora es un lago chino. Camboya, Laos y Myanmar se han convertido en estados tributarios, cosa que garantiza que la ASEAN, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, según las siglas en inglés, que toma decisiones por consenso, no pueda contrarrestar los intereses de China, de la misma manera que el voto en el Consejo de Seguridad de China impide acciones o palabras no deseadas que provengan de la ONU. China ya no es una potencia de statu quo. Se ha convertido en una potencia revisionista que pretende remodelar el mundo.

Myanmar es el ejemplo más reciente de éxito en este objetivo, al menos hoy por hoy. Oleoductos estratégicos transportan petróleo y gas a través de Myanmar desde el golfo de Bengala hasta la provincia china de Yunnan, evitando un largo y arriesgado viaje marítimo por el sureste asiático. El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, voló a Myanmar para reunirse con el líder militar Min Aung Hlaing 19 días antes del golpe de estado en aquel país. Pekín ha remarcado que el golpe de estado es una cuestión nacional y ha minimizado las críticas en la ONU. La agencia de noticias Xinhua describió el golpe de estado como una “importante remodelación del gabinete”, mientras que el Global Times dijo que consistía en “un ajuste en la estructura de poder disfuncional del país”. Pekín sólo expresó desaprobación cuando los manifestantes, enojados por lo que perciben como el apoyo de China al golpe de estado, quemaron 32 fábricas chinas.

China ha cambiado su enfoque en materia de diplomacia exterior. Ahora requiere que sus diplomáticos adopten el lenguaje y el comportamiento agresivos de Wolf Warrior. No sólo quiere establecer las condiciones con que se relaciona con el mundo, sino que incluso quiere controlar la manera en que el mundo habla de China. Yuan Peng, director del think tank principal del Ministerio de Seguridad del Estado, dice: “Ya no importa que sea cierto o falso, lo que importa es quien tiene el poder del discurso”. El exjefe del Ministerio de Asuntos Exteriores de Singapur, Bilahari Kausikan, dice: “China no sólo quiere que cumplas sus deseos, sino que hagas lo que quiere sin que te lo diga”. La República Popular China ha desarrollado una estrategia para obtener socios de élite con un gran valor, a quien se convence de que los intereses de China también son los mejores intereses para su propio país u organización.

A estos socios se les introduce hábilmente, a través de sus contactos con funcionarios chinos, académicos, empresarios y otros, en los argumentarios que orientan la manera como dirigen el discurso de sus organizaciones sobre China. Normalmente incluyen que todas las personas de etnia china deben lealtad a la República Popular China. Que la República Popular China y el partido no pueden ni tienen que separarse de “China” ni del pueblo chino a quien gobierna el partido-estado, ni de la historia y la cultura de la polifacética civilización china. Que todo el mundo que critica la República Popular China lo hace porque ha caído bajo el dominio de Washington. Y que la democracia o el federalismo serían desastrosos para China. John Garnaut, experto australiano en China, dice que la intención del partido es hacer que el mundo sea seguro para sí mismo.

Una de las películas preferidas de Xi es ‘El padrino’, que hacía ofertas que nadie podía rechazar. En 2021 Xi hará ofertas o amenazas disfrazadas de oferta, como acuerdos comerciales o vacunas contra la Covid-19 fabricadas en China, a cambio de votos de la ONU, de retórica amistosa y de no “refrenar” a China

Una de las películas preferidas de Xi es El padrino, que hacía ofertas que nadie podía rechazar. En 2021 Xi hará ofertas o amenazas disfrazadas de ofertas, como acuerdos comerciales, o quizás vacunas contra la Covid-19 fabricadas en China, a cambio de votos de la ONU, de retórica amistosa y de no “refrenar” a China. Pero algunos países, no sólo las democracias liberales al estilo occidental, sino también los territorios vecinos que rechazan el protectorado de Pekín, pueden rehusar y rehusarán estas ofertas. Las oportunidades económicas de estos últimos se diversifican. Y algunos en los rangos medios del mismo partido comunista empiezan a susurrar que su padrino les ha ido bien, pero en lugar de luchar sin cesar es hora de asentarse, relajarse y finalmente dejarles disfrutar de los frutos de una prosperidad conseguida con esfuerzo.

Pero Xi está decidido. No ha sufrido ningún contratiempo grave en casa o en el extranjero. No se detendrá. Tenemos que prestar atención.

  • Referencias

    1 —

    Nectar Gan, «Xi Jinping Thought – the Communist Party’s tighter grip on China in 16 characters». South China Morning Post, 25 de octubre de 2017. Disponible en línea.

    2 —

    Asia Society Policy Institute, «Beijing’s Early Reactions to the Biden Administration: Strategic Continuity and Tactical Change». 18 de marzo de 2021. Disponible en línea.

    3 —

    Tanner Greer, «Xi Jinping in Translation: China’s Guiding Ideology». Revista Palladium, 31 de mayo de 2019. Disponible en línea.

    4 —

    Shan Li y Philip Wen, «This App Helps You Learn About China, While China Learns All About You». The Wall Street Journal, 14 de octubre de 2019. Disponible en línea.

    5 —

    POLITICO, «To Counter China’s Rise, the U.S. Should Focus on Xi». 28 de enero de 2021. Disponible en línea.

    6 —

    Zhou Lin, «The Power of Xi Jinping’s Language», China Today, 7 de febrero de 2018. Disponible en línea.

Rowan Callick

Rowan Callick

Rowan Callickes periodista, escritor, columnista y ponente australiano-británico. A lo largo de su trayectoria, se ha focalizado principalmente en China y el resto de Asia, Papúa Nueva Guinea y las islas del Pacífico. Es miembro del Asia Institute de la Universidad de Griffith y ha sido corresponsal en China por The Australian, con sede en Pekín, en dos etapas diferentes: primero durante el periodo 2006-2009 y más tarde desde el año 2016 hasta mediados de 2018. Anteriormente, había trabajado durante casi 20 años en The Australian Financial Review como editor de Asia Pacífico y también como corresponsal, en este caso desde Hong Kong. Es autor de tres libros, publicados en inglés y en chino: Comrades & Capitalists: Hong Kong Since the Handover (1998), Channar: A landmark venture in iron ore (2012) i The Party Forever: Inside China’s Modern Communist Elite (2013). Es miembro de los consejos asesores de la Fundación Nacional de Australia para las Relaciones con China, del Instituto Asiático de la Universidad La Trobe y del Instituto para las relaciones Australia-China de la Universidad Tecnológica de Sydney. También ha formado parte de los consejos consultivos de los ministros de Asuntos Exteriores y cooperación australianos.