Como consecuencia del aumento del poder de China y su creciente presencia en la agenda europea y española, su consideración como objeto de estudio por parte de think tanks y/o centros de investigación ha experimentado un relativo auge en las últimas décadas. Aunque con altibajos y quizá a un ritmo inferior al deseado, podríamos decir que observando la evolución en este aspecto en los últimos 40-50 años es perceptible un cambio de tendencia general: de los estudios centrados en ámbitos tradicionales como la lengua, la literatura, el arte, la filosofía o la historia se ha dado el salto a las ciencias sociales en sentido amplio, con especial proyección para la economía o la política, pero también la antropología o la sociología. De lo clásico a lo contemporáneo, sin merma lo uno de lo otro, dicho cambio ha sido protagonizado por nuevas generaciones de estudiosos de China y, en esa adición, tanto universidades como think tanks han desempeñado un importante papel.

Los estudios sinológicos en España parten, a la baja, de un margen diferencial significativo en relación con otros países nuestro entorno (Francia, Reino Unido, Alemania…). En primer lugar, debemos considerar el hecho de que la trayectoria hispánica en general en el estudio de los temas internacionales y en la habilitación de espacios de reflexión de cierta consistencia y con vocación de continuidad es muy reciente. Durante las décadas del franquismo, e incluso más allá, se vivió en buena medida de espaldas al exterior. En segundo lugar, en relación a China, hay una primera gran barrera de entrada en forma de un idioma bien diferente de las lenguas occidentales, lo cual actúa, en no pocas ocasiones, como un elemento disuasivo por su alto nivel de exigencia. Por último, dejando a un lado los contactos que forman parte de un acervo histórico común e irrenunciable (caso de Diego de Pantoja, por ejemplo, en los siglos XVI-XVII), salvo la breve presencia en Taiwán (16 años en el siglo XVII), no disponemos en el mundo chino de una proyección que sí han tenido países próximos (como Portugal a través de Macao o Reino Unido a través de Hong Kong) y que les ha permitido mantener a lo largo del tiempo una relación más activa en la que el mutuo conocimiento se ha desarrollado a la par que otros ámbitos [1]1 — Martínez, Jesús Manuel (2014). El descubrimiento de China. Madrid: Catarata. .

La investigación española en sinología se distribuye principalmente en universidades e instituciones de investigación, ubicadas en el marco contextual de los estudios de idioma y cultura asiáticos, junto con los estudios japoneses y coreanos. Igualmente, en otros departamentos de ciencias sociales centrados en asuntos económicos y comerciales, también prolifera la atención a los estudios de China. Entre los think tanks pudiéramos diferenciar entre los generalistas y los especializados.

Salvo la breve presencia en Taiwán, España no dispone en el mundo chino de una proyección que sí han tenido países próximos

En el lenguaje bilateral, siempre se ha presumido de la excelente calidad de la relación sino-hispánica [2]2 — Zhang Kai (2013). Historia de las relaciones sino-españolas. Beijing: China Intercontinental Press. . Desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 1973, el impulso ha sido constante con una eclosión en paralelo a la transformación que ambos países han vivido desde finales de los años setenta: España transformándose en una democracia política sin mutar su modelo económico, China transformando su modelo económico sin alterar su sistema político [3]3 — Herrera Feligreras, Andrés (2014). España y China (1973-2005). Barcelona: Bellaterra. . En el transcurso de dichos procesos, los cruzamientos y simpatías fueron aquilatando un bagaje que operaba a favor del desarrollo de los intercambios, también en lo académico.

Casa Asia como referente de una nueva etapa

Con el inicio del siglo XXI, la fundación del consorcio Casa Asia a instancias del Ministerio de Asuntos Exteriores y con el apoyo de otras instituciones (autonómicas, locales, empresas, etc.) fungió como catalizador de muchas propuestas en relación a China que obtenían así un punto referencial de encuentro de gran importancia. Casa Asia, con una vocación abierta a aquel continente, pero también consciente de la necesidad de desarrollar un esfuerzo interno de integración, representó un punto de apoyo esencial para facilitar la expansión de los estudios sinológicos y ofrecerles un contrapunto a la dispersión. A través de Dialnet, podemos constatar el salto registrado a partir de los años noventa y, sobre todo, con el nuevo siglo en la producción de publicaciones relativas a China [4]4 — Li Qiuyang y Ramírez, Raúl (2019). «Coming Through the History: the Revival and Challenge of Spanish Sinology». León: Sinologia Hispánica 9, 2, pp. 1-30. .

Otro elemento que debemos tener presente es la promoción de la “triangulación”, es decir, la idea de que España, en función de su lengua y presencia en América Latina, podía desempeñar un papel significativo en la dinamización de las relaciones entre China y aquel subcontinente [5]5 — Ríos, X (2013). Las relaciones hispano-chinas, Historia y Futuro. Madrid: Catarata. . Asimismo, debiéramos tener en cuenta la creciente presencia de China en España a través de sus empresas y sus ciudadanos, con un perfil a cada paso más cambiante y ambicioso, pero también de iniciativas como los institutos Confucio o la ubicación en Madrid de uno de sus contados Centros Culturales implantados en todo el mundo. Por último, la frecuencia de los contactos a nivel bilateral se incrementó, estableciéndose relaciones y programas de colaboración que fueron tejiendo una tupida red de vínculos, personales e institucionales, abarcando los más amplios segmentos. Una asignatura pendiente es la escasa implicación de la comunidad china residente en España, muy poco integrada aun en los estudios sinológicos.

Sin embargo, esta dinámica duró poco. De una parte, la crisis financiera de 2008 impuso restricciones importantes que afectaron a los ambiciosos proyectos en marcha, de forma que Casa Asia debió moderar su condición de referente. De otra, China y América Latina dejaban en claro que no necesitaban mediadores para impulsar sus vínculos; consiguientemente, más allá de ocasiones puntuales, España quedaría al margen, quizá relegada al campo de la lengua o la cultura, pero sin implicaciones de orden estratégico relacionadas con el “poder duro”. Esto implicó que el despliegue proyectado se quedara a medio camino, enfriándose las expectativas y generando no poca frustración. Aun así, justo es reconocer que en el transcurso de dicho esfuerzo se generó una importante mejora del capital humano, lo cual se verificó en una mejor calidad y diversidad del trabajo y en la presencia de numerosos investigadores españoles en diferentes universidades de China y de otros países vinculados a los estudios sinológicos. Este magma académico representa hoy día un capital humano nada despreciable que, al igual que ha ocurrido en muchos sectores de la investigación que echan raíces fuera, esperan su momento para adscribirse a proyectos locales de cierta envergadura y ambición. De lo contrario, corremos el riesgo de perder cualquier posibilidad de retorno significativo.

El contexto de los últimos años no solo ha influido del lado hispano. En verdad, la crisis provocó un reflujo traducido tanto en la moderación de los proyectos como en la falta de recursos para seguir trabajando en la persistente y necesaria tarea de cercenar el aislamiento, fomentar el trabajo en equipo y compartir espacios para estimular una cultura interna de cooperación. No obstante, también en China se han complicado las cosas en los últimos tiempos, especialmente de 2012 en adelante, con la llegada de Xi Jinping, y la adopción de más restricciones en aquel país que dificultan el trabajo académico y la investigación. Esto afecta especialmente a los ámbitos relacionados con la política. Esta circunstancia también influye en la pérdida de atractivo de los estudios chinos para las nuevas generaciones, lejos del boom de principios de siglo. El apreciable blindaje en el país y las tensiones ideológicas Oriente-Occidente tiene consecuencias inocultables en este aspecto influyendo en la pérdida de atractivo en algunos colectivos que en consecuencia dirigen sus preferencias a otros países de la región (Japón, por ejemplo).

Para estar a la altura del desafío que China representa, es fundamental conocer y comprender las dinámicas de este país

Para estar a la altura del desafío que China representa para cualquier gobierno, las empresas o sociedades, es fundamental conocer y comprender las dinámicas de este país. Y esto es realmente preocupante porque para responder con expectativas de acierto necesitamos buenos conocedores de la realidad del país que está llamado a ser la primera potencia económica del mundo en pocos años. Si no disponemos de sinólogos para orientar las decisiones, los errores serán inevitables.

China en los think tank españoles

Los think tanks, entendidos como entidades comprometidas con la investigación y el análisis de asuntos que afectan a los intereses generales de la sociedad, gozan de predicamento reciente en España. Pueden ser independientes o no, en función de su origen y financiación, ya sea atendiendo a intereses empresariales o políticos. La independencia es, sin duda, un factor que beneficia la autoridad de su actividad y esta es una característica que topa a menudo con el afán legitimador de unos patrocinadores que no siempre comprenden la trascendencia de dicho principio. En España, entre aquellos que gozan de mayor proyección cabe citar al Real Instituto Elcano, el CIDOB o FAES, pero hay muchos otros: desde el Instituto Español de Estudios Estratégicos o el INCIPE (Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior), vinculados al Ministerio de Defensa, al Instituto Complutense de Estudios Internacionales, o IECAH (Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria), etc. La dimensión divulgativa es una constante en todos ellos y, en no pocos casos, pesa más que la propiamente investigadora. Sea como fuere, en mayor o menor medida, China, como gran protagonista internacional, está siempre presente, en paralelo a otras temáticas más “cercanas” como la relación con América Latina, el Mediterráneo o asuntos como las migraciones, el cambio climático, el estudio de las crisis internacionales, etc. Los principales think tanks españoles han escalado posiciones en los rankings anuales que realiza la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos, aunque resta labor por hacer para lograr un mayor nivel de homologación con nuestro entorno.

Más allá de lo complejísimo de la financiación en un país con escasa tradición de compromiso en este ámbito, ya sea desde lo público o lo privado, la primera barrera a vencer es el escaso interés cívico por estas cuestiones, a no ser en un momento de crisis aguda que despierta la atención de la opinión pública. En cualquier caso, el entrelazamiento de las cuestiones locales y globales, nuestra inserción en el marco europeo, la compresión de que cualquier crisis del tipo que sea y donde sea acaba repercutiendo en nosotros, va diluyendo poco a poco ese desinterés. El hecho de que los medios de comunicación recurran en esos contextos a especialistas para explicar las claves y expectativas contribuye a dimensionar adecuadamente el papel de los think tanks y a realzar y dignificar su labor. Por tanto, cabría pensar que la tendencia es incremental. Así debiera ser si en España se aspira a desarrollar una agenda exterior propia y a perfilar mejor el papel a jugar en el orden europeo e internacional.

En relación a China, hasta ahora, en un contexto de estabilidad política general a ojos del gran público, la economía ha primado en la aproximación, con excepcionalidades en función de momentos concretos como el que hemos vivido en Hong Kong recientemente. No ayuda tampoco el hecho de que el conocimiento de China en los medios de comunicación sea aún débil, lo cual explica la reiterada frecuencia con que se manifiestan errores de bulto en cuestiones elementales (especialmente irritante en relación al uso incorrecto de los patronímicos, por ejemplo). Esto hace necesario que por su influencia en la opinión pública se mejore la comunicación –y la formación- respecto a un país que está llamado a desempeñar un papel clave en el presente siglo.

Entre los grandes centros de referencia, la producción a propósito de China es limitada y en ocasiones se resiente lógicamente de la falta de constancia en los recursos humanos atribuidos. En el caso de CIDOB, por ejemplo, con buena trayectoria en este aspecto, tiene en las universidades catalanas como UPF, UOC o UAB aliados naturales y objetivos. Por su parte, FAES, ocasionalmente presta atención a China, además de iniciar la publicación, que se pretende regular, de un informe periódico que recoge noticias y materiales de interés. La Fundación Alternativas, ha minguado en su atención, que intenta recuperar. En Elcano, por el contrario, la atención a China es sostenida, tanto en lo político como en lo económico, y con un especial interés en el análisis del impacto en España y en el trazado de respuestas por parte de la Administración y los actores comprometidos en esa relación [6]6 — Esteban, Mario (2018). Relaciones España-China. Madrid: Real Instituto Elcano. . En el marco investigador de la capital, las simbiosis con las universidades tienen proyección en la UAM, la UCM o la URJC.

Entre las universidades que más han contribuido al desarrollo de la investigación y divulgación a propósito de China cabe citar la UAB, con un departamento específico que data de los años 80. Igualmente, la UAM y su Centro de Estudios de Asia Oriental, fundado en 1992. O la UPF y la UOC, con importantes iniciativas formativas en el nuevo siglo. Universidades como Granada o Salamanca se han destacado en los estudios de lengua china y en el fomento de los estudios asiáticos. También las universidades de Sevilla o Málaga han ideado cursos específicos, como la URJC, la UCM, revelando una oferta que se ha visto negativamente afectada en más de un caso por el reflujo derivado de la crisis [7]7 — Ollé, M. (2013). «Bases para un impulso educativo y científico común», en Ríos, Xulio (coord.), Las relaciones hispano-chinas: historia y futuro. Madrid: Catarata, pp. 176-193 .

En Galicia, merece destacarse el IGADI que junto con Casa Asia impulsó el Observatorio de la Política China, hoy una referencia en el estudio de este país, con un análisis constante de su evolución y prestando una singular atención a uno de sus problemas clave: Taiwán. Existen, en paralelo, mecanismos asociativos como la AEEAO (Asociación Española de Estudios de Asia Oriental), o Cátedra China que aglutinan a investigadores y expertos, así como a una amplia comunidad de personas interesadas en China.

¿Qué papel ha jugado China en todo esto? Indudablemente, a China le interesa promover el conocimiento acerca de su propia identidad y cultura. Ello fortalecerá la comprensión mutua, habilitando puentes que mejoran la comunicación a todos los niveles. Además, crea una masa de expertos que pudieran estar influidos por sus percepciones, lógica e intereses. Es por ello que destina recursos a este fin. Hanban, que gestiona la promoción internacional de la lengua china, por ejemplo, estableció un Programa de Nueva Sinología con el objetivo de atraer a jóvenes investigadores para profundizar en China en sus estudios, realizar trabajo de campo o doctorarse. También muchas universidades chinas o la propia Academia de Ciencias Sociales vehiculan iniciativas para lograr notoriedad e influencia. Todo ello nutre una corriente de contactos y de intercambios que retroalimenta el desarrollo de la sinología en España.

Entre las universidades que más han contribuido al desarrollo de la investigación i divulgación a propósito de China, la UAB ha tenido un departamento específico que fecha de los años ’80

Entre los agentes que en España abordan estas cuestiones, los puntos de vista expresados en relación a China no siempre son coincidentes. Al igual que en la clase política existe un consenso bastante amplio sobre la importancia y el interés que China tiene para España, pero hay matices e incluso opiniones dispares en materias relevantes (el papel de España en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a propósito de las inversiones chinas, cómo abordar los problemas de derechos humanos, etc.). Naturalmente, esta diversidad es expresión de una libertad de cátedra que es necesario preservar y promover sin pretender alineamientos, ya sea con las tesis auspiciadas por instancias europeas, estadounidenses o propiamente chinas.

Retos a la vista

La investigación en España a propósito de China se enfrenta a muchos retos. En términos generales, si España quiere influir más a nivel internacional necesita apostar por la mejora del conocimiento. Esto es de reconocimiento general, pero en demasiados casos se ha quedado en una retórica sin apenas consecuencias prácticas. En el caso de China, es particularmente exigente dada su singularidad y su proyección. La reiteración y suma de crisis en años recientes ha influido en cierto retroceso y se requiere una voluntad política más comprometida para poder avanzar.

En primer lugar, necesitamos evitar un mayor deterioro y consolidar los recursos y mecanismos existentes habilitando medidas para garantizar la calidad y pluralidad de la oferta. Segundo, urge fortalecer el liderazgo oficial para recuperar con ambición las capacidades de cooperación, acotar los compartimentos estancos, conjurar el aislamiento y facilitar el trabajo en equipo. Tercero, cultivar especificidades diferenciales que nos signifiquen en la relación con China. Esto tiene que ver con el proceso de maduración de una visión propia desde nuestro universo cultural a propósito de China y que debemos relacionar con el fomento de los vínculos con nuestro espacio geocultural, es decir, América Latina, donde el desarrollo de los estudios sinológicos en muchos países avanza a buen ritmo, mejor incluso que el nuestro, apoyándose en la tradición referencial, entre otros, del Colegio de México. Fortalecer ese contacto no es menos importante que con el espacio europeo.

Por otra parte, un hecho específico como la organización del Estado en base a las autonomías, tantas veces aquí vilipendiado como fuente de todos los males, puede devenir en un factor de interés en una China donde el problema territorial constituye uno de sus talones de Aquiles. Otras experiencias pueden aportar conocimiento útil, lo cual redundará en nuestra mayor relevancia y, consecuentemente, en el acrecentamiento de la visibilidad de nuestro pensamiento estratégico.

  • Referencias

    1 —

    Martínez, Jesús Manuel (2014). El descubrimiento de China. Madrid: Catarata.

    2 —

    Zhang Kai (2013). Historia de las relaciones sino-españolas. Beijing: China Intercontinental Press.

    3 —

    Herrera Feligreras, Andrés (2014). España y China (1973-2005). Barcelona: Bellaterra.

    4 —

    Li Qiuyang y Ramírez, Raúl (2019). «Coming Through the History: the Revival and Challenge of Spanish Sinology». León: Sinologia Hispánica 9, 2, pp. 1-30.

    5 —

    Ríos, X (2013). Las relaciones hispano-chinas, Historia y Futuro. Madrid: Catarata.

    6 —

    Esteban, Mario (2018). Relaciones España-China. Madrid: Real Instituto Elcano.

    7 —

    Ollé, M. (2013). «Bases para un impulso educativo y científico común», en Ríos, Xulio (coord.), Las relaciones hispano-chinas: historia y futuro. Madrid: Catarata, pp. 176-193

Xulio Ríos

Xulio Ríos es director del Observatorio de Política China. Asesor de Casa Asia y coordinador de la Red Iberoamericana de Sinología, colabora con diferentes medios de comunicación y revistas especializadas. Forma parte de consejos científicos y comités de redacción de varias publicaciones sinológicas. Profesor y consultor de varias instituciones universitarias de España, China y América Latina, es autor de más de una docena de libros sobre China, entre los cuales destacan China, ¿superpotencia del siglo XXI? (1997), China: de la A a la Z (2008), China moderna (2016), obra ganadora del premio Cátedra China 2018, o La China de Xi Jinping (2018).