La imagen textil tan estrechamente ligada a las mujeres de nuestro país es la más adecuada para tratar de explicar la genealogía de los feminismos a partir de los hilos del pasado que se combinan con los hilos actuales, y que nos llevan de las filántropas burguesas del siglo XIX hasta el transfeminismo y los feminismos decoloniales del siglo XXI, de las primeras anarco-sindicalistas hasta las jóvenes protagonistas de las huelgas feministas del 8 de marzo, de las espiritistas anticlericales hasta las militantes comprometidas con la causa de la Madre Tierra (Pacha Mama).

Es importante hablar del concepto de genealogía porque la historia de las mujeres para vivir y expresar su libertad ha sido enterrada una y otra vez en el silencio y la invisibilidad a lo largo de los siglos. Cada vez que surgen expresiones poderosas y fuertes de la lucha de las mujeres por sus derechos y por unas condiciones de vida dignas, se nos presenta como si surgieran de la nada, como si hubiésemos vivido sin un pasado histórico común o sin el contexto de un presente compartido que dé sentido y continuidad a su propia tradición continuada y permanente de las luchas de las mujeres en todas las épocas y en todo el mundo.

El concepto de genealogía implica reconocer todos los hilos: aquellos que han sido más fuertes y han resistido el paso del tiempo hasta llegar a nuestros días y los más sutiles de la vida cotidiana de millones de mujeres en su quehacer diario que han conservado y preservado conocimientos y prácticas no normativas que, de hecho, se han integrado para siempre en el tejido de los feminismos. Reclamamos todas las manifestaciones y expresiones llevadas a cabo por las mujeres porque han ayudado a tejer la urdimbre de los feminismos actuales y así evitar el “fenómeno de la interrupción” tal como lo ha definido Adrienne Rich a partir de la conceptualización de Michelle Cliff, cuando dice que este fenómeno hace que “las obras y el pensamiento de las mujeres se nos presenten como algo esporádico, accidental, huérfano de su propia tradición”.

Figuras pioneras

En el contexto de Catalunya, queremos empezar con una primera referencia a Duoda, Condesa de Barcelona y Septimania del siglo IX, madre y maestra, que escribe un manual para educar a sus hijos, alejados de ella por circunstancias “patriarcales”. También merecen nuestro recuerdo y reconocimiento las brujas, mujeres sabias, herbolarias, parteras, que durante los siglos XIV, XV y XVI fueron perseguidas y eliminadas por la represión y el control de la iglesia, ya que sus conocimientos de vida y cuidados suponían una competencia que el poder establecido no podía permitir. Y todavía hace falta mucha investigación para recuperar el hilo cronológico que pasa por nombres propios como el de Isabel de Villena, del siglo XV y continúa a través del silencio impuesto por el patriarcado. 

Cuando Maria Aurèlia Capmany publica en 1973 en la editorial Nova Terra, El feminisme a Catalunya, venía “de un silencio muy triste y muy largo” y empieza el libro diciendo que nuestro feminismo, en sus orígenes a finales del siglo XIX, estaba bajo las influencias anglosajonas del movimiento sufragista. Y seguramente así fue, porque no podía ser de otra manera teniendo en cuenta nuestra historia y dedica su libro a la crítica del feminismo reformista burgués e ilustrado. En cualquier caso, cuando pasa revista a todas las mujeres que formaban parte del movimiento y a sus obras, nos damos cuenta de que no podemos dejar de reivindicarlas por la conciencia, la energía y el esfuerzo que dedicaron a cambiar el papel y la situación de las mujeres. Por ejemplo, las revistas Or i Grana y Feminal e incluso La dona catalana atestiguan la labor social a favor de las mujeres que llevaron a cabo, dentro de sus “posibilidades”, Dolores Monserdà, Francesca Bonnemaison, Carme Karr y otras. No podemos olvidar que Dolors Monserdà creó el Patronato de obreras de la aguja para dar trabajo a las cosedoras, que funcionaba como cooperativa y les daba su apoyo en situaciones adversas. La gran contribución de Francesca Bonnemaison fue la creación de la Institució de Cultura i Biblioteca Popular per a la dona que, a través de la educación y la instrucción, promovía el acceso a actividades fuera del hogar y la integración al proceso productivo de mujeres de la pequeña burguesía.  

Es necesario visibilizar otra parte de la sociedad, porque toda esta actividad protagonizada por mujeres burguesas es paralela a los movimientos populares anarco-sindicalistas, socialistas y comunistas donde las mujeres de la clase obrera se movilizaban con fuerza a finales del siglo XIX y principios del XX. Teresa Claramunt es la pionera del feminismo obrerista catalán y jugó un papel más que importante en los años en los que se forjó el movimiento anarquista en nuestro país y con su activismo comprometido sentó las bases del feminismo de izquierda de las mujeres de la Segunda República, de la Guerra Civil, y de la resistencia antifranquista. Desde Sabadell, uno de los principales centros industriales textiles del país, Teresa Claramunt, con un discurso sencillo y fruto de su experiencia, inició una defensa férrea de las mujeres trabajadoras y promovió su organización ya que a menudo quedaban al margen de los conflictos obreros.

Su anticlericalismo y su interés por la igualdad en la educación y por la supresión de la dualidad moral para lograr la igualdad entre hombres y mujeres la hizo entrar en contacto con Ángeles López de Ayala, republicana, feminista y masona, y juntas impulsaron la creación de la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona (1891) con la colaboración de la espiritista Amalia Domingo Soler, gran defensora de la emancipación de las mujeres de la Iglesia y del patriarcado y escritora prolífica.

La gran contribución de Francesca Bonnemaison fue la creación de la Institució de Cultura i Biblioteca Popular per a la dona que, a través de la educación y la instrucción, promovía el acceso a actividades fuera del hogar y la integración al proceso productivo de mujeres de la pequeña burguesía

Fueron estas tres mujeres las que convocaron la gran manifestación de mujeres del 10 de julio de 1910 bajo los lemas de emancipación femenina y educación laica. Y junto con las grandes manifestaciones que nos traen imágenes actuales, también hay que destacar las grandes huelgas como la de la Canadenca de 1919, donde las mujeres eran el 80% de la mano de obra y las huelgas de mujeres en las empresas de plantillas femeninas también fueron numerosas en los años setenta del siglo pasado, en los últimos años del franquismo y durante la Transición, como el famoso encierro de mujeres de Motor Ibérica y la huelga de Numax.  

Ámbito cultural

En el ámbito de la cultura, es necesario tener en cuenta la importancia del Club Femení i d’Esports de Barcelona, fundado en 1928, que como su nombre indica era una entidad deportiva y feminista, vinculada a propuestas progresistas y catalanistas muy importante en la Barcelona republicana y que era más popular y económicamente asequible que el Lyceum Club, otro espacio importante para la cultura femenina en la ciudad durante los años 30 y que frecuentaban las intelectuales. Los nombres de Aurora Bertrana, Anna Muriá, Carme Montoriol, Teresa Vernet giran en torno a estas instituciones y otras mujeres, periodistas y maestras como M. Luz Morales, Llucieta Canyá, Ana Martínez Sagi, Irene Polo, Rosa Sensat, y Leonor Serrano que fueron figuras relevantes en la época republicana, y que el exilio externo e interior provocado por la derrota republicana de la Guerra Civil española llevó, con su desaparición, al panorama desértico del feminismo durante la dictadura franquista.  

También queremos destacar la figura de Enriqueta Gallinat, militante de Esquerra Republicana de Catalunya, que organizó, cuando las mujeres todavía no podían votar, la recogida de más de medio millón de firmas de mujeres a favor de la autonomía de Catalunya para apoyar al Presidente Macià de cara al Estatuto de Autonomía de Núria de 1932. Al regresar del exilio y después de su paso por la cárcel, fue una de las fundadoras en 1997 de la Associació Dones del 36, donde desarrolló durante años, junto a sus compañeras una tarea de recuperación de la memoria histórica de las mujeres de la guerra, mediante charlas en escuelas e institutos. Mantenemos el recuerdo de las mujeres anónimas, de las milicianas y de las que tuvieron responsabilidades políticas y sociales durante el período de guerra y este año, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, vale la pena mencionar a Teresa Pàmies que perteneció al grupo fundador de la Aliança Nacional de la Dona jove, entidad juvenil antifascista y catalanista, constituida en abril de 1937, abierta a mujeres de diferentes tendencias políticas con el objetivo de reunir a mujeres antifascistas. 

La fuerza de las anarquistas durante la República y la Guerra Civil se visibilizó cuando Federica Montseny se convirtió en la primera mujer ministra de Salud, pero sobre todo desde el punto de vista colectivo lo más importante fue fundar Mujeres Libres bajo la dirección de Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada. También se adhirió y fue miembro la doctora Amparo Poch que llevó a cabo un gran trabajo vinculado a la higiene, la educación sexual y la maternidad consciente, temas que hoy siguen estando presentes en lo que llamamos derechos sexuales y reproductivos. 

El silencio de la dictadura

El fenómeno de la interrupción del que hablábamos al principio es muy evidente en nuestro país por el silencio impuesto durante más de treinta años por la dictadura franquista sobre todos los avances progresistas conquistados durante la República. Al tejer la genealogía feminista más reciente, nos encontramos con mujeres, algunas de las cuales todavía nos acompañan y que forman parte de la red de clandestinidad y resistencias que se dieron bajo la dictadura franquista y que iniciaron una nueva etapa de feminismos a partir de los años 70. Se dieron algunas circunstancias a nivel internacional, que habían abierto “una ventana en este cielo cerrado”, como dice Maria Mercè Marçal: nos referimos al Concilio Vaticano II del año 62, año que da nombre significativamente a la editorial que aparece entonces, Edicions 62, y los acontecimientos de Mayo del año 1968. Con la publicación de traducciones de Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Kate Millet y las noticias y experiencias de las mujeres que vivieron lo que estaba sucediendo en París y la necesidad y el deseo de cambio social y político general y la fuerza y el impulso de las mujeres de los sindicatos y partidos todavía clandestinos, las agrupaciones de amas de casa, las vocalías de mujeres del movimiento vecinal, las mujeres universitarias, los grupos fructíferos de autoconocimiento, se fue tejiendo un sustrato fértil de resistencias y reivindicaciones. Cuando en 1975 la ONU declaró el Año Internacional de la Mujer, este sustrato permitió que ya se pudiese empezar a organizar su celebración en nuestro país y una vez muerto el dictador, tuvo lugar durante la última semana de mayo de 1976 en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona un acto con el título de Jornades Catalanes de la Dona con la asistencia masiva y la participación entusiasta de mujeres procedentes de los diferentes ámbitos de las reivindicaciones feministas. 

Las conclusiones de las jornada de 76 nos ofrecen la lista de todos los cambios urgentes que había que hacer en nuestra sociedad para superar las discriminaciones e injusticias que las mujeres vivíamos y eso es lo que hicieron las feministas en los años de la llamada Transición política, de tal manera que podemos decir que el paso a la democracia, aunque hoy se nos antoje limitada, tiene una deuda importante con los feminismos. 

El movimiento feminista en Catalunya se ha caracterizado por un voluntad de acción unitaria muy fuerte, ya que la conciencia de la diversidad que nos constituía iba acompañada del hecho de saber que la lucha contra el sistema patriarcal nos unía por encima de nuestras diferencias

Las feministas, después de un primer momento en el que la unidad era necesaria para presentarse socialmente como una fuerza real a tener en cuenta, tomamos consciencia de la pluralidad y diversidad que va surgiendo, que se va manifestando y que aparece entonces, porque a lo largo de la etapa de represión franquista no había sido posible. Convivíamos y compartíamos luchas y discrepancias, las compañeras con doble militancia (en partidos de izquierda y en el feminismo) y las feministas autónomas, independientes, de partidos políticos y sindicatos. El feminismo de la igualdad con un objetivo claro de lograr la equidad, la igualdad de oportunidades y los cambios legales necesarios tenía su propia dinámica y, de acuerdo con los partidos políticos progresistas, impulsó los cambios legislativos necesarios y propició la creación de los institutos de la mujer en el resto del estado y del Institut Català de la Dona (hoy Institut Català de les Dones). El feminismo de la diferencia, en la búsqueda del reconocimiento de las aportaciones de las mujeres a lo largo de la historia en todos los ámbitos de la sostenibilidad de la vida, del conocimiento y de las actuaciones más allá del androcentismo hegemónico, hacía una profunda crítica y buscaba una alternativa total al sistema patriarcal.

Mientras tanto, en este contexto plural y diverso, y a veces conflictivo, la necesidad de recuperar culturalmente una genealogía femenina no androcéntrica llevó, a finales de los años setenta y ochenta, a la creación de iniciativas muy importantes por su impacto como el bar La Sal, la librería de las mujeres de la calle Lladó y la editorial LaSal con una interesante producción en varias colecciones, espacios en los que confluyeron en uno u otro momento todos los sectores del feminismo. 

Organización feminista

La forma organizativa del movimiento feminista que prevalió en ese período fue la Coordinadora feminista con amplia representación de las vocalías de mujeres de los barrios, de los sindicatos, grupos ecologistas, pacifistas, antimilitaristas, (como DAIA, DOAN, Lesbianas Feministas, Assemblea de dones d’ensenyament, Dona i presó y muchos otros). De esa primera época son las revistas Vindicación feminista y Dones en Lluita. Hubo grandes movilizaciones como el tren a Tortosa para reivindicar el antimilitarismo o la marcha al campamento de Greenham Common contra las bases nucleares. Desde el punto de vista de la conservación de la documentación del movimiento feminista y concretamente de la contribución de las lesbianas cabe destacar la creación en 1984 por parte de Gretel Ammann, del Centre d’Estudis de la Dona/El Centre, la Assemblea de Feministes Independents de Barcelona, la Associació cultural de dones La Nostra Illa, Grup Gram Teatre de Dones, y otras iniciativas como la organización de la Primera Semana de Lesbianas de Barcelona y encuentros internacionales junto con el grupo Lesbianes Feministes.  

Una reivindicación pendiente durante años fue conseguir un lugar de encuentro para el movimiento feminista que finalmente se resolvió después de la ocupación de un local municipal que permitió negociar con el Ayuntamiento y poner en marcha el proyecto Ca la Dona en 1988. 

El movimiento feminista en Catalunya se ha caracterizado por un voluntad de acción unitaria muy fuerte, ya que la conciencia de la diversidad que nos constituía iba acompañada del hecho de saber que la lucha contra el sistema patriarcal nos unía por encima de nuestra diferencias. A medida que nos acercamos al presente, aunque reconocemos el sesgo que inevitablemente nos afecta, hacemos un esfuerzo de objetividad al describir la continuidad de la genealogía feminista a través de los hilos de pensamiento y acción más significativos en nuestra opinión. 

Las Jornades dels 20 anys de feminisme que tuvieron lugar en las instalaciones del INEF en Montjuïc, en 1996, pusieron de manifiesto el reencuentro de las mujeres del movimiento feminista después de los años estimulantes y también difíciles de construcción de una “democracia” aceptable. La necesidad de ocupar un espacio político determinado había obligado a los partidos políticos a posicionarse sobre las reivindicaciones del movimiento feminista y había causado muchas discusiones y fracturas en su seno. La importancia de estas jornadas radica en el hecho de que ya desde el momento de su convocatoria meses antes y durante su preparación, se plantean como un punto de inflexión en la reconstitución del trabajo conjunto de todos los sectores del movimiento feminista. Se consiguió establecer los puntos comunes y, especialmente, valorar la unidad de acción y reconocer la práctica de la relación como política necesaria. A partir de aquí y para asegurar su continuidad nació la Xarxa Feminista, un concepto nuevo en aquel momento, que reflejaba las ganas de trabajar de una forma organizativa horizontal sin jerarquías donde todos los grupos de mujeres, cualquiera que fuese su ámbito de trabajo y de la manera que fuese, pudiesen sentirse reconocidos e integrados en la ola del movimiento feminista. Todo ello se dio en un contexto en el que se iban forjando los movimientos sociales antiglobalización en Barcelona y en otras ciudades europeas, y conectaban con las protestas y resistencias contra las nuevas formas adoptadas por el sistema neoliberal.  

Cuando en 2006 el movimiento feminista se autoconvocó en las jornadas Les dones sabem fer i fem saber, celebradas en las Llars Mundet de Barcelona, habían empezado a proliferar los estudios de género en las universidades y nuevas generaciones se formaban sabiendo que las mujeres sabíamos que sabíamos. El empoderamiento era la palabra de moda; no queríamos ser objeto de estudio y reivindicábamos ser sujetos políticos. Formulábamos una reconceptualización de las tareas domésticas con el fin de situar en el centro de la sociedad las tareas de atención que permiten el crecimiento, desarrollo y mantenimiento de la vida humana, y que mayoritariamente siempre han sido llevadas a cabo por mujeres en la mayoría de culturas del mundo. Cuestionábamos los binarismos sexuales que el sistema patriarcal ha instituido como pilares de su orden simbólico. Éramos conscientes de la necesidad de proteger la naturaleza de las consecuencias del calentamiento del planeta. Defendíamos la búsqueda de la paz en cada uno de los conflictos que la globalización no hacía más que aumentar. Los transfeminismos dibujaban la emergencia de una serie de discursos, prácticas políticas y producciones culturales vinculadas a las luchas de liberación sexual y de género y, a partir de entonces, conceptos como queer, heteropatriarcado, hombres-cis y bolleras se convirtieron en habituales en el relato feminista.

Luchas compartidas

En el contexto de las luchas compartidas con los movimientos sociales, son años en los que cuajan aquellas que irán configurando las diferentes oleadas de resistencia. Va cobrando fuerza la oposición contra los recortes en los sistemas educativo y sanitario, y en los servicios sociales en su conjunto. Crece la movilización por el derecho a la vivienda frente a la burbuja inmobiliaria, que acabó explotando en forma de “crisis económica”, cuando, en realidad, era una expresión más del afán depredador y desmedido de los intereses especuladores de los bancos y, para hacerle frente, se creó la PAH (2009) y se llevaron a cabo una serie de ocupaciones, de modo que se fue consolidando un movimiento alternativo muy importante. En 2011 se produce el 15 M, donde confluyen todos los anhelos de cambio para una sociedad más solidaria, participativa y democrática, y en la acampada de la plaza Catalunya, se agrupan “las indignadas, las indis”, que reúnen a los sectores de feminismos más jóvenes y que promoverán, en particular, el debate sobre la crisis de los horizontes revolucionarios y personales con la precariedad laboral y la relación entre la vida política y los cuidados. A partir de ahí arrancaron las “iaiaflautas” y posteriormente las “mareas” de colores que recogen todas las luchas sectoriales. Y es también en estos años cuando las convocatorias para la independencia de Catalunya, que culminaron con el referéndum del 1 de octubre de 2017, movilizan a millones de personas, toman una importancia insospechada y generan la formación del grupo de Feministes per la Independència.

Este es el panorama que se dibuja cuando en 2016 volvemos a autoconvocarnos en unas otras jornadas con el nombre de Radical-ment feministes, un título que quiere reflejar nuestro posicionamiento político y el hecho de que venimos de lejos y tenemos muchas raíces. Durante estos últimos años el sujeto político del feminismo ha pasado a ser “mujeres, lesbianas y trans” y la agenda feminista toma una centralidad con presencia en los medios de comunicación, en la calle y en todo el mundo como nunca antes se había visto. El fenómeno de las redes sociales es un altavoz y un aspersor de semillas feministas que penetra en todos los ámbitos y todos los niveles de la sociedad. Olas de mujeres jóvenes se involucran con toda su energía para hablar y explicar cómo sufren las violencias y cómo viven su sexualidad y como la consigna del “derecho a su propio cuerpo” continúa en vigor. Los feminismos descoloniales entran con fuerza destacando la importancia del antirracismo, la crítica a una visión eurocéntrica y ponen la intersección de los conflictos de sexo/género, clase y raza en la agenda feminista.

La interseccionalidad y la transversalidad de las luchas feministas, así como la reflexión a partir de la práctica política, han sido, desde siempre, una de las más grandes aportaciones que ha hecho nuestro activismo

La proximidad subjetiva y temporal compartida hace imposible esbozar en toda su profundidad la complejidad de los feminismos actuales en nuestro país, pero confiamos haber transmitido el aliento que respiran: la interseccionalidad, la unidad, la diversidad, la riqueza, la fortaleza, el reconocimiento mutuo y la sororidad, valores que entre todas debemos intentar preservar y conservar. Así es como, a lo largo de los años, se han complementado los feminismos más alternativos con los feminismos más institucionales, trabajando cada uno en sus ámbitos y sirviéndonos, las unas de las otras, para avanzar todo lo posible: las unas reclaman desde las calles recursos y servicios, las otras desde las instituciones públicas arrancan de los presupuestos el mayor número posible de partidas, otras consolidan alianzas con los movimientos sociales, otras impulsan políticas de relación entre los diferentes feminismos, otras reflexionan y aportan pensamiento al activismo feminista, y todas interactuamos y fortalecemos el bagaje feminista. Pero tiene que quedar claro que no se trata de compartimentos cerrados donde unas hacen unas cosas y otras hacen otras. La interseccionalidad y la transversalidad de las luchas feministas y la reflexión basada en la práctica política ha sido desde siempre una de las mayores aportaciones de nuestro activismo que se refleja en el vínculo inseparable con el cuerpo y la vida, en la experiencia del trabajo de cuidado, de creación y de civilización, en el reconocimiento de las opciones e identidades sexuales y en la reformulación constante basada en la praxis para avanzar en el pensamiento y análisis de la realidad.

Cuando vemos el retorno de las fuerzas reaccionarias, nos damos cuenta de la fragilidad de los hitos alcanzados y de cómo debemos protegerlos y defenderlos. Las experiencias históricas de aquí y del mundo entero nos enseñan que no hay nada ganado para siempre, que las leyes son bienvenidas, pero, como decimos constantemente, son techos de cristal, si no hay un cambio de mentalidad y no se ponen los recursos personales y materiales para desarrollarlas con garantías. Leyes como la del derecho de las mujeres para la erradicación de la violencia machista, la ley de igualdad efectiva de mujeres y hombres, o la ley de derechos sexuales y reproductivos son ejemplos paradigmáticos de las deficiencias, limitaciones y dificultades que todavía se encuentran para lograr los objetivos propuestos.

Los retos de los feminismos y, en general de la sociedad, nos están empujando a todas y a todos, con solidaridad y empatía, a buscar formas de construir lo que todavía es posible: un mundo y una sociedad antipatriarcal, libre, antirracista, sin violencias, respetuosa con el medio ambiente y activa contra los efectos de la crisis climática, responsable en la gestión de los recursos naturales que están provocando desplazamientos de población de consecuencias trágicas y dolorosas, y solidaria en la acogida de las personas que huyen de los conflictos armados, ya que sabemos que en todas las situaciones violentas e injustas, las mujeres, las criaturas y las personas más débiles son las que más sufren.

Los hilos de la genealogía feminista siguen tejiéndose día a día, por lo que es difícil poner fin a este relato. Sólo la poesía puede ayudarnos a hacerlo, y por eso terminamos con un fragmento de Maria Mercè Marçal que en 1977 en Bruixa de dol decía:

El humo dibujará 
El inicio de la historia 
Como una hiedra de alegría 
Alrededor de nuestro cuerpo 
Y lloverá y hará sol 
Y bailaremos al son  
De las nuevas canciones 
Que la tierra recibirá. 
Vindicaremos la noche 
Y la palabra Mujer.  
Entonces crecerá el árbol 
de la liberación.
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Montserrat Otero Vidal

Montserrat Otero Vidal es licenciada en Filosofía por la Universidad de Barcelona y ha trabajado como investigadora social. Actualmente está jubilada y se dedica al activismo feminista. Pertenece a la Xarxa Feminista y al Centro de Documentación de Ca la Dona. También colabora en la organización de la Escuela Feminista. Es autora y coautora de artículos para encuentros feministas y publicaciones de opinión crítica, como Desafíos y oportunidades en los feminismos, Temps de mudances i desplaçaments, Autoritat femenina i participació política o Los feminismos como espacios de relación y libertad.


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Mercè Otero Vidal

Mercè Otero Vidal es Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Catedrática de Latín, ha sido profesora de lenguas clásicas y crítica literaria. Actualmente está jubilada y es activista del movimiento feminista en espacios como Ca la Dona y Xarxa Feminista. Se dedica a temas de coeducación, LGTBI+, ginecocrítica y memoria. Es autora de varios trabajos sobre el papel de las mujeres a lo largo de la historia y traductora de textos del latín al catalán.