Algunos, en esta parte del mundo, sueñan con un país, una cultura, una lengua y un estilo de vida diferentes. Luchan de muchas maneras para conseguirlo, con solicitudes como refugiados o estudiantes o inversores… Yo siempre solicité participar en residencias de arte en el extranjero para descubrir mundo, me eduqué tanto visualmente como emocional y técnicamente. Desgraciadamente, casi todos los países hacen que cruzar sus fronteras sea muy complicado por miedo a que la intención sea emigrar.

Obras sin visado

Como artista, percibo esta angustiada parte del mundo. Me conmueven los sentidos y la imaginación. Siento la necesidad de mantenerme conectada a estas realidades cotidianas, tanto si son crueles como si están llenas de afecto, dejando constancia de nuestras experiencias, luchas y estado de ánimo para las generaciones futuras. Mis obras de arte han recorrido muchos continentes, han entrado en muchos espacios y museos de renombre, pero se me ha denegado el visado incluso cuando estas instituciones me han enviado una generosa invitación para participar en una residencia, una exposición o un simposio. Muchos artistas muy famosos de Oriente Medio tienen que hacer frente a esta decepción y, aun así, todavía nos negamos a emigrar lejos de nuestra cultura.

En mi reciente residencia artística en la Academia Americana en Roma, me fascinó ver de cerca obras de arte que fueron tan importantes en mis años académicos: eran reales. El arte se tiene que compartir con todos los humanos. Mi necesidad como artista es poder ver, sentir y vivir a través del arte.

Hablando con amigos que se refugiaron en el mundo occidental, aprendí que el arte contemporáneo es demasiado conceptual, y que lo sentían ajeno. Es demasiado pronto para ellos, no comprenden las técnicas y no encuentran un lenguaje común que conecte con los temas que les interesan. Se sienten reprimidos, perdidos y deprimidos, incapaces de volver a casa. El arte contemporáneo en Oriente Medio todavía no ha madurado por falta de financiación y aceptación por parte del público y las galerías comerciales.

Nacimiento del arte contemporáneo

Durante la Segunda Guerra Mundial, las relaciones entre el arte y la guerra se volvieron ideológicas. Muchos artistas tuvieron que esconderse o abandonar sus países por su «necesidad de crear». Su poder para influir en los otros y encarnar la identidad de una comunidad o de un grupo de personas suponía una amenaza para estos regímenes. Los artistas encontraron muchas maneras de evitar la censura, como por ejemplo utilizando formas abstractas, colores vivos y un mensaje antigubernamental indirecto para reunir activistas y despertar a las masas a nivel local e internacional.

Sé que el arte contemporáneo es una necesidad para transmitir un mensaje o para cambiar de conceptos. Vi mucho de este tipo de arte en mi país, Siria, cuando empezó la revolución. El arte era uno de los métodos pacíficos de protesta que llevamos a cabo, y no necesariamente por parte de artistas. Se me ocurren muchos ejemplos, compartiré con vosotros este vídeo.

Este chico es de Duma, una ciudad cerca de la capital, Damasco, conocida para ser una ciudad religiosa. Se negó a formar parte de los manifestantes armados. Le encanta la música. Y es analfabeto. Descubrí a ABO ALI cuando visité Duma para hacer un taller de marionetas con niños y vi qué hacía. Así que lo filmé para enviar su mensaje al universo. Llevar una cámara era un crimen, se prohibían todos los métodos de activismo.

En 2010, la Primavera Árabe empezó en muchos países mediterráneos. Hemos utilizado el arte callejero y el videoarte, entre otros, para transmitir el mensaje de que todo lo que queríamos era ser libres de la dictadura. Durante treinta años, la censura fue muy dura en todo, sobre todo en el teatro, los programas de televisión, el cine… No sólo a la hora de hablar del régimen, también si queríamos plantear cuestiones sobre nuestros derechos civiles, el sexo, las personas LGBT, las religiones…

Camisetas blancas

Las manifestaciones pacíficas no estaban permitidas en Siria, como en cualquier país bajo una dictadura. Los medios de comunicación estatales mostraban a los manifestantes como si fueran terroristas… Empezamos a crear movimientos artísticos y pacíficos. Un día, en Damasco, la capital y la ciudad donde era más difícil llevar a cabo ningún tipo de activismo, el ejército estaba por todas partes. Todos nos habíamos puesto una camiseta blanca y andábamos en silencio, las pequeñas tiendas también vestían a sus modelos con camisetas de aquel color. Al cabo de diez minutos, el ejército llegó, armado con porras verdes, empezaron a golpear a todo el mundo que estaba en la calle y arrestaron a mucha gente. Los que se escapaban evitaban volver a casa por miedo que les siguieran. Cambiamos nuestros números de teléfono e intentamos encontrar algún lugar que no conocieran nuestra familia y amigos. Pero salimos adelante y creamos otras cosas, como los «huevos de Pascua», los coloreábamos, escribíamos mensajes de libertad y los repartíamos por toda la ciudad…

Novias

«Dejad de matar. Todos somos sirios» fue un movimiento creado en Damasco en 2012. Era diferente del resto. La mayoría de los manifestantes eran mujeres. Escogieron un día y una o dos manifestantes se detuvieron en la calle principal con este mensaje: «Dejad de matar, todos somos sirios», escrito con pintura blanca sobre una bandera roja. Cualquier persona que estuviera involucrada sabía que quizás no volvería a casa. Los días siguientes, los activistas decidieron que tenían que ir a lugares concurridos, como Medhat Basha, el antiguo zoco de la ciudad. Cuatro mujeres con vestido de novia se situaron en medio del zoco con el mismo mensaje: «Dejad de matar». ¿Quién detendría a una novia? Pensaron que esta sería la manera de manifestarse más pacífica, pero, por desgracia, el ejército las tuvo arrestadas durante dos meses…

Control de la violencia y censura

Los jóvenes no nos pudimos reunir para crear un movimiento de protesta por la igualdad. Nos vigilaban y muchos intelectuales desaparecieron de un día para otro. Teníamos la esperanza de que algún día las cosas cambiarían. Se estaban produciendo revoluciones en países vecinos y encontramos el valor para reivindicar nuestros derechos por la libertad y la democracia.

Durante seis años nuestro número aumentó, pero también aumentaron las detenciones, las torturas y la muerte. No me rendí ni cuando supe que en cualquier momento me podían detener o asesinar. Y eso es lo que pasó una noche. Torturaron a una amiga hasta que delató a otros activistas.

© Azza Abo Rebieh

Mi historia empezó después de la matanza de Hama, en 1982. Mi ciudad natal, donde veintiocho miembros de mi familia fueron asesinados a sangre fría. Yo tenía dos años. Crecí escuchando historias de atrocidades y crueldad. En mis primeros años todo el mundo tenía que jurar fidelidad al «comandante». Dibujé, pinté y soñé con un mundo justo y mejor. Me encantó mi cultura y la gente trabajadora y dinámica que había construido todos los aspectos de esta patria.

El arte puede expresar violencia, control y muchos otros temas sin tener que hacerlo directamente. Los críticos de historia del arte encontrarán la manera de transmitirlo. TRACES, mi primera exposición individual en 2018, retrató la vida de muchas personas inocentes, independientemente del lugar del que fueran. Goya me ha acompañado en este viaje. Mientras que él retrataba la vida exterior de muchos, yo retrataba el interior de la prisión de unos pocos. Escogí un título para evitar problemas futuros con el régimen que torturó y mató a tantos talentos potenciales.



Detenida – Feminismo

No sólo a mí, pero quizás me han escogido para explicar historias de muchas mujeres, niños y hombres. Fueron activistas durante años contra el régimen. No soy feminista, pero no soporto la debilidad. Esta fue mi parte de responsabilidad durante la revolución. Me olvidé de que era artista. Estaba ocurriendo alguna cosa histórica, mucha gente me necesitaba y contaba conmigo y con otros activistas.

Mi delito era pintar grafitis, ayudar a los niños a superar el miedo a la guerra con marionetas, filmar y pintar en los letreros de las manifestaciones. Me detuvieron e interrogaron durante setenta y dos días sin que nadie supiera dónde estaba. Compartí una habitación de tres metros cuadrados con quince mujeres, algunas de ellas menores de dieciocho años. Después me llevaron a la prisión central y vi a mis padres por primera vez.

El arte de sobrevivir

Siempre he dicho que los artistas tenemos la suerte de que nuestra imaginación nos puede llevar a lugares diferentes y nos permite comportarnos como personajes diferentes, de manera que tenemos un poder mental especial. Esta también es otra responsabilidad que tenemos que compartir con el mundo. Cuando estuve detenida con quince mujeres más en una habitación de tres metros cuadrados en la sede de interrogatorios del régimen, un lugar de tortura física y mental, pasábamos días y noches sin saber dónde estábamos ni cuándo nos liberarían. ¿Ninguno de nuestros familiares y amigos sabían dónde buscarnos. ¿Estábamos vivas? ¿Hambrientas? ¿Congeladas? ¿Muertas? Las otras mujeres y yo empezamos a deprimirnos a medida que pasaban los días. Entonces decidí crear un taller para ayudarlas a superar nuestra realidad. No había nada disponible aparte de los hilos de las mantas y algunos huesos de aceituna que se convirtieron en nuestras herramientas y nos dieron la esperanza de que algún día nos liberarían a todas. Creábamos historias de una vida mejor e incluso, a veces, chistes. Se concentraban en crear. El arte era un medio poderoso para hacerse más fuerte emocionalmente. Al cabo de un tiempo vi que estaban listas para hacer una huelga de hambre y de medicamentos. Dos semanas después, a algunas de nosotras nos enviaron a una prisión central.

En la prisión central estuve en una habitación mayor con mujeres que estaban ahí desde hacía muchos años… Su delito era «estar en contra el régimen», o vivir en las zonas contrarias al régimen.

Había niños con sus madres y chicas menores de dieciocho años. Aquí permitieron que nuestros padres nos visitaran y nos trajeran algunas cosas que necesitábamos. Las mías eran bolígrafo, papel y libros. Empecé a dibujar a las mujeres para recordarles lo bonitas que eran, les dejé los libros y enseñé a leer y dibujar a algunas de ellas. Una señora dibujó una casa con flores y la consideró su casa.

Una noche, nos dimos cuenta de que llegaba año nuevo y lo quisimos celebrar. Recibimos la aprobación de nuestro carcelero y empezamos. Me pidieron que les pintara la cara. Estábamos tan contentas, súper felices. Dijeron que era la primera vez que había una artista presa… y de repente Fátima decidió dar las gracias a las autoridades y me pidió que escribiera en un tablón: NOSOTROS LAS PRESAS queremos desearos feliz Año Nuevo… Sólo cambié la palabra presas por SEÑORAS. Se lo miró con los ojos bien abiertos y una sonrisa tímida, como si recordara que, al fin y al cabo, ella todavía era una mujer.

Cada día nos levantábamos con la voz que anunciaba la salida de la prisión de 5 a 8 mujeres. Siempre lo celebrábamos y llorábamos de alegría y esperanza. Una noche fuimos a dormir, imaginando una ballena que se nos llevaba a todas fuera de aquí. El 19 de enero de 2016, llegó mi salida. Pasé 10 meses en casa con el calor de mis padres y mis dos gatos, evitando ver a nadie sabiéndome observada. Y un día recibí una llamada de mi abogado: «TIENES QUE ABANDONAR INMEDIATAMENTE EL PAÍS» o te arrestarán otra vez.

Me marché a Beirut, Líbano, con mis padres, donde vivo actualmente. Mi padre era un gran hombre y el mejor de mis amigos. Siempre me apoyaba, y nunca dejó que viera que sufría por mi seguridad o los problemas que había causado a mi familia. Sí, estaba orgulloso de mí y nunca esperó de mí que fuera débil. Dejar atrás mi país, a todo el mundo, a todo, a la fuerza, ha sido lo más difícil de digerir de mi vida. Me dieron un billete sólo de ida. Sí, mi situación era muy mala y estaba traumatizada. Pero me miré en el espejo y me dije a mí misma que tenía que seguir viviendo, que me pueden exiliar de mi país, pero no pueden exiliar la libertad de mi cabeza. Tengo que explicar las historias de estas mujeres, y de nuestra revolución. Tengo que dibujar; lo compartiré con el mundo. Esta es mi admiración por Francisco Goya, que pudo llegar a mucha gente haciendo grabados en metal y madera.

En 2018, el 15 de marzo, el día que se conmemora la revolución siria, inauguré mi primera exposición en solitario en Beirut, TRACES, con 30 grabados que hice de manera feroz en 6 meses. Y mi rabia todavía está viva, tan viva como mi anhelo de que un día seré libre.

Azza Abo Rebieh

Azza Abo Rebieh

Azza Abo Rebieh es una artista siria, graduada en la Facultad de Bellas Artes de Damasco en 2002. Ha sido becaria del Artist Protection Fund en la American Academy de Roma durante 4 meses (2019 - 2020) y ahora vive en Beirut. Fue una de las 30 mujeres encarceladas en la prisión de Adra, en Damasco, detenida debido a su arte y su activismo. Sus dibujos se han expuesto al Drawing Center de Nueva York y su exposición en solitario se pudo ver en la galería 392 Rmeil 393. Además, su proyecto Beirut "Traces" se presentó en el Kings College, en Reino Unido, y también en la Escuela de Bellas Artes de París. El British Museum obtuvo tres de sus obras de aguafuerte en 2014. También fue galardonada con el primer premio del Youth Printmakers en Damasco.