Entrevista | Dirk Messner: «Hay un nuevo consenso verde de alcance global»

Dirk Messner, Eva Jané Llopis

Antes del estallido de la pandemia de Covid-19, la lucha contra la crisis climática era un tema central en la agenda mundial. La creciente concienciación y movilización de muchos ciudadanos y, en particular, de los jóvenes —con movimientos como Fridays for Future— promovió un cambio de perspectiva en el debate político, tanto en las instituciones públicas como en el sector privado. Dirk Messner, presidente de la Agencia Alemana de Medio Ambiente, es una de las voces más reconocidas en el ámbito del desarrollo sostenible. Autor de libros como Germany and the World 2030 (2018), es experto en globalización, gobernanza global, descarbonización, sostenibilidad y cambio digital, cooperación internacional y cambio social. En esta entrevista con Eva Jané, directora de Salud y Objetivos de Desarrollo Sostenible en ESADE, asesora del CADS (Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible) y coordinadora de este número especial de la revista IDEES, Messner evalúa la implementación de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible y reflexiona sobre la necesidad de fomentar transformaciones profundas. También nos recuerda que, como ciudadanos, podemos hacer tres cosas para avanzar hacia un mundo más sostenible: votar, organizarnos políticamente y cambiar nuestros patrones de consumo.

Desde la adopción de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, cada vez oímos más voces del ámbito científico que afirman que, aunque teóricamente hay un apoyo generalizado hacia los ODS, todavía afrontamos retos relacionados con el cambio climático, el agotamiento de los recursos y el incremento de las desigualdades. La sostenibilidad ha ganado terreno en la opinión pública y se ha abierto paso en algunas agendas políticas, pero la Covid-19 también ha tenido consecuencias negativas y nos ha hecho retroceder en algunos de los avances que habíamos conseguido. ¿Qué evaluación general hace usted de la situación? ¿Cree que en el mundo estamos viendo el cambio que necesitamos para alcanzar los objetivos del 2030?

Primero, está la Agenda como tal y después aparece la Covid-19. Tengo tres observaciones sobre la Agenda. En primer lugar, considero que tiene que ver con una transformación profunda, no con cambios incrementales, y que cada vez hay más consenso sobre esta. En segundo lugar, quiero poner énfasis en el hecho de que lo podemos conseguir. Creo que las condiciones previas para el logro de la Agenda 2030 ya existen, en cuanto a nuestras capacidades tecnológicas o institucionales, la financiación necesaria para hacerlo realidad… Lo podemos conseguir. Lo tenemos que conseguir. En tercer lugar, considero que tenemos que acelerar, porque vamos demasiado lentos.

En este contexto que describo, de repente y de manera inesperada aparece la Covid-19 y cambia el panorama. Quisiera hacer algunas observaciones sobre este tema, como por ejemplo que me sorprende que, en el ámbito climático, vayamos consiguiendo objetivos climáticos cada vez más ambiciosos en todo el mundo, en medio de la pandemia y de la crisis generada por esta. Esto es interesante, porque en 2008 y 2009, durante la crisis financiera, cuestiones como la sostenibilidad, el clima, la ecología, la agenda de los ODS —que entonces todavía estaba emergiendo— se vieron como un lujo, como una cosa en la que no nos podríamos centrar en aquel momento. Esta vez parece diferente.

En Europa tenemos un buen paquete de estímulos económicos para el Green Deal, y estamos sincronizando los paquetes verdes con los programas de recuperación, pero nuestra perspectiva más allá de los horizontes europeos es demasiado débil

En la Agencia Alemana de Medio Ambiente hicimos un estudio en el que analizamos 130 informes sobre paquetes de estímulos en todo el mundo. Hubo informes de Europa, EE. UU., América Latina y China. Creo que no nos dejamos ningún informe importante. Cuando hacíamos este análisis, tenía miedo que pasara lo mismo que en 2008-2009, cuando nuestras cuestiones desaparecieron de la agenda. Sin embargo, esta vez pasó lo contrario. Encontramos muy pocos informes que no centraran nuevos conceptos e inversiones empresariales en la protección del clima. Por lo tanto, la perspectiva de la modernización y la creación de innovaciones e inversiones sostenibles está cambiando: los países realmente están invirtiendo en esta dirección. Teniendo en cuenta estos informes, podríamos afirmar que hay un nuevo consenso verde global. Aun así, también podríamos destacar que ha habido consecuencias negativas en el ámbito social. El coronavirus ha sido un multiplicador de desigualdades que ya existían y que ahora todavía son más profundas. Desde el punto de vista social, nos estamos encontrando con situaciones más difíciles de las que teníamos que afrontar antes.

¿Hay otros ámbitos en los que tendríamos que esforzarnos y acelerar más, ámbitos en los que hasta ahora no hemos hecho bien las cosas?

Esto se podría explicar con la proeza de la Unión Europea. Desde una perspectiva global, hay un nuevo consenso verde a nivel mundial. Si examinamos las primeras imágenes y datos sobre inversiones reales, en Europa, de hecho, la situación no es tan negativa. Estamos invirtiendo en sostenibilidad y protección del clima más que otras regiones y países, lo cual es positivo. Sin embargo, si nos fijamos en la primera secuencia de la crisis de la Covid-19 en el panorama europeo, diría que la primera reacción se articuló a nivel nacional. Cerramos fronteras; buscamos respuestas nacionales y locales. Hubo poca cooperación europea, lo cual me pareció frustrante.

La segunda secuencia fue muy importante e interesante. Durante mayo y abril discutí con muchos de mis colegas, directores de otras agencias europeas de medio ambiente: discutimos el impacto de la crisis del coronavirus en nuestras economías, en nuestra gente, y si existía la oportunidad de impulsar una recuperación verde. La gente de países con economías más dinámicas afirmó que en sus países había una convergencia entre los discursos de recuperación y la economía verde y la protección del clima. No obstante, en las economías más débiles, sucedía lo contrario. Las personas pertenecientes a países con economías más débiles, con porcentajes elevados de deuda y paro, afirmaron que hablar de la protección del clima en sus países era muy difícil en una situación así.

Más adelante, los líderes de la Unión Europea aprobaron el paquete de 750.000 millones de euros [un paquete de recuperación de estímulos post-Covid-19 —Next Generation EU— aprobado por los líderes de la Unión Europea en diciembre de 2020]. Este ha sido un ejemplo de solidaridad europea: la mayoría de este dinero se está dirigiendo hacia los países más débiles. Sin este tipo de solidaridad, basada en la cooperación internacional, no habríamos alcanzado el objetivo climático, más ambicioso, que alcanzamos a principios de diciembre del 2020 —aunque me habría gustado que el objetivo fuera más ambicioso: defendimos la urgencia de reducir los gases de efecto invernadero entre un 40% y un 60-65%, y la reducción fue del 55%—. Sin embargo, si no hubiera sido por este paquete de 750.000 millones de euros, basado en la solidaridad europea, no habríamos alcanzado este nuevo objetivo ambicioso.

Creo que uno de los grandes retos que afrontamos es el hecho de que parece que olvidamos que hay un Sur Global. No sólo tenemos actores más débiles en el contexto europeo, a quienes tenemos que dar apoyo, sino que, a nivel mundial, hay grandes divergencias y discrepancias desde una perspectiva económica y social. Además, en comparación con el 2008 y el 2009, la situación actual es diferente en un sentido negativo: en aquel momento se hicieron grandes inversiones para estabilizar los mercados del Sur Global. Esta vez, esto no se ha producido a una escala tan grande. En Europa tenemos un buen paquete de estímulos económicos para el Green Deal europeo y estamos intentando sincronizar los paquetes verdes con los programas de recuperación, pero la perspectiva que tenemos más allá de nuestros horizontes europeos es demasiado débil. Me gustaría que se asumieran muchos más compromisos en todo el mundo para conectar los paquetes de recuperación con los problemas sociales y la sostenibilidad.

Hay muchos indicios que señalan que ya no podremos alcanzar los compromisos asumidos durante la Cumbre sobre la Ambición Climática de hace cinco años y que, aunque Europa podría ir en la dirección correcta, esto no se aplica necesariamente a otros países. Teniendo en cuenta los compromisos que se asumieron durante la Cumbre sobre la Ambición Climática, y posiblemente en futuras conversaciones de la COP26, ¿dónde cree que están las soluciones? ¿Cuáles son los pasos que habría que hacer para concentrar a todo el mundo hacia los objetivos que tenemos que alcanzar?

Por una parte, creo que nuestras sociedades se encuentran en un punto de inflexión. De la otra, considero que hay una nueva divergencia en la economía global. El punto de inflexión que observo en nuestros países es que hay mucha presión porque se nos acaba el tiempo para impulsar acciones en favor del clima. Tenemos que reducir a la mitad las emisiones mundiales cada década hasta mediados del siglo XXI: esto es una reducción drástica, que se tiene que acelerar. Por otra parte, creo que hay mucha más ambición en los discursos y que, por primera vez, muchos países se están comprometiendo a construir una economía de “cero emisiones”.

Estos discursos no los oímos en París hace cinco años. Entonces existía el objetivo de los dos grados centígrados, que dejaba un margen de entre 1,5 y 2 grados, y se hablaba de manera vaga de la descarbonización durante el siglo XXI. En la actualidad, sin embargo, muchos más países hablan de alcanzar el objetivo de cero emisiones en el año 2050, o incluso antes. Es un cambio muy grande. Tenemos el compromiso de la Unión Europea, del nuevo gobierno de los Estados Unidos —un compromiso muy importante porque se trata de un actor muy relevante a nivel mundial— y, por primera vez, hemos podido oír la opinión de China sobre el aumento de las emisiones y su compromiso con el objetivo de cero emisiones en 2060. Sabemos que es demasiado tarde, pero por primera vez hemos adoptado una perspectiva de cero emisiones. Por lo tanto, veo que hay un punto de inflexión entre el aumento de la ambición de los discursos y el hecho de que se nos está acabando el tiempo.

Si no ayudamos al Sur Global y lo convertimos en socio del proceso de transformación sostenible, no conseguiremos aquello a lo que nos hemos comprometido

La nueva divergencia es que estas dinámicas interesantes se están produciendo en la mayoría de países de la OCDE y en tres grandes partes de la economía mundial, pero aún tienen que producirse en el resto. Hablo de la nueva constelación geoeconómica hacia transformaciones sostenibles —Estados Unidos, China y Europa— que está desconectada de los acontecimientos del Sur Global, donde vemos nuevas desigualdades, menos compromiso de los países del G20 y menos cooperación de los países de la OCDE. Esta es la nueva divergencia. La Agenda 2030 se refería a un desarrollo igualitario a nivel mundial, que diverge del desarrollo al que nos estamos dirigiendo.

¿Dónde ve las oportunidades de cambio? ¿Cómo podemos llegar al Sur Global?

Los actores del G20 nos tenemos que poner de acuerdo, porque el 80% de las emisiones, el consumo de recursos y el impacto negativo en los ecosistemas lo causamos nosotros. Está en nuestras manos. Ahora muchos gobiernos aceptan este tipo de responsabilidad y los tenemos que convencer de que, si no ayudamos al Sur Global y les convertimos en socios del proceso de transformación sostenible, no conseguiremos aquello a lo que nos hemos comprometido. Los países del G20 producimos el 80% del impacto, pero también hay que tener en cuenta al otro 20%. De modo que, incluso si todos (la OCDE y el G20) nos dirigimos hacia una economía de cero emisiones de cara al 2050, seguiremos necesitando que el resto de socios se impliquen. En caso contrario, perderemos la batalla desde una perspectiva climática.

Además, desde una perspectiva social, la mayor parte del trabajo a la hora de reducir las tendencias de desigualdad y pobreza se tiene que gestionar en el Sur Global desde una perspectiva de estabilidad. Y como naciones ricas, tendríamos que estar interesados. Esta es la conexión en la que nos tenemos que centrar. Por lo tanto, si ahora tenemos la oportunidad de replantearnos las relaciones transatlánticas, no sólo tendríamos que hablar del clima, los ecosistemas y las infraestructuras de sostenibilidad, sino también de los problemas de desigualdad, la pobreza y la manera de conseguir que el Sur Global se implique en la transformación. Considero que hace diez años teníamos una perspectiva más firme sobre las relaciones con el Sur Global y éramos menos ambiciosos desde el punto de vista climático. Ahora es al revés. Ahora trabajamos para hacer frente al reto climático y nos olvidamos del Sur Global. Sin embargo, en la Agenda 2030 nos comprometimos a reunir estas dos dimensiones.

¿Puede profundizar en la relación entre digitalización y sostenibilidad? ¿La digitalización podría contribuir a mejorar la situación del Sur Global?

Son dos preguntas complejas. Si miramos atrás, es sorprendente que en 2015 [año del Acuerdo de París] no tuviéramos en cuenta la digitalización. Cuando adoptamos los ODS y el Acuerdo de París, no hubo ningún debate sobre el cambio tecnológico. No éramos expertos en la materia, y los expertos digitales no eran expertos en nuestros problemas de sostenibilidad. Fui uno de los autores de un informe que analizaba la posible convergencia entre estas dos megatendencias, la digitalización y la sostenibilidad, y, en pocas palabras, el informe demostró que estas tecnologías nos podrían ayudar a avanzar mucho más rápidamente hacia la implementación de los ODS. Por lo tanto, podemos decir que el potencial de la digitalización es enorme.

Sin embargo, lo que también demostró el informe es que estas tendencias de digitalización ya hace veinte años que se están desarrollando, y que ahora sólo se están acelerando. Desde que existen estas tendencias no hemos visto una desconexión entre la creación de riqueza y el consumo de recursos, o entre la creación de riqueza y las emisiones de gases de efecto invernadero. Por lo tanto, si no se establecen conexiones entre la transformación digital y la transformación sostenible, podríamos dirigirnos más rápidamente hacia la dirección equivocada. Estas tecnologías son herramientas diseñadas para hacerlo todo todavía más eficiente, para acelerar los procesos y automatizar las cosas. Tenemos que reconocer que estas tecnologías también se podrían utilizar de maneras muy perjudiciales; por poner un ejemplo, con el reconocimiento de voz se pueden rastrear personas donde y cuando sea. Si esto es aprovechado por los regímenes autoritarios, obviamente la democracia y la libertad se verán amenazadas. Tenemos que entender cómo utilizar estas tecnologías con prudencia, pero sin olvidar que su potencial es inmenso.

Es necesario construir conexiones entre la transformación digital y la transformación sostenible; si no lo hacemos, nos estaremos dirigiendo aceleradamente hacia la dirección equivocada

Durante el 2021, en la Agencia Alemana de Medio Ambiente, invertiremos mucho dinero en la creación de un laboratorio para soluciones de inteligencia artificial dirigidas a la sostenibilidad y para averiguar cómo enlazarlas. Lo que también vimos en el estudio que he mencionado es que nuestra comunidad de investigación y la comunidad de investigación digital todavía no cooperan. Coincidimos muy pocas veces, y si no trabajamos juntos, no encontraremos las soluciones adecuadas. Por lo tanto, queremos reunir a estos expertos para intentar avanzar. Todo esto, con respecto a la relación entre la digitalización y la sostenibilidad. Con respecto a la pregunta sobre digitalización y el Sur Global, en realidad, la respuesta vuelve a enfatizar lo que decíamos antes sobre la relación entre el Sur Global y las economías más dinámicas. Las inversiones en digitalización e inteligencia artificial se están produciendo principalmente en China, Europa y los EE.UU., por lo que se está consolidando la brecha digital. Teniendo esto en cuenta, es necesario remarcar que es muy importante invertir y cooperar con los países del Sur Global también en esta dimensión tecnológica.

¿Podría reflexionar sobre el impacto del Green Deal europeo (Pacto Verde Europeo) y los objetivos para el 2050?

Podemos destacar dos cosas sobre el Green Deal europeo y su importancia. Esta es la primera Comisión Europea que concibe la sostenibilidad como un tema urgente. Con la Comisión Juncker [Juncker fue presidente de la Comisión Europea del 2014 al 2019] era muy difícil hablar de este tipo de cosas. Ahora toda la Comisión se toma seriamente el Green Deal europeo como un objetivo principal. Esto es muy positivo. Además, la Comisión Europea ha agrupado muchas estrategias dentro del proyecto de sostenibilidad. Esto es todavía mejor que en el contexto alemán, ya que aquí tenemos una estrategia de sostenibilidad del gobierno alemán, pero también tenemos una estrategia de crecimiento, una estrategia de empleo y una estrategia de competitividad y, por lo tanto, nuestra estrategia de sostenibilidad es una entre muchas otras estrategias, no es la pieza central. Nuestro razonamiento siempre había sido “crecimiento, empleo, tecnología”. Ahora la Comisión Europea ha agrupado las estrategias y espero que podamos implementar un proyecto de sostenibilidad mucho más transversal.

¿Podemos pensar que esto se convertirá en una tendencia en los países y se convertirá en ley? Uno de los grandes problemas de los ODS es su verticalización: la Comisión, y esta nueva dirección hacia la que está empujando, ¿puede hacer que la sostenibilidad sea más central en el funcionamiento de los países?

Lo que me hace ver la situación de forma optimista es la heurística, con la cual todos trabajamos para poder definir en qué dirección nos movemos o cuáles son nuestras orientaciones estratégicas. Como el mundo es complejo, no podemos decidir cada día qué nuevas direcciones tomaremos. El proyecto europeo se construyó después de la Segunda Guerra Mundial. Esta fue una heurística importante, que configuró un determinado mapa mental de cómo tenía que ser Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, en la mayoría de países europeos, la implementación de las redes de seguridad social, lo que denominamos estado del bienestar, supuso un gran cambio de perspectiva. Se pasó de una economía de mercado sin objetivo a una economía de mercado que trabajaba en dirección a un estado del bienestar. Estos tipos de cambios sistémicos son cambios importantes que han remodelado nuestras sociedades.

Durante medio siglo hemos intentando incorporar aspectos ecológicos a nuestra economía y al estado del bienestar: ahora los ponemos en el centro del proyecto de nuestras sociedades. Es un cambio de paradigma

Creo que después de cuarenta o cincuenta años de debate sobre cuestiones de sostenibilidad, cuestiones verdes y problemas del sistema Tierra en general, se ha producido un cambio de perspectiva. Durante medio siglo hemos estado intentando incorporar aspectos ecológicos a nuestra economía y al estado del bienestar. Ahora los ponemos en el centro del proyecto de nuestras sociedades. Es un cambio de paradigma, y ahora nos tenemos que centrar en las reformas estructurales de las políticas públicas para conseguirlo. En el pasado nos limitábamos a introducir normas ecológicas al sistema de movilidad, el agrícola y la economía. Por el contrario, ahora afirmamos que “necesitamos un sistema de movilidad sostenible, una agricultura sostenible, una economía circular sostenible, etc. Por lo tanto, hace falta una reforma política estructural para que esto se consolide. Este es el enorme reto al que nos enfrentamos ahora.

¿Cómo responderán los ciudadanos europeos a todos estos problemas? Con la situación actual de la Covid-19, ¿los ciudadanos se opondrán a cambios políticos importantes o hay presión para abordar todos estos problemas urgentes que ayuden a dar un salto hacia regulaciones más firmes?

Si nos fijamos en el contexto alemán, creo que tenemos mucho apoyo para avanzar en esta dirección, después de todas estas décadas de debate. La mayor parte de la sociedad defiende esta transformación, independientemente del color de los partidos políticos. Como en todos los países europeos, tenemos de un 15 a un 25% de nacionalistas, escépticos con respecto al clima, la ciencia, las empresas internacionales… Pero el otro 75% se dirige hacia este nuevo consenso. Tenemos debates socialdemócratas sobre cómo gestionar la transición verde. Tenemos debates ecológicos con el partido verde alemán sobre la gestión de las transformaciones sostenibles. Tenemos discusiones con los conservadores al respecto. La tendencia principal, pues, se dirige hacia la convergencia en favor de las transformaciones sostenibles, lo cual es muy importante.

En el sector privado el debate hacia el consenso es muy similar. En la Agencia Alemana de Medio Ambiente también analizamos el debate durante la crisis del coronavirus en nuestra prensa empresarial, que está orientada al sector privado. Allí las observaciones también contrastan con las de la crisis financiera de 2008 y 2009. Esta vez, el sector privado ha vinculado sus conceptos empresariales y futuros modelos de negocio con la necesidad de dirigirse hacia la protección del clima y aumentar la innovación hacia la eficiencia de los recursos. Además, tenemos el movimiento de jóvenes contra la emergencia climática denominado Fridays for Future. Les esperamos desde hace veinticinco y ahora están aquí y estoy contento de verlo. La gente puede cambiar cosas y perspectivas, y esto ha impresionado a muchos políticos y decisores. Nuestros hijos obligan a nuestra generación a discutir sobre estos temas, y creo que esto es muy positivo.

Para terminar con esta perspectiva positiva, ¿qué diría a los ciudadanos, de cualquier origen o profesión, para ayudarles a avanzar hacia un mundo más sostenible? ¿Qué puede hacer cada uno a nivel individual para contribuir a la transformación?

Señalaría tres cosas que los ciudadanos podemos hacer. La primera es que podemos votar, al menos en las democracias. En Estados Unidos hace poco hemos visto que los ciudadanos pueden marcar la diferencia. Votar a partidos que avanzan en esta dirección está en nuestras manos como ciudadanos. La segunda es que los jóvenes nos demuestran que si nos movilizamos políticamente podemos impulsar cambios. Es necesario organizar mayorías para una transformación profunda, no podemos promover transformaciones sostenibles contra las mayorías. Organizarnos políticamente, tal como nos está demostrando la generación de los jóvenes, puede hacer que la transformación tenga éxito.

Con respecto a la tercera acción, estoy de acuerdo cuando muchos de mis compañeros defienden que tenemos que cambiar muchos sistemas: la movilidad, la energía, etc. Nosotros, como ciudadanos no podemos cambiar los sistemas, que se tienen que modificar con decisiones políticas, de nuestro gobierno y del sector privado. Si bien eso es cierto, también lo es que como ciudadanos e individuos podemos marcar la diferencia en términos de nuestros patrones de consumo. La movilidad es un tema muy importante con respecto a la protección del clima. Podemos escoger conducir coches pequeños o coches increíblemente grandes, podemos utilizar el transporte público… Nuestros patrones de movilidad pueden ser muy diferentes. Obviamente, nuestra huella ecológica está en nuestras manos.

Los jóvenes nos demuestran que si nos movilizamos políticamente podemos impulsar cambios. Es necesario organizar mayorías para una transformación profunda; como ciudadanos e individuos podemos marcar la diferencia con nuestros patrones de consumo

Nuestros patrones alimentarios también son relevantes desde el punto de vista climático y ambiental. Todos sabemos que una contribución importante del sector agrícola a la protección del clima es nuestro patrón de consumo alimentario y si consumimos carne o no o la cantidad de ésta que consumimos. Si reducimos el consumo de carne en Europa un 50%, lo cual sería muy bueno para nuestra salud, como afirma la Organización Mundial de la Salud, el impacto en el clima también sería muy positivo. De nuevo, pues, la transformación depende de nosotros. Sucede lo mismo con los residuos alimentarios. Algo positivo que podemos hacer por el sector agrícola es reducir nuestro patrón de consumo alimentario. En los países ricos, la mayoría de los residuos alimentarios son producidos directamente por los ciudadanos. En esto el gobierno no nos puede ayudar: compramos la comida, la metemos en la nevera y después la desperdiciamos. Intentar reducir el desperdicio también es algo que podemos hacer, y este es mi tercer razonamiento: nosotros, como consumidores y ciudadanos, también tenemos responsabilidades y podemos actuar de una manera más alineada con la transformación sostenible.

Dirk Messner

Dirk Messner es presidente de la Agencia Medioambiental Alemana y co-director del Käte Hamburger Kolleg/Centre for Global Cooperation Research en la Universidad de Duisburg-Essen. Ha sido Director del Institute for Environment and Human Security de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) en Bonn, Alemania, y Vicerrector de la Universidad de las Naciones Unidas. Es miembro de la Earth League, una alianza de académicos por la sostenibilidad, y ha sido miembro de varios consejos asesores. Es especialista en globalización y gobernanza global, transformación sostenible, descarbonización, sostenibilidad, cambio digital, cooperación internacional y cambio social. Es Doctor en Ciencias Políticas, profesor universitario y ha escrito más de 300 publicaciones.


Eva Jané Llopis

Eva Jané Llopis es directora de Salud y Desarrollo Sostenible en ESADE y consejera del CADS desde el año 2019. Tiene un doctorado en Ciencias Sociales y un Máster en Liderazgo Global. Fue directora de programas de Salud en el Foro Económico Mundial y tiene una trayectoria de 20 años de experiencia internacional con cargos seniors en la OMS, las universidades de Maastricht y Nijmegen, CAMH Toronto y en el World Economic Forum. Es asesora de organizaciones internacionales como la OMS y la Comisión Europea, donde es miembro de la Plataforma Multisectorial de Alto Nivel sobre ODS. Ha liderado proyectos internacionales de investigación y think tanks y es autora de más de 80 publicaciones en libros y revistas científicas.

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